La ciénaga de la corrupción

Valiente y documentada tribuna en El País de Emilio Sánchez Ulled, presidente de la Unión Progresista de Fiscales y fiscal Anticorrupción en Barcelona.

Apenas falta un aspecto por analizar. Entresaco algunos párrafos:

«Hemos asistido al afloramiento de repugnantes ejemplos de corrupción pública, germinados en esa zona en la que confluyen el desarrollo de las políticas públicas y la actividad económica privada, zona que corre el riesgo de convertirse en una auténtica ciénaga. Con ejemplares endémicos de sapos, claro.

El desconcierto se acrecienta ante la reacción de las fuerzas políticas cuando alguno de sus responsables es investigado: deslegitimación de la investigación atribuyéndola a oscuros fines conspirativos, ataque personal a los investigadores y, por si fuera poco, indiscriminado cuestionamiento de las instituciones de persecución penal así como de los instrumentos de investigación, sin importar el perjuicio que ello puede generar en la lucha contra el crimen en general y el organizado en particular. No es una conducta novedosa. Encontramos ejemplos extremos en la Italia de Il Cavaliere: reformas legales destinadas a restringir hasta la inoperancia práctica las intervenciones telefónicas, en cuanto éstas han puesto en apuros al gobernante; persecución infamante de fiscales y jueces activos en las investigaciones de la corrupción gubernamental; recorte de los plazos legales de prescripción de los delitos de cuello blanco».

(…)

«El perjuicio directo que los comportamientos corruptos causan al interés social es enorme: rapiña de los fondos públicos; alteración del mercado; descontrol de la economía especulativa; urbanización salvaje (agravada en este caso por una excesiva concentración en el nivel municipal del poder decisorio sobre el suelo sin un correlativo incremento de los controles externos); daño medioambiental; lesión de los derechos de los más débiles en las relaciones socio-económicas (trabajadores, inmigrantes, pequeños ahorradores). Y, siempre, el torcimiento del buen gobierno.

En este caldo de cultivo pueden producirse también consecuencias indirectas, sociológicas si se quiere, pero igualmente nocivas: apatía ciudadana ante la democracia, facilidad para la infiltración mafiosa, e incluso el surgimiento de liderazgos populistas que con recetas falaces y demagógicas se presentan como la solución a los miedos sociales».

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Advertido y diagnosticado, el problema, los problemas, sigue su curso inexorable.

Las Cortes Valencianas se gastan 325.000 euros en telefonía móvil

Son los agujeros del sistema –y los hay numerosos- por los que se escapa el presupuesto. Según un informe al que ha tenido acceso informacion.es de Alicante, las Cortes Valencianas se gastaron 325.000 euros en telefonía móvil en un período anual que concluía en Marzo de 2009. Son 99 diputados y algunos funcionarios, 120 personas en total.

Habían suscrito un convenio con Telefónica por una cantidad prevista que se ha sobrepasado en 42.350 euros. Y la habían arbitrado mayor dado que en el ejercicio anterior 2007-2008 esa factura se había… triplicado, respecto a la anterior.

Uno de los capítulos más interesantes es el apartado “varios”: mensajes multimedia -envío de vídeos o imágenes-, mensajes a concursos, descargas de canciones, melodías o politonos. Se han llevado 81.405 euros. Entre 120 personas. La presidenta de las Cortes, nos cuenta J.L.García, se puso seria y dijo que a partir de ahora se iba a comportar como «una ama de casa» que vigila las facturas de sus niños, dice el periodista.

De momento, no existe constancia de que se hayan elaborado informes del resto de las instituciones que nos administran y gobiernan y legislan, pero podéis multiplicar por ayuntamientos, diputaciones, parlamentos y gobiernos autonómicos y todas las dependencias de la Administración central, más el Congreso y el Senado. Ah, y el Parlamento de Estrasburgo con sus llamadas internacionales.

Cuando uno gasta el dinero de otros –el de los ciudadanos- ha de tener algo más de contención. Pero, claro, a lo mejor sus señorías precisan escuchar canciones para calmar sus nervios o inspirar su discurso, o su trascendental misión de apretar un botón para votar. O ganar un premio en un concurso para equilibrar el presupuesto de la entidad. Ahora que, tanto quejarnos, y nuestros próceres están entrando con pasión en las “nuevas” tecnologías. Quien no busque lo positivo es porque no quiere.

325.000 euros ¿Habrán intentado los parlamentarios valencianos cocinar un huevo con sus móviles sin reparar en gastos/resultados?

El fin del milagro económico español

Brillante, acertada, lúcida, la tribuna póstuma en El País  del periodista Pedro Altares, fallecido ayer. Imprescindible lectura del texto completo.

«Lo diré de entrada para que no haya engaños: me acuso y arrepiento de formar parte, por razones obvias de edad, de la «generación de la Transición». En realidad, nací un poco antes, en un tiempo que un poeta español en el exilio, ya desaparecido, definió «como la generación a la que las bombas rompieron sus juguetes». Otro poeta, más reciente, hablaba de que España se había convertido en uno de los pocos países del mundo «donde los mayores no tienen paisajes de infancia para memorizar su pasado». Costas, lagos, montañas, pueblos, vestigios históricos, arquitectura rural… Apenas quedan referencias, engullidas por las tuneladoras, grúas, urbanizaciones, zanjas, adosados. Es el famoso agujero inmobiliario, que, ahora, expertos y políticos, como si fuera una sorpresa, se afanan en desentrañar».

Artículo completo.

La conjunción planetaria

Los aficionados a repetir que el siglo XX fue un “siglo corto” –de guerra del 14 a caída de muro divisorio en el 89-, deberían estar alerta a amarrar su nuevo tópico, porque quizás el XXI finiquita apenas alumbrado o ha habido un período de transición en limbo para empezar realmente ahora. Es lo que tiene sujetar el pensamiento a las plantillas preconcebidas. Lo cierto es que el mundo se haya inmerso en un profundo cambio.

Atendamos a un ejemplo particular y que nos es muy querido o/y odiado: España. Conocido por su buena suerte, Zapatero se topa en su segundo mandato con una crisis económica mundial, pequeños cataclismos tan anunciados como éste, de mucha mayor envergadura como el agujero en la insostenible burbuja inmobiliaria y, por si faltara poco, el estallido de la sociedad en red. Y aparentemente le noquea. Tampoco se advierten muchas luces en los poderes oficiales a lo largo y ancho del planeta.

La crisis económica era inevitable en un sistema basado en la injusticia, en el lucro de unos pocos, y en decisiones que afectan a toda la Humanidad gestionadas desde Consejos de Administración privados a quienes la Humanidad les importa lo que una pavesa y sí engrosas sus “cuentas de resultados”, ése precioso eufemismo que, como muchos otros, enmascara la realidad. ¿Era imprevisible? Tanto como el derrumbe del Muro de Berlín. ¿”Remontamos” la crisis? Le hemos puesto un parche hasta la próxima.

Los gobiernos –que de alguna forma hicieron dejación de sus obligaciones para con la sociedad- no se enteran o lo hacen demasiado alentando la pervivencia del moribundo, en algún caso lucrándose y favoreciendo a los suyos. Tenemos ejemplos evidentes en administraciones locales o autonómicas. Que el hartazgo por lo que Zapatero no afronta deposite en esas manos nuestro futuro, resulta cuando menos paradójico. ¿No hay nadie más por ahí? Creo que sí: la sociedad.

En 2007, todos cuantos hoy deploran nuestra política económica hablaban de “el milagro económico español”. “ Todos quieren hacer como España», decían en Bruselas, en el londinense The Economist y en medio mundo. Basado en la especulación inmobiliaria y en numeras corrupciones, estalló. Y también se le atribuyó al Presidente del gobierno. ¿Una bola de aire instantánea? ¿Nadie más sopló dentro? 

El planeta se nos cae a pedazos por el cambio climático. Nos avisan de que España va a ser una de las más perjudicadas. Cultivarán tomates en los fiordos noruegos y elaborarán vinos de crianza en el Ártico, mientras nuestro país se seca y llega a ver cómo no viene nadie de turismo a cocerse en nuestras playas. Cuando eso ocurra nos llevaremos –o se llevarán las autoridades- una sorpresa. Vivimos de sorpresa en sorpresa por no analizar los datos ni el conjunto

Aminetu Haidar, la activista saharaui, agoniza por valentía y coherencia. Sólo lleva ¡cerca de cuatro décadas! la antigua colonia española aguardando una solución. Terribles juegos de poderes se libran más allá de su caso. Ceguera de cualquier forma. Ya lo dije: la realidad –investida de monstruosidad o de esperanza- no desaparece por cerrar los ojos. Haidar -y los errores políticos ¿es de recibo que el Rey de Marruecos la admita «si pide perdón»?-  ha logrado que la olvidada causa saharaui tenga una gran repercusión internacional. A un precio muy caro. Algo más se podía haber hecho. Ay, pero es que nos pidieron que recortáramos las competencias en justicia universal, y ya carecemos de instrumentos drásticos -porque drástico es en estos tiempos la defensa de los derechos humanos-. No sé si miembros del PP aconsejarán invadir Marruecos –que no creo- el Sahara tras el muro –que lo hay- o, mejor, el aeropuerto de Lanzarote.

En el mundo globalizado, resulta que nos preocupa si un territorio –poblado de personas con opinión y sentimientos, no lo olvidemos- decide llamarse “Nación”. Y permanecer como una piña con el Estado, también debemos recordarlo. El PP presenta un recurso de inconstitucionalidad. Su tortuosa tramitación reaviva el soberanismo por reacción. El PP puede conseguir lo que tanto dice temer: romper España. Pero saca réditos: mayor intención de voto. Asombroso.

Enterarnos hoy –que es tan agobiante la información diaria que uno no llega a todo- que la poderosa Iglesia católica española, controla, entre otros bancos, Caja Sur y que además haya participado en “demasiados negocios inmobiliarios bajo sospecha”, ya me sobrepasa.

Y, finalmente –pero sólo por no abrumar con un texto aún más largo-, la Red se rebela, por una decisión arbitraria y errónea. Que el PP votante en Bruselas de restricciones a Internet trate de beneficiarse de este incidente, es desconcertante, por no calificarlo con palabras más gruesas. Mofas y vendas sobre los ojos, no cambian este otro hecho cierto: la sociedad está descontenta con el mundo en el que vive, la sociedad no se siente representada por emporios que parecen vivir en el Olimpo, a la sociedad sí le preocupa la crisis o el cambio climático porque los sufren, la sociedad comunicada más que nunca en la Historia por este sencillo objeto –el ordenador- en el que tecleamos y leemos, reacciona. En España y en todo el mundo a no tardar. Los comentarios en este blog a lo sucedido estos días con el manifiesto han reflejado alivio, una brecha abierta en la losa que nos angustiaba. Nadie podrá reprimirlo, no a la larga. Quien se niegue a verlo despertará en la noche y verá que el lobo sí estaba bajo la cama y que durante años lo alimentó sin darse cuenta, por acción u omisión. El problema es que no viven en el mundo real y, paradójicamente, a algunos de ellos (otros se han arrogado esta competencia porque sí) les hemos encomendado la toma de decisiones que nos afectan a todos. ¿Una conjunción planetaria? No. El desarrollo lógico de los acontecimientos.

Por la libertad, la información y la coherecia

Entremeses de fin de semana:

 Buenas noches y buena suerte.

La «sorprendente» revolución de la red

El mundo se mueve y lo hace aunque algunos, muchos, lo ignoren. Cerrar los ojos nunca fue un sistema efectivo para ahuyentar al monstruo. Aferrarse al suelo para frenar los giros, las turbulencias o la vida que palpitan en otras direcciones, no produce más que vértigo y desconcierto propios. Acaban de cumplirse 40 años del día en el que el doctor Kleinrock, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), logró por primera vez hacer «hablar» a un equipo de su centro con otro en Stanford. Había nacido Internet. En los 80 comenzó la que iba a ser una difusión masiva hasta llegar a hoy que goza de salud tan excelente como para ver brotar espora sobre espora de cada planta. Y todavía hay quien las llama “las nuevas tecnologías”.

Desde los 80 precisamente muchas voces empezaron a alertar de los cambios que este sistema de comunicación iba a producir. Ya lo ha hecho y mirar para otro lado o reprimir no va a detener la marea. Es de ésas que el tópico llama… incontenibles.

Conozco a mucha gente de mi edad que ignora lo que es un blog, una web, u otros conceptos elementales. Hasta presumen de que sea así. Avezadas autoridades se lanzan a usar la terminología, decir simplemente “blog”, atorando sus cuerdas vocales por el esfuerzo. De ahí, que se menosprecie lo que no se entiende, como si con eso fuera a desaparecer, tal como nos decía mamá de niños. De ahí, que llamen despectivamente «blogueros» a personas con una brillante carrera profesional en el periodismo.

Lo decía hace bien poco: Probablemente poetas y juglares acudieron a las “autoridades competentes” cuando surgió la imprenta, porque el gran medio iba a anularles o modificar su modo de hacer largamente establecido. Nadie discute hoy el avance que supuso la estampación de los textos y cómo agilizó su difusión entre los ciudadanos. Pues está revolución consolidada, la virtual, tiene aún mayor amplitud e implantación.

Hemos visto consumirse en las últimas décadas –y cada vez con mayor rapidez- el magnetófono de anchas cintas, el cassette, el video betamax, el VHS… cuando nos enteramos de que existe un MP3, ya vamos por el MP4. Pues bien, el CD también ha muerto. Y a él se aferran los músicos sin ver, como dicen algunos colegas, que por el contrario la Música goza de la mejor salud y los conciertos se llenan.

La revolución de la Red ha pillado a muchos desprevenidos. Las interpretaciones habituales no sirven. Se gestó en apenas 8 horas. Unió en propósito común a personas de lo más heterodoxo, porque de alguna manera había una infraestructura, había simplemente… comunicación. Juntos en la queja, de forma anónima, generosa, masiva. Ése ha sido su éxito. Ya se ha perdido la cuenta, se habló de 150.000 blogs reproduciendo el manifiesto, de más de dos millones de referencias, incluso internacionales y en otros idiomas. Lo cierto es que, con inusitada rapidez, se ha colado en portadas y editoriales. El Presidente del Gobierno comparece para calmar los ánimos. Y hasta llegan los insultos y descalificaciones.

Hay varios puntos muy serios en la ley que ¿tramitaba? el Ministerio de Cultura. Sustituir a los jueces por una comisión de “expertos” –ay, qué miedo dan- para ordenar el cierre de una página. Primar los derechos de autor sobre la libertad de expresión. Considerar infracción -de tan drástica pena- hasta el enlace a otras páginas con informaciones. Siempre hemos usado antecedentes. Antes incluíamos el resumen tecleando en nuestra vieja máquina de escribir –también finiquitada-, el enlace es más real, y más rápido. De publicarse en el extranjero, como se dijo en la reunión con expertos de Internet convocados por el Ministerio de Cultura, los “expertos” ordenarían vedar su acceso, del mismo modo que hacen China o Cuba cuando algo les molesta.

Nadie niega los derechos de autor y su pago por un tiempo razonable. Transcurrido éste, pasa a ser patrimonio común, como lo es la música de Mozart o los textos de Calderón. Los creadores –y modestamente creo que yo y otros muchos “agitadores” lo somos- han de explorar nuevas vías. Y sobre todo no cerrar los ojos a la realidad.

Con todo, el manifiesto de Internet que tanto alboroto ha causado, tiene un significado mucho más profundo. En un mundo de emporios inamovibles, de políticos y centros de poder tan alejados de la ciudadanía que les sustenta, ha sido la demostración de que la sociedad también tiene voz, y que por el “atado y bien atado” hay –como debe ser en democracia- rendijas por las que el caudal se escapa y hasta puede envolverles. Al menos, obligar a cambios que pide la mayoría sin voz oficial. No tolerar arbitrariedades sobre todo. Un lobby contra los lobbys.

El potencial de este movimiento está por ver. Observo en él leves atisbos de los viejos métodos. Entre ellos, volver a llamar a las devaluadas manifestaciones callejeras, convocadas al calor –pero fuera- de la acción inicial. Y además en la víspera del puente paralizante.

¿A alguien le extraña lo sucedido? ¿No debería ser pauta ante las innumerables disfunciones que nos aquejan? Lo cierto es que a muchos el mundo no nos gusta como está. Demasiadas injusticias, demasiados atropellos, demasiada aristocracia. Pero algo se mueve, ojalá la inercia de la polilla y la caspa, no lo engulla.

Manifiesto «En defensa de los derechos fundamentales en Internet»

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

(Suscribo este manifiesto elaborado y suscrito por un gran número de periodistas y creadores de Internet. Probablemente poetas y juglares acudieron a las «autoridades competentes» cuando surgió la imprenta, porque el gran medio iba a anularles o modificar su modo de hacer largamente establecido. Nadie discute hoy el avance que supuso la estampación de los textos y cómo agilizó su difusión entre los ciudadanos. La ceguera de no querer ver la innovación, lo que se impone por su propio peso al incluir mejoras y mayor implantación social, se extiende sobrepasado el siglo XX de los grandes hallazgos. Pero así es la vida. Y la condición humana. Y los privilegios adquiridos).

Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.

Asco

De ser cierto lo que publica El mundo, a Diego Pastrana, el joven falsamente acusado de la muerte de su hijastra de 3 años en Tenerife, la policía le enseñó una foto de la niña tras la autopsia ¿alguien imagina cómo es la imagen de un ser humano tras esa práctica?. Plácido Alonso Peña, el abogado de Diego, habría hecho estas declaraciones a Telecinco –y por la hora- al programa de Ana Rosa Quintana. Espero que ello no indique que está ya entrando en el circo.

Diego, a tenor de lo dicho por su letrado, tiene temblores y vómitos, está hundido, y es la causa por la que ha sido ingresado en un centro hospitalario. No parece nada extraño si consideramos que ha perdido a un ser querido y al tratamiento inhumano que él mismo ha recibido.

Fue juzgado de forma sumarísima por quienes no tienen capacidad de hacerlo. Y fue víctima de una cadena de errores imperdonables. Un médico que vio desgarros vaginales y anales donde no los había. El primer facultativo que mandó a casa a la cría porque “los niños son de goma” tras sufrir la caída de un columpio, cuando fue la causa de su muerte. Y la policía que decidió la culpabilidad de Diego sin pararse en barras, aplicándole la tortura de mostrarle la foto  de la pequeña autopsiada, y alimentándole con pan y agua, como en sus mejores sueños represores. Las autoridades sanitarias canarias –como revela este excelente reportaje que El País se ha molestado en elaborar a diferencia de otros medios-. Y el periodismo como veíamos en el post anterior. El director de ABC se disculpa hoy en su vídeo blog, “metimos la pata”, vaya qué mala suerte. También es culpable la sociedad que consume morbo y mentira mediática.

Ya se han empezado a escuchar voces también sobre que, “a lo mejor” no está descartado algún tipo de culpabilidad de Diego, a pesar de la autopsia ha certificado que no hubo malos tratos –remito al mismo reportaje de El País- y que el Juez decretó la libertad sin cargos del injustamente detenido. El daño está hecho. Diego es víctima de una pesadilla kafkiana porque llevó a la niña al hospital cuando, tres días después de la caída fatal, se desvaneció. Y era un hombre. Y joven. Y, quizás, no vestía de Armani.

Asistí como espectadora privilegiada al nacimiento de la basura mediática en el crimen de Puerto Hurraco. Era el estreno de las televisiones privadas. La primera vez que estaban presentes en un suceso. Había más informadores en el pueblo que vecinos y así lo mostré en el reportaje. Luego vendría Alcasser. Y todo lo demás. Había que repartir la tarta, y lograr la mayor porción.

El problema es que no parecemos distinguir entre ficción y realidad. Esto es auténtico. Hay una niña muerta, una familia desolada, un chico que ha sido linchado por todos los flancos. Ha sucedido, no es una película, no una serie de televisión. Todas las víctimas tendrán que afrontar el terrible hecho. Los errores médicos y policiales también son auténticos. Las portadas condenatorias existen. No se ha elaborado para entrenernos. Lo peor es que, si nos guiamos por la experiencia –y es racional hacerlo-, en cuanto esta familia deje de estar de moda, les dejaremos solos con su pena. Sin haber aprendido ninguna lección. A la espera, simplemente, del próximo “error” o “metedura de pata”. Impunes.

Para ello existe la legislación. Y su aplicación. En un reportaje en el que me interesé por los juicios paralelos, Manuel Camas, Decano del Colegio de Abogados de Málaga, aportó muchos datos. “Hoy, tanto la legislación como la jurisprudencia se han volcado en la protección del derecho a la información por encima de otro fundamental con el que colisiona: el de la presunción de inocencia. El sistema jurídico belga considera delito los juicios paralelos de la prensa y Francia promulgó en el año 2.000 una ley para proteger la presunción de inocencia. Por ejemplo se sanciona con una fuerte multa a quien publica fotografias que estan inmersas en una investigación judicial, se obliga a la administración de justicia a tomar todas las medidas para que no haya imágenes de personas esposadas, se puede llegar -ordenado por el juez- a la rectificación de una noticia que no sea exacta y que impute culpabilidad cuando todavía lo que hay es una investigación”.

   Hay salidas a los desmanes. No tanto, parece, a ese limbo en el que viven los consumidores de información basura.

¿Quo vadis periodismo?

Estamos sobrecogidos por el linchamiento mediático al que fue sometido este chico, Diego, a quien el periodismo –en la cúpula de la escala- consideró autor de la violación y asesinato de su hijastra de 3 años. Llegué a escuchar por la radio los detalles más sórdidos sobre desgarros en el cuerpo de la pobre niña. Suelo burlarme del uso indiscriminado y erróneo del “presunto”, pero en este caso hasta se saltaron el trámite. La verdad estropeó la noticia: la niña murió víctima de una caída y de más que “presuntas” negligencias médicas, y un Juez se apresuró a exculpar al chico, rogándole –imagino- que perdonara el error. El mal ya estaba hecho, Diego, de 25 años, cargará con el lastre, aunque solo sea porque las rectificaciones no ocuparon portadas a toda foto. Lo cual es indignante.

Han secuestrado a 3 cooperantes españoles en Mauritania. Se supone que Al Qaeda. Habían acudido, desinteresadamente, a distribuir ayuda humanitaria, no a lucrarse por un sueldo y para los bolsillos privados del patrón del pesquero expurgando las aguas somalíes. ¿Asistiremos al espectáculo dado a todos los niveles por el secuestro del Alakrana? ¿Pediremos bombardear Mauritania de punta a punta dado que no sabemos dónde se esconden con sus rehenes los secuestradores por la idiosincrasia del terrorismo? ¿Exigirán sus familias agriamente que se pague un rescate? ¿Se acusará de negligencia al Gobierno? ¿Llenaremos portadas y debates? Hay poca carne morbosa por el momento para que merezca la misma atención de los medios.

Ordeno estos días papeles en casa. Ayer encontré varias jugosas carpetas olvidadas.

“La prensa no es el cuarto poder, pero puede llegar a ser una dictadura”, decía el profesor Luka Brajnovic, en Zaragoza el 15 de Febrero de 1978, en Heraldo de Aragón. Lo recogí en mis ilusionantes comienzos en esta profesión, al parecer. De un año más tarde, 11 de Marzo de 1979, guardo una tribuna, tambien del Heraldo, en la que Miguel Delibes hablaba de la servil prensa durante el franquismo, publicando materialmente las consignas del régimen. Una joven Consuelo Álvarez de Toledo, se preocupaba, en Diario 16, por las dificultades que encontraban los periodistas, vistos por la ciudadanía como “unos seres un tanto enloquecidos, frívolos, ensoberbecidos, cachondos, bohemios, puñeteros, mentirosos y osados. Algunas veces, pocas, héroes de película americana, las más, como currantes de la pluma que pasan por la actualidad como el caballo de Atila”.

En 1984, El País –leo en el propio diario- “se consolida como el periódico español más leído”. Había alcanzado una difusión media de 340.998 ejemplares. La Vanguardia –el segundo- tenía 193.402, y ABC –el tercero- 145.597. Ese mismo año, en un curso de verano, Antonio Alemany, Antonio Asensio y Miguel Torres coincidían en que “el futuro del periodismo está en la concentración de empresas, en los grupos multiinformativos”. También mostraron coincidencia en la necesidad de la televisión privada. Y eso a pesar de que por aquellos días, la OIT (Organización internacional del trabajo) aseguraba con rotundidad: “La concentración empresarial y las nuevas tecnologías, graves amenazas para la Prensa escrita”. «Los periódicos tendrán que asumir las exigencias de una sociedad familiarizada con la información instantánea», añadía.

Llamo la atención sobre las cifras de ventas de periódicos -a las que casi han regresado sin llegar a caer tanto-, y a que ya entonces la UNESCO nos consideraba a los españoles bajo el umbral del desarrollo en materia tan sensible como la información en prensa escrita. Es decir, que sin la táctica acaparadora del monopoly que se ha venido practicando, los problemas quizás serían menores.

Porque la historia siguió su curso inexorable. Los periódicos se convirtieron en grandes grupos multimedia, en efecto. Radios, editoriales de libros y la ansiada televisión, con todas sus posibilidades de negocio: digitales de pago, todo lo que Vd quiera.

Y las que eran nuevas tecnologías en los años 80 y a las que siguen denominando exactamente igual -“nuevas” tecnologías- vinieron a complicar el panorama. No hacía falta ya “privarse del café para comprar un periódico en un quiosco”, como seguía diciendo Álvarez de Toledo en el artículo citado, llamando a la responsabilidad de lo que ello implicaba por parte del periodista.

El descenso de ventas y de publicidad, ha “sorprendido” a los grandes emporios –pese a todos los avisos y a toda la antelación con que se formularon- con todos los huevos en el mismo cesto. Y si se rompe el digital, o la editorial, la huevera se tambalea. Y, señores, hay que vender, regresar a las cifras millonarias, aumentarlas. A cualquier precio. Abaratar los costes. Reducir la plantilla despidiendo, prejubilando o “ERErizando” a los periodistas. Y ya no hay tiempo ni medios para comprobar y diversificar las fuentes. Ni la sociedad lo exige, por cierto. Educados en el espectáculo adocenador, lo que piden es entretenimiento.

Víctimas autoderrotadas, a buena parte de los periodistas actuales sólo parece preocuparles, en consecuencia, si van a mantener o no su puesto de trabajo. Si el futuro está en el papel o Internet. Si la culpa es del papel o de Internet. No creo que la bohemia o la osadía les encajen como calificativos. Hay grandes excepciones, sin embargo, pero, casualmente, algunos de los que yo más valoro se encuentran en este momento sin trabajo fijo.

En este panorama ¿a alguien le extraña que regresemos al sensacionalismo y falta de rigor de “El Caso” y a suprimir cualquier autocrítica? Pero ¿Cuál es el paso siguiente?

Ya está aquí la Navidad ¡la gran fiesta del consumo!

Uno no podría vivir sin fiestas y paréntesis lúdicos. Y la Navidad, tránsito de un año del calendario a otro –aunque en medio de una estación y un curso que no parece aportar cambios decisivos-, se celebra con fruición en todo el mundo. Fue el tema del primer texto que publiqué en mi vida, en un periódico llamado Aragón Exprés, con 16 años. Ya entonces era… la gran fiesta del consumo.

Los carteles de “Hay lotería de Navidad” nos asaltan desde el verano, apenas ha habido un semestre de pausa. A partir de Octubre podemos encontrar lazos rojos y bolas de colores, grandes cestas destinadas a regalo en los centros comerciales. Y, ahora, a finales de Noviembre, prende la iluminación: mes y medio de luces engalanando la ciudad. Cueste lo que cueste que «un día es un día», aunque se convierta en 45 seguidos, o algo más. Ya sabéis que la gente madura suele –o solemos- decir que “antes” las Navidades comenzaban con el sorteo del 22 de Diciembre, y que en menos de tres semanas nos habíamos liquidado el evento. Los años han ampliado los plazos, han intensificado las ofertas.

Ya está aquí la Navidad. Luces blancas, de colores, serpentinas, adornos rojo y oro, rojo y plata, verde musgo, transformando absolutamente el paisaje urbano. Los arbolitos con guirnaldas, las ventas de pobres arbolitos desgajados del suelo, apretados en su agonía inapelable por cuerdas que hacen más fácil su transporte a los hogares. Los juguetes, las cajas de brillantes envoltorios, todas con lazos rojos. Los atascos históricos, el no ver avanzar el coche durante horas, el peregrinaje a un punto en el centro de la ciudad donde parecían confluir todos los caminos. Existen establecimientos de venta a lo largo y ancho, diría que a lo alto y bajo de cualquier ciudad, pero estas fiestas inducen a acudir al centro, donde hay más gente, para fundirse en el calor de las masas humanas.

Llegará enseguida, la ceremonia de bajar de los altillos o comprar el arcaico belén, tributo a la nostalgia de la niñez; la búsqueda desenfrenada de regalos, objetos inservibles muchas veces, a doble costo del habitual. El griterío de los niños en las grandes superficies, con la voz más atiplada que de costumbre. Los nervios de los papás, los nervios de las parejas, los nervios de las personas solas, el llanto de los abuelos añorando irreparables pérdidas. El bombardeo de SMS en toda la escala posible del ingenio, a mayor gloria de las compañías de telefonía móvil. Y todo ello aderezado con canturreos machacones, imparables, de cuatro notas, cuatro tópicos, sonando por todos los altavoces. La bestia continúa inapelable su estrategia: adormecer, narcotizar, debilitar a las víctimas.

Todo sigue su curso. La inevitable comida o cena de compañeros de trabajo, de amigos, de familiares lejanos, de antiguos alumnos, de socios del gimnasio, del yoga, del taller literario, de la fila en la caja del supermercado, de vecinos teóricamente bien avenidos. Unos y otros, todos, sepultando en el alcohol las rencillas que pueden haber aflorado durante el ágape. O disfrutando –que también, enhorabuena- de la compañía de seres queridos o apreciados.

Y ¡por fin! el arranque oficial aún: la lotería. Comprar afanosamente billetes, salvoconducto a la riqueza, todos cuantos nos ofrecen por si acaso les toca a otros y no a nosotros. Los voceros de la bestia nos mandarán a dormir entre esperanzas de logros. Por lo general -y es una regla de tres-, la cansina serenata de números pasará de largo una vez más. No para algunos, que cantarán en las puertas de los bares sin temor al ridículo por la limosna de una suerte repartida. Los demás se consolarán con que gozan de salud, aunque les duela la espalda, los sabañones, el estómago y el alma.

Pero es que la Navidad ¡les gusta tanto a los niños!, ¡les hace tan felices! No será a los hijos de padres separados que sufren un desgajo inolvidable al vivir las tensiones de “este año te toca a ti la nochebuena, no que me toca la nochevieja”. Y los abuelos varios que también reclaman su cuota y que suelen terminar frustrados. Pero vamos a compensarles a estos crios, y a engatusar a los vástagos de familias felices, a educar a todos, con muchos regalos. Entre costumbres propias y foráneas, estarán las criaturas –y muchos mayores- tres semanas abriendo paquetes. Saturados, estragados. También, aunque menos, sentirán cierta ausencia -paliada con la presunción de su dicha- los padres de hijos con pareja que se reparten entre familias.

Habrá que pensar en los menús de cenas y comidas. Compitiendo como en una guerra, aguardando interminables colas, nos afanaremos en comprar langostinos con boro, ostras caducas, sucedáneo de angulas, pavos, corderos y cabritos, turrones plagados de colesterol, pagando el doble o el triple de su precio. Las vísperas del evento, los supermercados parecerán –como siempre- el escenario posterior a una guerra mundial: cajas vacías tiradas por el suelo, estanterías desabastecidas, restos incompletos de lechugas, cardos y coles desmayados supervivientes del naufragio sobre cualquier mostrador, con un terrible olor a viejo en el ambiente, con los villancicos sonando sin cesar.

Inapelable, vendrá la primera noche, el primer bombardeo de sensiblería anunciada. Conjuros de felicidad y bondad flotarán en un mundo de tensiones, guerras, desmanes, crisis, e injusticias. Por un mientras dura la cena, sin preguntas al más allá o al más acá de uno mismo. El Rey nos hablará para, como siempre, no decir nada, pero sus palabras serán cuidadosamente analizadas por si esconden mensajes secretos -con lo fácil que es contar las cosas como son-. Los niños correrán vestidos de Papá Noel. Vino y cava para forzar la alegría. Refugio artificial de la soledad en muchos casos.

La chiquillería continuará disfrazada los días posteriores: de piratas, hadas, guerreros, princesas, muchas princesas; y con caretas, pitos, espumillones trenzados, confeti, gritando desaforados. Que es bueno despertar la imaginación o la añoranza de ser alguien distinto de quien se es.

Y, más allá, nos aguardan las uvas y el dejar de fumar… un par de días, los Reyes Magos, y más atascos, y más compras y más histeria colectiva. Y la “cuesta de Enero” imprevisora. Ha merecido la pena el gasto ¡lo hemos pasado tan bien! O nos hemos desgarrado tanto por nuestras carencias que no se disipan, que incomprensiblemente se acrecientan en estas entrañables fiestas.

Pues nada chicos, ¡Felices Navidades!