Asco

De ser cierto lo que publica El mundo, a Diego Pastrana, el joven falsamente acusado de la muerte de su hijastra de 3 años en Tenerife, la policía le enseñó una foto de la niña tras la autopsia ¿alguien imagina cómo es la imagen de un ser humano tras esa práctica?. Plácido Alonso Peña, el abogado de Diego, habría hecho estas declaraciones a Telecinco –y por la hora- al programa de Ana Rosa Quintana. Espero que ello no indique que está ya entrando en el circo.

Diego, a tenor de lo dicho por su letrado, tiene temblores y vómitos, está hundido, y es la causa por la que ha sido ingresado en un centro hospitalario. No parece nada extraño si consideramos que ha perdido a un ser querido y al tratamiento inhumano que él mismo ha recibido.

Fue juzgado de forma sumarísima por quienes no tienen capacidad de hacerlo. Y fue víctima de una cadena de errores imperdonables. Un médico que vio desgarros vaginales y anales donde no los había. El primer facultativo que mandó a casa a la cría porque “los niños son de goma” tras sufrir la caída de un columpio, cuando fue la causa de su muerte. Y la policía que decidió la culpabilidad de Diego sin pararse en barras, aplicándole la tortura de mostrarle la foto  de la pequeña autopsiada, y alimentándole con pan y agua, como en sus mejores sueños represores. Las autoridades sanitarias canarias –como revela este excelente reportaje que El País se ha molestado en elaborar a diferencia de otros medios-. Y el periodismo como veíamos en el post anterior. El director de ABC se disculpa hoy en su vídeo blog, “metimos la pata”, vaya qué mala suerte. También es culpable la sociedad que consume morbo y mentira mediática.

Ya se han empezado a escuchar voces también sobre que, “a lo mejor” no está descartado algún tipo de culpabilidad de Diego, a pesar de la autopsia ha certificado que no hubo malos tratos –remito al mismo reportaje de El País- y que el Juez decretó la libertad sin cargos del injustamente detenido. El daño está hecho. Diego es víctima de una pesadilla kafkiana porque llevó a la niña al hospital cuando, tres días después de la caída fatal, se desvaneció. Y era un hombre. Y joven. Y, quizás, no vestía de Armani.

Asistí como espectadora privilegiada al nacimiento de la basura mediática en el crimen de Puerto Hurraco. Era el estreno de las televisiones privadas. La primera vez que estaban presentes en un suceso. Había más informadores en el pueblo que vecinos y así lo mostré en el reportaje. Luego vendría Alcasser. Y todo lo demás. Había que repartir la tarta, y lograr la mayor porción.

El problema es que no parecemos distinguir entre ficción y realidad. Esto es auténtico. Hay una niña muerta, una familia desolada, un chico que ha sido linchado por todos los flancos. Ha sucedido, no es una película, no una serie de televisión. Todas las víctimas tendrán que afrontar el terrible hecho. Los errores médicos y policiales también son auténticos. Las portadas condenatorias existen. No se ha elaborado para entrenernos. Lo peor es que, si nos guiamos por la experiencia –y es racional hacerlo-, en cuanto esta familia deje de estar de moda, les dejaremos solos con su pena. Sin haber aprendido ninguna lección. A la espera, simplemente, del próximo “error” o “metedura de pata”. Impunes.

Para ello existe la legislación. Y su aplicación. En un reportaje en el que me interesé por los juicios paralelos, Manuel Camas, Decano del Colegio de Abogados de Málaga, aportó muchos datos. “Hoy, tanto la legislación como la jurisprudencia se han volcado en la protección del derecho a la información por encima de otro fundamental con el que colisiona: el de la presunción de inocencia. El sistema jurídico belga considera delito los juicios paralelos de la prensa y Francia promulgó en el año 2.000 una ley para proteger la presunción de inocencia. Por ejemplo se sanciona con una fuerte multa a quien publica fotografias que estan inmersas en una investigación judicial, se obliga a la administración de justicia a tomar todas las medidas para que no haya imágenes de personas esposadas, se puede llegar -ordenado por el juez- a la rectificación de una noticia que no sea exacta y que impute culpabilidad cuando todavía lo que hay es una investigación”.

   Hay salidas a los desmanes. No tanto, parece, a ese limbo en el que viven los consumidores de información basura.

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