La Doctrina del Mal Menor


7 DE MARZO DE 2016

Lo conveniente es no repetir elecciones. El candidato que aceptó presentarse a la investidura, Pedro Sánchez, del PSOE, debe ser apoyado como la mejor opción o como mal menor. Con sus 90 diputados y su empecinado pacto con los 40 Ciudadanos. Para evitar que siga gobernando Rajoy. No vaya a ser que las gentes de Sánchez, Luena o Hernando se vean obligadas a suscribir la Gran Coalición, como quiere Albert Rivera. “En tiempos de tribulación, no hay que hacer mudanzas”, advierten Santa Teresa de Jesús y María Dolores de Cospedal.

La llamada prensa es ya casi unánime. Podemos se equivoca en su estrategia. Si Sánchez dijo sí al Rey aunque no supiera sumar a su candidatura más que a una feroz campaña mediática para conminar y culpar al partido de Iglesias, siempre será mejor un gobierno del PSOE y aledaños a que siga el PP, autor de tantas tropelías. Las voces más sensatas se apuntan a esa teoría. Venga, que yo conduzco, sin frenos, ya se apartará Podemos (e IU, Compromís, nacionalistas vascos y catalanes) y mal que bien aparcaremos o nos empotraremos en La Moncloa. No puede haber conductor más fiable. Y su equipo, con esas voces brillantes y mesuradas que con tanta aplicación venden el plan.

La Doctrina del Mal Menor ha hecho estragos en la historia de España. Socialmente también con el “no te signifiques”, “aguanta”… con todo. Con la injusticia, la desigualdad, los atropellos, hasta el maltrato machista, hoy avanzando en el rebautismo de la  “violencia en el ámbito familiar”. Así lo escuché el domingo en una radio.

Por virtud del Mal Menor se firmó una Transición que dejó muchos cabos sueltos. Por el Mal Menor todos los crímenes y  abusos de la Dictadura quedaron absolutamente impunes. Todo: ejecuciones, encarcelamientos, trabajos forzados de presos políticos como el que nos mostró Jordi Évole en Salvados marcando la agenda, robos de niños, la corrupción… todo.

Y así seguimos engullendo arbitrariedades y demasiados trazos torcidos. Avanzamos a trompicones, como se hace en España, sin un modelo económico de progreso. Del turismo al ladrillo para terminar en la degradación laboral y en derechos de los trabajadores. Con un reparto de cargas y beneficios que debería incluir en la bandera española un embudo enorme. Echando atrás libertades ganadas. Con una corrupción que toca a las más altas instituciones del Estado y que en algunos lugares –si nos atenemos a denuncias de la propia Guardia Civil– deja en cuento infantil el Chicago de Al Capone. En un clima de manipulación mediática que está llegando a niveles irrecuperables.

Sí, es cierto, salimos adelante a pesar de todo. Con grandes avances como sociedad que hoy se están perdiendo. A pesar de, no gracias a. No es cierto que el dolor sea germen de bondades. No hay correlación lógica en el  “No hay mal que por bien no venga”, que haría las delicias del saco de refranes de Rajoy. Hay trámites que pueden y deben ahorrarse. Gran parte de lo que llaman sabiduría popular no es sino consuelo popularY a él nos abocan de continuo. Muchas veces con la más sana intención, y menor visión de pasado y de futuro.

¿Hemos reflexionado cómo seríamos los españoles sin tanta mugre con la que cargamos desde hace años, siglos incluso? ¿Qué logros hubiéramos obtenido si muchos más hubieran perdido el miedo y erradicado la indecencia?

Los mimbres con los que se ha gestado el Pacto PSOE/Ciudadanos siguen renglones torcidos. Por la forma –en alto grado– y por el fondo. La ideología netamente ultraliberal y conservadora, reverencial con el sistema, de Albert Rivera, Girauta y, sobre todo, Garicano, no ofrece duda alguna. La elección de Sánchez para catapultar sus 40 escaños solo se comprende al hilo de los editoriales, portadas, entrevistas y encuestas de El País. Y no solo de ellos. Este Mal Menor lleva visos de ser el Mal de siempre. Es subsanable, con mucho empeño y serias intenciones de limpieza y bien… común.

La campaña contra Podemos es tan extrema que resulta hasta jocosa de conocer las técnicas clásicas de la manipulación mediática. No ayuda la torpeza de mentar en el Parlamento un programa de televisión que convirtió en titular el sí a la pregunta de la entrevistadora sobre un tema frívolo. Una anécdota, al lado de los turnos de alusiones de ministros y portavoces fuera del temario, de cuanto evidenció el discurso del bipartidismo, pero magnificada por el espectáculo de los medios.

Una vez más el Mal Menor puede llevarnos a no resolver los problemas acuciantes que padecemos. De tantos rodeos y demoras para alcanzar la meta cabe el peligro de acabar perdidos. Otra vez. La desproporción de medios con los que cuentan, sin embargo, convierte en inútil hasta avisarlo. Hay muchos que viven muy bien a ese lado de la historia.

Sigue la amenaza de recesión económica consecuente a la religión neoliberal imperante. En España, Rajoy deja en herencia la Deuda Pública mayor en un siglo. Más de un billón de euros. Impagable. Como le ocurrió a Grecia. El paro juvenil sigue en los puestos más altos de Europa. Nos han avisado de que la hucha de las pensiones –exprimida desde el superávit que dejó Zapatero– solo llegará hasta 2018. Los jóvenes y ya hasta los maduros pueden olvidarse de cobrarlas. Pero en el potro de tortura mediático y en las pasiones políticas existe dificultad en relacionar los hechos.

Al menos, cuando se pregunten por qué alguien como Donald Trump tiene posibilidades de ser el próximo presidente de los Estados Unidos, piensen que todo tiene un principio, una trayectoria, una deriva. Hay demasiados hijos de  males menores diseminados por el mundo. Tiempo de enderezar el rumbo hay, voluntad no lo parece.

La lucha por las batallas perdidas

Comenzaremos con apuntes de la actualidad, a flashes cortos, al estilo que triunfa hoy en los medios. Aunque será difícil sustraerse a incluir algún contexto.

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La entrevista abre El País. El autor de las preguntas ni siquiera se interesa por la razón de haber elegido a Ciudadanos con solo 40 escaños y de ideología presuntamente distinta para establecer un pacto, ni tampoco, lógicamente, por la insistencia en que éste sea inamovible.

El candidato fallido se expresa en una pura queja contra Podemos. Poco más cuenta. Es raro, con el despliegue de cortesía que ha desarrollado el PSOE con Podemos. Exquisita.

En mi opinión esta entrevista es un modelo… de lo que no es una entrevista.  Si el preguntado y el que hace las preguntas fijan como objetivo hablar negativamente de otro partido ¿qué se busca? ¿Qué nos aporta? Pero  se trata de una opinión nada más que ha de introducirse en el bol del periodismo actual y agitar.

Sánchez perdió la investidura. Su imprevisión invalidaría a cualquier candidato para el futuro. ¿Quien se montaría en un vehículo conducido por alguien que lleva los frenos rotos y confía en que todos se aparten a su paso hasta detenerse -o empotrarse- en un aparcamiento? Pero esto es España, todo puede suceder.

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Así se empleaba César Luena, el número dos del PSOE, a salvo del lugar que ocupe ahora Albert Rivera. Merece la pena oírlo. Con su verbo brillante y su lucidez y llamando al líder de Podemos Pablo Manuel Iglesias. Es una  experiencia única oír a Luena.

Y en perfecta armonía El País se saca una encuesta de Metroscopia en un pispás.

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Entretanto el pacto con Ciudadanos se presenta incuestionable, uña y carne, más aún, carne y piel. Dios les vino a ver de la mano de Sánchez para multiplicar sus 40 escaños.

Cadena SER:

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Y eso que Rivera no engaña a nadie… que no quiera ser engañado. ABC.

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La sesión de investidura del viernes brindó momentos para seguirla desde debajo de una mesa, tratando de esconder la vergüenza ajena.

El periodismo. Otra modalidad del actual consiste en titular con la pregunta propia que ha inducido la respuesta. Pongamos un ejemplo:

-¿Te comprarías un helicóptero verde fosforescente?

-Puede

Titular: «Zutanito no descarta comprarse un helicóptero verde fosforescente»

Otro ejemplo:

-¿Y hay algún tío bueno en el Congreso?

Tras oportuna meditación, la interlocutora responde:

-Pues, quizás, hay uno con pelo largo de Podemos, no Pablo Iglesias.

Y eso, traducido en amores y bebidas de vientos, llega al Parlamento. Igual es que todo es humor.

Los grandes medios españoles, o medios grandes, o en proceso de empequeñecimiento y liquidación, nos revuelven con argumentos mucho peores aún.  Al lado de este editorial de El Mundo, la entrevista de El País casi sería aceptable. Se titula La valentía de los cobardes. La ley Mordaza debe ser juego de colegialas para gobiernos y periodistas que «los tienen bien puestos». Un párrafo:

Un preso político sería el propio Pablo Iglesias si, según la definición de la Enciclopedia Británica, fuera encarcelado por «acciones o creencias contrarias a las de su Gobierno», en este caso el de Mariano Rajoy. Pero el líder de Podemos está de suerte: puede despotricar todo lo que quiera contra las políticas de los dirigentes de su país, sugerir que quienes no comparten sus ambiciones políticas son parte de una malvada oligarquía destinada a explotar a los débiles, e incluso aupar a condenados por delitos de terrorismo al altar de los mártires, todo sin temer una llamada de la policía a medianoche.

 

ABC también tiene su entrevista de apertura. Con Mariano Rajoy, faltaba más. Éste carga contra Sánchez. No se cuándo nos perdimos que quien no quiso someterse a investidura fué él, Rajoy, y ha demorado bastante el proceso.

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El presidente en funciones se ha perdido en un saco de refranes del siglo XIX. Diarío Público.

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No sabe que los poderes a los que sirve ya lo han descartado. Se preparan recambios. Muy regeneradores como se ve. Levy apoyando a los viejos machos de toda la vida que ofertan trabajo por sexo. Y eficaz, ha sido reelegido para el PP de Ourense. Titular de eldiario.es

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En España pasan cosas. Muchas cosas y muy cosas. Público.

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Y hay mucha y muy gente interesada en que sigan pasando, al apoyar con tan escaso disimulo la continuidad del sistema que nos ha traído hasta aquí.

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Comparto lo que opina Gerardotecé en Ctxt.es

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Claro que pasan cosas. Extraordinariamente serias. El Chicago años veinte y treinta se queda como Blancanieves y los siete enanitos por comparación. Infolibre.

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Con este inquietante apéndice. Inquietante digo por el hecho, no porque no se vea a la legua que algo pasa:

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Los interesados en alguno de los temas expuestos pueden buscar el medio y leerlos.

Ahora me pregunto, si le doy al botón de publicar… o no. De entrada algunas de estas hazañas que reseño dan risa, pero luego se congela. No se puede competir.

La lucha por las batallas perdidas tiene un límite: cuando entiendes que persistir en ella es una estupidez.

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En cartel hoy: «Sánchez no tenía un plan» y «La vida es un cruasán liso»

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Una de las principales cadenas de supermercados del Reino Unido, Tesco, ha dejado de vender cruasanes, porque sus clientes encuentran dificultades en untar la mantequilla en sus formas curvas. La leyenda más creíble data el nacimiento del cruasán en el siglo XVII, pero no corren buenos tiempos ya para las estructuras complejas. No para todos, la brecha del conocimiento es una nueva burbuja. Absolutamente determinante.

Una noticia significativa en el día que se iniciaba en el Congreso español la investidura del candidato del PSOE, Pedro Sánchez. Notables cifras de audiencia acompañaron el desarrollo de una sesión con nuevos actores, tras las elecciones de diciembre. Quien siguiera toda la peripecia alternando fuentes, se encontró con un aluvión de palabras e imágenes, amplificado al infinito por las interpretaciones. Desde Luna nueva, de Howard Hawks (1940) y Primera plana, de Billy Wilder (1974) y otras versiones, hemos ido asistiendo a la evolución del periodismo que convierte en espectáculo la realidad, sobre todo los sucesos de la realidad.

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Primera Plana (1974)

La secuencia de personas hablando a un micrófono delante de cualquier acontecimiento, como coro interminable, clónico y mecánico, se está viendo superado por días. Y ha llegado a la política. Con políticos y periodistas en escena. La sesión de investidura de Sánchez, sin ir más lejos, se precipitó sobre  nosotros con impactos audiovisuales múltiples a ritmo inasumible. Una lluvia de chorros de agua caliente, fría y templada, acompañados de luces de todos los colores y sonidos entrecortados.

En la televisión ya es difícil que se pueda esbozar una idea completa y, eso, en ardua pugna con tertulianos carcas o agitadores del espectáculo. Salvo en la televisión del PP, TVE, a cuyos (presuntos) debates solo les falta el té con pastas sobre tapetes de organdí. Es la televisión que aún entiende los “De matute” y “Bálsamos de Fierabrás” de su candidato, Rajoy. Y tampoco es eso.

Es difícil mantener la cabeza lúcida ante esta avalancha. Parece claro que Pedro Sánchez no tenía un plan, y así se veía venir. No otro que firmar un acuerdo con Albert Rivera y conminar a Podemos a suscribirlo con la presión abrumadora de los medios de más peso. A lo largo del día, le iba menguando a Sánchez la arrogancia hasta llegar a las amargas quejas tanto de él como de su portavoz que daban paso a la votación. No había más. 130 escaños y una estrategia errónea.

En ayuda del designado culpable, Pablo Iglesias, acudió todo el arco parlamentario, salvo lógicamente, Ciudadanos, evidenciando que el viejo truco de la pinza se convierte en cepo para la improvisación. ¿Todos votaron “con” el PP? En fin.

Rajoy, tras unos pases de ironía paternalista, se fue a caminar por los pasillos de su obra, repitiendo el dudoso mantra de la recuperación. Prácticamente, solo Albert Rivera se ocupó de él. A fondo, con dureza. Traía el mensaje de los poderes de la derecha que quiere al PP con todas sus mugrientas mochilas, pero ha desechado por completo a Rajoy. Ese Rivera que llama a los españoles “accionistas” de una empresa, España, con tal desigual reparto de cargas y beneficios.

El brillante discurso de Pablo Iglesias demostró que el pasado sin resolver no se puede enterrar por mucho que se empeñen y que el futuro tendrá que abrirse paso con uñas y dientes. Alberto Garzón dio oportuna clase de matemáticas e izquierda. Y los portavoces de los nacionalistas catalanes y vascos, grandes dosis de madurez. Por primera vez, hubo muchos diputados que se quedaron a escuchar a los minoritarios.

Atónitos contemplamos sin embargo cómo el espectáculo se adueñaba también del Parlamento. Ver levantarse como tertulianos aludidos a un par de ministros fue su mejor demostración. El propio tono del presidente de la Cámara, Patxi López. Esta deriva es mucho más inquietante que los excesos verbales, aunque también haya que anotarlos.Esto es lo que yo vi. Pero en el potro de tortura mediática, volvieron a contarme que “habían ganado” Sánchez y Rivera, aunque la votación no lo reflejara. Y perdido, naturalmente, Iglesias y Rajoy. Que Sánchez “tendió la mano a Iglesias”.  Que “Podemos no está preparado para gobernar”.  O, y esto fue lo más, que “ahora la papeleta es para el rey y le puede perjudicar siendo el mejor rey que hemos tenido desde Recaredo”.

Fracasada la primera investudra y a falta de improbables sorpresas en nuevas convocatorias, Sánchez no será presidente. Dicen que su plan era reforzarse como secretario general –cierto- y que lo ha logrado. Lo dudo. Una persona sensata se cuidaría de cantos de sirena que mutan al olor de la pérdida de poder. El fracaso no es carta con futuro, la imprevisión tampoco. Sánchez está en un momento definitivo de su carrera. El poder busca recambio en Albert Rivera, como largamente anticipamos, y ayuda precisamente el pacto suscrito con el PSOE.

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Sánchez se acerca a saludar a Rivera tras fracasar su investidura

En la sesión se colaban este jueves invitados no previstos como Manuela Carmena, pidiendo el apoyo para Sánchez. El PSOE, por boca de su portavoz Hernando, aprovechó la ocasión para presionar con los «alcaldes del cambio», advirtiendo que lo son con su apoyo  «sin pedir nada a cambio». 

Ni el fondo del pacto –cuando había otras opciones-, ni su gestación son admisibles tal como están. La doctrina del mal menor ha causado demasiados estragos desde la propia Transición y hora será de dejar de tragarla.

La política está experimentado un cambio que se percibe nítidamente en el Congreso. Los viejos esquemas quedan en evidencia. El periodismo precisaría también una auténtica catarsis, como no nos cansamos de alertar.   “Estamos obligados a subrayar los peligros que acechan”, “el periodismo es una responsabilidad social”, escribía Olga Rodríguez. El mayor problema está en el modelo que se está imponiendo. Más, no es mejor. A veces, todo lo contrario.

Una gran parte de la sociedad también necesita regenerarse, pensar por sí misma y sacudirse los miedos. Aunque no le resulte fácil, ha de intentarlo: le va mucho en ello. Educada en no soportar un argumento mayor a lo que cuesta tragarse una píldora, en cadena y en collage, su cerebro se resiente. Empieza a ser notorio que muchos ya no saben qué es  información, ni qué es el Congreso, ni cuáles son sus derechos: quizás ni qué son derechos. La vida es una continua evolución, no todas las formas y modelos son para conservar. No los estereotipos.

El futuro, el presente ya, va por otros derroteros. El futuro viene con cruasanes cuadrados y lisos para que sea abordable la complicada tarea de untarles mantequilla. Todo empieza a ser un cruasán liso, salvo las angustias y los anhelos de todos y cada uno de nosotros.

*Publicado en eldiario.es

El plan de Pedro Sánchez

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Cuando Pedro Sánchez se ofreció a ser candidato a la investidura –por flagrante incomparecencia del titular, Mariano Rajoy- pensamos que tenía un plan. Pero no todos imaginaron que era éste. La secuencia de hechos nos muestra a un político que, tras cosechar los peores resultados de la historia del PSOE, aparece como valiente y hábil negociador. Los cronistas de la corte así lo reflejaban incluso hasta el día del estreno de la obra hoy en cartel. Luego, el guión y la interpretación comienzan a hacer aguas.

Transcurridos ya dos meses desde las elecciones, las gestiones para la formación de gobierno se aceleraron esta semana. «El PSOE duda de poder cerrar un acuerdo con Podemos en dos días», nos dice un titular de La SER. ¿Qué habían hecho hasta entonces? ¿Qué se hizo de las dos propuestas de Pablo iglesias además de vituperarlas por su osadía y vanidad? Las reuniones se inician sin embargo: a 4 con la izquierda a las claras, y a 2 en secreto con Ciudadanos. La izquierda con equipos negociadores, Ciudadanos con la concurrencia de los titulares. Y, tan en cónclave, que cuando se anuncia el Pacto a la Naranja aún cuelgan en los medios  las declaraciones de Alberto Garzón, de IU, afirmando que el PSOE niega acuerdos cerrados con Ciudadanos. «Si el PSOE demuestra por los hechos que nos está mintiendo a las fuerzas de izquierda tendrá que asumir sus responsabilidades ante la ciudadanía», concluye, alertando. Todos estaban viendo como negociadores del PSOE se iban a otra sala.

El guion nos había ofrecido ya la comparecencia de Albert Rivera brindando su cooperación, «si el PSOE aceptaba 5 reformas irrenunciables para su partido». Otra de Sánchez dando el sí y alguna más. Y así llegamos al estreno en sala parlamentaria con un acuerdo firmado que se extiende por 66 páginas. De 5 puntos irrenunciables, pasamos a 66 páginas. En horas. Sánchez corrobora la triquiñuela. Al acuerdo con Ciudadanos, dice,»le han echado muchas horas, inteligencia política, ambición y humildad». Es decir se lo han guisado y comido entre Pedro Sánchez y Albert Rivera y piden que otros se sumen. Con humildad e inteligencia.

Sánchez se presenta con Rivera portando un tercio de los escaños del Congreso, cuando necesita la mitad. Ha sido su elección, nítida, ideológica y personal: es la cuarta fuerza política del Congreso. La coreografía nos ofrece a los protagonistas puesto de acuerdo hasta en el traje y la corbata, caminando hacia la historia, para sentarse en la silla de los taquígrafos en aras de ocupar el centro,  firmando al unísono, con pluma, sujetando el papel con la mano izquierda desmayada, y hablando de la Transición. De dejar boquiabiertos.

Admite Sánchez tres o cuatro preguntas en la rueda de prensa en la que ha advertido a los periodistas de lo que «hoy toca» hablar: solo pacto con Ciudadanos. Y remata la mañana con la que dirige a la militancia en la que ni nombra a sus socios en la firma, tan hueca y de trámite que asusta. El otro candidato a la secretaria general del PSOE, Pérez Tapias, la califica de «un insulto a la inteligencia».

Los contenidos del acuerdo resultan ahora casi irrelevantes por muchas vueltas que les demos, son un programa electoral. De derechas, con imprecisiones. Tendente, como pauta general, a desmontar el gran fiasco perpetrado por el PP, muy moderadamente y sin molestar. «Los votantes del PP no tendrán problema en asumirlo», dice Rivera.  Una frase resume lo destrozado por el PP y la necesidad de recomponerlo: revisión del Código Penal, para volver a los principios del Código Penal de la democracia. Sí, hablamos de democracia. Algo muy serio para no mirar en qué manos se deja.

Pero ¿cuál era el plan de Sánchez? ¿Contar con las brigadas mediáticas para culpar a Podemos de unas nuevas elecciones? Eso lo tiene asegurado, las portadas venían este jueves con la misma unanimidad que cuando las contrató el Banco de Santander para un anuncio y así seguirán por varios días. Estrategia útil, piensan, para la campaña electoral en nuevos comicios, a ver si la gente ve por fin lo malo que es Podemos y los sensatos que son este par de figurines. Otra sofisticada táctica de marketing político parece ser la fabricación de pinzas de colores que unan a Podemos con el PP, como si no viéramos lo que vemos. Quienes quieren ver. Pero, ¿con qué más cuentan? Se apresuró Rivera en volver a llamar al PP para que se incorpore a los acuerdos. Al PP que cada día nos regala menos competencia y más fiascos. Por fin se han enterado algunos del vaciado de la hucha de las pensiones, por poner un ejemplo. ¿Se han asegurado algún tipo de colaboración en sectores del PP para echar andar sin decir nada? El camino elegido por Sánchez es ése.

Lo más dramático es que probablemente no hay plan serio, ni nunca lo hubo. Hacerse las fotos, confiando en que alguien se sumara para aplaudir desde el patio de butacas. De ser así, la maniobra apuntaría a una imprevisión histórica, a la banalización de la política convertida también en espectáculo de consumo. A la marrullería como forma de auparse. Hasta el veterano Patxi López da la impresión de haber caído en considerar el Congreso que preside algo de andar por casa, al cambiar las fechas de la investidura. Ya se anunciaba una legislatura turbia con el nada inocuo reparto de asientos en el hemiciclo, hoy subsanado. Aún este jueves seguía declarando Sánchez que «podemos fue el último en sentarse y el primero en levantarse». Mientras él gestaba 66 páginas con Rivera a escondidas. Aún seguían sus portavoces varios negando lo que hemos visto. Mientras la izquierda trata de renacer en Inglaterra con Jeremy Corbyn y en Estados Unidos con Bernie Sanders  ¿Cómo ha podido llegar el PSOE a esto?

Va más allá. El órdago con perfume de Armani escenificado con el pacto nos revela la grave crisis que padece España. No «este país», este país se llama España y hace aguas por todas las esquinas de los áticos. Por todas. Seguir portadas, editoriales, emisiones, incluso el  voluntarioso periodismo equidistaní, el empacho de tópicos y simplicidades, los paseíllos de los juzgados, la sangría de las arcas públicas, es para refugiarse en los sótanos viendo de salvar al menos el pellejo cuando el edificio se vaya a pique. Pero no se va a ir, parece que la tónica es que siga arrastrándose en esta degradación irresistible, irrespirable. Es imprevisible aún qué salida adoptarán, qué posturas triunfarán en los diferentes partidos. Aunque, con estos mimbres, ilusiones de cambio se vislumbran pocas.

No nos dejemos embaucar con declaraciones, desmentidos, Ritas sensatas, Pedros  y Albertos inteligentes y humildes, calculadoras, pinzas que salen de la chistera, las luces, voces y gritos con las que distraen de la trama. Resulta patético y muy preocupante ver desfilar por los distintos escenarios a una serie de vacuos, aprovechados, botarates, paniaguados, indigentes ideológicos y éticos. Envanecidos con las críticas interesadas, los aplausos. Abajo queda el estupor, la decepción, el desamparo de seres humanos, de carne y hueso, que necesitan soluciones y ven que no están por llegar, hoy por hoy, ni en lo más remoto.

*Publicado en eldiario.es

Pacto a la naranja, ponche al Calisay

Pedro Sánchez y Albert Rivera han llegado a un pacto de legislatura. Suman 130 diputados y PP y Podemos ( 1º y 3º en escaños) anuncian que no le darán su apoyo o su abstención para que el líder del PSOE gobierne en minoría.

Sánchez negociaba con Rivera hasta el mismo día en el que, por fin, su equipo empezó a hacerlo  a 4 con Podemos, IU y Compromís. En otro despacho los dos pactadores de hoy se reunían en secreto de nuevo. Y hubo fumata blanca. Pero claro el tiempo no da para todo y Sánchez ya avisó:

Como Sánchez se había comprometido a consultar a la militancia, para acallar a las baronías de su partido por si pretendía aliarse con Podemos, va y suelta ya la pregunta que es ésta, según informa Antonio Maestre de La Marea.

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Diría más: una solemne tomadura de pelo. Ni dice con quién pacta, ni el qué.  Ni siquiera nombra a Ciudadanos.

Por supuesto, la brigada mediática prepara el terreno o directamente se decanta por culpar ya a Podemos de que Pedro fracase y hayamos de ir a nuevas elecciones.

No todos. El Gran Wyoming analiza con precisión lo que ocurre, pero no en El Intermedio que no dirige, en su columna de un periódico digital y con menos audiencia: infolibre. Antes del «histórico» acuerdo ya escribía esto con lo que coincido y contrarresta la abrumadora campaña en el otro sentido:

Estando como está la cosa, no se entiende bien la risa que causaba la propuesta de Pablo Iglesias de que las negociaciones se hicieran públicas, con testigos, eso que llaman “luz y taquígrafos”. Hasta ahora, desde luego, se han buscado argumentos de lo más peregrinos para no hacer lo que hay que hacer si es que se quiere hacer. Eso que nos vendieron, también el PSOE, como el cambio. Desde luego ya se han hecho, por lo visto, pactos con Ciudadanos de los que no nos han contado una palabra. Debemos entender que Albert Rivera reúne las condiciones de humildad, educación y respeto para poder sentarse con ellos en sofás contiguos, sin tener que mandarle con los negociadores.
(…)
Hay que mirar por el negocio y su enemigo real no es Ciudadanos, ni el PP, esos no le restan ni un voto. La competencia a hundir son los emergentes. Ese es el problema.
(…)
No quieren que les tutelen porque saben que solitos pueden prescindir de las promesas electorales. Con Ciudadanos están más cómodos, no les van a exigir el cambio, han venido a evitarlo.
(…)
Y la llamada fuerza del cambio que encabeza Pedro Sánchez, buscando estrategias de escaqueo mientras en Madrid sale la cifra de un millón de pobres de los cuales setecientos sesenta mil viven con menos de trescientos euros al mes. Manda huevos.
El cambio es una exigencia de la honradez política elemental.

Pacto a la naranja con lo que serían graves divergencias en cuestiones sociales y económicas entre un partido ultraliberal y otro socialista, de seguir siéndolo. Yo suelo escribir PSOE, en lugar de socialista por no pillarme los dedos.

Pedro Sánchez anda avanzando los acuerdos a los que ha llegado. Otro periodista nos brinda un avance muy orientativo:

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Tras el discurso anunciando el pacto, se han escuchado aplausos en la sala  ¿Quién aplaudía a Pedro Sánchez? ¿No es una rueda de prensa? ¿No son periodistas los que le escuchaban?  Los periodistas no aplauden, no como periodistas. Luego les ha dicho que se ciñeran a preguntas sobre el Pacto, no a otros temas, y ha dado la palabra a tres o cuatro.

Ha dicho que al acuerdo con Ciudadanos»le han echado muchas horas, inteligencia política, ambición y humildad». Es decir se lo han guisado y comido entre Pedro Sánchez y Albert Rivera. Y piden que otros se sumen. En mi opinión eso es echar a otras fuerzas políticas, es una actitud bastante humillante para otros. Legítima, pero útil si tuvieran más de 130 escaños.

¿Hay caballos de Troya agapazapados en el PP para lograr por fin la gran coalición que satisface a los poderes económicos y mediáticos? ¿Ha obrado osada y precipitadamente Sánchez al elegir al cuarto partido en votos y ser más difícil el quorum para gobernar?

«Pacto a la naranja» es un buen título para este guiso. Lo leí hace mucho tiempo ya en Twitter y lo difundí desde entonces. El iniciador parece ser Antonio Ramos de Antena3. Dado que ya lo escriben hasta los medios grandes, nos sirve para entendernos. Pero igual va más allá del gusto por lo naranja o sepia. Igual es el modelo tan afín en ambos contendientes: la estética, tan similar, aporta datos. Al final sería un Ponche al Calisay. Pero ¿Hay alguien más que preste los votos necesarios?

pedro.albert

 

 

Los que han dejado incapacitado a un joven emigrante

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Se llama Diara Mamadou y tiene 21 años. Este  joven, nacido en Mali, se encaramó una mañana de Noviembre a la valla de Melilla para cruzar a España y Europa. La valla cedió –dicen que por el peso de otros compañeros o el viento- y Diara cayó desde una altura de 6 metros. Sobre él se precipitaron 3 personas más. Estuvo en coma, en la UCI, dos meses internado. Recuperó bastante movilidad, pero se ha quedado con secuelas psíquicas y también físicas que le imposibilitan ocuparse de sí mismo.  El gobierno español ha tenido la deferencia de trasladarlo a la península y depositarlo en algún centro en el que siga llevando su vida más o menos vegetal. Seguro que con profesionales competentes que intentarán ayudarle a superar parte de sus secuelas. Pero nadie le devolverá la vida que tenía, los sueños que le empujaron a arriesgarse a superar las trabas que le oponían. Esa mano que trepó, llena de coraje, y que hoy puede que no sepa contar a su dueño que tiene cinco dedos.

UN CENTENAR DE INMIGRANTES PERMANECEN ENCARAMADOS EN LA VALLA DE MELILLA

He buscado su nombre en Google a ver si me daban algún dato más.  Pero solo remiten a otro joven de nombre muy similar: Mahamadou Diarra. Este es un futbolista de éxito. Una valla es lo que a veces separa un destino de otro.

Y hay culpables. La culpa es de quien levanta las vallas y las mantiene. De quien autoriza desde despachos de Bruselas las “devoluciones en caliente”, prohibidas hasta hace poco por ser contrarias a las Derechos Humanos. Pasó el tiempo de denunciar lo gravísimo que era. La culpa es de quienes cierran fronteras. De quienes propician la desigualdad social. De los que incendian albergues, de los políticos que jalean a estos fanáticos racistas afirmando que están defendiendo la patria del invasor como haría el más riguroso nazi. De todos los que callan. De cuantos votan para que todo esto siga tal cual está, que es decir en el mismo camino de degradación. Los accidentes no existen como tales cuando se entra en semejante madeja, son el resultado lógico. Y va tocando a unos o a otros en diferentes formas.

Leo esta mañana a cronistas de la corte alabando las hazañas del devenido en excelso negociador del PSOE. Que igual utiliza la técnica del escorpión transportado por la rana. O que igual se estrella, sin que los aduladores hagan otra cosa que cambiar el sujeto de sus glosas. La pertinaz elevación a los altares de la política de mercado de otro eficaz vendedor del sistema. La parafernalia de los autobombos. Inmensas hipocresías. La hemorragia de inmundicia que arroja el PP. El reparto de culpas al que siempre se la echan, no vaya a ser que cambie el vertedero por algo más aseado, algo, tampoco lancemos cohetes. Becerros siguiendo la campana en el sentido que otros decidan marcar el camino.  Y sigo mirando a Diara en su silla, inmóvil e incapacitado como todo el que quiera, parece ser, echar luz, coherencia, siquiera dignidad a este emplasto.

En España solo puede gobernar la derecha o la crispación

En España solo puede gobernar la derecha -y asimilados que no pongan en peligro el sistema de injusticias- o la crispación. O tienen el poder, crispando, o irritan desde la oposición. Es así desde hace siglos, pero la estrategia se ha perfeccionado y especializado desde que Rajoy encabeza el PP. Más aún, a raíz de ganar las elecciones en 2011 en un ambiente social que cuestionaba hondamente las políticas tradicionales, se añadieron factores decisivos al plan.

El PP de Rajoy no ha dado una sola puntada sin hilo de su madeja. Se ha pertrechado de un entramado jurídico que penaliza cuanto no sea la sumisión a sus postulados. Ha blindado también sus dañinas reformas para que resulte muy arduo desmontarlas. Y, por el grifo de las subvenciones o el temor común a los cambios, ha sumado en su lucha a un número notable de medios y periodistas, dispuestos a dejarse la piel por mantener el régimen de privilegios. O a mirar para otro lado que opera similares resultados. Factores que convierten este período en peligroso como pocos en la historia reciente y que influyen como una losa en el gobierno en gestación.

Rajoy se hace cargo del PP perdiendo las elecciones de 2004 por su gestión manipuladora de los terribles atentados del 11M –lo dijo hasta la prensa internacional-. Desde el día siguiente a ese 14 de Marzo, comenzó la campaña contra José Luis Rodríguez Zapatero y el PSOE arguyendo que su triunfo era poco menos que ilícito. Con sus panfletos de cabecera como ABC o La Razón, con El Mundo de Pedro J. Ramírez intoxicando de forma miserable, el resto de los medios no participaban básicamente del juego. RTVE recuperó una calidad solo conocida en tiempos de Fernando Castedo, Gabilondo, Azcona, Sotillos, Pedro Macía o Luís Mariñas, entre otros.

Si Rajoy llamó “ruiz” –ruin- al candidato socialista, Pedro Sánchez, en el debate para las elecciones de diciembre de 2015, a Zapatero en sus dos legislaturas le cayó una lluvia inhumana de improperios y acciones. Como ahora a las víctimas favoritas de la nueva cruzada. A este paso alguien puede acabar en la hoguera. De momento, quienes llevan más números son Carmena, Zapata y Rita Maestre. Entonces, no fue ‘solo’ que Rajoy acusara al presidente socialista de servirse de los muertos, es la lista de calificativos que le dedicó durante su mandato. Recopilé en su día algunos:

Acomplejado, agitador, ambiguo, antojadizo, aprendiz de brujo, bobo solemne, chisgarabís, cobarde, débil, frívolo, grotesco, hooligan, impreciso, imprudente, incapaz, inconsecuente, indigno, inestable, inexperto, insensato, insolvente, irresponsable, maniobrero, manipulador, mentiroso, oscuro, perdedor complacido, radical, rastrero, sectario, taimado, traidor, turbio, veleidoso y zafio.

El proceso del 11M e, invariablemente, ETA, fueron una vez más armas de manipulación y uso partidista en manos del PP y sus medios. La política antiterrorista del PSOE  terminaría dando frutos pero aquellos días, años, se escucharon y se vieron posiciones tan radicales que sembraron el temor en una buena parte de los ciudadanos. Muchos no tienen memoria, volvamos a constatarlo. Igual hacen ahora. Con cuanto se les pone por delante. El presunto chantaje al que cedía Zapatero, llevó a pedir Cirujanos de Hierro, es decir, hasta golpes de Estado en algún medio. Ocho veces, al menos, salió el PP a la calle para protestar por la política antiterrorista del Gobierno, y no menos de 13 para rechazar leyes del ejecutivo, muchas veces de la mano de los Obispos que hoy disponen de su propia cadena de intoxicación.

Cuesta creer que miembros del PSOE hayan contado con el PP en aras de lo que llaman estabilidad (presunta). Y es porque ahora el enemigo ha cambiado: ahora es Podemos y las mareas y confluencias. Hijos de todos los desmanes anteriores, como no debemos cansarnos de atestiguar. Y los golpes y cuchilladas les dan de todos los lados. Confusiones nada inocentes como la que pretende equiparar los escraches, tan medidos c omo explicaba en eldiario.es Stéphane M. Grueso @fanetin, con el acoso violento de miembros de la Seguridad municipal, por tanto del Estado, a un superior. Ministros, periodistas, editoriales, unidos con un Fernández Díaz que dice: “El tiempo coloca a cada uno en su lugar”.  ¿Lo entenderían mejor si el ejército se plantara en la Moncloa por una protesta laboral?

Es la última hazaña de este tiempo, convertido en distinto e inquietante por las leyes y códigos mordaza del PP. En el que, a diario, vemos llevar al juzgado y a la cárcel opiniones u obras de ficción, como sucede ahora mismo en Turquía, China o las autocracias árabes. En estas últimas también es delito agraviar los sentimientos religiosos. Los jueces progresistas han expresado su alarma por el “abuso de detenciones” y de “privación de libertad” como instrumento. En los que la Seguridad del Estado -es decir, de los ciudadanos, no de los poderes atrincherados al margen de los resultados de las urnas- están en manos de un Ministro en funciones que piensa, declara y actúa de forma muy preocupante. O la Justicia en las de otro ministro que no desaprovecha ocasión para hacer campaña a favor de su partido como si trabajara las masas en el mismo plato.

Sembradores masivos de cizaña ‘alertan’ de falta de respeto y agresiones a la convivencia. Patéticamente alterados porque reciben críticas en Twitter. Crispación hay, pletórica: la propagan a diario desde la política y los medios. Mientras la corrupción ya nos está llegando a las vías respiratorias, las arbitrariedades y las dobles varas de medir hieren la vista, nos insultan las desigualdades que ha propiciado su precioso sistema. Ese que, por cierto, les peta otra vez porque las religiones económicas no funcionan en la práctica más que para el selecto grupo de sus beneficiarios.

Nos levantamos cada mañana con nuevos exabruptos, añadidos insultos a la inteligencia y a la más elemental dignidad. Con mentiras o tibiezas. Nos echan al día con el hígado revuelto. Es su modus operandi. Herencia de sus ancestros. Hoy, sumando fuerzas en la labor.

Y la gente lo nota aunque quiera evadirse. A la mayoría nos han devaluado las condiciones de vida, las económicas y todas las demás. Por eso algunos –malnacidos- descargan su malestar contra sus mujeres, los homosexuales, los emigrantes, aquellos a quienes consideran más débiles o diferentes. Por eso se consumen en gran cantidad drogas, ansiolíticos y antidepresivos.

No es posible que políticos decentes no entiendan que así no podemos seguir. Ni un día más. Ni una hora más, si fuera posible. Mientras el PP se rearma en nuevos cinismos, para lavarse la cara. El daño causado es tan grande que llevará mucho tiempo repararlo. Por lo menos habrá que intentarlo, habrá que empezar. No es la única opción, pero obliga a elegir.

El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo.

La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio”.

(Las ciudades invisibles. Italo Calvino)

 *Publicado en eldiario.es

Umberto Eco y Harper Lee, ruiseñores e ideas

Ha muerto Umberto Eco. Este viernes 19 de Febrero. En Milán. En su casa. A los 84 años. Y ha sido como si se fuera con él esa cuña perfecta que mantiene asombrosamente equilibrios en este mundo a la deriva. Una cabeza prodigiosa, cordura matemática, integridad sólida, azote de corruptos, despertador de perezas mentales,  un ser total, un hueco desolador.

Apresurados gacetilleros nos cuentan que fue un escritor y filósofo italiano, experto en semiótica… y célebre sobre todo por su novela El nombre de la rosa. Lo que son las cosas, Eco , leo, “no alcanzaría la verdadera fama ante el gran público hasta 1980 con la publicación de su más conocida novelas ‘El nombre de la rosa’, con la que obtuvo varios premios y que fue llevada al cine. Otra de sus obras más conocidas es ‘El péndulo de Foucault’ publicada en 1988″.

Añada usted unas frases del autor. Diez, es mejor cuando vienen en packs de fácil retención (7 o 11 dan mucho menos juego), y tiene lista la noticia cultural del día.

La profundidad y singularidad de la obra de Eco resulta inabarcable en somera descripción. Solo para invitar a zambullirse en ella y tratar de seguir las ideas con las que el gran pensador explicaba el mundo y despertaba curiosidades y rebeldías. Pero estaré cayendo en el otro lado que deja la cuña ausente: la de competir en las formas con la grandeza de Eco para servir las ideas a una sociedad que en buena parte no quiere enterarse. Solemnizar en justicia a quien no quiso ser solemne.

“Umberto Eco era una inteligencia imparable, un hombre imponente. Su memoria parecía una máquina nueva siempre, su discurso era a la vez apocalíptico, risueño e integrado; no dejaba que la melancolía que persigue a todo semiótico le rompiera la velocidad del pensamiento, y se reía del mundo a la vez que explicaba su podredumbre”, escribe Juan Cruz que le entrevistó varias veces.  Es quien mejor explica su último libro, Número cero (2015) (objeto de otras frívolas interpretaciones, dado que habla de Internet):

En este libro, Número cero, integró algunas de sus columnas, que llamaba burstinas, para construir un fresco insolente pero real de los peligros a los que se asoma este oficio de explicar la realidad. El periodista puede ser corrupto sin saberlo y sabiéndolo, y puede ser sumamente farsante e ignorante, puede el poder utilizarlo y él puede utilizar al poder, y no necesariamente las nuevas tecnologías de que dispone van a mejorar su relación con las bases viejas en las que se sustenta el oficio. El resultado de esa mescolanza de imaginación y columnas incluyó a Mussolini y a Berlusconi en una especie de fresco divertido e inquietante que nosotros, los periodistas, no leímos con vergüenza ajena sino con la propia vergüenza de estar ante un análisis y un aviso del abismo que nos conmueve”, escribe Juan Cruz dando en una de las claves esenciales que influyen en este tiempo.

En El País también, en ese diario que se pierde por las alcantarillas, leo sin embargo otro ejercicio de brillante retórica acerca de Umberto Eco, firmado por Borja Hermoso. Algún lector precisará diccionario, que así están las cosas.

“Con los dedos de una mano hay que contar fiscales de la estulticia y la ignorancia tan solventes como él, tan trabajadores, tan insistentes en la preocupación por la estupidez y la patraña”, describe.

Ahonda Borja Hermoso en El Nombre de la Rosa, esa novela “llevada al cine e interpretada por Sean Connery” con la que resumirán a Eco buena parte de los medios, ya lo están haciendo:

Cuidado: son posibles múltiples lecturas —la narrativa, la filosófica, la moral, la histórica— , es un libro que acuña un género fascinante, el thriller medieval, pero también un pasquín revolucionario frente a los profesionales de la verdad absoluta, lleven en el macuto metralletas, biblias, coranes o banderas: “Huye, Adso, de los profetas y de los que están dispuestos a morir por la verdad, porque suelen provocar también la muerte de muchos otros, a menudo antes que la propia, y a veces en lugar de la propia”. Y de ahí, seguidito, a las cruzadas de los cruzados de uno u otro signo.

Umberto Eco ha muerto el día en el que Europa se desmoronaba un poco más. Tras el austericidio decretado por Merkel y el resto del lobby neoliberal, ejecutaron a Grecia y ahora se rinden ante el Cameron británico para que Reino Unido no se vaya de la UE.  En el camino de las concesiones se dejan derechos que fueron razón de ser de la Unión. Las derivas neofascistas de varios países del Este ahondan en la debacle, aunque la firma ha sido unánime, los 28. Ya venía bastante muerta: Europa  –como leí ayer- “se ahogó este verano en el Mar Mediterráneo”. Sí, y en todas las vallas que ha levantado para aislar su egoísmo y canto a la desigualdad social.

Este 19 de Febrero se nos fue también Harper Lee, la escritora estadounidense que escribió una de las mejores novelas de la historia: Matar a un ruiseñor. Menos mal que igualmente se llevó al cine para que se enteraran más personas. Y con un inolvidable Gregory Peck de ojos inmensamente limpios y tenaces.  Escrita en 1960, su personaje, Atticus Finch, mantiene la vigencia de la integridad, la honradez y la firmeza frente a los ataques de la intolerancia. Esos que han vuelto a recrudecerse.

Umberto Eco se ha llevado la cuña que mantenía medio en pie este equilibrio que todavía no ha derrotado el alma y la inteligencia. Era un referente -quizás el último- de la Europa de los valores que apenas respira ya. La razón y la belleza son necesarias para andar el camino. Imprescindibles. Algo se va, pero todavía viven ruiseñores, incluso cargados de ideas, a pesar de todas las dificultades.

¿Se puede considerar normal lo que está ocurriendo en España?

Noticias de este sábado que no traerán, juntas, los informativos…

DATOS | Nadie ha sido juzgado en España por «enaltecimiento del terrorismo» en una obra de ficción. Hasta ahora.

La Audiencia Nacional propone juzgar al concejal de Ahora Madrid Guillermo Zapata

Metro de Madrid propone por escrito a sus trabajadores que…

 metro.huelga

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artsenal.aguirre
En campaña para las municipales
aguirre.olordeprensa
abc.desencuentrooficial
rajoy.sanchez.prensa
Gran repunte. Los maltratadores adolescentes agreden al principio de la relación
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je suis charlie

¿Qué parte de «No nos representan» no entendieron?

pedro.conpabloyalbert

La Casta tiene claros los modelos que admite y da total importancia a las formas

Son ese sector que todo lo quiere, que todo lo sabe, que todo lo impone. El nombre es lo de menos: la casta, el establishment, los establecidos. En todo caso, esa fórmula de estratificación social compuesta de grupos caracterizados por su rigidez e inmovilismo, que tiende a separar y jerarquizar para asentar su pretendida supremacía sobre los demás. Vinculadas, cómo no, al Imperio español y a otros vecinos, las castas –salvo excepciones como en India- fueron sepultadas por la socialización y la democracia. Pero persisten, vaya sí lo hacen. Y en momentos como los que vivimos en España sacan toda su virulencia y malas artes.

La cutrez impenitente de las castas españolas les ha llevado a ensañarse, ahora, con unos titiriteros para que el mundo sepa cómo se las gastan aquí. El Financial Times –que llevó el caso a portada- y otros medios internacionales lo encuentra “desconcertante” y, desde luego, lo relacionan directamente con las gestiones para formar nuevo gobierno. A la casta se le ven las posaderas al aire apenas se dan la vuelta. El intolerable encarcelamiento durante cinco días, la libertad con medidas cautelares desorbitadas, de unos artistas por un espectáculo de marionetas ha vuelto a situar a todos los personajes y mostrarles  con su verdadera faz. Y estos sí salen del escenario: tienen en su mano poder, incluso para desgraciar la vida de cualquiera.

Han vivido siempre de espaldas a la gente. Sin mirar, ni querer enterarse ni de sus anhelos y preocupaciones, ni de sus necesidades. Políticos, periodistas, poderes económicos, la casta cerrada de la justicia que castiga con saña hasta a colegas díscolos. Y cuantos emanan de todos ellos, cuantos viven de todos ellos. El descrédito de la política no ha nacido hoy, ni esos intrusos que les soliviantan y todavía les sorprenden llegaron sin razón.

En el dorado 2007 de burbujeantes ladrillazos, el barómetro de abril del CIS contó que casi un 70% de los encuestados creía que “los gobernantes solo piensan en sus intereses”  y “no se preocupan de gente como yo”.  En diciembre de 2009 aparece la clase política destacada ya como el principal problema para el 16% de los españoles. En mayor de 2010 alcanza a casi el 20%,  un quinto de la población. En 2013 sigue subiendo hasta el 31%. La corrupción y el fraude –que en 2011 solo preocupaban al 5,5%- pasa a ser la segunda mayor inquietud de los consultados, con el 44,5%, en 2013. Y hoy ambos conceptos –los políticos y su corrupción- permanecen en altos niveles de contestación ciudadana. Al menos en sus expresiones que no todos reflejan aún en sus votos, pero que ya ha provocado cambios. La situación económica alcanzó, por supuesto, grandes niveles de inquietud, demostrando la estrecha relación entre los gestores, la gestión y la forma de llevarla a cabo.

No fue solo la crisis: no se enteraban de nada. Ni ellos, ni sus voceros. Ni siquiera el periodismo de todos los días, sin contaminar. Y lo cierto es que una parte de la sociedad española bullía. En los blogs, en el periodismo de Internet, se palpaba la angustia, el afán constructivo y los deseos de cambio. En octubre de 2010, ATTAC organizó un acto llamado ContrATTACando en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Con grandes voces informadas.  Pues bien, se triplicó el aforo, al punto que tuvo que venir el director del centro a advertir del peligro físico de tan desbordada avalancha humana. Ningún medio cubrió el acto. De ahí nació un germen que se impulsó con Indignaos de Sthepane Hessel y Reacciona, de Sampedro, Mayor Zaragoza, Ignacio Escolar y varios más. Muchos otros movimientos latían con similar espíritu. Pero en las alturas no se oían sus voces.

El 15M también les pilló por sorpresa a los establecidos. Y así siguieron, de susto en susto, hasta que otra política, otras personas, irrumpieron por las urnas en las instituciones. Podemos y las Mareas de confluencia, sí.  Y ahí nos encontramos, con un Parlamento sin mayorías que no entiende. Y con la casta, o varias de ellas, queriendo repetir los esquemas rechazados, sumidos en la cólera y la irritación. Siguen sin enterarse de nada.

No consiguen encajar en sus cabezas ni siquiera que se cuestione la forma de hacer seguida hasta ahora. La que por cierto nos ha llevado a una deuda pública de más de un billón de euros  (gracias al gran endeudamiento que ha propiciado Rajoy), a un trabajo que la neoliberal CEOE denuncia como uno de los más degradados entre sus miembros  o a niveles históricos de desigualdad. La economía mundial, al borde de un nuevo crack demuestra, igualmente, lo mal que funcionan las políticas “de siempre”.

En su zozobra, los establecidos sienten especial aversión por las formas. Cuestionan la manera de vestir, peinarse y comportarse de los que despectivamente llaman “la nueva política”, la de izquierdas claro. Se les caen los ojos de las órbitas al ver coletas en un hombre, niños en una madre, o ropa casual. No, al Congreso hay que ir a trabajar vestido como para una boda, con un corte de pelo típico de los reclutas del antiguo servicio militar, la mili, y cumpliendo todos los cánones de la cortesía más superficial, no confundir con la educación.  Vamos, lo que cualquiera se encuentra en el autobús, el metro, los mercados, las tiendas, las obras o las calles a diario.  Lugares que todos esos políticos y periodistas no pisan o no ven. La vida tiene poco que ver con los salones en los que ellos residen.

Como damas de alcurnia de un siglo o dos atrás, despellejan a los advenedizos. Llaman arrogancia e insulto a hacer propuestas con el valor de casi tantos votos como el encargado por el Rey de formar gobierno, aunque con menos escaños por la ley electoral. No han cursado la invitación con orla que mandan las reglas de urbanidad.  Demasiado tiempo repartiéndose cargos y plantas en los grandes almacenes sin mirar siquiera a los clientes. O en las salas de juntas de las empresas adulando a los jefes. O maquinando para desvalijar el dinero público –que se detrae de nuestras necesidades- y repartir prebendas o presiones  para que les vendan el producto los que pasan por ser periodistas. Llevan tanto tiempo en los cenáculos y comederos del poder que ya no conocen la realidad en la que viven la mayoría de los ciudadanos. Aún andan a ver a qué cuñado arrancan una sonrisa con el chiste rancio de la “nueva política”, con el que ellos se reconcomen.

El presidente del Gobierno en funciones y de un partido en el que se le desparraman las manzanas podridas de la corrupción, se permite decir que “ya” no se tolerará una más y tres días más tarde blinda a su Rita Barberá, la alcaldesa de una Valencia corroída, para que siga aforada

Es cierto que se desarrolla una ceremonia de la normalidad que aparentemente sostiene -con hilos- el tinglado. En ella, el presidente del Gobierno en funciones y de un partido en el que se le desparraman las manzanas podridas de la corrupción, se permite decir  que “ya” no se tolerará una más y tres días más tarde blinda a su Rita Barberá, la alcaldesa de una Valencia corroída, para que siga aforada. Rajoy empezó mintiendo, siguió mintiendo y ahí continúa. Con sus ministros imposibles poniendo velas al ángel del aparcamiento y letreros sucios a los pactos. Y que este PP es tenido en cuenta entre buena parte de los creadores de opinión y la nueva política de derechas.

Y que son de temer los pactos que miran más a la derecha ultraliberal que a la izquierda. Y los posibles incumplimientos de  promesas inaplazables como la derogación de la Ley Mordaza, propia de Estados autoritarios,y ambigüedades que tocan materias altamente sensibles como la ley de Educación y la Reforma Laboral. Y que no se puede ser al mismo tiempo día y noche, salvo en el breve tránsito –amanecer y puesta de sol- que conduce a uno de los dos estados. Y de momento, la dirección está muy marcada.

Y, sí, todavía hay personas que se dejan atemorizar  por la descarnada campaña de descrédito contra la izquierda y la alarma social que, deliberadamente, crean con ella. Es de tal calibre que ya no se le puede llamar política, no es política, es la defensa marrullera de intereses muy concretos que no son los de la gente corriente. Y hay adeptos capaces de votar corrupto, sí, con una venda en la nariz y una pinza en los ojos. Pero todos ellos se encuentran en franco retroceso, como vienen avisando desde hace ya años. Son cada vez más los ciudadanos hartos hasta la médula de la política sucia cuyas consecuencias pagan. Ven las maniobras de los cuervos oteando sus presas para repartirse el botín, para continuar repartiéndose el botín. Lo saben. No consiguen comprender que son modelos escasamente ejemplarizantes y muy pocos ya quieren parecerse a ellos.  Y que por más que aprieten el mismo tornillo no los apreciarán más. Puede que a muchos ni siquiera les importe, pero tiene consecuencias. Ya las han visto.

Pueden ser mayores y para todos. Desencantar de la política a los que habían empezado a ilusionarse, defraudarles otra vez, no será inocuo. Mal vamos, porque  hay algo que llama poderosamente la atención desde el punto de partida: ¿Qué parte del “No nos representan” no entendieron?

*Publicado en eldiario.es