¿Adónde nos vamos?

Estoy planteándome mudarme. En lugar de seguir la utopía de cambiar lo que me rodea, cambiarme yo. De residencia. Elegid al azar -los no habituales- entradas de este blog y comprenderéis las razones –corrupción, tolerancia a la corrupción, incultura, elogio de la ignorancia, malas artes, demagogia, chapuza, señalados fracasos como país-. Los fijos lo sabéis y hasta pedís auxilio conmigo. Añadamos decepciones: la labor de intentar nuevas maneras que impriman un giro en la tendencia –aunque se demuestre una y otra vez errónea- choca con la realidad, apenas nadie quiere mover nada, ni toleran a quien lo osa. Y listos, aprovechados, cínicos, trepas, envidiosos, vanidosos, corruptos, indiferentes, dominan la situación. Parece que todo proyecto conjunto –desde la tópica asociación de vecinos a la organización política, económica o mediática del Estado- termina en lo que un amigo me definió muy gráficamente: “¿Sabes que es un camello? Un dromedario fabricado en equipo”.

Cambiar de ciudad o de país es una tarea compleja. Máxime cuando la cuenta bancaria no permite dispendios. Quemar las naves sin avistar tierra, una temeridad. Barajo opciones y veo lo que perdería y lo que ganaría, lo que ganaría pero también lo que perdería, lo que perdería, pero las ventajas que obtendría en el cambio, ahí giro y giro sin encontrar solución. Por eso hay que planificarlo bien. Con ayuda. La vuestra. Aún creo que hay gente diferente –lo veo aquí y en muchos otros lugares sin gran audiencia pública-, que quiere intentar nuevos métodos, atrapar ambiciones éticas, utilizar la imaginación, huir del tedio y el abotargamiento, ser feliz sin tener que avergonzarse de cómo contribuye a la injusticia. ¿Utopía? A lo mejor no tanto. Aún es posible fabricar camellos cuando el objetivo es fabricar camellos. Mi amigo José Antonio Rodríguez, está a punto de embarcar para Australia en su vuelta al mundo. Y es muy feliz.

¿Quién se viene? Estudiemos adónde. La prudencia no aconseja grandes choques, mejor un país de similar o superior desarrollo y en un aproximado entorno cultural. Europa, se me ocurre Europa. Porque para el EEUU de Obama es muy cara la mudanza incluso de lo más imprescindible. Imaginad. Poner la tele y que no aparezca Rajoy, ni Esperanza Aguirre, ni De Cospedal, ni Ana Rosa Quintana, ni «Lozanitos», ni Boris Izaguirre, ni un tal Risto o algo así, ni Belén Esteban, ni prácticamente ninguno de los políticos, periodistas y famosos españoles. Y que no griten los anuncios, que no ofendan el buen gusto. Saber que a los corruptos los llevan a la cárcel, que sus dictaduras –si las tuvieron- no quedan impunes, que los medios informativos son algo más responsables y veraces, que nadie, ni la Iglesia católica, se opone a que los niños estudien Educación para la Ciudadanía , clave para salir del hoyo bimilenario de la caspa, y que la sociedad clama porque así sea, que se compromete en la marcha del país con los codos, no con la boca. Países terminados, que funcionen, que no amparen la desidia. Sus políticos y sus errores serían suyos además, no nos dolerían tanto.

Fuera de los prejuicios que nos imbuyen, mi amiga Camino pasa temporadas en Berlín para ahorrar, dice. Pero, aún así, nuestros miserables sueldos y subsidios, nos plantean un problema. Entonces opto por Portugal, el elegante y sufrido vecino cuyo sueldo mínimo es –eso sí- la mitad que el nuestro, por eso los portugueses cruzan la frontera sólo para trabajar aquí, pero residen en su país. Están irrumpiendo los depredadores de la burbuja inmobiliaria española, pero a lo mejor aún llegamos a tiempo. Islandia podría ser un buen destino también. En la debacle financiera, daría las oportunidades de un nuevo Dorado, y en verano huimos del horno en el que llevamos viviendo –yo sí- hace más de 3 meses. La chimenea y la tertulia en invierno. Valoremos opciones, pros y contras. Dejemos a la una, grande y libre donde siempre estuvo hasta que se hunda.

Hay otra opción para no perder el supermercado de enfrente, los encantadores farmacéuticos, el emprendedor chico del videoclub, la listísima peluquera, el avispado quiosquero de periódicos, los buenos periodistas, incluso algún político bien intencionado, la gente que sin saberlo nos hace la vida cálida. ¿Cuál? Que se vayan ellos. Todos los racistas, populistas, desvergonzados, ultraderechistas, inmovilistas, clasistas, demagogos, botarates, engañabobos, bobos sumisos y adocenadados, ignorantes a propósito, horteras, tienen un sitio en Italia. Los problemas de racismo que sufran por ser extranjeros pueden serles muy instructivos. ¿No dicen que esto es una dictadura y les aprisionan rodillos, maquinarias y comandos? ¡que se vayan!, o pongámonos seriamente de acuerdo para echarlos. A la democracia perfecta de Berlusconi. Que vengan los italianos desesperados a emprender con nosotros la nueva tarea de reconstruir un país y convertirlo, al menos, en decente. Los gays ya lo han pedido.

Algo hay que hacer. Ninguno de nosotros puede irse solo, ni quedarse solo. Necesitamos calor, proyectos, imaginación, pasión, ideas, luchar por el periodismo, la ciencia, la educación, la justicia, todo el trabajo que contribuye a la mejora de la sociedad, dromedarios y camellos posibles. ¿Hay algo, muchas cosas, que no te guste? Empecemos de nuevo. Lo que no resisto más es la caspa y las dos Españas. Ni que una eminencia de la medicina, honrado y ético, me diga, con el gesto más triste que le he visto nunca: “Rosa, no vamos a cambiar el mundo”, porque, me cuentan otros, le ha humillado el diseño de sanidad especulativa de Esperanza Aguirre. Ahí he comprendido que la búsqueda de soluciones es urgente: ¿Adónde nos vamos? o ¿adónde les echamos?

Educación para la ciudadanía

En el día en el que el Juez Garzón es llamado a declarar, como imputado, por osar remover nuestro sagrado franquismo, y que prestigiosos jueces de todo el mundo apoyan la causa de Garzón contra la dictadura y la «interferencia injustificada» a la que está siendo sometido para impedir su propósito, la entrada más vista en el diario El Mundo dice: 

Siete técnicas (y dos trucos sucios) para pagar lo mínimo por su casa

1. La regla de oro. «Lo principal es encontrar a un vendedor que tenga necesidad de vender«, prioriza Eduardo Molet, portavoz de la Red de Expertos Inmobiliarios (REI). La tarea no es tan obvia como parece. A pesar de la que está cayendo, detrás de los carteles de ‘Se Vende’ no siempre se esconde un vendedor ansioso. Realmente, urgencia por vender tienen «las familias que reciben pisos en herencia, los divorciados y separados. Esos son los que ofrecen los precios más competitivos», explica Gerardo Álvarez, director comercial de una de las oficinas de Look&Find.

Por si ésta no fuera bastante sucia, siguen otras 6, para concluir:

Y, por fin, los trucos de dudosa elegancia sólo aptos para el comprador menos escrupuloso:

La última ‘rebajilla’, en el notario. Eduardo Molet, de la Red de Expertos Inmobiliarios, lanza un aviso a navegantes: «Varios notarios nos han comentado que algunos compradores obtienen descuentos de última hora en sus oficinas». Lo habitual es ofrecer una cantidad mínima al vendedor a modo de señal con la promesa de firmar las escrituras en un breve plazo de tiempo. convencido de la venta, el propietario vacía el piso, se compromete en otros pagos y, en el momento de sellar la venta ante el notario, el comprador se presentará media hora tarde, con un fingido disgusto: «Fíjate lo que nos han hecho los del banco: ayer nos dicen que la hipoteca nos la dan por 10.000 euros menos de lo que habíamos pactado. Así que o te conformas con ese dinero, o no te puedo comprar el piso». Según Molet «el 99% de los propietarios ‘tragan'».

El comprador y su pandilla. Todo vale con tal de minar la moral del propietario. El interesado acude a ver la vivienda en cuestión y lanza una oferta bastante baja pero dentro de lo razonable, la cual el vendedor rechaza: «es rebajar demasiado». Durante las siguientes semanas, comenzará a recibir varias llamadas de personas que le proponen precios aún más bajos, candidatos desconocidos para él, pero amigos, vecinos o familiares del primer comprador, que ha orquestado una táctica para convertir su oferta inicial en atractiva. Al cabo de un tiempo, éste volverá a llamar al comprador para hacerle una oferta superior a la inicial, la cual, comparada a las recibidas en el intervalo de estas dos llamadas, le parecerá un regalo del cielo. Para Valentín Fernández, de Foroconsultores, esta estrategia es «muy poco eficiente. No existen, o al menos yo no los conozco, vendedores tan crédulos».

 

Realmente, «es imposible que pueda haber dos».

¿Podemos seguir confiando en los economistas y en las versiones oficiales?

Varias preocupantes noticias económicas confluyen hoy. La producción industrial española ha bajado alrededor de un 17% en un año –según cabe deducir de las confusas redacciones que he leído de las cuales la más comprensible parece ser ésta-. Lleva 15 meses descendiendo y en Julio, último mes computado, ha acentuado esa caída. Los sectores más afectados: productos informáticos, electrónicos y ópticos, con una caída del 41,3%, y la confección de prendas de vestir (-35,8%). Es decir, lo que se produce fuera a precios altamente competitivos, debido a la explotación del mercado laboral chino y otros países emergentes.

Al mismo tiempo conocemos que España ha caído cuatro puestos entre los países más competitivos del mundo, situándose en el puesto número 33, de 133, según el informe del Foro Económico Mundial. Atención a quienes encabezan la lista: Suiza, EEUU, Singapur, Suecia, Finlandia, Dinamarca, Alemania, Japón, Canadá y Holanda. Países estables, bien organizados, predominan los equilibrados y justos en el aspecto social, no está Francia. A España le adelanta la República Checa, y sobrepasa a Portugal, Polonia e Italia. Avanzan en tiempo record algunos países del Este de Europa e Italia corrobora su declive.

El mayor problema que observa en España el Fondo Económico Mundial es el «altamente inflexible mercado laboral», que sitúa en el puesto 122 del mundo y al que acusan de «desanimar la creación de empleo, un asunto de particular preocupación dado el reciente incremento del desempleo hasta el 19 por ciento, el mayor de la zona euro».

El informe también incluye una encuesta entre inversores y agentes económicos acerca de los mayores inconvenientes de hacer negocios en España: el acceso a la financiación (más del 25 por ciento de las respuestas), las restricciones de la legislación laboral (19 por ciento), la burocracia oficial ineficaz (14 por ciento) y la carga impositiva (8 por ciento) -¿la carga impositiva tributando un 1% a través de las SICAV?-.

Basada nuestra economía durante las últimas décadas en el turismo y la construcción, en la espectacular creación de empleo de la legislatura pasada, sólo el 5% fueron puestos de trabajo en la industria. Algunas empresas españolas triunfan fuera –Zara, Telefónica, los Bancos y los Clubes deportivos-, grandes productores de riqueza para el país, como se ve. Pero, además, apenas hay un centenar reconocidas internacionalmente, nuestras estrellas económicas representan un 2% de las marcas mundiales. Sólo hay tres entre las 100 grandes compañías mundiales. La primera en aparecer en la lista Forbes, es el Banco de Santander, que figura en el puesto número 58. Telefónica está en el 76 y Repsol YPF, en el 92 (estas dos últimas, empresas públicas hasta su privatización).

 “Una liturgia y un credo que nos llevan a la ruina”, titula hoy el editorial de El Mundo, resumiendo la posición conservadora. “En un corto espacio de tiempo el mundo ha descubierto dos cosas. Primero, que es más frágil y vulnerable de lo que creía. En segundo lugar, que también es más pobre de lo que pensaba”, escribía ayer en El País Oscar Fanjul. La defensa del fracasado modelo reinante no cesa. Los medios informativos, en manos de fervorosos del libre mercado, no nos van a contar otra cosa. El mundo siempre ha sido pobre -y lo es más aún ahora- para millones de personas que asume sin empacho el podrido sistema. Y a la ruina, compañeros de El Mundo, nos llevó el capitalismo. Y también avanzará en su desatino. Consideran problema sustancial el “inflexible mercado laboral”. Según datos del mes de Agosto, el número de mileuristas españoles ha aumentado vertiginosamente, ya son el 63% de la población trabajadora. A quienes, desde luego, se puede despedir sin cortapisas. Ahora bien, hay que pagarlo. Ése es el único problema, el enorme escollo.

La riqueza del capitalismo voraz nunca revirtió en la mayoría de los españoles. ¿Estarían dispuestos los empleadores a doblarnos el sueldo –para situarse en la media europea- a cambio de despedir sin apenas costo? No, aquí estamos sólo a las maduras. Los españoles -junto a portugueses, griegos y ex soviéticos-, somos los chinos de Europa.

Economía sumergida, evasión fiscal, lastran el problema. Una burbuja inmobiliaria ya explotada y en la cara de la sociedad, y otra –la del turismo- muy en precario porque, como todo inculto nuevo rico, no se pensó en el futuro y también está dejando de ser competitivo: cemento en las playas, altos precios y poca profesionalidad y amabilidad, según citan los que ya no vienen.

Nada se consigue mirando atrás y lamentándose, lo que hay que afrontar es el presente tal como está y sus problemas. El Banco Central Europeo aconseja a España reducir gastos en lugar de subir impuestos. Los sesudos economistas nos han llevado a la ruina. Lo sensato, piensa un mortal cualquiera, es actuar en ambos sentidos. Que el número de funcionarios de la ineficaz administración española –estatatal, autonómica, provincial y local- ha aumentado en más de cien mil personas y representan ya casi el 20% de la población activa, es un auténtico desatino. Pero el desequilibrado sistema impositivo español, una injusticia.

No es tarea fácil arreglar este desastre. En mi opinión, es una cuestión de Estado, pero el Estado, la sociedad, no es la principal preocupación de los conservadores. Tendremos que ser nosotros mismos quienes velemos por nuestros intereses. Una sociedad madura afronta sus problemas y asume sus responsabilidades.

Podría… ser una noticia. O no

El País irrumpió en su día con un Libro de Estilo que suponía una revolución en el periodismo. En su artículo 1 decía: “El rumor no es noticia”. Pero si nos atenemos a titulares de noticias publicadas y difundidas ampliamente, el rumor y la especulación se han enseñoreado de la profesión periodística. Es uno más de sus graves cánceres.

Empezó ese subgénero llamado periodismo deportivo que las televisiones serias sacan de sus telediarios. Y el resto de la información se imantó.

Fernando Alonso tendría contrato con Ferrari… desde que comenzó a despuntar. Habría dos competiciones paralelas de Fórmula 1. Sus bólidos llevarían cubierta. Piquet hubiera  entrenado su accidente. Pedrosa estaría  sin moto. Sin contar los incontables fallidos fichajes del fútbol.

Los “podría” ahora nos inundan porque son la puerta por donde entra todo el periodismo sensacionalista.

Telecinco, hace 5 minutos, ha encontrado a alguien que dice que tiene las fotos del que podría ser un bebé extraterrestre en México. En este caso, ni siquiera escribe el preceptivo «podría».

Pero sigamos:

Nueva técnica podría encontrar otra Tierra en el espacio.

USA podría invadir militarmente México –con vídeo y todo…que no os recomiendo, es una inmundicia-.

Mickey Mouse podría no ser de Disney.

Soraya podría ser descalificada de Eurovisión.

Un nanomaterial podría mejorar la eficacia de las vacunas contra la gripe.

La ONU advierte de que el Ártico podría quedarse sin hielo en verano en 2030.

El intercambio de ADN entre monos podría evitar enfermedades hereditarias.

Apple podría estar rediseñando los MacBook de plástico.

Penélope Cruz podria estar embaraza.

Halley Bery podría estar embarazada por segunda vez.

Rajoy podría tener rival en el Congreso de Valencia.

Zapatero podría reducir el número de ministerios.

Opel podría desaparecer si sigue en manos de General Motors.

Enfriar la Tierra podría ser el último recurso contra el calentamiento global.

Capturan con Google Earth una imagen que podría ser el monstruo del Lago Ness.

¿Para qué seguir? Bajo el epígrafe de “podría” figuran 47.100.000 resultados en Google.

Si titulan “podrían” es –en el mejor de los casos- porque existe algún indicio –datos, estudios- que inclina a que eso se produzca. ¿No sería mejor contar escuetamente la verdad aunque sea menos sabrosa y venda menos? ¿No sería mejor esperar a confirmaciones?

Que “Bob Dylan podría ser la voz de los GPS británicos” es una falsa noticia –ha declarado el interesado– que le han colado a lo más granado de los periódicos del mundo.

¿Se retractan quienes publican que tal cosa “podría” suceder cuando no sucede? Rajoy no tuvo rival -oficial- en el Congreso de Valencia, y Zapatero no redujo los ministerios.

Pero la especulación cala. Y al cabo de un tiempo la sociedad cree que ha sucedido lo que no ha sucedido. Y aún discute y afirma los bulos que ha leído, visto o escuchado. De forma que el «podría» inicial se convierte en certeza. De «podría haber persecucción política» a «(hay) persecucción política», entre mil ejemplos.

En consecuencia, cuando veamos el «podría», debemos pensar que en el futuro será una noticia… o no. Caminamos sobre un suelo de fango que no aporta seguridad alguna. ¿O no?

Privatiza y no mires atrás

Telefónica ha firmado un acuerdo para ampliar su participación en el inmenso mercado chino y ha abierto la puerta a China Unicom para que entre en la multinacional española y su negocio. Ambas operaciones supondrán un desembolso de alrededor de 1.000 millones de dólares (700 millones de euros) para cada operadora.

Telefónica fue una de las llamadas “cinco joyas de la corona” que José María Aznar, como presidente del Gobierno español, privatizó o terminó de privatizar hasta perder el control del Estado sobre ellas que hasta entonces se mantenía, para pasar íntegramente a manos particulares. Las otras cuatro fueron ENDESA –hoy de propiedad italiana, pero controlada por el gobierno, en este caso de Berlusconi-, Tabacalera, REPSOL, y Argentaria (que se uniría al BBV para formar uno de los bancos más fuertes de España con gran proyección internacional).

El valor de estas cinco ventas se calculó en más de seis billones de pesetas (6,39), más de 38 mil millones de euros, una buena inyección para las arcas públicas. Nunca supimos en qué se invirtieron, pero sí que Aznar bajó el gasto social español, hasta dejarnos en uno de los últimos lugares de Europa. Aún con el esfuerzo hecho en las dos legislaturas socialistas, todavía estamos 7 puntos por debajo de la media europea. Y cito otro ejemplo de cómo no se inviertieron las ganancias en los ciudadanos: si Zapatero ha subido las pensiones un 30% y siguen siendo miserables ¿dónde estaban con el PP?

Estas cinco empresas dejaron de prestar el servicio público que constituía su objetivo y, también, de generar beneficios para el Estado y, por tanto, para la sociedad. Productoras de electricidad, petróleo y telecomunicaciones, un banco ¿no nos hubiera gustado a nosotros, a los ciudadanos representados por el Gobierno,  suscribir ese acuerdo con los chinos?

  Es cierto que la medida de Aznar se inscribía en la tendencia mundial de la privatización, del neoliberalismo obstinado en adelgazar al Estado. A ese ente al que han recurrido para mantenerse en la crisis generada por ellos, sin que -asombrosamente- se haya puesto en cuestión el modelo, todo lo contrario. La izquierda anunció recursos contra las privatizaciones del PP de Aznar que IU llegaría a presentar pero fueron desestimados. Los patriotas empresarios españoles, entretanto, compraron, vendieron, se fusionaron o ampliaron con quien mejor les pareció para incrementar su negocio (véase el caso de ENDESA).  Y en esa época comenzó la fiebre liberalizadora madre de todas las burbujas que hoy asolan nuestra economía.

La noticia de la expansión y éxito de Telefónica, la antigua empresa pública española, coincide con otra: el PP presenta –lo ha hecho este domingo- una campaña contra la “presunta” subida de impuestos a los más ricos –aún sin definir- con este eslogan: «Tú no tienes que pagar los errores de Zapatero«. Y me pregunto si tamaña demagogia y desfachatez va dirigida a la ignorancia o a la desmemoria colectiva. De lo que me cabe poca duda es de que triunfará. Y en un momento crítico para España.

La ministra de sanidad ha creado una epidemia de miedo dice Rita Barberá

«No tiene ningún derecho a crear una epidemia de miedo con la salud de los españoles y eso es de dimisión», ha dicho Rita Barberá alcadesa de Valencia.

¿Pedirá el PP trajes gratis para los menores?

El Partido Popular quiere llevar a la cárcel a esos niños a los que llama menores a partir de los 12 años, rebajando la edad de responsabilidad penal. Va a plantear también que hasta los 18 años se vean obligados a entrar en las redes sociales con autorización paterna. Ya no cuando puedan votar.  Estas propuestas figuran en un documento de la página web del PP de 3/9/2009. Aunque ahora dicen, en un comentario de un blog, no oficialmente, que, en cuanto a la restriccion de acceso a las redes sociales,  «han metido la pata».

Los niños españoles se ven lastrados por la escala de valores de sus mayores, por que apenas les ven y creen compensar el abandono malcriándolos y, según se mire, sobornándolos. Destacó algunos datos significativos de esta noticia que guardé:

 El 27% de los niños se sienten solos al llegar a casa, y se enganchan para olvidarlo a videojuegos, televisión o teléfono móvil. De este útil aparatito disponen el 43% por ciento de los críos entre 6 y 11 años -¿No es un poquito excesivo?-. Un 17% no ven a sus padres en todo el día, porque no están cuando vuelven del colegio. Los horarios laborales españoles, la precariedad de nuestro trabajo pueden explicarlo que no justificarlo. Las prioridades paternas entran también en la escala de valores.

Ahondemos en ella desde el punto de vista político. Por ejemplo, la escala de valores que enseña en la práctica el Partido Popular promotor de las medidas:

Un político, varios políticos, reciben regalos de una trama corrupta, según una sentencia (formulada por amigos de los implicados) que estima que tal situación existe pero no es punible. Y archiva la causa.

Es decir, que recibir regalos no implica necesariamente contraprestaciones a la trama corrupta. No olvidemos que los regalos no los ha hecho personas de trayectoria impoluta que, éstos, han sido imputados en el caso Gürtel.

La reacción del Partido Popular, antes de conocer el resultado de los recursos a la decisión de archivar la causa, es el apoyo incondicional, incluso con una gran fiesta.

Los niños españoles –y los adultos- ven que siendo político se reciben regalos, que se puede mentir sobre ello sin que ocurra absolutamente nada desde un punto de vista ético, que –por ende- les hacen una fiesta multitudinaria y todo el mundo les da besos y abrazos. Y que tener amigos es un tesoro.

Si –previsiblemente en el gobierno- el PP encarcela a los niños a partir de los 12 años y exige permiso paterno -o no- para entrar en las redes sociales hasta los 18 años –vía móvil imagino, dado que apenas les ven- ¿completará el ideario?

Trajes gratis para todos los menores –a lo mejor así sus padres tienen que trabajar menos y pueden ocuparse más de ellos-. Bolsos de Louis Vuitton para las nenas para que aprendan el valor de lo importante y no lo accesorio. Y muchos, muchos amigos útiles, Con permiso paterno -o no-,  cuando intenten buscarlos por Internet.

El tema es algo más serio que el garrote y tentetieso como solución.

 Y a quien me acuse de demagogia, le recuerdo cómo define la Real Academia de la Lengua la palabra:

1. f. Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular.

2. f. Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.

Pertenezco a un país… ¿Argentina? ¿México? ¿Bolivia?

Lo peor es que este vídeo de la inefable cadena C5N… está claramente plagiado de un anuncio electoral mexicano:

Y resulta que también…

El original parece -parece- estar aquí, en México, por la fecha (aunque lo dudo porque vistos el resto de los «editoriales» de este señor, no me cuadra):

Si alguien sabe si esto en realidad es un texto de un escritor inglés del siglo XVII, francés del XV, o español del XI, por favor, que nos lo cuente. Me inclino más por esta última opción dado que, para bien y para mal, estamos hablando de hijos de la madre patria. Es interesante constatar los distintos vocablos que allende el Atlántico se usan para el término «picaresca».

Lo que no quita que… pertenezcamos a un país donde…

Traumaticémonos por el trabajo mal hecho

Un matrimonio de Florida denuncia que el marido encontró un sapo en una lata de Pepsi diet, no se dio cuenta hasta que bebió y se atragantó con él, se traumatizó –esto es clave- y pide una cuantiosa indemnización. Pepsi, muy en su papel, niega que el hecho se haya producido, pero los demandantes cuentan, al parecer, con un análisis de la Administración Federal de Fármacos y Alimentos de Estados Unidos adonde acudieron con su lata.

   La noticia me ha hecho sonreír. A mí me sucedió algo similar con una Coca Cola, diet incluso. Alquilé una habitación en Nueva York a una austriaco-americana, lista y cultivada y, también, de armas tomar, Stella. Cada una teníamos nuestros propios productos en el frigorífico. Una tarde regreso y mi casera me cuenta, muy excitada, que acababa de cogerme una de mis “cocacolas” porque tenía mucha sed. Al abrirla, había aparecido algo asomando por la abertura. Era un saltamontes, muerto evidentemente. ¿Dónde había comprado yo la lata? ¿Tenía el recibo? Casualmente sí y el supermercado se ubicaba a pocos pasos.

   Stella se bajó blandiendo la lata y subió alborozada, al cabo de un buen rato. Le iban a pagar 3.000 euros del año 90 a condición de que no presentara denuncia. Dudaba si acudir a la justicia de todos modos y obtener más dinero. Se me ocurrió decir:

  -Pero la lata es mía.

  – Ah, pero el susto me lo he llevado yo, soy quien va a quedarse “traumatizada”.

  – Si no hubiera cogido mi «cocacola» la tramatizada sería yo, lo justo es repartir la indemnización-, tercié en ruin negociación.

   -¡Toma!, te pago tu lata, replicó Stella sacando los centavos que costaba.

   Fue ella quien cobró acabando con nuestra amistad y convivencia.

   Algún viaje más tarde, un coche de alquiler en Los Ángeles perdió por completo el sistema de frenos. Aterricé literalmente en un seto. Acudí a la oficina de alquiler, lo devolví, y ellos, entre sonrisas y reverencias, me lo cambiaron por un magnífico descapotable sin coste adicional alguno. En una reunión de hispanos y españoles unas horas más tarde, hasta cuatro abogados se me acercaron –sabedores del suceso- para ofrecerse a representarme en una demanda contra la Agencia de automóviles. Decliné la invitación.

  Desde hace muchos años, EEUU ha hecho de las reclamaciones por disfunciones, de los “traumas” que acarrean a los usuarios, un suculento negocio, especialmente para los abogados. Y las compañías prefieren pagar antes que ir a juicio. Entre esa desmesura y el todo vale, hay un punto intermedio.

   Hoy que batallo con el ordenador –de un año de vida-, que se apaga y tarda en reiniciarse media hora, insisto de nuevo en el que el trabajo bien hecho implica civilización. A mi me traumatizan las cosas que no funcionan en España, que son las que tengo más cerca. Y no pido indemnización, sino que se aplique más interés y más rigor. Y todos deberíamos practicarlo y reclamarlo. Nadie está libre de errores, no sería humano, el problema es cuando se generalizan, se aceptan y hasta se presume de ellos.

Trabajar bien, con atención, con buenos resultados, por uno mismo, por los demás, por España -¡qué mejor patriotismo! a ése apelo-.  Llamar cuando te comprometiste a llamar, cumplir lo prometido, no acudir tarde a las citas, pintar con pulcritud, curar con atención, extraer muelas sin que el paciente se entere, resolver los pleitos con eficacia y cobrando lo justo, fabricar muebles cómodos,  conducir respetando las normas, cocinar aseadamente y tratando de lograr los mejores sabores, servir la comida con amabilidad -que uno no va todos los días al restaurante-, legislar pensando en los ciudadanos, gobernar con esa única prioridad, oponerse sin zancadillas, pensando, de verdad, en el bien de España y no en el propio, informar dando noticias veraces, correctamente estructuradas, sin contaminar, que ayuden a saber lo que ocurre y formarse una opinión.

   Decía la otra noche Iñaki Gabilondo que, en un país descentralizado y sujeto a las directrices de Europa, no debemos mirar a la Moncloa como al farolillo encendido en El Pardo que Franco tenía para los disminuidos mentales y sociales que fabricó, esperando que todo nos lo resuelvan otros. Es una tarea conjunta. Porque, insisto, “la incompetencia suficientemente avanzada es indistinguible de la mala voluntad”. Si no nos rebelamos, por lo menos ¡traumaticémonos!

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Marta y los jurados populares

Un jurado popular juzgará a los imputados por el asesinato de la joven sevillana Marta del Castillo, uno de los casos más mediáticos que ha conocido España en los últimos tiempos. Una mezcla letal de presunta violencia de género con el descontrol de una parte de la juventud con escasos valores y gran desorientación. El malogrado periodista Javier Ortiz osó escribir una columna bajo el título “Marta no somos todos”, aludiendo a los innumerables casos silenciados que no tienen tanta repercusión. Suele haber una confluencia de factores que focalizan sobre un asunto la atención e, injustamente, no lo hacen en otros. La comprensible lucha de los padres de la víctima en una campaña sin precedentes ha tenido mucho que ver. Han sido muy activos. Hasta recogieron firmas para implantar en nuestro país la cadena perpetua, logrando un gran número de adhesiones. Las voraces fauces del periodismo amarillo les han dado muchas alas. Ellos no saben que las cercenarán en cuanto el caso pierda morbo.

El jurado popular unido al juicio paralelo de la opinión pública fomentado por los medios, ha dado páginas alarmantes. Sin contar, la influencia de prejuicios en el caso estricto del Jurado. Hay varias muestras, por ejemplo,  la absolución del asesino confeso de un doble crimen en Vigo porque las víctimas eran homosexuales, o las absoluciones de presuntos terroristas que se produjeron en el País Vasco por miedo.

Me detendré en otro gran caso mediático: el asesinato de Rocío Wanninkhof . Un jurado popular condena a Dolores Vázquez –amiga y anterior compañera sentimental de la madre de la víctima- a 15 años de prisión de los que cumple 17 meses, en los que su vida y especulaciones sobre ella son aireadas por los medios. La madre habla sin dudas de la culpabilidad de su expareja. Y hasta un Guardia Civil de Mijas, en declaraciones a Informe Semanal, toma incomprensiblemente partido con opiniones sin datos: “El móvil era una rencilla, era mucho cariño unido a odio, y eso ha provocado esa reacción, un odio comprensible tras 15 años de convivencia, esta se acaba, se ha roto por una persona y esa persona va a pagar por todos los demás”.

Pero las pruebas no lo demuestran. Es una cadena que va a infectar a todos los actores del proceso. Dadas las irregularidades detectadas en el juicio, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ordena repetirlo. Estima que el jurado popular llegó a las sesiones con la decisión tomada.

Pedro Apalategui, abogado defensor Dolores Vázquez, me cuenta mucho tiempo después: “Influyó no solamente en el jurado, influyó en la defensa que fui yo, en la acusación. Se utilizaron términos increíbles para convencer al jurado por ausencia de razones como el del ministerio fiscal que dijo: «yo estoy convencido señores, y como tengo esa convicción, den Vds. un veredicto de culpabilidad aunque aparentemente las pruebas no sean muy relevantes». Se confunden los términos, cuando tienes que utilizar el concepto de conjetura utilizas el concepto de indicio y todo eso va calando en la mentalidad de los jurados. En el asunto de Dolores Vázquez llegaron a la conclusión de su culpabilidad porque decían “si quien sabe de esto la mantiene presa durante un año y medio qué vamos a decir nosotros”.

Increpada por una jauría humana en todas sus entradas y salidas de los juzgados, cuando se juzgó a Tony Alexander King –que sería culpable convicto de la muerte de Rocío- hay 140 medios acreditados en la Audiencia de Málaga. Yo he acudido con Informe Semanal para hablar de los juicios paralelos en general. La madre obvia a King y sigue mirando a Dolores, el Juez de la causa prohíbe expresamente hablar de Dolores en la sala. El ministerio de Justicia acabó ofreciendo una indemnización a la víctima… del juicio paralelo y del jurado popular. Y mientras el aparato judicial y social se ocupa de una inocente, el auténtico asesino, viola y mata a otra chica: Sonia Carabantes.

Es difícil confiar en la imparcialidad de un jurado popular cuando ha sido manipulado por los medios. Nunca le darán, por cierto, la misma relevancia a su equivocación que cuando piden la sangre culpable que ellos han señalado.

Los juicios paralelos tienen detrás muchas victimas tras de sí. Carmen Salanueva, directora del Boletín Oficial del Estado a finales de los 80 –en plena época del circo de la corrupción socialista y su tratamiento en los medios- fue acusada de fraude en la adquisición de papel para el organismo. Acribillada, linchada, entonces por ciertos sectores de la prensa –las preguntas y acusaciones que captaron las imágenes ofendían la dignidad humana-, enfermó de cáncer y murió antes de que se conociera la sentencia absolutoria en 2001 a la que no se dio especial relevancia informativa. Ese caso me impactó mucho. Y es informativo utilizar la memoria.

La justicia española tiene muchos defectos, pero son profesionales al menos. La experiencia pone en duda que los jurados populares sean el instrumento democrático para el que fueron creados. Entiendo la posición de los padres de Marta, incluso su huída hacia delante para no preguntarse si supieron las compañías que frecuentaba su hija, pero ni es admisible pedir cadena perpetua en un sistema judicial no vengativo –los que lo son han revelado graves errores e injusticias, incluso inoperancia-, ni confiar en la resolución justa del caso con el criterio de unos ciudadanos que será difícil no estén contaminados. Como en tantos otros terribles casos, la justicia ha de buscar al verdadero culpable valorando pruebas e indicios. Y nada ni nadie va a quitarles su imborrable dolor, con el que -seguro- les dejaron solos pasado un tiempo.