El “AVE” a La Meca y los burros funcionales

  

Las Redes Sociales andan convulsionadas con la noticia: España ha ganado un concurso por el que se adjudica la construcción de una línea ferroviaria de Alta Velocidad (AVE para entendernos) entre La Meca y Medina. El consorcio español, en el que también participan empresas saudíes, se ha adjudicado el megaproyecto presupuestado en unos 6.500 millones de euros, según ha informado la Saudí Railways Organization.

Pero un gran número de presuntos ciudadanos ha interpretado que el proyecto lo paga el gobierno socialista español y el tren va desde Madrid (naturalmente, es el ombligo del mundo) hasta La Meca en Arabia Saudí. Según nos cuenta Google, serían 7,453 Kilómetros que incluye en la ruta algún Ferry. Es decir, el AVE tendría que subirse a un barco (o bien excavar un túnel) entre Italia y Grecia, concretamente entre Bari y Ηγουμενίτσα. Un trayecto que además pasa inicialmente por Francia y una vez ya en Grecia, continúa por Turquía e Iraq hasta llegar a Arabia Saudí. En realidad lo que construirán serán poco más de 430 Kms entre Medina y La Meca, ambas poblaciones en Arabia Saudí. Y lo harán empresarios privados de beneficios privados por cierto.

  Vibran estos españoles indignados:

Una línea de AVE a La Meca, esta es la España que nos deja Zapatero.

Vaya con el AVE a La Meca! Menuda diferencia, de venir en patera a venir en AVE.

Galicia sin AVE y lo llevan a La Meca.

AVE a la Meca si sirve para que se los lleven todos de España perfecto, sino que vergüenza de País,cada día se superan.

El Ave a la Meca lo construirán españoles, por el buen sabor de boca que nos dejó lo de juntar árabes y trenes …

¡No teníamos bastante con el 11M!

Se mezclan trenes con islamofobia. Y sobre todo con idiocia.

Algunos se mofan de ellos, otros tratan de hacerles caer en su error. Tarea inútil. Nos quejamos de que los estudios en los colegios indican que los niños españoles han perdido capacidad de entender lo que leen, pero parece que también les ocurre a los adultos. Más aún, tras leer este artículo -después de leerlo, digo- alguien me ha comentado en Facebook: “Lo que haga Zapatero, siempre pagamos los españoles, menos mal que tiene los días contados.”

Lo patético es que dentro de un mes esta gente estará introduciendo un voto en las urnas para decidir el futuro de todos. Siempre se ha dicho que se paga muy caro no invertir en educación. Aunque hay cerebros que parece que no funcionarían de forma alguna. Que paren este trasto que me quiero apear en la próxima estación, pero como decía un comentario al post anterior: “Hay que dejar el pesimismo para tiempos mejores”.

¿Adónde nos vamos?

Estoy planteándome mudarme. En lugar de seguir la utopía de cambiar lo que me rodea, cambiarme yo. De residencia. Elegid al azar -los no habituales- entradas de este blog y comprenderéis las razones –corrupción, tolerancia a la corrupción, incultura, elogio de la ignorancia, malas artes, demagogia, chapuza, señalados fracasos como país-. Los fijos lo sabéis y hasta pedís auxilio conmigo. Añadamos decepciones: la labor de intentar nuevas maneras que impriman un giro en la tendencia –aunque se demuestre una y otra vez errónea- choca con la realidad, apenas nadie quiere mover nada, ni toleran a quien lo osa. Y listos, aprovechados, cínicos, trepas, envidiosos, vanidosos, corruptos, indiferentes, dominan la situación. Parece que todo proyecto conjunto –desde la tópica asociación de vecinos a la organización política, económica o mediática del Estado- termina en lo que un amigo me definió muy gráficamente: “¿Sabes que es un camello? Un dromedario fabricado en equipo”.

Cambiar de ciudad o de país es una tarea compleja. Máxime cuando la cuenta bancaria no permite dispendios. Quemar las naves sin avistar tierra, una temeridad. Barajo opciones y veo lo que perdería y lo que ganaría, lo que ganaría pero también lo que perdería, lo que perdería, pero las ventajas que obtendría en el cambio, ahí giro y giro sin encontrar solución. Por eso hay que planificarlo bien. Con ayuda. La vuestra. Aún creo que hay gente diferente –lo veo aquí y en muchos otros lugares sin gran audiencia pública-, que quiere intentar nuevos métodos, atrapar ambiciones éticas, utilizar la imaginación, huir del tedio y el abotargamiento, ser feliz sin tener que avergonzarse de cómo contribuye a la injusticia. ¿Utopía? A lo mejor no tanto. Aún es posible fabricar camellos cuando el objetivo es fabricar camellos. Mi amigo José Antonio Rodríguez, está a punto de embarcar para Australia en su vuelta al mundo. Y es muy feliz.

¿Quién se viene? Estudiemos adónde. La prudencia no aconseja grandes choques, mejor un país de similar o superior desarrollo y en un aproximado entorno cultural. Europa, se me ocurre Europa. Porque para el EEUU de Obama es muy cara la mudanza incluso de lo más imprescindible. Imaginad. Poner la tele y que no aparezca Rajoy, ni Esperanza Aguirre, ni De Cospedal, ni Ana Rosa Quintana, ni “Lozanitos”, ni Boris Izaguirre, ni un tal Risto o algo así, ni Belén Esteban, ni prácticamente ninguno de los políticos, periodistas y famosos españoles. Y que no griten los anuncios, que no ofendan el buen gusto. Saber que a los corruptos los llevan a la cárcel, que sus dictaduras –si las tuvieron- no quedan impunes, que los medios informativos son algo más responsables y veraces, que nadie, ni la Iglesia católica, se opone a que los niños estudien Educación para la Ciudadanía , clave para salir del hoyo bimilenario de la caspa, y que la sociedad clama porque así sea, que se compromete en la marcha del país con los codos, no con la boca. Países terminados, que funcionen, que no amparen la desidia. Sus políticos y sus errores serían suyos además, no nos dolerían tanto.

Fuera de los prejuicios que nos imbuyen, mi amiga Camino pasa temporadas en Berlín para ahorrar, dice. Pero, aún así, nuestros miserables sueldos y subsidios, nos plantean un problema. Entonces opto por Portugal, el elegante y sufrido vecino cuyo sueldo mínimo es –eso sí- la mitad que el nuestro, por eso los portugueses cruzan la frontera sólo para trabajar aquí, pero residen en su país. Están irrumpiendo los depredadores de la burbuja inmobiliaria española, pero a lo mejor aún llegamos a tiempo. Islandia podría ser un buen destino también. En la debacle financiera, daría las oportunidades de un nuevo Dorado, y en verano huimos del horno en el que llevamos viviendo –yo sí- hace más de 3 meses. La chimenea y la tertulia en invierno. Valoremos opciones, pros y contras. Dejemos a la una, grande y libre donde siempre estuvo hasta que se hunda.

Hay otra opción para no perder el supermercado de enfrente, los encantadores farmacéuticos, el emprendedor chico del videoclub, la listísima peluquera, el avispado quiosquero de periódicos, los buenos periodistas, incluso algún político bien intencionado, la gente que sin saberlo nos hace la vida cálida. ¿Cuál? Que se vayan ellos. Todos los racistas, populistas, desvergonzados, ultraderechistas, inmovilistas, clasistas, demagogos, botarates, engañabobos, bobos sumisos y adocenadados, ignorantes a propósito, horteras, tienen un sitio en Italia. Los problemas de racismo que sufran por ser extranjeros pueden serles muy instructivos. ¿No dicen que esto es una dictadura y les aprisionan rodillos, maquinarias y comandos? ¡que se vayan!, o pongámonos seriamente de acuerdo para echarlos. A la democracia perfecta de Berlusconi. Que vengan los italianos desesperados a emprender con nosotros la nueva tarea de reconstruir un país y convertirlo, al menos, en decente. Los gays ya lo han pedido.

Algo hay que hacer. Ninguno de nosotros puede irse solo, ni quedarse solo. Necesitamos calor, proyectos, imaginación, pasión, ideas, luchar por el periodismo, la ciencia, la educación, la justicia, todo el trabajo que contribuye a la mejora de la sociedad, dromedarios y camellos posibles. ¿Hay algo, muchas cosas, que no te guste? Empecemos de nuevo. Lo que no resisto más es la caspa y las dos Españas. Ni que una eminencia de la medicina, honrado y ético, me diga, con el gesto más triste que le he visto nunca: “Rosa, no vamos a cambiar el mundo”, porque, me cuentan otros, le ha humillado el diseño de sanidad especulativa de Esperanza Aguirre. Ahí he comprendido que la búsqueda de soluciones es urgente: ¿Adónde nos vamos? o ¿adónde les echamos?

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