Los beneficios de la gripe A

manosespaña

“Las guarderías van a llenarse de jabón”, he escuchado, atónita, en esos telediarios de “servicio público” o “interés social” que más bien parecen dirigidos a inmaduros mentales en proceso de crecimiento. ¿No lo estaban ya? La gripe A amenaza con cambiar hábitos y costumbres y no siempre será para mal. Una limpiadora friega el suelo con fruición en las imágenes y el mosaico reluce. Los pequeños españolitos acuden al lavabo en el siguiente plano y, con generosa ración de detergente, se lavan las manos. A continuación, las secan con toallitas desechables. Deberán practicar tan saludable costumbre cada vez que las ensucien. Tendrán, también, su botella de agua particular, en lugar de vasos compartidos. La gripe A va a propiciar la higiene, que, por lógica aplastante -al presentar el jabón y la limpieza como una innovación-, no se prodigaban precisamente. Si al mismo tiempo, les enseñan a los cachorritos humanos patrios a no hablar a gritos y a preocuparse de los demás, a respetarlos, a escucharlos, a entender que el trabajo en equipo reporta mejores resultados a la colectividad, habrá que pensar en la gripe A como un mal que para bien ha venido.

Les van a aleccionar por el contrario con que el contacto físico es peligroso. “Hola”, en lugar de un beso, como los británicos que abolieron hace cuatro días el castigo físico y por acuerdo parlamentario, en la que constituyó una explosiva mezcla de no tocar más que para castigar.

La parte negativa de la gripe A es la inoculación del miedo, nada funciona mejor que el temor e incluso el terror para someter a una sociedad. Claro que morirá gente por gripe A, y por la común, y por esas enfermedades exóticas que viajan en los aviones, y porque les atropelle un coche. La ciudadanía adulta sabe que corre riesgos, incluso el de morir. Y que muchas de sus causas son incontrolables. 6 millones de niños mueren anualmente en el mundo por desnutrición. Ingentes cantidades porque no hay para ellos una pastilla que les detenga la diarrea consecuente a beber agua no potable, por ejemplo. A quienes esta realidad les parezca demagogia, les aseguro que aquellos y los nuestros son igual de niños.

Los telediarios y otros informativos -incluso las autoridades- nos han enseñado ya a guarecernos del sol poniéndonos a la sombra, actitud que conocen de forma innata hasta los animales. A no hacer esfuerzos físicos a 40 grados a la sombra, salvo que dependamos de un trabajo en esa ubicación para subsistir. Ahora a lavarnos las manos, gran signo de prevención… y de progreso. Ya digo, con añadir al programa no hablar a gritos, escuchar, y pensar en el bien común, no parece un mal proyecto. Pero, por favor, incluyan la erradicación del miedo y el impulso del criterio responsable. No beban las babas de un lanzador de esputos, pero besen y vivan. “Puede que los valientes no vivan mucho, pero los cobardes no viven… nunca”, ya lo escribí aquí una vez.

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De Cospedal, para el amor no hay edades

Pocos dirían al ver a María Dolores De Cospedal, número 2 del PP, defendiendo ante los medios sus conocidos postulados, que en apenas 24 horas se casa. Lo hace –y esto no son “ecos de sociedad”- con Ignacio López del Hierro, un señor de 62 años -18 más que ella- que, según estimaciones de El Mundo -que de capitales sabe-, se embolsa cada año un millón de euros. Es consejero o asesor de importantes empresas, un trabajo de gran responsabilidad que, pese a todo, deja bastante tiempo libre.

Siempre me ha llamado la atención la fascinación que ejercen los sesentones –preferentemente adinerados- sobre mujeres de toda edad, aunque, como en el caso de De Cospedal, tengan su propia carrera. «La dote de la novia tampoco es escasa, pero dista mucho de esos ingresos», aclara El Mundo en relacióna ese millón de euros que obtiene el novio. No sé si tendrá algo que ver.

Son muchos los hombres conocidos que se sienten rejuvenecer en los brazos de una pareja que acudía al parvulario cuando ellos ya descubrían el sublime sentimiento del amor, o los ardores del sexo. Mi amigo, y compañero de RTVE, Luis de Benito, en otro de mis libros, destacaba el fenómeno que se produjo en la famosa transición. “Con la llegada del divorcio progres y no progres, cambiaron a sus mujeres por chicas jóvenes y dejaron a una generación de mujeres que tenían 40 ó 50 años muy perdidas”. El precio de la libertad fue para las mujeres la soledad, no para los hombres.

Les quedaban -y parece que siempre les quedarán- los sesentones. Dos de mis mejores amigos lo son, además de solteros. A los 40 ya me manifestaban su preocupación por cómo se les pasaba el arroz y dispondrían de menos oportunidades, uno de ellos sobre todo que idolatra la juventud femenina. Ahora casi no recuerdan aquel temor. Ni mucho menos en la indigencia, no atesoran tan abultadas carteras como quienes vemos reflejados en los medios, pero igual cosechan éxito entre numerosas mujeres, incluso ubicadas en la veintena. Sus coetáneas, las de mis amigos,  habrán de esperar a la repesca del asilo para volver a experimentar dulces pasiones. Allí sí, los abuelos tienen muy claro que ya no pueden andar con melindres y desperdiciar ni una sola de las oportunidades que se les brinden. Entre apósitos, dolores de espalda, y pastillas para el colesterol, apuran la vida al límite.

Un caballero a quien conocí, de mi edad, tuvo a bien explicarme el gran misterio que no lograba entender. Con gesto de superioridad, como si hablara con alguien que desconoce lo más elemental, me dijo: “es que ellas saben apreciar lo que ofrecemos: inteligencia, experiencia, madurez, seguridad”… “¿Lo mismo que las mujeres en la cincuentena?”, osé replicar. Convino él -fulminándome con su desprecio- que “no es lo mismo”. Y veo que no. El físico deteriorado es en las mujeres un impedimento que no se aprecia en los hombres. Especialmente, si ganan un millón de euros o incluso algo menos. ¿En que lugar nos deja? En el de siempre, eso es inamovible. La mujer ha engordado y adelgazado toda la vida al ritmo que le han impuesto desde afuera, y, siempre, ha tenido que ser joven y bella. El hombre sólo parece precisar -para optar a lo que quiera-  la aportación de… «seguridad».

Cada vez más mujeres están rompiendo las barreras de la edad y de los convencionalismos sociales, pero la mayoría –ésa que sirve para sustentar teorías-, a partir de los 40, corre a embutirse de botox, a tumbarse en un quirófano para que el bisturí levante todo lo que la ley de la gravedad empuja hacia abajo, tratando de mantener una falsa apariencia de juventud –ese sobrevalorado estadio de la vida-. Sólo hasta entonces es competitiva en el mercado de las relaciones. Su inteligencia, experiencia, madurez y seguridad, no son bienes tan valorados como en el hombre. Quizás sí la “seguridad”: apestando a dinero la arruga femenina se disipa un tanto, la masculina se enaltece.

Se trata de compartir la vida, las ideas, las costumbres, los recuerdos, los proyectos, la cama, los fluidos corporales… y ahí los hombres sesentones adinerados no tienen rival. Tanto menos, cuanto más abultado son su paquete de acciones y sus cuentas bancarias. ¿O no?

¿Hay algo reprobable en ello? ¿Por qué parte? ¿Por la del hombre que elige una mujer más joven y la encuentra? ¿Por la de la mujer que se compromete con la vida y la cama de un hombre mucho mayor que ella a cambio de la inteligencia, experiencia, madurez y seguridad que se le suponen? ¿Una transacción e intercambio de intereses? ¿Contribuye por un casual a pertetuar el papel de objeto de la mujer? Nada de eso, es el amor y sus insondables mecanismos que no conocen barreras.

¿Qué le ocurre al periodismo español?

Una sensación de desánimo cunde ante el comienzo del “curso” político porque se sabe absolutamente previsible. Seguiremos con las letanías sesgadas, mil veces repetidas, de buena parte de quienes tienen voz en los grandes medios informativos. Pero, en gran medida, son ellos los culpables. La vieja utopía de “salvar el mundo” con el periodismo -que nos animó a algunos ingenuos a escoger esta profesión-, se ha abandonado al punto de cambiarla por un pragmático empeño: “ayudemos a que se hunda más”.

Los periodistas aceptan ruedas de prensa sin preguntas, es decir, declaraciones unilaterales. Lo último en esa línea: Dolores De Cospedal ordenando salir a los informadores de la sala donde los políticos iban a seguir con su reunión, tras adoctrinar al personal con el monólogo que ha estimado oportuno. Su forma de echarlos recordaba a la de la dama de rancio abolengo que llama al mayordomo y dice: “Fermín, acompañe a estos señores a la puerta”. Y los periodistas se fueron. Por sí solos.

De la misma manera, aceptaron los medios en las campañas electorales que los partidos seleccionaran el “corte” a emitir, el que más les favorecía, cuando un profesional debe resaltar lo que a su juicio tiene más valor o controversia en las declaraciones. Periodistas renombrados, secundan la pantomima al ser también convidados de piedra en debates políticos, donde los partidos eligen de qué hablar y no hablar y en qué medida. Nada que ver con los que se desarrollan en países civilizados. El moderador lo es realmente: está informado, pregunta, resalta las contradicciones con los datos que posee.

Este periodismo está creando una clase política ínfima que olvida a quién se debe: la ciudadanía. No sólo eso: no serían nada sin nuestros votos.

Al mismo tiempo, las noticias se han convertido en un espectáculo, forman parte del hoy predominante sector del entretenimiento, en una profesión cuyo lema fue: informar, leer y entretener, por este orden. Un ciudadano anestesiado, sin datos, ni criterio, es mucho más vulnerable a lo que se quiera hacer con él.

Y, paradójicamente, les hacen creer lo contrario, que sí están informados, llenando las programaciones de opinión. Un estudio del Instituto Oficial de Radio y Televisión (IORTV) para el Consejo Audiovisual de Andalucía, nos hablaba de la brutal sobrecarga de opinión en la radio. Comprobad los datos en el enlace, en algunos casos llega al 76% de su programación, no bajando del 45%. El nuevo “curso” nos trae un auténtico aluvión de opinadores también en las televisiones.

La opinión no es información. Comentaristas de toda intención, actitud, formación y ética, pueblan los medios, mezclados en algún caso con vísceras, sensacionalismo, anuncios de cremas de belleza, que ofrecen por igual presentadoras recauchutadas, y empingorotadas desde el punto de la mañana, o avispados vividores hasta bien entrada la noche. Eso es espectáculo. No le llamen información.

El ser humano tiende a la “percepción selectiva”, a escuchar sólo lo que está de acuerdo con sus ideas previas, fue uno de mis grandes descubrimientos cuando estudiaba en la universidad tanto periodismo como sociología. Nada les hace cambiar de criterio. Algunos desaprensivos, disfrazados de comentaristas, exacerban esos instintos primarios de la audiencia con una demagogia que ofende a la inteligencia, e interrumpiendo y anulando el discurso de los demás. Ejemplo paradigmático es una tal Isabel Durán. Son contratados precisamente por eso y para esa misión. En algunos casos, el auditorio aplaude o pita. El circo romano redivivo.

Una elección entre dos posturas que presumimos ciertas. No. La Casa Blanca norteamericana puso en marcha con la llegada de Obama una página donde los datos reales están al alcance de cualquiera. Si los medios quisieran realmente informar, arbitrarían medidas similares, habría en cada falso debate un panel donde ver la realidad y cotejar quién tiene razón.

No interesa hacerlo. La ignorancia es más manejable que el criterio. E informar más caro que entretener. Legiones de colegas mal pagados se ven obligados a tragar las directrices de sus medios que sólo buscan el negocio por temor a perder el trabajo. Las plantillas se reducen para lograr mejor rendimiento económico. Más en época de una crisis mediática -mundial- que su incompetencia ha propiciado.

Sacrosantos medios tienen hasta errores de redacción impensables antaño. Y se ha perdido el inviolable deber de confirmar los hechos, buscar fuentes y contrastarlas antes de lanzar una noticia. Os explico. Cuando empecé a ejercer la profesión, los teletipos eran una señal simplemente, para, a partir de ahí, encontrar lo que realmente había pasado, llamando, preguntando, trabajando. Más aún, el lema del periodismo hablaba de contrastar al menos tres fuentes distintas.

Quiero acabar con un ejemplo que me ha alarmado lo indecible. Estos días os he contado el caso del supuesto fichaje de Rosa María Calaf por la tertulia de Ana Rosa Quintana en Telecinco. Aunque pongo aquí el enlace, os resumo: la cadena lanza la noticia de las nuevas incorporaciones estrella a su mesa política, son Federico Jiménez Losantos y Calaf. Se me ocurre preguntar a la interesada vía email. Me responde tal como transcribo en la entrada que refiero. Ha mostrado su notorio desinterés por participar y está asombrada de verse confirmada y resaltada por Telecinco. Más aún, le ha disgustado y, con gran elegancia, ni quiere rebatir ni seguir la polémica. La Agencia EFE que ha dado en la mañana del domingo la noticia de que Calaf sí estará, se desdice unas horas más tarde, en esta pieza antológica, que publican numerosos medios. Aquí se dice:

“Sin embargo, hoy, Calaf ha negado esta incorporación, en declaraciones a EFE, aunque no ha querido comentar más al respecto argumentando que no quiere entrar en más desmentidos, aunque ha subrayado que el miércoles ya se verá que no está en el plató”.

Pues bien, EFE no llamó a Calaf, no le hizo declaración alguna porque no la llamó. Lamento, si es el caso, perturbar a Rosa que quiere olvidar todo este asunto, pero lo ocurrido me parece de extraordinaria gravedad. No por la entidad de la noticia, sino por la forma en que ha sido elaborada. Fundada hace 70 años, es la primera agencia de noticias en español  y la cuarta del mundo. Alguien tiene que responder en EFE sobre quién obtuvo las supuestas declaraciones, cuándo y en qué formato, porque, dado que la noticia del no fichaje sólo la publicó mi blog, exactamente en las palabras textuales que escribe EFE, y la recogió http://meneame.net/story/rosa-maria-calaf-sorprendida-fichaje-ana-rosa-quintana, la sospecha de que alguien en EFE expurga un canal de noticias enviadas por los lectores para copiar blogs sin citarlos, ni contrastar las informaciones, resulta más que fundada. Lo peor es que este sistema se está generalizando. Parecería que los teléfonos y los teclados de ordenador para enviar emails producen descargas eléctricas.

La sociedad cree lo que se publica, radia y emite. Y la sociedad precisa estar informada para tener criterio responsable. El periodismo no puede seguir haciendo dejación de sus obligaciones. Y si pierde su credibilidad nos sume en el abismo.

Actualización 14,30

 No hay datos de este caso, pero EFE -a través de fuentes no oficiales- me comenta que en la Agencia se han tomado medidas muy drásticas en asuntos de plagio y que todos, incluso la propia redacción, se mantienen muy alerta a no dejar pasar esa inadmisible conducta.

Chapuza, incompetencia y voluntad

El objetivo era imprimir una frase significativa en una camiseta: “La incompetencia suficientemente avanzada es indistinguible de la mala voluntad”, una frase que mi hijo encontró en www.microsiervos.com y que nos gusta a ambos especialmente, por razones obvias. Encontré una perfecta: roja, ribetes azules, gran calidad y muy barata por las rebajas. Era la única que quedaba en la talla adecuada. La llevo a una tienda. Me hacen regresar con la frase en archivo de pen drive, y diseñada por mí -¡dios mío!- en cuanto a tipo de letra, color y composición. Hago lo que puedo.

-Probablemente necesitemos poner un recuadro debajo de la frase, me dicen en la tienda.

No entiendo bien por qué, pero concluyen:

-No se preocupe, la pondremos en rojo y no se notará.

Me llaman para que pase a recogerla. Pregunto cómo ha quedado…

-Bien, el recuadro es un poco anaranjado, pero parece hecho a propósito.

-¡Naranja, sobre rojo y letras azules!, clamo. Pasaré a verla y decidimos qué hacer.

Al cabo de un cuarto de hora, vuelven a llamar para anunciarme que la van a repetir, que comprarán ellos una camiseta igual y la serigrafiarán de nuevo. ¿Y dónde la van a encontrar? Sólo quedaba una.

Llegada a la tienda, me encuentro con este resultado:

 

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Les pido que me la dejen un momento para hacer una fotografía. Aceptan y, apresuradamente, le hago un par de tomas antes de que se arrepientan. Recorro, a continuación, todas las tiendas de la cadena de ropa en Madrid. Podía haber intentado otro modelo, pero no sería tan buena, ni tan barata, me dije. Y la encuentro. Allí la dejo y también el relato de esta anécdota por el momento.

Dedico a la chapuza española un amplio capítulo de mi último libro, porque es algo que me preocupa. Sus ejemplos suelen provocar cierta hilaridad, como si fueran chistes,  cuando resulta que definen el grado de responsabilidad de quien los practican, su interés por lo que tiene entre manos, y cuánto se preocupa por el destinatario de su trabajo, por los demás  en definitiva –esencia de la buena educación, de la civilización-.

Históricamente, la chapuza tiene un antecedente de gran calado. Año 1.588. Felipe II envía una flota grandilocuentemente denominada “La Grande y Felicísima Armada” -que terminó por ser conocida como “La Armada Invencible”-, a derrotar a Inglaterra. Perdió la contienda, pero no porque el ejercito inglés fuera superior, sino por la cadena de chapuzas e imprevisiones que jalonaron la empresa. No ha habido escarnio mayor en nuestra trayectoria épica.

Y así hemos seguido. Probablemente, volveré con ejemplos en muchas más ocasiones en este blog, pero casi es innecesario: no habrá un solo lector que no haya experimentado la sensación de ser víctima de una chapuza. De una cadena de chapuzas, más bien. Una sociedad organizada consigue que la chapuza de un individuo dentro de una organización, sea supervisada y estructurada, para convertirse en una chapuza colectiva, con el concurso de varios profesionales para conseguir una birria.

Si algo no le perdono –en un recóndito lugar del corazón- a Felipe González es que la víspera de las elecciones de aquel 28-0 del 82 dijo: “recuperemos el gusto por el trabajo bien hecho”. Recuperar algo implica haberlo tenido alguna vez, pero olvidé el pequeño desliz ilusionada con la idea de que la España cotidiana ¡por fin! funcionaría. Y no fue así. Y aún persiste en ello. Diría que ha empeorado.

Y, sin embargo, siempre encuentro islas entre la desidia. En todas partes. Una chica de la tienda (imprenta/papelería), me aseguró que el nuevo intento quedaría bien. Con una firmeza nacida –me pareció creer- del bochorno de haber elaborado una chapuza con una frase que era un aldabonazo contra ella. En efecto, estaba perfecta, como veréis más abajo. Y sin recuadro alguno. Ella tenía la voluntad… de cumplir.

-¿Cómo lo has conseguido?, le pregunté algo asombrada.

-Se lo he mandado a otro proveedor, me dijo con orgullo.

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¿Quién ha ganado en Japón? ¿Y en España?

Según los sondeos, el Partido Democrático de Japón ha ganado –y por mayoría absoluta- los comicios en aquel país, acabando con 54 años de hegemonía conservadora. Este partido fue fundado en 1998 como unión de 4 formaciones de centro izquierda. Aunque, Yukio Hatoyama, el futuro presidente, pertenece a una rica dinastía -política y financiera- comparada con los Kennedy.

El País: La oposición obtiene una victoria histórica en Japón

El Mundo: Los conservadores pierden el poder en Japón tras 54 años

La Vanguardia: El triunfo de la oposición pone fin a la hegemonía conservadora

ABC: Histórica victoria socialdemócrata en Japón

Público: Se confirma el cambio histórico en Japón

La Razón: Cambio histórico en Japón: el opositor Partido Democrático gana los comicios con mayoría absoluta

20 Minutos: Japón vive un cambio histórico. Titular de portada que luego amplia en la noticia.

Soitu: El centro-izquierda nipón logra una aplastante victoria en las legislativas

¿Qué es lo que me temo a la vista de estos titulares? Que este lunes -salvo alguna excepción-, titulares, editoriales, políticos, comentaristas y opinadores, arrimarán el ascua a su sardina en clave interna. Para unos, habrá triunfado «la oposición», porque «la oposición» triunfa en tiempos de crisis. Para otros, habrán barrido en las urnas  los socialdemócratas, porque es la tendencia. El «cambio histórico» es Obama.

    ¡Qué pereza! ¡Qué inmensa pereza me da Septiembre! Y Octubre, noviembre, diciembre…

Rosa María Calaf sorprendida por su «fichaje» con Ana Rosa Quintana

La información la han recogido numerosos medios: Rosa María Calaf nueva tertuliana del programa de Ana Rosa Quintana en Telecinco. Y junto a Federico Jiménez Losantos. Incluso se ha ilustrado con fotografías de ambos.

Conociendo a Rosa y su extraordinaria coherencia, me extrañó que hubiera aceptado ese cometido. Puesta en contacto con ella, ha mostrado su extrañeza por la difusión de esta noticia que no se corresponde con la realidad.

“Me llamo la subdirectora del programa, Yolanda, hace unas semanas para proponerme la incorporación a la mesa de periodistas y, enseguida, sin que ni siquiera me dijera con quien podía compartirla, le contesté que no quería comprometerme a nada fijo y que además yo no me veo en tertulias porque de «nacional » no se nada puesto que he estado desconectada muchos años. Volvimos a hablar la semana pasada porque me insistía en que estuviera allí el próximo miércoles etc etc. Tengo testigos de la conversación. Repetí lo mismo: que sólo esporádicamente si había algun tema de internacional y si yo podía y que lo hablábamos puntualmente para cada caso”.

Rosa María Calaf se muestra asombrada por cómo funciona el periodismo en este país del que ha estado alejada tantos años. Y dice que no piensa rebatir nada, todo el mundo que quiera podrá ver que no está en la tertulia, simplemente. Si hablo de ello en mi blog, es porque le he pedido autorización para poder contarlo y me la ha dado. El periodismo actual necesita dignificación.

Sé que Calaf acude a dar conferencias allí donde se lo piden –si dispone de tiempo-, incluso en lugares de poco lustre mediático sin cobrar nada.  ¿Cómo iban a pensar en Telecinco y Ana Rosa Quintana en concreto que alguien rechazara una jugosa oferta económica?  Otros periodistas prestigiosos y no prestigiosos la aceptan.  Y así nos va.

Al poco de regresar a su país, Rosa María Calaf se ha dado un profundo baño en las esencias del actual periodismo español.  Vemos sus muestras, casi cada día. Pero aún hay esperanza.

Actualización 20,30

 La Agencia EFE da la noticia de que Calaf no intervendrá en el programa de Ana Rosa. Ha sido el único medio que ha llamado, según se deduce, para corroborar la información; estamos salvados, quedan periodistas que contrastan las noticias antes de publicarlas.  O rectifican las iniciales. Lo ha hecho un domingo, horas después de publicado este post, aunque sin citarlo. Seguramente es casualidad.

El asunto siguió días después con asombrosos coletazos. Ved la parte final de ¿Qué le ocurre al periodismo español?

Periodismo de investigación: exclusiva mundial

Lo ha perpetrado un canal argentino «todo noticias/todo el día», llamado C5N, y que acaba de celebrar sus dos primeros años de vida.

Intrépidos ellos, investigaron en las redes sociales juveniles -más bien adolescentes, «preboliches» les llaman- cuál era la bebida de moda entre ellos. Y ahí  hicieron el gran hallazgo: el GROG, la bebida favorita de los piratas del Monkey Island, un vídeojuego clásico en su género y enormemente popular a principios de los noventa.

Los colegas argentinos lo bautizan como GROG XD (el emoticón de la carcajada ya de conocimiento universal, que según se ve tambien ignoran)

Y facilitaron sus componentes. A saber:

-Keroseno

-Endulzantes artificiales

-Ácido sulfúrico

-Ron acetona

-Tinte Rojo nº 2

-Grasa para ejes

-Ácido de baterias

Sin pestañear.

 ¿A quién se le podía ocurrir?  al juego primitivo que, por su edad, este avezado periodista debía conocer (no así los «preboliches» que creerán les están hablando de Flash Gordon).

  Ni se plantearon que ese «trago» es imbebible, que no hay organismo que lo resista. Ni, lo más importante: ¿por qué las páginas de sucesos no estaban llenas de adolescentes muertos al ingerirlo? con lo bien que les hubiera venido para ganar audiencia. Pero el periodista de la pantalla tácil -que cuesta una pasta- asegura que «esto pasa» y habla de una reunión de las autoridades de Buenos Aires con los representantes de los adolescentes para solventar el problema. ¿Qué habrán acordado los mandatarios? ¿Le habrán quitado la licencia de emisión a la cadena?

No, siguen emitiendo con regularidad según veo en su página:

http://c5n.infobae.com/

Ahora bien, pretendieron lograr una exclusiva ¡y a fe que lo han conseguido! el Grog de C5N está ya traducida hasta al inglés.

  (Visto en Alternaria.tv)

¡Que vienen, que vienen!

Se inicia con los Sanfermines y termina con la Tomatina, dos edificantes muestras de la elegancia popular española. Entre la sangre de los toros y la de los tomates transcurre el verano. Los políticos se broncean, algunos emulando a los sufridos ciudadanos de Botswana, y, en el caso de los del PP, la estética –y los modos- de Zaplana. Casi todos los ciudadanos se broncean y regresan a atestar de tráfico las ciudades, las tiendas, el aire. Ya están aquí, han vuelto. Nadie nos librará por 9 meses, con ligeros paréntesis.

La primera fruta del nuevo curso en caer ha sido Esperanza Aguirre hablando de las escuchas, enterradas en su ausencia por su partido.

Han vuelto… ¿O no?

El índice de sentimiento económico

He descubierto un nuevo modismo, o eufemismo (los paren con fruición). Leo que –noticia de ahora mismo- “el índice de sentimiento económico de la zona euro se incrementó en agosto por quinto mes consecutivo”. Busco y averiguo que se trata de un indicador que parece haberse inventado la UE en su eterno empeño de «acercar Europa a los ciudadanos», tarea en la que lleva –por este camino- no menos de 30 años, sin éxito alguno.

Bien, esto encuentro: “El Indicador de Sentimiento Económico (ESI) es un indicador sintético compuesto por cinco indicadores de confianza sectoriales con distinta ponderación: indicador de confianza industrial (40%), indicador de confianza del sector servicios (30%), indicador de confianza de la construcción (5%), indicador de confianza de los consumidores (20%) e indicador de confianza del comercio minorista (5%). Los indicadores de confianza son medidas aritméticas ajustadas a la estacionalidad de los datos obtenidos de una encuesta con preguntas específicas de cada sector. El ESI se calcula como un índice con valor medio cien y una desviación de 10 durante un determinado periodo de muestreo (1990-2008)”.

“La economía tiene sentimientos”, me he dicho alborozada. Pero no estoy nada segura. Hace poco han inventado mascotas robóticas para los ancianos, en este caso nos encontramos con sentimientos “sintéticos”, artificiales, fabricados. ¿Pueden existir los sentimientos sintéticos? Sí, para ocultar la realidad.

En la inmensa tomadura de pelo a la que está sometida la ciudadanía, despuntan indicios de que la crisis empieza remontarse. Y sólo con eso suben los precios de los alimentos y los carburantes, situación exactamente igual en la que nos encontrábamos justo antes de su inicio, antes de la caída de Lehman Brothers y demás compañías.

Por cierto, el sentimiento económico mejora, nos dicen. Incluso en la España acosada por malas noticias. Copio:

«La mayor parte de los países miembros de la UE registraron mejoras en el sentimiento económico, liderados por Reino Unido (9,7 puntos), Países Bajos (7,6) y Alemania (5,1). También se registraron incrementos «notables» en Polonia (4,5), Italia (3,8) y España (2,9)».

¿Habrán llevado a la economía al psiquiatra? Buena falta haría. O al juzgado.

La pérdida del sistema de valores

La editorial italiana Einaudi, propiedad de Silvio Berlusconi, no publicará ‘El cuaderno’ de José Saramago por las críticas que vierte sobre el primer ministro italiano y magnate de la comunicación. El casi nuestro Premio Nobel reflexiona en una entrevista para la Agencia EFE, sobre que “la corrupción no le importa a nadie”. “La corrupción no es sólo material, es también moral. La pérdida de valores es un fenómeno de masas. Quizá el fenómeno de masas que defina estos tiempos”.

Comparto su idea. Al punto que, en mi último libro, me pregunté mucho sobre el asunto:

“La palabra valor es polisémica, tiene diversos sentidos. Como primera definición, constituye el grado de utilidad o aptitud de las cosas para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite. Equivale, por tanto, a provecho, beneficio, utilidad. De otro lado, nos habla de coraje y valentía. Y, dicho en plural, valores, remite a réditos, bonos, acciones, títulos. Muchos entienden hoy que la sociedad progresa con ese valor, y esos valores, unidos a la economía. Pero quizás el mundo avanzaría más, de una forma más justa, y los seres humanos serían más felices, si diéramos a los valores otros significados que cuesta encontrar en los diccionarios y que se dirigirían a la búsqueda de la equidad, la justicia, la libertad, la honestidad, la ética, la educación integral, el idealismo puesto en práctica, los derechos humanos, los derechos civiles, los que ayudan a disfrutar de la vida en salud, la generosidad, -y de nuevo- la justicia en lugar de la caridad, el compromiso, y todos los que cada uno quiera añadir. Elegir entre una y otra vertiente de los valores se aprende en casa… y en el colegio”.

Estoy convencida de que vivimos –mayoritariamente- en un “neohedonismo” que busca el placer inmediato individual y egoísta. Y que esa circunstancia no permite avanzar a la sociedad. Por el contrario, la está llevando a su degeneración.

Pero miremos al mundo real. Precisamente hoy y precisamente de Italia nos llega la noticia de que las medidas de Berlusconi considerando delito la inmigración ilegal, han reducido ésta en un 92%. En el portal http://www.meneame.net, lo que yo considero hordas fascistas, racistas y xenófobas -usuarios anónimos sin embargo- se han congratulado de los resultados de la medida. Con comentarios como éste: «Si un magrebí puesto hasta las cejas de pegamento imedio me está dando por el culo no podré hablarle de integración porque tendré la polla de un gitano rumano en la boca». Con la complicidad de los tibios y también –bien es cierto- una fuerte contestación de los demócratas. Lo curioso es que los primeros reivindican la democracia para hacerse oír.

Poco más allá, en el mismo portal, un blog habla de “La tomatina y el hambre”: «Hoy se ha celebrado la Tomatina en su 64 aniversario, y el Wall Street Journal ha aprovechado para recordar de manera simbólica, con estas dos fotos, las grandes diferencias económicas que siguen existiendo en el mundo, mencionando por ejemplo que en 19 países asiáticos, más del 10% de sus habitantes viven con menos de 1,25$ al día». 33 usuarios le han dado votos negativos por considerarla “amarillista” y han mentado en este caso “la demagogia”. Son los mismos. Muy organizados y militantes, alguno de ellos ha llegado también por este blog.

En un debate casero de los de encender neuronas, mi hijo me hace ver que, actualmente, no es que haya una pérdida del sistema de valores, sino una guerra de valores. Conviven muchas ideologías y muchas tendencias. Los que defienden el racismo, los que viven el catolicismo o las ideas medievales como sistema de obligado cumplimiento social, los liberales de todas las tendencias, los monetaristas, los pragmáticos, la nueva religión de los equidistantes, los neopunkies, los «neotodoloviejo».  A diario, en efecto, nos encontramos con personas poseedoras de opinión que defiende a ultranza, en el convencimiento de que sólo la suya es la acertada. La democracia es el sistema mayoritario del mundo actual. Para mí es una democracia enferma, en degeneración, pero uno de sus lemas fundamentales es el respeto por las ideas de todos. ¿También las que atacan el sistema? «No estoy de acuerdo con lo que dices pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo», dijo Voltaire. ¿Lo haría yo? No, algunas ideas no. ¿Tendré que mirármelo?

Las mías se afianzan en los valores que citaba más arriba y trataron de institucionalizarse tras la segunda guerra mundial, por ejemplo. El respeto por los derechos humanos –que 60 años después de su declaración no se han cumplido-, la creación de una Europa “unida en la diversidad”, la reunión de todas las naciones en un foro –la hoy ineficaz ONU-, la democracia sólida. Hasta los ideales del Mayo francés que olimos desde lejos me sustentan. También creo estar en lo cierto. Pero ¿estarán trasnochados? La sociedad no va por ahí. Sí lo hace una parte, muchas otras no, y otra –inmensa- vegeta. Y no sé dónde desembocaremos.