Ayer fue un día especialmente duro por los hechos noticiables que se producían. La Audiencia provincial de Madrid atendía el recurso de la Fiscalía del Estado español –o sea la que debe obrar en favor de los intereses de los ciudadanos- y anulaba la causa contra Miguel Blesa por haber facilitado desde Caja Madrid a Díaz Ferrán 26 millones de euros en créditos que avaló con una empresa quebrada. El ex presidente de la patronal CEOE está ahora en la cárcel e inmerso en varios procesos acusado de todo tipo de actividades fraudulentas. Blesa saldrá a no tardar. Hasta ha sido amonestado el juez que osó entrullarle.
Seguía el sainete con el carné de la infanta, las atribuciones de la Hacienda Pública y las no-explicaciones de Montoro.
El Gobierno “reformaba” la Administración para dejar en la raspa el servicio público y ponía a la venta 15.000 edificios de nuestro patrimonio. Hace poco la alcaldesa de Madrid “liquidó” unos cuadros por el 40% de su valor.
Ignacio González andaba viendo de adjudicar nuestros hospitales públicos en su persistente tarea de dar negocio con nuestra salud a inversores privados. Los sindicatos denunciaban también que reducía la seguridad en el Metro de Madrid en un 40%.
Y, entre otras muchas tropelías, el FMI nos recetaba las medidas de “estar en el buen camino”: bajar los sueldos, despedir gratis, bajar pensiones, etc..
Y encima, por esta manía mía de querer estar informada, me fui a dormir con esta horrible visión en las portadas anticipadas. Ese temple, esa seguridad, esa resolución, ese poder, ese circo ambulante…
Hoy me he despertado, afortunadamente, algo más tarde lo habitual y como ya en la radio andaban tertuliando, se me ha ocurrido mirar en la cama las noticias más destacadas que ofrece el servicio de mi móvil. No estaba ninguna de todas éstas que os cito. Todo había sido un mal sueño. Como también he podido comprobar al hacer un repaso ya a los medios. Una que creía que se habría abierto el suelo en canal y estarían los españoles en las barricadas ante tanto atropello y ¡nada! Lo que anoche me preocupaba no ocupa lugares dramáticos.
Pero me centraré en ese fascinante despertar informativo vía móvil Samsung por más señas. Entre las noticias destacadas del mundo, hablan del pacto de Rajoy y Rubalcaba. “Orgullosos de ser españoles, a pesar de todo”, titula otra que remite a ABC. “El gobierno –de España imagino- despliega un plan contra incendios”. ABC. “Un defensor férreo de la Constitución presidirá el TC”. La Razón.
Me paso entonces a las noticias más importantes de España para este servicio que –como digo- se facilita a miles o millones de usuarios. Encabeza de nuevo el pacto Rajoy-Rubalcaba. “La infanta vuelve a un acto institucional en pleno revuelo por el…”. El Mundo. “Un avión de 25 millones contra el fuego”. El País. “El Vaticano beatificará 500 mártires españoles”. ABC. Y como insisten con lo del orgullo de ser españoles, no tengo más remedio que pincharlo a ver qué es para reforzar ese naciente optimismo matutino.
“Nuestro patrimonio cultural y la selección de fútbol nos llenan más de orgullo que las multinacionales o que Baltasar Garzón”, apunta de subtitulo la noticia. Promete. Es un Barómetro del Instituto Elcano. Y por él descubro que Garzón –al que ABC trata de forma peyorativa por no producir tanto orgullo como la Selección de Fútbol- compite con Instituciones completas como el Ejército. A título individual, únicamente están Ferrán Adriá con un 6,8 y Amancio Ortega con un 6,2. Garzón “solo” tiene un 5,4. El diario aclara: es el único que hace sentir más orgullosa a la izquierda que a la derecha. ¡Acabáramos! Por cierto en la lista de razones para el orgullo patrio -puestos a comparar que tanto les gusta- no está ni el resoluto Rajoy de sus portadas, ni la sencilla y sincera Soraya Sáenz de Santamaría, ni siquiera alguno de sus periodistas.
Pues nada a seguir con esta esperanzadora jornada. ¿La realidad? ¿Y eso qué é?









