No vamos a tener ni dónde caernos muertos

Perdida en una noticia local, encuentro que Ana Botella -la alcadesa de Madrid a la que nadie votó para el cargo- ha acordado disolver la Sociedad Mixta de Servicios Funerarios. La gran privatizadora consorte nos está vendiendo todo el sector público, y hasta los cuadros para pagar pufos, pero esto de no tener donde caernos muertos me parece ya concluyente.

Un rosario kilométrico de nuevos atropellos nos sacude esta mañana como sucede a diario, de todo signo, pero quizás convenga hablar de esto. Morirse es cosa seria, definitiva sobre todo. Y las políticas que sigue el PP nos abocan conminatoriamente a ello.

 

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No puede expresarlo mejor El Roto. El recorte de pensiones se ha “argumentado” así: la culpa es nuestra por vivir demasiado. Muénrase antes, todos, e igual mantenemos lo que teníamos, no más, claro. La gente pobre, aunque se haya empobrecido por medidas erráticas deliberadas, es cara. Por eso empezamos desde niños a matarlos de hambre. Cuenta Fernando Berlín cómo los medios internacionales están alarmados por los datos del incremento de la pobreza infantil en España. El prestigioso ‘British Medical Journal’ ha elaborado un informe afirmando que los recortes en sanidad en nuestro país están poniendo vidas en peligro, que aumentan las enfermedades. Ellos andan a lo suyo, con sus sobres y sobresueldos y, como nos cuenta un juez afectado, presiones a la Justicia en busca de dificultarla. La Fiscalía entregada a conseguir que se declara nulo el juicio a Blesa. ¡La Fiscalía!

Y la masa de apoyo a estas atrocidades , el percebismo congénito,   imperturbable.

Botella heredó la alcaldía de Madrid como Ignacio González la Comunidad de manos de sus edificantes antecesores y mentores Gallardón y Aguirre. González, entre su “reforma” de la sanidad pública y la drástica retracción del fomento del empleo, también trabaja por la causa: un Madrid para gente de bien. La que puede pagar lo que sea, desde el lujo al tanatorio de última hora. La chusma que palme.

No sé si Botella reactivará las fosas comunes que por Ley –todavía y hasta que se cambie si es menester- todavía han de mantenerse en la competencia municipal. Pero igual no estaba de más plantar a los muertos en las aceras hasta que alguien reaccione. Ella misma podría sentir un absceso de asco ante tamaño ordinariez e irse de por vida a consolarse en un spa portugués.

Por el momento, esta señora ya ha firmado la supresión de la Empresa Mixta de Servicios Funerarios. No tendremos dónde caernos muertos. Literalmente. Y desde luego este estupendo  “ahorro”, esta sólida fuente de riqueza privada, pronto se extenderá a toda España. Otra cosa no, pero la muerte está asegurada. ¿Quién se priva de explotarla para el lucro de quien convenga? Así que, mientras tanto, a disfrutar de la vida, queridos.

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