La nube de la infanta

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Estas son las palabras que sobresalen en la declaración de la infanta Cristina de Borbón en su declaración ante el Juez Castro. Señoría y No lo sé en cabeza. Marido. Lo desconozco. No lo recuerdo. 579 veces dijo «no lo sé» o «no lo recuerdo». Se ha hecho pública la declaración completa y se ratifica va en línea de lo ya avanzado.

La nube de Internet destaca lo más repetido. En el margen derecho de este blog vemos Actualidad, Sociedad, Política, Economía, Periodismo.  El imaginario de la séptima persona en la línea de sucesión al trono, en cambio, es así de escueto y de mujer que deja todo en manos del marido. O ésa la difícil línea de defensa cuando no hay mucho que explicar a la vista de las evidencias. O ambas cosas.

Curiosidades para un nuevo día dramático. En el que cruje Ucrania, diseminando cadáveres por el suelo y las habituales hondas preocupaciones de la UE y de la llamada «esfera internacional», sin mover efectivamente un dedo. Se suceden los agravios a la sociedad española, como si estuvieran haciendo una competición a ver quién lo hace más grave y cuánto aguantan las víctimas. Nadie ha sido apartado de su cargo por la tragedia de Ceuta, y ya el paso de página de la actualidad es vertiginoso.

Ay, quién pudiera vivir en la nube del «no lo sé». Es difícil, la vida se desangra abajo y cuesta mirar para otro lado. Vivir en cualquier nube o atrapar el instante en el que se fijó en radiantes colores como muleta de la realidad.

Foto: Pepa Martorell

Foto: Pepa Martorell

Un vídeo muestra a la Guardia Civil disparando desde el agua a los emigrantes al grito de «Vamos, cabrones»

Debió de ser lo último que oyeron. La tierra prometida europea les recibió a tiros y a insultos. Y aún tienen el valor todos los miembros del gobierno con su presidente al frente de echar balones fuera. Y la dirección del PSOE de esperar a oír y ver para ver si piden la dimisión del ministro como solicitan numerosos miembros del partido. La Izquierda Plural sí reclama la dimisión del ministro del Interior. Y los medios informativos afines al gobierno de contarnos hasta la saciedad lo que dice Rajoy del «y tú más». Esto es absolutamente vergonzoso. Inhumano.

Un vídeoaficionado lo grabó y lo ha emitido en exclusiva Las Mañanas de Cuatro que dirige Jesús Cintora. En varios medios está. No en todos. No, de momento al menos, en la prensa y televisiones «oficiales» del PP.

Hay que pinchar la imagen para verlo. Aquí, en Las Mañanas de Cuatro.

Y los responsables de esto siguen en su puesto, ni destituciones, ni dimisiones.

Mayoría absoluta, nepotismo y corrupción

 En España ganar unas elecciones equivale a haber sido agraciado con el premio Gordo de la lotería. Y de tal cuantía que se benefician familiares, amigos e incluso alguno que pasaba por allí poniendo buena cara al líder. Nada que ver con el servicio público que se presuponía a la profesión de político. El voto mayoritario implica contar a plena disposición con el cuerno de la abundancia. En dinero y en especie.

La práctica se da en diferentes grados y no es exclusiva de España. El peligro reside cuando se hace con el mando un mediocre, con vocación de Tiranorzuelo Rex que no ha querido evolucionar desde las aprendidas viejas costumbres de casta en las que se crió. En ese caso, su gestión puede ser letal para la sociedad.

En España, según parece, es suficiente para acceder a un cargo de notable responsabilidad y remuneración, haberse mantenido al lado del politico, ahora ganador, en sus días bajos. Haberle sustentado cuando los contrincantes querían abatirle. Lo hemos visto con Arsenio Fernández de Mesa, cuya fidelidad a Mariano Rajoy le depara pasar de un puesto a otro haga lo que haga. Vio adoquines de fuel en el Prestige que se hundirían mansamente en el agua, desde su cargo de delegado del gobierno en Galicia. Director de la Guardia Civil, en la actualidad, se quita de encima con soltura los cadáveres de 15 emigrantes fallecidos mientras eran acorralados en el agua por efectivos bajo su mando. Todo el gobierno en realidad exhibe la misma actitud, la de siempre: no va con ellos. Les ha tocado la lotería. La que distribuye el poseedor del boleto. Y cuela.

Desde el poder uno puede, en España, repartir prebendas en ausencia hasta de un sentimiento tan primario como es el pudor.  Véase el caso de regalar a los Registradores de la Propiedad el Registro Civil. Se trata de la profesión de Mariano Rajoy y varios de sus familiares. De parientes del ministro de Justicia, autor directo de la norma. Pero además ese cuerpo es una anomalía en Europa donde su trabajo lo realizan funcionarios, sin costo para el usuario. Es decir, en lugar de ser europeos y registrar propiedades gratis, el gobierno ordena –aumentando sus privilegios- que acudamos también a ellos para gestiones como anotar nacimientos, bodas o defunciones.

Aquí cuela todo. Y eso es lo más preocupante. En un país con casi 6 millones de parados, vemos la facilidad con la que encuentran trabajo –y excelentemente remunerado-, hijos, maridos, mujeres, amantes, hermanos, amigos fieles, el tipo que te hace la declaración de la Renta y que puede acabar presidiendo una Caja de Ahorros, chóferes, entrenadores personales. De ahí a nombrar alto cargo al caballo –emulando a Calígula- hay solo un paso.

No puede aducirse que sean gentes en general de especial preparación o aguda inteligencia. El mediocre no quiere al lado nadie que le supere. Personas como Fátima Báñez, Ana Mato, José Ignacio Wert, Cristóbal Montoro, José Manuel Soria  y prácticamente todo el resto – pasen y vean– , forman parte de el gobierno de los mejores que se prometió –y también se incumplió-. Hablan con Dios y se encomiendan a Santa Teresa, mientras, insensibles, siguen sin dimitir ante la tragedia –absolutamente evitable- de Ceuta. Lo que está pasando en España es un auténtico delirio.

Lo peor es cómo infiltran sus piezas en todos los órganos de decisión e influencia. Ganar las elecciones en España es inocular en el Estado la ideología y las formas del triunfador. Están en todas partes. Hasta con tibios disfraces.

Asemejados a espectadores de una película –de terror- advertimos subir y bajar en el escalafón a los validos y validas, como en las cortes medievales. Ya ni estar al quite siempre, mentir más allá del ridículo y adular al infinito es garantía de permanencia.

Y tiene consecuencias. Graves.  Un país basado en el nepotismo en lugar de en el mérito, en caciques y círculos de amiguismo, es caldo de cultivo para todo tipo de corrupciones e ineficacia. Es el sumidero por donde se van nuestro nivel de vida y nuestros derechos. Cuando se llega a tal degradación, la respuesta desde el poder es el palo y la multa, la violencia para reprimir la protesta, y las reformas de leyes y órganos judiciales que den contexto legal a actuaciones injustas. Aguardando, quizás, que un estallido social ampare mayores desafueros… y mayor impunidad.

Esta sociedad desconcertada y desesperada anda pidiendo ante este panorama algo o alguien que ponga freno a esta locura. Y es cosa de cada uno.

No es imposible erradicar el nepotismo. Se trata de que un cambio de partido en el gobierno no conlleve, por ley, un cambio de arriba abajo en la Administración. Prohibir el reparto del botín de los cargos y empleos. El sustrato fundamental ha de estar formado por profesionales cualificados.

La mayoría absoluta no puede amparar un cambio de régimen. No es un cheque en blanco. Y engañar para llegar al poder e incumplir el 90% del programa electoral ha de implicar necesariamente la destitución y convocatoria de nuevas elecciones.

Todo ello sería factible con una separación real de poderes y con una Justicia regenerada. Los órganos judiciales y, en particular, el Fiscal General del Estado, no pueden seguir siendo elegidos por los partidos.

Lo imposible es seguir manteniendo esta continua degeneración. Claro que los cambios no los traen hechos a casa. La tarea es de los afectados, los beneficiarios de las prebendas jamás harán nada por perderlas. La gente ha de convencerse de que, unida y con presión constante, tiene poder para enderezar los cimientos. Y ponerse a ello, también ha de actuar. Frenar el inaudito ritmo de destrucción que estamos sufriendo, a un paso de lo irremediable.

*Publicado en eldiario.es

Bajando a la basura borradores de libros

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Cuando los papeles se la comen a una, lo prudente es operar con la frialdad de un cirujano. La mayor parte de lo que tiremos no vamos a usarlo jamás, pero alguna cosa jugosa he encontrado en ese repaso a bulto del que alguna noticia se desparrama en el momento justo que vas a meterla en la bolsa de la basura. Y solo por eso se acumula más de lo que cabe. ¿Solo? Igual merece la pena.

12 libros llevo escritos, sola o en colaboración. Más un par que no han sido publicados. Solo los borradores ocupan buena parte de un armario. Así que, preparado para bajarlo al contenedor de reciclaje, acabo de incluir dos versiones de mi último trabajo: Salmones contra Percebes. Sin piedad alguna.

Fueron varios meses de todas las horas. Terminas, imprimes, encuadernas con una espiral baratita, lees, corriges. Terminas, vuelves a imprimir, encuadernar, leer, corregir. Publicado en Abril aún se ve en alguna librería lo que es bien raro, después de “tanto tiempo”. Pero nada que ver con lo que “se lleva”.

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Son dos borradores. Uno ha caído donde explico la psicología de los percebes y los salmones. Los primeros inspirados en Mariano Rajoy y su PP que, pillada silla, no se sueltan ni con tempestades. Los salmones somos los que vamos remontando el río y la corriente y dándonos contra los obstáculos.

El otro cuadernillo quedó abierto donde hablo del espíritu gregario de los percebes. Si es que como la piña nada. ¿Quiere ser Usted independiente y encima se queja?

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Lo que será la pasión por escribir y comunicar que me pasa por la cabeza dejarlos al lado del contenedor, no dentro. Por si alguien se los topa de casualidad y tiene, por curiosidad, la tentación de leerlo. Con sus correcciones y todo. Pero creo que Ana Botella, la alcaldesa de Madrid ha dispuesto brigadas de inspección de basuras y pone unas multas tremendas si encuentra un desperdicio fuera de su sitio. No me puedo arriesgar. ¡Fuera sentimentalismos! ¡A la basura! ¡A su cajita! Las cajitas son tan, tan, percebes…

El día que se frustró mi carrera en el Music Hall

Es cierto lo que dicen: “Mi venganza es ser feliz”. Ante tanto atropello por lo menos se ha de preservar esa parcela. Por eso hoy toca tema ligero. Aparentemente.

Escucho a menudo una lista con canciones de Pink Martini. En ella, aparece siempre “El bayón de Anna”. Esa canción es la primera de la banda sonora de mi vida. Mi madre, gran aficionada al cine y con buena voz para cantar, la situaba entre sus favoritas. Solía despertarme primero relatando las noticias del día leídas ya a tan temprana hora en Heraldo de Aragón, pero si la noche anterior había ido con mi padre al cine, también me contaba la película. Anna le encantó y la traía una y otra vez, sobre todo su música. Por tanto, ocupó buena parte de mi niñez.
Anna1951Acabo de mirar la reseña. Y ver el vídeo. Del argumento no recordaba absolutamente nada. Ahora ya sé. Silvana Mangano es una monja que rememora aterrada su pasado… de pecadora. Parece ser que la pervirtieron entre Vittorio Gassman y Raf Vallone, que no está nada mal.

Y lo que más se ha quedado en su mente ha sido el bayón. Igual me pasa a mí.

En el colegio de monjas pidieron que mostráramos nuestras habilidades para organizar alguna fiesta de fin de curso. Y yo, con apenas 5 años, me ofrecí a interpretar el Bayón de Anna. Me esmeré en hacerlo bien, como había aprendido en casa.  Las monjitas me animaban a seguir  pero cuando terminé me dijeron:

-¡Hija mía! ¿quién le ha enseñado eso?

-Mi mamá,  dije, comprendiendo que acababa de hacer algo terrible y que no debía haber delatado a mi inductora. A pesar de estar hablando de una monja, de una pecadora arrepentida, algo que entonces debía saber perfectamente.

Por supuesto, no se incluyó mi pieza en el festejo y mucho me temo que fue el inicio de las desavenencias que culminaron, muchos años después, con mi expulsión del centro. Es curioso como la maldad está, tan frecuentemente, en los ojos de quienes miran. Eso sí, abandoné por completo mis aspiraciones a convertirme en cantante y bailarina.

Hoy que aquella espantosa educación represora vuelve a nuestras vidas, reivindico la venganza de la felicidad y a Anna que está realmente contenta. No consintáis que os destrocen o manipulen, ni os roben -también- los valores más preciados.

Inmigrantes muertos: carnaval de contradicciones

Elaborado para twitter por @arma_pollo y publicado tras verificar todos los datos

Elaborado para twitter por @arma_pollo y publicado tras verificar todos los datos

Nadie ha sido destituido por esto y el gobierno descarta dimisiones. Apoyan de forma explícita la actuación y la gestión del hecho, por tanto, desde la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría al propio encargado de la Guardia Civil. Naturalmente el presidente Mariano Rajoy que tampoco ha hecho gesto alguno. Y parece que también secundan la secuencia de principio a fin los votantes que aún sostienen al PP, dado que no sabemos que hayan pedido responsabilidades.

Con dos cadáveres más aparecidos este sábado en playas españolas, ya son 15 los muertos.

 

Ponte en el lugar de los inmigrantes acorralados

La escena es la siguiente: estás en el agua, nadando hacia la costa española en el embravecido océano atlántico. Vas en grupo, apoyándoos unos con otros. Tienes miedo que supera el mucho valor que le echas a buscarte tu futuro. Te han colocado cuchillas cortantes por tierra. Lo intentas por mar. Alguno lleva un precario flotador. Entonces, fuerzas de la autoridad española, dependientes por supuesto del gobierno español, te disparan pelotas de goma y balas. “De fogueo” han contado después, es algo que tú no sabes, ni vas a llegar a saber.

Nadas. En la profundidad del agua no haces pie. Y te cortan el camino lanzándote proyectiles. ¿Qué sientes? ¿Qué haces?

¿Qué esperaban los miembros de la Guardia Civil que disparaban a los inmigrantes del Tarajal en Ceuta que hicieran aquellos jóvenes? ¿Qué esperaba el director del cuerpo? ¿Y el delegado del gobierno en la comunidad? ¿Y el ministro del interior que se ha atrevido a decir que no hay relación entre la “disuasión” a balazos y la muerte por ahogamiento de los inmigrantes? ¿Y el presidente del gobierno español que mantiene en su cargo a todos esos hombres y a él mismo? ¿Y todo su ejecutivo y su partido? ¿Qué esperaban que pasara al cortar el camino con balas y pelotas a unos jóvenes que nadaban en el agua?

Ponte en su lugar. Pronto puedes estar en las mismas circunstancias de pobreza, debido a las políticas que sigue también este gobierno, como todos los de su cuerda. Pero hay más. Las agresiones diarias que sufrimos a manos de ese partido que ostenta prácticamente todo el poder en España, de calibre inaudito cada una de ellas, no pueden ahogar también la verdad del caso de los inmigrantes de Ceuta. 12 muertos y 2 desaparecidos, son el resultado.

La prensa del régimen sigue con sus batallas partidistas y ni siquiera contaron cómo buena parte de la oposición criticó duramente al –aún- Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Escuché en alguna parte al representante del PNV decirle que lo sucedido en España contravenía tratados internacionales y hasta la Convención de Derechos Humanos, pero la prensa del régimen no lo ha destacado. Gónzalez Pons a micrófono abierto –cuando creían cerrado- alabó lo bien que había salido el Ministro de un “asunto complicado”, según vi en el Intermedio, un programa presuntamente de humor que informa mejor que los telediarios. Cortaba la respiración escuchar a ese par de desalmados.

¿Qué hace la sociedad? ¿Cómo puede seguir soportando a un gobierno como éste? ¿Con qué excusa? ¿Con qué dignidad?

Yo estoy, sigo, sobrecogida. Por la tragedia y por cómo la han afrontado los responsables.

Llega un momento en el que se traspasan todas las barreras de lo tolerable. Eso pasó en Ceuta. Que no nos vengan con milongas. No tratemos de buscar explicación alguna. Los cercaron, les acribillaron el futuro, les dispararon como si no fueran personas. Cuando uno solo de ellos, por su valentía, vale más que todo el gobierno en pleno. ¿Quieres saber de ellos? Tenían nombre y una vida. Coraje del que carece una sociedad que, con excepciones pero no suficientes, mira para otro lado ante esta enormísima bestialidad que se ha cometido en España.

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España precisa un rescate… político

Preocupados por el estado de la economía, no hemos advertido cómo se hundía la política. No al punto que lo ha hecho. No hasta tener una sociedad sumida en la orfandad política y la depresión, según muestran los históricos de las encuestas. Hay un descorazonador mapa del desaliento progresivo.

percepción muy mala

La percepción de los españoles sobre la situación política raya lo dramático: en el último barómetro del CIS, el 50,4% estiman que es muy mala. El 31,4%, mala. Buena o muy buena…, no llegan al 2%. Sólo se incrementó aún más ese sentimiento tan pesimista en febrero de 2013, en pleno apogeo del caso Bárcenas. Entonces, cuando los papeles del extesorero revelaron una contabilidad B del PP, se llegó al 56%. Y en esa banda se ha ido manteniendo.

Es bastante evidente que esa trama de corrupción ha supuesto un descrédito atroz para la política en su conjunto, no sólo para el partido que la protagoniza. Llama la atención que en el mes anterior a unas elecciones en 2011, a las que llegamos inmensamente hartos, fuera el 33,4% quienes veían una situación política muy mala. Y en 2009 –con la crisis abofeteándonos la cara–, el 22,6%. El deterioro es espectacular. Sobre todo, la persistencia de esa valoración negativa.

Confianza en la economía y en la política. Fuente: CIS

Tradicionalmente, economía y política son estrechas compañeras de viaje. Suben y bajan en la confianza popular al mismo ritmo por los avatares de una u otra. En España no está sucediendo eso. A finales de 2011, la política registró un pico muy ascendente con una ciudadanía que al parecer saludaba alborozada la llegada del Partido Popular al poder. En este momento está ocurriendo lo contrario. Mientras algunos parecen creer en la recuperación económica, la valoración de la política desciende estrepitosamente.

En 1999, uno de los grandes tiburones del neoliberalismo, George Soros, escribía en su libro La crisis del capitalismo global: “Si la economía global llega a tambalearse, es probable que las presiones políticas la destrocen”. Ha sucedido justo al contrario: la economía –esta economía voraz– ha engullido a la política.

Los políticos, las personas, contribuyen a ese naufragio social. Acaban de disparar balas de goma a emigrantes que trataban de alcanzar la costa española a nado. Murieron al menos 14 de ellos. Y, lejos de producirse dimisiones sumarias, asistimos a declaraciones que avergüenzan al género humano.

Ya no se puede aguantar tanta mentira, tanta involución y tanta incompetencia en el partido gobernante. Insolencias supremas, botarates al quite y  tergiversaciones continuas. Al punto de ignorar la Constitución, como le ocurre, por poner un ejemplo –entre varios–, a la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, cuando acusa a los jueces de plegarse a la voz de la calle en la sentencia de los “escarches” como si esto fuera «la Revolución Francesa». No debe saber que el artículo 117.1 dice: «La justicia emana del pueblo y se administra en nombre del Rey por Jueces y Magistrados integrantes del poder judicial, independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley» (leer esto, por cierto, llena los ojos de lágrimas por la ínfima calidad real de nuestra democracia).

Unos líderes de la oposición que no ejercen de tales y están consintiendo graves atropellos. Temen las primarias, no se vaya a colar un chiquilicuatre de tres al cuarto o se vaya a alterar el juego de poderes que tanta escaramuza ha costado domeñar para estar arriba.

Partidos y políticos están demostrando –en mayor o menor grado– que sólo les guían sus propios intereses. La silla donde aposentarse y cobrar sueldo y pensión (doble que los demás mortales). En algunos casos, el principal objetivo parece poseer la llave del poder decisorio y la caja fuerte. Saben de su profundo descrédito y lo obvian con inaudito desparpajo. Significativa pista de sus intenciones.

El problema es que muchos ciudadanos, enganchados a televisiones y falsos debates informativos, a medios manipulados, a la costumbre, se sienten desesperanzados porque no saben por dónde tirar. Su única salida son los partidos, y los partidos no les gustan tal como hoy se encuentran. Constituyen la minoría mayoritaria decisiva y caen en los mismos errores vez tras vez, como si dar vueltas a la noria solucionara algo. Otros, ampliamente intercomunicados, empiezan a saber que habrá de hacerse otra política, mucho más participativa. Su único freno es el inmenso aparato paralizador de las viejas inercias. La ignorancia y la desinformación que se fomenta para seguir manteniendo el tinglado como está.

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Otra política, pero Política (con mayúsculas). No sólo votar, sino también participar para operar cambios sobre la triste realidad que nos encierra. Siglos de avances y retrocesos. La política es lo primero que tumban la codicia y los fascismos. La política que dignifica el papel del ciudadano, de un ser libre dueño de sus derechos, cuyo primer deber es mantenerlos. La que encamina sus objetivos a que la acción del Estado se ejerza en beneficio de la sociedad. No de unos pocos, no para el funcionamiento mercantil de una empresa, no usando a la población en su provecho.

La situación política es muy mala, piensan los españoles. La depresión sólo hunde cuando se cierran las puertas y no existen mecanismos para cambiar la realidad. España precisa un rescate político, necesitamos salvarnos, salvar a la gente, a la humanidad, al bien común.

 *Publicado en eldiario.es

Las mujeres del PP

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No les ha bastado con emitir su voto favorable a continuar con la ley más involucionista de Europa sobre el aborto, necesitaban más. Necesitaban levantarse y, puestas en pie como en los mejores conciertos, aplaudir al macho (al menos es lo que él parece por su aspecto físico) que vuelve a decretar la minusvalía mental de las mujeres como sucedía en el franquismo.

La foto, tan expresiva, es de otro momento en el que el ministro de Justicia, Alberto Ruíz Gallardón, anunciaba sus intenciones hace unos meses. Y ayer se dio como hecha en el transcurso de la sesión. Dicho queda, aunque en este caso viene a dar lo mismo porque con distintas ropas las mujeres de esta especie vienen teniendo la misma actitud desde Isabel La Católica. En la votación de este martes también hubo aplausos. De mujeres y de hombres del PP ante un Gallardón exultante de su éxito. Aquí están.

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No conseguirán erradicar el aborto porque nadie lo ha conseguido jamás. No detendrán las circunstancias que abocan a muchas mujeres a practicarlo, sino todo lo contrario: su partido ha empobrecido como nadie en democracia la vida de los españoles de todo género. No conseguirán que la mayoría de las mujeres se sientan seres discapacitados ante el varón. Pero ellas aplauden la ley que corta alas femeninas porque así lo aprendieron en su casa y en su colegio monjil.

No han movido ni la uña recién pintada con manicura francesa por los niños vivos que hacen una sola comida al día, gracias a su gestión de gobierno. Sus políticas son directamente responsables, con datos, del inaudito aumento de la pobreza infantil que ha metido en la bolsa de la escasez aguda a 600.000 niños solo en el último año. Ni media palabra han dicho las aplaudidoras mujeres del PP. Les han quitado colegios, comedor escolar, libros, transportes, clases de apoyo, pero la iglesia dice que el nasciturus es la hostia. Y sobre todo que la mujer tiene una misión en la vida que cumplir: parir.

Sus ancestros fueron los vencedores de la guerra tras dar un golpe de Estado. No se comprende su actitud de no pertenecer a esa casta. Aplaudían también que cortaran el pelo a las maestras de la República que luchaban por desasnar a este país. Tampoco reniegan de ese pasado.

Secas, empingorotadas, soberbias, egoístas, falsas, hipócritas, castradoras, dóciles sin embargo, las mujeres de la carvernícola derecha española son de toda la vida quienes han mantenido las esencias de la involución. Solo se han salvado sus descendientes amamantados por amas de cría. ¿Cómo alguien pudo pensar que se saldrían de la sagrada misión que la vida les ha reservado? Duras, malas, despiadadas, crueles, fieras en la defensa de sus propios intereses, no moverían un dedo ni por su padre moribundo si se apartara del precepto.

Ahí están, aplaudiendo, en pié como ante el Aleluya. Gesto circunspecto el varón triunfador, tan misógino que cabe preguntarse por qué en lo más recóndito de la razón. Amarran la silla de las prebendas un poco más. Un día este país despertará. En un abrupto abandono de tantos sueños de impunidad. Porque la realidad, década tras década, es una foto fija que desde el blanco y negro vira al color en distintas tomas pero muestra la misma caspa. Y llega un momento en el que hay que cambiar de rumbo.

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14 vidas (más) sobre la conciencia

Juan Tortosa: La tragedia de El Carajal y el uso perverso del lenguaje

…. «Basta ya de criminalizar a los inmigrantes.Basta ya de cuchillas en las vallas, de ataques intimidatorios, de pelotas de goma… Basta ya de tragedias. Basta ya de referirse a este problema como “avalancha”, “invasión” o asalto”

Búsquense soluciones, por favor, pero sin una muerte más y sin criminalizarlos,además, con un perverso uso del lenguaje. Cuando un africano muere intentando cruzar la frontera “europea”, algo nuestro muere también. Muere nuestra dignidad, nuestra capacidad de mirar de frente, limpiamente a los ojos a quienes, solo por razones geográficas, porque no tuvieron la “fortuna” de nacer donde nosotros, la vida les trata mucho peor todavía.

La muerte de las catorce personas que soñaban con vivir mejor a este lado de la frontera ceutí de El Tarajal es un crimen de lesa humanidad que contraviene todos los códigos éticos, civiles y yo diría que hasta penales y militares. Porque si no los contravienen, hay que cambiarlos porque esto no puede continuar así. No podemos construir nuestro porvenir sobre los esqueletos de tanto desesperado a los que no solo les negamos una oportunidad sino que, en casos como el de El Tarajal, contemplamos impasibles cómo pierden trágicamente la vida.

Esto no puede ser. No sé qué hacer con mi vergüenza, no sé cómo gestionar esta indignación. De momento aquí quedan estas líneas, con la esperanza de que mis compañeros presuntamente progresistas, al menos ellos, dejen de denominar“avalancha” o “invasión” la lucha de muchos seres humanos por conseguir, a costa incluso de la vida, un futuro mejor».

José Manuel Rambla: Vomito, luego existo

….»Y por eso mismo, estoy convencido de que al trascender la muerte de trece inmigrantes ahogados cuando intentaban entrar en Ceuta, el presidente autonómico de esta ciudad africana, Juan Vivas, meditó profundamente sus palabras antes de asegurar en una entrevista radiofónica que la guardia civil que recibió con material antidisturbios a los potenciales cadáveres “en ningún caso (lo hizo) con intención de hacer daño, ni a los inmigrantes”.

Quiero pensar que Vivas tiene razón. Que los guardias que competían con las fuerzas marroquíes en controlar la situación, en ningún momento pretendían herir a los jóvenes africanos. Al contrario, ellos y sus colegas de la respetable monarquía alauí solo buscaban protegerlos de los elementos disparando para alejar las olas que agotaban sus pocas fuerzas, arremetiendo contra los peñascos que magullaban sus miembros, dispersando las algas que buscaban ahogar su aliento, embistiendo con sus escudos contra los peces y cangrejos que pretendían morder sus delicadas carnes. E imagino la frustración de los miembros de la benemérita al comprobar que sus esfuerzos fueron en vano y no pudieron impedir la muerte de estos trece infelices, o los que aún puedan llegar a la costa acunados por el tétrico ir y venir de las mareas».

Ruth Toledano: La banda del nasciturus

«Vi en la tele a varios tíos de espaldas, con casco y con las patas abiertas, al borde del mar. Miraban, impávidos, cómo braceaban en el agua, casi en la misma orilla, unas personas exhaustas, moribundas. Que los del casco son asesinos lo tendrá que decidir un juez. Como tantas tragedias evidentes. Porque hay que conseguir llevaros ante un juez.

Un juez más, en esta vida nuestra convertida en querella, en este Estado nuestro convertido en un permanente tribunal. Lo que ya sabemos es que no sois buenas personas. Que sois malos. Eso no nos lo tiene que decir ningún juez. Lo vi yo misma. Por la tele, sí. Como tantas otras cosas. Tantas cosas que parece que no son, solo porque a través de una pantalla aparentan irrealidad.

Esa imagen, un mar gris de fondo donde se movían apenas unas manchas negras, un mar gris recortado por las siluetas de esos hombres de espaldas. Me recordó la carpeta de un disco. Alguna de esas fotos inquietantes de las carátulas. Imágenes ficticias. Me puse a llorar viendo las de la tele. Buenista. Decidlo como un insulto. Malistas.

Tíos con casco y las patas abiertas que no mojan sus malvadas botas para socorrer a alguien que boquea desesperado. ¿Qué veíais ante vosotros, guardianes del mal? En aquellas imágenes de la tele no se apreciaban los ojos suplicantes, los hombros desencajados, la crispación de los dedos. Pero a un metro de vuestra maldita mirada, sí: estaban esos ojos, esas lenguas, los lamentos de su desagracia, los sonidos del ahogamiento.

No hay asco suficiente para el que provocáis. Digan lo que digan todas las leyes del mundo, la maldita de Extranjería es misericordiosa en comparación con la de vuestra mano. Diga lo que diga vuestro maldito jefe, Arsenio Fernández de Mesa, director de la Guardia Civil. Con su pelo tan repeinado. Su pelo tan distinto a la maraña de horror de los cadáveres que hay sobre su mesa. Arsenio el mentiroso. El que aseguró que no había habido disparos. El que llama disuasoria a la violencia. El que llama agresivo al que agoniza. Maldito repeinado.

No hay asco suficiente. Diga lo que diga el maldito ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, responsable último de esta desdicha. El ministro meapilas, el ultracatólico que no conoce la compasión. Ojalá, como crees, te vea Dios. Ojalá te castigue, como debieras temer. Así se salve tu alma: como lo que los tuyos llaman salvamento. Tu alma en un mar de oscuridad interior. Vendrás el jueves, maldito ministro, a decir más mentiras que laven tu culpa.

Quiero saber qué dice tu corazón cristiano sobre esos tíos con las patas abiertas en la playa, condenando a la muerte a sus hermanos. ¿O los negros, los pobres, no lo son? ¿Son o no son los miserables hermanos vuestros, guardias de la vileza?

Quiero que respondáis. Quiero saber qué dirían vuestras madres si hubierais sido vosotros los que lloraban en el agua. Quisiera más: saber qué han sentido vuestras madres al ver esa postura, esa inmovilidad, el ángulo abierto de vuestras patas.

Acaso os defiendan, como madres, pero, en lo más profundo de su ser (quizás una profundidad más honda que la orilla del mar de vuestro crimen), se sentirán avergonzadas. Qué tristeza sentimos. Qué rabia. Podéis reíros de nuestra impotencia, malvados. Sonreíd como una infanta en Palma. Soltad a vuestros sicarios en Madrid. Abridle la cabeza a un jubilado en Valladolid. Decid España, España. Decid que amáis España, como esa ridícula Cospedal. Llamadnos demagogos. Detenednos. Obligadnos a arrodillarnos en la acera.

Ponednos contra la pared en Malasaña. Soltad a vuestros esbirros. Sicarios. Fascistas. Asesinos. Si lo concluye un juez, claro, claro. Un juez más. Un juez contra la banda del nasciturus.

Hipócritas lamesotanas, que condenáis a las mujeres por interrumpir su embarazo mientras observáis impávidos cómo alguien se ahoga a vuestro lado. Un negro. Un desheredado. Uno al que Javier Hurtado, el de Nuevas Generaciones, mandaría a la ducha, si no hubiera muerto ahogado. A saber qué ducha. Qué asco. Qué nauseabunda realidad, a este y al otro lado de la pantalla. Sois violentos. Sembráis el terror, banda del nasciturus. Y sonreís como una infanta falsaria».

Incluso invadieron sus ejércitos las playas, incluso volaron las balas, incluso tiñeron el agua de muerte…