Un país de carceleros y censores

Vivo en un país en el que miles, millones de personas optan por el golpe y la mordaza en la resolución de conflictos. O cierran los ojos para no verlo.  Un país de carceleros y censores para castigar a ciudadanos como ellos, más pacíficos, solo por no compartir sus ideas. El aplastamiento como medida de diálogo. La mirada de embudo como norma. Porque no cuela esgrimir la ley como argumento cuando se vive en un país en el que miles, millones de personas, votan corrupto y apoyan corrupto, o siguen mirando para otro lado cuando la corrupción les sube hasta la boca.

Todos los argumentos parecen sobrar ya, todos se han dicho, y cada cuál escoge el que quiere creer. Incluso el que le sirve para justificarse. Solo queda apelar a la razón de los sentimientos y a la razón de los valores. Las heridas abiertas no se van a curar en mucho tiempo, si lo hacen. Brechas profundas que duelen. Tenemos el corazón roto. No como quienes sacan partido del mayor de los quebrantos. Los que “no querían hacer”, pero han hecho. Los que tiran la piedra, esconden la mano, y ponen expresión de correctos. Un dolor que alcanza a todo sufrimiento, a los temores extendidos en una población indefensa que teme al futuro.

La torpeza de la sinrazón. En la economía también. Quienes alientan la marcha de empresas de Catalunya, deberían saber que afecta a España entera. Y que los grandes patriotas de la priorización del dinero se irán a otro país si vienen mal dadas. Quedarán aquí sosteniendo el bastión quienes se muestran incapaces de sacar conclusiones de los hechos que se muestran diáfanos. En una secuencia clara y rotunda.

El artículo 155 aprobado por el Gobierno y consensuado con PSOE y Ciudadanos, ofrece dudas jurídicas suficientes como para ser tenidas en cuenta. Un buen resumen es el de Joaquín Urías, ex-letrado del Tribunal Constitucional, que cuestiona las principales medidas que se prevén.  Considera que la opción adoptada por Rajoy puede ser “una carta blanca para usurpar las competencias de cualquier comunidad autónoma con la que discrepe”. De hecho ya llegan nada sutiles amenazas al País Vasco, por las críticas del presidente Urkullu. A Castilla-La Mancha y a Navarra.

Sumemos la comisión del Senado que concretará las medidas. Con personajes tan ejemplares como Arenas, García Albiol, Imbroda o el propio García-Escudero mentado en los Papeles de Bárcenas y declarante como testigo en la Gürtel.  El Gobierno, además, trata de evitar que las medidas más duras se debatan en el Congreso donde tiene oposición molesta. De acuerdo con el PSOE,  han prescindido en el debate de los presidentes autonómicos.  El ministro portavoz Méndez de Vigo no excluye la aplicación de la violencia para imponer lo acordado, mientras reedita la  Formación del Espíritu Nacional en los colegios.  El de Exteriores, Dastis, tras hacer el ridículo en la BBC, emprende gira internacional para convencer de la versión del Gobierno. El reprobado fiscal del Estado piensa en detener a Puigdemont, y el reprobado ministro de Justicia, dice que ya no basta con convocar elecciones desde Catalunya. El 155 ha partido ya. El esperpento también.

Todo lo secunda el PSOE. Sin su participación no se otorgaría Rajoy poder absolutoen Catalunya. Ahora es un sí a Rajoy, y se apoya  al “no decente”. Hemerotecas llenas de cambios de opinión del secretario general del PSOE para terminar siendo cooperador de medidas tan extremadamente autoritarias, este es el punto que más chirría. El PSOE tiene una responsabilidad histórica en los hechos, y algunos socialistas se lo plantean. Inés Arrimadas, de Ciudadanos entretanto, se postula para presidenta de un Gobierno de concentración por el artículo duodeno, en este caso.

El bloque del 155 cuenta con el apoyo de Europa. La UE que mantiene a Grecia sometida y expoliada por los ominosos sucesos de 2015, cómo va a aplaudir que se abra el melón de las independencias. Con Antonio Tajani a quien se trajeron para recibir el inmerecido Premio Princesa de Asturias de la Concordia a esa UE que deja morir a cientos de refugiados, y para politizar el acto. El cofundador de Forza Italia con Berlusconi sabe de cambiar y usar las leyes, no cabe duda.

Y los medios.  Gonzalo Boye explicaba que la toma de la radio y televisión catalanas solo responde al autoritarismo de Rajoy, no figura en el artículo 155. La toma de las comunicaciones figura en otros manuales, de hecho. Y es una pura obscenidad que los autores de la descomposición de RTVE argumenten que, en sus manos, darán rigor y veracidad a los medios públicos catalanes.

Silencio de las asociaciones de la prensa, de múltiples periodistas que muestran sus retratos completos en las galerías de este desastre, con sus comprensiones y parabienes. Las heridas, insisto, no se curarán en mucho tiempo, puede que nunca.  Y, a la par, las pirañas mediáticas haciendo caja con sus más vomitivos montajes y obsesiones. Vivo en un país en el que decenas, cientos, de ciudadanos se las tragan y las expanden en memes.

Solo la somera enumeración de estos hechos fundamentales da idea de qué se está dilucidando en España. Cuáles son los peligros, cuál la relación entre este recorte de derechos y libertades y las deficiencias que nos atenazan. Corrupción y gestión de abusos. La Fiscalía en sus conclusiones asegura que Gürtel creó “un sistema” para delinquir con ayuda de cargos del PP. Y no pasa nada.  La luz dispara su precio y logra en el inicio de semana el récord del año. A pagar por ricos y pobres. Y la economía “va tan bien” que llegan generaciones perdidas, con pensiones mermadas y trabajos precarios, como explicaba Joaquín Estefanía. Todo cabe bajo la bandera. Todo compensa si se castiga al catalán. Hasta por decir “adeu” y no adiós, exponiendo el torpe y reducido mundo de su ignorancia.

Negros nubarrones en el futuro. Como escribía Suso de ToroEl Estado guiado por el partido de Rajoy y sus dos partidos lacayos. Con un penetrante olor a franquismo, a inmoralidad, a intereses espurios. Todos en el mismo barco, con el Rey que -a diferencia del  jefe del Estado portugués, electo, por ejemplo-, poco parece tener de cercano, dialogante y solidario.  La izquierda tiene reservado el derecho de admisión. Cualquier discrepancia, por el camino que vamos.

Blanes, Girona
Blanes, Girona

“Y si te toca llorar, es mejor frente al mar” cantaba Joan Manuel Serrat en uno de los cortes de su mítico álbum Mediterráneo, de 1971. Inmenso manto de calma para una zozobra que se extiende sin ver el límite. En un montículo de Blanes, Girona, ondea una señera. Algunos ciudadanos suben a mirar más alto. No sé si logran el objetivo. Vivo en un país en el que miles, millones de personas,  prefieren ser utilizados y optan por quienes les quitan el futuro a sus hijos, una vida digna en medios o sus pensiones. Claro que también vivo en un país en el que miles, millones de personas, no valoran seriamente la democracia. Ese lastre secular con el que cargan los demócratas españoles.

El egoísmo como motor de vida se ha exacerbado estos días de incertidumbres y miedos. Vivo en un país con miles, millones de egoísmos unidos por esa bandera de patria. Aunque tantos lo hayan olvidado, aquella canción de Serrat concluía con la sentencia más certera: “ Los muertos están en cautiverio y no nos dejan salir del cementerio”.

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Un salto al vacío en otro tiempo y lugar

“Rajoy y Pedro Sánchez pactan que las elecciones en Catalunya sean en enero”.  Un titular impactante -no inesperado- que mostraba en toda su crudeza la realidad: los partidos de un bipartidismo que nunca triunfó  en Catalunya deciden convocar elecciones, en la mejor demostración de una anomalía que no se resuelve por la fuerza. No en tiempos de cordura.

Luego han venido los desmentidos paternalistas del PP, hay acuerdo pero el PSOE se ha ido de la lengua, no tocaba contarlo. Mejor este sábado. Ha sido la exministra del PSOE Carmen Calvo en un periplo de entrevistas. Hablando de un acuerdo entre Rajoy y Sánchez. Ciudadanos ha salido a corroborar que no tocaba y que también están en el ajo. Nivel política española. De todas las españas.

“Me parece que estoy en otro tiempo”, me dijo una chica muy joven y con honda expresión de tristeza en la plaza de la iglesia de Lloret de Mar, Girona. Un pueblo volcado en el turismo, sin más. Y, aún así, velas encendidas y doblar de campanas para pedir la libertad de dos líderes independentistas recién ingresados en la cárcel, acusados de sedicion. Hay muchos otros vecinos que “piensan primero en su casa, su familia y sus vidas”, explican. Y en otros muchos pueblos y ciudades, de Catalunya y del resto de España. Como si esto no fuera con su casa, su familia y sus vidas.

La confrontación ha ido demasiado lejos y se advierten peligrosos signos de un deterioro grave de la convivencia democrática. Personalmente, me sobran las fronteras y si las hay no me detienen,  pero aquí estamos hablando de justicia, de derechos, y de intereses. Volvamos al comienzo: algo anormal ocurre cuando deciden en una comunidad partidos que no ostentan ni de lejos la mayoría.

Lo peor es todo lo que se está llevando la guerra contra el enemigo común. Y todo lo que está trayendo. El enemigo común por supuesto es Catalunya, todos los catalanes, menos algunos tolerados por su españolidad. Y en la guerra todo vale, desde faltar a la verdad a obviar los graves desajuste que siguen su curso tapados por las crónicas de la gesta. La corrupción, la Gürtel, el nuevo récord en pobreza infantil, el aumento de los desahucios. Todo queda amparado y justificado por la contienda.

La mano dura, como sed de violencia. La exaltación del nacionalismo de fachada. Educacion inicia el programa escolar de adoctrinamiento en bandera, himno y defensa de España, nos dicen. Ojalá fuera en decencia, respeto, cultura y lucha por el bien común. La normalización de la ultraderecha, con múltiples evidencias ya. Este viernes TVE daba dos días más tarde la noticia del acoso ultra a la vicepresidenta de la Generalitat valenciana Mónica Oltra justificando el porqué a modo de portavoces: “la acusan de apoyar el independentismo”. Dos días más tarde para poder equiparar este ataque de extrema derecha a las protestas recibidas por el líder popular García Albiol.  Los bandos están marcados y encendidos. Las heridas que esta sin razón deja hasta en familias y amigos ni siquiera se han tenido en cuenta.

Todos nos hemos dicho todo ya acerca de cómo se cambian las leyes en el tiempo de tomarse un café o es imposible cambiar las leyes, de la legalidad o ilegalidad de distintas acciones emprendidas por ambas partes, lo que queda son las pasiones y los intereses.

En el fondo, vuelvo a insistir, desde el lado prioritariamente españolista, “constitucionalistas” según su autodefinición, régimen del 78 atrincherado para entendernos, se trata de mantener su hegemonía, quizás su supervivencia. La gran prueba es el papel del PSOE en este conflicto y sus prolegómenos.

El multipolar Pedro Sánchez, que tantas caras ha venido ofreciendo, ahora está en modo hombre de Estado firmando acuerdos con Rajoy de la envergadura de aplicar el 155. Se atreve a convocar elecciones en una comunidad donde tiene un papel menguado y menguante como el del PP. Y abre la posibilidad, según su negociadora Carmen Calvo, a controlar instrumentos de la autonomía catalana: los Mossos o TV3 para abrir boca. Se dice pronto. Y aún se felicitan con aquello de “menos mal que estábamos allí, si no hubiera sido por nosotros”…

Igual que el empecinamiento, sobre todo en ese sector, de afirmar con vehemencia que los independentistas encarcelados son solo políticos presos. Son políticos presos por hacer cosas de políticos, sáquese la deducción lógica. Amnistía Internacional ha pedido su liberación. Y no lo hizo  por los corruptos  de Islandia. Lo mismo que meter en un saco a todos los independentistas, todos no son autores de vídeos rocambolescos.

El PSOE sabe que cuenta con la fidelidad de antiguos soportes que creen seguir viviendo de los réditos del 82, hoy dilapidados, y que aún citan artículos o editoriales de El País como valor de referencia. “La Prensa Libre acorralada”, tocaba difundir este viernes, en inglés, desde el propio rotativo de PRISA.

El problema es cómo van a repartirse entre PP, PSOE y Ciudadanos ese voto conservador poco escrupuloso, según estamos viendo ahora mismo, con irregularidades tan serias como la corrupción, el autoritarismo, la promoción de las desigualdades, la bajada a mínimos históricos del gasto en educación y sanidad en España que acaba de presentar Montoro y todas sus consecuencias. Cuesta creer que un partido nominalmente de izquierda haya unido sus destinos a ese paquete.

Es evidente que unas elecciones en medio de esta crispación pueden dar resultados totalmente alterados. Los autores del acuerdo parecen confiar en que sus posturas en este caso les favorecerán. Es lo que importa. Difícilmente en Catalunya, sin embargo. Salvo que sucumban a la tentación, ya enunciada, de prohibir programas independentistas. Sería otro desbarre.

Este compacto grupo se encuentra tan lejos de la realidad como para montar un festejo de alto copete en Asturias y dar (entre premios muy merecidos) el de la Concordia a la Unión Europea. Una UE en sus peores días por el trato a los refugiados y por el aumento de la ultraderecha xenófoba. El rey Felipe VI ha aprovechado la ocasión para apoyar tacitamente la aplicación del 155. Igual que el presidente del Parlamento Europeo que recogió el premio, Antonio Tajani, cofundador con Berlusconi Forza Italia. Su  vibrante discurso político puso al auditorio y autoridades en pie.

“Por qué este deseo de humillar y machacar si tanto nos quieren retener”. Esta es pregunta fija por Catalunya. Y el recuerdo de los aciagos días del franquismo. La chica que creía estar viviendo en otro tiempo es quien puede estar dando la clave. No es necesariamente del pasado, sino de un tiempo que se abre en el que todo sirve y cualquier valor se pone en entredicho y en subasta. Ni es solo de Catalunya de quien hablamos.

 

EspañaLand

Son días de fuego. De distinta estructura y la misma huella devastadora. Apenas amainan, hasta la próxima ocasión, los que encendieron Galicia y Asturias al unisono. Las llamas como amenaza incontrolable. El humo, el penetrante olor a quemado, en tristeza que anega los pulmones. La tierra quemada como balance. Es la vida real, una parte de la vida real de esta España que se basta a sí misma para definirse, o para aportar datos que la concreten.

Las redes sociales también “arden”, siempre lo hacen en el decir de los ajenos. Y las calles y los teléfonos y los inefables e infalibles en lo suyo WhatsApp. Buscando culpables. Los hay. Prevención y medios no pueden escasear ante problemas de tan graves consecuencias. La reforma de la Ley de Montes igual no influye directamente pero no se cambió con la mejor de las intenciones sociales. Pero luego la imaginación se desata. Brigadas en moto prendiendo árboles con combustible y cerillas. ¿Será un sabotaje? ¿Un atentado? Hay quienes han especulado incluso con yihadistas recorriendo las escarpadas vías del norte para encender fuegos en lugares estratégicos. La impotencia produce monstruos.

Donde sí campan los pirómanos es en la España que mira a Catalunya. La que la mira mal. La que no la traga. Déjenme que comience con las reacciones del populacho que también “arde” enardecido presentando armas allí donde se requiera su opinión. Hasta algunas pizzas de Mercadona sufren condena por estar elaboradas en Catalunya. Gentes que no han movido ni el meñique de un pie por defender sus derechos propios, los de sus hijos, los de sus conciudadanos, se dejarían la vida por castigar al osado rebelde al que hace tanto le tienen ganas.

El palco huele la sangre y en particular los aplausos que se traduzcan en votos. Y así, en la larga senda de la confrontación, la Audiencia Nacional actúa contra los líderes independentistas de ANC y Òmnium, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart  y los manda a prisión incondicional sin fianza. Acusados de un delito de sedición. Y en el número y día que se comentó en los corrillos de la recepción en el Palacio Real el día 12. Lean el artículo de la abogada Isabel Elbal para calibrar en qué ámbito de excepcionalidad se está moviendo la justicia. Y reparen en los medios.  “Encarcelados los promotores de la revuelta separatista en Catalunya” sentencia -tal cual- El País entre otros. La calificación de “presuntos” ha quedado para las tropelías financieras de los notables.

El ingreso en prisión a los líderes independentistas ha producido un  impacto demoledor. En la sociedad catalana que lo manifiesta con estupor, paros y caceroladas. El Ayuntamiento de Barcelona ha suspendido dos días la actividad institucional en señal de protesta. Todos los partidos, salvo PP y Ciudadanos, lo han condenado. Incluso el PSC de Miquel Iceta que parece ignorar las consecuencias de apoyar la estrategia del PP. Albert Rivera actúa de gendarme  y exige  al PSOE de Pedro Sánchez retirar esa condena. Sánchez sigue decidido a colaborar con Rajoy.  Hasta ha liberado sine die a Soraya Sáenz de Santamaría  de pedir su reprobación. “No tendrán más remedio” que restar libertades a los catalanes. El fantasma de José Bono delira en los platós.

Se mueren por aplicar el 155, como mínimo. Hemos entrado ya en la subasta y reparto. Hasta de terrenos y empresas. Un ser como García Albiol que el PP ha puesto para representarle en Catalunya se ha pedido la educación -un puro oxímoron- y los Mossos. Albert Rivera e Inés Arrimadas quieren la presidencia. Elecciones, elecciones, repiten en su recorrido por los medios. Él anda en dura competencia y se le arruga el gesto, la ambición gélida de Arrimadas le supera. Toda esa derecha está  por ilegalizar ideas independentistas. Las elecciones quedarían adhoc.

Y así Mariano Rajoy recupera el Imperio y se dispone a colocar un virrey en Catalunya. Contaba el periodista de La Vanguardia Enric Juliana que Rajoy está desbordado por la derecha -quién lo diría- por Ciudadanos, Vox, “la prensa capitalina y algunos canales de televisión”. Las gradas, enardecidas, piden cabezas, concluye. No olvidemos a los empresarios, al dinero, añado. Y qué mejor forma de tomar drásticas decisiones de gobierno que con la concreta inspiración de esas camarillas. De los aristócratas de la oclocracia.

Lo que más desazón produce, si cabe, es lo que suelta mucha gente por su boca y su tecla. La obtusa ceguera con la que enfrentan estos aniquiladores fuegos que nos cercan, agitando rencores e intolerancia en niebla densa hasta no ver más allá de un palmo. Ni una bandera ha salido a ventanas y balcones para condenar los recortes, el exilio de los jóvenes, la precariedad inducida de miles de personas, las leyes mordazas, el recorte de libertades. Sometan al orgulloso catalán y coman del placer de verlo y ahorren para la pensión, que les hará falta

En otros tiempos, los intelectuales españoles hicieron una labor crítica a los desajustes de España que nos lastran.  Desde los escritores del Siglo de Oro a los regeneracionistas que no eran precisamente de izquierdas. Ahora, muchos de los cronistas oficiales son los principales valedores del Gobierno que ha propiciado nuevos deficiencias  y que enfrenta los diversos incendios con bidones de gasolina. Crean opinión, la refuerzan. El vaso medio lleno de quienes lo tienen a rebosar de privilegios, el vaso medio vacío de quien repara en los recipientes casi secos de los abandonados.

Despliegan sus ingenios para influir decisiones y caldear a la grada. La Cup y sus mariachis españoles y extranjeros, dicen. Sí, porque lo más templados admiten que la violencia policial el 1 de Octubre hizo mucho daño al gobierno de España y que Catalunya “gana la batalla de la imagen”. Veremos qué sensación causa la detención de líderes políticos como en Turquía. Rufian y Tardá, dúo de caricatos, continúan. Son los que “junto a Puigdemont y Junqueras, Forcadell y Anna Gabriel (en pareado), Romeva y Turull y Mas “despiertan un nacionalismo peligroso que llevaba  décadas adormecido”. Allí, impune, en su letargo consentido. No es nacionalismo, es otra cosa. Algunos de ellos son los mismos que no encuentran espacio en sus columnas para hablar del despido por censura de compañeros su periódico.

Nos explican, suscitando entusiasmos, que vivimos en una de esas “democracias ajenas al totalitarismo”. Pueden contárselo a Hungría y Polonia, con gobiernos de ultraderecha. A la Austria en la que un joven conservador de solo 31 años optará, seguramente, por la extrema derecha para formar gobierno. A la Italia de Matteo Renzi, otro moderado izquierdista de centro que ha preparado una reforma electoral a pachas con Berlusconi para que no gane el Movimiento 5 estrellas como pronostican las encuestas. Una pura filigrana. Prevén alianza y si tampoco les llegan los votos no harán ascos tampoco a alianzas hasta con los neofascistas. Algunos columnistas deberían leer su propio periódico. Las noticias.

Vean este  mapa del ascenso de la ultraderecha en Europa y sigan creyendo que vivimos en “democracias ajenas al totalitarismo”, y que hasta en Budapest o Florencia el dúo cómico catalán con la CUP y sus mariachis son quienes han despertado eso que no se atreven a llamar fascismo.  Fascismo banal lo califica con datos en El Periódico Martínez-Celorrio. Los ultraderechistas que en un 80% votan al PP.  O a todos aquellos embestidores que hacen subir al Ciudadanos más radical en las encuestas.

¡Ay¡, esta España tan estupenda. Cómo podemos quejarnos de su generosidad cuando elige “ una película hablada en catalán para representar a España en los Oscar”.  La España que intenta apagar el brillo del círculo cromático bajo el rojo y el gualda. La que esconde bajo las banderas la vida real. Esa vida real que arde y sufre y lucha, se esfuerza y goza. Como en la película de Hollywood que evocamos en los títulos: La España que pudo ser –la que llegamos a ver y nos encandiló- y no es.

*Publicado en eldiarioes

El Régimen del 78 se atrinchera

Sobre el escenario, el Régimen del 78. Protagonistas vivos, herederos, periodistas y estrellas. Parada militar para conmemorar la Fiesta Nacional de España. 12 de Octubre. Día de la Hispanidad. Aniversario del Descubrimiento de América. El Rey aparece durante el desfile con rostro serio, ofendido, enfadado incluso, y así seguirá –según muestran las fotos- en la recepción en el Palacio Real. No ha faltado más que la muerte de un joven piloto que acabó estrellado con el Eurofighter con el que participó en el desfile. Su mujer contemplando la tragedia. Rajoy y Cospedal se van al lugar del accidente. No sin antes pasar por el besamanos o saludo personalizado. Rajoy con el dedo inhiesto que ahora usa mucho. De autoridad.

La Reina Letizia luce “un estilismo de los años 50”, muy apropiado al momento que vivimos. Compartido por otras principales como Cospedal. El de la Reina es de tweed, o sea, lana. Con 30 grados a la sombra en Madrid. Soraya Sáenz de Santamaría, “la supervicepresidenta”, “con esa melena juvenil que le sienta maravillosamente”, dicen las crónicas. Otras, le ven parecido con Jackie Kennedy, los 50 de nuevo. Cifuentes abandona el paraguas con la bandera de España del año pasado para, dado que no llueve, usar una cartera de mano también rojigualda. En cambio, Manuela Carmena, “vestida siempre de ama de llaves de un stately home[casa señorial] a lo Downton Abbey, no lució esa sonrisa que muchos dicen “de barracuda”, continúan las plumas palaciegas.

Estaban todos. En un evento que parecía haberse convertido en acto de desagravio al rey por querer partir España, la España de todos ellos preferentemente. Casi un pleno de presidentes autonómicos. Hubo llamadas para que nadie que importa faltara. No acudió Puigdemont, claro, pero este año ni se reseñó la ausencia presidencial catalana. Felipe González con gafas de sol. Guerra con la mandíbula apretada. Pedro Sánchez entra con José Luis Rodríguez Zapatero. Se han reconciliado. Sánchez se ha reconciliado hasta con Mariano Rajoy. Ha explicado en distintas entrevistas que “ha normalizado” mucho su relación con Rajoy. “Aquí estamos, echando una mano al presidente del Gobierno”.

Este muchacho que cada poco dice una cosa, iba a pedir la dimisión de Rajoy como primera medida al volver a la secretaría general del PSOE, ahora ha descubierto las bondades del líder del PP que deben ser muchas y ocultas dado el magnetismo que produce sobre los notables del país. Mientras el alcalde Valladolid por el PSOE echa abajo una calle dedicada a la premio Nobel de la Paz guatemalteca Rigoberta Menchú por haber criticado la represión policial en Barcelona.

Nos relatan que Sánchez camina entre admiraciones del selecto grupo reunido en el Palacio Real.  Ha destronado a Susana Díaz que el año pasado era quien acaparaba los focos. Ahora ya sabe el personal que también tiene “un gran sentido de Estado” al apoyar a Rajoy. Borrell recibe múltiples parabienes, tras su aparición estelar en la Plaza Urquinaona, con García Albiol y Vargas Llosa, defendiendo la unidad de España ante el reto separatista catalán.

Políticos como Trillo o Gallardón, hasta Aguirre estaba. El clero, el Cardenal Rouco Varela a quien Felipe VI le dedicó un especial saludo. Todo el plantel de periodistas conservadores. Lo más relumbrún de la nobleza y los empresarios. 1.500 personas que cuentan. Bipartidismo con un soporte por la derecha, si cabe más a la derecha. Con Albert Rivera que ya actúa de tercer partido en los medios, aunque no lo sea. Con Arrimadas en Barcelona. “Una mujer-bandera, una política-bandera”. “Inés, como María Pineda, tiene empaque de heroína lorquiana y está dispuesta a bordar su vida en la bandera de la Constitución”, leo. Ese rigor, esa implacable dureza gélida, esa insistencia en las elecciones. Todos ellos. Elecciones ya en Catalunya que viene el voto de cara. O no. Se ilegaliza algún partido independentista, por si acaso.  O se pasa. Ya vuelve a hablarse de un Gobierno de concentración con presidente que guste a las élites.

El sol brillaba inmisericorde este 12 de octubre. Un calor exagerado para la época. Parecía reflejarse en las banderas rojigualdas de ventanas y balcones. Más que nunca. Igual que los asistentes al desfile. Más que nunca. Un clamor por la unidad de España, siguen relatando las crónicas palaciegas. La afición a tomar la parte por el todo cuando conviene. Y al mismo tiempo en los medios el relato de la prosperidad presunta, las playas a rebosar, ocupación hotelera al completo. Un clamor en la arena. Todo felicidad. La mayoría silenciosa se reparte donde interese para la imagen. Ésa que unos perversos les quieren aguar.

En la recepción, nos dicen, faltaban Pablo Iglesias y Ada Colau. Pero, añaden, que de alguna manera sí estaban. En las lenguas de la refinada recepción, para despellejarles. ¿No hubo un periodista de la troupe que mandó en su día a la alcaldesa de Barcelona a fregar? Iglesias haría buen papel de mozo de caballerizas. Irene Montero, sin duda de asistenta de la vicepresidenta. Incluso puede contar con el asesoramiento del ama de llaves de casa bien, la magistrada Manuela Carmena. El Régimen del 78 no tolera advenedizos. Aunque nos tenga España hecha un exprimidor de servicios fundamentales que para algunos parecen valer menos que las banderas. Con los ultras desmandados.”Puigdemont, a prisión, Trapero, traidor” y loas a los Reyes Católicos, en Barcelona este 12 de Octubre. Y en este exquisito régimen de libertades, de renovados entendimientos bipartidistas,La mala reputación de George Brassens apenas sin mentarse en las redes por primera vez en décadas. Cualquiera se atreve.

Pero se les van abriendo brechas importantes. El Consejo de Europa se une a las condenas por la violencia policial desplegada por el Gobierno de Rajoy el 1 de Octubre en Barcelona. Algunos medios extranjeros no entienden que ni siquiera haya pedido disculpas, si es que eso resolviera algo.  Como muestra este editorial del británico The Guardian.

Y un mal paso inesperado que ha abierto muchos ojos. El despido del periodista y escritor John Carlin de El País por un artículo publicado en The Times, crítico con el Gobierno y el Rey y titulado “Independencia de Catalunya:  la arrogancia de Madrid  explica este caos”. En este casino, se juega. En España, hay medios que mienten y manipulan. Y censuran. No este, ya les dije. El País, prescindiendo de Carlin, ha hecho ver a periodistas e intelectuales foráneos más que cientos de artículos de denuncia pormenorizados. Incluso reparan en los que callan y otorgan entre sus compañeros. Al menos hasta el próximo despido.

El bipartidismo atrincherado. El que también llenó plazas para ser rechazado y decir con contundencia: no nos representan. Ya no es ni siquiera “la casta”, quizás es la Corte. Y esa vuelta a los 50´ de mano dura, punto en boca, racionamientos de libertades, marcadas clases sociales. Y el paso atrás como norma. La televisión encendida sin sonido, con personajes que actúan, gestos, movimientos, oropeles desplegados en el escenario político. Y, fuera, 46,5 millones de habitantes (repartan mayorías silenciosas y clamores). Con aspiraciones legítimas y derechos que desde las torres de marfil ni se intuyen.

 

Una profunda desigualdad de fuerzas

“Pido que Catalunya se convierta en un estado independiente en forma de república y que el Parlament suspenda los efectos de la declaración de independencia y se abra un dialogo y una negociación”. De esta forma Carles Puigdemont despejaba la incógnita que ha tenido pendiente a España y a medio mundo a través de numerosos medios de comunicación extranjeros que retransmitían la sesión en directo.  Largo suspense, en el que Puigdemont ha aprovechado para dar su versión al exterior -quizás también al interior si se le ha escuchado- de las vicisitudes del largo proceso.

Punto culminante -para Puigdemont y para todo conocedor- el Estatut de autonomía aprobado, siguiendo los mandatos de la Constitución, por una mayoría del 88% en el año 2005. Cómo vieron recortado su contenido por sentencia del Tribunal Constitucional, “compuesto por magistrados de los dos grandes partidos”, atendiendo al recurso del PP.  “Un texto irreconocible, doblemente recortado y no ratificado por los catalanes. Una humillación”. Ésa es la explicación dada para emprender el nuevo camino.

Puigdemont ha planteado, después, lo que se conoce mucho más, el 1-O: “Es la primera vez que en la Unión Europea se desarrolla una jornada electoral con la policía golpeando a los votantes”. Heridos, urnas rotas, violaciones de correspondencia, incautaciones, detenciones, ataques informáticos, no impidieron el voto, describía. Y ha recordado las graves penas que pesan sobre políticos catalanes por haber participado en el proceso. Ha apelado continuamente a la serenidad, al respeto, a tener en cuenta las opiniones de todos. “La Constitución es un marco democrático pero hay democracia fuera de la Constitución”, ha resaltado. Eso sí, optar por la moderación que le aconsejaban, ha producido decepción en quienes esperaban una declaración de independencia nítida. Es probable una crisis de gobierno.

La CUP, su socio de gobierno, no ha aplaudido. Y ha expresado su malestar.

Llegado al punto en el que nos encontrábamos, el Govern no podía hacer ya otra cosa que declarar algún tipo de independencia acorde con los planes que se derivaban del referéndum. No se iba a librar de seguir recibiendo el castigo implacable que se le había prescrito. El mayor error de Puigdemont y su equipo ha sido no calcular en toda su dimensión a quien se enfrentaban. Su petición de divorcio -ilegal, dicen, y así será-  ha sido penada ya con violencia y sanción económica, con advertencias de manual: Nos van a obligar a lo que no queremos hacer, no tendré más remedio, casi un me duele más a mí que a ti. España dijo no al derecho a decidir y siempre fue no. Con la ley en la mano, con la misma que tantas veces se pervierte en esta España con instituciones deterioradas por la corrupción.  Las heridas abiertas son traumáticas y lo peor es lo que queda por venir. ¿Qué país puede vivir así?

De momento, el Constitucional anulará este miércoles la declaración del Govern. Y seguirá el pulso. Es posible que, aunque no se declare la independencia plenamente, se le aplique el artículo 155 de la Constitución, interviniendo las instituciones catalanas.  El PP anuncia que tiene “medidas más elaboradas”. Otro artículo que acarician el gobierno y sus socios es el 116 previsto para acallar la contestación social a las restricciones anteriores y que regula los estados de alarma, excepción y sitio, en gradación ascendente de recorte de libertades civiles. El PSOE no prohibirá aplicar el 155, como ha pedido En Comú Podem en el Congreso.

El escenario a día de hoy es desolador, preocupante. Sobre todo por lo que ha aflorado esta crisis. Nunca se ha visto a más infractores enarbolar el Estado de Derecho.  Se ha hablado de legalidad no para resolver sino para herir. Hasta la ultraderecha, desplegada por distintas ciudades sin cortapisas, utiliza como argumento la Democracia.  Políticos y voces relevantes pidiendo palo duro y humillación. A Albert Rivera le falta clamar para que se aplique a la Catalunya que representa un recorte de derechos. A los del PP ni siquiera les basta. La amenaza de Pablo Casado a Puigdemont con el destino de Companys, el President que proclamó el Estado Catalán dentro de la República Federal española y que acabaría fusilado por el franquismo, fue sin duda fruto de la escasa preparación de sus discursos pero no oculta que exigía pena máxima. Algunos colegas del PP lo han refrendado.

El intento del Govern de independizarse de España ha despertado –ya no paran de confirmarlo- “el toro español” también llamado “la bestia dormida”. Ésa que tiene un inequívoco, pestilente y dañino olor a franquismo, siquiera a la vieja intolerancia autoritaria de tan amargo recuerdo en nuestra tierra. Hemos visto estos días a personas  arrancando de las manos a un vecino un cartel que pedía diálogo. Rasgar y descolgar otro cartel desplegado en el Ayuntamiento de Barcelona que solo decía, en catalán: Más democracia. Un odio furibundo. Como los distintos apaleamientos, oficiales y privados, saldados con notoria desproporción. Niños a quienes se enseña a gritar: “Puigdemont al paredón”, niños  que están precisando terapia en el colegio para entender por qué la policía les destrozó las instalaciones. No todos los catalanes sabían de la xenofobia que despiertan en la parte más fanática de los españoles.  Hoy su intento de ruptura los ha aglutinado.

Hemos visto a periodistas volcados, no en informar o analizar, sino en la defensa del bloque que se llama a sí mismo constitucionalista por más que -siempre lo digo-, no armó revuelo alguno cuando se cambió la Carta Magna en perjuicio de los ciudadanos. Algunos de estos ciudadanos se han llevado muchas sorpresas al oírles a cara descubierta, porque es cierto que han sido días –y serán- de retratarse sin afeites.

Incluso la manifestación españolista del domingo en Barcelona fue saludada sin apenas reflexión crítica. Los catalanes por la unidad de España, que nunca estuvieron silenciosos, venían de Cataluña y de distintos lugares de España, por avión, tren, coche o autobús. En el escenario imágenes imposibles de un líder xenófobo como García Albiol, un premio Nobel de Literatura  -que no precisamente de la paz, como dijo en su arrebolado posicionamiento TVE- y un intelectual serio como Josep Borrell, con un marcado anti-independentismo. Su intervención “ganó” el acto, nos dijeron, aunque no mencionara la represión policial.  Son tiempos de definirse y todo ha quedado muy nítido.

Los ultraderechistas de la Plaza Urquinaona, y de muchas otras plazas de España, no son unos jóvenes haciendo chiquilladas. Es mucho más serio. El silencio de los notables asusta y mucho. Hay quien comenta que habla en voz baja, no se vaya a molestar a alguien. Para algunos es como volver a la infancia, cuando las paredes oían.

Unida o desunida la España que queremos, la que no olvida sus derechos de todos los días, el futuro de sus hijos y de los hijos de todos los demás, se aleja envuelta en una pura involución. Avalando huesos duros de roer. No es posible que se sienta un triunfo humillar a un pueblo por el error o no error de sus dirigentes. Asfixiarle económicamente aunque ellos en primer lugar y toda España se resientan. Ver con indiferencia o gozo el reparto del pastel empresarial, siquiera sea nominalmente. Es un embestir que no comprende la gente cabal, el toro que despertó, dicen. La comunidad internacional está preocupada y con razón. Pudo hacerse de otra manera y no se hizo. Todavía hay tiempo ¿Se hará? Detrás de Catalunya, irían varios otros territorios y los poderes establecidos lo consideran un problema. Que no desaparece por la fuerza.

“No somos delincuentes, no estamos locos, no somos golpistas, ni abducidos, somos gente normal que pide poder votar. La relación con el resto del Estado no funciona y nada se ha hecho para revertir una situación que es insostenible”, ha dicho Puigdemont en esta sesión histórica.

Catalunya pide diálogo para irse o quedarse. Pero los daños son irreversibles, al menos si siguen al frente cuantos han ocasionado el desastre. De todos los partidos y fuerzas implicados. Todos los implicados. Una sociedad juiciosa lo demandaría. Y reflexionaría a conciencia sobre lo sucedido y lo que queda por llegar si no se impone la cordura.

 
 

La unidad de España no es el principal problema

Imaginen la escena: la organización ultraderechista y ultracatólica “Hazte oír” monta una perfomance, dice, en las inmediaciones de La Moncloa, sede del Gobierno español, con personas vestidas de gallinas repartiendo huevos. La escena quería llamar gallina, cobarde, al ejecutivo de Rajoy por no aplicar ya el artículo 155 de la Constitución a Catalunya. Lo ha explicado una redactora de la web vinculada a “Hazte Oír”, autorizada al selectivo uso de la palabra en la rueda de prensa del Consejo de Ministros. El portavoz, Íñigo Méndez de Vigo y Montojo, Barón de España, ha aprovechado la pregunta para explicar algunos postulados del Gobierno. España. Cuarta potencia europea. Año 2017. Siglo XXI. Ahora ya podemos empezar a analizar el momento que vive nuestro país.

Como en los oráculos de Delfos de la Grecia antigua, el gobierno suelta frases para ser interpretadas. Sugiere, por primera vez, “ sellar la fractura en el Parlament”, siempre que se renuncie a la declaración unilateral de independencia. Al presidente Puigdemont también le piden repensar la decisión miembros de su partido, de la antigua Convergencia que, como Artur Mas, nunca fue independentista. En este escenario ya puede ocurrir cualquier cosa. Solo que las graves heridas en la convivencia son reales. Las amenazas pendientes también. Y ha emergido una vieja España, muy preocupante, que hoy ha sido autorizada a sentarse con los periodistas y repartir huevos en los aledaños del palacio presidencial llamando “gallina” al Gobierno.

El delegado del gobierno en Aragón ya le había puesto nombre al movimiento: “Los sediciosos han despertado al toro español”, ha dicho. Según este político del PP, el toro “representa las esencias de un pueblo forjado durante siglos en el crisol de la historia”. El crisol no suele aglutinar historia, sino razas o culturas, pero ese toro español va de todo lo contrario. Los ultras que acorralaron impunemente a varios cargos electos hace unas fechas en Zaragoza, han logrado ahora, al parecer, una nueva victoria con una campaña masiva para que Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, no fuera a recoger este sábado una medalla concedida por el Ayuntamiento. Lo último que se ha dicho es que no aparecerá en público.  Solamente por su procedencia e ideología tan contraria a la de ellos. Si esto sigue, es de temer dónde acabaremos.

El anticatalanismo está adquiriendo caracteres de xenofobia sin paliativos. A todo un pueblo. Lo detestan pero lo quieren rendido y atado. Estamos en el siglo XXI y no lo parece. Con políticos que llaman a obispos de mediadores, como hicieron PP y ERC. Ellos, con más criterio, rechazaron la oferta.

El lunes, cuando mayor era la tensión, llegó Felipe VI. Su discurso fue implacable, no dejó el menor resquicio al diálogo. Los sectores más conservadores de la política española le dieron un cerrado aplauso. Si la pareja real pasea estilismos por el mundo, incluso en la pérfida Albión, Felipe VI lanzó un mensaje ante el conflicto que ningún otro monarca europeo hubiera hecho y menos tan afín a los postulados del Gobierno. Con las diferencias de matiz en los casos que se quiera, la Reina Isabel II se declaró y mantuvo neutral en el referéndum para la salida de Escocia del Reino Unido. Londres pidió su intervención y se reafirmó en que era “un asunto del pueblo escocés”. Isabel II se comportó de igual forma con el referéndum para el Brexit que, aprobado, refrendaría con su firma. El simbolismo de Felipe de Borbón al colocar detrás y con bastón de mando a Carlos III -que prohibió que se enseñara catalán en las escuelas y la edición de libros en catalán- le retrató a él. Imágenes nada favorecedoras, en resumen. Carlos III fue un monarca que nació hace 300 años. Así de lejos estaba ya el nacionalismo catalán como conflicto.

Las llamadas al diálogo son ya apremiantes. El influyente semanario británico The Economist, otra de las grandes “biblias neoliberales” conmina a Rajoy a negociar en un durísimo editorial, con conocimiento de causa. Reclama un acuerdo que incluya un referéndum de independencia con todas las garantías. El presidente español “no está impidiendo la ruptura de España, sino acelerándola”, dice The Economist.

A Catalunya le están haciendo ya un Brexit fulminante y sin negociar -tampoco- las condiciones. Grandes firmas comienzan a marcharse de la comunidad. El Gobierno les facilita el traslado con un decreto ley, aprobado “a petición de varias empresas”. Grave irresponsabilidad por cuanto puede desestabilizar una fuga masiva, siquiera nominalmente. Apostar por hundir un territorio del país que gobiernas, lleno de ciudadanos, no puede tener sino un efecto boomerang. El PSOE no se opone. Ciudadanos, por supuesto, lo apoya. Las empresas se van adónde ven beneficio a veces con poco escrúpulo en la explotación de trabajadores.

La biofarmacéutica Oryzon registró grandes subidas en la Bolsa de valores al cambiar su sede central a Madrid el martes (aunque ahora baja). La ministra de Empleo, Fátima Báñez,  se congratuló de ello. A estos esperpentos estamos llegando. La de Empleo.

La última en desertar Caixabank, la Caixa, la gran Caja que muchos catalanes sentían suya. Se va a Valencia. El jueves anunció su traslado el Banco Sabadell, esa afortunada entidad a quien el Banco de España de 2011 (Gobierno Zapatero) adjudicó la CAM, Caja Mediterráneo –de las quebradas por gestión PP- por 1 euro. Y tras inyectarle 5.249 millones de euros de dinero público. Se dijo que era el mayor rescate bancario dado en España. Luego llegaría, con el PP, Bankia, haciendo saltar los récords. Estos se van a Alicante que tiene su lógica. Han seguido Gas Natural y otras hacen ya las maletas para cambio de dirección social y fiscal,  el empresariado catalán se ha convertido en actor preferente del drama. 

De cualquier modo, Marruecos o Bangladesh son centros de trabajo de empresas españolas, que se han deslocalizado para abaratar costes sin que se rompiera España ni nada. La economía se está viendo afectada, claro que sí. Y más que se verá de seguir por este camino. Esperen, si llegara a producirse, con un ejército aplastando sedición y rebelión por las calles. No será España al completo un lugar favorito para invertir, ni para viajar en vacaciones. Los próceres patriotas tendrán, entonces, que marcharse a ubicar sus sedes en Fráncfort o en las Islas Caimán  OffShore donde ya tienen muchos delegaciones.

Sería imprescindible que quienes se cuelgan de banderas con sana intención valoraran todos estos patriotismos. El caso es que aquí estamos. Plenos de tensión. En un clima bélico, según resaltan los medios audiovisuales. Enfrentados ciudadanos con ciudadanos, fuerzas de seguridad con unos y otros. Policía y guardia civiles son cuerpos disciplinados, cumplían órdenes con seguridad el domingo trágico del referéndum que no olvidará el mundo. Se les ha puesto en el disparadero. Las víctimas han reaccionado airadamente. Pero ha sido el Gobierno. El presidente Rajoy, el ministro Zoido, y la vicepresidenta Sáenz de Santa María. Forman parte, con Puigdemont, de políticos quemados en el envite.

Si el PP no se ocupó en absoluto de diseñar un modelo económico de país,  se dotó de todos los medios legales de represión como si se blindara a la contestación a sus medidas. Todo previsto. Un Tribunal Constitucional sancionador, y las Leyes y Códigos Mordaza. Faltaba la Ley Torquemada para censurar Internet a niveles de China o Turquía. Marta Peirano contó los detalles de este otro hito represor, mucho menos conocido.

Vean lo que avalan, pues. El conjunto completo. De ese depauperado Régimen del 78 que reúne a poco más de la mitad de los votantes y que quiere mantenerse y reforzarse apelando a reacciones muy primarias. Sobre todo del núcleo conservador. Van en el mismo barco, cuando caigan lo harán todos. De ahí la virulencia.

Las turbas anti Piqué dan una medida de la España a desterrar, de la que se deja impávida robar sus derechos y se moviliza por el anticatalanismo o cualquier espoleta visceral. La “mayoría silenciosa”, como tituló inicialmente El País, que grita el elaborado argumento del himno futbolero  “yo soy español, español”.  La España que no deja crecer a la que viene sembrada de futuro. Una y otra vez en nuestra historia.

España puede enorgullecerse de muchas más cosas que del toro y los crisoles o los tópicos de Campofrío, pasión de Ciudadanos. Se ama España no robando del dinero público, no votando a corruptos, defendiendo el bien común, fomentando los potenciales de todos, conservando los valores que merece la pena conservar y tratando de dejar ya en el desván lo que nos lastra. Apostar por leer a nuestros autores, embeberse de la cultura y la ciencia que hemos producido. Basarnos en la creatividad, en la imaginación, en el entusiasmo, que nos define.

Frente a todo esto, tenemos el bastón de mando y la mano dura, los golpes, la irracionalidad, la siembra del odio y del miedo. La irresponsabilidad que ha puesto en juego lo peor hasta lograr un esplendoroso desastre. Las imágenes deldesagravio rojigualda el domingo en Barcelona van a volver a dar la vuelta al mundo.

El despertar del “toro español” hibernado que nunca dormido, la vociferante mayoría silenciosa, la alianza del capital sin patria, derecha política y derecha mediática. La que prefiere aplastar a dialogar.  España unida o en partes ya no es el principal problema. Es España en sí, una cierta España.

Los días en que cayeron las caretas

Últimas horas antes de la batalla –que así la contemplan muchos-. El Rey Felipe VI, nos dicen, “ha despejado su agenda para seguir la crisis desde Zarzuela”. Gran despliegue de medios atentos a los detalles en lucha por las audiencias. En este partido se juega mucho. En esta democracia, más. Despliegue policial, restricciones en el espacio aéreo, desmesura sin fin. La escalada de tensión sigue, ahora con la querella de la Generalitat contra el Fiscal General del Estado y se prevé seguirá

Las posiciones están claras, más claras que nunca. En los últimos días han caído múltiples caretas. Y ya es un resultado nada desdeñable de la ficha que se mueve en Catalunya. En un tablero que se quiere inamovible aunque sea remachando con clavos cada esquina y cada figura. Contranatura. Eppur si muove (y sin embargo se mueve) dicen que dijo Galileo Galiei ante la Santa Inquisición después de que le hicieran retractarse de que la Tierra y los planetas giran alrededor del sol y no al revés.

 El fotomatón se encuentra a pleno rendimiento. Se han retratado hasta quienes están de habitual al margen de todo compromiso. Fuera de ironías, muchas personas se han visto impelidas a significarse. Por lo que entiendan que se juegan. Políticos profesionales también. Albert Rivera, Inés Arrimadas, Ciudadanos y todos sus líderes, se han empleado a fondo en recoger apoyos a Rajoy, sin el menor disimulo. Algunos destacados miembros del PSOE, también.  Susana Díaz, desde Andalucía, no ha desperdiciado la ocasión de demostrar cuan cerca está del PP. Y lo feliz que le haría un gobierno de concentración como a varios de sus colegas.  La galería de ilustres del pasado se ha prodigado en declaraciones a juego, en la gama de 23F a Paz franquista.

El propio PP ha actualizado su foto, con su actitud represora y el striptease integral de su vídeo Hispanofobia. Un agrupamiento de declaraciones para fomentar el odio y el enfrentamiento con selección y omisión premeditadas. Sí, los independentistas también han ido a cara descubierta. Y los medios, en plan descarnado. Pura militancia en muchos casos. Entrar en algunos de ellos es como una inyección de adrenalina y violencia.

Todo un poderoso bloque que no entiende triunfo sin humillación. Los ciudadanos se han apuntado de igual modo, arengados por ellos o por propia iniciativa. Y así puedes encontrarte a viejos luchadores por los derechos y libertades dispuestos a infligir un severo castigo a Catalunya. No sé sabe si en todo o por partes.

Las noticias sobre incautaciones de material democrático, como urnas o papeletas, utilizan el mismo lenguaje que para los alijos de drogas. Se ha detenido a políticos, se ha llamado a testificar a casi 900 alcaldes, se podría llevar al calabozo hasta al presidente de Catalunya, Carles Puigdemont. Multas millonarias y hasta 600.000 euros por estar en una mesa electoral. La fiscalía pide vigilar a los niños, trazar sus perfiles, por si van a manifestaciones. Fichas y seguimiento policial y judicial desde niños. Y mucha gente lo ve normal. El poco aprecio por la democracia, por los propios derechos y libertades, es otra de las grandes fotos reveladas estos días.

Porque no nos engañemos, mucha gente en España detesta a los catalanes, hasta por su acento. Del mismo modo que a mucha otra no le caen bien los andaluces. Ni los vascos. Y cuelgan distintos carteles a los demás. Atribuyen a todos los defectos que les desagradan de unos pocos, el tópico hecho categoría. Es lo que tiene la España una, grande y libre en la que se empeñan.

En los permanentes puntos oscuros del conflicto está la legalidad o ilegalidad de la consulta y, en su caso, la hipotética independencia. El magistrado y miembro de Jueces para la Democracia, Joaquim Bosch los resume aquí. Pero llama atención que quienes no han dejado de cambiar las leyes a su conveniencia desde el Estado hayan visto como problema insoluble introducir modificaciones para hacer esa consulta legal. Hablamos de los Constitucionalistas del 135 que, insistamos, metieron en nuestra Carta Magna la prioridad absoluta de los acreedores del Estado sobre las necesidades de los ciudadanos.

El PP se hizo con leyes que hoy le ayudan en su gestión: la ley Mordaza o la Reforma del Código Penal con su Pacto antiyihadista que permite castigar con penas elevadísimas a un cajón de sastre en el que caben hasta titiriteros, según en manos de quién caiga. Con consenso de PSOE y Ciudadanos. O el convertir al Tribunal Constitucional en un órgano sancionador que incluso le permite estar de guardia en fin de semana. Años en emitir sentencias y ahora trabaja en festivos. Y lo que más está llamando la atención en el exterior –por si nos sirve de algo- es la sin igual actuación de la Fiscalía.  Lean a José Precedo y decidan si es sostenible la permanencia de Maza en el cargo, y si puede estar en su mano manejar graves delitos como la sedición o la rebelión.

En el exterior, se empieza a contemplar con preocupación la desproporcionada actuación del gobierno del PP. Aunque también aquí se van retratando en opiniones diversas mandatarios extranjeros. Ni Trump en su foto con Rajoy se significó demasiado. El envío masivo de policía y Guardia Civil, los recortes de libertades, tienen importancia para algunos. Expertos de la ONU instan a España a respetar los Derechos Humanos.  Y son ya numerosas las voces que piden una solución negociada, el último por ahora, Tajani, el presidente del Parlamento Europeo. Un editorial de Financial Times, muy destacado en sus preámbulos sobre la ilegalidad de la consulta, pedía volver a los compromisos del Estatut que “pulió” el PSOE y contra el que luchó férreamente el PP. Siempre llegamos a la foto final: el PP. Pero no la misma: aquí le tienen defendiendo la consulta porque en aquellos días le venía mejor atacar al gobierno a Zapatero.

Los ciudadanos bien educados no dejan de pedir críticas “al otro” y hablan de bandos. Nunca los bandos tienen las fuerzas equilibradas, ni inician las hostilidades al mismo tiempo y con igual intensidad. Volvemos a equidistancias imposibles. Miles de páginas y voces dan la palabra y el abrazo al “bando” con más posibles y a lo que tapa del otro. La batalla de esos catalanes en la calle, de los estudiantes sin miedo, empieza a ser una lección. Dado el tratamiento aplicado a su voluntad de decidir.

Las caretas han caído. Y lo peor es que ha aflorado la España de las tinieblas. La que cuelga banderas de una sociedad a la que no defiende. Las despedidas las fuerzas de seguridad como si fueran a combatir en Afganistán, con discursos de jefes civiles y sus “A por ellos” de los espontáneos nos han hecho regresar a las catacumbas. La España que se arroga la representación de todos. Con esos ejemplares que apenas saben esbozar una idea coherente, ni siquiera expresarla. Dura España terrible, temible, aborrecible, irascible, insufrible, España inamovible, imposible, impasible, como escribió Alberti.

Demasiadas cortapisas para que el referéndum de Cataluña pueda celebrarse con garantías. Pero habrá que hablar después. Va a tener repercusiones incluso en la UE. Otros territorios quieren independizarse de sus países. Una Europa débil por sus errores, que se resquebraja en Brexit y desequilibrios, pretende aparentar que nada ocurre. Como aquí.

La foto final del domingo, 1 de Octubre, es decisiva. Todos los que han contribuido a elevar las tensiones al extremo, están tocados y deberían irse. El primero, Mariano Rajoy, por su intransigencia y siembra de conflictos. Por el ambiente bélico que ha creado. Es el principal culpable. De entrada no ocurrirá así, pero les va a pasar factura. Adelantan que hasta podrían sacar al Rey a tener su foto asimilando el 1-O con el 23F. Debería ser prudente.

Fuera las caretas, en los salones quedan retratos a lo Dorian Grey. La España de Rajoy y su larga corte, con Cataluña y en el mundo, podría plasmarse en la respuesta dada este viernes por el embajador español a un diputado finlandés, Mikko Kärnä, favorable al derecho a decidir en Catalunya: “Sí. Ok. Pero si un día Finlandia tiene problemas de seguridad y necesita la solidaridad de los socios de la UE, vaya a buscar la solidaridad a Cataluña”.  Un embajador.

Nada será igual. Se han dicho y hecho cosas terribles. Se han disparado miedos, ataques y crispaciones. Mucha visceralidad y escasa razón. Se han despertado ilusiones y reivindicado dignidades también. Se pueden ver más verdades y menos hipocresía. Las fotos están claras en el andén. Algunos de los protagonistas no saben que, pase lo que pase el domingo, ya han perdido el tren.

Cómo se fraguan los desastres

Entra la extrema derecha neonazi en el Parlamento alemán por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial. Con fuerza: 88 diputados. Pierde escaños el bipartidismo, en particular los socialdemócratas de Schulz, que cosechan el mayor fracaso desde aquella aciaga fecha hace 80 años. ¿Cómo habrá podido suceder?, se preguntan los aposentados. Básicamente, con políticas de incremento de las desigualdades, desvirtuando la verdad y no queriendo ver las evidencias. La consecuencia es que se propicia lo que se dice combatir. Y así ocurre en gran parte de los temas trascendentales por no decir todos.

La rica Alemania ofrecía dos versiones en la prensa. Una crítica y otra que cantaba las maravillas de un país en el que todos eran felices y hasta, sobrados de pleno empleo, buscaban trabajadores para acogerlos en el idílico paraíso. La realidad se ha impuesto en los resultados electorales. Hay mucha gente descontenta, incluso desesperada.

Luego hay que entrar en detalles. Publicitaron el Efecto Schulz como la gran panacea. “ El ‘efecto Schulz’ pone contra las cuerdas a Merkel en los sondeos ”, titulaban  arrebolados vendiendo la piel del oso antes de cazarlo.  La euforia reinaba en las filas socialdemócratas tras secundar durante años las políticas de Merkel con ligeros retoques. ¿Cómo se habrá despeñado en votos? El partido de Merkel también ha sufrido enorme pérdida, un millón.

El bipartidismo menguante y su tenaz prensa de apoyo creen que basta publicitar profusamente sus deseos para que se conviertan en realidad, en contra de la realidad. De forma que terminan propiciando un fiasco. Fomentando lo que les causa alarma. En este caso, que la extrema derecha entre en el Bundestag.

España es otro ejemplo. El Efecto Sánchez lleva el mismo camino que el Schultz como el PSOE no deje de ponerse de perfil en los asuntos cruciales. No es un camino de rosas lidiar con la potente y nutrida ala derecha del partido pero no sirve de excusa. Sánchez habla por fin para buscar la equidistancia imposible que en nada influye en los preocupantes hechos que se suceden. Rodríguez Ibarra pide a Sánchez que forme gobierno con el PP, sin complejos. Gobierno uno, grande y libre. Alemania, la última derrota en sus filas, no les sirve de ejemplo. Albert Rivera se apunta y se incluye en el pack. Son los “gobiernos de concentración” sin ideología dominante en apariencia. En la práctica, conservadores, ultraliberales en lo económico y autoritarios. El líder de Ciudadanos pide suspender libertades: limitar y cerrar  las redes y páginas sin intervención judicial en un hipotético estado de excepción. Sus prelaciones están claras. Siempre lo estuvieron. Y aún andan destacados socialistas repitiendo que Pedro no es presidente porque no quiso Pablo.

Un personaje como Rajoy, un partido como el PP actual, pone peliagudo el apoyo del que disfruta sin sacar los colores. Este miércoles todas las portadas de la prensa de Moncloa y Corte traerán la foto de Rajoy con Trump. El presidente más desprestigiado de la historia de los EEUU. Con grandes afinidades con el nuestro, sin embargo. A los ciudadanos nos costará caro en compra de armamento. Y hasta en imagen: Trump no da precisamente prestigio. La preocupación por Catalunya se desvanece para Rajoy al cruzar el océano para esa promoción personal. Nos cuentan que Rajoy le ha pedido a Trump, el mesurado, ayuda con el tema de Catalunya. Se suma a la historia de los peligrosos esperpentos que ya nos brindó otra afamada pareja: Bush&Aznar.

El domingo en Zaragoza ocurrió un hecho de enorme gravedad. Unos 300 ultraderechistas con banderas de España, aguiluchos y rancia agresividad cercaron una reunión de cargos electos en busca de un acuerdo político para Catalunya. Con alcaldes dentro, incluso el de la propia Zaragoza. Con la presidenta de las Cortes de Aragón a la que dieron un botellazo. Un grave delito en las leyes que se mercó el gobierno. Se ha sabido que al menos un dirigente del PP de Zaragoza participó en el asedio. Y que policías nacionales se convocaron por WhatsApp para comentar e insultar y que algunos participaron en el cerco.  Es inadmisible en un Estado democrático, son garantes de la seguridad de todos los españoles.

No ha tenido apenas repercusión, no la que merece una agresión de tal entidad. Los medios de apoyo le dieron un tratamiento menor y llegaron a calificar a los acosadores de “manifestantes” o “ manifestantes por la unidad de España“. No es política, la afectada es la democracia. No había policía suficiente para proteger a los reunidos, lo prioritario es que no se vote en Catalunya. Salieron entre insultos y escupitajos varias horas más tarde.

En la Alemania que va a sentar a los ultras en el Parlamento no gozaban de la tolerancia que tienen en España. Todo avisa. Intensamente, a veces. Y más cuando se siembran bidones de gasolina y cerillas.

Buena parte de los políticos de la asamblea celebrada en Zaragoza eran de Unidos Podemos o las Plataformas. Grupos que han mostrado una cierta tibieza con el proceso catalán y que ahora piden un acuerdo político. No deja de ser curioso. Los ultras no van contra los independentistas por mucha bandera que agiten, van contra la izquierda que pone en peligro el bipartidismo blindado, sus intereses. Todavía prensa y políticos culpan a Podemos del proceso independentista que ya es manipular la realidad. Su modelo está en crisis le den las vueltas que le den.

Miren a Alemania, a la que ha vuelto a meter en el Parlamento a la extrema derecha. A lo herederos de aquel genocida llamado Adolf cuyos pasos políticos fueron de estricta legalidad, por cierto. Hasta que dejaron de serlo. Dense una vuelta por Hungría y Polonia, paraísos ultras y  “ la oposición europea a Merkel“, según ABC.  Ambos gobiernos reprochan a Alemania que se les esté culpando por triturar el  Estado de Derecho. Echen un vistazo a la América de Trump. Son un mapa de futuro.

Analicen la España que pierde derechos a manos del PP. Ayudado por partidos que no ven hora de implicarse en serio en lo que nos estamos jugando. O por una pléyade de establecidos, notables en las prosapias de la divinidad culta. Avalar de facto la política incendiaria de Rajoy en Catalunya, del fiscal que nombró y reprobó el parlamento, es toda una declaración de principios. Menos mal que Pedro Sánchez le ha dicho al Fiscal Jefe Mena que sea prudente.

 Las despedidas a la Policía y Guardia Civil e n vario s municipios españoles como si fueran a la guerra contra los catalanes evidencian un problema serio .  El “ A por ellos” de Huelva en particular o el de Castellón son hijos del cerril y arcaico franquismo sociológico que se fomenta desde el pensamiento oficial. El líder del PP castellonense se apresuró a difundir la gesta. La subdelegada del gobierno en Huelva  se apuntó a la cruzada. Al delegado regional en Andalucía estas despedidas le emocionan.

Portada bélica de ABC
 

La portada de ABC del martes, bélica, entiende el diálogo como imposición y derrota, el triunfo como humillación.  “Trapero acata pero no se cuadra”. 2017. Siglo XXI. Pregúntense otra vez qué hacen los neonazis tomando decisiones en el Parlamento alemán.

Lo del “ya te avisé” no suele funcionar. Pero todo esto vino de mucho antes, se vio venir y se dijo. El futuro llega como una bala: vamos camino del desastre por esta senda. Aunque se hagan los sorprendidos una y otra vez los cómplices de la situación. Llega un día que en el que los agraviados, los perdedores de sus victorias, se hartan e incluso empiezan a ver a través de las banderas. Ellos son nuestra esperanza.

La equidistancia no existe

Los viejos amigos de Rosa Parks también lo éramos de Desmond Tutú, otro personaje que puede arder en los altares de la ira por hacer y decir cosas inconvenientes. O por ser mencionado, las sensibilidades andan a flor de piel. El arzobispo sudafricano, pacifista, beligerante contra el apartheid, osó decir: “Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor”. Fue una de las personas que mejor definió que la equidistancia no existe. Su búsqueda sí, de ahí que la justicia lleve en su mano una balanza. Humanas aplicaciones, trampas sin fin en los países corruptos, defectos de fabricación, terminan por privar de la exactitud matemática al punto medio. Cuando no lanzan las posiciones al extremo. El peligro de mirar al horizonte torcido es que se equivoca el fin y el camino.

En la tarde de este martes, PP, PSOE y Ciudadanos han hecho una filigrana curiosa: el Congreso en pleno ha votado a favor de no vender armas a países donde haya represión interna y violen los derechos humanos pero los tres partidos han bloqueado que se vete a esos países. A Arabia Saudí e Irak que son bien principales. A estos que no se los toquen. Tras declarar secreto el acuerdo militar, ahora “bloquean el veto al rechazo”. ¿Me siguen? Equidistancia pura, cero grados, ni frío ni calor. Solo que las bombas seguirán cayendo y la persecución del disidente se seguirá ejerciendo. A sangre y dolor, aunque no lo vean. Se han situado al lado del opresor. Con suma elegancia, eso sí. Los grandes medios tampoco están para estas menudencias con lo caliente que se mantiene el asunto de Catalunya.

Rufían –dicho a la persona del mismo nombre-, franquismo, brujas malas, secesionismo, vanidad, banderas del aguilucho que traen la paz, irrelevantes, burdas tergiversaciones, posverdad, carteles señalando alcaldes, portadas señalando políticos, odio, excepción, 23F. Hay que entrar en las webs de los medios o conectar las televisiones tras tomarse dos tazas de tila. Algunos de sus firmantes se verán muy juiciosos y equilibrados, sin duda. Como los mil cultos que han firmado un manifiesto para invitar a no votar en el referéndum porque se ha hecho todo mal.  Toman partido explícitamente, unos pocos lo hicieron en varias causas necesarias, a otros nunca les vimos. Creían mantenerse en el confortable punto medio.

“Machista y fascista asqueroso”  le ha llamado a Ignacio Escolar un individuo al que pagamos con nuestros impuestos en TVE, Javier Cárdenas. No le gustó que criticara el sexismo de su programa Hora Punta. El ministerio de Cultura ya tiene candidato para heredar el Premio Nacional de Televisión de Pablo Motos, al que se le ha concedido este año. Si sigue este Gobierno, que seguirá por la exquisita equidistancia de quienes lo hacen posible. Los mismos siempre.

Como Google, que me ofrece desinteresadamente al conectarme en el móvil noticias del estercolero mediático. “Toni Cantó deja en evidencia al rastas de Podemos”, “Marhuenda estalla ante Javier Sardá”. Ese sórdido mundo que entra por las pantallas a invadir cerebros desvalidos para que lleguen a las manos en sus posturas enfrentadas respecto a Catalunya, mientras les roban su vida y su futuro. 5,4 millones de ciudadanos viven en España con menos de 6.000 euros al año. La cifra ha aumentado. “Al camarón que se duerme se lo lleva la corriente”, pregunten a Rajoy que de refranes sabe mucho. Y, su equipo, de adormideras.

La estridencia de la que hablamos esconde otras posiciones de similar violencia con etiquetas de equidistancia moderada. Y es que siempre se toma partido. Las gradas del que se juega en Catalunya están repletas y brillan al sol sus apuestas. ¿23F? por favor, tengan un respeto por las víctimas de nuestra historia, más aún por estar tan cargada de pronunciamientos. Los fusiles de asalto no se venden en las urnas. Igual más en los bloqueos de los vetos.

Empezó con un “este dice, el otro dice” para que el consumidor se surtiera de opiniones al gusto y no de datos. Y ya vale todo. Juana Rivas, la madre que no quería entregar a sus hijos a su exmarido maltratador, condenado por la justicia como tal,  fue otra víctima de la mal llamada equidistancia. Sus hijos más, ahora están con él. Cada día y cada hora.

Hace años bautizamos a esta degeneración de la equidistancia, como equidistania. En Escolar.net. Y en Equidistán, el país de los equidistanís, el maltratador estaba en el mismo plano que el maltratado, la víctima a la par que su verdugo. Peor, algo habría hecho para merecerlo. Los grandes atropellos en la consideración de las infracciones nimias en los juicios mediáticos. Siempre al lado del opresor.  La situación ha empeorado gravemente. Una política destacada como Inés Arrimadas, que sufre intolerable insulto en un tuit y recibe múltiples apoyos de todo signo, se permite decir a otra, Anna Gabriel, amenazada de muerte a través de pintadas en la puerta del edificio donde va a hablar ¿Qué esperaba?, tan concluyente de su personalidad y objetivos. Y no ocurre absolutamente nada. A mi se me heló la sangre en las venas, no soy nada equidistaní.

Cada acto de nuestras vidas implica una elección. Lo exigible es la honestidad y el equilibrio. Equidistán está dejando una niebla turbia que distorsiona el horizonte.

*Publicado en eldiario.es

Las venganzas de Artur Mas

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Así se despedía Artur Mas para irse a la papelera de la historia donde dice haberle arrojado la CUP que, finalmente, prestó apoyo de gobierno a la coalición Junts pel Sí.  Culminaba de esta forma un fin de semana trepidante en el que hemos visto cosas que jamás hubiéramos creído (como decía Roy Batty, el replicante de Blade Runer, cuyo nacimiento se producía en la ficción, y parece que no por casualidad, justo estos días de enero de 2016).

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Después de 3 meses agónicos, quizás de 4 años desde que Mas descubre su vena independentista en un enroque con el entonces nuevo presidente español Mariano Rajoy,  Artur Mas dice que Artur Mas se hace a un lado y se desbloquea el proceso con un nuevo presidente de su mismo grupo político: la derecha, CiU, Carles Puigdemont, alcalde de Girona. De hecho, Mas afirma que ha sido él quien ha elegido a su sucesor y lo recalca varias veces en esa comparecencia que es un canto a la egolatría y a la autoafirmación.  A la venganza, también.

La CUP  firma cuando ya acaba el plazo antes de convocar otra vez nuevas elecciones, tras haber realizado varias largas asambleas y votaciones con sus miembros en las que siempre salió NO al acuerdo. O no a Mas, como interpreta la dirección.  Puigdemont declara en la sesión de investidura que aplicará el programa de Mas. Pero la formación anticapitalista se muestra exultante con la presunta retirada de Mas. Le ha cortado la cabeza, escenifican varios medios.

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Los términos del acuerdo son humillantes, tal como se encarga de enfatizar Artur Mas cuando da ese paso al lado. No se comprende la necesidad de doblegar a la CUP de esa manera y menos aún que ellos lo acepten. Y ya el colmo es que lo hagan derrochando felicidad, al igual que, según se ve, sus seguidores.

En el punto 4), Mas le pide confesión pública de su culpa: Hay que reconocer errores en la beligerancia expresada hacia Junts pel Sí.

Y de ahí pasa a tomar dos diputados de la CUP que dirán Sí Bwana a cuanto diga Junts pel Sí, como firman en el apartado 2). Y expulsar a otros dos, para (punto 5) visualizar un cambio de etapa y asumir implícitamente la parte de autocrítica que le corresponde en la gestión del proceso negociador.

Es un texto que duele en la dignidad hasta en su simple lectura. La primera venganza de Artur Mas está ahí: en destruir a la CUP.  Argumentan sus firmantes que todo es en aras del proceso independentista pero no hay nada que, en democracia, en relaciones de equidad entre seres humanos, justifique la necesidad de un castigo explícito por no haber adorado los pasos de Mas o del grupo que lo propuso.

Hay quien lo comprende. “Si hubiesen acordado para una legislatura ordinaria, sería una derrota de la CUP. Pero se trata de legislatura de “desconexión” a 18 meses“, escribe Isaac Rosa.

Yo no. Siempre entendí a los catalanes, a los independentistas  y a los que  se sienten agraviados por el trato dispensado por el ultranacioalismo español.  Su ilusión producía envidia. Pero lo que han hecho ahora es, en mi opinión, un fiasco monumental. Además, tal como dijo Artur Mas -que va a recomponer CiU- está presto a salir de la papelera en cuanto le venga en gana. “Estoy y estaré”, explicitó.

Con el despiece de la CUP,  “se corrige” a las urnas, según dijo textualmente Mas en otra frase para la historia. De la ignominia. El fin no puede justiciar ciertos medios, no. Ese bloque corregido, de la CUP en cabeza, afirma en pretendida ingenuidad que se aplicarán políticas sociales. Está ERC, dicen, la izquierda que también prefirió el proceso. Como vimos sin mover un dedo ante los duros recortes de Convergencia, particularmente en la sanidad pública que ha sufrido una auténtica razia. Y es la palabra exacta a emplear: razia. Como la que perpetran en el resto de España los gobiernos del PP.

Ángels Martínez Castells y Albano-Dante Fachín –hoy diputados de Cat si es Pot, Podemos- escriben que, desde hace muchos, las demandas que Mas afea a la CUP son compartidas por miles de personas que han luchado por ellas:

Como una sanidad pública de verdad y no al servicio de CAPIO, que no se venda el agua de los catalanes a un banco del Brasil (cuyo presidente, por cierto, está en prisión por estafa) o que los datos médicos de los catalanes no se vendan al mejor postor.

Doy fe de ello.

Artur Mas se ha vengado, además, radicalizando el proceso al designar a Puigdemont que no es -como él- un independentista de oportunismo de última hora. Lo que encrespará aún más los ánimos del nacionalismo español. Y eso a pesar de que no se declara independencia alguna sino la apertura de un proceso fijado en 18 meses. Pero el españolismo de raza no se detiene en matices. Y hace creer que la ruptura se va a producir a la brava y ahora.

Porque la segunda gran venganza de Artur Mas es clavarnos a Rajoy o a su PP en el gobierno de España. Los editoriales y titulares de este lunes son para huir a Laponia (lugar de destierro muy apreciado por la derecha patria).  Un ejemplo: El Español de Pedro J. Ramírez.

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Y, en consecuencia, el gobierno “ideal”. A la par y de la mano Juan Luis Cebrián, en El País, y Francisco Marhuenda en La Razón pidiendo ese gobierno “fuerte”, de coaliciones que debieran ser imposibles. Y resaltados por el Ojo Derecho de la SER, un tal Patiño. Citar un editorial de Marhuenda como argumento de peso es otra de las cosas que me quedaban por oír.

Pero no son los únicos. Desde posturas progresistas se asume que los resultados en Catalunya favorecen la investidura de Rajoy (o alguno de sus replicantes) en España. Los fieles servidores de Ciudadanos ya están en ello. Las presiones sobre Pedro Sánchez, aún máxima autoridad en el PSOE, deben estar siendo casi incontrolables. Íñigo Errejón, desde Podemos, admitía este domingo también que la jugada de Mas ayuda a Rajoy. La verdad es que siempre fue así, ambos se alimentaron.

Pero es inadmisible, como postura de vida, que la pretendida unidad de España avale la corrupción, las leyes mordaza, el profundo incremento de las desigualdades que el PP de Rajoy  nos ha traído.  El gobierno es ideal para los intereses de aquellos a quienes sus políticas han beneficiado, medios de comunicación incluidos.

La actualidad publicada ya pasa página porque tenemos el juicio de Urdangarín y la Infanta que no sabe nada. Veremos si no es un circo y pocas nueces. En consonancia con la España ideal y quienes la hicieron, especialmente su modelado de la justicia.

Ni un día ha perdido “Bruselas” en sentar sus reales y anunciar lo que viene: más recortes. Claro que sí. Se avecina una nueva crisis económica internacional y las cuentas de Rajoy nos pillan en ropa interior, pese a lo que canten sus diferentes portavoces.

eurogrupo.viñeta

 

 

 

 

 

 

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