Ciudadanos en la cazuela, pollos en microondas

Cataluña acaba de vivir la Diada más apasionada de su historia. La manifestación en Barcelona más masiva también, con una afluencia superior incluso a las contrarias a la guerra de Irak que ostentaban hasta ahora el récord. Una suma de factores ha confluido para el estallido de un hartazgo supremo. Y que lleva visos de acrecentarse por la ceguera redoblada que se obstina en sus múltiples errores. Solo Rajoy podía decir que no estábamos para «líos» en la víspera de la Diada, y solo la derecha española enfocar lo sucedido en Barcelona como lo está haciendo.

Cataluña lleva treinta años –dicen sus informes- pagando a las arcas del Estado más de lo que recibe. Concretamente en el último año estudiado (2009), aportó el 19,4% de los ingresos de la Administración central (incluyendo la Seguridad Social), y recibió, de media, el 14%. Estima la Generalitat que el desfase fiscal es de 16.409 millones de euros. Han pedido al Estado un rescate de 5.000.

Sin duda, vivir en comunidad con otras regiones españolas, aporta más y diferentes beneficios no cuantificados. Como les sucede a todas, por cierto. Pero el independentismo tiene en esa diferencia fiscal un buen gancho. Otro fundamental el exacerbado anticatalanismo de buena parte del resto de España. Es el colmo pretender mantener esa idílica “unidad de España” a base de insultar reiteradamente a una de sus partes.

Ahora bien, en ese saco ha pescado a discreción la coalición gobernante en Cataluña, Convergencia i Unió (CiU). Los recortes aplicados en sanidad, por ejemplo, del que podéis encontrar amplísimo testimonio en el blog de Àngels Martinez Castells, no son nada inocentes. Existen denuncias de cómo benefician a empresas privadas –con grave detrimento de la salud de los catalanes-, y las vinculaciones profesionales, incluso de consejeros, que no se consideran incompatibilidades, hieden. No hablemos ya de su hipocresía al votar a favor en el Congreso español, al lado de lo más casposo del  «Estado opresor».

La CiU de Artur Mas y del inefable Duran i Lleida aplica una política neoliberal de manual y, como en España toda, está llevando a la ruina a la sociedad a la que –aunque lo olvide- representa. Y sin embargo CiU va a ser la gran beneficiada de la indignación, de los errores reiterados del PP de Rajoy y de todos sus predecesores. Del españolismo mediático y social.

Holanda vota hoy. Con el mismo espíritu de pensar que las uniones con otros pueblos les sobran si tienen que pagar más. Imprescindible este artículo de Ramón Lobo para saber qué ingredientes hierven en la amplia cazuela en la que se cuece también nuestro terruño.

Una Europa en crisis, una España en crisis, con un presunto periodismo que lleva (entre otros) a la televisión pública, RTVE, a incluir en quinto lugar la masiva manifestación de Barcelona y a no dar digamos información hasta el minuto 20. Coincidió con ABC que la situó en séptimo lugar en su web. Era portada en el mundo entero. Una Cataluña inflamada de pasión… a la que dan ganas de emigrar en cuanto solventen el problemilla de CiU, lo que no lleva trazas de suceder sino todo lo contrario.

 El PP y CiU siguen dando el tajo aquí y allá, con una prepotencia inigualable. Con derivas antidemocráticas como no dejan de mostrar Cospedal o Aguirre. Ésta última quiere cargarse las autonomías para mantener solo, al parecer, la capacidad de manejo de cuentas y decisiones para sus fines y las fuerzas de orden público para imponerlas, si hubiera contestación.

¿Las autonomías han causado nuestros males? Ha habido muchos errores subsanables y pocos pueden tirar la primera piedra –Cospedal y Aguirre, no hablemos ya de Camps, desde luego que no-. Pero en manos de ineptos en el gobierno central, controlados por la UE neoliberal, muchas cosas se resuelven mejor desde cerca. “Islandia no puede ser un ejemplo porque solo son 300.000 personas”, dicen. Igual, en España, las autonomías son el camino, despojadas de quien no trabaja para la sociedad. Ésa que, como la catalana ayer, se hizo oír por ella misma. Y saltó de la cazuela.

En definitiva todos somos pollos, y, desplumados, iguales. Incluyo una genial viñeta a pesar de sus faltas de ortografía porque no puede ser más gráfica.

La extraña benevolencia con Rajoy

Lejos de los encendidos elogios de la prensa afín al PP, observo que se sigue manteniendo una incomprensible piedad hacia Mariano Rajoy, haga lo que haga. Entre las loas y disculpas, he escuchado una crítica radiofónica en la que “se le presume buena intención” (aunque se equivoque). ¿Buena intención destruir la sanidad y la educación en primer lugar? ¿Obligar a los niños a acudir estigmatizados al colegio sin libros y con una tartera frente a quienes tienen de todo? ¿Suprimir la dependencia? ¿Hacer pagar más por menos a quienes son mayores víctimas de estas medidas por disponer de menos recursos? Al niño le podía haber dado por otra cosa.

Mariano Rajoy concedió ayer una entrevista absolutamente prescindible. No dijo nada. En 50 minutos. Y eso que era la primera televisada desde que accedió al cargo. Insistió en comparar un país con una familia que “no puede gastar más de lo que ingresa”. Como si las “familias” no comprasen sus pisos y coches a crédito. Pero es que ése fue el único punto en el que se mostró diáfano al repetir varias veces que “nuestro objetivo como país es pagar el déficit”. ¿El objetivo de un país no es el bienestar de los ciudadanos que lo sufragan?

Lo peor es que tiene razón. Desde la reforma de la Constitución hace un año, ejecutada en tres días entre Zapatero y Rajoy, pagar la deuda tiene prioridad sobre cualquier necesidad social. Así lo mandó Merkel, secundada por Sarkozy, y así se hizo. Solo que en su infinita mediocridad, Rajoy ve en pagar una senda por la que andar en su desconcierto.

No es cierto que gastemos nosotros más. La especulación consentida (por la UE y sus instituciones fundamentalmente, por cualquier gobierno neoliberal) hace que la mayor parte de lo que se recorta a la población, vaya a los bolsillos de los deudores. “Es que sino no nos financian”. Corte Vd de raíz las especulaciones y hablamos.

Y así no se sale. Véase Portugal o Grecia. Irlanda incluso, y su especial tratamiento dado que habla inglés.

Rajoy respondió en diversos tonos sobre las pensiones. Dijo que nadie le había dado instrucción alguna sobre ellas, que «nadie le ha reclamado recortes en las pensiones. Y es mentira. Y ninguno de los periodistas presentes, ninguno de los periodistas que hoy han comentado la entrevista tampoco, recordó o quiso recordar que “Bruselas pidió acelerar la reforma de las pensiones y subir el IVA” con ocasión de permitirle aumentar el déficit -sin contar los rescates posteriores y sus condiciones-. El IVA ya se ha subido. Y ese dramático “la prioridad es tratar a los pensionistas lo mejor posible”, indica que ya podemos pensar en poner nuestras pensiones a remojar. Porque a Rajoy no le cuadran las cuentas ni le cuadrarán por este camino.

Se les resquebraja a nuestro presidente hasta su partido por el ala más a la derecha -aún- debido a su política respecto a ETA. El independentismo catalán ha encontrado en Rajoy su mejor aliado, al punto que unos ciudadanos acosados a recortes, con la sanidad en particular muy mermada, se disponen a seguir a CiU al abismo al que quiera conducirles.

Siembre me llamó la atención la benevolencia hacia Mariano Rajoy. Alerté sobre ella cuando aún era tiempo de prevenir. El señor de los hilillos, el de los lugares comunes, el gris gestor. ¿Por qué esa compasión se mantiene? ¿La tiene él con la sociedad?

Imagino que es por su escasa capacidad, porque parece un señor “normal”, perteneciente al “todo el mundo” que siempre tiene en la boca. Un señor honesto al menos, con «buena intención». El que cobra tres sueldos, uno de ellos por su plaza de registrador de Santa Pola en donde no ejerce desde que la ganara hace 20 años. De arcaico registrador de un país que permite cobrar privadamente por un servicio que en otros lugares es gratuito.

En Europa alucinan con él. Pero en España se permite dar una entrevista en la televisión pública, no aportar soluciones al durísimo momento que vivimos, no mencionar la sanidad, la educación  o las reformas legales, y todavía le ponemos paños calientes. Tenemos lo que nos merecemos. Y cada cuál que tome su dosis de culpa. Y de salidas: el tiempo apremia.

Que se jodan

Nunca un exabrupto pudo ser más sincero y más premonitorio. Desde que Andrea Fabra, diputada del Partido Popular (por parte de padre), gritara en el Parlamento “que se jodan” cuando Rajoy anunciaba la reducción de la prestación a los nuevos desempleados a partir del séptimo mes, comprobamos a diario que era más que una intención o la expresión de una venganza largamente contenida.

   Que se jodan los niños que inician el curso escolar con menos profesores, aulas masificadas y reducción de materias que les enseñen a pensar. Que se jodan los que acuden sin libros y material porque sus padres no han podido comprarlos. Los que van con su comida en una fiambrera para sentir desde pequeños que les ha tocado vivir en el lado de los perdedores. 

  Que se jodan los más de cinco millones de parados porque son unos vagos. Que se jodan sobre todo los que osan exigir su derecho a una prestación que pagaron ya con sus impuestos y –en su caso- con empleos anteriores, porque esa regalía hay que compensarla con trabajos forzados, desbrozando montes, sea cuál sea su profesión y diga lo que diga la Constitución que también habrá de joderse si se tercia en el altar de la mayoría absoluta.

   Que se jodan quienes si cuentan con el privilegio del trabajo porque pueden ser expulsados, ver rebajados sus sueldos o ser trasladados para que desistan de ocupar un puesto del que otros carecen.

   Que se jodan quienes no sean familiares y amigos de las élites gobernantes que no podrán tener acceso a asesorías altamente remuneradas en virtud del parentesco.

   Que se jodan aquellos que por culpa de los votantes de CIU en Cataluña, habrán de realizar trabajos comunitarios si cobran alguna prestación. Ellos o algún miembro familiar que ha de joderse por tener un pariente en dificultades.

  Que se jodan los enfermos, escoria improductiva, que pierden prestaciones y han de repagar medicamentos a cuyo costo ya contribuyeron con sus impuestos, directos o indirectos.

  Que se jodan los funcionarios porque trabajan en sectores que pueden dar mucho negocio a inversores privados.

   Que se jodan los jóvenes que han de ir pensando en hacer las maletas para irse a Alemania, dejar su casa y su entorno, si han estudiado una carrera rentable. Y que se jodan los que no quieren marcharse o no cuentan con estudios, que nos servirán muy bien de camareros, crupieres, limpiadoras o putas.

   Que vayan preparándose para joderse los pensionistas.

   Que se joda quien quiera alimentarse con proteínas (carne, pescado) o limpiarse el culo con papel higiénico porque, con un IVA del 21%, eso solo está reservado a las clases pudientes.

   Que se jodan quienes piensen que –junto a la educación-, la cultura crea ciudadanos más libres y responsables, porque la cultura se ha acabado. Que se jodan en particular quienes pretendan estudiar música que los cantos celestiales solo se escuchan en el Olimpo.

  Que se jodan quienes aspiren a estar informados y no manipulados, porque tendrán que bucear por procelosos mares para encontrar lo que puede formar realmente su criterio.

    Que se jodan quienes soñaron en la investigación y la ciencia como base productiva de un país desarrollado, que España es la patria del turismo, el ladrillo, la corrupción y los toros.

   Que se jodan los emigrantes porque, cuidando a nuestros hijos y a nuestros mayores, o yendo al médico (menos de lo que necesitan), han desequilibrado la economía y no han sido los bancos, los poderes financieros o los políticos que les protegen porque todos ellos no han de joderse nunca.

   Que se jodan las mujeres quienes, como seres inferiores, han nacido para parir y pedir permiso.

  Que se jodan quienes esperen que la Justicia, como poder independiente, va a acabar con delitos y desviaciones que propician tanto atropello.

   Que se jodan quienes aspiran a ser representados en la toma de decisiones públicas por personas capaces e íntegras, porque eso no toca.

  Que se jodan, muy especialmente, quienes aspiran a vivir en paz y una cierta felicidad porque cada día les daremos uno o varios disgustos.

  Que se jodan quienes creen en la democracia porque la hemos tenido “por encima de nuestras posibilidades”.

  O, mejor…

  Que se joda quien considere demagogia todo lo que estoy escribiendo.

   Que se jodan una y mil veces los descerebrados y mansos que con sus votos y su silencio nos han metido en esto.

   Que se jodan los políticos que no cumplen su misión de trabajar por el bien común, el de los ciudadanos a los que representan e ignoran que pueden ser revocados de las poltronas a las que se aferran.

 Que se pudran quienes han metido esa zozobra en los niños, enfermos y dependientes.

Que se jodan quienes hacen perder la educación y los modales en el más supremo hartazgo.

    Que se jodan, en particular, quienes no saben que quien no jode y construye el último, desbarata mejor su tinglado.

No nos representan

Hay una indignación ciudadana contra los políticos de cuyas dimensiones ellos mismos no parecen ser conscientes. Lo cierto es que llega un otoño cargado de protestas, ira creciente de múltiples matices, conviviendo con quien aparentemente muestra la actitud del cordero que se dirige a su sacrificio por propia voluntad no viendo otra salida.

El denominador común culpabiliza a los políticos de lo que ocurre. Mes tras mes se sitúan como el tercer problema para los españoles y el rechazo (en bloque) a su labor crece por momentos. No sin razón. Les hemos elegido para representar nuestros intereses y no parecen querer o saber frenar a la exclusiva minoría que impone sus normas sobre todos. Nuestras desdichas desaparecían en buena parte si los políticos cumplieran su misión y trabajaran para la soberanía popular. No para mantener privilegios de unos pocos –los de ellos incluidos–.

De hecho, esta tenebrosa época podría culminar en un Núremberg para juzgar a sus responsables. El descrédito de los políticos representa, entretanto, un serio peligro para la democracia que puede acarrear males aún mayores. 

Es inaplazable regenerar la política y los partidos, y en esa tarea deberían ser ellos los primeros interesados. Aunque no únicamente. Se hace preciso remozar el viejo edificio parlamentario del XIX con las puertas abiertas de la participación, real ya en la sociedad más comunicada de la Historia. Urge hacer cambios. Cuando las bases de la democracia tiemblan, emergen peligrosas perversiones. Fascismos, populismos y, de cuño más reciente, tecnocracias dando forma oficial a la idea de que los países son empresas dedicadas al lucro y no una unión de ciudadanos cuyas vidas y derechos son lo primero a mantener y acrecentar.

A Mariano Rajoy y su equipo se les está cayendo España a pedazos. Con una rapidez solo pareja a su empeño en cambiar el modelo social a su imagen y semejanza. Ni una cifra se les mantiene en pie. Y, además, se han gastado todo el presupuesto en siete meses, mientras huye el capital despavorido –en palmaria muestra de desconfianza–, al punto de récord: 219.817 millones de euros en el primer semestre, cuando en el mismo periodo de 2011, entraron 22.457. Demasiada basura acumulada en los sótanos de este desgraciado país emerge ahora, batida en los despropósitos continuos.

Como los impuestos a las grandes fortunas, o las subvenciones a la Iglesia católica, y otro sin fin de capítulos, no se pueden tocar, el PP va como un borracho en un incendio, tapando fuegos… con la gasolina de los recortes –muy precisos en el orden ideológico– y las subidas de impuestos. ¿Hasta dónde? ¿Hasta cuándo? A Portugal tampoco le cuadran las cuentas. A Grecia menos.  Ese es nuestro futuro. Las políticas neoliberales solo funcionan en sueños.

Los espejismos de la visita de Merkel o de la “ayuda” del BCE de Draghi no solucionarán los agobios de la población. El nuevo rescate –para el que ya han inventado un nuevo eufemismo: “precautorio”–, no deja de ser un crédito, a devolver con contrapartidas (a estas las han llamado “estrictas” para que no quepa duda). Las ideas fuerza son “austeridad” y “reformas”, o sea, recortes, más recortes. En estas circunstancias, las convulsiones sociales, el propio incumplimiento del programa del PP, podrían, quizás deberían, propiciar un adelanto electoral. Y es un escenario a contemplar para estar prevenidos y actuar en consecuencia.

Y ahí volvemos al principio: no nos representan, la política está desprestigiada, el manido –e injusto– “todos son iguales”. No es camino, aunque, realmente, el panorama se presenta bastante sombrío y los principales implicados no dan la impresión de estar tomando conciencia del problema.

Como el PP de Rajoy en su día, el PSOE de Rubalcaba parece aguardar el desgaste del contrario. Por completo alejado de la indignación que sienten sus votantes, se contenta con una oposición “calmada” e “institucional”. Y además le pesan las políticas neoliberales que aceptó aplicar. Ambos partidos bajarán presumiblemente en votos.

Lo mismo que en esa Grecia con la que compartimos la tolerancia social a la corrupción –que siempre se paga– y su apuesta por el turismo como principal motor económico, el voto se fragmentará. IU subirá, aunque parece tener un techo porque también precisa renovación interna y porque solo destacan en la formación unas pocas brillantes individualidades, no hay mujeres entre ellas, y se oscurece el trabajo continuo en las instituciones en las que participa.

Podría ascender notablemente esa amalgama ideológica y de personas que se aglomera bajo las siglas de UPyD y que solo parece tener como argamasa el populismo y el nacionalismo español. Al Equo silenciado en la anterior campaña electoral se le frenó en la salida y no parece despegar, habrá que ver. Incrementarían sus votos, sin duda, los nacionalismos como respuesta a la actitud que ha venido teniendo con algunas comunidades el PP. Todo ello expresado como opinión personal.

Un país ingobernable o muy dividido en el voto, en el que como a los griegos se nos atemorizaría con diluvios universales si osáramos salir de la pauta marcada, lo que no hace sino prolongar la agonía. Son otras soluciones las que hay que buscar. Se dictan –con escasa audiencia mediática, es cierto– a diario, desde el punto de vista del bienestar de la sociedad en su conjunto.

Mucha gente está algo así como “Esperando a Godot”, el mítico personaje de Samuel Beckett… que nunca apareció. Un nuevo partido o coalición ilusionantes disiparía la depresión social que nos embarga. Algunos movimientos se están dando, no de envergadura por el momento.

Queda el 15M. La sociedad que se apuntó a escuchar, saber, hablar y compartir. La que hasta en un 66% se pasó por las plazas para asistir al prodigio, también era 15M. Y sigue estando ahí con su indignación creciente, con su desconcierto, con ganas de desterrar tanto atropello. Desde el poder se piensa en multas y palos para acallarla. Y eso hace mella en un sector decisivo. Cuarenta años de ser educados en la ignorancia, la sumisión, el infantilismo y el miedo han dejado un poso social, siquiera imperceptible en algunos casos.

La progresión del deterioro de España, de las condiciones de vida y derechos de sus ciudadanos, exigen soluciones. Democráticas, absolutamente democráticas. Los partidos harían bien en bajarse del Olimpo en el que –algunos, muchos– viven y tomar medidas para regenerarse porque solo así llegarán a los ciudadanos.

El 15M ha de pasar a una nueva fase que prime la efectividad. Y la sociedad en general pensar que está en sus manos más que en ningunas otras cambiar del destrozo a la construcción positiva. A través de informarse primero, de utilizar sin descanso el pensamiento crítico y la reflexión, exigir a sus representantes, primar lo que une sobre lo que separa, pensar en el bien común y actuar como seres adultos. Es decir, el civismo, la democracia.

 

Alicia en la Europa de las maravillas

La frase procede del economista José Carlos Díez. No dejamos hoy de oír, ver y leer la palabra «euforia» a raíz del apoyo de la canciller alemana, Angela Merkel, a Rajoy en su visita a Madrid y de las decisiones anunciada por el presidente del BCE, Mario Draghi. Suben las bolsas, baja la prima y todos nuestros problemas se han arreglado.

Faltan unos «pequeños escollos», la letra pequeña que quiere leer Rajoy antes de pedir el rescate. El rescate, sí. Mario Dragui respondió así a la pregunta de cómo de «suave» iba a ser el nuevo rescate de España: «¿rescate suave? En absoluto. Tiene condiciones estrictas». Rápidamente le han adjudicado otro apelativo: «precautorio», es un rescate precautorio.

Bernardo Elrich ha imaginado la escena en las cocinas de diseño de eufemismos:

 Las estrictas condiciones van a por lo poco que ya nos queda: pensiones y desempleo. Rajoy dijo a la vera de Merkel que no tocaría las primeras… «en este momento».  Y queda más espacio para meter la tijera donde ya hay unos buenos rotos. Ana Mato estudia sacar del sistema de salud o de la gratuidad, mamografías o rehabilitación. Es más lucrativo curar cánceres de mama. Y más acorde con nuestra condición ir doblados de dolor por la artrosis o las secuelas de un accidente.

Rajoy es capaz de, como ya hiciera en las elecciones andaluzas (error que constatan continuamente los periódicos extranjeros), aplazar la petición de rescate y de estas medidas hasta la celebración de los comicios gallegos. Las pérdidas aumentárían.

 Los mercados están contentos, sí. Tienen dinero fresco que esnifar. Hasta que se les pase el efecto de la dosis y pidan más. José Carlos Díez explica el escenario abierto este jueves por Dragui y sus sensaciones. Tras exponer la dureza de los datos, él cree que tiene que haber una luz al final del túnel, que «algún día» se saldrá de esto, no ahora. Yo no por este camino.  O solo a costa de una ciudadanía completamente depauperada. Lo explica muy bien, merece la pena leerlo completo, ver cómo desmenuza las impresiones  y los datos. ¿Euforia? la verdad es que lo que concluye es bastante realista:

«Y luego puramente en clave española, ayer fue un día triste en el que se confirma que nuestros socios europeos nos fuerzan a perder la soberanía y entrar en un programa tutelado. Esto ya ha pasado en Irlanda y luego en Portugal. Primero te ponen alfombra roja para pedir el rescate. Luego quitan alfombra y comienza un proceso político muy complejo en el que entran en juego los parlamentos nacionales y los contribuyentes de cada país. Al final despiertas con un Memorandum largo y espeso en el que nada es sagrado: pensiones, prestaciones por desempleo, sanidad, costes de despido, etc. Cuando piensas que estás al límite de un ajuste fiscal, sólo estás al 50% de tus posibilidades.

En julio discutía sobre economía española con un ex ministro de economía de un país de América Latina que vivió un rescate del FMI. Su consejo fue “deben estar preparados para perder soberanía o el sufrimiento será aún mayor” Y en un intercambio de correos electrónicos con uno de los economistas europeos más prestigiosos se despidió “mis mejores deseos, lamentablemente va a ser un año duro para ustedes”

Este economista observador seguirá contándolo y con la confianza y la seguridad de que hay luz al final del túnel. Pero de momento, el personal ya ve la luz la reunión de ayer del BCE, pero yo sigo pensando que es otro tren que viene arrollarnos. Prudencia y espero equivocarme. Pronto saldremos de dudas».

Llega el Alien que ¿nos salvará?

Este engendro que se ha mercado hoy La Razón, un híbrido entre Merkel y Draghi, simboliza a la perfección la etapa que nos está tocando vivir. La aceptación de graves desequilibrios en la Unión Europea, la sumisión al poder de la canciller alemana -que no elegimos para tomar decisión alguna sobre nosotros-, o del tecnócrata Draghi -que hace y deshace a su antojo- y el papel de los medios grandes en todo esto. El diseñito grotesco del diario ultraconservador no es sino la espuma de los ríos de jabón a Merkel que nos están haciendo patinar esta soleada mañana de jueves.

El director de El Mundo, Pedro J. Ramirez, ha llegado a escribir en twitter esto: Bdías. Bienvenida Mrs. Merkel. ¿Qué esperais de la visita? Yo que imponga a Rajoy una reforma del Estado. Ah, y los minijobs para jóvenes. Es una de las muchas peticiones a la “reina maga”.

Alemania se benefició altamente del diseño de la UE en Maastricht. “En su primer decenio redobló su influencia y triplicó su superávit comercial” (el dato es de Xabier Vidal-Folch). Los bancos españoles se lanzaron al ladrillo amparados por la ayuda imprescindible de los alemanes. Es a los bancos alemanes –entre otros- a quienes pagamos la deuda y los rescates que salen del dolor de la población. Y se considera un hecho normal que a Alemania le cueste cinco puntos porcentuales menos que a España endeudarse (Alemania también se endeuda ¿no saben?). O que la canciller de ese país imponga –como hizo hace un año- una modificación de la Constitución española para dar prioridad al pago de la deuda especulativa sobre cualquier otra necesidad.

Pero llega el maná. ¿Para quién? El gobierno de Rajoy va a pedir un rescate. Se lo exige así el presuntamente dadivoso Draghi para esa compra de bonos que nos venden como tan estupenda. Con contrapartidas inviolables, al punto, dice, de retirar el dinero ya dado si no se cumple. Las “contrapartidas” son más recortes.

¿De qué historia nos hablan? “Un día trascendental para España”, titulan a toda banda. ¿Para España o para los españoles? ¿Para las cuentas de un país en ruina al que se resta soberanía a cambio de créditos o para los ciudadanos?

Toda la Unión Europea renquea por las políticas de austeridad que dicta, sin apenas contestación, Angela Merkel. Os recuerdo el dato del economista José Carlos Díez (a quien por cierto acaban de echar de la Universidad de Alcalá de Henares después de 20 años de dar clases): “En mayo 2010, cuando Europa apostó por austeridad compulsiva, la producción industrial de la Eurozona crecía 12% ahora cae 2%”.

Con todo, lo peor es la sumisión al poderoso, al líder surgido de la arbitrariedad. Solo porque es más rico y más fuerte, la ley de la selva aún. Como los norteamericanos en la posguerra, Merkel nos trae otra suerte de leche en polvo y queso amarillo para repartir en los colegios. Acuerdos empresariales puede ser. Doctrina que sienta cátedra por encima de todo.

En días como hoy una se siente patriota, aunque no sé si de España. Puede que sí incluso, pero en particular de un país irreal donde reine la cordura, la justicia y la dignidad.

Eurovegas ¿la corrupción organizada en Madrid?

Eurovegas se instalará en Alcorcón. Es lo que afirma el líder del PSOE madrileño Tomás Gómez quien asegura que el solemne anunció lo hará la presidenta Esperanza Aguirre como plato fuerte del Debate del Estado de la Región, a celebrar los días 11 y 12 de Septiembre.

La comunidad de Madrid ha desmentido a Gómez como cuenta el diario.es. Lo cierto es que en la Comunidad están encantados con el proyecto y así añaden a la declaración: “Ojalá venga a Madrid, a pesar de Gómez que ha sido el mas reaccionario con este proyecto. Adelson dijo que lo iba a anunciar a finales de agosto y aún estamos esperando”.

 Sea cierto o no, Aguirre no ha declinado su intención de abrir la puerta en Madrid a un empresario investigado por corromper, presuntamente, con sobornos a políticos para el logro y mantenimiento de sus negocios. Y por el lavado de dinero negro procedente del narcotráfico. La justicia norteamericana cree que Sheldon Adelson, el mayor propietario de megacasinos del mundo, sobornó oficiales en China, un país en el que tiene dos, abiertos en 2004 y 2007. Y que sus empleados –en este caso él no ha sido citado a declarar- autorizaron el manejo en las salas de millones de dólares de procedencia altamente dudosa. Hay tres investigaciones en curso: de la Junta de Supervisión del Juego del Estado de Nevada del Departamento de Justicia y de la  Securities and Exchange Commission, la agencia que regula el mercado de valores, estas dos últimas a nivel federal. Adelson apoya al republicano Romney y creen que estos hechos pueden influir en la campaña electoral.

Es cierto que, para desgracia nuestra, pocos lugares como España –y dentro de ella, Madrid- para amparar este negocio que aúna lo peor de las más sucias prácticas empresariales y sociales, pero una ciudadanía consciente no consentiría que nos metan este foco de podredumbre en nuestro país antes, al menos, antes de haberse aclarado las responsabilidades en las investigaciones. Las mayorías absolutas no facultan estas actuaciones, sin que medie la oposición de alguien competente. No hará sino acrecentar nuestra ruina.

Un parque temático de la mediocridad. Un lugar donde solo crece el juego. En el norteamericano se ha añadido ya al primitivo, la representación de Europa, Venecia, El Carnaval, Asia, Finales del siglo XIX en San Francisco, Paris, Hollywood, El Trópico, Antiguo Egipto, Camelot y el Medioevo, Nueva York, Montecarlo, Italia, Imperio Romano, Polinesia, Caribe y piratas… como contaba en un antiguo post con las referencias de José Antonio Rodríguez y Rosa María Calaf. La misma temperatura y luz todo el día. Decorados en lugar de realidad. Un símbolo de esta sociedad enferma. Aún hay tiempo de evitarlo.

Fontana de Trevi artificial en Las Vegas. Foto: J.A. Rodríguez

 *Las Plataformas “Eurovegas No” Y “Aturem Eurovegas” Lanzan El Vídeo Voces Contra Eurovegas

Un abrazo de John Coffey en nuestra Milla Verde

Cada día, la mañana confirma la pesadumbre con la que nos acostamos. Cada día nuevos atropellos que se añaden a los que uno espera se hayan disipado con la luz del amanecer. La sanidad pública española –que era hasta hace poco una de las mejores del mundo con el mínimo gasto- destrozada. Seres humanos que van a curarse y no son atendidos porque carecen de un papel. Aunque esté cundiendo la desobediencia a tan injusta ley, no abarca a la totalidad de facultativos. Miles de enseñantes despedidos. Niños que introducen en sus vidas la fiambrera que les quiere obligar a creer que pertenecen a una casta inferior: la que –con las nuevas medidas del PP- carece de dinero suficiente para comer en el colegio. O que el dinero implica alguna superioridad ética. Empecinamiento en la regresión ideológica que da subvenciones -cambiando a su antojo las leyes-, a padres trogloditas que consideran la sexualidad una amenaza y un pecado.

Un sin fin de despropósitos. Mientras aumenta el paro porque no puede ser de otra manera: además de la reforma laboral, es el propio gobierno quien destruye el empleo público. Mientras asistimos a la paradoja de que todavía existe, con opciones de poder, derecha más ultramontana y mezquindad superior a la de Mariano Rajoy. Y hay buitres merodeando el cadáver del hombre que nos ha traído el desastre con una celeridad que podía haber empleado en mejores menesteres. Por el ala más ultra. Por la que quiere silenciar el periodismo y vender a precio de saldo nuestro patrimonio.

Dinero, para Bankia y los bancos que nos arruinaron  mientras sus gestores se enriquecían, que sale de recortar y exprimir a la población en general. Porque los derechos que protege el PP  no permiten cobrar impuestos justos –como hiciera el PSOE –a quienes más tienen, ni perseguir el fraude.

El periodismo que no da la talla. Que se hunde en la miseria que él mismo propicia con su tibieza y el inútil “pan para hoy”. O que arroja del servicio activo a quienes sacan los pies del tiesto de la costumbre establecida para informar verazmente.

La trivialidad, la inacción, la complicidad de un sector decisivo de la sociedad.

Ha muerto un actor estadounidense. Michael Clarke Duncan. A los 54 años. Entre sus obras, el inolvidable personaje de John Coffey en “La milla verde” (1999). Un condenado a muerte por un crimen que no cometió. Un rara avis en una cárcel casi tan inhóspita como la vida que nos están obligando a vivir. Un hombre para el que nuestra razón aceptó –como excepción- que dispusiera de poderes extraordinarios para curar, alargar la vida, y sembrar el bien. Que muere sin venda en los ojos porque le da más miedo la oscuridad. Acepta contento su ejecución, cansado de ser diferente. Y siembra el dolor en los pocos que –por conocerle- sienten el valor de su existencia y la pérdida de un ser tan excepcional. 

Un hombre enorme. Bueno. Que nos abraza como un gran oso de peluche para darnos calor y fuerza. Para creer eso también: que puede hacerlo. Que la ficción es irreal pero no sus símbolos. Bondad eterna, amor, generosidad, coherencia, afán de justicia, libertad auténtica.

Otoño… negro como el fondo de un pozo ¿O no?

Comienza curso con las peores perspectivas posibles. De no cambiar el rumbo de las decisiones políticas, porque soluciones diferentes las hay. Desde el 1 de Septiembre nos hemos visto más empobrecidos por las medidas decretadas que han entrado en vigor. Se cumple a rajatabla la tendencia que ya he apuntado en otras ocasiones: cada vez pagamos más por menos.

Es decir, más de 900.000 personas -inmigrantes y españoles- se han quedado sin sanidad gratuita. 417  medicamentos de uso habitual salen desde ahora del Sistema Nacional de Salud, lo que se añade al re-pago en las farmacias. El IVA ha registrado la mayor subida de la historia. Y dice Rajoy – en el mismo pueblo gallego en el que año pasado aseguró que no subiría el IVA- que es “porque no hay otro remedio para pagar los servicios sociales». Casualmente, solo se puede recortar de ahí. Se puebla Internet con los vídeos en los que Rajoy aseguraba que el IVA es “el sablazo del mal gobernante”. O Soraya Sáenz de Santamaría  –cuando lo elevó, menos, Zapatero- planteando -con la misma convicción y firmeza que cuando sentencia lo contrario- que sería «la puntilla para las clases medias.» Tenían razón entonces, es así. «Las mentiras tienen las patas muy cortas», como decía Esperanza Aguirre.

Lo ha ordenado “Bruselas” en realidad, lo mismo que el BCE, el FMI, a cambio del dinero que nos da para rescatar a los bancos.  A los neoliberales solo les interesa que paguemos a los especuladores. Zapatero era responsable por sí mismo cuando empezó a seguir estos mandatos, Rajoy no tiene culpa alguna: la cosa viene desde fuera.

Pero, además de las involuciones ideológicas, del cambio de modelo social en el que se ha aplicado como nadie el Gobierno del PP, tenemos los resultados de las políticas económicas. Estamos en recesión, a punto de un segundo rescate (esta vez para el país entero que obligará a más recortes y más dinero y derechos a exprimir de nuestros bolsillos y de nuestras vidas), las cifras de paro han subido en verano lo que no ocurría nunca y lo harán mucho más en otoño. Es la consecuencia lógica de la reforma laboral.

Dice Rajoy que han gobernado mucho y bien. Jalea sus desastrosos decretos. Pero lo cierto es que también en cuanto a la gestión su labor ha sido nefasta: el déficit del Estado supera en los 7 primeros meses del año, el objetivo propuesto para todo 2012. 4,62% del PIB frente al 4,5 que Europa amplió desde el 3,5%. Ha gastado 48.000 millones más de lo previsto, que es una cuarta parte más que en el mismo tramo del año anterior. Si con todos los recortes y subidas de precios, se han ventilado todo el presupuesto en 7 meses ¿qué más van a necesitar para llegar a fin de año sin sacar de las arcas un solo euro? Rescate, a pagar por la sociedad en general, no nos regalan el dinero, es un crédito. Y más recesión. Y… la cadena interminable que lleva a Grecia.

España hoy, el gobierno de Rajoy, no genera confianza. La salida de capitales en el primer semestre de este año ha sido de 219.817 millones de euros. En el mismo periodo de 2011, entraron 22.457.

Europa en su conjunto no genera confianza porque se han empeñado en una política de huída hacia delante que sin embargo está enriqueciendo “a sus chicos”, como cuenta Juan G. Olivares en el caso de España. Categórico el dato que daba en twitter el economista José Carlos Diez: «En mayo 2010, cuando Europa apostó por austeridad compulsiva, la producción industrial de la Eurozona crecía 12% ahora cae 2%».

Y, en estas condiciones, sale Rajoy de ese planeta en el que parece vivir y habla en Galicia para apoyar a su candidato (y anunciar, a este fin, que el AVE que inició el PSOE llegará ¡¡¡en 2018!!!), y concede una entrevista a ABC (que reproducen 3 periódicos conservadores europeos: Corriere, Le journal de Dimache y Bild) y en cambio niega una presumiblemente no complaciente al director del prestigioso diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung, según ha sabido Sol Gállego-Díaz.

¿Y qué dice Rajoy? Que «cumplir con su deber le llevará a ganar las próximas elecciones» (no solamente piensa quedarse ahora tras su estrepitoso fracaso sino añadirle cuatro años más) Que «en Junio de 2013 ya empezaremos a recuperarnos». Palabra de Rajoy tan cierta como las anteriores. O que, como comentaba al principio, «no hay otro remedio» que subir el IVA (cuando sí lo hay por Sí hay dinero… que no quiere tocar). O estos balones fuera: «Yo no tengo varitas mágicas y nunca prometí milagros. Saldremos de ésta con esfuerzo, perseverancia y fe en nosotros mismos». ¿Habéis probado a meter cerezas, melocotones, o tomates podridos en un cesto lleno de estos vegetales sanos? Pues eso pasaría, pasa, con nuestro «esfuerzo» entregado a Rajoy y su equipo.

A Rajoy apenas parecen pasarle mentira sus mentiras, sus políticas que nos llevan a la ruina, ni siquiera su falta de tacto. Porque se ha apresurado a dar otros 4.500 millones de euros más –en contra de la opinión de Bruselas – a Bankia, el mismo día que sube el IVA, y se ponen en marcha los medicamentazos o la exclusión de seres humanos de la sanidad.  ¿Cómo se estima en tan poco tanta gente que aún no relaciona conceptos? ¿Y cómo sigue creyendo que se arreglará algo por este camino? ¿No bastan los hechos y las mentiras reiteradas?

Y entretanto siguen deslizándose peligrosas inducciones de conceptos: «Acoso al Estado«, por ejemplo. El gobierno no es el Estado. El Estado es una organización social compuesta por muchas Instituciones y personas. España no es el PP. Y las protestas contra el gobierno son absolutamente lógicas y legítimas.

No, el otoño no es negro. No puede tener más matices y colores. Sólo hay que quitarle el manto de inmundicia que lo impregna, antes de que lo corroa, si aún estamos a tiempo.

Parque de la Fuente del Berro. Madrid. Desde una ventana de RTVE. 2008.

En nombre de la mayoría absoluta

El PP está llevando a cabo con inusitada presteza lo que parece un cambio del modelo de Estado en España. Se apoya en la mayoría absoluta que otorgaron a Mariano Rajoy 10.830.693 ciudadanos, el 30,37% del electorado. Conviene recordar que con más porcentaje y más votos, Zapatero no la consiguió en los dos anteriores comicios.

No cabe poner en entredicho la legalidad del Gobierno del PP de acuerdo con nuestras leyes electorales, pero sí preguntarse –a la vista de sus actuaciones– si no está aplicando una mayoría “absolutista” para obtener los fines que persigue. De entrada elude a casi el 70% del electorado que no apostó por Mariano Rajoy. Tampoco da la impresión de pensar en cuántos ciudadanos se inclinaron por él creyendo –en el más estricto sentido de la palabra– que solucionaría la crisis. Lo más grave sin embargo es la torsión del propio concepto de democracia, no solo en actitudes, sino en leyes que se han puesto en vigor. 

Un Gobierno democrático ha de atenerse a normas y convenios de mayor rango que los resultados electorales. Para empezar, España es “un Estado social y democrático de Derecho”, según consagra el Artículo 1º de la Constitución. Social, no mercantil. Y por tanto asegura una serie de derechos a los ciudadanos.

El derecho a la sanidad, por ejemplo. Está recogido en la Constitución española, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y está declarado desde 2010 por la ONU –de la que formamos parte– “Derecho Humano esencial”. Pues desde este 1 de septiembre, el PP deja sin sanidad pública gratuita a más de 150.000 emigrantes y numerosos españoles que no cumplen los requisitos de una salud pagada en virtud de contratos de trabajo.

La reforma laboral tampoco parece ajustarse escrupulosamente a varios artículos constitucionales: el derecho al trabajo (artículo 35), el derecho a la negociación colectiva (artículo 37) o el derecho a la libertad sindical (artículo 28). El Gobierno –y su prensa afín– atacan en particular a los sindicatos.

Por muchos que sean sus errores, su labor también está avalada por la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 23.4: “Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses”. En este sentido, que hayan dejado de ser vinculantes los convenios laborales en las negociaciones colectivas sitúa al trabajador en la indefensión ante el empresario. Agravada de día en día en el país que ostenta el récord de desempleo del mundo desarrollado.

Estamos viendo cercenado el derecho a la justicia con las leyes de Gallardón –que prácticamente reservan los recursos a las sentencias a los más ricos y que han sido protestadas por el propio poder judicial– o la supresión o restricción de los turnos de guardia de oficio en algunas comunidades autónomas. Asistimos atónitos a presiones gubernamentales para adoptar determinada postura como ocurrió para intentar salvar a Dívar. La separación de poderes es consustancial a la democracia.

Sería prolijo para un artículo enumerar lo que no es sino una actitud. ¿La que expresó en el Congreso de los Diputados el exabrupto de la popular Andrea Fabra? Recortes e incrementos nada inocentes. Copagos, merma de la ayuda a la dependencia y al desempleo, dificultad de acceso a la cultura como si ese valor esencial fuera accesorio, colegios segregados por sexo, discriminación de los alumnos en los comedores según su poder adquisitivo, pavor a las tecnologías de la información en los textos escolares, el aborto, la mujer tutelada de nuevo, la  familia, la autoridad frente al diálogo… una vuelta al pasado, en definitiva, con fuertes tintes del capitalismo salvaje al uso. Un cambio del modelo social.

El flagrante asalto a las radiotelevisiones públicas que han vuelto a ser “de partido” y con destituciones arbitrarias debidas a la inquina personal de dirigentes del PP, como ha ocurrido con Ana Pastor en TVE. O el de Javier Gállego y su Carne Cruda de Radio 3 (RNE) por ser crítico, libre y brillante como pocos.

Con una gestión económica nefasta hasta límites que ni los más críticos y conocedores de datos podían anticipar, con un país a las puertas de un segundo rescate, en el que todas las cifras económicas se desmoronan y pierden los ciudadanos calidad de vida y derechos en cascada, el PP se desliza por terrenos peligrosos en el modelo de Estado en el que está empecinado.

Y, además, la agenda del presidente como secreto inviolable. Comparecencias parlamentarias –de Rajoy y de todo su equipo– que son sistemáticamente rechazadas por la mayoría absoluta. O la ausencia de auténticas entrevistas periodísticas y ruedas de prensa.

Hemos visto inducir conceptos perversamente erróneos que no parecen basados solo en la ignorancia, al asegurar varios miembros del partido gobernante que “la soberanía popular reside en el Parlamento”, según atestigua el vídeo, por ejemplo, de la ministra Fátima Báñez. Es en el pueblo donde reside, y las Cortes la representan.

Un Gobierno ha de gobernar, pero ¿hasta dónde llegan las prerrogativas de su mayoría absoluta? Si decidiera –que de ningún modo es el caso– abolir la propiedad privada, ¿sería legítimo también? Pues muchas acciones en la línea ideológica del PP asisten al mismo contrasentido.

El ensañamiento con los funcionarios del sector público por ejemplo, está destinado tan solo a privatizar servicios esenciales de este… Estado social que costeamos con nuestros impuestos, en beneficio de unos pocos.

¿Todo vale con las mayorías absolutas? Terribles ejemplos del pasado hacen temer que no. La relajación actual de los valores democráticos o la prioridad del pago a la especulación sobre las necesidades de los ciudadanos dibujan inquietantes escenarios. También se decidió la inclusión de esa prelación en la Carta Magna, sin más trámite, por la mayoría de PSOE y PP, en este caso juntos.

Es la inacción de la sociedad la que posibilita estas conductas desviadas de las que se convierte en cómplice. No basta con acudir a las urnas. Cuando creemos en fundamentos básicos de nuestra convivencia, como es el valor democrático del voto, hay que pensar en sus condicionantes. Nadie como José Luis Sampedro definió mejor lo que nos ocurre, yendo a las auténticas causas de la situación que nos está llevando al abismo:

¿Democracia? Es verdad que el pueblo vota y eso sirve para etiquetar el sistema, falsamente, como democrático, pero la mayoría acude a las urnas o se abstiene sin la previa información objetiva y la consiguiente reflexión crítica, propia de todo verdadero ciudadano movido por el interés común. (…)  Se confunde a la gente ofreciéndole libertad de expresión al tiempo que se le escamotea la libertad de pensamiento”.

Vivimos tiempos muy duros que pueden llevar a perversiones indeseables. Leyes y factores por modificar, de forma apremiante ante el cariz de los acontecimientos. Pero cuando se ha incumplido el programa y las promesas electorales, cuando la palabra de Rajoy (y de su equipo) es papel mojado tras la lluvia de los hechos caída sobre él, y cuando asistimos al cambio de un modelo de Estado, lo mínimo que se le puede pedir a un partido democrático es que coteje en las urnas si ésa es la voluntad de la mayoría real y convenientemente informada. Nuevas elecciones. ¿Con este panorama político? Esa es ya otra historia que también habrá que contar.

*Publicado en Zona Crítica. eldiario.es