El registrador de estirpes

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España es hoy el paraíso de las élites. Las vemos salir de estampida en sus vehículos saltándose la ley sin temor a arrollarla porque se creen en posesión de ese derecho. Deben estar en lo cierto a la vista de la impunidad que suele acoger la variedad de atropellos que perpetran. España es el país donde, sin pudor alguno, los privilegios llegan a ser institucionalizados. Diez mil personas gozan ya de prerrogativas judiciales en caso de delinquir. La reina, el príncipe y la princesa acaban de sumarse por decisión del gobierno a esta larguísima lista de aforados. Otra anomalía democrática más que contrasta con los países de nuestro entorno donde solo los presidentes de República -como mucho, nadie en la mayoría de ellos- ostentan esa condición excepcional. Las élites en España están estos días que se salen. Tendrá algo que ver a quién tienen situado a la cabeza del poder  del Estado? Pocos nos han instruido mejor que Rajoy que acerca de cómo piensan las gentes de su clase

 Se diría que a los 24 años se estampó en la frente un sello de registrador de propiedades, timbrado en pesetas -la moneda española del siglo pasado-.  Ambas características marcarían el carácter de Mariano Rajoy: su amor a lo añejo y a fijar títulos. Ascendido hasta la cúspide en su carrera política, a la que lleva dedicada casi 35 años, Rajoy pasó a culminar su secreta vocación: convertirse también en registrador de estirpes.

 Hasta hace unos 5 ó 6 años aún se encontraban en la Red, sus dos famosos –aunque nunca lo suficiente- artículos sobre la desigualdad humana publicados en el Faro de Vigo en 1983 y 1984. Desgranaba el entonces diputado del PP sus argumentos sobre la preeminencia de unas clases sobre otras, escribiendo: “Ya en épocas remotas se afirmaba como verdad indiscutible que la estirpe determina al hombre (…), era un hecho objetivo que los hijos de ‘buena estirpe’ superaban a los demás“. Notemos que en la estirpe de Rajoy hay una afición desmedida por dar como “verdades indiscutibles” lo que no son sino opiniones personales.

 Suele resaltarse menos, sin embargo, el hallazgo intelectual del gran teórico de las estirpes: la “Envidia igualitaria”, concepto que Rajoy desarrolla a partir de la idea primigenia de un ilustre franquista, Gonzalo Fernández de la Mora. La igualdad para ambos se basa en los genes de mayor o menos calidad: “El hombre es desigual biológicamente, nadie duda hoy que se heredan los caracteres físicos como la estatura, el color de la piel y también el cociente intelectual. La igualdad biológica no es pues posible. Pero tampoco lo es la igualdad social: no es posible la igualdad del poder político”.  En la estirpe de Rajoy, por cierto, se hace un flaco favor al coeficiente intelectual de los progenitores.

 Rajoy traduce la desigualdad en la que cree. Desciende al terreno práctico y grita ante la aberración que planteaba en aquella época –ay- la Declaración de la Renta al establecer baremos distintos de cotización: “¿Por qué, mediante la imposición progresiva, se hace pagar a unos hasta un porcentaje diez veces superior al de otros por la misma cantidad de ingresos? Para penalizar la superior capacidad, o sea, para satisfacer la envidia igualitaria”. En la estirpe de Rajoy, como observarán, falla estrepitosamente el dominio de las matemáticas. Y también de la Constitución Española que consagra la progresividad fiscal, hoy bastante deteriorada.

  El registrador de estirpes llegó un día, pues, a la presidencia del gobierno español y ya pudo actuar sobre esos infectos seres que, además de ser inferiores, osan tener envidia igualitaria y perturbar –algo- a quien ostenta la supremacía natural. Y actuó en consecuencia. ¿Pero qué es eso de querer casa, comida, sanidad, educación, un trabajo estable, una remuneración que permita afrontar los gastos o una vejez como si fueran altos, guapos, delgados, portentosamente inteligentes y sobre todo de buena familia?

 Cuando habla de la crisis dice que se sale de ella « sin las anteojeras de prejuicios ideológicos trasnochados«. Ya lo había anticipando en su tratado de las estirpes: “todos los modelos, desde el comunismo radical hasta el socialismo atenuado, que predican la igualdad de la riqueza” tienen como objetivo imponerla y son “radicalmente contrarios a la esencia misma del hombre”. Desigual. Con la superioridad incontestable de elementos como Esperanza Aguirre, Mariano Rajoy y sus semejantes. Hay seres tan estúpidos que no la aceptan ¿puede creerse? ¿puede tolerarse?

 Rodeado de mentes funcionarias de ganancias privadas, Rajoy se ha dedicado con fruición a desmantelar el Estado del bienestar al que la escoria social no tiene derecho. Todo pertenece por lógica a la estirpe de Rajoy, aquella para la que él trabaja. A la de las Aguirres prepotentes y el resto de la casta que ha vuelto a tomar por sus fueros este país, si alguna vez se apearon mínimamente de sus tronos.

 Imprescindible carecer de sentimientos o de la más mínima empatía hacia las víctimas. En la estirpe de Rajoy, el corazón sobra. Hay que primar el cuidado del bolsillo, con sueldos, sobresueldos legales y lo que caiga de esa contabilidad B de dinero tramposo cada vez más clara judicialmente. Viene bien, ayuda, corromperse y corromper, comprar voluntades y cortar las alas de alguna manera a quien quiera provocar algún cambio.

 Buscar el rédito personal y de grupo antes que el bien de la sociedad a la que se dice representar. No tener complejos, ni miedo de ser tachado de traidor y hasta rastrero porque también puede acarrear beneficios. Como cuando Rajoy aprovechaba sus salidas internaciones – desde una de las primeras como ésta– para que instancias europeas condenaran actuaciones progresistas españolas –cuando las ha habido-.O para alinearse con el ultimátum de Bruselas, Obama y todo el cónclave neoliberal, en los fatídicos días de Mayo de 2010, cuando el austericidio comenzó.

 A pesar de los incontables privilegios de los que disfrutan las estirpes de los Rajoy del mundo, no todos quisiéramos pertenecer a ella. Pensar, por ejemplo, en ese día que se cae –en desgracia o tal cual- y se ha sembrado tanto asco, desprecio y odio que nadie acude en ayuda. En cualquier caso, España tiene pendiente una radical transformación democrática. Algo así como dar un salto al siglo XXI desde la Edad Media en la viven instalados un montón de fantoches que se creen superiores a los demás.

*Publicado en eldiario.es

Ada Colau y los «debates» para afianzar el sistema

colau-rojo Me cuentan y leo con detalle el episodio bochornoso que vivió este sábado el programa La sexta noche. Nada no habitual solo que esta vez se pasó de rosca. Tres infectos tertulianos utilizaron de muñeco de feria para el ping, pang, pung a Ada Colau, representante de la Plataforma de Afectados por la hipoteca. Exactamente como sucede en las cadenas de ultraderecha de la TDT Party que llevan a alguien de izquierda para freírlo.

Pero es más grave todavía lo que sucede con estos falsos debates que pasan por serios y conviene insistir hasta la saciedad como hago de vez en cuando porque gentes con poco criterio -o con afán de morbo- los confunden con programas realmente informativos, avalados por algunas figuras que (en el caso concreto de la Sexta) tiene en otros programas. La intención de estos debates -de éste y de la mayor parte de los demás- no es clarificar nada. Es ofrecer un espectáculo para ganar audiencia y vender. Cuanto más «bronco» sea el diálogo más venden, y… más afianzan el  sistema. El mismo que consigue tantas víctimas traguen la estafa que los poderes del neoliberalismo nos están perpetrando.

Alfonso Rojo es el individuo que dirige una cosa llamada Periodista Digital. Hace bien pocos días os mostré la creativa versión que hicieron de un artículo que publiqué en eldiario.es. Por supuesto sin pedir permiso y sin pagar nada por incluirlo en su medio. Precisamente me refería en algunos párrafos al peligro de los falsos debates. Este sábado le dijo a Ada Colau:  «Está usted muy gordita para el hambre que se pasa». Además del insulto, la ignorancia de las lenguas viperinas tiende a obviar que hay muchos gordos entre los pobres porque la comida barata -cerdo, tocino, pasta, etc..- tiene más grasa  e hidratos que el jamón de jabugo y las angulas.

El presentador le echó. Un ratito. Como leo pasa en el rugby. Luego regresó al plató para seguir cumpliendo su función. Eduardo Inda, de El Mundo, se animó entonces a pedir a Ada Colau que condenara a ETA. Parece una broma macabra ¿verdad? pues lo hizo.  Y nadie le echó. Y ya, en barra libre de acoso, llegó Francisco Marhuenda, director de La Razón y tertuliano permanente, y le dijo: «España ha progresado gracias a Amancio Ortega, no a gente como usted». Más detalles del espectáculo que acaparó audiencia y morbo, aquí. 

Veamos, estos peligrosos programas han convertido en objeto de «debate» (sucio) y de duda… todo. Un día  muchos de los canelos que lo ven verán morir de hambre o de  hipercolesterelomia (por comida insana) a sus hijos, y acudirá un Marhuenda, un Rojo, un Inda, a decirles que no es cierto lo que están viendo. Acudirá sobre todo un presentador a echarles un ratito, si canta mucho. Para nadie puede representar una sorpresa que estos tertulianos se comporten como lo hacen, para eso les llaman día tras día.

Porque, aclaramos por si acaso la cabeza es perezosa, este sistema permite que miles de personas pierdan sus casas , muchas veces a manos de bancos a los que se ha apoyado con dinero público. Eso es lo que defiende Ada Colau y la PAH. Es lógico que quienes se lucran con este estado de cosas  -con las bajadas de sueldos, los repagos en sanidad, el recorte del Estado del Bienestar en definitiva- defiendan como sea -incluso con bajeza infinita- lo que permite su beneficio. Existe gente de esa calaña. Por lo menos los afectados -la mayoría de la población- deberían ser conscientes de qué están apoyando.

Si La Sexta no expulsa de su nómina fija a estos desaprensivos y no vuelve a llamarlos jamás, estará evidenciando que solo busca distraer de la verdad, buscar bronca para vender y afianzar el sistema de la estafa a la sociedad. En sus manos está. Y en las de su audiencia.

Aguirre a la fuga

No damos crédito a la nueva vuelta de tuerca de la casta que ostenta prácticamente todo el poder en España, Ignacio Escolar resume el episodio con las palabras que yo emplearía:

Imaginen, es un suponer, qué le pasaría a cualquier otra persona si aparcase el coche en el carril bus en el centro de Madrid, a las cuatro de la tarde en plena Gran Vía. Si al llegar los agentes de movilidad con la multa, le pidiese que se diesen prisa, que no tiene todo el día para aguantar «la multita y la bronquita». Si cansada de esperar, arrancase el coche y se diese a la fuga. Si arrollase la moto del agente en la precipitada huida. Si se negase a parar y siguiese conduciendo tan campante entre el ruido de sirena del agente que la persigue hasta el garaje de casa. Si después, como si tal cosa, enviase a los escoltas –de la Guardia Civil– a negociar un «parte amistoso de accidente» porque «el seguro del coche es a todo riesgo». Si más tarde argumentase ante la prensa que «lo único que querían era una foto», que «sólo tardó un minuto», que a «esa hora no hay nada de tráfico», que «la moto estaba malísimamente aparcada»…

La pregunta: ¿dónde estaría un ciudadano cualquiera que hubiese hecho algo así? ¿En su casa o en un calabozo de comisaría?

El suceso retrata la falta de oxígeno que, a determinadas alturas, nubla la mente de aquellos cuyo poder es absoluto. La distorsión de la realidad de una condesa muy poco acostumbrada a vivir la vida de un españolito cualquiera. La evidente falta de consideración por la ley, por la autoridad, por los funcionarios, por todos los ciudadanos a los que ha representado y que no se pueden permitir estos excesos sin que se les caiga el pelo. El cinismo de alguien que da lecciones sobre la nación, la libertad y el respeto a la policía mientras se aplica este cuento. La falta de pudor. La prepotencia. La sensación de impunidad que se tiene que tener para actuar así y salir luego a explicarlo, culpando encima a los agentes por la «bronquita», sin que se te caiga la cara de vergüenza.

Aguirre, a su manera, da ejemplo. Demuestra con sus actos la hipocresía de sus palabras. Se ha convertido en su propia caricatura».

Ana Botella, la actual alcadesa de Madrid y enfrentada a Aguirre de quien se dice deseaba justo ese puesto, ha declarado que ante la Ley somos todos iguales y «el agente tiene PRESUNCIÓN DE VERACIDAD». En serio, leedlo. 

Creer a Cáritas o a Montoro y los «marhuendas»

Creer o razonar, ésa es la cuestión. Cáritas ha presentado un demoledor informe sobre el aumento de la pobreza en España desde el inicio de la crisis que evidencia un agravamiento con la gestión del PP, y Cristóbal Montoro acusa a Cáritas de venir provocando, dado que los datos que aporta, dice, no se corresponden con “su” realidad.

Nos hallamos ante una disyuntiva clara: creer a esa peligrosa organización extremista radical de ultraizquierda vinculada a la Iglesia católica española por demás progresista o a un ministro fiable como pocos, incapaz de mentir y volcado en el bien común. Se organizan los habituales falsos debates –espectáculo para vender– en donde un lado de la grada “cree” a Montoro y el otro a Cáritas y una termina por certificar que vive en un país con un decisivo predominio de idiotas que explica la caótica situación que padecemos.

España es el país europeo con más pobreza infantil sólo superado por Rumania. Casi el 30% de los niños están en riesgo de pobreza, nueve puntos más que la media europea. El 12% de los españoles con trabajo no reciben el salario que cubra sus necesidades. También ha aumentado la pobreza de los ancianos, cuando además se ha incrementado el número de familias completas que viven sólo de la pensión de los abuelos. ¿Nos lo creemos o preferimos seguir las zanahorias de recuperación que nos presenta el PP? ¿Nos atenemos a los datos o miramos cómo los retuercen en las pizarras de la complicidad mediática?

Porque es muy fácil saber la verdad. Basta con atender a todos los indicadores, todos, para ver que reflejan ese descomunal aumento de la pobreza y la desigualdad en España.

El índice Gini –el más conocido y valorado– refleja en España un 34% de desigualdad (en una escala que va del 0 al 100% y en el que 0 sería la perfecta igualdad y 100%, la completa desigualdad). Suele crecer muy lentamente, por milésimas, y en cambio ha subido 2,7 puntos para España durante la crisis. Sólo Letonia supera a España, con un 35,2%. Alemania tiene el 29 % y Noruega, el 22,5%.

En datos de Eurostat, España saca la nota más alta en desigualdad de los 28 miembros de la Unión, un 7,5, medidos esta vez del 0 al 10. Aquí superamos incluso a Letonia. Alemania baja a un 4,6. Y Noruega, al 3,3.

Veamos la OCDE: las rentas más bajas en España han perdido un 33% de capital; las más elevadas, un 3%. Al 10% de la población más rica, apenas le ha afectado. “El retroceso de las rentas bajas no ha sido tan notable en ningún otro país desarrollado”, firma la OCDE. Y añade: el 30% de la población más rica recibe más ayudas que el 30% de los más pobres. De filiación liberal, la OCDE advierte: “las prestaciones asistenciales para los desempleados de larga duración y para las familias de trabajadores pobres deben ser fortalecidas urgentemente”.

Seguimos por el Informe Global de la Riqueza de Credit Suisse. Pese a los recortes y la crisis, el número de millonarios ha crecido en el mundo y en España. Tenemos 47.000 conciudadanos más que añadir en el último año a los que les sale el dinero por las orejas. Ésos no se pueden quejar, ésos son a los que mira Montoro y su patrocinador Rajoy. Y sus compinches mediáticos y la sarta de bobos que contemplan la filigrana sin usar ni una neurona en el empeño. Hay que estimarse en muy poco para no aventar hasta el receptor de televisión cuando le presentan ciertos panoramas.

La Comisión Europea, este mismo lunes, también certifica que los recortes y subidas de impuestos se han ensañado con los hogares españoles más pobres, liderando con Reino Unido ese ranking, dado que otros países repartieron las cargas de forma más equitativa. El incremento del IVA del PP –que fue el mayor de toda la zona euro– ha tenido consecuencias devastadoras. El empleo no tiene ni el más pequeño signo de recuperación, advierte el informe. El recorte en inversión social (no gasto) nos está volviendo mucho más vulnerables. También señalan que, como consecuencia de estas políticas, ha aumentado la pobreza y la exclusión social.

El mundo entero, una vez más, contra la España “de bien”, la de derechas, y sus colaboradores necesarios. Pero es que organismos patrios también aportan datos. El Instituto Nacional de Estadística, el INE, cuantifica cómo han disminuido los salarios en España, en especial los de las rentas más bajas, que están en caída libre. Mientras los ricos se forraban, por ejemplo, los consejeros del IBEX.

Y ya no nos faltaba más que Cáritas. A la que Montoro, este lunes, ha dedicado un amago de rectificación con la prepotencia habitual, sin entrar, por supuesto, en el fondo.   El informe de Cáritas llama particularmente la atención sobre las descomunales cifras de abandono escolar en España y lo que implica. Las generaciones de jóvenes sin trabajo que no podrán acceder a una jubilación. Cita informes internacionales que reflejan el profundo deterioro de la sanidad pública. El poder, los marhuendas y los que potencian y acentúan el sabor de los marhuendas para desvirtuar el producto niegan hasta lo que contemplan nuestros propios ojos: cómo van cayendo en la precariedad tantos ciudadanos, cómo no pueden ni calentarse adecuadamente en invierno, la angustia por nuestro propio futuro si –por decencia– no pertenecemos a las corruptas castas de la Gürtel y similares.

Hay un grupo que les cree o duda. Es el mismo que les compra el mensaje de la violencia radical de los manifestantes que quiere, les cuentan, desestabilizar el Estado de derecho. De atemperar sus atropellos, ni palabra. Los que andan de corrillos por la calle temerosos de que les quiten ese pienso rancio con el que –a toque de campana– les suministran miedo.

Entonces, ¿qué hacemos? ¿Creemos o nos guiamos por la realidad? La creencia se basa en la fe, considerar cierto lo que no se ve, lo que carece de fundamentos. Rechazar incluso la razón y las certezas. Confiar no es creer –aunque se utilicen como sinónimos– porque se apoya en bases sólidas.

Cuando tratamos de explicarnos por qué triunfa esta solemne estafa que vivimos, acabamos en esa conclusión: todo se debe a una minoría decisiva de crédulos que actúan ante su partido y su medio con ceguera religiosa. Para alimentar su idiocia trabajan sus políticos y sus falsos periodistas. Con ellos les basta y les sobra. No necesitan más para mantenerse. Pero no es un eximente, son culpables de cada daño que causan. En sus manos, la verdad es como este valeroso ser humano arrodillado por la fuerza, a quienes estos mediocres y pusilánimes coautores, todos ellos, gasean para inmovilizarlo y acallarlo.

*Publicado en eldiario.es

*Hablando del clan de los marhuendas, ved lo que ha publicado Periodista Digital -sin pedirme permiso una vez más- fusilando literalmente mi artículo. Ésta es la versión que han hecho de él, de este mismo que veis. Con un par.

La imagen de la deshumanización: gas paralizante a los sin papeles

No puedo quitarme de la cabeza la imagen. La he visto en los informativos de La Sexta. Hace falta ser de una pasta muy especial, mucho, para tratar así a un ser humano. Para ordenar que se le trate así. Y para votar y mantener el apoyo a estas políticas.

No hay excusa.

Y no hay justicia porque si la hubiera esto no sucedería.

 

«El Estado soy yo»

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La frase se atribuye al rey francés Luis XIV. Dos “Luises” después se desataría revolución francesa, por cierto.  El joven rey, de 16 años entonces, la pronunció al parecer ante el parlamento el 13 de Abril de 1655 (Abril les sienta muy mal a los reyes franceses). Hacía pocos días que el Parlamento se le había rebelado en un lit de justice, una costumbre por la cual el monarca se llevaba hasta la cama con cojines a la sesión. “El Estado soy yo” (L’État, c’est moi) es el símbolo de la monarquía absoluta.

Pues bien, el PP también es el Estado, el Estado de Derecho por más señas. Lo repiten sus miembros, incluido el presidente, Mariano Rajoy, a menudo. Hoy ha sido su jefe policial, Ignacio Cosidó, quién, en la COPE y ONDA CERO, ha declarado que “se está produciendo una «escalada de violencia» que busca «desestabilizar el Estado de Derecho», y ha anunciado –como si no lo viéramos- que la Policía tiene intención de hacer frente con «firmeza, con la ley en la mano y con el Estado de Derecho». Más Estado de Derecho, para entendernos.

Un gobierno jamás es El Estado de Derecho, El Estado c’est moi, no puede decirlo un demócrata. La soberanía popular reside en el pueblo, según la Constitución, es decir, obvian hasta la Carta Magna. Y no se protesta contra el “Estado de Derecho” ni mucho menos –mejor nos gustaría que funcionara, con su separación de poderes y todo- se protesta contra el gobierno. Una entidad y un partido autoritario, con gravísimas y ostensibles sombras de corrupción y que ha desmantelado el Estado del Bienestar y privatizado cuanto le ha venido en gana. Como si todo fuera su cortijo. No olvidemos la gestión de Ana Botella que anda vendiendo de saldo, por tres veces menos de su valor, lo que le pasa por la cabeza, y tan demócrata ella  que pide sacar las manifestaciones fuera de las zonas turísticas y creo que hasta ha firmado un decreto en ese sentido que suena a anticonstitucional. ¡Qué más dará que vaya contra la Constitución! ¿No?

Un partido, además, que oferta el palo y la multa y jamás el diálogo.

Meten por los ojos a la gente, con la vergonzante complicidad de muchos grandes medios, que la violencia es lo que se ve en grupos minoritarios, y no el robo de cuanto era nuestro. El hambre y precariedad de muchas personas, la negación de su acceso a la educación a través de costosísimas tasas universitarias, por ejemplo. Eso es violencia. Causa víctimas, algunas mortales.

O atribuir a las Marchas por la Dignidad, como ha hecho la Delegación del Gobierno en Madrid que preside Cristina Cifuentes, estas faltas:

“Asalto a la sede del PP de Perales de Tajuña, intento de asalto al ayuntamiento de la misma localidad, intento de entrada en masa en una entidad bancaria, desobediencia a las indicaciones de la Guardia Civil, infracción de la normativa de seguridad vial por los coches participantes e incumplimiento de dos itinerarios. En total involucra a tres columnas de las marchas: la procedente del Mediterráneo, la de Andalucía, y la del noroeste”. En el texto de Olga Rodríguez los involucrados dicen que las acusaciones son radicalmente falsas y explican por qué.

El fascismo está llamando a la puerta de toda Europa y se verá en las próximas elecciones europeas. Aguantar los desmanes de la derecha neoliberal lleva a este camino y éste, el siguiente, a  terrenos muy temibles. Se quita con más democracia, y enseñando a esta gente que no la mamó, ni la quiere, que el Estado no es el Partido Popular. Y a la gente que cree que esto se pasará que abran un poquito los ojos de su cerebro que están siendo los culpables de cuanto nos ocurre.

La credibilidad rota es irreparable

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Después de cuatro horas en las que miles de personas se manifiestan de forma pacífica, surgen los disturbios… a tiempo para entrar en los telediarios. Para acudir a las portadas de los medios afines al PP en ideología y carácter. Es un clásico. Encapuchados contra fuerzas pertrechadas prácticamente de armaduras. Jamás se vio violencia mayor dice la delegada del gobierno. Puede ser hasta cierto,  no sería raro -motivos sobran-, tampoco aclara quién la provocó; lo peor es el cúmulo de dudas que nos asaltan. Es que a este gobierno y todos sus adláteres ya no les creemos.

Las mentiras de Rajoy, de Soraya Sáenz de Santamaría, Cospedal, González Pons, Floriano, de cualquiera de ellos en quienes se repare, pueblan las hemerotecas, incluso de su viva voz. La falsedad como norma de vida, la falacia como deporte, los embustes como medio de obtener los fines perseguidos, la invención interesada llevada al extremo. Mucho más allá de las posibilidades de ser aceptada por una sola persona con dignidad y un cierto criterio, siquiera mínimo.

Es a diario. Este gobierno podría inventar el género del sainete trágico con todo lo hecho y dicho, filtrado, expuesto y no expuesto, en la tragedia de Ceuta. Saldada, no lo olvidaremos nunca, con la muerte de 15 inocentes. Escudados en esa sucia maraña ni una dimisión se ha producido, pero no nos han convencido.

Cuanto más impostan la voz para mencionar –paladeando cada sílaba- “Estado de Derecho” y “Democracia”, más notorio nos resulta su ancestral desprecio por estos conceptos. El engolamiento y la teatralidad al pronunciarlas va en proporción inversa a su estima por las libertades de los otros. No cuela.

La creatividad desplegada para embaucar con artimañas en los datos económicos sería de premio internacional si no fuera tan tosca. Reparemos en Cristóbal Montoro, por ser el más reciente. Va el hombre y se encarga un informe a un grupo de sabios –todos hombres, viejos y de traje riguroso-. Le dicen que hay que subir impuestos. Crece el temor de la ciudadanía esquilmada. Se planta en la rueda de prensa del consejo de ministros y rechaza a sus expertos porque la subida del IVA ya ha conseguido reducir el déficit y España está que se sale.  Ha cumplido paso por paso las técnicas de la manipulación –de Maquiavelo a Goebbles pasando por Esperanza Aguirre-. Llamas a unos técnicos para que digan lo que quieres, creas la alarma y luego rebajas la amenaza para que se acepte el mal menor sin rechazo. Y sales impoluto. Hasta agradecidos quedan algunos.Tan obvio que sonroja.

 Otra cosa es que existen muchas dudas acerca de si conseguirá alcanzar los objetivos de déficit. Lo que sí está claro –y tenemos que repetirlo- es que el PP ha elevado la deuda pública del 68,5% al 94% en insólito récord histórico y que esa cantidad por la que nos han endeudado no hay quien la pague. Pero Montoro ha cumplido con el sector bobalicón de sus votantes, ésos que no estiman su cerebro más que las uñas de sus manos.

 Cuesta mucho lograr credibilidad, es algo que se labra a lo largo de los años. Se teje con una sustancia rica pero frágil porque se quiebra al primer golpe o a los dos o tres errores. Como un cristal exquisito. Y no es posible pegar los pedazos rotos. Una vez que el político, el periodista, el médico, tu novio o tu padre te han engañado ¿Cómo volver a creerle? ¿Cómo admitir que ahora te dice la verdad? ¿Qué sentido tiene hacer ese esfuerzo?

 El paternalismo autoritario de la derecha más rancia –hay otra- se empecina en contarles a sus adeptos que la nevera está llena, aunque ellos al abrirla la encuentren vacía. En describirles los manjares que la pueblan a ver si olvidan las telarañas de su estómago. Les mandan a la socia dela Virgen del Rocío dando saltitos y ya entra el sueldo en casa. Abre la boca la poderosa vicepresidenta o sus rivales y amigos y la be vuelve a ser la be y no la zeta. Se le dispara el tic del ojo a Rajoy y ya encontramos guía para distinguir si la mentira es cum laude o solo digna de un aprobado en falsedad. No, ya ni dudas albergamos. No les creemos. Ni comprendemos siquiera cómo se atreven a declarar nada después de haber sido pillados en tan ingente cantidad de renuncios.

 Si los militantes activos del PP, investidos de periodistas para ocupar puestos claves en la manipulación, nos inundan a diario con portadas e informaciones falaces y exageradas, con auténticas obras maestras de la tergiversación ¿se puede creer algo de lo que cuenten? ¿La previsión meteorológica quizás? Puede que hasta eso esté movido por intereses. ¿Cómo discernirlo pues? ¿Para qué?

Harían falta semáforos para entender a los profesionales de la trampa. Ahora miento, ahora no, ahora sí, ahora no. Cuando el engaño es sistemático, cuando la verdad es una aguja en el pajar, ni merece la pena intentarlo. Decenas de manzanas podridas no dejan nada sano. Litros de tinta negra en el recipiente, lo tiznan por completo.

Todos necesitamos referentes, alguien en quien confiar, personas con credibilidad que enriquezcan nuestro propio criterio. Incluso nos conforten en la seguridad que aporta alguien fiable al lado, un soporte que no se hunde. Pero, señoras y señores del PP –por no hablar hoy de otros partidos-, a ustedes no les creemos. En absoluto. Se lo han trabajado a fondo. Ustedes no son de fiar, no alientan, empobrecen (en todos los sentidos) y no les compraríamos ni un caramelo porque cuenta con grandes posibilidades de estar envenenado.

*Publicado en eldiario.es

Grupos radicales arrasan nuevos derechos ciudadanos

Un grupo de radicales en neoliberalismo,  procedentes del Palacio  de la Moncloa,  arrasan nuevos derechos de la ciudadanía. Pertrechados de decretos leyes y de una apisonadora parlamentaria que no atiende al espíritu de la institución, estudian asumir la mitad de la deuda de las autopistas privadas. En la reunión mantenida este martes calculan que «la quita» a  esas empresas –es decir, la puesta de nuestros bolsillos- asciende a 2.400 millones de euros. Son las mismas empresas que nos cobran peaje por circular por sus instalaciones, firmadas por gobiernos locales (en su mayoría del PP) muy poco previsores. O mucho, quizás. Las afectadas son un grupo de empresas muy queridas de los que mandan siempre y se nota porque se llevan muchas concesiones.

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Estos antisistema social  que andan perpetrando este nuevo acto de vandalismo son los que ya han destrozado buena parte de la sanidad pública, quitando camas hospitalarias, la ayuda a la dependencia, la educación, los transportes y servicios del mundo rural y el urbano, los subsidios de desempleo, el propio trabajo degradado hasta niveles desconocidos, pensiones y demás. Este nuevo asalto a los derechos ciudadanos por 2.400 millones de euros dejará devastados otros muchos apartados o disminuidos aún más los ya atacados.

Los delegados de los gobiernos autonómicos afectados se proponen denunciar a los causantes de los destrozos, incluidos los 11 millones de votantes que han dado pie a estas conductas sin consenso. ¿O no?

Puede que no por sus servidumbres de partido, pero desde luego todos los medios informativos se disponen a abrir sus webs, ediciones impresas y programas audovisuales con este incalificable episodio de violencia. Los mismos que han olvidado estos días las reivindicaciones de los agredidos –los ciudadanos- en las Marchas por la Dignidad por un minoritario episodio de violencia –pongamos en cifras muy conservadoras y muy generosas con la postura oficial 500.000 personas pacíficas frente a 100 violentas-, hoy van a echar el resto, mostrándonos los niños que no comen por los recortes, los jóvenes a quienes no les llega ni para comer carne y que son los más empobrecidos de la UE. Aquellos a los que echan de sus casas por impagos de hipotecas y resto de las víctimas. Los que ahora han vuelto a ser sacudidos  por estas hordas neoliberales que actúan con total impunidad.

Cumpliendo con su obligación, como se debe, en servicio público esencial.

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Los herederos de Suárez

La pasión necrofílica española se ha desatado otra vez. Interminables horas de programación televisiva, aunque lo cierto es que no se están saldando con grandes audiencias: el pastel de la cuota de pantalla está muy repartido. Colas –al frío de Madrid hoy- para ver el ataúd con los restos de Adolfo Suárez. Lo de siempre. Fragmento-editorial-ABC-dimision-Suarez_EDIIMA20140324_0392_13 (1) Como era previsible, los mismos que le crucificaron, ahora le ensalzan. El Suárez más injustamente tratado resulta que era imprescindible. Algo más de calor no le hubiera venido mal al fallecido cuando estaba vivo y luchaba contracorriente, sin que le echaran una mano, al menos hubiera agradecido que no le pusieran zancadillas. Pero es que no era exactamente de su clase, un advenedizo, y eso se paga. También están saliendo herederos del insigne personaje. El ministro de exteriores y TVE ayer -que no pierde ocasión de vender su producto- apuntan a Rajoy. Aznar se anota él solo. El y nadie más recoge las esencias del presidente de la Transición. Aznar es un Suárez redivivo que ni precisa le alaben que ya lo hace sin el concurso de nadie más. Esto escribe y esto queda resaltado.

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Es decir, este mismo Aznar que ríe con hipo tocino al contar que él se cargó al partido de Suárez y le retiró de la política. No fue el único.

Mostré ya mis impresiones sobre la figura de Suárez, sobre su personalidad, con motivo de su fallecimiento. El tiempo le agrandó, sobre todo por comparación con sus colegas. Me conduelo ahora más al ver la eternamente repetida hipocresía española. Su infantil y superficial gusto por la muerte y la tragedia como si fueran un espectáculo sin víctimas. Por las emociones intensas aferradas a lo más negativo, al sadomasoquismo que goza con el dolor, heredero –este sí- de la religión imperante a la fuerza en la España de esta gente –queramos o  no-. Al que lleva a sentirse «más bueno» si se sufre en lugar de por regocijarse y ser feliz. Creo que Adolfo Suárez fue un hombre brillante, maltratado… y práctico. Quizás por eso dijo hace ya una década: ahí os quedáis. Si hoy viera el circo montado probablemente se uniría a Labordeta para mandar a unos cuantos adonde se debe. No sirve de mucho pero se queda uno más relajado. Cada vez que alguien muere nos recuerda nuestro tiempo finito y la necesidad de aprovecharlo exprimiendo sus esencias. Lo hermoso sería que de una vez la mayoría impulsara el gusto por la vida, por la alegría. Por la razón y la justicia, por la madurez. Quitarse de encima esta losa de la España profunda. El mundo de los vivos, no de tanto fantasma. Es decir, los fantasmas no son precisamente los herederos de Adolfo Suárez.

Adolfo Suárez, fin de trayecto para un superviviente

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Adolfo Suárez fue un superviviente, un luchador contra la adversidad que un día se cansó y borró todo recuerdo. Las dificultades que afrontó, las traiciones incluso, fueron numerosas y de envergadura. Grandes triunfos ahogados de sinsabores. Y una obra que deja huella.

Una vida adulta que se inicia haciéndose cargo de su madre y sus cuatro hermanos, cuando el padre les abandona y huye de Ávila donde reside la familia por un escándalo económico. Adolfo ejerció todo tipo de profesiones, mientras estudiaba. Como vender lavadoras a domicilio hasta licenciarse en derecho acudiendo a la Facultad poco más que a examinarse. Su entrada en política, en busca de mayores horizontes, se produce de la mano de Herrero Tejedor –falangista y del Opus Dei-. Recorre todo el escalafón. Le ayuda tener una gran capacidad de liderazgo, audacia, enorme encanto personal y saber estar en el lugar oportuno en el momento preciso.

Conocer, en 1968, a los príncipes Juan Carlos y Sofía ya como –recién nombrado- gobernador de Segovia cambiaría su vida. El joven Borbón estudia su estrategia para afianzarse cuando muera el dictador, y ésa pasa por la democratización de España. Suárez es la persona idónea. Escucha a los demás, sabe negociar e integrar puntos de vista diversos y sigue tirando hacia delante para resolver su futuro, ahora ya viendo más claras sus perspectivas. Tiene un nuevo valedor en la sombra, Torcuato Fernández Miranda, probablemente el ideólogo de la Transición.

Muerto Franco circula una terna para sustituir al triste Carlos Arias Navarro, empecinado en sus espíritus «asociativos» por toda libertad y un 3 de Julio de 1976 el Rey nos sorprende con el nombramiento de Adolfo Suárez como Presidente del Gobierno. Es entonces Ministro Secretario General del Movimiento, el peor aval para los demócratas. El Movimiento anquilosador y tenebroso era lo que menos queríamos. Pero Suárez sueña con otros mimbres: «Que los gobiernos del futuro sean resultado de la libre voluntad de la mayoría de los españoles«. El líder del PCE, Santiago Carrillo, me comentaría en un reportaje: «Ese discurso no era el discurso de un fascista, era el discurso de un demócrata europeo como podía haber muchos en Europa«. No, no era el de un fascista.

Aunque no lo percibiéramos con toda nitidez, ni fuera suficiente, había dado ya sólidas pistas en su etapa como Director General de RTVE. Su talante aperturista y sus habilidades políticas supusieron un cierto oasis de libertad. Incluso se prolonga, con insólitos nombramientos que él propicia ya como presidente del Gobierno, justo hasta la llegada de Calvo Sotelo que desmonta aquella primavera. El periodismo es esencial en el proyecto.

La Transición no salió bien, se negoció bajo la bota de los vencedores de la guerra. Pagamos aún los errores de ese desequilibrio. Pero el tiempo demostró que la eficacia y valentía de Adolfo Suárez no tienen parangón. Se aplicó a la tarea con la misma entrega que en toda su trayectoria, luchando contracorriente. Achicando agua cuando se le hacía un boquete y siguiendo adelante.

Tenía 43 años al acceder al cargo en 1976. 11 meses más tarde, el 15 de Junio de 1977, se celebran ya las primeras elecciones democráticas. El gobierno Suárez reedificó con resolución absoluta todo el entramado de las instituciones democráticas. Con tesón y astucia, -y no sin dura oposición- logra que las Cortes franquistas aprueben la Ley para la Reforma Política que implica el fin del régimen. El hondo suspiro en la grada del Congreso, al final de la votación, ha quedado para la historia. Ha comenzado la siempre inacabada tarea de desmontar el franquismo.

Y sigue resoluto con las medidas elementales. Con el «puedo prometer y prometo» que cumplía. Amnistía a los presos políticos, supresión del Tribunal de Orden Público para delitos de opinión y manifestación o legalización de partidos políticos. Sucede lo que parecía impensable poco antes: se legaliza el PCE. Y en un país sacudido por el terrorismo de todo signo –desde ETA a la ultraderecha- donde hubo semanas con asesinatos cada dos días.

España ha vuelto a ser, formalmente, una democracia. Las reformas avanzan. Pactos económicos y sociales, ley de divorcio. Pero, como suele suceder con los regímenes autoritarios, el franquismo había dejado una herencia económica lamentable y un país muy atrasado en su desarrollo. Y a ella se suman las secuelas de la Crisis del Petróleo del 73. Hay una inflación del 30% y son necesarias dos devaluaciones de la peseta –la moneda en vigor entonces-. Se terminará por negociar y firmar los Pactos de la Moncloa, un salvavidas para momentos tan críticos. El intenso déficit democrático de la sociedad, absolutamente anulado durante varias décadas, tardó más en reconstruirse. De hecho, aún se duele de carencias en algunos sectores.

Suárez gobernó siempre en minoría. Quienes se habían aprovechado de su liderazgo, le ponían la zancadilla. Muchos le traicionaron. Tuvo que afrontar una cuestión de confianza en el parlamento de su propio partido y una moción de censura de los socialistas, que hicieron una férrea oposición.

El 27 de Enero de 1981, menos de un mes antes del golpe de Estado de Tejero, Adolfo Suárez presenta la dimisión. Palabras enigmáticas que para muchos aluden a fuertes presiones de los poderes fácticos: «Hay encrucijadas tanto en nuestra propia vida personal como en la historia de los pueblos en las que uno debe preguntarse, serena y objetivamente, si presta un mejor servicio a la colectividad permanecido en su puesto o renunciando a él. (…) «He llegado al convencimiento de que hoy, y en las actuales circunstancias, mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia.»

El día de su relevo, el 23F, dio una imagen de gran dignidad y coraje al permanecer sentado en su escaño frente a los órdenes –a punta de pistola- del golpista Tejero.

La vida le trató duramente, también en lo personal, al arrebatarle a su mujer y a una hija, víctimas del cáncer. De la política, se fue amargado. Hoy muchos de quienes le traicionaron le portan en sus banderas. Nada más injusto y miserable. La deriva política de este país que, tras tan larga carencia, se rindió de amor ante la democracia, también ha sido engañada y violentada. Y es ahora, y ya desde hace algún tiempo, cuando la figura de Adolfo Suárez se agranda, aunque entonces nos pudiera parecer mentira. Él cumplió con su cometido. España avanzó en materias fundamentales.

Cabe pensar si no hizo otra cosa que remontar la corriente, sorteando obstáculos, porque no podía hacer otra cosa. Y porque la libertad y la democracia sí anidaban como meta de corazón. Su memoria rota es el mejor símbolo de esta España que erró y yerra tantos pasos y que nunca parece terminar de encontrar su camino. Hasta su agonía la han convertido en circo de consumo. El recio superviviente se apeó un día de la carrera en la estación del olvido y hoy se ha ido. A su lugar en la Historia. En la escueta esquina que este país reserva a la dignidad de sus dirigentes.

 *Publicado en eldiario.es, junto con otros artículos de interés que os recomiendo, en su cobertura de la muerte del ex presidente del gobierno.