Aguirre a la fuga

No damos crédito a la nueva vuelta de tuerca de la casta que ostenta prácticamente todo el poder en España, Ignacio Escolar resume el episodio con las palabras que yo emplearía:

Imaginen, es un suponer, qué le pasaría a cualquier otra persona si aparcase el coche en el carril bus en el centro de Madrid, a las cuatro de la tarde en plena Gran Vía. Si al llegar los agentes de movilidad con la multa, le pidiese que se diesen prisa, que no tiene todo el día para aguantar “la multita y la bronquita”. Si cansada de esperar, arrancase el coche y se diese a la fuga. Si arrollase la moto del agente en la precipitada huida. Si se negase a parar y siguiese conduciendo tan campante entre el ruido de sirena del agente que la persigue hasta el garaje de casa. Si después, como si tal cosa, enviase a los escoltas –de la Guardia Civil– a negociar un “parte amistoso de accidente” porque “el seguro del coche es a todo riesgo”. Si más tarde argumentase ante la prensa que “lo único que querían era una foto”, que “sólo tardó un minuto”, que a “esa hora no hay nada de tráfico”, que “la moto estaba malísimamente aparcada”…

La pregunta: ¿dónde estaría un ciudadano cualquiera que hubiese hecho algo así? ¿En su casa o en un calabozo de comisaría?

El suceso retrata la falta de oxígeno que, a determinadas alturas, nubla la mente de aquellos cuyo poder es absoluto. La distorsión de la realidad de una condesa muy poco acostumbrada a vivir la vida de un españolito cualquiera. La evidente falta de consideración por la ley, por la autoridad, por los funcionarios, por todos los ciudadanos a los que ha representado y que no se pueden permitir estos excesos sin que se les caiga el pelo. El cinismo de alguien que da lecciones sobre la nación, la libertad y el respeto a la policía mientras se aplica este cuento. La falta de pudor. La prepotencia. La sensación de impunidad que se tiene que tener para actuar así y salir luego a explicarlo, culpando encima a los agentes por la “bronquita”, sin que se te caiga la cara de vergüenza.

Aguirre, a su manera, da ejemplo. Demuestra con sus actos la hipocresía de sus palabras. Se ha convertido en su propia caricatura”.

Ana Botella, la actual alcadesa de Madrid y enfrentada a Aguirre de quien se dice deseaba justo ese puesto, ha declarado que ante la Ley somos todos iguales y “el agente tiene PRESUNCIÓN DE VERACIDAD”. En serio, leedlo. 

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4 comentarios

  1. Paco

     /  4 abril 2014

    Rosa María desde anoche estaba esperando tu comentario sobre la “aguerrida” Aguirre. ¡Qué espectáculo! Dicen que los niños aprenden lo que ven en su casa y su familia era, supuestamente claro, una de las favorecidas por el dictador fascista. ¿Pero, con quién se cree usted que está hablando? ¡Faltaría más que un guardia me llame la atención! Los psicólogos dicen que de adultos nos seguimos portando ante la autoridad como cuando éramos niños. Si fuimos malcriados, despreciando a los “inferiores”, seguiremos así toda la vida. ESPERANZA, ESPE: ¡VÁYASE DE UNA VEZ1. No queremos fascistas maleducados alrededor.

  2. Patricio

     /  4 abril 2014

    Patricio.
    ¡¡Que desparpajo lo de estas dos féminas !!.¡¡ Dos grandes señoras!!.
    Lo cívicas , cultas y educadas que han salido.
    Unas ciudadanas ejemplares , eso es lo que son.
    Madrid se merece lo mejor y las tiene a ellas. Son únicas , irrepetibles e inigualables.
    Envidia cochina tenéis los que vivís fuera de Madrí .

  3. eva

     /  4 abril 2014

    Esta mañana, cuando la he escuchado repitiendo lo que le había dicho ayer al policía, preguntando “y esta multa me la va a quitar o qué? ah, no? pues muy bien” recién levantada y sin haberme enterado de nada ayer, por un momento creí que era alguien imitándola. Pero no, ella es inimitable.
    Encima vengo de leer tu post sobre como se fumiga a la gente en la valla. Dejarlos entrar para repartir miseria va y suelta uno… al final si, es imitable.

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