A Rajoy hay que llamarle indecente con educación

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Tras el Cara a Cara entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez ha salido un auténtico ejército de defensores de la dignidad del presidente del gobierno español y candidato a la reelección por el Partido Popular, defensores en particular de las buenas formas en las expresiones.  Para entendernos:  a un indecente no se le puede llamar indecente sin más, hay que hacerlo con educación.

Comenzó Rajoy nervioso y vencido por los tics de su ojo izquierdo cuando relataba los millones y millones de puestos de trabajo que ha creado. La primera intervención del oponente, Pedro Sánchez del PSOE -partido más votado para la oposición en las elecciones de 2011-, evidenció que el debate no iba a ser como la complaciente acogida de Bertín Osborne al presidente en la misma cadena, TVE.  Sánchez le opuso la realidad. Y la primera respuesta de Rajoy fue:

-Ha dicho usted muchas cosas y poco sensatas-. Es que al líder del PP le gusta recapitular y calificar las intervenciones de quienes le hablan. Es una costumbre en particular cuando no le agradan.

Mientras Sánchez mostraba hitos de la nefasta gestión de Rajoy, el aludido tomaba notas sin parar mientras ya no cesaba de repetir “y tú más, y tú más, y tú más”. En los primeros momentos parecía, en efecto, un boxeador noqueado repitiendo esa perorata en su esquina del ring y sus idílicos presuntos logros.

Se fue recomponiendo para negar que haya habido recortes en sanidad, educación o en cualquier otro servicio, en el estado del bienestar en suma o merma del poder adquisitivo de las pensiones y para presumir de su gestión. De quedarnos perplejos. Alardeó de sus primas de riesgo por las que tanto debe a la dirección política de Mario Dragui al frente del BCE. Porque lo que ha hecho el Banco central ha sido una gestión ideológica neta para sus correligionarios. Sánchez no lo dijo pero le comentó: ¿también es usted  responsable de que haya bajado el petróleo?

Una de las más graves boutades de la noche fue ésta:

Rajoy: «He salvado al sector bancario que Vds. habían dejado al borde de la quiebra».

No verán que se haya comentado en los medios. En un sistema capitalista de libre mercado del que tanto presumen, resulta que el gobierno es responsable del estado financiero de los bancos.  Cierto que se pueden poner controles a sus posibles trampas, pero eso también se desreguló en la revolución neoliberal que desembocó en lo que llamaron crisis. Zapatero les había inyectado ya dinero, pero Rajoy se volcó en ayudar a las entidades quebradas y con problemas por la cantidad oficial de 40.000 millones de euros –fue más- que se da tranquilamente por perdida. Por no hablar de las cajas y bancos hundidos Querétaro se vendieron a otros boyantes… por 1 euro.

O de los 300.000 millones de euros en los que el PP ha aumentado la deuda pública en esta legislatura, como le planteó Sanchez, y que mereció otro “y tú más”: las facturas que pagaron guardadas en los cajones. se justificó Rajoy. Pues con ese dinero debían estar hasta las de la expedición de la Armada Invencible.

Y, no, de estas cosas no hablan la mayoría de medios, políticos de otros partidos y opinadores. Hablan del fin del bipartidismo, que sí, de quién ganó y perdió que va por barrios subjetivos o interesados, y sobre todo de si Pedro Sánchez se pasó “de frenada” plantando a Rajoy en la cara los casos de corrupción que inundan al partido que preside.  Millones de personas  sentimos liberada la frustración por la impunidad con este discurso.  Siquiera un instante.

No, claro, esto hay que decirlo con educación.  Y además ya se había dicho, comentan varios.  Pero no es lo mismo en el único cara a cara televisivo que se ha dignado conceder el presidente del gobierno, en distancia corta.

El doble rasero es notable. A Rajoy siempre se le ha tratado con increíble condescendencia. No es solo que Rajoy acusara a Zapatero de servirse de los muertos en algún debate, es la lista de calificativos que le dedicó durante su mandato. Recopilé en su día algunos y todos ellos están acreditados:

Acomplejado, agitador, ambiguo, antojadizo, aprendiz de brujo, bobo solemne, chisgarabís, cobarde, débil, frívolo, grotesco, hooligan, impreciso, imprudente, incapaz, inconsecuente, indigno, inestable, inexperto, insensato, insolvente, irresponsable, maniobrero, manipulador, mentiroso, oscuro, perdedor complacido, radical, rastrero, sectario, taimado, traidor, turbio, veleidoso y zafio.

Y, al igual que su escudero González Pons: ¡Indecente!, aunque no por corrupción.

Mariano Rajoy debió dimitir tras enviarle los SMS a Bárcenas y contarle cómo trabajan en su asunto.  Cuando rompieron a martillazos los órdenadores de Bárcenas y en cuanto le dijo Pedro Sánchez. Porque quiso decírselo y pudo hacerlo no como el resto de los candidatos.

Pero lo más grave es que el debate de las formas esconde verdades casi intocables:  ¿Qué educación ha mostrado Rajoy y todo su partido ante las víctimas de sus recortes ciertos, los muertos de Hepatitis sin Sovaldi, los que no pudieron comprar sus medicinas por copagos, los dependientes a los que nunca llegó la ayuda? ¿Qué buenas maneras evidencia al aplicar políticas que incrementan las desigualdades y han llevado la pobreza  hasta un tercio de los niños? ¿Qué delicadeza muestra en sus leyes represivas, la ley Mordaza, y todas las reformas legales que ha ejecutado en ese sentido? ¿Qué exquisitez ha mostrado con los jueces suprimidos o con los que, como Baltasar Garzón e incluso Gómez Bermudez fueron quitados de en medio? ¿Qué corteses maneras han empleado en salpicar su partido de indeseables que meten la mano en el dinero de todos o en nuestro patrimonio público que han vendido y hasta de saldo si se terció así?

¿Quieren una muestra de la galanura del PP con los miles de jóvenes, científicos y de distintas profesiones que han tenido que dejar su casa y su país porque aquí no pueden trabajar? Ana Isabel Bernal está haciendo una serie en Público sobre las víctimas de esta legislatura:

«No perdona al PP lo que ha hecho con mi futuro ni que terminase con mis ilusiones«, le dice una maestra en Londres.

Vean también a esta investigadora de los más de 12.000 que la España de Rajoy ha echado del sistema.

¿Es poco refinado, poco «polite» decirle a Mariano Rajoy que no es decente?  Nos hemos vuelto tan educados en España. O igual es que la indecencia se ha extendido como valor en alza.

 

No cabe la duda entre Podemos y Ciudadanos (crónica electoral)

En la campaña para las elecciones municipales de Mayo fui a ver, un domingo como éste, el mitin de Ciudadanos  en Madrid y me acerqué un momento al de Podemos, los partidos nuevos por así decirlo.

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Albert Rivera  convocó en un cine de la Gran Vía de Madrid de tamaño moderado que cubrió con buena entrada.  Fue un acto tranquilo, como su lema, en el que no estaban las grandes economistas y sí los candidatos.  700 personas acudieron según sus datos. Con algunos incidentes menores. Ignacio Aguado me pareció un político según los cánones clásicos. Hoy lo tenemos apuntalando al PP de Cifuentes en la Comunidad de Madrid. Begoña Villacís se manifestó «muy  ilusionada». Del Madrid que quería regenerar le preocupaba, además de la corrupción, la suciedad de las aceras y del aire. Y los sueldos millonarios. No dijo ni media palabra de sanidad, ni de educación. Le aplaudieron sosegadamente. Era a Rivera a quien querían ver y escuchar.

El mitin de Podemos era una concentración al aire libre en la zona nueva de Madrid Río, con muchas familias y ambiente festivo.

Siete meses después el cambio en ambos partidos es enorme.  Al menos en los aspectos formales. Ciudadanos celebraba el llamado a ser su gran mitin de campaña. En el Palacio de Vistalegre. Con capacidad para 10.000 personas. La calle General Ricardos, la larga vía de acceso, se poblaba de carteles. De Alberto Garzón en lugares estratégicos, de Pedro Sánchez casi cada 10 o 20 metros, de Rajoy y su  vicepresidenta, con mínimos rótulos podría decirse de Podemos, a mano y sin fotos. Y eso sí una hilera de autobuses similar a cuando hay partido en el Bernabeu. Una buena flota.

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A Vistalegre se accede por unos cuantos tramos de escalera empinada sin barandilla alguna. No había otra forma de acceso me ha dicho un agente de seguridad.

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Una vez dentro me han indicado que no podía quedarme en el patio de butacas y tenía que subir otro tramo más al anfiteatro. Un par de ancianos renqueaban delante de mí. Al llegar arriba me han mandado seguir andando hasta el final y, ante mi protesta diciendo que me iba sin siquiera ver el recinto –por supuesto como ciudadana que acude a un mitin-, me han permitido asomarme “cinco minutos”. Estaba lleno. Con muchas banderas y muchos aplausos. Hablaba Inés Arrimadas, la hoy jefa de la oposición en Cataluña. Por radio, más tarde, he escuchado que Begoña Villacís se ha quejado que desde que gestiona el ayuntamiento Manuela Carmena –Podemos, ha dicho- hay más atascos, menos limpieza y más contaminación en Madrid. Hace falta cuajo. Ya tenemos a una nueva Esperanza Aguirre manipuladora.

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El auditorio que se veía estaba complemente lleno, luego han salido fotos para mostrar que tras el gran escenario no había nadie.  Era el planteamiento coreográfico sin duda.

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Mis minutos habían transcurrido y he retomado las escaleras de bajada. Una familia con carrito de niño y todo me precedía. Me ha venido a la mente, no sé por qué, la escena de Los Intocables. Hasta la foto borrosa ha contribuido al deja vu.

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Piensa hacer un gobierno de tecnócratas y de notables, como publicó en 2012 Luis Garicano.  La política sin política, la empresa. Liberalizador, privatizador. Su programa electoral es una chapuza, como ha descubierto eldiarioes.  En su mitin, Albert Rivera ha apelado, leo, a la movilización para «reventar las urnas de naranja» y «acabar con el bipartidismo»

Claudio Álvarez, de El País, ha hecho una foto magistral del líder apuntalado. O ésa es la sensación óptica.

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Camino de la Caja Mágica oigo en la radio que suelo sintonizar que Podemos aguarda a comenzar porque no tiene lleno el recinto, algo mayor aún, y sin acotar zonas. Comprobaré al llegar que son apenas 5 filas en lo más alto de la grada y detrás del escenario. Está lleno. Otras 10.000 personas. Yo no he podido ni sentarme.

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En lugar de carteles y banderas, dominan los globos morados. “Honor de tener un presidente que se parece a la gente”, dicen en el escenario cuando entro.  Sí, la gente es completamente distinta. Más naturales. Y para ellos se habla. Para sus necesidades, que distan mucho de las que he visto hace un rato en Ciudadanos. Con un despliegue que rezuma dinero.

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Ana Botella y sus delirios olímpicos que llenaron Madrid de centros deportivos enormes es abucheada cada vez que sale su nombre.  Esperanza Aguirre más. A Irene Montero, de Podemos, se la aplaude en cada frase. Y a Carolina Bescansa. Y la Caja Mágica se vuelca con Ada Colau, “aquella activista que paraba desahucios y hoy es alcaldesa de Barcelona” como diría Pablo Iglesias, ”porque sí se puede”. Colau ha comenzado su discurso en catalán y llamando al entendimiento: «Madrid puede volver a ser nuestra capital porque dejó de serlo. Podemos recuperarla el próximo domingo«. Y se emocionan. Y fotógrafos de solera como Bernardo Pérez de El País captan ese frame de la expresión.

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Muchas sillas de ruedas. Fotografiarlas seria demagogia. Pero sin duda hubieran tenido problemas para ver a Rivera y sus Ciudadanos.  Es un síntoma. Entre decenas. Podemos y Ciudadanos no tienen nada que ver y hoy lo he visto con más nitidez que nunca.  Una persona coherente no puede pensar en votar a uno e indistintamente al otro. Son mundos opuestos.  Y se ocupan de personas y sectores muy diferentes. Ciudadanos es de derechas con cuanto implica, lo de la tecnocracia añade caracteres preocupantes. Podemos, diga lo que diga, es izquierda o más bien de ese espíritu que nació el 15M y pertenece a todos, menos a la derecha. La competición está entre quienes albergan los mismos intereses. Lo difícil es encontrar quien trabaje por el común de las personas sin olvidar a los que solo cuentan para votar.

 

 

 

 

 

 

 

 

Buscamos un presidente del gobierno, no candidatos al Oscar

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Los grandes decorados de Albert Rivera como ejemplo.

Esto no es Hollywood, aunque cada día lo parezca más. Cuesta encontrar propuestas o ideas en esta campaña porque las que llegan a exponerse quedan sepultadas por el espectáculo. Los grandes escenarios que utiliza Albert Rivera evocan a los decorados de las superproducciones de la época dorada de Hollywood. Es un síntoma. Hay nuevos actores que revitalizan la obra. Realmente, y es apreciable y positivo. Como los debates que les enfrentan con mucha más soltura que en la vieja función, la que aún repetirá la televisión pública nacional, TVE, el lunes. Pero de lo que hablamos tras ellas es de quién ganó ¿la carrera?, de actuaciones, vestimentas, estados de ánimo.  De las influyentes opiniones de los críticos. Igual, en lugar de recibir el mandato para formar gobierno, deberíamos repartir estatuillas de Oscar. El problema es el marco social en el que se celebran unas elecciones tan decisivas.

No es solo ese concurso de habilidades en los que hemos visto a candidatos y sustitutas de candidato, bailar, cantar, cocinar, pilotar un todoterreno, subir en globo, acudir a programas “populares” de los que se dedican a “entretener”, cuando no a entontecer, a la audiencia. De meter en  portada hasta el número de zapato que calza Pablo Iglesias o “meninas” que no son suyas. No es solo eso, no. Estamos asistiendo, aunque sean debates serios y necesarios, al más difícil todavía de tener a los contendientes de pie un par de horas, con o sin atril, al final del día. Una prueba de aguante ¿Cómo las islas de famosos llevadas a la política? Es cierto que permite ver que uno se tambalea y gesticula, otro suda, otra se afianza al suelo con altos tacones porque a empecinamiento no le gana nadie. A Soraya Sáenz de Santamaría habría que otorgarle el Oscar a la Resistencia. ‘Ex aqueo’ con los ciudadanos que hemos sufrido las políticas de su equipo: el PP.

Campaña electoral “a la americana”.  Del norte, especialmente. Y ya vemos cómo deriva: en Donald Trump. A quien –según contaba la corresponsal de TVE Almudena Ariza- llevan cada día a las televisiones por el juego que da con sus excentricidades. Es decir, sus proclamas fascistas y racistas. Por esta vía, puede acabar dirigiendo los destinos de EEUU y, por tanto, de buena parte del mundo.

En el dramático fin de carrera, ya oteando la alfombra roja, irrumpen en campaña quienes no deberían participar porque una cosa es lo que se admite como tendencia de un medio y otra los patrocinios y fobias evidentes.  Con apuestas de última hora que cambian a un ganador por otro, sin suficientes explicaciones. O dando la vuelta a las encuestas posteriores al debate sin atisbo de pudor. O insistiendo en la tabla rasa: “nadie destaca”. Con opiniones tan enternecedoras como la del efímero director de El Mundo Casimiro García-Abadillo que vio así el de Atresmedia: triunfadora la vicepresidenta y en el último lugar a Pablo Iglesias, declarado ganador prácticamente por unanimidad. Con tal cantidad de trampas adicionales –la casi supresión del voto exterior, reducir la campaña a PP y PSOE como hace ya TVE en sus telediarios, la ocultación de cómo se financian este gasto algunos partidos- que implican una alteración de la voluntad popular.

Se juega mucho en esta campaña. Y desde el poder actual o sus proximidades se trata de afianzar la idea de que lo serio es lo de siempre: el bipartidismo.  Incluso desde una presumible buena intención  se apela a criterios conservadores en este campo, a valores seguros –que en algún caso han brindado certezas bien poco ejemplares-.  A esa tendencia, desde distintas ideologías y tonos, le puso voz un admirado maestro de periodistas, Iñaki  Gabilondo: “Cuesta imaginarlo (a Pablo Iglesias) de presidente”. Y, en una de las ocasiones que lo mencionaba, añadió: “Quizás  porque él no se ve todavía”.  ¿A qué cree, pues, que Iglesias concurre a las elecciones? En el mismo vídeoblog había dicho sobre Pedro Sánchez, el candidato del PSOE: “Su presencia es muy noble y su porte viste muy bien el cargo, pero le falta algo…” Se refería a: “Está encajonado por las circunstancias históricas, del pasado, y de ahí hay que salir con algo más de gas”.

En efecto, Pedro Sánchez es un candidato al que, desde esferas próximas, alaban, tumban, menosprecian, suben, animan a plantar batalla, le ponen tiritas si estiman que los otros candidatos le han hecho hecho un rasguño en el juego. Como si también les tuviera que rendir cuentas. Mientras él se considera “humildemente, ganador del debate” y acusa a Pablo Iglesias de quererse solo a él mismo, dado que, según declaró, su principal virtud –la de Pedro- es «la humildad».

Desde el poder actual o sus proximidades se trata de afianzar la idea de que lo serio es lo de siempre: el bipartidismo

No deberíamos catapultar lo accesorio en detrimento de los contenidos. Si bien los detalles que están acaparando el discurso aportan datos sobre caracteres y presiones, de cómo se afrontan también, de la reacción al vapuleo y el juego sucio. El debate a 9 de TVE permitió ver algunas propuestas más de los principales partidos en liza.  Y fue enriquecedor escuchar a Garzón, Herzog,  Errejón e incluso los partidos nacionalistas; había algo más de calma, menos espectáculo. Hasta que abrió la boca Marta Rivera, número 3 de Ciudadanos por Madrid, para dar un recital de despropósitos.  En el amplio historial  de texto y voz  de la candidata figuran desde minimizar la violencia machista, racismo agudo –escribió de Carla Bruni, esposa de Sarkozy  “espero que tenga un hijo negro o claramente oriental”, menosprecio de los asesinados por el franquismo comparado con las famosas dudas sobre la autoría del 11M…  En suma, no ha habido polémica en la que Marta Rivera no haya mostrado su ideología ultraconservadora y clasista.  Si sirviera para que el electorado ubique de una vez qué espacio político ocupa Ciudadanos, sería útil, pero tampoco debe convertirse en el nuevo divertimento de la grada.

Y esto ocurre cuando a Albert Rivera le empiezan a retirar sus apoyos mediáticos. En 10 días pasó de ser declarado en Luna de miel con el electorado y viviendo un momento dulcísimo a poco menos que verlo como un bluf y afearle que muestre “debilidades y nerviosismos  poco compatibles con un pretendiente al principal puesto ejecutivo de la política española”.  Ha defraudado, dicen, “las altas expectativas creadas”… en buena parte de quienes las generaron. La película de Ciudadanos se proyecta ya en todas las salas, puede que la audiencia no disponga de tiempo para enterarse de la rectificación. Porque cumple los requisitos : también se resalta de él hasta la saciedad precisamente que es “guapo”.  Y eso tira mucho en pantalla.

Mientras, Mariano Rajoy, ganador en todas las quinielas, elude debates incómodos, desdeña y desprecia a sus adversarios desde la retaguardia y lanza promesas electorales fuera de los presupuestos aprobados, que pueden seguir el camino de las anteriores. Su principal objetivo ahora es cuidar a lo menos crítico y conservador de  “la España rural” en la que espera asentar su triunfo.  Hay gente que prefiere las películas españolas en blanco y negro, siempre que no sean de Berlanga o Juan Antonio Bardem.  Rajoy aspira al Oscar de señor de derechas clásico, que solo debate con quien puede ser presidente.  Cunde el mensaje. Los otros, para ellos, están de atrezo.

El problema es que no vivimos en una ficción. Todos los atropellos, recortes, expolios y engaños sufridos, el aumento de las desigualdades, no habrán servido para nada si no se sale a la realidad. La más amarga certeza de este período innoble es que por el camino que proponen los principales guionistas no habrá cambios, o cosméticos en el menos malo de los supuestos.  Y por una buena temporada ni se podrá construir frente a ese futuro de quiebras que venden empaquetadas en sonrisas.

Hubo un tiempo, mucho tiempo, décadas, siglos, en los que el poder solo podía recaer en un hombre, joven, y rico o de alta cuna. No se podía concebir otra opción. Con el tiempo, mucho tiempo, esfuerzo, víctimas y hasta heroicidades, algo cambió. En el mundo y en España. A muchos les costó imaginar a Ada Colau o a Manuela Carmena de alcaldesas de las dos principales capitales españolas.  Y a muchos otros alcaldes y concejales. A plenos donde los gestores se parecen a la gente, para desesperación de quienes siempre manejaron los hilos.

En Borgen, la aclamada serie de la televisión pública danesa, políticos y medios llegan a plantearse “si una mujer puede ser primera ministra”, dado que la que ocupa el cargo ha cogido una excedencia de un mes para atender a su hija. Enferma, por cierto, con la ayuda de los dardos del mal periodismo intencionado. Birgitte Nyborg cita a las primeras diputadas de su país en los albores del siglo XX –quién las hubiera tenido en otros lares como éste- para concluir: “Quienes así hablan llevan un siglo de retraso”.

Siglos de retraso u otra película de fantasía. No nos hagan pensar en candidatos marioneta en defensa del guión que pueden ser intercambiables, hay quienes quieren llevar sus ideas a la presidencia con total convicción. Sobre todo, porque aquí no estamos inermes en la butaca: vivimos, con cuanto implica. Y soñamos en un futuro mejor.

*Publicado en eldiario.es

¿Cómo imaginamos a un presidente?

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La voz de nuestro admirado Iñaki Gabilondo, calificando a los participantes en el llamado Debate Decisivo de A3 Media, lleva camino de disparar algunos memes.  Así suele suceder cuando quien opina posee un valioso criterio.

Iñaki no vio ninguno gran ganador y sí un perdedor: el ausente, el presidente Rajoy.

Albert Rivera, candidato de Ciudadanos, le decepcionó, dice. Repara Gabilondo en que lanza sus mensajes atropellado, “como un papagayo” y sin aplomo. Le ve inmaduro aún. Yo siempre lo he visto así, a veces con algo más de calma, otras menos que el lunes: en el debate de El País estuvo más suelto. Da la sensación de ser el vendedor de un producto. En este caso la política y economía ultraliberal que dirigen personas como Luis Garicano, quien llegó a proponer en 2012 un gobierno de tecnócratas y notables. Países como empresas. Lo cierto es que a él, a Rivera, también le «venden» muy bien los medios.

Los adjetivos que Iñaki dedica a Pedro Sánchez, candidato del PSOE, son para animar a cualquiera: Sólido, serio, consecuente, aplicado,  lleno de madurez y de aplomo. Su presencia es muy noble y su porte viste muy bien el cargo, pero le falta algo. Está encajonado por las circunstancias históricas, del pasado, y de ahí hay que salir con algo más de gas.

Coincido en que no se puede pedir cuentas eternamente a un partido por lo que hizo, cuando intenta abordar otra etapa con otra dirección. Parece que mucha gente le pidiera al PSOE disolverse. Y es cierto que también cuenta en su haber con logros que supusieron avances considerables. En la sanidad que fue universal hasta la llegada del PP, o en los avances en igualdad y violencia contra la mujer, en lo que llaman “gasto” social de Zapatero.  Los errores históricos son grandes también, la corrupción y modificar la Constitución para que el pago de la deuda prime sobre las necesidades de los ciudadanos son de muy grueso calibre. Pero las “herencias” son completas.

Y creo que Pedro Sánchez precisamente le pone ganas, muchas, pero comete errores tácticos que producen rechazo. Repetir dos veces en el debate y varias veces más al día siguiente que “Podemos no ganará”, puede ser tan verosímil o no como que el PSOE tampoco, pero indica a quién considera su rival electoral y no es el PP.  Su falta de modestia un poco inmadura –humildemente creo que el  PSOE ganó el debate ha repetido varias veces este martes– es un hándicap. Mentar a Grecia y criticar a Podemos a través de Syriza, siendo primos hermanos del PASOK que con ND ocasionó la quiebra es bastante indigno. Y haber callado, todos, a la ejecución de Grecia decretada por la UE, empeorando las condiciones, por convocar un referéndum igual o peor.

A Pablo Iglesias -el ganador del debate y con muy amplio margen según todas las encuestas-, también le enjuicia Iñaki con grandes elogios: Excelente, muy en su papel, certero, puntiagudo y con un gran dominio de la situación. Muy directo, el que mejor conectó con la gente.  Luego concluye que el mayor inconveniente que le ve a Pablo Iglesias  es que “costaba imaginarlo como presidente.» Y añade: «quizás  porque él no se ve todavía”.

Pocas personas conocen como Iñaki Gabilondo el arte del discurso y la oratoria, de las ideas, es un maestro. Y lamento discrepar. Pero hoy el PSOE se empecina en colocarse como ganador y parece mostrarse víctima de una traición porque no se les reconozca. Y ya ha habido quien ha comentado que si, de verdad, nos imaginamos a Pablo Iglesias de presidente. Para el propio Gabilondo en el caso de Pedro “su presencia es muy noble y su porte viste muy bien el cargo”. Máxime adornado  de tan grandes cualidades como dice el maestro de periodistas tiene el candidato del PSOE. Por cierto, es otro de los aspectos en los que suelen destacar a Albert Rivera, lo “guapo” que es y lo bien que viste. ¿Qué nos están queriendo decir pues?  Igual también hay que plantearse qué pide y compra gran parte de la sociedad en política.

  Hasta no hace mucho las características para acceder a la presidencia de países eran ser hombre, blanco y rico.  Y costó mucho, heroicidades y hasta muertes, que eso cambiara algo.

Personalmente a mí me ha costado mucho imaginar como presidente a Mariano Rajoy, con las peculiaridades que lo acompañan y que se reflejan en la negativa valoración popular que ostenta. Y ahí ha estado 4 años y no es improbable que repita.

A muchos les costó imaginar a Ada Colau o a Manuela Carmena de alcaldesas de las dos principales capitales españolas.  Y a muchos otros alcaldes y concejales.

Pero la imagen de los plenos en municipios y comunidades  empieza a tener el color de la realidad de la calle, del común de los ciudadanos, no tanto de las élites. Aunque de nuevo –como a presidentes no ricos, mujeres y negros- se les exija más.

En la mentalidad conservadora calan los clichés de la buena planta y el buen traje o traje clásico. En la frivolidad de la sociedad actual también. Lo que importan, a mí al menos, son las ideas, la preparación, la honestidad, la búsqueda del bien común, incluso la pasión y la emoción. Me cuesta mucho más imaginar de presidentes a corruptos, mentirosos, manipuladores o artífices de políticas que favorecen a los ricos en detrimento de la mayoría -el brutal aumento de la desigualdad en España no ha llovido del cielo- o a quienes amparan esas conductas.

Los alegatos finales del debate, récord histórico de audiencia por cierto con más de 9 millones de espectadores y más del 48% de share, dan una idea para quienes no lo vieran.  La política importa, y lo que sí es cierto es que empieza a tener un aire más saludable. Por cierto, yo creo también que el ganador fue Pablo Iglesias. Y que faltó Alberto Garzón de Unidad Popular IU. Y el candidato de UPyD.

Aquí los vídeos de los cuatro participantes.

* Actualización:

Debió hacerlo tan bien en el debate Pedro Sánchez que el editorial de El País de este miércoles apuesta por él, de forma contundente. En 10 días, el diario de PRISA ha pasado de «el momento dulcísimo» de Rivera a optar por este caramelo:

Solo cabe comparar a dos candidatos con hechuras presidenciales, Pedro Sánchez y Albert Rivera. Con una clara diferencia entre ambos: mientras el aspirante del PSOE se ha conducido por encima de lo esperado, la proximidad de los focos ha perjudicado las altas expectativas creadas en torno al candidato de Ciudadanos, que ha dejado ver debilidades y nerviosismos poco compatibles con un pretendiente al principal puesto ejecutivo de la política española.

Desde el principio se temía que Rivera y sus Ciudadanos fueran más una marca que un proyecto, un estado de ánimo más que una verdadera formación política lista para gobernar el país. Lamentablemente, lo que se le ha visto en los debates no ha servido para despejar ese temor.

 

 

 

La desigualdad generacional también vota el 20D

MITIN DE RAJOY EN OLMEDO (VALLADOLID)

Rajoy jugando a captar votos de mayores. Olmedo, Valladolid

El último barómetro del CIS ha vuelto a sorprender dando una victoria holgada al PP. El estado de opinión conservador que pronostica otorga buenos resultados a Ciudadanos, hunde  al PSOE, frena Podemos aunque mejora con las mareas de izquierda, y baja también a Unidad Popular. El dato más relevante es un 41,6% de encuestados que no tiene decidido el voto a pocos días de acudir a las urnas. Con su participación todo podría dar la vuelta, o justificar estos resultados del CIS, poco coherentes con todo lo ocurrido hasta ahora. Pero hay más variables a tener en cuenta. En particular cambios generacionales profundos que influyen en el voto.

Esta legislatura, la del PP de Mariano Rajoy, tiene como una de sus principales señas de identidad el pronunciado aumento de las desigualdades. Y en todos los terrenos. Desigualdad económica, entre los seres humanos, entre hombres y mujeres en particular, en el acceso a todos los servicios: sanidad, educación y vivienda como pilares esenciales. Derivas que se venían marcando, incluso desde hace décadas, han encontrado en las políticas de este conservadurismo neoliberal y éticamente laxo su mejor caldo de cultivo.

Un primer gráfico nos mostraría la pirámide demográfica: España se ha hecho vieja. De los más de 36 millones de ciudadanos con derecho a voto, casi la tercera parte, 11,5 millones, tienen más de 60 años. Casi el doble de los que había en las primeras elecciones democráticas.  Mientras tanto, ha disminuido el número de jóvenes electores que apenas llegan al 15%, ni aun extendiendo el tramo hasta los 30 años.

El desarrollo, una mejor sanidad, han ido aumentando la esperanza de vida, en la tónica de los países más civilizados. Al mismo tiempo, el control de la natalidad y, en su caso, las dificultades económicas disminuyen el número de hijos, para adaptarlo al que se puede atender.  En los años setenta del siglo XX, España registraba una tasa de crecimiento vegetativo del 10% (Informe FOESSA) como los países en vías de desarrollo, mucho más si son católicos por decreto y sin píldora anticonceptiva como sucedía en el nuestro.

Acabamos de saber-por el INE (Instituto Nacional de Estadística) que la mortalidad se ha disparado en España en aumento descomunal: más del 10,5% en el primer semestre de 2015, en datos absolutos. Esta tendencia se inició en 2012, con la cifra más alta en una década. Era el primer año de gobierno del PP y sus recortes en sanidad. Esa disminución en concreto, los copagos farmacéuticos y el aumento de la pobreza son las variables que suelen influir en vivir menos años. Los olvidados e intocables suicidios entran, probablemente, en la estadística. También ha descendido el número de nacimientos (un 0,8%). Y por tanto el balance: estamos en crecimiento negativo.

El hecho es que el 20D será mayor la capacidad de decisión de los mayores que de los jóvenes.

La segunda instantánea nos remite a los ingresos disponibles según la edad: Hemos llegado a la situación insólita de que la renta que perciben los jubilados supere a la de los trabajadores en activo. Por el baremo que el INE llama “unidad familiar”. Y eso cuando los pensionistas españoles cobran menos de la media europea (15.574  euros frente a 19.441 de promedio en la UE). Los interesados pueden ver datos complementarios en un excelente trabajo de Luis Faci publicado en CTXT este verano. El Gobierno ha tratado menos mal a los mayores retirados por el supuesto “nicho electoral” que representan. Y dado que contribuyen a la ‘paz social’ haciéndose cargo con sus pensiones y ahorros de sus hijos y nietos. Hasta el 80% de ellos les prestan algún tipo de apoyo económico. No será eterno. Y menos con políticas ultraliberales que acaban reduciendo la esperanza de vida –esas que según el CIS van a ganar las elecciones-. Se añade la Reforma Laboral del PP que ha supuesto una merma considerable de los sueldos.  Los datos constatan –de forma inequívoca- un empeoramiento generalizado de los salarios y condiciones laborales, excepto en los puestos mejor remunerados que se han mantenido o incrementado.

El problema, mucho más allá del 20D, es que las oportunidades  de trabajo difícilmente van a crecer. La economía financiera –que solo mueve anotaciones contables- se ha desbordado en detrimento de la real y para producir ya tienen a los países de mano de obra aún más, mucho más, barata.  El lema de que “el trabajo esclavo de unos, perjudica a todos” cada vez es más constatable, si alguna vez no lo fue. Y también que, por todos los medios que se quiera oír hasta con los oídos tapados, nos dicen que las pensiones no son sostenibles. Las últimas recomendaciones de la OCDE, esta misma semana como aviso a navegantes, dejan claro que los nuevos jubilados no dispondrán de ingresos suficientes para cubrir sus necesidades y se propone pensar en alguna ocupación acorde con su edad y aptitudes. Ultraliberalismo puro.  De echarse a temblar. Y eso el día en el que el PPmetía mano de nuevo en la hucha de las pensiones a la que ha dejado exhausta en sus 4 años de mandato.

El tercer esquema al que atender habla de las intenciones de voto por tramos de edad. Y es el que, teniendo en cuenta los anteriores, más interesa ahora.

El bipartidismo se mantiene con los mayores de 55 años que –recordemos viene a ser la franja más numerosa de votantes-. Los apoyos de los jóvenes en cambio les son escasos, sobre todo al PP. Los menores de 35 años se decantan por Podemos y Ciudadanos , mucho más por el partido que lidera Pablo Iglesias. Y es el tramo en el que se anotan más indecisos.

Y más bajas. Involuntarias. Aquí entra otra variable: el voto en el exterior.  Pese a todas las protestas y campañas, las dificultades para ejercer ese derecho a los numerosos jóvenes  y menos jóvenes que el paro ha expulsado de España, van a dejar fuera de las urnas al 94% de ellos. No podrán votar no menos de 1.750.000 españoles. Una anomalía que habría de subsanarse inexcusablemente y ya porque el resultado se adultera sin ellos.

No es cierto que todos los mayores voten conservador, uno siempre conoce… excepciones.  O no tanto. Esa generación, con menos estudios, hubo de luchar por construir un país democrático y se movió entre el trabajo, el coraje e ideales más o menos ingenuos –desde las flores hippies al rechazo de la guerra y prácticamente “inventar” el rock-. Es cierto que, por ejemplo, en los hogares de ancianos de la Comunidad de Madrid bailan ‘El Relicario’, un cuplé, agarrados, como hacían sus padres, no ellos. Estampa de películas en blanco y negro que presencié boquiabierta meses atrás. Hay una cierta tendencia a la gerontocracia, propiciada por el involucionismo que ha imprimido el PP a la sociedad española. Hace ya mucho tiempo que se ensalza la juventud mientras se le siegan oportunidades, ahora los conservadores entre los mayores marcan su impronta. Y la eterna brecha generacional se agranda, o se agranda como siempre el inmovilismo y los deseos, la necesidad, de cambio.

El éxito de Ciudadanos es explicable precisamente por esto. Para muchos mayores “los jóvenes” han de ser como Albert Rivera. Repeinados, con vestimenta clásica, moderados, fieles a los preceptos. Pedro Sánchez es aceptado al menos por sus características coincidentes con el modelo, aunque un punto de insolencia le haga menos homogéneo. El resto de los nuevos valores cumplen el estereotipo al completo; incluso la hoy vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, a quien se considera ‘muy preparada y formal’, ignorando su mano férrea en la aplicación de las políticas de Rajoy y las suyas propias en algunas decisivas, como la informativa. Alberto Garzón también les gustaría “si no fuera tan radical”. Pablo Iglesias y los líderes de Podemos se apartan por completo del prototipo para este sector, aunque lo sean para jóvenes y la ‘gente corriente’. Al igual que Garzón.

Más viejos que jóvenes. Más poder de decisión de los mayores. Con más ingresos estos dentro de una precariedad galopante para todos. Un futuro oscuro, salvo el de quienes se baten por lograr ese puesto al sol del poder y los pocos que de entre ellos lo consiguen.

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La última variable nos remite a su acceso a la información. El 70% de los españoles, insistamos, dice hacerlo por televisión, incluidos los debates espectáculo de estructura arbitraria. No son los jóvenes, ellos apenas ven cadenas convencionales. La campaña electoral también se va a jugar, se va a seguir jugando, en la tele. Para gran parte de la generación que ahora sobrepasa los 60 años, El País todavía es un periódico progresista. Más de la mitad de los que no ven otro horizonte que el bipartidismo, no se acercan a Internet  ni para hacerse una cuenta de correo electrónico, privándose  de encontrar su propia información y criterio. La realidad que tiene muchos más matices que los ofertados en pantalla o papel plano. Y con anuncios.

Habrá vida tras el 20D y, si nos descuidamos, puede ser al compás de ‘El Relicario’… como último cuplé.

*Publicado en eldiario.es

Nueva descarga de la Doctrina del Shock

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En La naranja mecánica (1971), Stanley Kubrick denunciaba con sarcasmo las técnicas de condicionamiento clásico o pavloviano

Constatamos a diario  el profundo cambio operado en la sociedad occidental y en la española como apéndice que nos afecta específicamente. Apenas damos crédito a lo que estamos viviendo y al contraste que ofrece con momentos similares años atrás. ¿Qué ha podido ocurrirle a esta sociedad, a los gobernantes que la representan, para reaccionar como lo están haciendo? El impacto ahora son los atentados de París de hace dos semanas y la amenaza del terrorismo yihadista que, de repente, paraliza ciudades enteras como Bruselas. No nació ayer ni se gestó en tres días. Lo que sí regresa es la siembra del miedo y el recorte de libertades. Un clásico. ‘La Doctrina del Shock –brillante imagen literaria de la periodista y escritora Naomi Klein- está asestando una nueva descarga.

Pocas evidencias serán más significativas que las que enfrentan a Francia en 2003 y en 2015. Entonces, el Gobierno de París lideró la oposición a la invasión de Irak guiada –como el tiempo demostró- por los habituales intereses comerciales y de hegemonía política y basándose en mentiras: las inexistentes armas de destrucción masiva. Pero también la lucha contra el terrorismo y “el eje del mal”. Es paradójico que aquello, la guerra de Irak, fuera el germen donde creció ISIS que ahora ha atacado Paris.

El discurso en la ONU, en febrero de 2003, del político conservador Dominique De Villepin, un intelectual, escritor y poeta, ha entrado en los anales de la historia. Razonaba por qué era prioritaria la paz, desde “un país viejo, Francia, un viejo continente como el mío, Europa, que les dice hoy, que ha experimentado guerras, la ocupación y la barbarie”. Es el mismo país, un poco más viejo, el ahora liderado por dos socialistas, Françoise Hollande y Manuel Valls -funcionario el uno, político temprano con estudios de historia el otro- que han descubierto su pasión por la guerra. Aunque la venta de armas de Francia a contendientes del polvorín sirio y sus ideólogos aportara algún síntoma y, desde luego, de doble moral. Villepin, regresa con un artículo en Liberation donde titula y argumenta en detalle: « La guerra no nos hace más fuertes, nos hace vulnerables». «Responder con la fuerza [a Daesh] equivale a apagar fuego con un lanzallamas», destaca.

La cercanía de las víctimas que dejó la barbarie terrorista en París, explica la conmoción –aunque sean muchos más los abatidos por la misma causa fuera de Europa-. Pero la reacción sobredimensionada de los gobiernos no hace sino aumentar la sensación de peligro y puede que la amenaza real. Nada peor que el miedo y el desconcierto para que el agresor se crezca.

Y está teniendo otras consecuencias menos evidentes que deberían hacer recelar a los ciudadanos. El Reino Unido de Cameron, en su cruzada para desmantelar la sanidad pública, NHS, argumenta para su dotación presupuestaria las mayores necesidades “en seguridad” y en Ejército –también se apunta entusiasta a la guerra-. La seguridad total no existe, pero muchos podrán empezar a morir de cualquier enfermedad con varios policías patrullando su agonía.

Cierre de fronteras, asaltos sin respetar lo más elemental, culpas indiscriminadas… récord de alzas bursátiles para las empresas de armas y políticos de mano dura que suben su cotización electoral.

Es la sociedad quien se la da. Quien al parecer optaría por vivir en una jaula –con televisión y dispositivos móviles, eso sí-  con tal de que le garanticen la entelequia de la seguridad.  Los gobernantes tienen, sin duda, la obligación de proporcionárnosla, sin errores, ni trampas por cierto, y respetando derechos. Pero ni aun así la inmortalidad está garantizada.

España, nuestro calvario particular, también nos alarma.  En momentos críticos ,la amenaza exige un gobierno con experiencia como el de Rajoy, nos clavó de propaganda TVE (sin consecuencia alguna). ¿Experiencia en qué? Dada la desvergüenza con la que el terrorismo es usado como baza electoral, convendrá recordar un hecho objetivo: el 11M se produjo con el PP en el Gobierno y Rajoy de vicepresidente. Y en ese día está otra gran diferencia de la preocupante transformación social operada. Todavía es el atentado más grave que se ha producido en Europa,y los españoles reaccionamos sin miedo y castigando la manipulación.

Por cierto, nadie nos ha explicado la mutación del Pacto Antiterrorista aprobado en febrero por PP y PSOE en Pacto Antiyihadista. Ni que se hayan evaporado las reticencias dentro del partido socialista y el frontal rechazo del resto de la oposición por su merma de libertades y derechos para todos. Ni que sea ahora «esencial» suscribirlo bajo amenaza de excomunión del club de los responsables, dando por hecho que bombardear es el único camino.

El problema es más complejo. Exigíamos, el 15M, con más del 80% de aceptación popular, «no ser mercancía en manos de políticos y banqueros», y ahora , según las encuestas, les vamos a dar un cheque en blanco por 4 años. Para las sobras que hayan quedado.  Se tragan recortes, mentiras, la más hedionda corrupción. Sabemos que hay mucho corrupto vocacional en España pero ni siquiera eso lo explicaría.

Cuesta también entender a un país que vivió un golpe de Estado, una guerra civil de 3 años, y 40 más de dictadura que siguió matando, con miles de muertos aún por las cunetas, con las heridas incurables de tal atrocidad, vivir semejante festín de franquismo en el aniversario de la muerte de su héroe. Con total permisividad.  Y tanto o más -por lo que implica acerca de nuestro futuro- la ofensiva banalidad con la que el candidato sepia, Albert Rivera, y sus Ciudadanos equiparan a “rojos y azules” en busca de no sé qué tiempo nuevo, a edificar, sí, pero sobre bases de mayor respeto, entidad y cordura.

¿Qué nos ha pasado a todos? nos preguntamos. Los que lo hacemos, porque hay miles aposentados en su recreo enjaulado pensando solo en seguir jugando.

La nueva crisis de las muchas que nos han sacudido parte (2007) de una debacle alimentaria provocada por la especulación, con incremento brutal del precio de los alimentos básicos en grandes regiones del planeta, y de un alza desmesurada del petróleo. Con las guerras, las variantes habituales. Puede que la mayor diferencia con ocasiones anteriores  sea la comunicación masiva. Los mensajes que distribuye la prensa adoctrinada. El mundo feliz de Huxley o el infeliz que solo encuentra amparo en un Gran Hermano protector y controlador. “Os exprimiremos hasta la saciedad y luego os llenaremos con nuestra propia esencia”, escribía George Orwell en su libro ‘1984’. Primero hay que dejar espacio con la electroconvulsión, con una sacudida tras otra. Se ha abierto la veda, como ya comentamos, para desenmascarar a los periodistas cortesanos, pero ahí siguen impertérritos. Lo que empieza a calar al menos es el papel determinante de muchos medios convencionales en cuanto nos ocurre.

Están llegando a conminar para que España vaya a la guerra, como hace el diario El País (sin contar a los periódicos conservadores habituales). Al tiempo de colocar en portada de la web y con foto de Pablo Iglesias el clásico de ‘la Caverna’ de vincular con ETA a quien no secunde sus ansias belicistas y por boca de una víctima del terrorismo de ETA. Los candidatos de la prensa, de cada televisión, están claros. ¿Quién compite con semejante aparato para que todo siga igual y cumpliendo determinados objetivos?

Pero la sociedad no es inocente. Cada persona adulta dispone de cerebro y, con él, de sentimientos y ética, aunque intente acallarlos. De una familia o de un colectivo ante el que responder. Capacidad de elegir, al menos en algún grado.

Vivimos un momento similar al que siguió al 11S, gestionado por el peor presidente de los EEUU, George Bush. El que recortó libertades, el que arruinaría las arcas de su país. La máquina del shock, encendida, trabaja de nuevo sin descanso ¿Dónde están los franceses que buscaban la playa bajo los adoquines? ¿Dónde los españoles hartos de latrocinios, abusos y fomento de la desigualdad?  ¿Cómo es posible que el PP pueda ser el partido más votado y con Mariano Rajoy de cabeza de lista, en quien no tiene «ninguna confianza» más de la mitad de los españoles y poca casi el 30%? ¿El que se burla de todos nosotros al huir de los debates yendo al mismo tiempo a programas fáciles de entretenimiento? ¿Cómo es posible?  ¿O la otra derecha presentada por los vendedores clónicos mejor entrenados para la misión? No es fácil el panorama electoral pero menos es la vida que por esta senda nos espera.

En la navidad de 1969, Franco dijo en su mensaje de fin de año a los españoles concluido su programa de sucesión y reformas de leyes: “Todo está atado y bien atado”. Se ha demostrado cierto. Y no sólo en España.  Y aquí estamos, sujetos a la camilla. para recibir cuantas descargas consideren convenientes. Unos contentos, otros tratando de zafarnos. Sabemos que cualquier lazo es susceptible de ser desanudado. De no hacerlo, como siempre nos dará otra vuelta más. Y que la electroconvulsión llega a abrasar el cerebro y la dignidad.

*Publicado en eldiario.es

La luna de miel de medios convencionales con Albert Rivera

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De El País en cabeza, otros medios, muchos medios, y distintos expertos. Albert Rivera tiene una presencia constante en televisión y en prensa. Yo ya abro con precaución el microondas porque ayer por la mañana al ir a calentar el café con leche del desayuno me salió Albert Rivera con su inconfundible sonrisa. Tan de mañana. Igual fue un espejismo, pero así lo sentí.

Ese amor que ha despertado Rivera en gentes que crean opinión está representado en un elocuente artículo del diario ahora llamado global. En él la relación adquiere caracteres de compromiso, con campanas de boda y luna de miel.

Primero publican una encuesta en la que dan un triple empate a PP, Ciudadanos y PSOE. Lo amplían con un artículo separado al que titulan Rivera sigue a la cabeza en valoración de líderes. Luego nos aclaran que  su imagen se desgasta pero eso no es obstáculo para poner en marcha el concepto Luna de Miel, que anticiparon el sábado. Pequeños desencuentros en la pasión. Y así dicen:

Aun así se consolida la certidumbre de que Albert Rivera, y con él su partido, vive una auténtica luna de miel con buena parte de la sociedad española, al margen de que le vayan a votar o no.

Rivera ha evolucionado hasta en su imagen. La mayoría se desnuda cuando quiere acceder al poder, él se ha vestido.

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Pero volvamos a lo publicado en El País. El flechazo es así. Vas asistiendo a su mirada, a sus cortes de pelo, a su discurso. A cómo evolucionan sus conceptos y, si antes rechazaba intervenir militarmente contra el terrorismo, ahora es el primero en querer meternos en esa guerra con tantas sombras. Le ves con esas ganas de colocar en una caja para guardar en el desván a los golpistas del 36 y sus 40 años de dictadura con todas sus víctimas. Mira, así ya no molestan, no hay que buscar a miles por las cunetas. Le ves en suma tan de derechas, tan ultraliberal, con ese colegueo que usa todo vendedor eficiente, tan aplicado, tan presumiblemente fiel… y te enamoras. «Nunca sabré cómo tu alma ha encendido mi noche, nunca sabré el milagro de amor que ha nacido por ti…

Y así escribe El País en La luna de miel de Rivera:

 “Rivera llega en un momento dulcísimo”, explica Luis Arroyo, sociólogo y presidente de Asesores de Comunicación Pública, que ha visto cómo el candidato de Ciudadanos se imponía al de Podemos en los dos cara a cara que han protagonizado hasta la fecha. “Luna de miel, debate ganado en Salvados a Iglesias, sin mochilas del pasado, entrenado, fresco… El peligro obvio es defraudar las grandes expectativas que hay sobre él”.

Hay quienes sí sabemos en qué viento llegó este querer… Pero nada, a ver si nos casamos o nos cansamos todos…

 

 

 

#BlackFryday en España

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Hemos importado -como hacemos siempre con todo cuanto fomente el consumismo- el Black Fryday norteamericano: las rebajas prenavideñas.

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Y, como me gusta ver los fenómenos sociológicos por mí misma, me he acercado a un centro gran comercial situado en el barrio de Vallecas, Madrid.  El aparcamiento rebosaba anticipando el interior.

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El carrito lo mismo sirve para el bebé que para más bolsas.

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En el gran templo de la baratija, uno que ha llevado su impronta a la Gran Vía de Madrid para convertirla definitivamente en un mercado de saldos, parece encabezar la lista de éxitos del día.

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Montones… de gangas.

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Zapatos que por 13 euros indican cuánto habrán cobrado quienes los fabricaron y que aseguran un cuidado extremo de esos pies que renovamos cada año ¿o son los pies para toda la vida?

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Y navidad, para los niños, para educar a los niños en el gusto exquisito.

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Y después… bolsas. En el suelo para tomar un respiro.

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Es Black Fryday. Descuentos. Más barato o más caro, en todos los rincones. #AhoraQueNosEstamosRecuperando

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El mundo que funciona

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Viviendas del mundo que funciona

El promotor del informe sobre el Mercado Inmobiliario español lo expresó con gran soltura: «Solo se venderán los pisos de… la España que funciona» . Apenas un 10% del 1,6 millones pendientes, por cierto . El resto será pasto del derrumbe o el permanente monumento a la tragedia urbanística que vivió este país, origen de la porción genuinamente española de la crisis. Hablaban de “áreas metropolitanas y ciertas localizaciones de costa consolidadas”. “Es la España que funciona”, añadían. Las demás no y no merece la pena distraer ni recursos, ni un pensamiento para ellos.

Fue la forma de visualizar con gran realismo cómo se organiza el sistema neoliberal con sus pufos, sus víctimas y sus elegidos: una parte funciona y otra no, succionando la primera a la segunda como garrapatas.  “Para que haya ricos, tiene que haber pobres”, se dijo toda la vida. Y ahora se aplica con más rigor si cabe.

A mayor escala, la global, ocurre lo mismo. Hay países que son tenidos en cuenta como aquellos que funcionan, y otros no. Y dentro de ellos, sectores sociales a los que cuidar y respetar, y sectores a desechar.

Evidentemente no es lo mismo para una mayoría de la consideración occidental, un atentado en París que en Beirut o Kabul. Esto también viene de serie desde hace tiempo, cuando se podían hacer equivalencias de muertos a publicar en los medios: un norteamericano equivalía a unos 3.000 etíopes; un israelí a 10 palestinos.

Alemania es un país respetable, funciona, pero no todo. Las personas que malviven con el genial invento de los minijobs, muchos jubilados y trabajadores extranjeros (españoles incluidos) no pertenecen al club de los que funcionan. No plantea problema alguno: se obvian y ya está. Y así ocurre en el resto de los países y clubs como el europeo: la UE, para entendernos. No es lo mismo Grecia que el Reino Unido (aunque se quiera ir), ni es lo mismo Francia que España, sobre todo si ésta se empecinase –que parece que esto ya lo tienen bastante arreglado- en no votar ultraliberalismo conservador.

La forma de visualizar con gran realismo cómo funciona el sistema neoliberal con sus pufos, sus víctimas y sus elegidos: una parte funciona y otra no, succionando la primera a la segunda como garrapatas

África no les funciona absolutamente nada, a no ser para expoliar recursos. A los africanos menos, por eso se van en busca de otros horizontes. Y el mundo árabe, según el petróleo, comunicaciones, o influencias que proporcione. Incluso dinero y comisiones estratégicas. No es lo mismo el país del intocable “amigo” –de ellos, de las autoridades- saudí, o el del nuevo dictador egipcio, que Yemen o Siria.  Y dentro de Siria andan viendo qué poder les conviene más que marche, pero desechan prácticamente a todos sus ciudadanos.

Este escarnio que estamos presenciando de los refugiados expulsados por las bombas que se compran y se venden entre los países… que funcionan, simboliza el horror al que ha llegado esta civilización que aún conserva el nombre de tal. Hombres, mujeres y niños que tenían una vida, con comodidades y expectativas, hasta que muchos decidieron sumarse a la protesta contra el tirano Al Assad, al calor de la indignación en otros países árabes y en medio mundo. Cuatro años después, Siria es una pelea de hienas –sucesivamente sustentadas por unos o por otros-, mientras la población sucumbe. Y salen al mar, a cualquier vía, con miedos y esperanzas, en pos de recuperar sus vidas. Y los estamos viendo hambrientos, apaleados, insultados, marcados, confinados, abandonados en las cárceles adonde les mandan o ante los Muros que les levantan.

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El mundo que no funciona. Foto de Magnus Vennman

Y, ahora, la siembra de equiparar yihadismo con refugiados, refugiados con sirios. Y escuchar a individuos miserables, con más insultos y amenazas, queriendo ensañarse con inocentes y blandiendo la misma intransigencia, fanatismo y crueldad a la que invocan.

 Es el mundo que funciona, que funciona… así. Con un 1% ya que posee tanto como el 99% restante, según la última estadística de Credit Suisse. Con más de 1.000 millones de desnutridos crónicos. Y 2.500 millones sin sistema de alcantarillado, y 1.600 millones  sin electricidad y 900 millones más que no tienen acceso al agua potable. Con carencias en educación, salud, futuro…

La España que funciona también ofrece un empecinado retrato al que cada vez le salen más taras: 13 millones  y medio de personas (el 29% de la población) en riesgo de exclusión social. Tres millones de pobres que sobreviven con 332 euros al mes. Un tercio de los niños padecen graves carencias. Nunca se conoció una tasa de pobreza tan alta en la infancia desde que existen los registros. Persiste el paro y a muchos el trabajo no les alcanza para pagar sus mínimas necesidades. El cuidado de la salud ya no es lo que era con los recortes. Menos mal que las empresas del IBEX han ganado 25.837 millones de euros hasta septiembre, un 27% más que en el mismo período del año anterior. Y que tienen tan buenos candidatos a las elecciones de Diciembre para que todo siga igual. Es la España que funciona… así.

Y todo funciona así por el egoísmo o la estupidez de los que se sienten en la zona que funciona. Porque es lo que eligen aquellos a los que se cuida algo más para mantener el tinglado, o tienen fe en que les caiga alguna sobra de la mesa.

El mundo que funciona es en realidad muy pequeño. Feroz y egoísta. Desecha a una parte de la humanidad, de cada sociedad. Y cada vez son más los que caen en ese lado. Aunque algunos nunca sospecharan que ésa iba a ser su desgracia. Si le tocó, se aguanta. Una bolsa de silencio. En la que igualmente se vive y se sueña, pero con más dolor y esfuerzo. Así funciona. Porque muchos quieren. Hasta que la sinrazón de la desigualdad les estalle en la cara o en la de quienes menos lo merecen.

*Publicado en eldiario.es

Florentino Pérez y la memoria de pez

Oigo que vuelven a pedir la dimisión de Florentino Pérez como presidente del Real Madrid. Con enorme dramatismo e indignación, como suele suceder. En Junio de 2009, hace 6 años, escribí esta entrada, válida en sus extremos como si acabara de pergeñarla. La memoria de pez caracteriza a los españoles, por eso tropezamos siempre en los mismos errores y de más grueso calibre que el fútbol. Lo peor es que, según parece, avisar y pedir que se utilice el mecanismo de relacionar conceptos, es inútil.

Así fue el artículo, no cambio ni una coma:

 

Dilapidó una fortuna conseguida con un pelotazo urbanístico: la venta de la Ciudad Deportiva del Real Madrid. Duplicó la deuda inicial, en balance final. A título particular, como empresario, elevó su participación en la constructora ACS hasta casi el 9%, en el mismo período. Tres años sin títulos por primera vez en medio siglo. Salió de la Presidencia del Club, en 2006, entre abucheos. Y hoy es… ¡el salvador del Real Madrid!, y cuesta encontrar ya referencia negativa alguna hasta en Internet. No le gustan los negros. Gasta 170 millones de euros en fichajes durante los primeros 4 días de gestión. Los bancos le dan un crédito que niegan a los particulares.

El fútbol como escaparate de un drama: la memoria de pez asola a los españoles y es la principal causa de gran parte de nuestros problemas, si no de todos. Desde la manipulación interesada del 11M, a la utilización política del terrorismo, a las gestiones que aumentaron las desigualdades y se ofrecen como solución, a las declaraciones de políticos que borra el tiempo –un breve espacio de tiempo-, a lo que dicen que no sucedió aunque existan imágenes, a los mecanismos que borran imágenes, sin que se hayan fijado en la retentiva de los españoles.

La lucha del hombre contra el poder, es la lucha de la memoria contra el olvido” Milan Kundera.