Pensar con la bandera y la cartera

Disculpen la licencia de resumir en un título una idea más compleja. El verbo sin duda alguna no es pensar, sino sentir, y obrar también. Una serie de dirigentes políticos han nacido el año 2020 ya en conflicto, y en algunos casos de proporciones mayúsculas. En la España que apura los días para formar gobierno rodeado de una oposición bélica y en el mundo con el ataque del ejército de Donald Trump buscando y logrando la muerte del general iraní Qassim Suleimani, la figura militar más relevante en Oriente Medio. Además de otros destacados miembros del propio Irán y de Irak. Se reactiva un avispero que afecta a la zona.

No hace falta salvar las distancias de ámbitos tan diferentes como España y ese mundo de intereses que estalla por la ofensiva de Trump, hay un punto esencial en común: los políticos que toman decisiones trascendentales y el carácter de sus votantes. Lo que define a unos sirve casi idéntico para otros.

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El presidente republicano de EEUU, Donald Trump, ha saludado el asesinato selectivo del general Qassim Suleimani, ordenado por él, con un tuit que solo contenía la bandera norteamericana. Algún seguidor ha dicho: “bien, para que sepan quién manda”, pero ¿saben de verdad quién manda, por qué y para qué? La otra pata de este tipo de ofensivas se da en la propaganda. Al general iraní se le endosa basura y así parece merecer ese linchamiento. Cuentan de otro lado, en cambio, que Suleimani era el azote del ISIS o Daesh, del terrorismo yihadista en resumen. ¿Imaginan que Irán hubiera asesinado al jefe del Pentágono estadounidense?

Desde luego otras poderosas razones están en el tablero: el impeachment de Trump –a pesar de que sus correligionarios en el Senado le salvarán con casi total seguridad- y la lucha de poder entre Estados Unidos e Irán. Hasta ahora el Imperio persa, Irán, nunca ha sido invadido, como contaba el periodista Ramón Lobo desgranando la génesis de este largo enfrentamiento. Hace meses ya que sonaban intensamente los tambores de guerra y crisis.

El Pentágono dice que buscaba “disuadir” futuros planes de Irán. Y, como era de esperar y ellos mismos saben, está ocurriendo al contrario: numerosas reacciones de protesta de mandatarios en la zona, manifestaciones masivas en Teherán, alerta máxima en Israel, llamadas a la prudencia en varios países. Estados Unidos ha mandado evacuar a su personal civil y se dispone a enviar a la zona “miles de soldados”, hasta 3.500 de inmediato. Trump ya tiene su guerra de envergadura.  Aunque el Congreso se divida ante la alocada acción del presidente que promete ser dramática en consecuencias.

Trump es un ser ególatra y vanidoso, inculto, con escasos escrúpulos, aparentemente incapacitado para el cargo, que salió elegido por millones de personas gracias a su populismo y las fake news como arma. Rodeado de voces del ultraconservadurismo republicano, de los dioses del dinero y de las armas, incluso de los aires del cristianismo evangelista talibán. ¿Qué podía salir mal? ¿Qué puede salir mal con escenarios similares en otros lugares como España? Hoy no se puede alegar desconocimiento. “En la era de la información, la ignorancia es una elección”, como tituló una exposición el artista visual californiano Donny Miller. Quien opta por la ignorancia es absolutamente responsable de lo que desencadena en el bien común.

Es evidente que millones de personas han logrado estar representadas por políticos incapaces para el puesto, ignorantes, fatuos, con escasos escrúpulos capaces de desencadenar conflictos de consecuencias incalculables. Se diría que sus votantes obran por emociones más que razonando y aparcando las consecuencias de un futuro absolutamente previsible. Es donde hay que actuar, con todas las fuerzas de la razón, la ciudadanía responsable está a la intemperie ante esta plaga.

Vamos en España hacia la investidura de un gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos a la que no cabe poner más trabas. En ese sentido puede interpretarse la decisión de la muy polítizada Junta Electoral Central de inhabilitar al President de la Generalitat, Quim Torra, por poner unos lazos amarillos fuera de la campaña, por 7 votos a 6, sin esperar al recurso en el Tribunal Supremo ni a que la sentencia sea firme. No contentos con semejante medida, se han lanzado a contravenir la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE y han  inhabilitado como eurodiputado a Junqueras. Sin siquiera esperar a que se pronuncie el Supremo, que fue quien le condenó, tome una decisión. Es evidente que España necesita un gobierno que afronte los gravísimos problemas que la pesada losa de una derecha que no pasa por ser de lo más homologable con las europeas de su corte.

Ese gobierno precisa del apoyo o abstención de otras fuerzas. Como vemos, la derecha y ultraderecha política, mediática y judicial, los poderes económicos, el talibalismo católico representado por el modelo cardenal Cañizares, andan con las armas en alto para evitarlo. Aunque no hayan ganado las elecciones como en el caso de sus partidos, o no se hayan presentado a las urnas, sino a través de “testaferros”, algunos comprados a bajo precio. Ese compacto bloque hace ver que el triunfo es suyo y que le asiste la razón. No es así. Pero gran parte de sus seguidores piensan con la bandera para ayudarles a que ellos lo hagan primordialmente con la cartera. El anticatalanismo, en particular, obra prodigios en esas cabezas que prefieren alianzas la ultraderecha.

Un día la mayoría de los gobiernos pueden estar en manos de dirigentes como Díaz Ayuso, actual presidenta de Madrid. O como el alcalde, Martínez-Almeida. Como Inés Arrimadas o Pablo Casado. O Teodoro García Egea. O Albert Rivera. Desde hace un tiempo ya significativo, el nivel de un nutrido grupo de políticos españoles asusta. En realidad es el final de una escalada que se inició con una serie de políticos relevantes por su frivolidad. O con más precisión: un rellano en ese ascenso al poder de la inanidad con regustos torvos. Como ya ocurre en Estados Unidos con Donald Trump, en Brasil con Bolsonaro, o Bolivia con otra iluminada que se autoproclamó presidenta sin más miramientos. ¿No se han parado a pensar qué ocurrirá ese día en el que las decisiones sobre salud, educación, servicios, economía… supervivencia, como vemos, estén en manos de dirigentes de ese perfil? Spoiler: en algunos lugares ya lo están.

Detengámonos en Isabel Díaz Ayuso como paradigma. Afirmó que “nadie había muerto por contaminación” causando tal rechazo que la presidenta madrileña ha sido rebatida hasta por el Consejo Superior de Investigaciones científicas (CSIC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pero avisó desde el primer día. Su historial de declaraciones insólitas van desde considerar al “concebido no nacido un miembro de la familia” sin saber si cobraría o no en el caso de malograrse, a elogiar los atascos y el humo de los coches en Madrid o los empleos basura. Y todo ello no fue obstáculo para que la votaran directamente 714.718 personas y otras 625.039 que, inclinándose por Aguado de Ciudadanos, la eligieron a ella; más los de Vox como punto y aparte. La extuitera de Pecas, el perro de su antecesora Esperanza Aguirre, ha sobrepasado en sus ataques políticos toda ética calificando de etarras a posibles ministros. Doblemente espeluznante en un partido con su historial de corrupción. Lo peor es que a ese nivel están la mayoría de sus correligionarios.

Perdonen que insista ¿han pensado que ocurrirá si un día la mayoría de los dirigentes son de ese perfil? El resto del complejo, las filiales mediáticas, los ejércitos tuiteros y de WhatsAPP harán el resto de la faena. Un gobierno que siquiera se aleje de ese modelo y que de hecho se esfuerce en combatir, democráticamente, sus consecuencias es ya una exigencia vital. Todos hoy son responsables de lo que suceda y aquí seguimos expectantes esperando.

Horas de vísperas, de negociaciones, peticiones en las que unos cargan con la desmesura y otros la cardan, y el panal de avispas atacando. De rumores de “tamayazo”. Más allá, Donald Trump alardea de bandera y su secretario de Estado Pompeo se deleita pensando que ya vio “algo evangélico apocalíptico, un éxtasis en el fondo” montando un conflicto con el imbatido y poderoso Irán. Veremos cómo acaba este estado de máxima tensión. Para quienes se sientan a decidir, bien, ya se lo anticipo.

Ayer me topé con un viejo libro de Milan Kundera y una frase que le dedicó otro escritor, Ítalo Calvino: “Esta novela demuestra que todo lo que elegimos por su levedad no tarda en revelar su propio peso insoportable”. Tenemos que hablar mucho más de todo esto, pero sin duda pocas definiciones se ajustan mejor al signo de los tiempos que, por supervivencia, habría de ser revertido.

 

*Publicado en eldiarioes

From lost to the river

“From lost to the river” es una traducción, literal y sin sentido alguno, del refrán español “De perdidos, al río”. Despierta la hilaridad de los angloparlantes cuando se les explica. Y, sin embargo, se presenta casi como un símbolo de la preocupante realidad del mundo en el que vivimos. Lo ha confirmado el triunfo, previsible e ilógico, del conservador Boris Johnson en las elecciones del Reino Unido. Deja al desnudo las grandes fallas que han llevado a la degradación -cercana ya a la descomposición- del sistema. Los ciudadanos votan emocionalmente, con rabia incluso, con motivos para ella y sin la menor esperanza de construir. Demasiados factores ajenos al interés común marcan el tiempo de hoy.

En el Reino Unido han votado Brexit a un altísimo precio, pero Brexit de una vez. De perdidos, al río. Voto visceral, primario, que, de paso, evidencia el fracaso de la Unión Europea del que sus gestores siguen sin querer enterarse, de la política de hoy, de los ciudadanos inermes ante presiones externas y ante sí mismos. Ante los conciudadanos que embisten y nos llevan por delante. Demuestra las consecuencias del entontecimiento de la sociedad a través de los medios. Hasta la duda existencial de lanzar columnas de opinión que se perderán en un inmenso marasmo que exige voluntad para ser abordado. El giro experimentado por la escala de valores. De perdidos, al río.

Todo ese cúmulo no es atribuible por supuesto a Boris Johnson y sus votantes, pero sí aparece como el revulsivo final –o punto y seguido- de la situación actual. Los hechos concretos nos sitúan ante un presidente que ha logrado una mayoría absoluta de los conservadores británicos que no conocían desde Margaret Thatcher, lo cual es otro gran síntoma. Experiodista, provocador, pendenciero, con un punto de fantoche, se aupó por ser famoso gracias a esas características. Prometió un Brexit, una salida de la UE, a ciudadanos hartos y a los convencidos de la singularidad british. Los laboristas se han hundido, con su peor resultado en décadas: desde 1935. La indefinición de Jeremy Corbyn hasta su ya inútil reacción de última hora, el continuo plegarse de la presunta socialdemocracia al neoliberalismo, lo explican. Las campañas de los medios, como apuntaba la periodista Olga Rodriguez, como parte del problema. Los medios en sí, batuta de estos tiempos y no solo en el Reino Unido.

Olga Rodriguez

@olgarodriguezfr

No puede dejarse de lado el papel de muchos diarios británicos a la hora de analizar los resultados en . Titulares estigmatizando a Corbyn día tras día, infundiendo miedo o llamándolo antisemita día tras día, cuando ha luchado contra la discriminación toda su vida

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Los escoceses -que pueden celebrar referéndums de independencia sin problema alguno y hasta con los parabienes de la singular Reina Isabel- han votado en masa a nacionalistas escoceses (48 de 59 escaños). Escocia ya ha anunciado que va a solicitar otro formalmente. Porque quedarse en el Reino Unido para salir de Europa no era el trato. Recordemos que uno de los argumentos que se les dio fue el frío helador que hacía fuera de la UE. En Irlanda también han votado más católicos que protestantes unionistas (partidarios del Brexit) por primera vez desde la firma de la paz de 1998. Escocia e Irlanda quieren ser independientes de Londres y seguir en la UE. La convulsión es notable.

Boris Johnson, electo como presidente por primera vez tras suceder a May, ahondará en el recorte de servicios de sus predecesores, en particular al ya maltrecho sistema público de salud. Pero hay una mayoría de ciudadanos que así lo prefieren por sentimientos varios que poco tienen que ver con la razón.

Boris Johnson y Donald Trump. EFE
Boris Johnson y Donald Trump. EFE

Johnson se une así en la cúspide del poder a Donald Trump, sujeto de impeachment por los demócratas que, sin embargo, será exonerado con gran probabilidad por sus correligionarios en el Senado donde tienen mayoría. Trump puede hasta ser reelegido para desesperación de la lógica.

El tema crucial es la falta de respuestas a los problemas reales de la sociedad. La salida del Reino Unido de la Unión Europea es una vuelta atrás, al mundo que dibujó en Yalta el fin de la II Guerra Mundial, con fascismos sin derrotar. El capitalismo hegemónico desde la caída del Muro de Berlín con la socialdemocracia plegada a sus postulados, han hecho regresar a los fascismos. La banalización de la sociedad, impartida por los medios de masas, cierra el círculo. Así están llegando al poder una serie de dirigentes insólitos. Y la tendencia va a peor.

En España, en Madrid de forma marcada, tenemos un alcalde inenarrable en Martínez Almeida, que a diario obsequia con gruesos insultos a la inteligencia, y a una presidenta de la Comunidad, Díaz Ayuso, que también se cae del guindo cada poco con una nueva insensatez y siempre del mismo sesgo. Ayer aseguraba que “un día sabremos qué hay detrás de las ‘emergencias climáticas“. La investigación, la realidad, les sobra. Ambos gobiernos –como otros en España- están sustentados por la ultraderecha oficial. Y con el apoyo de los restos de Ciudadanos que, lejos de haber aprendido tras la debacle electoral, siguen en la misma línea. Inés Arrimadas cree que el rey puede proponer la combinación de gobierno que más le convenga. Ella le dio la opción hecha con PSOE, PP y Ciudadanos

De perdidos, al río; ha llegado la hora que empodera a los idiotas de “tornillo” retorcido. Saltan, orgullosos de sí mismos en las redes: empachados de bulos, sin enterarse ni de lo que leen, felices y esperanzados en sus odios y venganzas. Monasterio, la arquitecta por intuición, se graba vídeos con ignorancia flagrante. Contra la periodista Julia Otero, por ejemplo, que le responde y los medios titulan: “La discusión de Julia Otero y Rocío Monasterio por el cambio climático” y van detrás las huestes y aclaman. No, es el ataque indocumentado de Monasterio y la precisión de Otero. Por política, por adocenamiento. El cambio climático es la excusa. Sin embargo, toda esta ralea que viene, que ha llegado ya, se oponen “al cambio climático” y a cuanto sea razonable.

Han resucitado e instaurado la desigualdad, el racismo, la homofobia, el machismo. La sentencia por agresión sexual en grupo a una niña de 15 años a cargo de tres exjugadores de fútbol en Burgos, llevó a las televisiones hasta al abogado de “La manada” de Pamplona que dio origen a la lamentable popularización de los protagonismos en esta lacra. Mucho que aportar… para extender el morbo. Y para criminalizar al feminismo de nuevo.

La solución llega rectificando. La izquierda ha de hacer política de izquierdas y efectiva. Absolutamente distinguible de la derecha cómplice de las patrañas. La información es básica para intentar revertir esta deriva. No se puede seguir mintiendo, promocionando la bazofia, ni siquiera con el desinformador “periodismo” de declaraciones. Al menos en la televisión pública, deseable sería en todas y en todos los medios. Sueltan a los políticos uno tras otro, a Cayetana Álvarez de Toledo, insistiendo en que ahora es peor que cuando ETA mataba y que lo repite por hacer pedagogía. No se puede seguir con informaciones parciales, ni con tertulias casposas. Porque se está reviviendo todo lo atávico. Un mayor nivel de autoexigencia de ciudadanía es elemento crucial.

De perdidos, al río, los ciudadanos del Reino Unido han votado a Johnson, sus recortes y necedades, a cambio de una bandera, de salir de una UE que naufraga sin enterarse tampoco. Y han elegido a Trump, a Bolsonaro y a Orban, que anda despiezando todos los derechos. Y espera en la antesala Salvini que, como gane las elecciones en Italia, pondrá la rúbrica a la descomposición del sistema. Por un puñado de share, por una ideología que beneficia en primer lugar a sus difusores, nos han metido en las instituciones españolas a inenarrables cretinos. Vociferan sus seguidores. Los de las banderas, los comedores de trolas, los odiadores.

Y probablemente es tiempo de combatir como David contra Goliat. Un emigrante, Rachid Bouikou, ha ganado a Goldman Sachs en el Supremo con un abogado de oficio. El Supremo ha anula la venta de 3.000 viviendas sociales de la Comunidad de Madrid a un fondo buitre. Perpetrada esta vez por Ignacio Gonzalez (PP). Son luces que marcan una salida, aunque la tarea es tan ingente como necesaria e inaplazable. Porque, si seguimos tirándonos al río cuando estamos perdidos, no habrá otro horizonte que al agua fría, los pies que no tocan el suelo.

 

El PP, ETA y las zancadillas a los gobiernos progresistas

Cayetana Álvarez de Toledo, la lenguaraz portavoz del PP de Pablo Casado, ha irritado a un buen número de ciudadanos al opinar que “el momento político es más difícil que cuando ETA mataba”. Desde un intolerable desprecio a la gran herida que el terrorismo infligió a nuestro pueblo, al enorme esfuerzo hecho para lograr finalmente la paz, a las víctimas de su propia formación política, la voz en el Congreso del Partido Popular vuelve a usar el terrorismo para sus fines electorales. Es ya una larga historia con unos soportes potentes que tiene en ETA uno de los principales, aunque no el único. Lo que está pasando ahora, lo que pasará si la cordura de la sociedad no lo impide, ha ocurrido ya antes. Muchas veces. Y se apoya en la desmemoria de los votantes.

Se recuerdan a menudo, como evidencia del más puro cinismo, las negociaciones del propio PP con los etarras partiendo de José María Aznar a los que llamó “movimiento vasco de liberación“, pero han sido tantas las mentiras, los renuncios y los torpedos a las políticas progresistas que convendrá refrescar la memoria con algunos hechos puntuales, constatados y perfectamente documentados. En los anales de la más absoluta ignominia está el haber usado la Fundación Miguel Ángel Blanco para, en datos de la policía, financiarse con la Gürtel. Y hay más.

La derecha mediática publica este martes un artículo con este titular que atribuye a una víctima de ETA: «A Pedro Sánchez se le han olvidado todos los muertos de ETA por seguir en La Moncloa». Esto es, además de mentira, una auténtica vileza. Incluye declaraciones del alcalde Almeida en la misma línea o peor, con afirmaciones falsas de grueso calibre. Con un PP que anda metiendo a Vox y a Házte oir en las instituciones para completar ese mapa de ultraderecha e integrismo religioso que amenaza ya en varios países la estabilidad democrática.

El PP y sus extensiones solo entienden el poder si lo ostentan ellos. El 14 de Marzo de 2004, José Luis Rodríguez Zapatero, candidato del PSOE, gana las elecciones generales frente a Mariano Rajoy. Solo han pasado cuatro días de los atentados de Atocha, Santa Eugenia y el Pozo con un aterrador balance de víctimas. La manipulación del gobierno de Aznar para desviar la atención de la autoría hacia ETA –que piensa puede favorecerle más electoralmente que la yihadista que ya conocen- le cuesta las elecciones.

Portadas de prensa internacional sobre los atentados del 11M.
Portadas de prensa internacional sobre los atentados del 11M.

La prensa internacional lo destaca ampliamente, aquí pasa algo más tapada, pero el dolor y la indignación provocan desafección ante el PP. A partir de ese momento, Zapatero es considerado por los populares un presidente ilegítimo, porque les ha salido mal la jugada.

La lista de insultos que Mariano Rajoy dedicó a Zapatero -hoy tan añorado por su presunta prudencia y señorío-, es toda una ya histórica letanía del oprobio. Le llamó acomplejado, agitador, ambiguo, antojadizo, aprendiz de brujo, bobo solemne, chisgarabís, cobarde, débil, frívolo, grotesco, hooligan, impreciso, imprudente, incapaz, inconsecuente, indigno, inestable, inexperto, insensato, insolvente, irresponsable, maniobrero, manipulador, mentiroso, oscuro, perdedor complacido, radical, rastrero, sectario, taimado, traidor, turbio, veleidoso y zafio. En el Congreso le dijo: “traiciona a los muertos y ha revigorizado a una ETA moribunda”. Cuando fue con el gobierno de Zapatero cuando cesaron los atentados terroristas, a pesar de las trabas puestas por el PP.

En las manifestaciones contra el gobierno del PSOE gritaban al presidente: asesino, mentiroso, anticristo. Incluso querían mandarlo “con su abuelo”…. que fue ejecutado en el paredón franquista. La vieja guardia socialista también les apoyaba desde la banda. Uno me dice que elegir entre Zapatero y Rajoy es hacerlo entre despeñarse por un acantilado o tomarse una botella de cianuro. ¿Les va sonando el parecido?

ETA es una baza esencial para el PP. El 19 de abril, poco más de un mes después de los atentados, el Partido Popular presenta 215 preguntas al gobierno, basadas en la teoría de la conspiración urdida por el diario El Mundo dirigido por Pedro J. Ramírez y que sigue impune profesionalmente. El diputado Jaime Ignacio Del Burgo publica un libro titulado: “11M, demasiadas preguntas sin respuesta”. Cuando saben de sobra lo ocurrido. Rajoy a la cabeza, acude el PP a manifestaciones de la AVT (Asociación de Víctimas del Terrorismo) con el lema “queremos saber la verdad”. Todo ello acompañado de manifestaciones en la calle, con sus banderas y sus aguiluchos como es de rigor en la derecha española. Ultra, apenas hay otra. Con el rojigualda en gorros y gafas de sol. Cantando el “Cara al sol”. Vox ya estaba en el PP.

Unas veces protestan contra la política antiterrorista del PSOE y otras contra sus leyes, en algunos casos de la mano de la jerarquía católica. Desde 2004, se suceden no menos de 13 protestas masivas en la calle, fletando autobuses para traer a Madrid gente de fuera. Un clásico. Rajoy acude y cierra con discurso por ejemplo en las de AVT (Asociación de Víctimas del Terrorismo) con el lema “queremos saber la verdad”. Tan despistado el hombre que nunca se entera de nada.

Rajoy y otros miembros del PP en una manifestación contra la política de Zapatero en 2007. EFE
Rajoy y otros miembros del PP en una manifestación contra la política de Zapatero en 2007. EFE

El PP sabe la verdad, pero eso no importa. Rajoy llega a pedir la anulación del juicio –y por tanto la puesta en libertad de los detenidos- según lo que lee en la prensa, y no precisamente en el Marca. En El Mundo, que sigue presionando con las dudas sobre la Mochila de Vallecas, táctica que tan graves consecuencias tuvo para el valiente comisario que con su actuación encauzó las investigaciones. Zaplana apuntó la posibilidad de desenterrar a los muertos para comprobar el tipo de explosivos utilizado. Francamente lo que se hizo aquellos días es uno de los más terribles atropellos que quepa imaginar en un país democrático, perpetrado además desde el partido que estaba en el gobierno cuando se produjeron los atentados. Con consecuencias desestabilizadoras porque mentes débiles u obtusas aún siguen manteniendo dudas que el PP no se molestó en disipar.

De ETA, a las guerras de la codicia y a las protestas positivas o despreciables según les convenga. José María Aznar, sobrevoló por las masivas manifestaciones del NO a la Guerra de Irak, a las que no hizo caso alguno, acusando al líder del PSOE de “pancartero”. Luego el PP le pilló gusto a echarse a la calle para protestar contra Zapatero, como hemos visto. En la táctica habitual, los populares quitaron importancia, después, a la Guerra de Irak porque “es algo del pasado”, aunque siguiera estallando la violencia todos los días.

Cuando el PP ve flaquear la baza del terrorismo, acude a la unidad de España. Por aquellos días –y ya andamos ante la segunda legislatura de Zapatero- se nos andaba rompiendo el idioma. De ahí que salga un manifiesto de intelectuales “por una lengua común”. Esto sucede ya cada poco ya. Y por cierto, Cayetana Álvarez de Toledo suele pasar por intelectual cuando va de la mano de Vargas Llosa, y encabeza esas listas del ultranacionalismo español. Desde las Argentina y el Perú de sus nacimientos, que no deja de ser curioso.

Para ir constatando la dimensión de las zancadillas del PP a toda política progresista, es imprescindible recordar algunas de sus abstenciones señaladas y recursos de inconstitucionalidad. Su precedente Alianza Popular se opuso a la Constitución, a la Ley de amnistía para los represaliados del franquismo, al divorcio –al igual que lo haría UCD que también nutrió las filas de los populares en su momento-. Por cierto, la destrucción del Memorial a las víctimas del franquismo en el cementerio de la Almudena por el Ayuntamiento de Almeida y Villacís, es equiparable a los que suelen llevar a cabo los talibanes en otros lugares del mundo.

El PP de Rajoy, por su parte, rechazó varias leyes progresistas del PSOE de Zapatero. La Ley de Igualdad y de Conciliación de la vida laboral, conocida también por algunos otros de sus apéndices. Se abstuvo en la votación y ya en vigor la recurrió al TC. También la Ley que reguló los matrimonios entre personas del mismo sexo, que fue una de las que echó a la calle a gritar contra Zapatero al PP y votantes del PP y a los fieles Obispos a los que jamás hemos visto manifestarse por la pobreza o la desigualdad, y siguen poniendo el “cepillo” a nuestros impuestos.

El PP de Rajoy hizo campaña y presentó recurso de inconstitucionalidad al Estatuto de Catalunya, y a la ley de Educación de Catalunya. Hechos que están el germen del conflicto actual, que, sin duda, el PP exacerbó. El TC avaló la ley de Educación y en líneas generales, con algún recorte, el Estatut.

El mayor traspiés de Zapatero fue aceptar el mandato de la conjura internacional –porque prácticamente fue eso- en Mayo de 2010 para que redujera el gasto público. Hasta Obama le llamó, además evidentemente de la Troika y media Europa. Aquí le dejaron solo. Había intentado ponernos al nivel de nuestros vecinos en la inversión en los ciudadanos (como ocurría en Alemania, Francia o los países nórdicos que llegaba al 30% del presupuesto total) y le hicieron echar marcha atrás, cuando las culpas fundamentales eran de los agujeros negros de la economía y las finanzas españolas. En pugna con su ministro de economía Pedro Solbes, el PP, y una legión de comentaristas que ya apoyaban “la austeridad”, Zapatero llegó incluso a excusarse: “sólo restan unas dos décimas al superávit actual del 1,8% del PIB” (…) “no van a costar ni un euro al bolsillo de los españoles”. Y esta vez era mucho más verdad que el rescate bancario que nos vendió Rajoy.

El PP le hacía campaña en contra del gobierno del PSOE en la UE. Pablo Casado se animó a seguir esa senda y, apenas nombrado presidente del PP, se fue a Bruselas, a colocarse al lado del entonces presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, mientras caminaba y soltarle que España era un desastre. A mí personalmente todavía me produce vergüenza ajena este episodio. Y pavor que este tipo de personas tengan en sus manos asuntos serios de los ciudadanos.

Nada nuevo pues. Un gobierno de PSOE y Unidas Podemos no se librará de esa lacra. Hay que estar prevenidos. El pueblo que ignora su historia está condenado a repetirla, se dice desde antiguo porque es una verdad rotunda. Y hoy una batalla principal es, recordando al escritor checo Milan Kundera, la lucha de la memoria contra el olvido. Porque lo que está por llegar, se libra en ese terreno.

 

*Publicado en eldiarioes 10/12/2019

La elevada autoestima de los “constitucionalistas”

Día de trajes nuevos, sonrisas recién estrenadas y viejas retrancas en la sede del Congreso de los Diputados. Celebran 41 años de la Constitución de 1978 que puso fin, formalmente, a la extensa e intensa dictadura franquista. Es el día de las críticas y los tópicos, de los elogios y los vacíos. Una Constitución no debería servir solo para llenarse la boca sino como norma de obligados cumplimientos. Dudo que haya una en el mundo entero que lo haga. Hay algunos textos henchidos de ideales. Incluyen hasta la búsqueda de la felicidad. Nuestros compañeros de historia, los portugueses, apelaron en la suya (1976), tras la correspondiente dictadura, a bases de dignidad en el empeño de construir “una sociedad libre, justa y solidaria”.

Nuestra Constitución fue mucho más sobria. Invocó justicia, libertad y seguridad, le dio la forma de monarquía parlamentaria con el candidato a la jefatura del Estado que había designado el propio Franco y fue escrita solo por hombres, como solía pasar en aquellos tiempos. Sin duda, además, fue redactada bajo la presión de los vencedores de la guerra civil, la que habían desatado y de la que salieron por completo impunes. Pero, asombrosamente, al calor de los tiempos, al calor de las inmensas ganas de democracia que muchos españoles tenían, resultó un texto con medidas sociales mucho más progresistas de lo que ahora se incluirían. Desde hace años, desde la hegemonía, abusos y crisis del capitalismo la tendencia va a rebajar derechos. La involución es un hecho que en algunos países intenta revertir tímidamente el centro izquierda. Léase el Reino Unido, Portugal, España; hasta la socialdemocracia alemana se está poniendo las pilas para que no termine de engullirle la ola.

Recordaba este 6 de diciembre en las redes algunas ideas del periodista Ignacio Escolar, todavía sin nacer eldiario.es, en uno de los libros colectivos que escribimos: “Si la Europa arruinada de la posguerra fue capaz de construir el Estado del bienestar, ¿por qué la Europa próspera del siglo XXI va a ser incapaz de mantenerlo?” Y la constatación de que la redistribución de la riqueza que propugna la Constitución ya en 2012 parecía propia de peligrosos antisistema. Y la bola siguió creciendo y hoy nos vemos como nos vemos, con alguna esperanza que hay que trabajarse “para que pueda ser”, dicho sea remedando a Labordeta.

Ahora bien, de las peores trágalas del momento actual es escuchar que son “constitucionalistas” gentes que solo creen en menos de media docena de sus artículos. A saber: el 2, que afirma la “indisoluble unidad de la Patria”, los que se refieren a las fuerzas del orden para mantenerla, el 155 para coartar la libertad de los catalanes independentistas o no, y el 135, que fue el único que se modificó en este periodo –a salvo de una pequeña corrección en otro momento–. Para cortar derechos ya. En 2010, cuando, tras el derrumbe financiero, nos hicieron pagar sus platos rotos a los ciudadanos. Con aval constitucional, se estableció la prioridad del pago a los acreedores sobre cualquier necesidad de los ciudadanos. ¿Y no saben? Sí saben, la deuda, ya con Mariano Rajoy al frente del Gobierno, se disparó a niveles de récord histórico.

Mariano Rajoy es un gran “constitucionalista”. Ha vuelto dando lecciones y ha sido muy aplaudido por los desmemoriados. Aquí, en las nuevas evaluaciones del rescate bancario (66.577 millones de euros) que les dieron casi a fondo perdido encontrarán unos cuantos pilares más de los “constitucionalistas”.

El PP está lleno de ellos. De estos, del 2 y el 155 y el garrote, y del 135. De Argentina se vino su portavoz, Cayetana Alvárez de Toledo, que rezuma democracia en cada una de sus intervenciones. Y en Madrid nos plantaron a Martínez Almeida en el Ayuntamiento y a Díaz Ayuso en la Comunidad. Muy elogiada por medios como TVE en sus telediarios, por haber tosido a la ultraderechista Monasterio antes de no firmar, al igual que ella, una declaración de condena al lanzamiento de una granada contra el centro de menores migrantes de la calle Hortaleza en Madrid. De no firmarla.

Begoña Villacís e Inés Arrimadas van de airosas “constitucionalistas” por el escaso recorrido de la representación política en la que ha quedado su partido, Ciudadanos. Desde esa convicción patriótica, los votos reales no cuentan, se pisa fuerte y ya está. Se es “constitucionalista” de palo y recortes y no se hable más.

Se ha llegado a la osadía de llamar “constitucionalistas” a los miembros del partido ultraderechista Vox. Una formación que arrasa con numerosos preceptos constitucionales, partiendo de los que explicitan que no se admite “discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Hoy, su líder, Santiago Abascal, según nos cuentan, no ha estado en la recepción del Congreso porque se ha ido “a defender la Constitución” en una manifestación en Barcelona. Ahí los tienen, un ultra “constitucionalista”. Claro que quiere reformarla para suprimir las autonomías. Hoy en Barcelona han exhibido una pancarta pidiendo la derogación de la Ley de Violencia de Género. Su España y su “constitucionalismo” son así.

Pablo Casado en cambio no quiere ni tocar la Constitución. El precedente de su partido, Alianza Popular, votó en contra aquel 1978, pasados 40 años ya les gusta. Las constituciones se reforman para la convivencia, no para desecarlas como Vox. La Primera Enmienda de la norteamericana fue en 1791, a los 4 años de promulgarse.

Lo realmente espectacular es la elevada autoestima de la que alardean gran parte de quienes se autodenominan “constitucionalistas”. Con la soberbia que caracteriza esa sensación irreal de superioridad, creen que todos desprecian como ellos a cualquiera que valore el potencial perfeccionamiento o cambios en la Constitución. Incluso el texto completo con tanta literatura accesoria.

Gentes como Aznar y la mayoría de los citados se sienten elegidos por la gloria de lo que llaman ser “constitucionalistas” sin defender los valores que la norma básica incluye. De su aprecio por la Constitución, de su lucha por lograrlos, quedarían fuera más de un centenar de artículos de los 169 que tiene, siendo generosos con ese cómputo. Esperanza Aguirre, por ejemplo, cree que el PP debe hacer un esfuerzo, para evitar que “el Gobierno caiga en manos de independentistas y comunistas bolivarianos”. Ellos son mucho mejores.

Unidos a ese coro político, numerosos periodistas y medios de este camino perdido defienden ese peculiar “constitucionalismo”. Todo cuanto quede al margen de este estereotipo les parece condenable. Con ese plantel y su historial, pasado hasta por los tribunales, el hoy presidente del PP acusa a Pedro Sánchez de haber elegido “a los enemigos de la Constitución”. De lo que todos ellos interpretan es su Constitución, la que se deja fuera un buen número de derechos y servicios que afectan a la vida diaria de los ciudadanos.

Y así nos vemos con un Pablo Iglesias, consciente de que de nuevo van a por él y todos ellos, abrazado al Mal Menor y proclamando hasta la buena salud de la monarquía. Mucho parece pesar el rey que solo reina, sin gobernar, según dicen. El legítimo pragmatismo de lo que se puede hacer desde un gobierno progresista y el peligro de lo que, sin él, nos vendría encima, quizás no debería aparcar, al menos, los desajustes mostrados por esa institución.

Singular España y variopinta sociedad que celebra este puente, luchando por el clima, de vacaciones o abarrotando a niveles de colapso las tiendas, el símbolo de un descomunal contrasentido. La Constitución española y la Inmaculada Concepción de la Virgen elevada a fiesta nacional. No es de extrañar que los “constitucionalistas” del séptimo día se hagan notar tanto.

 

 

*Publicado en eldiarioes 

Con los pies en el suelo

Va a ser una legislatura bronca e incomprensible para quienes sueñan con una apacible representación de los ciudadanos, que no se corresponde con la realidad.  España es un país plural y ha habido demasiadas convulsiones y presiones y hasta corrimientos de tierras no previstos. Es algo más que la vida que se mueve, es un país con problemas. Lo importante será no sacar conclusiones equivocadas que llevan a pasos erróneos. La ultraderecha ha llegado a las instituciones, con nutrida representación y por la puerta grande que le han abierto los pactos anteriores con sus colegas de PP y Ciudadanos y multitud de medios por diferentes razones, primando las ideológicas y las crematísticas. Desde hoy, Vox ocupa una vicepresidencia en la Mesa del Congreso. Siendo un trago grueso, no es el único.  Ante la imposible tarea de adivinar el futuro, lo esencial ahora es no engañarse, una afición extraordinariamente extendida ahora.

Escribió Calderón de la Barca que “todos sueñan lo que son aunque ninguno lo entiende”. El tiempo ha ido cambiando algo esa percepción y se entiende hasta más de lo que hay. El gran autor del Siglo de Oro da en un punto y seguido la clave. Lo peor es despertar del sueño y ver una realidad que difiere de los “estados lisonjeros” en los que uno se ve.  Uno de los primeros en aterrizar en el suelo ha sido Marcos de Quinto, el millonario autor del ERE en Coca-Cola que soñó ser ministro con Ciudadanos, se ha visto en una pelea a empujones con un diputado de Vox, por ocupar el escaño.

Otros aún flotan en sus ensueños. La tendencia a autoengañarse se dispara en estos tiempos cuando famosos de todo tipo viven en un escaparate en el que quieren mostrar sus mejores galas. Sueña Martínez Almeida que es un alcalde de los tiempos franquistas, con capacidad para reescribir la historia, tapar y encumbrar al gusto, envolver en la bandera española hasta el buey la mula del belén. Sueña que es el alcalde más ecologista del planeta y que todos se lo reconocerán así al ver las calles de Madrid llenas de tráfico y ostentosas luces.

Sueña Pablo Casado con ser el líder del centro-derecha español, mientras aúpa e incrusta en puntos de decisión del Estado a la ultraderecha, hija predilecta de su partido. Sueña Inés Arrimadas que tiene 70 u 80 diputados, que ya es la presidenta de Ciudadanos, de extremo centro, ultranacionalista española y lo que convenga. Con el mismo aplauso mediático, si no más, que el recibido por Albert Rivera, hoy abrasado por las urnas. Sueña que podrá engañar sin fin usando la realidad como moneda de cambio: Se mezcla, se agita y se sirve al consumo.  Soñar por soñar, viejas glorias del PSOE también sueñan que son socialistas, Carmena que perdió el Ayuntamiento de Madrid “por ser demasiado innovadora” y el poder atrincherado en insolidarios privilegios que Unidas Podemos es de ultraizquierda.

Sueña Pedro Sánchez que esta vez sí podrá jugar un juego doble con los nacionalistas catalanes y con el propio asunto enquistado de Catalunya. Y Esquerra que estirando la cuerda resolverá sus problemas internos. En ambos casos, tratando de sortear un fiasco que lleve a otras elecciones. Pablo Iglesias sueña probablemente que habrá que estar en el gobierno, si lo hay, para afianzar algunas políticas de progreso, aunque será haciendo cesiones, circunstancia que será entendida o no.

Sueñan los empresarios, la jerarquía católica, los medios dominados por sus empresas conservadoras, con que no haya gobierno y que, si lo hay, se vaya al cuerno lo más pronto posible. Un tipo que preside una cadena de hoteles es el último en expresarlo así. Desean despiertos y dormidos, y trabajan por materializar sus sueños.

Y hay muchos más deseos y autoengaños. Tenemos a la venta otra piadosa autobiografía de un famoso político: Mariano Rajoy. Como su compañero José María Aznar, como José Bono y tantos otros, saca libro de memorias a su gusto para regalar en navidades con esas habituales historias de ficción plenas de interpretaciones benévolas y tantas lagunas que recogen a cientos las hemerotecas. Lo peor es que figuren en la listas de ensayos sobre la realidad.  Con lo interesante y útil que sería el análisis sobre cómo la distorsionan, si son personalidades disociadas que se creen lo que sueñan, o van directamente a vender la moto. Es una duda que me inquieta últimamente cuando veo presumir de lo que carecen a un buen número de personas populares. Importa porque desde su posición tienen influencia sobre la sociedad.

A ver, todos elegimos la mejor fotografía para mostrar, en lugar de aquella en la que salimos con  la boca hecha una mueca o los ojos cerrados: forman parte de la realidad pero optamos por la mejor cara. Lo de obviar episodios flagrantes de una trayectoria, perdonándose en el silencio, es otra cuestión. Es engañar a otros.

Creen periodistas que soñaron ser reporteros de guerra o enviados especiales en grandes hitos internacionales que han conseguido su objetivo al salir en pantalla y ser reconocidos en la calle, aunque se presten a vender infumables proclamas. O anuncios, directamente. Sueñan tantos en que todos lo hacen y no son tiempos de tirar, como piedras, ninguna crítica…

Los ciudadanos también sueñan. Con el legítimo deseo de conseguir sus objetivos. No reparan a veces en la relación directa entre sus elecciones y las consecuencias sobre sus proyectos. Y así terminan distorsionados también, creyendo que todo es negro o todo es blanco muchos de ellos, sin prestar atención a las tonalidades del gris.

La tendencia al autoengaño amenaza con ser una de las peores cargas de profundidad para la ciudadanía actual. Los estudios van demostrando que las fake news se engullen mejor que la realidad ya en muchos casos. “Las noticias falsas en redes sociales llegan a 100 veces más personas que las verdaderas, y duran mucho más tiempo“, confirman los datos. Influye que coincida con su percepción previa, con lo que “creen”.  Y si una mentira se repite, les da sensación de consenso, de que todo el mundo piensa así.

Si creen que esta va a ser una legislatura limpia, con partidos responsables de centro-derecha, centro-izquierda y nacionalistas de ambas tendencias no pisan tierra firme. Si creen que ser español, español, es envolverse en una bandera y múltiples carencias, prueben a repensarlo a ver si así no nos llenan las instituciones de ultras con escaso cerebro. Si prestan oídos a quienes auguran una debacle histórica con un gobierno de progreso y suponen que les advierten por el bien de los ciudadanos, decididamente más que flotar en la irrealidad, levitan. Si imaginan que los sueños son realidad, se engañan, pero si saben soñar con los pies en el suelo serán conscientes también de que  esos sueños pueden ser los únicos que estimulen la lucha por lograrlos.

La España ultra vuelve a estallar en Colón

 Los cimientos  podridos de España vuelven a crujir. Los que nunca se resolvieron porque siempre se tapan.  La derecha española pretende estallar este domingo en la Plaza de Colón de Madrid. Haciendo lo que mejor sabe hacer: bombardear cualquier camino que no pase por su uso y abuso del poder.  Es una de las patas de este conflicto eterno de la España infecta. El principal pero no el único. No es nuevo, siglos llevan clamando los progresistas españoles por una regeneración que no llega y que, por enquistada, cada vez nos hunde más.

La excusa esta vez es Catalunya. La figura de un “relator”, mediador, para ver de solucionar el conflicto. A lo largo de los tiempos ha habido muchas otras polémicas:  ETA, la educación, los derechos de la mujer, el aborto, el matrimonio gay, hasta al divorcio se opusieron. Algunas las rescata el alocado presidente que se ha buscado el PP. Hace falta ser miserable para vincular aborto y pensiones, como han hecho Casado y su ejecutiva diabólica. El quid es otro.

 La derecha española no sabe hablar. La derecha española no quiere hablar. La derecha española no quiere resolver conflictos, quiere el poder. A cualquier precio. Y Pablo Casado lo está demostrando.  Ahora, con la ayuda de las otras dos alas similares que se fueron desgajando: Ciudadanos y Vox. Los tres indistinguibles en la ultraderecha. Y con un potente ejercito mediático que redobló su fuerza –no sin subvenciones de dinero público en eufemísticas entregas- durante el mandato de Rajoy.

   Todas las corrupciones que han sangrado a la sociedad española palidecen ante esa bandera grande y una, roja y gualda, que lo tapa todo. Vuelan los sobres, las facturas falsas, el saqueo de lo publico en especie y contante y sonante, pero lo importante es el “a por ellos” “a por los catalanes”. Hasta su añorado Rajoy se dopó con facturas falsas y todo tipo de trampas en falso para salir elegido en 2011, según la UCO. El nuevo  gobierno andaluz sitúa entre sus primeras medidas dar un buen tajo a la sanidad pública. La cultura la ha entregado a VOX como en un mal chiste provocador. Pero todo estará bien empleado si España no se rompe, su concepto de España, y así enardecen a sus descamisados de dignidad. Pero parece que solo una bandera –bien usada en manipulación- les arrastra.

   El complejo tema, del que tanto se ha hablado, podría resumirse en dos errores de base.  Las fuerzas políticas españolas todavía no han entendido que el principal  objetivo de las catalanas es Cataluña. Por mucho que parezca hasta una redundancia, no lo entienden. Lo mismo que los independentistas catalanes no calibraron con qué España se batían, lo cual es el origen de los descalabros sufridos pasados y presentes. Y ahí siguen. Se ha roto el diálogo, dicen, con su relator y todo. La derecha, ya salivando, mantiene por supuesto la manifestación del domingo.

  Por lo demás, todos los gobiernos han negociado en temas de calado. Todos han tenido mediadores y relatores o como les quieran llamar. Lo que no han tenido, tanto al menos, es un ataque tan feroz, antidemocrático y… desmemoriado. Así que los periodistas que patinan en la pista helada de la equidistancia deberían contemplar el paisaje completo.

   El añorado Mariano Rajoy y su PP entero pusieron la proa a  Rodriguez Zapatero desde el mismo 14 de Marzo de 2004 cuando ganó las elecciones. Consideraron su gobierno ilegítimo. Igual que los muchachos y muchachas de Casado y Rivera al de Pedro Sánchez.

Rajoy llamó a Zapatero acomplejado, agitador, ambiguo, antojadizo, aprendiz de brujo, bobo solemne, chisgarabís, cobarde, débil, frívolo, grotesco, hooligan, impreciso, imprudente, incapaz, inconsecuente, indigno, inestable, inexperto, insensato, insolvente, irresponsable, maniobrero, manipulador, mentiroso, oscuro, perdedor complacido, radical, rastrero, sectario, taimado, traidor, turbio, veleidoso y zafio. Casado ha incorporado al acerbo “felón” que suena a vasallaje si es que tamaño inculto sabe su significado.

   Rajoy, los obispos y la ultraderecha, entonces menos visible, le montaron al gobierno Zapatero una docena de manifestaciones, le frieron a preguntas en el Congreso sobre la política antiterrorista, para dificultar su trabajo.  215 de una tacada, un 19 de abril ya del mismo 2004, basadas en la Teoría de la Conspiración inventada por El Mundo. Llenaron la Plaza de Colón de Madrid varias veces, con banderas y autobuses pagados -¿con el dinero de todos?-. Casado también invita, costeando el viaje a quien quiera venir a Madrid. Dinero no les falta.

  La lucha antiterrorista del PSOE dio frutos, pese a las algaradas del PP para evitarla. ETA está acabada. Pero en marzo de 2007, cuando los atentados son ya una excepción, el PP llega al paroxismo con su acoso y derribo a Zapatero.  La víspera de los atentados del 11M,  y sin que el hecho sea siquiera mencionado, el PP reúne en Madrid  a más de 2.500.000 personas, según ellos. Ha fletado 760 autobuses.  Entre vivas a España y el uso del himno de todos, Rajoy se clava un exaltado e inquietante discurso:  “En ese espíritu, convoco solemnemente a todos los españoles, a los que les importe España, a poner fin a esta situación”. Oigan aquí el tono.Las víctimas de las que hablan son de ETA, nada del 11M y añade el rosario de falacias habitual, el que esgrime el PP hoy.  Casado no es sino un alumno, altamente iletrado, de sus predecesores. Al que se le hunde el PP en expectativas de voto.

No se rían, en aquella manifestación cantaron a coro “la Estaca” de Lluis Llach.

  También se mencionó aquellos días el término  “Alta traición” en los medios adictos. El escritor Juan Manuel de Prada en ABC tituló así su columna para concluir: “llamemos a las cosas por su nombre: esto es alta traición. Cabría preguntarse si un gobierno que humilla el honor de un Estado no merece algún tipo de castigo. En épocas menos confusas esta pregunta habría obtenido una respuesta inmediata y severísima”. ¿Hay quien dé más? Sí Casado, Rivera y VOX. Y  sus medios.

  Lo lamentable es la presión del ala derecha del PSOE indistinguible de esta ultraderecha activa. Los reinos de taifas de las comunidades que no aprenden y que llevan el anticatalanismo pegado en las vísceras. Y los prebostes de un pasado que ha radiografiado sus miserias. Alfonso Guerra, ídolo de la derecha y ultraderecha. Y Felipe González, el que habló alarmado del  clima prebélico instalado en la España en 2007 desde la soleada Acacapulco.   Es un invento de los políticos para hacer una política desapegada de la ciudadanía, y empieza a calar en la sociedad, decía. Hoy enciende cerillas también contra Sánchez. Doce años dan para mucho.

   Los medios españoles parecen haber olvidado todo esto, y presentan la manifestación de este sábado en Colón como la hecatombe. En cierto modo lo es pero por el montaje que engloba a quienes buscan echar al gobierno a la fuerza, lo que tiene un nombre bien claro. Toda la ultraderecha, incluidos fascistas y neonazis organizados que también se apuntan.  PP y Ciudadanos rechazan, en un comunicado, la presencia de grupos que no defiendan “los valores democráticos y de convivencia” en su manifestación precisamente en contra del diálogo con Catalunya. A cuya autonomía, además, ellos quieren aplastar.

 Cuando algunos periodistas hablan del malestar creado por Sánchez y sus gestiones, como justificándolo,  aumenta la dimensión del problema programado para estallar el domingo. ABC  volcados en campaña para derribar al gobierno.  Y la COPE. Les oí casualmente el jueves. Llamando a acudir a la manifestación ultra del domingo en el programa de Carlos Herrera. Esperaban, dijeron, que acudan a Colón PP Ciudadanos y Vox “y toda la gente razonable”. Subvencionamos a la Iglesia Católica para que aliente el golpismo. Muy generosamente.

  Si la ruptura del diálogo con la Generalitat es una cesión a la derecha del gobierno central, supone un error. La bestia ultra se crecerá. La única salida frente a su ofensiva es justo la contraria. Pedro Sánchez y el PSOE que le queda, Unidos Podemos y toda la izquierda, deberían solucionar los problemas estructurales de España. Si a la mínima le montan este tinglado, será mejor ir a por todas. Y no hay quien construya nada en ese estercolero fangoso.

Moncloa anuncia que Pedro Sánchez visitará en breve la tumba de Antonio Machado en Coilluore, Francia, adonde le llevó el exilio de la España franquista. El mejor tributo sería luchar por aquellos españoles que él veía, los eternamente olvidados.  A veces imagino a Machado, volviendo a decir : “Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza”. Lo escribió hace más de un siglo. Y no hay uno, sino muchos españoles así.  Ocultos tras ese manto de caspa fétida que parece impregnarlo todo. E inmensamente hartos.

 
 

 

De “la clase obrera” a “la gente”

Pablo Casado inicia gira por 50 plazas para tratar de recuperar el electorado perdido que se le ha escapado hacia Vox. Cincuenta actuaciones del Club del Esperpento en el que ha convertido sus comparecencias y que la actual concepción del periodismo de declaraciones recogerá tal como entren, una por una. Sobrepasa toda medida lo que el presidente del PP es capaz de decir sin atemperar su sonrisa y lo que son capaces de escuchar y aún aplaudir sus seguidores. Es como un ciclón de exabruptos sin base o con base remota que es la esencia de las medias verdades, mentiras completas. Lo peor es que este es el lenguaje de la nueva comunicación política, del gancho electoral en una sociedad que ha alterado radicalmente su escala de valores.

Seamos todo lo crudos que se precisa hoy para hablar claro. La “lucha de la clase obrera” ya solo conmueve a algunos nostálgicos. La mayoría, incluso afectados por la desigualdad, piensan en sí mismos como clase media. La clase media es la gran conquista de la propaganda. Taxistas y autónomos se ven más como empresarios que como trabajadores por grande que sea su precariedad. Y, en lo alto de la escala, los ricos de solemnidad se sienten satisfechos con las políticas que tanto les han favorecido y no miran atrás. Ahí tienen a los millonarios andaluces, ojo derecho del nuevo gobierno trifascito, votado en las urnas por personas de toda condición.

De hecho “la clase obrera” ha pasado a ser “la gente”, eufemismo polisémico de amplio espectro en el que sin duda se siente especialmente cómoda la clase media, precisamente. Real o asimilada. Está en las más variadas bocas.  La clase media de Ciudadanos, por ejemplo, es la que cobra 130.000 euros al año, pero seguro que son escuchados entre quienes cobran cinco o seis veces menos: e l salario medio fue de 23.000 euro anuales en 2018.  Brutos. Las mujeres 5.800 euros menos. Eso sí, “la gente” está de moda y la política en horas bajas. La modernez huye de ella como de la peste. Salir en televisión prima. Ejercer una profesión de relumbre y aparecer con frecuencia en “la tele”, constituyen pluses para ser candidato. Los conoce la gente.  Finalmente, hay que distinguir entre “la gente” y “esta gente”,  ya ha ido por delante que gente es una palabra polisémica.

Por encima de todo, especialmente en la derecha, lo que de verdad vende es el espectáculo. Las declaraciones histriónicas, mentir con soltura o sin ella. Mentir, insultar, herir. Tirarse al cuadrilátero, dar golpes bajos, pisar el cuello del oponente, como ha enseñado la televisión de los Inda y los panfletos de los Rojo, Marhuenda y Bieito. Es la escuela de Trump, capaz de mentir sin pestañear tantas veces le parezca. Detectar sus mentiras es un trabajo a tiempo completo, desde que asumió la presencia se le han registrado 7.645 “afirmaciones falsas o engañosas”.

A Pablo Casado se le ve como un político presa de la desesperación. Rivera y todos los portavoces de esa derecha de tres patas que nos está poseyendo andan en similar tesitura, pero Casado parece poseído. Como si su cabeza fuera un sonajero. Nuestro compañero  Isaac Rosa llegaba a sorprenderse con él. “ Dice Casado que Sánchez pronunció “tirano” “muy rápido”, para que no se le entendiese, y “sin convicción”. Hablaba de Pedro Sánchez, Maduro y Venezuela. El renacido mantra para ver si dan el golpe de gracia a la que se quiere autovoladura de Podemos. No hablaba de la inmensa hipocresía de la comunidad internacional, ciega para todo atropello que no contenga petróleo del que aprovecharse.

Por supuesto que hay personas responsables, con espíritu crítico y que prioriza los valores que fundamentan la convivencia y el progreso. Pero se corre el riesgo de verlos subsumidos por las nuevas corrientes.

La técnica para que cuelen las mentiras no es difícil de detectar. Lo esencial es aprender a contrarrestarlas. Las realidades paralelas, así llamadas por Trump para mentir desde el principio, precisan de una derecha política y una derecha mediática a su servicios, ambas sin escrúpulos. Y de uno tipo de ciudadano que ha dejado de serlo para convertirse en espectador hasta de su vida. En EEUU  estudiaron el ejemplo de los  jóvenes católicos que se burlaron de un venerable nativo de la tierra americana.  De gamberros desconsiderados han pasado a ser héroes de los sectores más conservadores.  Durante varios días no dejaron de aparecer en programas de televisión.

Aquí como allí,  ese mismo tipo de espectador se cree, porque quiere hacerlo, estadísticas falsas y aseveraciones que nada tienen que ver con la realidad. Y tiene consecuencias. Muy graves. Y por muchos años.  Nos dicen que  la ciencia está perdiendo la batalla contra los intereses políticos y ecomómicos de la Administración Trump.  Males evitables ya no lo serán o sufrirán retrocesos. En España han entregado la sanidad pública a gestores privados. Y mientras decae el sistema público por los recortes, se dispara la facturación de las cinco multinacionales que acaparan el negocio de la salud en España. Es el relleno de los caramelos que se reparten durante el espectáculo. La corrupción española ha podrido el esqueleto del Estado y ahí sigue esa derecha hasta con perspectivas de ganar como ha hecho en Andalucía ya.

Dicen que la izquierda necesita pedagogía. Y una se imagina a esos ciudadanos a los que aluden como niños indefensos a los que hay que advertir: No metas los dedos en el enchufe porque te puedes electrocutar. Lo cual es cierto, no hablar por hablar. La izquierda precisa hacer pedagogía, a la derecha le basta con mentir.

La mentira es un magma incontrolable, un pantano de arenas movedizas. Sobre esa base construyen muchos ahora sus vidas. Cuando las necesidades diarias son reales. Al paso que vamos un día nos venderán oxígeno en botella, olvido en pastillas. Ahora mismo, bastaría abrir los ojos y ver. La racionalidad todavía es un producto de libre acceso.

 

Publicado en eldiario.es 1/02/2019 – 

Orgullosos de ser machistas

El machismo asiste a un patente rearme. Las corrientes ultraderechistas en boga han venido a darles el soporte que les refuerza. Algunos lo sienten como una liberación. “Por fin no tienen que pedir perdón por ser hombres”, proclaman satisfechos. Se sienten hermanados con los machistas de la Tierra, potentes para emprender la reconquista de un terreno que nunca debió dejar de pertenecerles (de hecho les sigue perteneciendo). Por eso, votarán, dicen, a quienes defienden sus derechos frente a lo que llaman “ideología de género”.

El problema, evidentemente, no es ser hombre, sino cómo se es hombre y cómo se organiza la sociedad jerárquicamente con su supremacía. Supremacía innegable, corroborada en datos abrumadores. Y en la que basta mirar los órganos de decisión para constatar la falta de paridad. Vean quienes se ocupan de la energía solar fotovoltaica en Euskadi, en un acto de ayer mismo.

Lorena Fernández

@loretahur

Presentación ayer del modelo de transición energética en Euskadi. Se les ha colado una mujer. Que alguien la quite, por favor, que estropea la foto.

Deben estar transicionando al Paleolítico Superior…

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Hagamos la salvedad de que ni el machismo ni la ultraderecha que lo alberga han nacido ahora. Estaban ya y han salido a la luz “sin complejos”. Repartiéndose por siglas. Quisimos creer, diré quise, que algo se había logrado al ver algunos avances, algunas mujeres en puestos decisivos, pero el machismo se resiste a los cambios y se fortalece como está ocurriendo ahora.

La gran revolución de las mujeres que saltó consolidada este 2018, masiva, heterogénea en su forma y homogénea en sus objetivos, ha despertado temores en los machistas y la decidida voluntad de atacar al feminismo. Los factores que influyen son múltiples, sin duda cuentan los socioeconómicos como parte fundamental, pero deberíamos fijarnos también en los psicológicos y educacionales porque en todos estos elementos está la raíz.

La violencia contra la mujer es un hecho. Los hombres asesinan mujeres, por ser mujeres y por considerarlas “suyas”. Ninguna sociedad sana lo toleraría y ocurre sin mayor problema. El machismo mata, pero, como dice la escritora y abogada feminista Violeta Assiego, “antes de asesinar menosprecia, insulta, empuja, golpea y agrede física, psicológica y sexualmente. Negar esto y hacer con ello un programa político también es violencia machista”. Lo es.

Ocurre en todas partes y cada día. Chicas a las que el novio castiga confinándolas en un zulo, médicos que diagnostican por escrito que la paciente “está mal follada”. Y más allá, niñas a las que  planchan el pecho con una piedra caliente para evitar que despierten el deseo en los hombres. La práctica ha llegado ya al Reino Unido. Cuánto miedo debe haber para llegar a esos traumatismos. Cuánta aberración para planchar y cortar atributos femeninos, para tapar y abrir el objeto de uso en función de los deseos masculinos. Cuanto ensañamiento como humillación.

“La masculinidad no es una característica que se posea de forma estable, sino que es algo que se pone en duda continuamente y que por tanto tiene que ser demostrada y reafirmada de forma constante”. Esta idea clave la expone Mónica Alario Gavilán, filóloga y experta en estudios de género. En un artículo de Público que trae otro alarmante dato: desde 2016, cuando atacó en Pamplona ‘la manada’, se han producido 89 violaciones en grupo,  según recoge Feminicidio.net.  Que se sepa. Es una forma extrema de reafirmar su concepto de la masculinidad. De ahí, que graben las agresiones y las publiquen.

Muchos hombres han comprendido ya el problema. Incluso se han sorprendido de lo que tanto nos quejamos y no prestaron atención. Porque no escuchaban, era como oír llover. Se duelen de no haber estado atentos a los grandes y pequeños agravios del machismo de todos los días. No está siendo inútil hablarlo. Pero el machismo de raza no da tregua y se rearma al menor descuido.

La masculinidad. Hay que demostrarla de forma constante. Como si fuera la presunción de una carencia. Esa absurda magnificación del pene, el combate por su longitud en la más variopinta discusión. Aunque se esté debatiendo sobre una partida de parchís hay quien menciona el triunfo de “quién la tiene más larga”. Los remilgos vienen definidos por el uso del papel de fumar para manipular el órgano masculino. Son tópicos, pero reveladores.

Es cierto que al hombre se le vino educando de manera diferente a las mujeres. Pero los seres maduros reelaboran lo aprendido y rechazan predominios injustificados y más cuando se basan en el daño de otra persona. El modelo exigía fortaleza como condición indispensable. Condenaba casi la sensibilidad, desde luego el llanto -tan espontánea y humana reacción- como debilidad que el macho no se podía permitir. Expresar la tristeza ha sido entendido como un fracaso que merma la autoestima. Algo ha cambiado aunque no lo suficiente. Una tarea urgente es dejar de enseñar estos estereotipos a los niños.

Probablemente, este rebrote del machismo nace de la inseguridad. La de ver cuestionados valores que consideraban inamovibles. Y la propia incertidumbre de quien ha de ser fuerte y superior por obligación, en la titánica tarea de lo imposible. Y además demostrarlo permanentemente, frente a la mujer primero, y también a sus competidores varones.

En 1991 se publicó un libro, Ser hombre, en la Editorial Kairós, que abordaba el tema de la masculinidad con realismo y apertura de miras. Los hombres debían adaptarse a un tiempo que empezaba a querer ser entre iguales, con las mujeres. Autores de la talla de Carl G. Jung, Henry Miller, Norman Mailer, Hermann Hesse, Franz Kafka, César Vallejo y otros, todo hombres, algunos enormemente machistas, trataban el tema. Los temas. La competitividad, el miedo, la cólera, la pena, el éxito, el trabajo, temor al envejecimiento,  la mujer. Hablaban de la mujer, del miedo a la mujer. El escritor Henry Miller decía: “Empiezo colocando a las mujeres sobre un pedestal, idealizándolas, y luego las aniquilo”Cuánta lejanía e inmadurez implica, además de la evidente violencia.

A través de un compendio variado, signos de notable desconocimiento e incomunicación que hay que resolver con sus antídotos: hablar y saber. En aquel  libro, y en cualquier lógica, se concluye que no hay un mito de la masculinidad profunda, sino múltiples caminos para ser hombre. Y eso es lo que deberíamos entender. Para abordar todas las reflexiones pendientes.

Y las soluciones. Porque las mujeres somos la mitad de la población y con los mismos derechos que la otra media. Y no cabe ni una agresión más, ni un menosprecio, ni una duda al respecto. Algo que es capaz de entender cualquier mente, salvo aquellas que sufren la dificultad insuperable de abrirse y aprender cualquier idea. Las manadas del machismo envanecido, arrogante, soberbio, ufano, caminan seguras. Las encontramos a espuertas en cualquier programa de cualquier tipo.

Ese molesto trámite llamado democracia

Lo sabían EEUU y la Unión Europea. Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, 33 años, se iba a plantar en la calle y autoproclamarse presidente de Venezuela. La Administración Trump le mostró su apoyo en pocos minutos. Lo sabía de primera manera. Se confirma el rumor de que Guaidó viajó hace un mes a EEUU, Colombia y Brasil para, en secreto,  informar o acordar la operación.  La eufemísticamente llamada Comunidad Internacional reparte juego.Nicolás Maduro, te tocó, esta vez sí, parecen decir.  Tras algunos ajustes,España dice que plantea a la UE reconocer a Guaidó como presidente venezolano si Maduro no convoca elecciones inmediatas. La prensa toma partido. Se llega a escribir que “ Maduro se atrinchera en el poder con el apoyo de la cúpula militar“. Muchos parecen no recordar que -mal o bien- Maduro es el presidente electo de Venezuela y que lo normal en estos casos es que la “cúpula” militar, como todo ejército, esté bajo las órdenes del poder político. De momento se mantiene. Total, los golpistas -autoproclamados, si lo prefieren- “solo” se están saltando los trámites democráticos.

La derecha española se desnuda al límite y se echa a la calle a exigir el apoyo a Guaidó bajo las más desaforadas amenazas. La derecha del PP de Pablo Casado –con su corte de hooligans– y los Ciudadanos de Albert Rivera. Vox también. Y Aznar y Felipe González como si les fuera la vida en ello. Y con el apoyo mediático de costumbre todos ellos. Lo más terrible, sobrecogedor, de la máxima preocupación, es que los líderes de la derecha parecen considerar la democracia como un trámite, incómodo y prescindible. Y hace temer que de llegar al poder se quitarán de un plumazo las opciones políticas que no coincidan con la suya. Concretamente, Casado y Rivera ilegalizarían partidos independentistas. Lo han dicho. Corruptos, no, por supuesto. El gravísimo problema ahora es ese.

Imaginemos que Casado o Rivera se autoproclaman presidentes del Gobierno español. No es imposible: ambos consideran a Pedro Sánchez un okupa, dado que solo saben sumar escaños por la derecha. Saltándose trámites democráticos puede ocurrir.

Sin duda, la Venezuela de Maduro es un caos, pero denostar su Gobierno no implica aplaudir un golpe de Estado o un despoje a la brava, elijan si las definiciones precisas asustan. Por más que se haya impuesto el maniqueísmo primario, no es así. Por si las dudas, ni he simpatizado nunca con Maduro, ni lo hice con Hugo Chávez y así lo he manifestado en diversas ocasiones. Ahora bien, con la democracia, sí. De hecho, la defiendo con total decisión.

Venezuela es el ejemplo máximo de una gran hipocresía. Los intereses de quienes se manifiestan sobre esta cuestión son tan ostensibles que se ven las gruesas cuerdas que mueven los gestos. Se puede afirmar que sin petróleo un país está a salvo de ser perseguido por los desmanes de sus dirigentes. Y con petróleo -ubicado en manos generosas y precisos objetivos también, como en el caso de Arabia Saudí. La petromonarquía es uno de los países donde más se vulneran los derechos humanos, al punto de llegar a descuartizar a un periodista crítico. Y si es por la persecución de opositores, allí los ejecutan sin más miramientos.  Pero en ese tema se mira para otro lado.

A quien toca perseguir es a Nicolás Maduro. Cuántas oportunidades de negocio ha tronchado. No todas, pero más de las soportables para algunos. La Venezuela actual es hija de décadas de despropósitos y abusos. Como cualquier persona informada, conozco los detalles de la larga trayectoria que, ante nuestros ojos, llevó a Venezuela a esta situación.

Felipe González sabe mucho de amistades presidenciales venezolanas y de su dureza con las protestas. Tal como él mismo escribió, viajó a Españaen el avión presidencial de Carlos Andrés Pérez, el del “caracazo” que ocasionó decenas de muertos en su represión. Caracazo y algo más: fue expulsado de la presidencia, juzgado y condenado por malversación de fondos y se exilió a Estados Unidos. La historia de Venezuela es trágica y no lleva trazas de cambiar. Abrir la puerta hasta la cocina a EEUU, con todo su historial de injerencia en los países latinoamericanos, y además con Trump, debería avergonzar a quienes aplauden la hazaña de Guaidó. Sobrecoge ver a dirigentes españoles obviando semejante detalle, pero es que la democracia, insisto, se ha convertido en un trámite molesto.

Toda persona honesta debería preguntarse por qué Venezuela atrae tanta atención y no otros países en similares circunstancias. Este mismo viernes, la ONU publicó un informe sobre la crisis humanitaria de América Latina. “En los países centroamericanos ya hay más de 80 millones de personas que viven en pobreza extrema y donde la violencia es una constante. El Salvador y Guatemala exhiben las tasas de homicidios más altas del mundo”. A esto se suma el uso “desproporcionado e innecesario” de las fuerzas de seguridad para silenciar la disidencia de manifestantes, críticos o periodistas, según la ONU.

En otro informe de hace un mes, la ONU aseguraba que América Latina y El Caribe sigue siendo “la región más violenta del mundo para las mujeres, con la tasa más alta de violencia no conyugal y la segunda tasa más alta de violencia conyugal”.  Y que la situación de los Derechos Humanos en la zona es crítica.

El caso de Honduras

Si hay miles de venezolanos huyendo de su país, también hay miles de hondureños huyendo del suyo. Un caso interesante. En 2009 el Gobierno hondureño también fue depuesto por el presidente del Congreso. Ahora EEUU mantiene una base militar allí y lo considera un “socio preferente”. Lo que no quita para que Trump haya dicho textualmente: “Enviamos a Honduras cientos de millones de dólares y nos envían caravanas”. Con Honduras, Guatemala y El Salvador también se llevan lo suyo del presidente estadounidense. Es el trato humillante que espera a los protectorados de facto, salvo a sus élites.

Grandes negocios, menos democracia

No es solo Venezuela, Venezuela es la que tiene petróleo. Y muchos negocios con españoles, no con España. Y unos líderes hoy opositores que también hacen suculentas operaciones en nuestro país. La familia de Henrique Capriles opera en el Complejo Canalejas -un empeño personal de Ana Botella como alcadesa-,  el edificio del ático vendido por 10 millones de euros. También está detrás de varios complejos de viviendas de lujo de Madrid, copio y pego.

Los Casado, Rivera, González o Aznar -y sus predicadores en general- solo hablan de Venezuela y con un agresividad que augura días muy negros en nuestro propio país. Todo vale. A los jóvenes pupilos ya los vemos. Los expresidentes se manifiestan con claridad:  Felipe Gonzáles puso de ejemplo al Pinochet de las carnicerías humanas frente a Venezuela. ¿Cómo puede ser considerada objetiva su opinión? Aznar nunca ha creído en la democracia.  En un artículo -que publicó precisamente su entonces oponente Felipe González-  llegó a culpar a los chilenos de “las desventuras” que se hubieran evitado de “haber cumplido con su deber” de no votar a la izquierda de Allende. Pablo Casado lo ha rescatado como ideólogo del actual PP.

En esas están ahora. Con EEUU al que le vuelven a encargar ser “gendarme del mundo”. Con Bolsonaro en Brasil, que está usando ya la democracia que le llevo al poder para destruirla. El hijo de Bolsonaro contrató a la madre y a la mujer del sospechoso del asesinato de la concejala Marielle Franco. De su mismo partido, Jean Wyllys, el primer congresista abiertamente homosexual de Brasil dimite y abandona el país por amenazas de muerte. Y ante esto y mucho más los hipócritas de la derecha española no gritan fuera de sí en la calle, callan. La mayoría calla, bien es verdad.

Porque lo que nos jugamos es la democracia. Pensábamos que era un valor incuestionable, pero no lo es. Suprimirla en los trámites como un engorro implica otro orden político. Cuesta entender que no se den cuenta. Hay ya millones de seres en nuestro propio país que prefieren la razón de la violencia del más fuerte, olvidando a los vulnerable, olvidando la razón de la solidaridad, olvidando la razón.

España y sus círculos viciosos

Acabamos de confirmar que la crisis reajustó la sociedad española para hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Somos el cuarto país más desigual de Europa y, en él, un 10% de los ciudadanos concentra más riqueza que todo el resto de la población junta. Terribles cifras que originan otros muchos desajustes. Vivimos también en una virulenta ola de misoginia. Y avanza otra de racismo. Y una más de asedio y derribo a la verdad. Son pilares esenciales de la democracia, de la ética y los derechos humanos. Pero los periodistas tenemos que ocuparnos de los políticos, sí o sí. En el fondo son los que hacen la política y de ahí las pasiones que se desatan en los ríos revueltos.

Podemos se rompe. Errejón se va con la alcaldesa de Madrid Manuela Carmena y se consuma la ruptura con Pablo Iglesias. Viendo los informativos se diría que es algo que no ha ocurrido jamás antes. Allá queda para la mera anécdota el derribo de Pedro Sánchez del PSOE, con trampas, degüello y expulsión, que tanto influyó en la política española. El pulso de Susana Díaz por mantener los ayuntamientos bajo su control en Andalucía sin querer asimilar su derrota. El PP de Gallardón y Aguirre o de Aguirre con Rajoy fue un juego infantil. A Cifuentes no la tumbó, aunque debiera, su máster sino las cremas robadas en Eroski que algún fuego amigo facilitó para su exhibición a los sicarios habituales. Izquierda Unida es otro paraíso de armonía. Y así podríamos seguir en otras escalas y ubicaciones.

¿Ha hecho bien o mal Íñigo Errejón al irse con Manuela Carmena? ¿Y avisando dos minutos antes de difundirlo y en el día que cogía su baja paternal Pablo Iglesias? Es cuestión trascendental en España parece, con enardecidos partidarios y detractores. El poder justifica los medios venía a decir el padre del pragmatismo político, con trazas sucias, Nicolás Maquiavelo, y el personalismo en los liderazgos solo se da en el campo ajeno. Los proyectos son buenos o malos según en qué personalidad se basan. Y no hay manera de salir de los personalismos. Por amor o por odio, condicionan el voto de las sociedades inmaduras.  La razón, tan necesaria hoy, ha dejado de estar de moda.

Rebuscando en antecedentes, aparece un artículo de la periodista Esther Palomera en abril de 2018 que me ha resultado esclarecedor en los detalles a toro pasado. Ahora Errejón, con referencias a las segundas pieles del egoísmo de las que hablaba Saramago.  “Íñigo Errejón ha amagado con dar el portazo, y no será porque la dirección de Podemos no haya cedido a gran parte de sus exigencias. Dicen sus detractores que aun así lo que pide no es autonomía, sino independencia absoluta; una candidatura con Podemos pero sin Podemos”. No era la primera vez, ni la última.

A estas alturas de la historia,  se ratifica lo tremendamente podridos que están los cimientos del “Régimen del 78” que con tanto ahínco trabajan sus benefactores por mantener. Desfilan por los juzgados y las redacciones, o ni siquiera lo hacen cuando son tocados con la varita mágica de la amnistía tácita. La política está hecha de zancadillas. La ética es un azucarillo a diluir en el pragmatismo conveniente. La fidelidad, un concepto trasnochado. Quienes optan por esos valores, unos románticos desfasados. Tanto como para apostar por las batallas perdidas de la dignidad.

Bastante se hubiera avanzado si algunos medios no hubieran hecho e hicieran política de forma tan ostensible. Porque una cosa es la línea editorial y otra la loa sin raíces y las zancadillas al contrario. La campaña sufrida por Podemos no tiene parangón con ninguna otra. Con consecuencias. Para mí es difícil de olvidar la cara ilusionada de una chica joven llamada Irene Montero, con la ecografía de sus gemelos en la mano, allanada en una foto que se publicaría tras pagar por ella un puñado de miserables euros. Luego murió su padre. Luego se adelantó el parto prematuro con riesgo de vida.

Pero vayamos a la política y sus medios. El PSOE está en el gobierno gracias entre otros, aunque fundamentalmente, a Unidos Podemos. Ahora sus periodistas de cabecera nos dicen que el PSOE teme  por su futuro con Podemos dividido. El “insensato sin escrúpulos” ha sufrido una auténtica trasmutación, milagrosa para quienes no siguen la mancheta de los periódicos. Objetivamente, el gobierno del PSOE algo ha hecho positivo , medidas como el aumento salario mínimo, aunque sea en la eterna agonía española que impide de continuo abordar los problemas a fondo. Son muchos en verdad. Enormes, muy tiznados. Es difícil. Los muros y las agresiones se reparten por doquier, pero no sería imposible de darse una decidida voluntad.

Apartar al PP de la Moncloa y de la llave del dinero y las obras susceptibles de sobre es seguramente el más notable resultado. Muchos de los damnificados por ese cambio se revuelven con saña. Hablamos de un partido que, con datos fundados en investigaciones policiales y el canto claro de sus autores, se ha comportado como lo haría una mafia clásica. Tenemos a “policías de cabecera” de políticos de alto rango haciendo trabajitos privados para el PP.S.A. La policía “política” del gobierno de Rajoy interfirió en la causa de la caja B, orquestó la Operación Catalunya, atacó a Podemos y revisó el 11-M, y el Faisán contra el PSOE, pagó a un mercenario con dinero público para asaltar la casa de Bárcenas y protegió a Rajoy como contamos aquí en exclusiva. Rajoy el añorado ya, ante las desaforadas voces actuales del PP aunque parecía ser el gerente de la empresa. Hemos tenido pringado, facilitando datos de todo quisqui previo pago, al informático del Poder Judicial. Tribunales de excepción como la Audiencia Nacional consideran legítimo el uso de la fuerza contra la población de Catalunya, en aquellas imágenes que recorrieron el mundo. ¿Hay país que soporte esto? Sí, España, la España embobada de banderas y tertulias sesgadas. De odios sembrados y sinrazón.

Y así nos vemos. Con Pablo Casado a tumba abierta, machista, supremacista, ofensivo, mentiroso, anunciando medidas excepcionales, incompatibles con la democracia contra las ideas que le molestan. Recuperando al Aznar de todos los truenos, al MAR de todos los desafueros. A Aguirre que le empleó a él, y al policía de cabecera de sus colegas, y al ultraderechista Santiago Abascal. El mismo que empezó a cobrar, al día siguiente de dejar su regazo, de un grupo iraní vinculado al terrorismo internacional, del que poco se habla y al que tanto se lava. Y a los Ciudadanos de Rivera que no pueden disimular su ADN machista, ni sus objetivos políticos al decir: “¿Si hay derecho para interrumpir el embarazo, por qué no lo tenemos para poder concebir a un hijo para otra mujer?”. Son palabras del propio Albert Rivera.

En el lado pragmático y nada personalista del centro-izquierda, digamos, tenemos a Manuela Carmena y a Íñigo Errejón, dos personas de indudable talento. A políticos válidos y a los clásicos oportunismos que ya se avistan. A un gran número de medios. Producen hasta ternurita las opiniones de analistas como si fueran un miembro más de la plataforma.  Es Madrid, pero se podría extrapolar. Con el buen ciudadano naranja que volvería a virar a un conveniente centrismo, sin dejar el ultranacionalismo español. Con Vargas Llosa bendiciendo. ¿Cabe felicidad mayor?

El pragmatismo nos ha traído hasta aquí, y aquí quiere que sigamos. ¿Hay vida fuera? Sí, en las calles de la desigualdad, de las mermas, del feminismo, de los derechos sin colores de piel que los distingan. De la verdad.

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