La España ultra vuelve a estallar en Colón

 Los cimientos  podridos de España vuelven a crujir. Los que nunca se resolvieron porque siempre se tapan.  La derecha española pretende estallar este domingo en la Plaza de Colón de Madrid. Haciendo lo que mejor sabe hacer: bombardear cualquier camino que no pase por su uso y abuso del poder.  Es una de las patas de este conflicto eterno de la España infecta. El principal pero no el único. No es nuevo, siglos llevan clamando los progresistas españoles por una regeneración que no llega y que, por enquistada, cada vez nos hunde más.

La excusa esta vez es Catalunya. La figura de un “relator”, mediador, para ver de solucionar el conflicto. A lo largo de los tiempos ha habido muchas otras polémicas:  ETA, la educación, los derechos de la mujer, el aborto, el matrimonio gay, hasta al divorcio se opusieron. Algunas las rescata el alocado presidente que se ha buscado el PP. Hace falta ser miserable para vincular aborto y pensiones, como han hecho Casado y su ejecutiva diabólica. El quid es otro.

 La derecha española no sabe hablar. La derecha española no quiere hablar. La derecha española no quiere resolver conflictos, quiere el poder. A cualquier precio. Y Pablo Casado lo está demostrando.  Ahora, con la ayuda de las otras dos alas similares que se fueron desgajando: Ciudadanos y Vox. Los tres indistinguibles en la ultraderecha. Y con un potente ejercito mediático que redobló su fuerza –no sin subvenciones de dinero público en eufemísticas entregas- durante el mandato de Rajoy.

   Todas las corrupciones que han sangrado a la sociedad española palidecen ante esa bandera grande y una, roja y gualda, que lo tapa todo. Vuelan los sobres, las facturas falsas, el saqueo de lo publico en especie y contante y sonante, pero lo importante es el “a por ellos” “a por los catalanes”. Hasta su añorado Rajoy se dopó con facturas falsas y todo tipo de trampas en falso para salir elegido en 2011, según la UCO. El nuevo  gobierno andaluz sitúa entre sus primeras medidas dar un buen tajo a la sanidad pública. La cultura la ha entregado a VOX como en un mal chiste provocador. Pero todo estará bien empleado si España no se rompe, su concepto de España, y así enardecen a sus descamisados de dignidad. Pero parece que solo una bandera –bien usada en manipulación- les arrastra.

   El complejo tema, del que tanto se ha hablado, podría resumirse en dos errores de base.  Las fuerzas políticas españolas todavía no han entendido que el principal  objetivo de las catalanas es Cataluña. Por mucho que parezca hasta una redundancia, no lo entienden. Lo mismo que los independentistas catalanes no calibraron con qué España se batían, lo cual es el origen de los descalabros sufridos pasados y presentes. Y ahí siguen. Se ha roto el diálogo, dicen, con su relator y todo. La derecha, ya salivando, mantiene por supuesto la manifestación del domingo.

  Por lo demás, todos los gobiernos han negociado en temas de calado. Todos han tenido mediadores y relatores o como les quieran llamar. Lo que no han tenido, tanto al menos, es un ataque tan feroz, antidemocrático y… desmemoriado. Así que los periodistas que patinan en la pista helada de la equidistancia deberían contemplar el paisaje completo.

   El añorado Mariano Rajoy y su PP entero pusieron la proa a  Rodriguez Zapatero desde el mismo 14 de Marzo de 2004 cuando ganó las elecciones. Consideraron su gobierno ilegítimo. Igual que los muchachos y muchachas de Casado y Rivera al de Pedro Sánchez.

Rajoy llamó a Zapatero acomplejado, agitador, ambiguo, antojadizo, aprendiz de brujo, bobo solemne, chisgarabís, cobarde, débil, frívolo, grotesco, hooligan, impreciso, imprudente, incapaz, inconsecuente, indigno, inestable, inexperto, insensato, insolvente, irresponsable, maniobrero, manipulador, mentiroso, oscuro, perdedor complacido, radical, rastrero, sectario, taimado, traidor, turbio, veleidoso y zafio. Casado ha incorporado al acerbo “felón” que suena a vasallaje si es que tamaño inculto sabe su significado.

   Rajoy, los obispos y la ultraderecha, entonces menos visible, le montaron al gobierno Zapatero una docena de manifestaciones, le frieron a preguntas en el Congreso sobre la política antiterrorista, para dificultar su trabajo.  215 de una tacada, un 19 de abril ya del mismo 2004, basadas en la Teoría de la Conspiración inventada por El Mundo. Llenaron la Plaza de Colón de Madrid varias veces, con banderas y autobuses pagados -¿con el dinero de todos?-. Casado también invita, costeando el viaje a quien quiera venir a Madrid. Dinero no les falta.

  La lucha antiterrorista del PSOE dio frutos, pese a las algaradas del PP para evitarla. ETA está acabada. Pero en marzo de 2007, cuando los atentados son ya una excepción, el PP llega al paroxismo con su acoso y derribo a Zapatero.  La víspera de los atentados del 11M,  y sin que el hecho sea siquiera mencionado, el PP reúne en Madrid  a más de 2.500.000 personas, según ellos. Ha fletado 760 autobuses.  Entre vivas a España y el uso del himno de todos, Rajoy se clava un exaltado e inquietante discurso:  “En ese espíritu, convoco solemnemente a todos los españoles, a los que les importe España, a poner fin a esta situación”. Oigan aquí el tono.Las víctimas de las que hablan son de ETA, nada del 11M y añade el rosario de falacias habitual, el que esgrime el PP hoy.  Casado no es sino un alumno, altamente iletrado, de sus predecesores. Al que se le hunde el PP en expectativas de voto.

No se rían, en aquella manifestación cantaron a coro “la Estaca” de Lluis Llach.

  También se mencionó aquellos días el término  “Alta traición” en los medios adictos. El escritor Juan Manuel de Prada en ABC tituló así su columna para concluir: “llamemos a las cosas por su nombre: esto es alta traición. Cabría preguntarse si un gobierno que humilla el honor de un Estado no merece algún tipo de castigo. En épocas menos confusas esta pregunta habría obtenido una respuesta inmediata y severísima”. ¿Hay quien dé más? Sí Casado, Rivera y VOX. Y  sus medios.

  Lo lamentable es la presión del ala derecha del PSOE indistinguible de esta ultraderecha activa. Los reinos de taifas de las comunidades que no aprenden y que llevan el anticatalanismo pegado en las vísceras. Y los prebostes de un pasado que ha radiografiado sus miserias. Alfonso Guerra, ídolo de la derecha y ultraderecha. Y Felipe González, el que habló alarmado del  clima prebélico instalado en la España en 2007 desde la soleada Acacapulco.   Es un invento de los políticos para hacer una política desapegada de la ciudadanía, y empieza a calar en la sociedad, decía. Hoy enciende cerillas también contra Sánchez. Doce años dan para mucho.

   Los medios españoles parecen haber olvidado todo esto, y presentan la manifestación de este sábado en Colón como la hecatombe. En cierto modo lo es pero por el montaje que engloba a quienes buscan echar al gobierno a la fuerza, lo que tiene un nombre bien claro. Toda la ultraderecha, incluidos fascistas y neonazis organizados que también se apuntan.  PP y Ciudadanos rechazan, en un comunicado, la presencia de grupos que no defiendan “los valores democráticos y de convivencia” en su manifestación precisamente en contra del diálogo con Catalunya. A cuya autonomía, además, ellos quieren aplastar.

 Cuando algunos periodistas hablan del malestar creado por Sánchez y sus gestiones, como justificándolo,  aumenta la dimensión del problema programado para estallar el domingo. ABC  volcados en campaña para derribar al gobierno.  Y la COPE. Les oí casualmente el jueves. Llamando a acudir a la manifestación ultra del domingo en el programa de Carlos Herrera. Esperaban, dijeron, que acudan a Colón PP Ciudadanos y Vox “y toda la gente razonable”. Subvencionamos a la Iglesia Católica para que aliente el golpismo. Muy generosamente.

  Si la ruptura del diálogo con la Generalitat es una cesión a la derecha del gobierno central, supone un error. La bestia ultra se crecerá. La única salida frente a su ofensiva es justo la contraria. Pedro Sánchez y el PSOE que le queda, Unidos Podemos y toda la izquierda, deberían solucionar los problemas estructurales de España. Si a la mínima le montan este tinglado, será mejor ir a por todas. Y no hay quien construya nada en ese estercolero fangoso.

Moncloa anuncia que Pedro Sánchez visitará en breve la tumba de Antonio Machado en Coilluore, Francia, adonde le llevó el exilio de la España franquista. El mejor tributo sería luchar por aquellos españoles que él veía, los eternamente olvidados.  A veces imagino a Machado, volviendo a decir : “Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza”. Lo escribió hace más de un siglo. Y no hay uno, sino muchos españoles así.  Ocultos tras ese manto de caspa fétida que parece impregnarlo todo. E inmensamente hartos.

 
 

 

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De “la clase obrera” a “la gente”

Pablo Casado inicia gira por 50 plazas para tratar de recuperar el electorado perdido que se le ha escapado hacia Vox. Cincuenta actuaciones del Club del Esperpento en el que ha convertido sus comparecencias y que la actual concepción del periodismo de declaraciones recogerá tal como entren, una por una. Sobrepasa toda medida lo que el presidente del PP es capaz de decir sin atemperar su sonrisa y lo que son capaces de escuchar y aún aplaudir sus seguidores. Es como un ciclón de exabruptos sin base o con base remota que es la esencia de las medias verdades, mentiras completas. Lo peor es que este es el lenguaje de la nueva comunicación política, del gancho electoral en una sociedad que ha alterado radicalmente su escala de valores.

Seamos todo lo crudos que se precisa hoy para hablar claro. La “lucha de la clase obrera” ya solo conmueve a algunos nostálgicos. La mayoría, incluso afectados por la desigualdad, piensan en sí mismos como clase media. La clase media es la gran conquista de la propaganda. Taxistas y autónomos se ven más como empresarios que como trabajadores por grande que sea su precariedad. Y, en lo alto de la escala, los ricos de solemnidad se sienten satisfechos con las políticas que tanto les han favorecido y no miran atrás. Ahí tienen a los millonarios andaluces, ojo derecho del nuevo gobierno trifascito, votado en las urnas por personas de toda condición.

De hecho “la clase obrera” ha pasado a ser “la gente”, eufemismo polisémico de amplio espectro en el que sin duda se siente especialmente cómoda la clase media, precisamente. Real o asimilada. Está en las más variadas bocas.  La clase media de Ciudadanos, por ejemplo, es la que cobra 130.000 euros al año, pero seguro que son escuchados entre quienes cobran cinco o seis veces menos: e l salario medio fue de 23.000 euro anuales en 2018.  Brutos. Las mujeres 5.800 euros menos. Eso sí, “la gente” está de moda y la política en horas bajas. La modernez huye de ella como de la peste. Salir en televisión prima. Ejercer una profesión de relumbre y aparecer con frecuencia en “la tele”, constituyen pluses para ser candidato. Los conoce la gente.  Finalmente, hay que distinguir entre “la gente” y “esta gente”,  ya ha ido por delante que gente es una palabra polisémica.

Por encima de todo, especialmente en la derecha, lo que de verdad vende es el espectáculo. Las declaraciones histriónicas, mentir con soltura o sin ella. Mentir, insultar, herir. Tirarse al cuadrilátero, dar golpes bajos, pisar el cuello del oponente, como ha enseñado la televisión de los Inda y los panfletos de los Rojo, Marhuenda y Bieito. Es la escuela de Trump, capaz de mentir sin pestañear tantas veces le parezca. Detectar sus mentiras es un trabajo a tiempo completo, desde que asumió la presencia se le han registrado 7.645 “afirmaciones falsas o engañosas”.

A Pablo Casado se le ve como un político presa de la desesperación. Rivera y todos los portavoces de esa derecha de tres patas que nos está poseyendo andan en similar tesitura, pero Casado parece poseído. Como si su cabeza fuera un sonajero. Nuestro compañero  Isaac Rosa llegaba a sorprenderse con él. “ Dice Casado que Sánchez pronunció “tirano” “muy rápido”, para que no se le entendiese, y “sin convicción”. Hablaba de Pedro Sánchez, Maduro y Venezuela. El renacido mantra para ver si dan el golpe de gracia a la que se quiere autovoladura de Podemos. No hablaba de la inmensa hipocresía de la comunidad internacional, ciega para todo atropello que no contenga petróleo del que aprovecharse.

Por supuesto que hay personas responsables, con espíritu crítico y que prioriza los valores que fundamentan la convivencia y el progreso. Pero se corre el riesgo de verlos subsumidos por las nuevas corrientes.

La técnica para que cuelen las mentiras no es difícil de detectar. Lo esencial es aprender a contrarrestarlas. Las realidades paralelas, así llamadas por Trump para mentir desde el principio, precisan de una derecha política y una derecha mediática a su servicios, ambas sin escrúpulos. Y de uno tipo de ciudadano que ha dejado de serlo para convertirse en espectador hasta de su vida. En EEUU  estudiaron el ejemplo de los  jóvenes católicos que se burlaron de un venerable nativo de la tierra americana.  De gamberros desconsiderados han pasado a ser héroes de los sectores más conservadores.  Durante varios días no dejaron de aparecer en programas de televisión.

Aquí como allí,  ese mismo tipo de espectador se cree, porque quiere hacerlo, estadísticas falsas y aseveraciones que nada tienen que ver con la realidad. Y tiene consecuencias. Muy graves. Y por muchos años.  Nos dicen que  la ciencia está perdiendo la batalla contra los intereses políticos y ecomómicos de la Administración Trump.  Males evitables ya no lo serán o sufrirán retrocesos. En España han entregado la sanidad pública a gestores privados. Y mientras decae el sistema público por los recortes, se dispara la facturación de las cinco multinacionales que acaparan el negocio de la salud en España. Es el relleno de los caramelos que se reparten durante el espectáculo. La corrupción española ha podrido el esqueleto del Estado y ahí sigue esa derecha hasta con perspectivas de ganar como ha hecho en Andalucía ya.

Dicen que la izquierda necesita pedagogía. Y una se imagina a esos ciudadanos a los que aluden como niños indefensos a los que hay que advertir: No metas los dedos en el enchufe porque te puedes electrocutar. Lo cual es cierto, no hablar por hablar. La izquierda precisa hacer pedagogía, a la derecha le basta con mentir.

La mentira es un magma incontrolable, un pantano de arenas movedizas. Sobre esa base construyen muchos ahora sus vidas. Cuando las necesidades diarias son reales. Al paso que vamos un día nos venderán oxígeno en botella, olvido en pastillas. Ahora mismo, bastaría abrir los ojos y ver. La racionalidad todavía es un producto de libre acceso.

 

Publicado en eldiario.es 1/02/2019 – 

Orgullosos de ser machistas

El machismo asiste a un patente rearme. Las corrientes ultraderechistas en boga han venido a darles el soporte que les refuerza. Algunos lo sienten como una liberación. “Por fin no tienen que pedir perdón por ser hombres”, proclaman satisfechos. Se sienten hermanados con los machistas de la Tierra, potentes para emprender la reconquista de un terreno que nunca debió dejar de pertenecerles (de hecho les sigue perteneciendo). Por eso, votarán, dicen, a quienes defienden sus derechos frente a lo que llaman “ideología de género”.

El problema, evidentemente, no es ser hombre, sino cómo se es hombre y cómo se organiza la sociedad jerárquicamente con su supremacía. Supremacía innegable, corroborada en datos abrumadores. Y en la que basta mirar los órganos de decisión para constatar la falta de paridad. Vean quienes se ocupan de la energía solar fotovoltaica en Euskadi, en un acto de ayer mismo.

Lorena Fernández

@loretahur

Presentación ayer del modelo de transición energética en Euskadi. Se les ha colado una mujer. Que alguien la quite, por favor, que estropea la foto.

Deben estar transicionando al Paleolítico Superior…

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Hagamos la salvedad de que ni el machismo ni la ultraderecha que lo alberga han nacido ahora. Estaban ya y han salido a la luz “sin complejos”. Repartiéndose por siglas. Quisimos creer, diré quise, que algo se había logrado al ver algunos avances, algunas mujeres en puestos decisivos, pero el machismo se resiste a los cambios y se fortalece como está ocurriendo ahora.

La gran revolución de las mujeres que saltó consolidada este 2018, masiva, heterogénea en su forma y homogénea en sus objetivos, ha despertado temores en los machistas y la decidida voluntad de atacar al feminismo. Los factores que influyen son múltiples, sin duda cuentan los socioeconómicos como parte fundamental, pero deberíamos fijarnos también en los psicológicos y educacionales porque en todos estos elementos está la raíz.

La violencia contra la mujer es un hecho. Los hombres asesinan mujeres, por ser mujeres y por considerarlas “suyas”. Ninguna sociedad sana lo toleraría y ocurre sin mayor problema. El machismo mata, pero, como dice la escritora y abogada feminista Violeta Assiego, “antes de asesinar menosprecia, insulta, empuja, golpea y agrede física, psicológica y sexualmente. Negar esto y hacer con ello un programa político también es violencia machista”. Lo es.

Ocurre en todas partes y cada día. Chicas a las que el novio castiga confinándolas en un zulo, médicos que diagnostican por escrito que la paciente “está mal follada”. Y más allá, niñas a las que  planchan el pecho con una piedra caliente para evitar que despierten el deseo en los hombres. La práctica ha llegado ya al Reino Unido. Cuánto miedo debe haber para llegar a esos traumatismos. Cuánta aberración para planchar y cortar atributos femeninos, para tapar y abrir el objeto de uso en función de los deseos masculinos. Cuanto ensañamiento como humillación.

“La masculinidad no es una característica que se posea de forma estable, sino que es algo que se pone en duda continuamente y que por tanto tiene que ser demostrada y reafirmada de forma constante”. Esta idea clave la expone Mónica Alario Gavilán, filóloga y experta en estudios de género. En un artículo de Público que trae otro alarmante dato: desde 2016, cuando atacó en Pamplona ‘la manada’, se han producido 89 violaciones en grupo,  según recoge Feminicidio.net.  Que se sepa. Es una forma extrema de reafirmar su concepto de la masculinidad. De ahí, que graben las agresiones y las publiquen.

Muchos hombres han comprendido ya el problema. Incluso se han sorprendido de lo que tanto nos quejamos y no prestaron atención. Porque no escuchaban, era como oír llover. Se duelen de no haber estado atentos a los grandes y pequeños agravios del machismo de todos los días. No está siendo inútil hablarlo. Pero el machismo de raza no da tregua y se rearma al menor descuido.

La masculinidad. Hay que demostrarla de forma constante. Como si fuera la presunción de una carencia. Esa absurda magnificación del pene, el combate por su longitud en la más variopinta discusión. Aunque se esté debatiendo sobre una partida de parchís hay quien menciona el triunfo de “quién la tiene más larga”. Los remilgos vienen definidos por el uso del papel de fumar para manipular el órgano masculino. Son tópicos, pero reveladores.

Es cierto que al hombre se le vino educando de manera diferente a las mujeres. Pero los seres maduros reelaboran lo aprendido y rechazan predominios injustificados y más cuando se basan en el daño de otra persona. El modelo exigía fortaleza como condición indispensable. Condenaba casi la sensibilidad, desde luego el llanto -tan espontánea y humana reacción- como debilidad que el macho no se podía permitir. Expresar la tristeza ha sido entendido como un fracaso que merma la autoestima. Algo ha cambiado aunque no lo suficiente. Una tarea urgente es dejar de enseñar estos estereotipos a los niños.

Probablemente, este rebrote del machismo nace de la inseguridad. La de ver cuestionados valores que consideraban inamovibles. Y la propia incertidumbre de quien ha de ser fuerte y superior por obligación, en la titánica tarea de lo imposible. Y además demostrarlo permanentemente, frente a la mujer primero, y también a sus competidores varones.

En 1991 se publicó un libro, Ser hombre, en la Editorial Kairós, que abordaba el tema de la masculinidad con realismo y apertura de miras. Los hombres debían adaptarse a un tiempo que empezaba a querer ser entre iguales, con las mujeres. Autores de la talla de Carl G. Jung, Henry Miller, Norman Mailer, Hermann Hesse, Franz Kafka, César Vallejo y otros, todo hombres, algunos enormemente machistas, trataban el tema. Los temas. La competitividad, el miedo, la cólera, la pena, el éxito, el trabajo, temor al envejecimiento,  la mujer. Hablaban de la mujer, del miedo a la mujer. El escritor Henry Miller decía: “Empiezo colocando a las mujeres sobre un pedestal, idealizándolas, y luego las aniquilo”Cuánta lejanía e inmadurez implica, además de la evidente violencia.

A través de un compendio variado, signos de notable desconocimiento e incomunicación que hay que resolver con sus antídotos: hablar y saber. En aquel  libro, y en cualquier lógica, se concluye que no hay un mito de la masculinidad profunda, sino múltiples caminos para ser hombre. Y eso es lo que deberíamos entender. Para abordar todas las reflexiones pendientes.

Y las soluciones. Porque las mujeres somos la mitad de la población y con los mismos derechos que la otra media. Y no cabe ni una agresión más, ni un menosprecio, ni una duda al respecto. Algo que es capaz de entender cualquier mente, salvo aquellas que sufren la dificultad insuperable de abrirse y aprender cualquier idea. Las manadas del machismo envanecido, arrogante, soberbio, ufano, caminan seguras. Las encontramos a espuertas en cualquier programa de cualquier tipo.

Ese molesto trámite llamado democracia

Lo sabían EEUU y la Unión Europea. Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, 33 años, se iba a plantar en la calle y autoproclamarse presidente de Venezuela. La Administración Trump le mostró su apoyo en pocos minutos. Lo sabía de primera manera. Se confirma el rumor de que Guaidó viajó hace un mes a EEUU, Colombia y Brasil para, en secreto,  informar o acordar la operación.  La eufemísticamente llamada Comunidad Internacional reparte juego.Nicolás Maduro, te tocó, esta vez sí, parecen decir.  Tras algunos ajustes,España dice que plantea a la UE reconocer a Guaidó como presidente venezolano si Maduro no convoca elecciones inmediatas. La prensa toma partido. Se llega a escribir que “ Maduro se atrinchera en el poder con el apoyo de la cúpula militar“. Muchos parecen no recordar que -mal o bien- Maduro es el presidente electo de Venezuela y que lo normal en estos casos es que la “cúpula” militar, como todo ejército, esté bajo las órdenes del poder político. De momento se mantiene. Total, los golpistas -autoproclamados, si lo prefieren- “solo” se están saltando los trámites democráticos.

La derecha española se desnuda al límite y se echa a la calle a exigir el apoyo a Guaidó bajo las más desaforadas amenazas. La derecha del PP de Pablo Casado –con su corte de hooligans– y los Ciudadanos de Albert Rivera. Vox también. Y Aznar y Felipe González como si les fuera la vida en ello. Y con el apoyo mediático de costumbre todos ellos. Lo más terrible, sobrecogedor, de la máxima preocupación, es que los líderes de la derecha parecen considerar la democracia como un trámite, incómodo y prescindible. Y hace temer que de llegar al poder se quitarán de un plumazo las opciones políticas que no coincidan con la suya. Concretamente, Casado y Rivera ilegalizarían partidos independentistas. Lo han dicho. Corruptos, no, por supuesto. El gravísimo problema ahora es ese.

Imaginemos que Casado o Rivera se autoproclaman presidentes del Gobierno español. No es imposible: ambos consideran a Pedro Sánchez un okupa, dado que solo saben sumar escaños por la derecha. Saltándose trámites democráticos puede ocurrir.

Sin duda, la Venezuela de Maduro es un caos, pero denostar su Gobierno no implica aplaudir un golpe de Estado o un despoje a la brava, elijan si las definiciones precisas asustan. Por más que se haya impuesto el maniqueísmo primario, no es así. Por si las dudas, ni he simpatizado nunca con Maduro, ni lo hice con Hugo Chávez y así lo he manifestado en diversas ocasiones. Ahora bien, con la democracia, sí. De hecho, la defiendo con total decisión.

Venezuela es el ejemplo máximo de una gran hipocresía. Los intereses de quienes se manifiestan sobre esta cuestión son tan ostensibles que se ven las gruesas cuerdas que mueven los gestos. Se puede afirmar que sin petróleo un país está a salvo de ser perseguido por los desmanes de sus dirigentes. Y con petróleo -ubicado en manos generosas y precisos objetivos también, como en el caso de Arabia Saudí. La petromonarquía es uno de los países donde más se vulneran los derechos humanos, al punto de llegar a descuartizar a un periodista crítico. Y si es por la persecución de opositores, allí los ejecutan sin más miramientos.  Pero en ese tema se mira para otro lado.

A quien toca perseguir es a Nicolás Maduro. Cuántas oportunidades de negocio ha tronchado. No todas, pero más de las soportables para algunos. La Venezuela actual es hija de décadas de despropósitos y abusos. Como cualquier persona informada, conozco los detalles de la larga trayectoria que, ante nuestros ojos, llevó a Venezuela a esta situación.

Felipe González sabe mucho de amistades presidenciales venezolanas y de su dureza con las protestas. Tal como él mismo escribió, viajó a Españaen el avión presidencial de Carlos Andrés Pérez, el del “caracazo” que ocasionó decenas de muertos en su represión. Caracazo y algo más: fue expulsado de la presidencia, juzgado y condenado por malversación de fondos y se exilió a Estados Unidos. La historia de Venezuela es trágica y no lleva trazas de cambiar. Abrir la puerta hasta la cocina a EEUU, con todo su historial de injerencia en los países latinoamericanos, y además con Trump, debería avergonzar a quienes aplauden la hazaña de Guaidó. Sobrecoge ver a dirigentes españoles obviando semejante detalle, pero es que la democracia, insisto, se ha convertido en un trámite molesto.

Toda persona honesta debería preguntarse por qué Venezuela atrae tanta atención y no otros países en similares circunstancias. Este mismo viernes, la ONU publicó un informe sobre la crisis humanitaria de América Latina. “En los países centroamericanos ya hay más de 80 millones de personas que viven en pobreza extrema y donde la violencia es una constante. El Salvador y Guatemala exhiben las tasas de homicidios más altas del mundo”. A esto se suma el uso “desproporcionado e innecesario” de las fuerzas de seguridad para silenciar la disidencia de manifestantes, críticos o periodistas, según la ONU.

En otro informe de hace un mes, la ONU aseguraba que América Latina y El Caribe sigue siendo “la región más violenta del mundo para las mujeres, con la tasa más alta de violencia no conyugal y la segunda tasa más alta de violencia conyugal”.  Y que la situación de los Derechos Humanos en la zona es crítica.

El caso de Honduras

Si hay miles de venezolanos huyendo de su país, también hay miles de hondureños huyendo del suyo. Un caso interesante. En 2009 el Gobierno hondureño también fue depuesto por el presidente del Congreso. Ahora EEUU mantiene una base militar allí y lo considera un “socio preferente”. Lo que no quita para que Trump haya dicho textualmente: “Enviamos a Honduras cientos de millones de dólares y nos envían caravanas”. Con Honduras, Guatemala y El Salvador también se llevan lo suyo del presidente estadounidense. Es el trato humillante que espera a los protectorados de facto, salvo a sus élites.

Grandes negocios, menos democracia

No es solo Venezuela, Venezuela es la que tiene petróleo. Y muchos negocios con españoles, no con España. Y unos líderes hoy opositores que también hacen suculentas operaciones en nuestro país. La familia de Henrique Capriles opera en el Complejo Canalejas -un empeño personal de Ana Botella como alcadesa-,  el edificio del ático vendido por 10 millones de euros. También está detrás de varios complejos de viviendas de lujo de Madrid, copio y pego.

Los Casado, Rivera, González o Aznar -y sus predicadores en general- solo hablan de Venezuela y con un agresividad que augura días muy negros en nuestro propio país. Todo vale. A los jóvenes pupilos ya los vemos. Los expresidentes se manifiestan con claridad:  Felipe Gonzáles puso de ejemplo al Pinochet de las carnicerías humanas frente a Venezuela. ¿Cómo puede ser considerada objetiva su opinión? Aznar nunca ha creído en la democracia.  En un artículo -que publicó precisamente su entonces oponente Felipe González-  llegó a culpar a los chilenos de “las desventuras” que se hubieran evitado de “haber cumplido con su deber” de no votar a la izquierda de Allende. Pablo Casado lo ha rescatado como ideólogo del actual PP.

En esas están ahora. Con EEUU al que le vuelven a encargar ser “gendarme del mundo”. Con Bolsonaro en Brasil, que está usando ya la democracia que le llevo al poder para destruirla. El hijo de Bolsonaro contrató a la madre y a la mujer del sospechoso del asesinato de la concejala Marielle Franco. De su mismo partido, Jean Wyllys, el primer congresista abiertamente homosexual de Brasil dimite y abandona el país por amenazas de muerte. Y ante esto y mucho más los hipócritas de la derecha española no gritan fuera de sí en la calle, callan. La mayoría calla, bien es verdad.

Porque lo que nos jugamos es la democracia. Pensábamos que era un valor incuestionable, pero no lo es. Suprimirla en los trámites como un engorro implica otro orden político. Cuesta entender que no se den cuenta. Hay ya millones de seres en nuestro propio país que prefieren la razón de la violencia del más fuerte, olvidando a los vulnerable, olvidando la razón de la solidaridad, olvidando la razón.

España y sus círculos viciosos

Acabamos de confirmar que la crisis reajustó la sociedad española para hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Somos el cuarto país más desigual de Europa y, en él, un 10% de los ciudadanos concentra más riqueza que todo el resto de la población junta. Terribles cifras que originan otros muchos desajustes. Vivimos también en una virulenta ola de misoginia. Y avanza otra de racismo. Y una más de asedio y derribo a la verdad. Son pilares esenciales de la democracia, de la ética y los derechos humanos. Pero los periodistas tenemos que ocuparnos de los políticos, sí o sí. En el fondo son los que hacen la política y de ahí las pasiones que se desatan en los ríos revueltos.

Podemos se rompe. Errejón se va con la alcaldesa de Madrid Manuela Carmena y se consuma la ruptura con Pablo Iglesias. Viendo los informativos se diría que es algo que no ha ocurrido jamás antes. Allá queda para la mera anécdota el derribo de Pedro Sánchez del PSOE, con trampas, degüello y expulsión, que tanto influyó en la política española. El pulso de Susana Díaz por mantener los ayuntamientos bajo su control en Andalucía sin querer asimilar su derrota. El PP de Gallardón y Aguirre o de Aguirre con Rajoy fue un juego infantil. A Cifuentes no la tumbó, aunque debiera, su máster sino las cremas robadas en Eroski que algún fuego amigo facilitó para su exhibición a los sicarios habituales. Izquierda Unida es otro paraíso de armonía. Y así podríamos seguir en otras escalas y ubicaciones.

¿Ha hecho bien o mal Íñigo Errejón al irse con Manuela Carmena? ¿Y avisando dos minutos antes de difundirlo y en el día que cogía su baja paternal Pablo Iglesias? Es cuestión trascendental en España parece, con enardecidos partidarios y detractores. El poder justifica los medios venía a decir el padre del pragmatismo político, con trazas sucias, Nicolás Maquiavelo, y el personalismo en los liderazgos solo se da en el campo ajeno. Los proyectos son buenos o malos según en qué personalidad se basan. Y no hay manera de salir de los personalismos. Por amor o por odio, condicionan el voto de las sociedades inmaduras.  La razón, tan necesaria hoy, ha dejado de estar de moda.

Rebuscando en antecedentes, aparece un artículo de la periodista Esther Palomera en abril de 2018 que me ha resultado esclarecedor en los detalles a toro pasado. Ahora Errejón, con referencias a las segundas pieles del egoísmo de las que hablaba Saramago.  “Íñigo Errejón ha amagado con dar el portazo, y no será porque la dirección de Podemos no haya cedido a gran parte de sus exigencias. Dicen sus detractores que aun así lo que pide no es autonomía, sino independencia absoluta; una candidatura con Podemos pero sin Podemos”. No era la primera vez, ni la última.

A estas alturas de la historia,  se ratifica lo tremendamente podridos que están los cimientos del “Régimen del 78” que con tanto ahínco trabajan sus benefactores por mantener. Desfilan por los juzgados y las redacciones, o ni siquiera lo hacen cuando son tocados con la varita mágica de la amnistía tácita. La política está hecha de zancadillas. La ética es un azucarillo a diluir en el pragmatismo conveniente. La fidelidad, un concepto trasnochado. Quienes optan por esos valores, unos románticos desfasados. Tanto como para apostar por las batallas perdidas de la dignidad.

Bastante se hubiera avanzado si algunos medios no hubieran hecho e hicieran política de forma tan ostensible. Porque una cosa es la línea editorial y otra la loa sin raíces y las zancadillas al contrario. La campaña sufrida por Podemos no tiene parangón con ninguna otra. Con consecuencias. Para mí es difícil de olvidar la cara ilusionada de una chica joven llamada Irene Montero, con la ecografía de sus gemelos en la mano, allanada en una foto que se publicaría tras pagar por ella un puñado de miserables euros. Luego murió su padre. Luego se adelantó el parto prematuro con riesgo de vida.

Pero vayamos a la política y sus medios. El PSOE está en el gobierno gracias entre otros, aunque fundamentalmente, a Unidos Podemos. Ahora sus periodistas de cabecera nos dicen que el PSOE teme  por su futuro con Podemos dividido. El “insensato sin escrúpulos” ha sufrido una auténtica trasmutación, milagrosa para quienes no siguen la mancheta de los periódicos. Objetivamente, el gobierno del PSOE algo ha hecho positivo , medidas como el aumento salario mínimo, aunque sea en la eterna agonía española que impide de continuo abordar los problemas a fondo. Son muchos en verdad. Enormes, muy tiznados. Es difícil. Los muros y las agresiones se reparten por doquier, pero no sería imposible de darse una decidida voluntad.

Apartar al PP de la Moncloa y de la llave del dinero y las obras susceptibles de sobre es seguramente el más notable resultado. Muchos de los damnificados por ese cambio se revuelven con saña. Hablamos de un partido que, con datos fundados en investigaciones policiales y el canto claro de sus autores, se ha comportado como lo haría una mafia clásica. Tenemos a “policías de cabecera” de políticos de alto rango haciendo trabajitos privados para el PP.S.A. La policía “política” del gobierno de Rajoy interfirió en la causa de la caja B, orquestó la Operación Catalunya, atacó a Podemos y revisó el 11-M, y el Faisán contra el PSOE, pagó a un mercenario con dinero público para asaltar la casa de Bárcenas y protegió a Rajoy como contamos aquí en exclusiva. Rajoy el añorado ya, ante las desaforadas voces actuales del PP aunque parecía ser el gerente de la empresa. Hemos tenido pringado, facilitando datos de todo quisqui previo pago, al informático del Poder Judicial. Tribunales de excepción como la Audiencia Nacional consideran legítimo el uso de la fuerza contra la población de Catalunya, en aquellas imágenes que recorrieron el mundo. ¿Hay país que soporte esto? Sí, España, la España embobada de banderas y tertulias sesgadas. De odios sembrados y sinrazón.

Y así nos vemos. Con Pablo Casado a tumba abierta, machista, supremacista, ofensivo, mentiroso, anunciando medidas excepcionales, incompatibles con la democracia contra las ideas que le molestan. Recuperando al Aznar de todos los truenos, al MAR de todos los desafueros. A Aguirre que le empleó a él, y al policía de cabecera de sus colegas, y al ultraderechista Santiago Abascal. El mismo que empezó a cobrar, al día siguiente de dejar su regazo, de un grupo iraní vinculado al terrorismo internacional, del que poco se habla y al que tanto se lava. Y a los Ciudadanos de Rivera que no pueden disimular su ADN machista, ni sus objetivos políticos al decir: “¿Si hay derecho para interrumpir el embarazo, por qué no lo tenemos para poder concebir a un hijo para otra mujer?”. Son palabras del propio Albert Rivera.

En el lado pragmático y nada personalista del centro-izquierda, digamos, tenemos a Manuela Carmena y a Íñigo Errejón, dos personas de indudable talento. A políticos válidos y a los clásicos oportunismos que ya se avistan. A un gran número de medios. Producen hasta ternurita las opiniones de analistas como si fueran un miembro más de la plataforma.  Es Madrid, pero se podría extrapolar. Con el buen ciudadano naranja que volvería a virar a un conveniente centrismo, sin dejar el ultranacionalismo español. Con Vargas Llosa bendiciendo. ¿Cabe felicidad mayor?

El pragmatismo nos ha traído hasta aquí, y aquí quiere que sigamos. ¿Hay vida fuera? Sí, en las calles de la desigualdad, de las mermas, del feminismo, de los derechos sin colores de piel que los distingan. De la verdad.

Con la ejecución de Grecia empezó todo

El Eurogrupo con sus más destacados miembros: el alemán Schäubel y el holandés Dijsselbloem que ha revalidado su presidencia

Hierve España en su política de osadías y descalabros, pero muchas veces es necesario mirar el contexto, un contexto amplio, para entender el nudo. La imposición de la austeridad y el tratamiento que la UE aplicó a la Grecia está en el inicio de una debacle que resquebraja a la propia Europa y que la ha llenado de fascismos. Aire ultra para paliar, también al otro lado del Atlántico, los errores y abusos del capitalismo que llamaron crisis y sembrar una respuesta visceral y errática en la sociedad pueril.

El gobierno de Tsipras acaba de ganar una moción de confianza tras la ruptura del pacto de gobierno con sus socios de ANEL, formación nacionalista y conservadora. Una cuestión de semántica territorial, el nombre de Macedonia, la había provocado. Los mandos de la UE han decidido echarle una mano y reconocer que con Grecia se pasaron tres pueblos. Jean-Claude Juncker ha dicho: “ No fuimos solidarios con Grecia, la insultamos”. Y ya está.

Grecia, un síntoma entre otros, sin duda. Ocurrió ante nuestros ojos y se hizo lo posible por desviar la mirada. Año 2015. Grecia está sumida en la bancarrota a la que le han llevado los gobiernos conservadores (Nueva Democracia) y socialdemócratas (PASOK). Pagan además haber amañado las cuentas para entrar en la Comunidad Europea. Goldman Sachs realiza la tarea. Su antiguo vicepresidente Mario Draghi está en 2015 a cargo del BCE, el Banco Central Europeo.

Grecia transita por la senda del calvario. Ha tenido que pedir un rescate, le han clavado un presidente tecnócrata, Papademos, para que lo cumpla sin fisuras. Tras intensas presiones, coacciones,  para que los griegos no voten a la izquierda moderada, a Syriza, los ciudadanos optan por ese gobierno progresista. Grecia apenas representa el 2% del PIB de la UE, pero hicieron creer que por ese agujero se desaguaba Europa.

Al presidente electo, Alexis Tsipras, se le ocurre convocar un referéndum para que los griegos decidan sobre las draconianas medidas que impone la Troika –el organismo formado por UE, BCE y FMI-. El resultado es NO, no las quieren así, y se desencadena lo que fue un auténtico ensañamiento. Lo capitanea el ministro alemán de finanzas Schäuble y el entonces jefe del Eurogrupo, el holandés Dijsselbloem,  el mismo que solía mostrar su desprecio por los países del Sur.

A la Grecia de Tsipras, ni agua. Es un aviso a navegantes, en España está en alza Podemos y hay que cortar las tentaciones progresistas. Hay que hundir a Grecia, para salvar a España, llegó a decirse. Ante la indiferencia general, Alemania ejecutó su venganza con la aquiescencia del resto de los mandatarios de la UE y castigó a Grecia con dureza inaudita. Los titulares de la prensa española contaban que Tsipras “desafiaba a Europa al querer paliar la crisis humanitaria”, textualmente. La había a niveles de tragedia.

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La tensa relación de Varoufakis con el Eurogrupo

Yanis Varoufakis, el ministro de finanzas de Syriza, se niega a rebajar ( más ) la vida de los griegos, y dimite. Tsipras acata. Siempre esa bicefalia. Bajo intensas presiones. El Eurogrupo “redobla sus amenazas a Grecia por no aceptar más recortes”, informábamos. Varoufakis explicaba sin cesar que el 90% del rescate europeo fue a parar a entidades financieras, no al Estado ni a los ciudadanos griegos.

Hubo bastantes personas que se quitaron la vida por desesperación. La sociedad registró un empobrecimiento insostenible. Llegaban noticias de que no eran libres ni de comprar aspirinas para la sanidad pública, sin permiso de la Troika. Las órdenes eran las clásicas: recortar pensiones y vender o malvender cuanto quedara de valor en infraestructuras y servicios. Tuvieron que deshacerse hasta de territorio rentable: islas. Venía a ser como en la Edad Media a los vencidos en las Cruzadas.

Fue un festín. A modo de ejemplo vimos que una empresa alemana compró en los primeros días de oferta los aeropuertos de las islas turísticas de Corfú, Mikonos y Santorini. El  adjudicatario, el grupo  Fraport (Aeropuerto de Fráncfort),  tiene como accionista principal al estado de Hesse y a la ciudad francfortesa. Entretanto, en Europa se facilitaban rescates multimillonarios a los bancos con dinero público y ninguna condición.

Juncker no han sido el primero en contar  cómo el poder masacró a Grecia, a los griegos. Un informe interno del FMI confesó en 2018 quesacrificó a Grecia por presiones políticas para proteger a los bancos –principalmente franceses y alemanes- expuestos a la deuda griega. Draghi, precisamente Draghi, remató desde el BCE con medidas de apoyo al euro, extremadamente generosas con la España de Rajoy, y no dando ni un euro, ni uno, a Grecia por alguna argucia legal. A los países que abren la puerta a los fascismos la UE no les aplica estas medidas, ni de lejos. Importa lo que importa. Y ese contexto es decisivo para cuanto ha ocurrido y ocurre ahora.

Grecia era el corazón herido de una Europa muerta, lo escribimos entonces. La Unión Europea optó por el suicidio vía ajusticiamiento de Grecia.  Hoy la UE se desangra por el Brexit. Se puebla de ultraderecha en Polonia, Hungria, y varios otros países. Alemania registra la salida de Merkel –fustigada por la derecha, además-. La izquierda y hasta el centro están en mínimos en Francia e Italia.  Solo Portugal resiste íntegra. España, con gobierno del PSOE, también, aunque acosado por las presiones de la derecha y ultraderecha política y mediática. Y financiera y judicial podría añadirse. Por los desvaríos de los caciques territoriales. Por el enquistado y muy viciado y muy utilizado y pésimamente abordado contencioso con Catalunya. O por el desmembramiento de Podemos, roto en las ansias de poder y el abrazo a los pragmatismos que gustan a los bien situados.

Los movimientos políticos, quizás todo en la vida, avisa y hay que saberlo ver. Y afrontarlo. De frente, con más razón que pasión. De poco sirve llorar después.

*Publicado en eldiarioes 18/01/2019

El hombre que susurraba a las vacas y otros prototipos del PP

Moreno apuesta por una Andalucía “sin cordones sanitarios” a la derecha. Aunque incorpore a las decisiones de calado a Vox, la ultraderecha declarada, que se financió con fondos de una oposición iraní, con pasado y presente tenebroso. El MeK, en sus siglas en inglés, es descrito “como una organización similar a una secta, responsable de graves violaciones de derechos humanos y caracterizada por el culto a la personalidad de su líder, Masud Rayaví”, escribe Íñigo Sáenz de Ugarte. El grupo, considerado terrorista, fue salvado de la definición por la campana del dinero, hace menos de una década, e inspira grave preocupación, salvo a los dispuestos a lavarlo todo.

Una contundente respuesta de las mujeres se enfrenta a los tiempos oscuros que se avecinan. Miles de personas se manifiestan en las capitales andaluzas, en Madrid, en un centenar de ciudades, afirmando que “no habrá un paso atrás”, como ya se intenta dar. El movimiento #MeToo del Parlamento Europeo llama a la misma resistencia ante “la guerra de Vox contra las mujeres”. Aunque la tarea es ingente. No solo en Andalucía. La llegada de Pablo Casado a la presidencia del PP está promocionando a una generación de bocazas ultraconservadores, a su imagen y semejanza, que forjan un temible futuro, si esta tendencia se mantiene. Gentes que se muestran con pocos escrúpulos, capaces de vender lo que cualquier ser humano consideraría del máximo valor, por una silla de poder. Es necesario expresar esta realidad en toda su crudeza porque peligra la propia sociedad que conocemos.

A la verborrea desbocada de Casado, se van sumando quienes buscan hacer méritos ante él, como jefe máximo. Dolors Monserrat, sin duda, o el inefable Teodoro García Egea, pero sobre todo el gran fichaje sorpresa para Madrid: Isabel Díaz Ayuso. Como Casado, se ha apuntado a los monólogos del desvarío. No olvidemos tampoco a Ruth Beitia, candidata por Cantabria, quien en su alegato inequívocamente machista cometió algún desliz, y fuera de ello se expresa con esta soltura. A estas alturas cabe pensar en cómo se estarán sintiendo las personas sensatas del propio PP y que no prefieran vender sus halagos para conservar el porvenir, como ya hemos visto estos días.

Las sospechas se van confirmando. El actual presidente de Madrid, Ángel Garrido, un clásico señor de derechas, muestra su apoyo a los candidatos, pero su entorno habla del agravio sufrido. Especialmente, al verse relegado por un perfil como el de Díaz Ayuso: sin experiencia de gestión y con tan escasa entidad. ¿Y cómo habría ocurrido esto? “El vídeo con declaraciones a La Sexta se ha convertido en viral y le ha hecho ganar puntos”, explicaron en una jugosa tertulia de la Cadena SER Madrid. Se trataba de una entrevista en la que soltó un discurso machista radical. Resumió todo el paquete en pocas palabras: hay un feminismo exacerbado que criminaliza a los hombres y ha imperado una dictadura feminista. Gravísima irresponsabilidad de caer tales mentiras en cabezas yermas, como está ocurriendo. Ha tenido 3 millones de visualizaciones, dicen. Y para la nueva política ultra es lo que cuenta. ¿Visualización igual a voto?

Sin duda, en Ciudadanos también se ha buscado en la cantera de tertulianos lenguaraces, inanes, y capaces de decir sin pestañear cualquier mentira conveniente. Y Vox es la sublimación del concepto. Pero ¿hemos reparado en lo que implica esto como sociedad?

Los simpatizantes -se ven ya adhesiones entusiastas- parecen querer que su ídolo triunfe en una pelea en el barro a dentelladas y tirones de pelo sin pensar en lo que realmente puede ser su trabajo ejecutivo. Estas personas, de salir elegidas, están destinadas a gestionar la sanidad, la educación, los servicios básicos, el transporte, la dependencia, a cuidar de “nuestros” niños y de “nuestros” mayores, como gustan decir. Esta cuadrilla de seres inestables, sin complejos de conciencia ¿son las idóneas para esta labor? ¿Están siquiera capacitadas para ella? La vida no es un programa de televisión.

El ejemplo práctico lo tenemos en EEUU con Donald Trump, el personaje prefabricado por las cadenas comerciales para captar a un público votante muy determinado. Bannon, o quienes le emplean, lo fabricó como presidente. Y ahora se ha venido para Europa a trabajar. Quienes dirigen ese cotarro -que va más allá de los Casado o los Rivera o los Abascal- saben lo que hacen. Al menos, que hay público para ellos. Y que son el pasaporte para el poder.

El viejo liberalismo ya no existe. Ya no busca personas sanas, informadas y felices. No necesitan que cooperen en la consecución de los objetivos. Se les fuerza con violencia o con miedo. Y sobre todo, con la sobreinformación que engulle mucho de lo esencial y con la banalidad que distrae.  Estamos perdidos como esta mancha se extienda más.

Hay gente que cree que la tierra es plana, que rechaza las vacunas, que piensa que el agua azucarada cura. Gente convencida de que la mujer es una amenaza para el hombre, que se esconden estadísticas con aviesos fines. Que borra las asesinadas por la violencia machista que ya se ha llevado, presuntamente, a 4 mujeres en 15 días de enero. Hay gente que cree en Vox, y en este PP desbocado, y en quienes se amarran a cualquier atropello para medrar.

Hay gente que dice que a Andalucía ha llegado un cambio esplendoroso.

Y no nos podemos quedar callados.

 

 

La inmoralidad de la derecha española

Vox no “ha colado” nada al PP bajo una apariencia u otra, como nos cuentan en las lavadoras mediáticas. Era una maniobra bien visible por chapucera. Las proclamas y autoexculpaciones de la otra pata del acuerdo, Ciudadanos, producen vergüenza ajena. Formar parte de un gobierno con apoyo de la ultraderecha y pretender desvincularse de ese hecho no lo tragarían los niños de primaria. Personas adultas, sí. Y ese es uno de los problemas.

La raíz se encuentra en la inmoralidad de la derecha española, sus dirigentes en particular, puesta una vez más de manifiesto. No será de todos sus miembros, por supuesto, pero es uno de sus signos de identidad. Y lo más grave: va en aumento. Estamos oyendo y viendo cosas en las negociaciones del gobierno andaluz que espantarían hasta al Roy Batty de Blade Runner. No dejan de ser los herederos de los señoritos que retrataron magistralmente Delibes y Camus en Los Santos Inocentes, aunque ahora juegan a un cierto despiste para seguir burlándose de las víctimas. La falta de escrúpulos que está mostrando está derecha ha alcanzado cotas insospechadas, incluso para su estirpe.

Según el manual de la manipulación de masas, Vox presenta un delirante catálogo de propuestas, que luego “modera” la habilidad de Pablo Casado, mientras Rivera hace mohines. En la práctica, Andalucía va a tener un gobierno de ultraderecha. Con una política fiscal que favorece a las rentas altas. Entregando la sanidad y la educación a la iniciativa privada, conservadora, hasta con segregación de sexos pagada con dinero público. Toreros y cazadores a proteger porque los ven muy necesitados, mientras se abandona y combate a las mujeres, los homosexuales  y los emigrantes. El resumen de Ignacio Escolar describe la letra pequeña del acuerdo.

Que nadie se equivoque: las mujeres siguen siendo objetivo de la barbarie ultraderechista, aunque lo enmascaren someramente. Les sale del alma. Y los emigrantes pobres tanto o más. El pacto innoble del gobierno andaluz provocará que no vayan al médico, contempla hasta delaciones, les sitúa ante la espada y la pared. ¿Qué honestidad y valores se atreven a invocar los firmantes y apoyos ciudadanos de este acuerdo?   A la inhumanidad del hecho se añade la torpeza que representa extender las dolencias al conjunto de la población

El sonrojante espectáculo nos trae a los críticos del PP recogiendo velas y felicitando a los ganadores de las sillas de poder andaluzas. A un homosexual casado, Javier Maroto, feliz de ese gobierno que se apoya en quienes se oponen a lo que él mismo representa. Las mujeres del PP tragando machismo, salvo Ana Pastor, la presidenta del Congreso. Ciudadanos presumiendo del logro, mientras quiere hace como que discute con las posiciones más extremas de su bloque. Sí, sí, el gobierno andaluz va a ser “centrista y reformista y sin concesiones ni acuerdos con Vox”, como  dice uno de sus primo europeos y retuitea Albert Rivera.  Y a ver si cuela lanzando fango propio desde la máquina de acusar. Cuánta indecencia estamos viendo.

¿Y las personas que les apoyan?  Altas dosis de corrupción, robo sin eufemismos, daño a los más débiles, crueldad, injusticia, se pasan por alto en aras de una falsa moralidad y buenas costumbres. Qué elipsis hacen los católicos de la pederastia y ocultación que impregna esta institución. Cuánta hipocresía, cuánta complicidad.

La lavadora a toda potencia limpia estos atropellos, mientras tizna con el desagüe a la competencia. Qué miserable impudicia en los textos, programas y voces que emiten odio y mentira desde los medios. La realidad es que esta derecha es, insisto, la peor desde la dictadura, recogiendo el eficaz trabajo de sus mentores Aznar y Rajoy. Los hechos lo demuestran, los hechos.

Parón en la economía

Vienen tiempos de recesión económica de nuevo. No paran de avisar.  El capitalismo feroz tiene estas salidas cuando no resuelve sus disfunciones (en el eufemístico caso de que quieran hacerlo). De momento, este jueves se anunciaron más de 4.000 despidos en grandes empresas como Vodafone, Caixabank, Alcoa o Ford. A medios de comunicación –no diré información- como La Razón, llegan bajas y recortes. El Mundo va a optimizar no sé qué.

  En estos casos el ciudadano desinformado, timorato y proclive al pensamiento conservador, se agarra a la derecha. A difundir bulos contra la izquierda, desconociendo al parecer lo que la derecha trifásica, el trifachito (define Gerardo Tecé), prepara en pensiones, por ejemplo. Un casi irse a silbar a la vía. O a alentar que Murcia, con sus carencias y desajustes, elija como prioridad tener la bandera más grande de España. Marcha atrás sin frenos. Al punto equivocado.

El lejano mundo de hace poco

En casa solemos comenzar el año viendo una película que abra horizontes. Amélie, estrenada en 2001, en esta ocasión. Se podía palpar la lejanía, en solo 18 años, de un tiempo de fotomatones y cabinas de teléfono que tejen historias personales. De gnomos viajeros para alentar a la vida. Los vecinos que pintan eternamente un cuadro que mejore los trazos de la realidad. Las vecinas que esperan una carta y llega. De fijarse en el moscón capaz de batir las alas 14.000 veces por minuto. De sentir gusto al oír cómo revientan las burbujas de un plástico de embalaje.

De disgustarse al oír la frase “bendito sea el fruto de tu vientre”. Y máxime cuando ya ha desaparecido hasta el vientre de la frase de la criada subrogada. Y “prestigiosas revistas francesas”  cuentan que la actriz  Marion Cotillard se pone bolsas de hielo en la entrepierna para bajar la temperatura de esos genitales de mujer en los que anidan todos los males.

¿No era esto, verdad?

Cualquier tiempo pasado no fue mejor, ni debería serlo, pero éste nos ha embarcado en una vida frívola, materialista y deshumanizada, en mermas y desfachatez.  La nostalgia solo cabe para  lo no vivido en cada momento presente. Esta infame derecha española se reinventa recrudeciendo sus lacras, mientras una parte sustancial de la sociedad no sabe salir del estandarte, el cepillo bendecido para meter la mano y la conciencia clausurada.

De fuera vinieron… por Paco Altemir

Primero fue Carlos I, mal hijo y peor gobernante, que al derrotar a los
Comuneros y a las Germanías, impidió el establecimiento de una Monarquía
Parlamentaria con los poderes del monarca limitados por las Cortes
Generales.
Después fue Felipe V, nieto del Rey Sol (L´État cest moi), centralista
político y geográfico. Después de la guerra de Sucesión, que le llevó al
trono, castigó a los perdedores anulando sus fueros centenarios como castigo
y premiando a sus seguidores, vascos y navarros, respetando los suyos.
Este comportamiento primitivo de premio y castigo ha dado origen a los
problemas políticos actuales causando desigualdades territoriales contrarias
a los Derechos Humanos y a la Constitución Española.

Al convertir, caprichosamente y sin ninguna razón argumental, Madrid en el
centro de todas las comunicaciones de la península, ha contribuido a
desarticular el territorio ignorando la sabiduría romana que lo articulaba
racionalmente mediante la red de calzadas como se puede ver en los mapas
adjuntos. Desarticulación que contribuye sobremanera a la despoblación de la
España interior.
Si a todo esto se une la construcción de autovías que han evitado cruzar
poblaciones, antaño conocidas y con un cierto futuro, con lo que han
ocasionado su muerte lenta pero segura al quedar aisladas.
La construcción de ferrocarriles de Gran Velocidad ha contribuido aún más a
la desertificación de la España rural. Con independencia de ser un medio de
transporte elitista, reservado a los ricos, pero cuyas pérdidas pagamos
todos, ricos y pobres, ha ignorado a poblaciones intermedias (en aras de la
velocidad y de la prisa que impiden razonar), obligando a sus pobladores a
recurrir de nuevo al automóvil- Seamos europeos y se
Todo ello en perjuicio del transporte de mercancías y de un sistema que
hubiese obedecido a la sacrosantas leyes de la oferta y la demanda desoídas
en este caso para beneficio de unos pocos.
Que las obras se proyecten teniendo en cuenta el Bien Común, que se aprenda
de los errores cometidos para no volver a tropezar en la misma piedra o con
intereses espurios.
Que la Racionalidad se imponga al Capricho (sr Revilla no llore tanto por
todas las esquinas, mire lo que pasa con el AVE a
Asturias y al País Vasco)

Observarán que no hay una calzada romana que bordee la costa del mar
Cantábrico. Estrabón se quejaba de la tozudez de los habitantes que
rechazaban cualquier intento de acercamiento. También fue la causa de que el
primer Camino de Santiago, que seguía la costa, fuese abandonado, al ser
asaltados los peregrinos continuamente por otro más al interior más seguro
Que estas pinceladas de brocha gorda sobre nuestra desgraciada historia os
sirva de acicate  para profundizar en ella.

Francisco Altemir Ruiz-Ocaña
Dr. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos.

He cedido este espacio del blog a mi querido y admirado amigo Paco Altemir, alma en la creación de ATTAC, incombustible demócrata, incansable persona. (Y uno de los más fieles seguidores del Pericoscopio).
Ahora capturo el mensaje que venía en su email, cuando llevo años recibiéndolos. Algo les ha sonado mal por ahí a quienes controlan esto de los emails, al parecer.
¿Qué habrá sido?
Ved cuál es, también, la respuesta sugerida.
mensaje.peligroso.gmail

La involución marca la pauta informativa

Salvini expulsa a un vendedor ambulante.

Cada día trae una lluvia de sobresaltos informativos que se diluyen como las piedras en los círculos del agua. Solo quedarán unos pocos en la relevancia: los más polémicos, los más entretenidos, los más útiles a determinados intereses. La agenda de la actualidad está más clara de día en día. La involución ha colado en el sumario los temas que más le favorecen. Peor aún si cabe que sus fake news, es cómo marcan lo que hay que ver y discutir, los fogonazos que tapan el resto, lo que crea y fideliza ideología

De repente, todos hablando de hombres maltratados, denuncias falsas de malvadas mujeres, niños asesinados “por sus mamaítas”, ocultaciones premeditadas de las estadísticas públicas. Desaprensivos cum laude las difunden a propósito. Con éxito. Todos hablando de esa irrealidad. Flagrantes mentiras que caen por su peso.  Se aportan datos serios que las rebaten pero da igual, las cabezas que las creen y propagan son impermeables a la verdad. Como  todo, ha sido estudiado.  Los hechos no cambian lo que “creen” los adictos.

Constituyen un temible ejército que se nutre del mismo viejo oscurantismo medieval sustentado en la ignorancia, en los bajos instintos del mal pensar. El amplificado éxito de sus correligionarios les ha proporcionado confianza en sí mismos. Se oyen y se leen estos días comentarios de personas que evidencian problemas mentales notorios al punto de llegar a mostrar temor por las mujeres, por ejemplo. El machismo congénito que nubla la razón viene atizando desde tribunas de más entidad. Y luego todo se discute, sin cesar, dando vueltas y más vueltas, hasta engordar bolas mayúsculas.

 Fuera de las noticias destacadas, se van cociendo movimientos muy a tener en cuenta. La “Academia del Occidente judeo-cristiano” que pretende crear Steve Bannon en Europa sigue su andadura. A cuentagotas se ha ido hablando de ella –The Times en septiembre y varios otros medios-  El vicepresidente italiano, el fascista Matteo Salvini, les  ha cedido el monasterio de los Trisulti, en Collepardo, un pueblo de apenas mil habitantes en los Apeninos. De origen cartujo, ahora cisterciense, fue construido en 1204. La protesta vecinal ya ha llegado a las calles de la localidad. Preguntan, y con razón, de dónde sale tanto dinero para montar ese centro.

Es una pista a seguir. El dinero. Los centros ideológicos de la ultraderecha ultraconservadora tienen a manera de sucursales en los medios de comunicación –no diré informativos- de países estratégicos. Con relación entre sí o por coincidencia de objetivos. 400.000 votos andaluces a un partido de extrema derecha plena han llenado las programaciones de televisiones y radios y las portadas de los diarios. A toda hora. Se crea la necesidad, la avidez de ellos. Ningún país democrático llevaría a sus pantallas a la Fundación de un  dictador, que por otro lado ni siquiera existiría, ni a los defensores de la Manada del salvajismo machista, ni a tantos que sonrojan. Y ahí están, discutiendo a voces las bondades de unos y otros. La involución, la audiencia, los ingresos que proporcionan, marcan las prioridades informativas.

Ya apenas importan la agenda social. Los desahucios que permanecen, el trabajo precario, los 600.000 niños que no han tenido juguetes estas navidades por ejemplo. Solo el programa de la ultraderecha, presuntamente debatido en las tripas de los que tragan los anzuelos lanzados con profusión.

Sin empacho alguno, la derecha española más aterradora desde la dictadura es llamada en los periódicos centro-derecha. Y sus delirantes propuestas acaparan un desmesurado porcentaje de la atención mediática en los informativos generalistas. Dados a conocer y lavados, el camino está hecho. De esta forma, se llegan a ver imágenes como la de Salvini en Italia adorado por la multitud que pasa de largo ante el agravio a un vendedor ambulante.  Pocas imágenes más reveladoras de lo que está ocurriendo. 

   Bannon, Salvini, Orban, Le Pen, Abascal y Casado si se tercia  y el resto de la ultraderecha europea se están organizando, es cierto. El tenebroso Bolsonaro abre las puertas de Brasil a las bases norteamericanas y a unos niveles de regresión increíbles.  El primer objetivo de todos ellos, de todo el movimiento,  es acabar con los derechos –ni siquiera plenos- logrados por las mujeres.

Para distanciarse del apelativo “fascistas”,  hablan de occidente judeo-cristiano, la doctrina que ha castrado a millones de seres, imbuyendo complejos de culpa. De tasa o peaje de dolor por la felicidad terrena. No guardan relación alguna racionalmente, pero son útiles porque atan, paralizan.

Bannon trabajó primero con Donald Trump. El avanzado de la corriente. Trump no es una casualidad. Es el prototipo. El propio Bannon tampoco aparece porque sí. ¿De dónde sale tanto dinero preguntan los italianos de  Collepardo que se temen ver llegar a la flor y nata del fascismo mundial?

Es cierto que ya nos pueden manipular hasta el cerebro –dentro de unos cauces-. Aunque más que los bots rusos -situados en la cima del ranking de los peligros-, está todo el entramado que explicaba en un artículo magistral hace más de un año, aquí, Marta Peirano.  El nuevo mercado del marketing digital ha contaminado el debate político en todo el mundo. Mercenario, Capitalismo 3.0. Nada más, y nada menos, decíamos. Dinero que piensa en dinero.

Y aun así, el mundo se mueve. Y mucho. Al menos  3,5 millones de mujeres indiasse unieron el día 2 en una cadena humana que cubría 620 kms. para pedir igualdad en un fenómeno nunca conocido antes allí. Y no lo verán en los medios y programas de masas.

La Hungría de Orban hace aguas por pura lógica. No se puede criminalizar a los emigrantes y sacar el trabajo que realizaban.  La llamada allí “Ley de esclavos” para los húngaros está levantando ampollas. Por ella, las empresas pueden demandar a sus empleados hasta  400 horas extra al año a pagar en diferido en hasta 3 años.  Miles de húngaros salen a  protestar ¿Lo han visto en alguna tertulia? ¿En las portadas de la  prensa? Será interesante ver qué ocurre en Andalucía con el gobierno de derecha -caso de que llegue a formarse con el apoyo y las exigencias de VOX-. Porque serían clavado ideológicamente al húngaro.

EE.UU. elige a número récord de mujeres para Congreso, con un 22 % de escaños
EE.UU. elige a número récord de mujeres para Congreso, con un 22 % de escaños EFE

Pero quizás es en Estados Unidos donde los movimientos están siendo todavía más notables. Trump ha perdido el control del Congreso, en las elecciones de medio mandato. Las marchas de cientos de miles de mujeres que renegaron de su presidencia desde el primer día, las protestas que cristalizarían en las denuncias de agresiones sexuales de la violencia machista han desembocado en un récord de mujeres congresistas: 102 de 435, cuando antes eran casi testimoniales. Nancy Pelosi, la sólida demócrata que fue la primera mujer en presidir la cámara de Representantes en 2007 vuelve al puesto. No lo tendrán fácil los republicanos.  Son datos que aporta Angels Martínez Castells citando a personas, mujeres, que remiten a otra agenda. La hay.  “Como escribía la periodista Jill Abramson a The Guardian, “Washington ha dejado de ser de Trump”. Y lo demostraba Deb Haaland de Nuevo México abrazo a Sharice Davids de Kansas, de la nación Ho-Chunk. Ellas dos son las primeras mujeres indígenas americanas que tienen escaño”, en esa larga e insólita lista de congresistas, llena de diversidad, de realidad. EEUU ya cambia.

Porque existe otra agenda informativa, otras prioridades, otras realidades a destacar antes de lo que nos presentan como una condena irremisible a la ultraderecha.  No podemos abrir espacios de conocimiento en los cerebros cerrados e impermeables pero tampoco ser condescendientes con el daño que infieren al conjunto de la sociedad. Y sí podemos desconectar de los mensajes capciosos que pasan por ser noticias y circunscribirse a la información.  Completa, sin lagunas y apartados. Si la actitud fuera masiva, algunas cosas cambiarían.

Por salud democrática, por salud mental, hay que desconectar de la basura.

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