¿Qué ha hecho con el dinero el PP?

Rajoy renuncia a su acta de diputado. Es el último episodio del momento que vive el PP. Un partido que, sin cabeza aún, ya ha pedido la dimisión de Pedro Sánchez, presidente desde hace 2 semanas, y estudia una moción de censura. Ha presentado 9 preguntas para la próxima sesión del Congreso y prepara más acciones. El gobierno apenas ha echado a andar. Se encuentra en fase de nombramientos, atender asuntos urgentes presupuestarios como la paga extra de los pensionistas y poner en marcha medidas llamativas –y positivas-. Como la devolución de la Sanidad universal a los residentes en España que tardará unas semanas en ser efectiva.

Con todo el lío de los emigrantes que les van a comer el pan a los mucho españoles, la Catalunya que quiere romper España y la búsqueda enfebrecida de ministros a los que pillar en falta y echar, pasan desapercibidas noticias a tener en cuenta. Por ejemplo, que  el BCE cierra el grifo. Ha anunciado que dejará de comprar deuda pública europea en Diciembre. Y de ahí viene una cascada de cuestiones.

Confirmamos la inyección que el Banco Central de la UE ha venido suministrando a las economías de la Eurozona. Los datos facilitados nos dicen que  ha invertido a ese fin 2,5 billones de euros desde 2015. De ellos, casi 250.000 millones le han tocado a España. En realidad, falta un buen lote de dinero por contabilizar. Fue en 2012 cuando Dragui anunció que  “haría todo lo posible por salvar el euro” y se lanzó a comprar deuda. Casualmente, la ayuda del BCE empezó con la llegada de Rajoy a la presidencia de España. Recordarán  que con él se alcanzó el top de la prima de riesgo:  650 puntos en julio de 2012. Y, ahora, cesa ese soporte extra cuando se va o lo echa una moción de censura. Le llamaron “Programa de Expansión Cuantitava”. Fue cualitativa también, en la práctica. A nuestro afortunado dirigente le vinieron de cara los vientos de millones europeos. Pero ¿qué se hizo con ellos o con la Deuda que sufragaban?

Miremos a ese foco de atención: 250.000 millones de euros confesos en 3 años y  poco. Y a la vez aumento récord de la Deuda Pública. Rajoy la cogió en 743.530 millones de euros y el 69,5% del PIB.  La ha dejado en más de 1.000.000 millones de euros y casi el 100% del PIB. Tan abultado endeudamiento consume una media de 31.000 millones de euros en intereses cada año. Son créditos y hay que pagarlos. Es hora de preguntarnos ¿dónde  metió el dinero el gobierno de Rajoy?

Numerosos miembros del PP aludieron como causa a facturas que se encontraron sin pagar en los cajones. Con ese dineral, habremos adquirido ¡quien sabe! si países enteros de esos que arruinan sus colegas ¿saben ustedes de alguno o de otra inversión que justifique semejante desembolso?

Se añaden varios agujeros más como el consumado a la Hucha de las pensiones. El PP la ha dejado temblando al punto de acudir a créditos para cumplir.  El gobierno del PSOE, recién llegado, ha tenido que pedir otro para pagar la extra de verano. No ha debido encontrar las arcas llenas de la recuperación. El PP no bajó impuestos, subió algunos inicialmente. Y  los recortes al Estado del Bienestar rozan lo escandaloso. ¿Dónde ha metido el dinero el PP?, insisto.

Muchos ciudadanos prefieren ocuparse de banderas, les hiere profundamente en su corazón mucho español que se ayude a los refugiados, el gasto que, según ellos, cuesta tener más ministras, pero no les hables de dinero en serio porque se aburren. O no se lo creen. Los pensionistas sí se han enterado ya. Las mareas se comprenden mejor cuando el agua moja los pies.

Los hogares con pobreza energética (que es una forma de denominar a la pobreza completa) han aumentado con Rajoy un 62%. Han pasado a hundirse en esa limitación más de 700.000 personas. Este dato forma parte de un trabajo muy completo de Emilio de la Peña en Ctxt.es. En él destaca cómo el salario real en euros ha bajado un 5%, han aumentado los trabajadores pobres, ha disminuido la inversión en sanidad o educación.  Hemos perdido en consecuencia puestos en el ranking de los sistemas sanitarios públicos más eficientes. Los ricos son cada vez más ricos. También con datos.

Por cierto, cabe preguntarse dónde habrá metido el PP el presunto ahorro de restringir la sanidad pública. O del copago y el medicamentazo que dejó fuera del sistema de salud más de 400 fármacos.

Más de medio millón de niños pasaron a engrosar  la pobreza infantil desde que entró Rajoy en el gobierno.  En tiempo récord además. En noviembre de 2011 había en España 2.226.000  viviendo bajo el umbral de la pobreza. La misma organización que lo evaluó, Save the Children, ya daba la cifra disparada en  2014: 2.826.549. Periodistas a sueldo, muy buen sueldo, para lavar la cara al PP, de los que vemos chillando en las tertulias, cuestionan estas cifras. A saber qué entenderán por riesgo de exclusión social, repiten, desde sus orondas vidas.

El alza de tasas universitarias, los créditos que entrampan e hipotecan la vida, las becas en rebaja. El éxodo de jóvenes y mayores por falta de trabajo. La vivienda cara, los alquileres en ascenso prohibitivo, los desahucios.   De los de tirarse por la ventana cuando llega la policía a echarlos de casa por orden judicial de un banco y de un Fondo Buitre.

¿Qué ha hecho con el dinero el gobierno de Mariano Rajoy? La justicia está certificando los ladrones que albergan en su seno. Esos que “hace mucho tiempo ya que no están”. Sabemos de los rescates. De despilfarros a la brava. En infraestructuras, especialmente.  La propaganda hizo de su gestión económica la mejor baza del PP, pero no salen las cuentas.

Y aún así hemos de aguantar a Rafael Hernando, a quien en Twitter me permito calificar de portacoz del PP, dada su virulencia verbal. O a su colega Martínez Maíllo tergiversando el papel del Congreso que es quien otorga las mayorías. A sus voceros.

Queda mucho por hacer en España. Empezando por la educación de esos millones de personas que no saben ni dónde les aprietan los zapatos.

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Al rescate de los refugiados y de la democracia

Cada vez que se produce un episodio con refugiados atrapados en el mar se desencadenan las mismas diatribas. Y con los mismos falaces argumentos por parte de la derecha xenófoba que engloba a muchos más de los que se cree.  Lo que está en cuestión es la confrontación entre ser humanos o inhumanos.  Y, una vez tras otra, se demuestra la proporción que nutre cada lado.  Es una batalla crucial. Con posturas irreconciliables y excluyentes. La diferencia es que una de ellas ataca los cimientos de la convivencia democrática.

En las leyes internacionales, por muy contradictorias que sean sus competencias, prevalece, como máxima prioridad, la atención a las personas cuyas vidas están en peligro. Más aún, la omisión de socorro a náufragos es un delito. Cierto que se viola impunemente mientras, desde la Unión Europea a sus ciudadanos, miran para otro lado. Están dejando pasar atropellos intolerables, impensables en la condición humana al menos en períodos menos siniestros que los actuales.

Hemos visto pasar en este último tiempo no solo numerosas víctimas mortales sino rostros atravesados de espanto de niños y adultos. De dolor, de impotencia. Los hemos visto caminando en el barro, durmiendo en el suelo, con lluvia y nieve, tras barrotes con los que premiaron su llegada a la Europa prometida, bajo las miradas de botas militares. Y  nuestra vida ha seguido su curso, ignorándolo. La UE pagó nada menos que al presidente turco Erdogan para desembarazarse de ellos. Países miembros  de la Unión cerraron sus fronteras.

Niña refugiada en el campo de Idomeni, Grecia. Eduardo Rivas
Niña refugiada en el campo de Idomeni, Grecia. Eduardo Rivas

¿Quieren abordar a fondo el problema?  Pues lo primero es revisar la  venta de armas a países en conflicto –como mínimo-. Y ya les aseguro que eso no va a ocurrir. Hay demasiada gente ganando cantidades obscenas de dinero con ese negocio. Otro punto esencial a examinar nos sitúa ante los intereses estratégicos y económicos de Occidente en países de procedencia de los refugiados. Su papel incluso en provocar conflictos. Ardua tarea. Con ese lastre de partida habrá que ir a buscar soluciones a las derivas de esta sociedad.  Quizás en el fondo es el quid de la cuestión.

Xenófobos y neofascistas consiguen mayorías ya en algunos países europeos. Personas aparentemente normales han colocado con sus votos a dirigentes de extrema derecha en los gobiernos. Por alguna incomprensible causa, esos seres obtusos y despiadados se creen superiores a los migrantes.  Es al contrario, el auténtico peligro para la convivencia son ellos.

Hemos de analizar qué ha podido llevar a una parte de la sociedad  a permanecer impasible ante tanta inhumanidad, a callar, a menospreciar el dolor exacerbando su egoísmo. Entre los rescatados por Médicos Sin Fronteras y acogidos en el Aquarius, hay siete mujeres embarazadas y 123 menores que viajan solos. Los hombres han dormido a la intemperie, las mujeres y los niños a cubierto, cuentan los periodistas que viajan con ellos. Escasea la comida.  Ayuda a entender ponerse en el lugar del otro, imaginarlo por un momento.  Verse en una situación crítica, con peligro vital, y que salvo unos pocos nadie mueva un dedo. Y el mundo entero siga con sus charlas incluso sobre ti. Experimentar la sensación de sentirse tan abandonado. Temer el después. Niños y adultos vagando, usados, prostituidos. ¿No lo han pensado?

Lo asombroso es que no se vea la sociedad que se está creando y la ceguera con la que comienza a abrazar el fascismo creyéndolo solución. No lo es. Por el contrario, hoy es nuestra principal amenaza.

A tener un ministro del Interior como Matteo Salvini no se llega ni en un día ni por casualidad. Y de hecho en esa senda hay numerosos países en este momento, por distintas vías. La de Italia pasa por la corrupción mafiosa incrustada en las instituciones y en una parte de la sociedad. Por la falta de respuestas políticas a la precariedad. Por las reacciones de una ciudadanía educada en la frivolidad y la idiotización televisa. Problemas que reconocemos bien como propios. El caos italiano ha llevado al poder a una coalición entre el movimiento -antisistema pero menos-  5 Estrellas y la ultraderechista Liga, llamada ahora así, sin apellidos. Tan singular que su  propio líder, Matteo Salvini, fue elegido por Calabria, situado abajo, justo en la punta de la bota de Italia, tras haber combatido en sus discursos al Sur perezoso. La Calabria, trufada de mafia, que paga 25 euros por 12 horas de trabajo a los emigrantes y en la que, no por casualidad, acaba de morir asesinado un jornalero de Malí de 29 años.

La ultraderecha, los Salvini de turno, los Albiol, hace crecer el odio sin aportar soluciones. Sus falaces discurso calan sin embargo en mentes proclives. Les podemos garantizar que no han sido los emigrantes los que han precarizado su vida, han sido las políticas del abuso y fomento de la desigualdad que precisamente ellos practican. Ese capitalismo salvaje cuyos excesos han vuelto a embarcarnos en el ascenso del fascismo. Puede afirmarse  también, con rotundidad, que el fascismo no soluciona problemas. Los acrecienta.

Es cierto que Italia se ha comido la mayor parte de la crisis migratoria. El problema no es solo suyo, es de todos. Hay que tomar medidas, estudiar soluciones conjuntas dentro de la Unión Europea.  Eficaces y urgentes. La decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de traer a España a los refugiados a los que el gobierno italiano cerró los puertos es un paso importante que les conmina a ello.  No se acaba el gran cisma sin embargo entre los demócratas y la chusma inhumana con la que convivimos y se destapa a la menor oportunidad.

No me digan, como andan por los medios los “expertos” de turno, que aprueban por humanidad y por mandato de la legalidad internacional la decisión del gobierno español pero que si las mafias, que si el efecto llamada y la maldad de las soluciones particulares.  ¿Qué es pues lo que aprueban? ¿Qué mueran las personas rescatadas en el Aquarius, como han muerto ya miles, mientras volvemos a aplazar las salidas?

Van “creciendo” en las referencias  los miles de refugiados que han llegado a Italia o Europa en su conjunto. Al final, se diría que toda África y toda Asia residen entre nosotros. Cualquier demócrata preferiría, si lo piensa bien, tener a su lado a esos miles de seres humanos tan valientes como para arriesgar su vida por vivir realmente que a los millones que votan ultraderecha xenófoba, aunque se autojustifiquen llamándola incluso centro-derecha. Y no digamos ya, en España, a ladrones que nos han expoliado. Con lo que nos han robado podíamos vivir decentemente, nosotros y los miles de miles de migrantes.

Los españoles, algunos,  empezamos a ver un punto de luz entre tanta tiniebla que nos apagaba. Gestos si se quiere, pero algo en otra dirección. Mucho por hacer.  Y a fondo. Quizás, de ese sector de la sociedad que no cree en la democracia, que la combate y le pone zancadillas, habrá una parte rescatable entre los tibios, al menos.

El fascismo se combate leyendo y reflexionando. Abriendo la mirada. Porque ya está aquí.  Uno de los pensadores que más se está empeñando en denunciarlo y combatirlo es el filósofo holandés Rob Riemen.  Aconseja llamar al fascismo por su nombre. No es “populismo” como se desliza por los medios, en busca a veces de réditos electorales. Ese populismo es la demagogia de toda la vida, Y el fascismo es el fascismo. Y llega, advierte Riemen,  cuando se pierden los valores. Pasó en los años treinta. No puedo estar más de acuerdo.  Propone como solución centrarse, regresar, a un Humanismo europeo. Salvar vidas humanas es el primero capítulo.

Cultura para abrir los ojos, decencia como motor, empatía con los otros seres humanos. Y proa directa a los que no lo son.  A la ultraderecha xenófoba, al fascismo, a quienes les apoyan y escuchan. Ahí tenemos a los verdaderos enemigos de la democracia. Y son tantos ya los que la secuestran que se precisa también rescatarla.

Feria de autores (de libros o no)

Acaba la Feria del libro de Madrid y llegan los datos. El primero, las ventas. Es una Feria. 8,2 millones de euros, lo que implica un descenso  del 7% respecto a 2017.  Los organizadores lo atribuyen a la lluvia y el viento que ha azotado la capital como a otros muchos lugares de España. 2,2 millones de visitantes. Y un récord de autores firmando: más de 2.000.

Si se mira bien, es una Feria de autores en la que se venden libros. La megafonía no deja de recitar los nombres y las casetas en las que se encuentran. Es como unFarenheit 451 paradójico. Una voz señala en tono monótono dónde encontrar al ídolo. En un universo tan variado como la propia vida.

Los visitantes, tantos en fin de semana que entorpecen el paso, buscan quién tiene la fila más larga. Este domingo de cierre, el título andaba entre María Dueñas, Miguel Ángel Revilla, Sandra Barneda, Leticia Dolera, Carme Chaparro y una tertuliana de ultraderecha. Todos aparecen en la tele, en programas estelares u ocasionalmente. Enorme expectación también Roberto Santiago, cineasta y autor de éxito de libros para niños y jóvenes.

El escritor Manuel Rivas dialoga con lectores
El escritor Manuel Rivas dialoga con lectores

Veo a Benjamín Prado. Un poco más allá a Manuel Rivas charlando relajadamente con los lectores que se han acercado. Muchos escritores señalan que ese contacto directo les enriquece y estimula. No queda tanto tiempo cuando la fila da vueltas a la caseta, como le ocurrió el primer día a Jiménez Losantos. O a los youtubers que un año más acaparan la máxima atención.  La autoayuda sigue arrasando. Y está el autor al que no le llega casi nadie, mientras pasan los visitantes y miran.

 La Feria del libro nos sitúa ante la propia estructura de la sociedad actual. Sigue habiendo ciudadanos interesados en la ficción de calidad o el ensayo que aporta análisis de interés. Pero tiene esa otra cara: la búsqueda del famoso, escriba lo que escriba, haga lo que haga. Para verle de cerca, mirar la dedicatoria, seguramente colgar su libro en la estantería sin leer. En algunos casos, por fortuna. Y es de temer, de haber un pulso, quién ganará.  Los  famosos de la peor televisión de la historia andan formateando a la  sociedad.

La Federación del gremio de libreros hizo público un barómetro en enero. Se lee más pero peor, señalaron. Con menos tiempo y reflexión. Casi el 65 % de las mujeres leen algún libro al año. Los hombres, diez puntos menos, el 54%. Los niños leen o les leen de forma habitual. Los jóvenes también, pero a partir de los 25 años van abandonando paulatinamente la lectura. Las mujeres recuperan el hábito a partir de los 35 años. Estos porcentajes se han dado en la Feria de Madrid, en su presencia. Gran número de mujeres buscando libros de mujeres sobre todo. En muchos casos por su fama. Los contenidos son esenciales. Siempre.

Se habló de no dar el top de ventas. Irá parejo a las librerías. La autoayuda -pseudo ayuda, pseudo literatura- convive con ensayos de entidad. El secuestro de la justicia: Virtudes y problemas del sistema Judicial, de Ignacio Escolar y Joaquín Bosch Grau, es uno de los libros más vendidos. María Dueñas vende siempre. Leticia Dolera  ha entrado arrasando con su libro feminista Morder la manzana.Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes es otro de los grandes éxitos de la temporada. Breves historias de mujeres buenas y malas que pueblan la historia.

La vida real se abre paso también en la literatura. Si las ferias son de autores, el escaparate diario lo protagonizan los libros. Para quedarse a solas, incluso en medio de la gente, con sus historias. La selección, una vez más, en esencial. Si es de mujeres para las niñas rebeldes de todas las edades, hay un buen surtido. Desde la emperatriz japonesa Jingū (Circa 169-269) que quería apoderarse de la tierra de los tesoros, a Maya Angelou, la escritora  norteamericana, fallecida en 2014, que permaneció muda hasta que encontró su voz. Previamente se hizo con la base: memorizando palabras.

Como los libros en  Farenheit 451. Palabras, ideas, sueños, nombres –por favor- que merezcan la pena.

 

*Publicado en eldiarioes 10/06/2018 – 

Pedro Duque, mente lógica y abierta

Es el nuevo ministro de Ciencia de Ciencia, Innovación y Universidades del gobierno de Pedro Sánchez. El astronauta e ingeniero aeronáutico español Pedro Duque, tendrá a su cargo lo que probablemente son tres de sus grandes pasiones. Lleva en las venas la lógica, el premio al esfuerzo y la igualdad de oportunidades. Por tanto combate la pseudociencia.  “Defender la homeopatía es más sangrante que negar que pisamos la Luna”, ha declarado. Y cree que no todo es opinable. Algo que tanto cuesta entender.

Nació el 14 de Marzo de 1963 en Madrid, en el Barrio obrero de San Blas. Hijo de un controlador aéreo, pronto reveló su vocación y sus extraordinarias aptitudes para el estudio. Se licenció con matrícula de honor –y nota media de 10- en Ingeniería aeronáutica en la Politécnica de Madrid. Mientras estudiaba, trabajó como becario en diversos proyectos del Laboratorio de Mecánica del Vuelo. Contratado por una empresa privada, empezó a colaborar con la Agencia Espacial Europea en 1986, en Alemania. Se especializó en programas de órbitas de naves espaciales y participó en el control de vuelo de los satélites ERS-1 y EURECA.

Fue seleccionado como astronauta entre 6.600 aspirantes y se preparó en EEUU, en la NASA. Voló al espacio por primera vez en 1998 durante 9 días, en el Trasbordador espacial ‘Discovery’. Se trataba de investigar el Sol y la falta de gravedad. Cinco años después regresó al espacio a bordo de la nave rusa ‘Soyuz’, que le llevó a la Estación Espacial Internacional. El astronauta español desarrolló un extenso programa experimental -25 trabajos- en las áreas de biología, fisiología, física, observación de la tierra, educación y nuevas tecnologías.

Era el año 2004 y Pedro Duque apenas acababa de regresar a establecerse de nuevo en España. Mi pasión romántica por la ciencia me llevó a llamarle para un libro en el que pregunté a hombres muy diversos sobre la mujer. Fue una entrevista en la que nos costó entrar por la temática infrecuente para un científico, pero muy ilustrativa. Duque es una persona que responde con absoluta racionalidad y puede resultar demoledor por ello, y a la vez tiene un punto de ironía en la mirada y hasta una cierta piedad por las preguntas que no le encajan.

Como todo, su feminismo es resultado de la lógica, del equilibrio también como solía repetir. “Yo no entiendo cómo se puede decir que el 50% de la población es raro, desde el punto de vista estadístico es una contradicción muy grande. Es imposible”, me dijo sobre los grandes tópicos de los hombres sobre las mujeres.

Le había visto rodeado de centenares de niños, celebrando el Día de la Ciencia en el Recinto Ferial Juan Carlos I de Madrid, atendiendo sus preguntas y primándolas sobre las de los periodistas. Feliz de ese contacto. Duque cree que todo empieza en el colegio, en la familia, de niños. Desde luego, la prevención del machismo.

– “Los únicos esfuerzos que van a valer de algo son los que se hagan en los colegios de primaria. Todos los demás, son solo parches y paliativos. Lo que hay que hacer es enseñar a los niños y a las niñas a convivir de otra manera y a no tener relaciones jerárquicas entre ellos. Hay que empezar desde pequeño. La labor del maestro es fundamental y de tías y abuelas, de tíos y  abuelos…”

A sus alumnos les contaba cosas tan interesantes y prácticas como que, si la tecnología espacial se extendiera a la aeronáutica, se podría volar de Londres a Nueva York en 35 minutos, saliendo de la atmósfera y volviendo a entrar. A mí me pareció fascinante.

No le asustan las mujeres inteligentes como a otros muchos hombres, lo que sin duda le va a venir muy bien en el Consejo de Ministros.  Al pedirle que me citara un nombre de mujer a la que admirase, Pedro Duque no recurrió, como se hacía hasta hace poco única e invariablemente, a Marie Curie. Recordó a una de las más injustamente olvidadas: Ada Augusta Byron, hija del escritor con el que apenas convivió, condesa de Lovelace, la precursora de la programación informática por intuición y deducción. A mediados del XIX.

– “Lo que sí es admirable es que personas, sean hombres o mujeres, a quienes no les han dado formación, se hayan impuesto a sí mismos disciplina, tirar para adelante y demostrar que podían llegar a grandes cosas”

En sus tuits recientes sigue en la misma tónica: “La educación pública y realmente gratuita es la base para el desarrollo. No perdamos a los genios, una de esas niñas podría ser muy grande”.

La mujer, su mujer, el apoyo de alguien, el contrapunto. “Es completamente innatural estar todo el tiempo tratando de tomar las decisiones solo. Siempre tiene que haber alguien que tenga otro punto de vista. Es interesante contrastar todas las decisiones. Contar con quien tengas confianza absoluta”.

Pedro Duque ha saludado su nombramiento como ministro con un tuit que le resume y que emociona.

Pedro Duque@astro_duque

Ojalá estuviera mi madre. Siempre @forges

La España real vence a la trama Frankenstein

Hemos contenido la respiración hasta que a las 11.30 del viernes 1 de junio, 180 votos a favor de Pedro Sánchez le convertían en presidente del gobierno de España. Cómo habrá penetrado la corrupción en las entrañas del Estado que millones de personas temían ver surgir un “tamayazo” que desbaratase la elección del secretario general del PSOE.  El propio Mariano Rajoy se encargó  de dejar en evidencia a quienes de alguna forma le amparan. Acribillado su partido por la corrupción, le faltaba dar la nota final: el desprecio al Congreso de los Diputados, depositario de la soberanía popular con una espantada intolerable.

No cabe despedida más infame que agarrar la cartera, salir del hemiciclo sin que la presidenta hubiera  suspendido hasta la tarde la sesión, y “recluirse” – como titulaba RTVE-  en un restaurante cercano 8 horas, mientras caían hasta cuatro botellas de whisky. Con ministros entrando y saliendo, a un kilómetro de un Congreso que  debatía su moción de censura. Y salir apimplado, ya de noche.

Cualquiera hubiera pensado que la prensa generalista se volcaría en la necesidad ineludible de apartar a semejante presidente de las tareas de gobierno. Pero no. Su preocupación máxima era que Pedro Sánchez iba a sustituir a Rajoy en La Moncloa. Los medios internacionales titulan con los hechos: el presidente del gobierno español ha sido depuesto por corrupción. Los españoles siguen con su campaña de presiones para mantener su modelo.

Ya no pueden defender a Rajoy, pero sí a lo que representa. Las críticas al presidente censurado se alternan con durísimos ataques a Sánchez. Como objetivo: elecciones inmediatas que, en la confusión del momento, elijan la continuidad. No cabe peor solución ahora. Los tenebrosos augurios que plantean no tienen otro fin que dejar todo igual, esta vez con Albert Rivera al frente. U otro candidato del PP que sume fuerzas con Ciudadanos.

El Pedro Sánchez que dimitió incluso de diputado es acusado de “ambiciones monclovitas”. Le culpan de “recitar todos los desgastados comodines del lenguaje político: consenso, estabilidad, diálogo”. De demoler al PP. Aún apelaban en los diarios del viernes al “sentido de Estado” de un Mariano Rajoy que se pasó la tarde del jueves de larga sobremesa, recibiendo visitas de ministros y altos cargos interesados por su futuro. Estremecidos, temen su gobierno “inviable” y “temerario”. El que llaman “Gobierno Frankenstein”. El gobierno de Sánchez se vería, dicen, “tiranizado por los requisitos del PNV -Partido Oportunista Vasco-“. Esto último es de El País que un día fue un periódico serio.

Este viernes el escenario es distinto a hace dos días siquiera. La moción de censura ha tumbado al PP y ha señalado a la trama corrupta que ha invadido las entrañas de este país. La que ha  sembrado  de focos infecciosos las instituciones y los pilares fundamentales. Pase lo que pase, es ya así.

El otro notable resultado de la moción ha sido la bajada del suflé Albert Rivera, lastrado por su no a la moción, de alivio al PP. El líder de Ciudadanos  llegó a decir a los nacionalistas catalanes: Aprovechen estos meses de gobierno Frankenstein para violar derechos y libertades, para acosar, señalar  y que no se pueda defender la libertad y la unión. ¿Qué vendrá después? ¿Los tanques? Rivera y sus soflamas extremas dan cada vez más miedo.

España es un país al que los defensores del sistema corrompido no conocen. Porque ni siquiera la miran. No conocen a su sociedad y cómo vive y siente hoy. Todo lo que no sea su modelo es ETA, separatistas, podemitas y populistas. Mientras ellos se ven a sí mismos ejemplares y dignos de imitar.

Su modelo, a tenor de sus ataques, es un Estado centralista, uniforme, manejable, obediente, disciplinado. Blanco si pudieran, de superioridad masculina, si pudieran que ya no. De personas que hablen español, cumplan las normas protocolarias en el atuendo, y sueñen -si es el caso- sin estridencias. Uno, grande y atado.

Para esa sociedad que no existe hacen planes desde los despachos, los palcos o las cenas exquisitas para estómagos estragados. No escuchan sus acentos. No los admiten. Les repugnan. Desprecian cuanto se aleje de su prototipo altamente estereotipado. Y los señalan como si todos los ciudadanos compartieran el asco que ellos sienten por los que ven diferentes.

Los Frankestein son ellos. El PP, sus medios, sus tertulianos casposos, sus jueces, sus policías. Los que desde la llegada de Rajoy al poder aumentaron la desigualdad, el autoritarismo, las mentiras como norma de funcionamiento, la inseguridad en el futuro. Los que con su intransigencia incrementaron el independentismo catalán del que tanto se aprovechan con fines electorales.

El Dr. Victor Frankenstein fue el malvado que construyó un ser bueno aun hecho de retazos inservibles. que ni siquiera tenía nombre. No al revés. El pueblo inculto acudió en masa al castillo a destruirlo. Por ser deforme y distinto. Una metáfora completa. Lean el libro que escribió Mary Shelley en 1818.  Y dejen de poner rótulos fuera de sus propias cabezas.

No sabemos cómo nos irá con Pedro Sánchez  pero de entrada puede afirmarse que infinitamente mejor que con Rajoy o cuantos se le parecen. Sánchez ha sorprendido por su audacia y tenacidad. Y su iniciativa ha cuajado en un momento de hartazgo insuperable que los causantes no llegaban a ver, o pensaban iba a ser sofocado una vez más. Gente muy diversa se ha unido, es cierto, la real, la que puebla las calles de España con el mismo derecho que esas élites endiosadas. Las que han quedado desnudas y caducas, súbitamente, de nuevo. Aunque hay que estar atentos a sus coletazos y descalificaciones.

Lo difícil y “complejo” es gobernar con sus zancadillas.  Con sus medios ferozmente en contra. El aplauso tras ganar la moción, con personas que jamás pensaron votar al PSOE felices en la tarea común, con diputados de Unidos Podemos coreando ¡Sí, se puede!  Es inédito en España. E ilusionante. En Portugal lo han logrado. Se precisa “mano izquierda”, en todos los sentidos. Habrá que aprender las nuevas dinámicas hasta para enjuiciar este gobierno, ejercido por el PSOE y sustentado por una suma de minorías que precisan unas de otras y han de saber su lugar.

De Pedro Sánchez y esta etapa se espera que no defraude las esperanzas que han nacido con este cambio. Han de ser contenidas, pragmáticas. Aprendiendo de los errores pasados, propios y ajenos.  Basta ese primer paso. Con cautela y fuerza. Orillando reproches  como hará de continúo la oposición. El PP y Ciudadanos son ya la oposición ¿pueden creerlo?

Expulsar al PP del gobierno es una exigencia ética

Lo terrible de este país es que se dude de la ineludible necesidad de deponer al gobierno del PP.  O se obstaculice. Ya es inaudito en una sociedad democrática que Rajoy no haya dimitido y convocado elecciones. Pero, dado el comportamiento continuado del Partido Popular, es la actitud esperable. No ha habido ningún error. Lo alarmante, por tanto, es que no sea  un clamor, político, mediático, ciudadano y de todas las instancias, que el PP no puede seguir en Moncloa.

Nos encontramos ante una organización que ha parasitado el país. Con una red, apenas invisible, de apoyos mediáticos y empresariales. Incluso ha infectado a la sociedad que la aguanta como normal. Todos saben lo que han hecho.  Saben de la Caja B del PP, acreditada en la sentencia de la Gürtel, y cómo han usado ese entramado con los principales condenados. Corrupción desde hace casi 30 años. Y, lo juzgado, es solo una primera parte de Gürtel, queda ese abecedario de casos que desde Púnica a Lezo ha saqueado el erario público. Cómo será que ha sido condenado a tres años y medio de cárcel un ex vicepresidente autonómico, de Castilla León, y ha pasado hasta desapercibido.

Sonroja ver salir a toda la cuadrilla de notables con esa cadena de mentiras, blanqueo de la corrupción y ataques a Pedro Sánchez que les ha presentado una moción de censura.  Cospedal, con su potente ministerio de Defensa tras ella, acusa al líder del PSOE,  de ser “Enemigo del Estado de Derecho”.  Un Estado de Derecho en el que la número 2 del PP ha llegado hasta a rechazar la sentencia de la Gürtel y descalificar a los jueces.  La vieja y chirriante táctica que no hace sino confirmar la urgencia de echar al PP del gobierno.

En todos los tonos, han ido destacando que con la moción peligra la estabilidad de España. Es decir, que la estabilidad de España es la corrupción. Insultante y doloroso si se tiene un mínimo de decencia. Dastis, ministro de Exteriores, dice que “quién esté libre de pecado –pecado- que tire la primera piedra”. Desde el PSOE, el expresidente extremeño Rodríguez Ibarra declara que “le importa más el independentismo que lo que haya robado el PP”.  Esa laxitud moral es causa de no pocas deficiencias en España.

Nada hay  que desestabilice más que la corrupción y, con ella, la falta de escrúpulos con la que se acepta. Han salido ministros, portavoces. Individuos que son considerados personalidades y reciben tratamiento de excelentísimo en muchos casos. Esta España de la que nos obligan a enorgullecernos, bajo patriotismos de banderas  y no por valores esenciales,  arrastra una indecencia secular en sus élites.

Es tremendo el silencio  sobre la corrupción del PP de intelectuales, organizaciones varias, la privilegiada jerarquía católica de quien se espera salvaguarde como mínimo la moralidad. Del jefe del Estado que tan presto y decisivo fue en octubre para la dura reacción contra el referéndum del 1-O en Catalunya. Dado que entonces se pronunció, no se entiende que no lo haga ahora.

La moción de censura es de resultado incierto. Podría salir, digan lo que digan. Con el voto de los nacionalistas, sin duda. Como ha hecho, cuando le ha convenido, el PP. Conservando los acuerdos que les dio Rajoy  al PNV (los iban a tener igual si siguiera el PP). Unidos Podemos y Compromís suman 71 diputados y dan apoyo sin condiciones.

En principio el apoyo del PSOE lo tiene también, aunque con las reticencias habituales de barones, baronesa y vieja guardia.  A los independentistas, ni agua, vienen a decir, cuando necesitarían sus votos. Las conversaciones iban marchando, a salvo de torpedos que pueden ser lanzados en cualquier momento, como éste de Borrell.

El obstáculo fundamental para la moción del PSOE está en Ciudadanos -que marca la agenda política con 32 diputados y… las encuestas-. No quiere que Sánchez sea presidente, quiere elecciones que supone le harían ganar o conseguir más escaños.

El Ibex ha irrumpido sin tapujos a su favor y al del partido de la Caja B. Plantea un pacto de estabilidad Rivera-PP de 12 meses antes de ir a elecciones. Un directivo dijo: “Esto no puede seguir así”.  ¿La corrupción? En absoluto. En “la economía” que va tan bien. Para ellos. La presunta recuperación económica es tan sesgada, que un informe del Banco de España certifica  el constante aumento de la desigualdad y el  enriquecimiento desproporcionado de las grandes fortunas con “la crisis”. A costa del resto de la población, por supuesto.

Sí, echar a Rajoy es una exigencia ética y nada justifica demorarlo.  El resultado de una moción de censura, de toda decisión democrática, está en las mayorías. Si gana Sánchez y forma gobierno será un resultado impecablemente democrático. Y no lo es descalificar a diputados elegidos por millones de personas como hacenAlbert Rivera y varios miembros de Ciudadanos y del PP.

Un gobierno sin Rajoy de inmediato

Tenemos los políticos que tenemos, insisto una vez más. No son esperables milagros, no existen. Pero hay grados. Imaginen, por un momento, que el sábado, ya no es presidente del gobierno Mariano Rajoy, con cuanto implica. Ya no toca sufrir las filípicas de Soraya de Santamaría y sus maniobras orquestales en la oscuridad. Ya no se ocupa de la Defensa María Dolores de Cospedal.  Ni adoctrina niños en valores castrenses,  junto al portavoz y ministro de Educación, Méndez de Vigo y ambos pueden cantar con el ya ex ministro de Interior, Zoido, y el ex de Justicia, Rafael Catalá, El novio de la muerte en la intimidad.

El sábado puede no ser Ministro de Hacienda Cristóbal Montoro. Ni Fátima Báñez tener a su cargo el empleo, el paro y las reformas laborales. No representarnos fuera de España, Dastis. Que el portavoz Rafael Hernado se guarde sus coces para repartir desde su escaño. Que no se ocupe de agricultura, pesca, alimentación y medio ambiente, García Tejerina, si alguna vez lo hizo. Ni de la sanidad, Dolors Monserrat.  El sábado o poco después todo ello, cuando establece el reglamento el relevo.

La semana próxima RTVE puede tener un presidente que devuelva la libertad de expresión y el derecho a la información. Piensen en cuántos organismos podrían ser renovados para cumplir el servicio a los ciudadanos. Cuánta labor se puede hacer por recuperar los derechos y aventar las mordazas.

No hacen falta prodigios. La política, la sociedad, están muy tocadas por  la degradación.  Cualquier persona preparada, honesta, consciente de su papel como servidor público, es mejor que quienes han secundado esta larga etapa de ignominia.

¿Ocurrirá así? No es fácil, aunque no imposible. Es posible, aunque hay muchos dispuestos a impedirlo. Pero ¿a qué es hermoso el sueño posible de que llega el fin de la pesadilla? Porque implicaría el comienzo de otra etapa, con dificultades sin duda, para construir sobre terreno más limpio, al menos.

Prioritario: Atajar la corrupción del PP y la de sus cómplices

La sentencia de la Gürtel ha tenido consecuencias políticas. El PSOE ha cumplido lo que era ya un deber ineludible y ha estado a la altura de las circunstancias presentando una moción de censura a Mariano Rajoy. Bien encauzada, al proponer un  gobierno de Pedro Sánchez que repare algunas graves fracturas sociales, para, después, convocar elecciones. Unidos Podemos le ha ofrecido “apoyo incondicional”. Los números están muy justos y obligan, en los diferentes bandos, a la flexibilidad. Es esencial extremar la atención porque el problema de la corrupción no acaba en el PP como partido.

Tenemos el país que tenemos, la sociedad que tenemos profundamente afectada por tantos años de corrupción y de mirar para otro lado. Hay infección y contagio. Muchas rémoras se arrastran y no se ve un horizonte idílico, pero  cualquier opción es mejor que vivir en este estado que ha corrompido hasta la vida diaria. Es indispensable saber que la trama viene actuando desde diversos flancos y que nuestra única esperanza es la decencia. Nada menos. Y, por tanto, desactivar la engrasada maquinaria corrupta que acompaña al PP, con información, con denuncias, apelando a la ética, a la honestidad.

La corrupción del PP no hubiera sido posible sin todos aquellos que la apoyan. Los corruptores empresariales, los cómplices mediáticos y la propia sociedad que sustenta estas prácticas delictivas con su silencio e incluso sus votos. La sentencia de la Gürtel está sirviendo de catalizador para detectarlos con toda nitidez. Es uno de los aspectos nada secundario que acarrea la decisión judicial. Y no tienen más que ver las portadas de los diarios tradicionales para saberlo. La postura de Rajoy, sus tenebrosas amenazas, su desprecio a Pedro Sánchez priman de tal forma que la condena por corrupción parece algo irrelevante.  Una temible crisis institucional  nos  golpea y es por la moción de censura.

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Rosa María Artal💜@rosamariaartal

El Mundo, ABC, La Razón y El País. Cualquiera diría que este ejército mediático sale en defensa de Rajoy y la corrupción del PP.

El PP ha reaccionado con las técnicas habituales. Las conocemos. Acaba de pasar por el proceso Cristina Cifuentes como antes lo hiciera José Manuel Soria, salvando las distancias. Es un protocolo reglado. Minimizar la acusación (en este caso la sentencia), mentir sin freno, agarrarse a  presuntos eximentes: “casi no es una condena” –lo dijo Hernando- y al voto particular de un magistrado. A continuación,  esparcir basura, atacar y despreciar a los oponentes políticos que les critican,  para seguir encandilando a los del “todos lo hacen”.  Creer este cuento a estas alturas, tras toda una vida de corrupción institucionalizada -desde 1989 ha sido acreditada judicialmente-, no cuela. No existe gente tan estúpida, tan corrupta en su permisividad, sí.

El protocolo debe incluir ocuparse de nombramientos judiciales. En 9 años de instrucción han sufrido los rigores del PP en el poder policías, fiscales y jueces. El magistrado del voto particular, el juez Ángel Hurtado, defendió que estuvieran en el tribunal con él los constantes Enrique López y Concepción Espejel, se opuso a que fueran apartados por su vinculación al PP,  intentó sin éxito que Rajoy no fuera citado como testigo y retrasó la publicación de la sentencia hasta, casualmente, la aprobación en el Congreso de los presupuestos.

Los más destacados lavanderos del PP que operan en los medios quedan en evidencia al leer la sentencia. Hay que saber que existen y valorar su papel, son tentáculos del propio Partido Popular. La sentencia habla de “corrupción institucional a través de mecanismos de manipulación de la contratación pública”. Del procedimiento: “Mediante el inflado de precios que se cobraban de las distintas administraciones públicas afectadas”. De la finalidad “la obtención ilícita de importantes beneficios económicos a costa del erario público”. Del alcance “La sentencia acumula 28 delitos de prevaricación, 24 de cohecho, 26 de blanqueo, 36 de malversación de fondos públicos y 20 contra la Hacienda pública”. Es solo una parte de lo que extrae como  hitos probados, el director de eldiario.es Ignacio Escolar.

El periodista Carlos Hernández sintetiza las coordenadas del PP: “Rajoy ha mentido en sede judicial, en sede parlamentaria y en los medios de comunicación”. “El PP ha hecho de la mentira su único medio de supervivencia.” “El PP usó su caja B para pagar a periodistas mercenarios”. Acreditado el caso de la empresa de Jimenez Losantos, la ultraderechista Libertad Digital, ¿cuánto más habrá por lo que vemos con solo abrir los ojos? Rajoy  siempre estuvo ahí. Hay un M.Rajoy que cobró. La Caja B esconde muchas mordidas en forma de sobre.

Ahí siguen agitando sus puñitos los seguidores de esa pléyade de periodistas y tertulianos, contratados para echar colonia sobre la basura del PP y distraer de la verdad una y otra vez. Para hacer dudar al menos a los que quieren creer, no saber.  Hacen caja y las empresas que los llaman hacen caja con ellos. Es uno de los principales daños que estamos sufriendo. Cuando la opinión no es tal sino una venta de un producto defectuoso.

Tenemos un buen surtido en pocas horas. Consignas del PP, tal cual, sin cambiar ni una coma,  y las de cosecha propia. El Tribunal se ha excedido. A ver si lo arregla el Supremo. La recuperación económica del PP, que también es mala suerte recién publicado el informe del Banco de España que señala graves lagunas.   Luego siempre ganan las elecciones, sin mencionar el dopaje de la corrupción. Penas durísimas, mayores que por violaciones o asesinatos.  Es falso. Y llama la atención que se atrevan a decir eso por un micrófono. La corrupción mata, viola, daña. Las opiniones decentes deben hacer ver esa relación o al menos no disuadirla. Los recortes en sanidad, matan. Los copagos farmacéuticos para quienes no pueden costearlos, también. El frío también. La precariedad, la angustia por el permanente temor a perder el empleo. Es repugnante que se desligue la corrupción de sus consecuencias.

El Portavoz del PP Martínez Maíllo y el propio  presidente Rajoy han insistido mucho en que esta moción debilita a España. Las páginas de los medios internacionales están llenas de la condena sin precedentes a un partido político en el gobierno por sus sucias prácticas. Y deben sentirse atónitos de ver las tragaderas morales de buena parte de la sociedad española y algunos de sus políticos y periodistas.

Con aires de superioridad,  ambos dirigentes del PP se han referido a la mochila con la que cargaría Pedro Sánchez: los independentistas y Podemos. Los dos cocos para asustar a los españolistas que traguen bien el robo del dinero de todos. Nada deslegitima más a un partido que la corrupción, aprovecharse de los cargos públicos para robar a los ciudadanos. Y de esos tienen unos cuantos en el PP, además de su condena explícita como partido.

A Pedro Sánchez le han caído todas las iras. El PP se ha mostrado irritado con su decisión. Cambia de opinión. Como Rajoy o  Albert Rivera, en modo extremo. Como Pablo Iglesias o Irene Montero.  Pero el ojo mediático derecho solo ve incoherencias en la izquierda. No ve, parece, ni los daños sociales de la corrupción.  Quizás porque forma parte de ella.

Ciudadanos ha quedado descolocado. No apoyará la moción de censura del PSOE. Le vienen mejor elecciones aunque en Madrid no tomara esa postura. Un gobierno, más o menos progresista, que corte el grifo a tanta corrupción, a tanta arbitrariedad,  tanta potenciación de la desigualdad, que devuelva la libertad de expresión al menos a RTVE, dejaría muy en evidencia el mensaje único de Ciudadanos del “ay, se rompe España”, común al PP.

Parece un sueño. Igual se queda en eso. Vistas las reacciones del clan dominante, lo van a poner muy difícil. De momento, disponemos de una rara oportunidad para limpiar las cloacas y desalojar a una derecha que nos ha llenado de inmundicia la España que tanto dicen amar. Inconvenientes habrá, los lavanderos mediáticos harán horas extra para presentar un PP aceptable. Las armas electorales sucias ya se han visto desde el primer minuto. La maquinaria trabaja a todo gas.

Para que la Moción triunfe y se consolide, todos deberán aprender de errores pasados. Y sumar, porque lo básico es salir del pozo. Quién sabe si con aires más limpios, se recupera la dignidad y la decencia que no toda la sociedad atesora. Muchos deberían hacerse ese favor, hacérnoslo a todos.

La España que no ama Albert Rivera

Tenemos un político, con aspiraciones a presidir el gobierno, que solo ve españoles allá por donde camina. Las bromas sobre su visión de la realidad -ni rojo, ni azul; ni viejo, ni joven; ni trabajadores, ni rentistas- no deben enmascarar el profundo problema: Albert Rivera solo ve españoles de su cuerda. Los que le caben en su mirar de un solo ojo profundamente derecho como evidencian sus palabras y  sus decisiones políticas. Rivera ha reeditado el discurso del fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera. Y ha asustado hasta a sus mentores. Lo lanzó en un acto que tuvo su momento culminante, nos dicen,  con Marta Sánchez y “los versos que ella misma ha puesto a la Marcha Real”. Es como si todo fuera una versión de segunda mano del más antiguo y nefasto ultranacionalismo de siempre.

Es doblemente trágico en un momento en el que la derecha revienta por el PP y su nuevo detenido de peso: Eduardo Zaplana. Seguro de su triunfo (demoscópico), Rivera ya manda. Manda hasta incorporar delitos de ingeniera legal. Anticipatorios. O ampliando, por la brava, el artículo 155 de control al gobierno electo de Catalunya.  Pedro Sánchez en nombre del PSOE, se ha apuntado con fruición. Y al PP no hace falta animarle. Lista la gran coalición con la que soñaban los poderes del sistema. Se suelta tinta de calamar desde las cloacas del Estado contra los obstáculos – con motivo o sin él- y aquí gloria y después guerra.

Los expertos, sociólogos y politólogos, apuntan dos causa principales de este aparente viraje de la sociedad española hacía las posiciones retrógradas que acaudilla Rivera. La primera, que muchos lo ven como lo han vendido: de centro derecha, más a la izquierda del PP. Que ya es usar el modelo de Gafas Naranja. Y la otra, fundamental, que lleva a preguntarse: “ ¿Puedo mantenerme fiel a mi ideología o puedo votar por una vez a Ciudadanos para defender mi identidad”.  Esto se da, principalmente, entre votantes del PSOE, que han descubierto en su alma una bandera rojigualda de bandas anchas que lo tapa todo. Les oyes y parece que les va la vida en ello. Como a Ciudadanos y a PP.

Desde hace meses se advierte que el gran triunfo del “a por ellos” y, por tanto de Ciudadanos, está basado en llenar identidades perdidas o no halladas. En la necesidad de un sentido de pertenencia. Al margen de un notable rechazo hacia los diferentes. Vamos, lo que es todo nacionalismo excluyente. Todo. Pero cuesta creer que personas progresistas compartan la idea de España que abanderan Rivera o Cospedal como máximos exponentes del movimiento.

Es la España de los novios de la muerte, los toros, el eterno cerrado y sacristía, las banderas y los himnos. A los que se ha sumado Marta Sánchez , con sus “ versos” de fin de curso en Colegio concertado, gran aportación de 2018. La España de hacer la vista gorda a las trampas, a la desigualdad, a nada que perturbe el “así ha sido toda la vida”.

Con suerte, los  “patriotas civiles” –en definición de otra potente ideóloga del movimiento: Inés Arrimadas-  se pasan a la España de Campofrío, a lo alegres que somos.  A que nos dan las tantas en la calle.  A que compartimos un plato entre muchos. Aunque los mismos miren para otro lado al conocer las carencias reales de esos 10 millones de personas que en España viven bajo el umbral de la pobreza. Aunque otros se lo quiten de la boca y lo compartan fuera de los focos. Así somos. Como la mayoría de los pueblos.

Lo prioritario es la unidad –que renquea desde el nacimiento de España como nación- a la fuerza y sin condiciones.  Nos encontramos en pleno pulso suicida. Una cerrazón histórica –mutua- en busca de réditos electorales ha desembocado en un monstruo incontrolable ya, y que no lleva signo alguno siquiera de rebobinarse al menos hasta el aciago día en el que Rajoy llegó a la Moncloa.

En España hay viejos y jóvenes, mujeres a no excluir de los listados, y una notable diversidad de culturas y colores de piel.  Bastante más enriquecedora que la uniformidad que buscan. Más aún, hay zotes a barullo y gente inteligentísima. Personas honradas y auténticos forajidos. Mujeres y hombres  solidarios y generosos, y… políticos como muchos de los que ahora copan grandes espacios del escenario.

Nacer en un lugar o en otro es una cuestión accidental. De las definiciones de patriotismo clásicas, comparto la de George Bernad Shaw: “Patriotismo es tu convencimiento de que este país es  superior a todos los demás porque tú naciste en él”. Y ése es todo el argumento. Es cierto que a muchas personas, a la mayoría, el lugar donde se ha nacido y crecido les crea potentes lazos afectivos, vinculados a su desarrollo como seres humanos.  Pero de ahí, a construir todo un edificio de caracteres y superioridades sin tino va un trecho.

Nos están volviendo a vender una España de catálogo costumbrista y no la que empezaba a crecer. Una España abierta, con imaginación y creatividad. Con una capacidad de improvisación inigualable, debido a la falta de planificación previa concienzuda, en su caso. Siempre de una forma relativa, porque el peso de la España inamovible siempre se pega a los cimientos.  Y de abiertos y creativos tienen bien poco.

En la España que nos venden somos campeones en tolerancia a la corrupción. En autocomplacencia.  Lideramos la nueva lacra de los trabajadores pobres  que acaba de descubrir, aterrada, la Francia que salió de Manuel Valls para entrar en Emmanuel Macron. Compartimos con Hungría o Polonia leyes autoritarias que abochornan. Tenemos condenados por cantar. Encarcelados durante largo tiempo en prisión preventiva y privados de sus derechos por hacer política. Bajo delitos que varios países no consideran tales y por eso no entregan a los que se fueron. Por mucho que insistan como hace el juez Llarena.

Llevamos camino, como los EEUU de Trump, de un Hagamos grande España otra vez, la de la pandereta y el autoritarismo que tantas  veces ha acabado mal. Cuando podríamos  hacer una España habitable y prospera de la que sentirse orgulloso de verdad. La que, desde la Justicia a menudo obstaculizada, ya obtiene logros en su lucha contra la corrupción. La que se vuelque por la ciencia en lugar de frenarla. Por la cultura, que tanto nos ha dado a pesar de las trabas. Por la educación que es el auténtico punto de apoyo de toda sociedad civilizada. Por los ciudadanos libres y conscientes. Una España que ría, escriba y cante sin miedo. Que respete a las personas en lugar de intentar embrutecerlas para usarlas. Que no se empecine en tomarnos por idiotas. Que apueste de una vez por la decencia y erradique a tanto miserable que pudre hasta las entrañas del Estado. Por la cooperación. Por el entendimiento. Que no frene el progreso apenas lo ve despuntar. Que se quite la caspa y la gomina, o, al menos, no la imponga como modelo. Que aviente la envidia y el odio.

En pocas palabras, la idea de España que yo y muchos otros amamos, no es la España de Albert Rivera. Pero múltiples fuerzas apuestan por ella y contra nosotros.

Federico Mayor Zaragoza: Recuerdos para el porvenir

Fue como encontrar la brújula guardada en un cajón y recordar dónde está el norte. Y, naturalmente, el sur, el este y el oeste. Agobiada por la deriva que está adoptando nuestra sociedad, un acto, un libro, una persona -y cuantas van con ella-  abrieron una ventana. Federico Mayor Zaragoza acaba de presentar  “Recuerdos para el porvenir”, referentes y valores para el siglo XXI. En un momento el que los Derechos Humanos están siendo seriamente vapuleados –y lo que es peor, obviados, ignorados-  es incluso saludable escuchar a quien ha hecho de su defensa razón de vida.

Federico Mayor Zaragoza es uno de esos escasos compatriotas contemporáneos que han dotado a la Marca España de auténtico prestigio y dignidad. En la cumbre de la madurez,  ha cuajado un libro en el que escribe de personas que “le han dejado una huella indeleble”. Habla de referentes y de valores, de ética, dignidad, humanidad, confraternización… Un discurso radicalmente opuesto a la mediocridad reinante, a la pérdida del norte y la brújula que caracteriza este tiempo. Un discurso profundamente constructivo e inspirador.

La sociedad no debería quedarse inerme en manos de estos forajidos que nos colonizan. Políticos que olvidan hasta los trazados de la democracia en aras de su propio interés y de aquellas élites a las que representan. Gobernantes saqueadores de lo público gracias a su cargo. Estafadores de todo principio de honestidad. Periodistas manufactureros de carroña al servicio del poder. Ciudadanos tibios, inconscientes del mal que causan. Hay otros, menos visibles a lo mejor, que trabajan seriamente cada día sin producir esa otra insufrible repugnancia.

Lejos de un tópico y frío relato de vidas ejemplares, Mayor Zaragoza evidencia que en todo tiempo ha habido y hay personas que han hecho realidad las utopías.  En el grado que sea. Y creo que es una luz para retomar el camino.

Aprender de Nelson Mandela el valor de la reconciliación.  De Mijail Gorbachov, la imaginación.  De Rigoberta Menchú o M´Bow, la existencia y defensa de los Derechos Humanos Universales. De Mario Soares, la visión global. De Arafat, Simon Peres e Isaac Rabin que la paz es posible. De José Luis Sampedro y Stéphane Hessel, la implicación, el compromiso. El mismo que tiene Mayor Zaragoza. Una de las pocas voces que clama contra las atrocidades que está cometiendo ahora mismo Israel con los palestinos y critica el silencio de la Unión Europea y de nuestro gobierno.

Permanente defensor de los derechos de la mujer. En constante denuncia de la pobreza y el gasto en armamento. Una vida intensa en la que Mayor Zaragoza ha estado con nombre propio en escenarios esenciales y que le ha permitido conocer de primera mano a quien importa, grande o pequeño. Para aprender y compartir lo aprendido. Siempre le he visto, en todos los actos, tomando notas en un pequeño cuadernillo.

“Los que no bajan a la calle y se funden con la sangre de su pueblo, con el barro de su tierra, con las manos de sus gentes… de displicencia mueren “,  le escribió a Indira Gandhi.

“Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, su procedencia o su religión. El odio se aprende, y si es posible aprender a odiar, es posible aprender a amar”, decía Nelson Mandela,  de quien repasa múltiples vivencias compartidas.

Federico Mayor Zaragoza es un referente para mí. Lúcido, valiente, comprometido, nunca falsamente neutral, positivo.  Forma parte de un hecho importante en mi vida, además, que tuvo trascendencia. Surgió en una manifestación contra la pobreza en la que ambos leíamos un manifiesto. Hablamos mucho en las pausas de las paradas. De aquel libro de Hessel, Indignáos, que recién publicado arrasaba en Francia. España precisa muchas más indignaciones y a todas las edades, pensé. Y de ahí surgiría más adelante la idea de Reacciona, el libro español de no ficción más vendido en 2011. Con Sampedro y Mayor Zaragoza, y otros autores rotundos. “En un momento en el que los seres humanos comenzaban a inquietar a los poderosos”, escribe Federico Mayor.

“Tendréis que cambiar de rumbo y de nave”, destaca de José Luis Sampedro, otro enorme ejemplo y afecto esencial.  Y muchas de sus grandes ideas, guías  permanentes: “Tapona tus oídos contra toda sirena, átate al duro mástil de tu barca y, obediente a tu brújula secreta, pon rumbo a la aventura irrenunciable: el viaje hacia ti mismo”.

Regresar a la actualidad soez, de gritos y mezquindades,  es un duro choque. Aunque más fácil con pautas para sobrevolarlo, para ver el profundo error de dejarse succionar por esa mugre.  Con los pies hundidos en el chapapote es arduo andar, no digamos ya, volar. Bien distinto sería si al menos media docena de ideas de entidad, de reflexiones, de valores, ocuparan lugar destacado diariamente entre el adocenamiento mediático, político y, como consecuencia, social.

Es posible. Una y otra vez recuerda el que fuera Director General de la UNESCO el peligro mayúsculo de los fascismos. Una y otra vez, brinda como llave el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuando nos remite a no tener miedo.

Rigoberta Menchú saluda sus mañanas diciendo: “Perdona, amanecer, por no haberte recibido como mereces”. Mayor Zaragoza con ese recopilatorio que se hace al abrir los ojos, pensando en los instrumentos y pautas disponibles. Para “cada mañana, abordar la hoja de ruta del milagro de la vida”, dice.

“Los ojos se habitúan a lo tenue, la espalda, a estar sin alas”, cita de Mario Benedetti en la introducción. Limitaciones que coartan hasta cierto punto cuando se sabe volar.

Yo me agarré a una frase suelta en el aire cuando Mayor Zaragoza hablaba de la poderosa creatividad del ser humano, de sus logros cuando se lo propone:

“Lo inesperado es nuestra esperanza. Ojalá surja algo”.  Otra vez. Porque así ha sido a lo largo de la historia. Y ni todos los camiones de inmundicia han logrado parar el mundo. Darle una buena sacudida, sí. Y así estamos ahora. En un momento crítico en el que peligran pilares fundamentales. Una larga trayectoria permite ver, sin embargo, como dice Mayor Zaragoza, que “los “imposibles” hoy pueden ser realidades mañana”.

La democracia puede desvanecerse de la noche a la mañana

Dejemos de llorar por el 15M. Dejemos de pensar en lo que puedo ser y no fue, porque lo que hoy amenaza nuestro presente aterra. Dejemos de llorar por la leche derramada dado que estamos en trance de verter lágrimas de dolor irreparable. Múltiples y muy claros síntomas apuntan a un camino que conduce al fascismo. Con algunos matices diferentes, la versión fascismo siglo XXI. Y a una creciente campaña para su normalización. Algunos de sus exponentes están ya en la agenda mediática. Y en los propios medios incluso.

La ultraderecha actual viene envuelta en modelos de diseño y una vaciedad de mensajes que se inscribe en lo pueril. Es lo que cuadra a la sociedad, a una parte de la sociedad, que se ha dejado formatear a esa misma imagen. El cuñadismo al poder que podría caer en la tentación de saltarse buena parte de los procesos imprescindibles en democracia. Abusar de los atajos, de las fakenews que al mismo tiempo dicen combatir en un redoble del cinismo. Temibles sus señalamientos y su irresponsabilidad. Trump es el prototipo, pero no está solo. El modelo se está expandiendo y brotan esquejes por medio mundo. En Europa. En España. Sin reparar en la extrema peligrosidad del fenómeno.

Nuestro país es proclive a esa tendencia. Un artículo de The New York Times se preguntaba hace unos días  por qué se están rompiendo tantas democracias y citaba en la primera frase a España: “Italia, Polonia, Hungría e incluso España: la democracia europea está en ruinas”. Luego venía un listado de los habituales.

Una de las razones fundamentales -explicaban los autores y  lo comparto completamente- está en el poso que dejan las dictaduras. “Más de dos tercios de los países que han pasado a la democracia desde la Segunda Guerra Mundial lo han hecho bajo las constituciones escritas por el régimen autoritario saliente”, dicen. En esas circunstancias han procurado  salvaguardar a las élites y darles una ventaja en política y en competencia económica. “Para lograr estos fines incluyen factores como el diseño del sistema electoral, los nombramientos legislativos, el federalismo, las inmunidades legales, el papel de los militares en la política y el diseño del tribunal constitucional”.

En este contexto y con una severa recesión económica puede ocurrir que “el descontento ciudadano cristalice en furia e incite a los votantes a expulsar en masa a los partidos políticos tradicionales”. Y “conducir finalmente a la desaparición democrática” cuando los actores principales de la política apelan a la demagogia.

En España, clavan el diagnóstico. Nosotros tenemos viejos y nuevos entusiastas adictos a la demagogia. Además.

El sustrato antidemocrático, impregnado de corrupción, nos lleva a asistir a hechos espeluznantes que no hubieran sido admitidos hace bien poco. No en el famoso 11M del 11.  Ahí tenemos vigente y renacido un Ducado de Franco que se están comiendo todas las élites y que, como decía nuestro compañero Carlos Hernández, no será tan difícil de suprimir cuando Felipe VI le quitó a su hermana y a su cuñado el Ducado de Palma.  Es un conjunto inmenso  donde el viejo franquismo y la eterna ultraderecha sientan sus reales sin el menor pudor. Un sector de la justicia se muestra tuerta al enjuiciar sus atropellos.

Es un país en donde está a punto de entrar en la cárcel una persona por cantar. Se juzga a una revista por un chiste. A la mínima –y a causa de las reformas que votaron y no retiran PP, PSOE y Ciudadanos- cualquier cosa puede ser considerada terrorismo. Es un país en el que el bocazas mayor del reino propone desde los micrófonos bombardear Barcelona, atentar en Alemania, o descargar una  escopeta sobre políticos que le cae mal, en total impunidad.

Es un país en el que los líderes de Ciudadanos, Rivera y Arrimadas en cabeza, presionan para saltarse la voluntad de la mayoría de los catalanes y los propios mandatos constitucionales y no solo seguir sino intensificar la soga del artículo 155 en Catalunya. Pedro Sánchez, reunido con Rajoy, se apunta al tutelaje. Se ha mostrado dispuesto a activar el 155 con contundencia, si el Govern toma el camino de Torra y  a mantener el control de las cuentas públicas de la Generalitat . Desde el PSOE,  Pepe Blanco propone que Rajoy nombre presidenta a Arrimadas (el gran plan del sistema) porque es “lo normal”. ¿En serio no chirría todo esto a los demócratas?

Denunciarlo no es apoyar las ideas y los excesos del nuevo presidente catalán, Quim Torra. O cualquier disyuntiva excluyente entre blanco o negro. Salvo la que preserva  valores fundamentales como la verdad, la justicia, la democracia. Precisamente los que no admiten medias tintas. El problema es que la torpeza malintencionada actual no entiende o no quiere entender que el maniqueísmo se supera al término de la infancia. Esta puede ser la gran falla de base que nos está conduciendo a un futuro realmente temible.

Hablamos ya un día de El cuento de la criada ( The Handmaid’s Tale), publicado por la escritora canadiense Margaret Atwood en 1985, y renacido en 2017 al convertirse en serie de televisión. En una nueva introducción, la autora apunta ideas clave: “Como nací en 1939 y mi conciencia se formó durante la Segunda Guerra mundial, sabía que el orden establecido puede desvanecerse de la noche a la mañana”. Asegura que no sirve decir “esto aquí no puede pasar”. Porque, “en determinadas circunstancias puede pasar cualquier cosa en cualquier lugar”.

Cita Atwood los temores que suscitó Trump desde que puso el pie en la Casa Blanca. Con él se instaló “la percepción de que las libertades civiles básicas están en peligro junto con muchos de los derechos conquistados por las mujeres”. Porque “las mujeres y sus descendientes han sido la piedra de toque de todo régimen represivo de este planeta” a lo largo de la historia. No ocurre solo en EEUU ni mucho menos. Repasen la lista de las democracias en ruinas.

Añade la autora de El Cuento de la Criada que “muchos regímenes totalitarios han recurrido a la ropa -tanto prohibiendo unas prendas, como obligando a usar otras- para identificar y controlar a las personas. Así resulta mucho más fácil señalar a los herejes”.  No pienses en amarillo, se podría añadir. Usa rojigualda en bandas anchas o estrechas.

Ve Margaret Atwood  al alza –también-  “la proyección del odio contra muchos grupos”.  Muchos. Los extremistas solo ven odio en el odio ajeno. Y no olvida hablar de la complicidad con la tiranía de algunos entre las propias víctimas. Los que aceptan la merma de sus derechos a cambio de una cierta protección.

La democracia, toda tu vida, se puede ir al traste en un momento, en cualquier momento. Te pueden matar a sangre fría en una protesta cuando se abre una cadena de resultados previsibles. Eligen a Trump, un necio, ególatra y malintencionado. Por sus intereses personales cambia su embajada a Jerusalén en el polvorín israelí.  El Ejército mata  a 49 palestinos. Hiere a más de 2.400. Así, precisamente, triunfaba la involución en El Cuento de la Criada.

El principal valor de escribirlo ayuda a que no se cumpla, dice  Margaret Atwood, quizás para alentar la esperanza. A buscar resortes para salir de ese canal de bordes elevados que nos impide ver el conjunto y el rumbo, desde luego.

En 2011, una gran parte de la sociedad española entendió, tras la indignación de las plazas del 15M, que no debía votar otra vez al gobierno del PSOE. No atendió tanto a la segunda parte del enunciado: tampoco al PP.  Y así le dio mayoría absoluta. Manos libres para cuanto quiso y quiere hacer.

Ahora mucha gente va comprendiendo que el diluvio de destrozos, insultos y desfachatez del PP hacen insostenible su gobierno. Y se disponen a solucionarlo –dicen las encuestas y los medios, dicen, dicen que no sé yo- entregando el poder a Albert Rivera y sus Ciudadanos. Cada vez que España tiene un problema serio, se va más a la derecha.  Y a una sociedad más banal, más perdida.

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