Tengo un sueño: deportarlos al lago Baikal

Sobrecogidos aún por la Ley que ha perpetrado el  PP y que llama de Seguridad Ciudadana, he tenido una revelación que pasaré a desarrollar tras ponernos en situación y antecedentes. La “ley Fernández” o “Ley Mordaza” o Ley franquista –como ya es conocida dentro y fuera de España-, es obra del Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, pero ha pasado por varios ministerios, el de Justicia, sobre todo, regentado por otro gran demócrata y amante de las libertades: Alberto Ruíz Gallardón.  O sea, como todo, es obra del gobierno en pleno, con Mariano Rajoy  y Soraya Sáenz de Santamaría en cabeza. La versión “suave” prevé 30.000 euros de multa por ofender a España. Ya ha dado y dará mucho de sí todo lo que de verdad ofende a España, a los españoles, comenzando por el gobierno que padecemos a quien no asiste el derecho de someternos a esta regresión. Una pena sería que la indignación quede en una chanza. Porque grave no puede ser más.

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Esta gente no descansa ni en fin de semana. Uno de los nenes cantera del partido, miembro de sus Nuevas Generaciones (NNGG), Luis Miguel Santigosa de la Riva se llama, ha pedido a través de su perfil de Twitter que electrifiquen las vallas de Melilla y Ceuta o al menos se les dote «con todos los medios posibles para que NADIE la atraviese». “Con cuchillas o sin cuchillas pero lo cierto es que se cuelan cientos de inmigrantes ilegales día sí y día también y ya estamos hartos todos», ha añadido. Ya anda pidiendo perdón antes de que hagan el paripé de expulsarle. A un chico tan aplicado con las enseñanzas y prácticas de sus mayores le espera un futuro prometedor. Que le pregunten a Carromero.

El joven miembro del PP ha sido quien me ha dado la idea: si, según ellos, no caben los africanos lo mejor es que esta gente, los racistas, se vayan y dejen sitio. Yo prefiero mil veces a quienes se buscan decentemente la vida que a quienes viven del cuento… y de prejuicios.

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En este continuo dilema de si nos vamos de este desgraciado país o les echamos, echamos a quienes lo destrozan, he visualizado una imagen que es un idílico sueño: deportarlos a un islote en mitad de un lago bien grande. De entrada he recordado el  Tanganica, pero es el segundo mayor del mundo. Y eso me ha llevado al primero: el Lago Baikal que ofrece más ventajas. Baikal está en el sur de Siberia y pienso yo que purifica y regenera mucho más la temperatura fresca, muy fresca bien es verdad, que la calidez del clima africano. Pero no es su única ventaja.

Su tamaño. 31494 km² de superficie, 636 kms de largo, 80 kms de ancho y 1680 metros de profundidad. Confinarlos en un islote en medio, un barco varado, una plataforma, lo que sea para que en esa soledad recapaciten. Se arrepientan de sus muchos atropellos y traten de ser un partido conservador homologable en democracia.

El Lago Baikal tiene una riqueza inmensa en biodiversidad que dotaría probablemente a los miembros del PP trasladados -en los casos menos rebeldes al tratamiento, ya sabemos que muchos de ellos (Báñez, Cospedal, Montoro, Mato, Botella, etc) son irrecuperables- de algo de cultura y de pasión por el conocimiento y hasta por la belleza. Seguro que se dejaban allí el pelo de la Dehesa. Además habrían de trabajar para mantenerse, y cuidarse de sus cosas, sin servicio doméstico ni nada, una gran enseñanza en ese medio tan natural.

Otra ventaja añadida, quizás la principal: Baikal es el lago de menos turbidez del mundo. El más claro y limpio. Vivir allí una temporada, observando sus insólitas aguas claras e impolutas en lugar del lodazal en el que tenemos convertida España, debe ser definitivo para cambiar de actitud. Vamos, que vendría a ser como unos ejercicios espirituales, pero en decencia. Es por su bien.

Y con este ingenuo deseo de fin de semana –siempre preferible a cortarse una misma las venas o salir a montar barricadas que en solitario como que no funciona- os dejo queridos niños. Con toda esta gente que manda en el PP (no son tantos en realidad) ubicada hasta su regeneración en el lago Baikal seríamos mucho más felices y comeríamos perdices o lo que bien nos viniera. Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado. Por el momento. Ya pensaremos si tenemos que llevar a alguien más.

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De cómo Zapatero se ha quedado en cueros

José Luis Rodríguez Zapatero anda vendiendo su libro. Como varios otros políticos. Son los únicos –al margen del famoseo de tres al cuarto- que obtienen algún rendimiento económico de lo que solía ser la noble pasión de escribir. De paso, “desnudan” sus almas tal como ellos las ven e intentan arropar sus errores. Solo que Zapatero, el anterior presidente socialista español, ha quedado algo más en evidencia. Aunque si lo pensamos también es algo que les ocurre a los demás. La palabra escrita a través de muchas páginas es muy evidente aunque se intente disfrazarla.

Zapatero nos cuenta pues en su libro, como cedió a las presiones del Banco Central Europeo. Presidido entonces por Tritchet, le daba órdenes precisas como si el presidente del gobierno español fuera un pelele. Como si lo fuera. Me hace Usted un decreto por aquí, me recorta por allá. En una palabra, resulta indignante leer esta cartita.

Como cuenta Gonzalo Cortizo, “España no fue el único país que recibió un documento similar. En aquellos días las cosas en Italia no iban bien y Berlusconi recibió un documento similar. La diferencia con España es que la prensa italiana si tuvo acceso al documento en tiempo real y su opinión pública pudo conocer la trastienda de la crisis, el porqué de las cosas”.

En aquellos días, sí, tocaba exprimir a los ciudadanos para pagar la estafa financiera que se había precipitado irremediablemente desde la caída de Lehman Brothers. Como se les fue de las manos, el BCE –precisamente- comenzó a soltar dinero para equilibrar las cuentas –es lo que ha vivido Rajoy-, sin dejar de oprimir a la sociedad. Compuesta por ciudadanos y por una serie de individuos que ni se molestan en tener esa consideración, es la que calla y otorga ante cualquier desmán. La sociedad.

Alabé a Zapatero, frente a una batería de críticas mediáticas y políticas sin precedentes, porque alguna cosa hizo. Intentaba equiparar España en derechos, subir la inversión social. Eso fue lo que más me llamó la atención. Buscaba ampliar permisos de paternidad, avanzar en la igualdad de género. Elevó por ejemplo las miserables pensiones españolas -aunque siendo tan bajo su punto de partida se quedaran casi igual de miserables-, pero el tiempo le ha quitado hasta los calzoncillos. Cortizo lo explica perfectamente:

“Hasta el acuerdo con la editorial, el expresidente del Gobierno se negó hasta la saciedad a hacer publica la carta. No se la entregó al Parlamento, a pesar de las constantes peticiones por escrito del diputado Gaspar Llamazares. Tampoco se la entregó a Rajoy, entonces en la oposición, que lo exigió desde la tribuna en el pleno extraordinario convocado para abordar la tormenta financiera que asolaba ya a nuestro país. En aquel debate Rajoy le dijo a Zapatero: «Tenemos derecho a saberlo en esta cámara». Zapatero ni siquiera respondió en uno de los múltiples mutis por el foro político que rodearon a la famosa carta que, para entonces, se había convertido en un «santo grial» de los periodistas de política y economía.

El ex presidente del Gobierno sabe que un libro tiene más tirón si incluye documentos inéditos. Sin embargo, la carta del BCE tenía como destinatario al presidente del Gobierno y fue enviada al Palacio de la Moncloa. Dicho de otro modo, Trichet y Fernández Ordóñez le enviaron esa misiva al presidente Zapatero, no al ciudadano Zapatero. ¿Con qué derecho la publica ahora el ex presidente y recibe dinero por hacerlo?”

Ésta es pues la tan repetida historia de cómo un presidente español -y múltiples políticos- se queda en cueros a poco que se raspe. Bochornosa actuación, despreciable. También les pasa a la mayoría. Habrá que aguzar la vista, si alguna vez se puede…

Cambio una salida de la crisis por una contabilidad B impune

Les condenan a cuatro años de cárcel por delitos fiscales a Carlos Fabra, su hasta ayer gran prohombre y ejemplo a imitar, y hoy un señor que pasaba por allí. De cohecho y tráfico de influencias se ha librado. El gran cacique de Castellón no hacía esas cosas. El juez Ruz descubre pruebas de que el Partido Popular ha estado dieciocho años utilizando una contabilidad B. Dieciocho años de trapichear con dinero negro, sin controles, ni impuestos. Pero a Rajoy sólo le toca hablar de sus imaginarios logros económicos. En terreno amigo: los suyos. Ni para hacer balance de sus dos años de Gobierno, ni para referirse a la corrupción que ya aflora en sede judicial, se digna aparecer en público. Arrinconado hasta el molesto plasma, ha hablado por ventriloquia, utilizando la siempre fiel voz de Cospedal.

La versión del partido es que todas las facturas a las que se refiere Ruz figuran pagadas en la contabilidad oficial –¡qué torpe, Ruz!, con el tiempo que se ha tomado y no se da cuenta–. Y que si algo turbio hay, “habrá sido otro”. Bárcenas, claro está. Pero hay un matiz importante que el PP quiere enviar en sus consignas y cuya propagación le fue encargada a Esteban González Pons para que fuera tomando cuerpo durante el fin de semana. Un mensaje corto, críptico… y soez: “Los dirigentes del PP son tan honrados como todos, pero el PP es el único que puede sacar a España de la crisis”.

Con la credibilidad a cero por sus mentiras continuadas, los mandos del PP no tienen el menor empacho en seguir negando cualquier evidencia. Por si acaso, largan culpas fuera, a ver si todavía alguien no percibe la contradicción. A un Bárcenas, que sería un auténtico superhombre por haber ideado y ejecutado semejante plan. Esas personas que hoy tienen la caja fuerte del Estado y que creen les pertenecen también nuestros derechos –dado cómo se empeñan en “moldearlos”– han estado 18 años, 20, 30, los que sean, sin enterarse de nada, a pesar de la fiera corrupia que anidaba en sus entrañas.

Queda una vía más que explorar, sin embargo; la fundamental, de hecho. La que practica Rajoy, la que describió González Pons: Todos somos corruptos, pero os merece la pena porque os sacaremos de la crisis (en traducción libre). El portavoz popular admitió implícitamente que de honradez no andan sobrados, pero que es un mal general. Políticos, ciudadanos, todos somos iguales. El saco de la inmundicia permite camuflarse con más facilidad que en otro donde todo fuera impoluto. Se carga uno la política porque “total, todos los hacen” y en el río revuelto saca tajada el más tramposo. Y ya dibujado el paisaje, irrumpe en escena el Jinete de la EficienciaAbsoluta, el PP, el único que puede sacar a España de la crisis.

Presuponen Rajoy, Cospedal, González Pons, y cualquiera de las voces que en ese partido callan, que todos los españoles somos más o menos corruptos y, en consecuencia, que todos nos vendemos. Vendemos nuestra ética y nuestra dignidad “para salir de la crisis” en este momento. Les da lo mismo prometer tres millones y medio de empleos que una salida de la crisis, aunque las cifras fundamentales de la economía española sigan en despeñe. Desde que gobierna Rajoy, han empeorado todas las esenciales –paro, deuda pública, salarios, servicios públicos–, excepto la prima de riesgo y un tímido repunte del PIB –tras enorme batacazo–, que nace de las drásticas mermas a la sociedad y que constituye el hambre para mañana. A nosotros, a la mayoría de la población, nos han metido en la crisis más de lo que estábamos.

Podrán repetir sus cifras manipuladas, las autorías ajenas de la corrupción, insistir con el mantra de la herencia recibida, pero la verdad no cambia.

También se ha empobrecido la calidad de la democracia, la democracia en sí. España tendría que ser un clamor ante la constatación de que el partido al que han entregado el poder, tanto poder, maniobra en negro –según el auto del juez Ruz– en su funcionamiento diario y durante toda una vida: 18 años de práctica continuada. Los datos que ha acreditado el magistrado confirman en varios puntos los llamados papeles de Bárcenas. Los que hablaban también de sobresueldos en B, o de donativos de empresas que luego obtienen obra pública.

Pero España no es un clamor contra la corrupción, aunque llevemos siglos pagándolo muy caro. Alguna razón asiste a los populares en sus presunciones. Nos han insultado –al conjunto de la sociedad– doblemente, al considerar que todos somos como ellos y, desde luego, que hacemos la vista gorda a la corrupción si nos dan una migajas o –lo que es aún más patético– la promesa de falsas migajas. Y no se aprecian grandes reacciones de esas anchas espaldas en las que aquí se carga todo con asombroso desparpajo.

Marquemos la diferencia:

Verán, ni la economía alemana le compraríamos algunos a cambio de tanta bajeza. Porque igual no sería posible en estas condiciones. Deberían reflexionar todos los votantes de laxa moral sobre si a lo mejor Alemania y otros países democráticos funcionan a distintos niveles porque no tienen delincuentes al mando (dado que, cuando detectan alguno, lo echan y le exigen responsabilidades). Porque no se roba ni se permite que se robe tanto a los ciudadanos.

En una palabra, ni un malhechor avezado ni una organización creada tan sólo para delinquir desplegarían tal cúmulo de estrategias –bien sucia la del trueque– para evadir acusaciones y perseverar en su empeño. Pero no, los dirigentes del PP son honrados “como todos”, y, si algún indicio parece lo contrario, es pura casualidad. Y culpa de otro que, desde luego, ya no es nadie en el partido. Pero lo mejor es que son los únicos que pueden sacarnos de la crisis. Cuando se vayan, un par de décadas después de ir reparando los destrozos.

*Publicado en eldiario.es

Rajoy: ‘Hemos pedido mucho a los españoles pero se les devolverá con creces’

Me voy a limitar a copiar y pegar la «noticia» tal como viene desde la agencia Europa Press. Únicamente destacaré en negrita algunas frases o giros. Una se sigue preguntando qué mal cometimos los españoles, todos los españoles, para tener un presidente como Mariano Rajoy. Entiendo que muchos lo merecen, pero no sé si hasta este punto. Vamos con la «noticia»:

Europa Press
martes, 26 de noviembre de 2013, 09:26

Madrid.- El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha asegurado este martes que se ha pedido «mucho» a los españoles durante sus dos años de mandato pero ha afirmado rotundo que se les va a devolver «con creces» porque ya ha «signos de mejora» en la economía española aunque aún sean «insuficientes».

Así se ha pronunciado en la presentación de la conferencia del presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, organizado por la agencia Europa Press, a la que han asistido los ministros Alberto Ruiz Gallardón (Justicia), José Manuel García Margallo (Exteriores), Ana Pastor (Fomento), el presidente del Congreso, Jesús Posada; la Comunidad de Madrid, Ignacio González; la alcaldesa de la Comunidad Valenciana, Rita Barbera, entre otros.

El jefe del Ejecutivo ha señalado que hay quienes sostienen que se está atravesando «la mayor» crisis desde el punto de vista económico «en muchos años». «Soy de los que creen que esa afirmación es cierta», ha proclamado, para añadir que hay que afrontar la actual situación con «valentía» y «sumando esfuerzo entre todos».

«Le hemos pedido mucho a los españoles pero el tiempo se lo va a devolver con creces», ha enfatizado Rajoy, que ha subrayado después que hoy ya se habla del fin de la recesión y cómo será la recuperación. A su juicio, «aún queda mucho camino», pero «ya hay camino» que se va recorrer «entre todos».

Yo he escuchado un corte en la radio de este acto. En él Rajoy decía que hemos pasado una de las peores crisis en mucho tiempo pero que se sale de ella teniendo buenos gobernantes. Que es su caso, que ya salimos.

 

Hablar de maltratadas es hablar de maltratadores

¿Qué pasaría si, como sucede aproximadamente cada año con las mujeres en España, hubieran sido asesinados 60 políticos, 60 taxistas o 60 fontaneros? ¿Qué pasaría si en la última década hubieran sido 703 políticos, 703 taxistas o 703 los fontaneros, muertos a manos de sus parejas?  Una sociedad acostumbrada a la información-espectáculo se aburre si no hay novedades y las mujeres asesinadas por quienes un día dijeron amarlas se repiten demasiado. A algunos, no a todos por fortuna, les cansa.

En el Día Mundial para la prevención de la Violencia de Género, Ana Requena, nos llama a fijarnos en los maltratadores (palabra, por cierto, que aún no reconoce la corrección ortográfica automática). Para que haya víctimas tiene que haber quienes las ejecutan.

“El dato no es nuevo: 703 mujeres han sido asesinadas en España desde 2003 por sus parejas o exparejas. Sin embargo, detrás de esa cifra hay otro dato obvio que, sin embargo, no suele señalarse: 703 hombres asesinaron a sus compañeras sentimentales en los últimos diez años. La última, este fin de semana en Madrid. “Los hombres quedan muy ocultos detrás de las circunstancias, es una forma de esconder la incomodidad que supone ser responsables de esta situación. La ausencia de los hombres es parte del entramado que hace que parezca que este es un problema de algunos hombres, no de todos los hombres”, explica Miguel Lorente, forense y exdelegado del Gobierno para la Violencia de Género.

(…)

La última macroencuesta sobre violencia de género, hecha en 2011 por el entonces Ministerio de Igualdad y el CIS, puso de manifiesto que 600.000 mujeres la sufrían. “Eso quiere decir que 600.000 hombres ejercen violencia contra las mujeres, o quizá algo menos, porque hay hombres que la han ejercido sobre varias, aunque en cualquier caso sería una cifra muy parecida”, dice Lorente. En la anterior macroencuesta, elaborada seis años antes, en 2006, el número era significativamente menor: 400.000 mujeres eran víctimas de violencia machista.

Para el exdelegado de Violencia Género, este aumento se debe a un cambio de actitud por parte de las mujeres y a la reacción machista que eso genera: “La gran transformación social se está produciendo en base a las mujeres. Cuando llegan a relaciones en las que los hombres siguen teniendo ideas tradicionales cuestionan ese orden. La violencia de género se produce porque los hombres intentan controlar a las mujeres, someterlas, que sepan lo que es bueno”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió hace solo unos meses de que la violencia hacia las mujeres ha adquirido proporciones de pandemia. De las 2.630 millones de mujeres mayores de 15 años que hay en el planeta, el 35% ha sufrido alguna vez violencia física de su pareja o una agresión sexual por parte de otra persona,  alrededor de 920 millones de mujeres. Es decir, cientos de millones de hombres ejercen o han ejercido violencia contra las mujeres”.

Añadiría como causas la crisis que se hace pagar siempre a los más débiles y la ola de grave involución que nos aqueja.

Un hombre -lo cual es bien poco frecuente-, un médico, Miguel Lorente también repara en la invisibilidad social de los verdugos:

“En cambio nada se dice de los hombres en general ni de los maltratadores en particular. No hay un cuestionamiento claro y rotundo frente a los maltratadores, siempre y cuando que “no se pasen” con sus golpes, y tampoco lo hay ante los que se esconden detrás de un silencio liberador.

Los hombres y la cultura que han construido a su imagen y semejanza son los responsables de la desigualdad y de la violencia que se ejerce contra las mujeres en su nombre. Son los hombres violentos y los pasivos quienes están en el origen del problema, y deben ser los hombres quienes también estén en la solución.

La invisibilidad de los hombres sólo es factible por el camuflaje de la cultura. Una cultura y unos hombres violentos que utilizan al resto de los hombres para mezclarse entre ellos, y aparentar una normalidad de puertas afuera que los hace invisibles en el interior de las relaciones”.

Ángels Martínez Castells busca un enfoque más positivo. Citando a Lakshmi Puri, Jefa interina de ONU Mujeres y Subsecretaria General de las Naciones Unidas, constata:

“Hay abundantes pruebas de que los países donde las mujeres tienen una condición más elevada también disfrutan de mejores niveles de desempeño social y económico. También hay pruebas que pueden orientar a los países sobre lo que en efecto funciona, desde las políticas equitativas en el mercado laboral, hasta la eliminación de leyes y políticas discriminatorias, la universalidad de los servicios de protección social y los servicios sociales, así como las reformas de los sistemas de seguridad y justicia para poner fin a la impunidad de la violencia contra mujeres y niñas. El activismo de los movimientos de mujeres en todo el mundo ha sido fundamental para exigir e impulsar los cambios en todas estas áreas”.

Ruz confirma la existencia de una contabilidad B en el PP

El juez del caso Bárcenas, Pablo Ruz,  ha encontrado indicios que confirmarían la existencia de una caja B en el Partido Popular, como señalaban los llamados Papeles de Bárcenas, el ex tesorero del partido. Ruz ha llegado a esta conclusión tras estudiar un informe de la UDEF (la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal de la Policía) en el que se analizan los documentos intervenidos durante el registro de Unifica, empresa a la que el PP encargó las obras de su sede nacional -realizadas entre 2005 y 2011- y cuyo responsable es Gonzalo Urquijo. Esa caja B, dice el auto del Juez, «habría sido utilizada en el presente caso para atender a determinados pagos al arquitecto y responsable de la empresa Unifica».

Pablo Ruz determina que hay «una cierta corriente financiera de cobros y pagos continua en el tiempo, al margen de la contabilidad remitida por el Partido Popular al Tribunal de Cuentas».

No es la primera vez que Ruz y también la Fiscalía Anticorrupción “ven acreditada” la existencia de esa contabilidad B, ya lo advirtieron en Agosto. Ahora se da un paso más al fijar casos concretos y ratificar que presuntamente el PP manejaba o maneja  dinero negro –el auto de hoy , recalco, habla de 2011-. Un edificante ejemplo en los altos destinos que está ejerciendo. Los Papeles de Bárcenas también incluían sobresueldos en B –además de los sobresueldos que el propio Rajoy reconoció cobraban del dinero del PP en un 90% público “porque es lo justo”-.

Ruz ha caminado despacio, ha dado tiempo material a que borraran pruebas, pero avanza con acciones arriesgadas en estos atribulados tiempos. Otros dos jueces rechazaron investigar siquiera la destrucción de los ordenadores de Bárcenas donde podría haber datos comprometedores. También la Fiscalía de Madrid.

Otros  han sufrido problemas de entidad en el ejercicio de sus investigaciones. Casualmente. Baltasar Garzón -el que inició el proceso Gürtel y siguió los pasos a un entonces desconocido para nosotros Luis Bárcenas-, fue expulsado de la carrera judicial. Elpidio Silva, que llevaría a la cárcel unos días a Blesa –hasta que le libró la Fiscalía-, también anda con sanciones y procesos. Denunciado por la Fiscalía sigue implicando a Blesa y Aznar en la comisión de “graves delitos”.

Cada día atropellos que merman dramáticamente la calidad de vida de los ciudadanos y también sus derechos. Y cada día indicios atronadores de las turbias finanzas del PP y sus objetivos como organización. La enorme desgracia nuestra es que un sector poco escrupuloso de la sociedad seguirá mirando para otro lado. Que los voceros del PP, investidos de periodistas y tertulianos, marearán la perdiz tratando de hacer dudar al menos a los tibios. Y que políticos dirigentes del partido volverán a inundarnos de declaraciones diciendo que todo es mentira. Lo normal es que la gente que trapichea y defrauda, incluso la que roba y mata, diga la verdad cuando rechaza las acusaciones y asegure que son limpios y transparentes. Han negado hasta la saciedad, como Cospedal, la existencia de Contabilidad B. Son capaces de cantar La Traviata y sin mover una pestaña. La gran masa ameba les hará el coro.

¿Quedará algún derecho democrático a los españoles tras el paso de Rajoy?

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Rajoy “no sabe qué efecto causan en las personas las cuchillas de la valla de Melilla”. Es muy simple conocer ese dato: que salte él y lo experimente. Ya que a veces se anima con estos brincos de felicidad, que se ponga en el lugar de quien tiene que arrostrar impedimentos del calibre de la valla de Melilla por lograr una vida mejor y sin atajos fraudulentos. Deberíamos exigirle que lo compruebe. No es bueno adoptar medidas a ciegas.

Mariano Rajoy hacía estas declaraciones en los fastos de celebración de su segundo cumpleaños al frente del gobierno español. Concretamente en una entrevista en casa amiga: RNE. Los principales indicadores económicos -18- revelan que todos han empeorado con su gestión salvo la prima de riesgo, pero él sigue levitando, o -para ser más precisos- dando saltos de alegría como cuando atisbaba el poder. Le va tan maravillosamente bien a él y a sus amigos…

Las perlas de hoy son a juego con el personaje. Va a encargar a Fátima Bánez que ponga en marcha una“ley de servicios mínimos”, es decir, va a reventar el derecho de huelga que está no solo en la Constitución Española, sino también en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Borregos al uso han dicho que muy bien, que así se respeta la “libertad” del resto de los ciudadanos.

Todos los ministros tienen su apoyo. Wert, en particular, que “ha cumplido el programa electoral”. El oculto, el de la involución, a pleno rendimiento. Con este conjunto de medidas está dejando el país niquelado, lleno de epsilones o ciudadanos de pleno ejercicio coartados en sus libertades. Parecería que fuese su anhelo. El del salto. Atrás. Sin valla y sin cuchillas. Como su dios manda.

La ley que prepara de “Seguridad” ciudadana –calificada incluso como más propia de una dictadura por asociaciones de juristas- es para Rajoy, por el contrario, algo que nos hará más libres. Qué obsesión en mentar la «libertad» cuanto más la restringe.

La cascada de atropellos es diaria. Empiezo a dudar que este sujeto vuelva a convocar elecciones o que lo haga sin trampas.

Los colegas en radicalismo ultraconservador del PP en Madrid -es decir, Ana Botella, esa «gran alcaldesa» según Rajoy- nos han dejado hoy una imagen para la historia como símbolo: han quitado el nombre de Fernán Gómez a su teatro. Ojalá la historia ponga en su sitio y su responsabilidad a esta gente y a todos cuantos les apoyaron. A veces pasa.

Revista Mongolia

Revista Mongolia

Franco felicita a Rajoy en su segundo aniversario. Un respiro provocador de Carne Cruda.

Una sociedad que avergüenza

La sociedad española parece tener un buche en el que cabe todo. Engulle lo que le echen en tales proporciones que pronto habrá de habilitar esófago, estómago e intestinos para seguir almacenando lo que ingiere. El saco de la suciedad soportable se ha ido llenando al punto que ya desparrama fuera sus excrementos como lo hizo la basura de Madrid. Hasta las más inmensas tragaderas tienen un límite de espacio, no parece en el caso español. Estamos dando como pueblo un espectáculo deplorable.

Los poderes nos suministran porquería prácticamente a diario. Y la mayoría la ingiere sin mirarle el diente. Es la sentencia del Prestige, que deja la catástrofe sin culpables tras 11 años de dilación para alimentar el olvido. El chapote que sí existió tizna a la justicia y a la propia sociedad complaciente. Son los 45 diputados del PP valenciano –de los 54 electos– firmando una petición de indulto para que no entre en prisión el colega que prevaricó en Torrevieja, según condena judicial –que alguna hay–. Siguen la estela, por cierto, del magnánimo Gobierno central, presto a eximir de la cárcel a toda suerte de corruptos y estafadores de altura, torturadores, y hasta a homicidas al volante que hayan tenido la previsión de contratar los servicios del bufete adecuado. La podredumbre de la vida política actual nos entronca con los periodos más negros de nuestra historia.

Hemos visto cosas que no creeríamos. No hasta ese punto y con tanta frecuencia. Cada uno de los escándalos desvelados hubiera costado el puesto, la caída del Gobierno incluso, de forma fulminante; la aglomeración parece diluirlos. El aire se enturbia cada día más, lo viene haciendo a golpes continuos de hollín hasta haber llegado al nivel de irrespirable. Mientras, los autores del desastre caminan, erguidos y suficientes, como si nada fuera con ellos.

Cuando supimos, publicado en prensa y confirmado por él, que todo un presidente del Gobierno intercambiaba SMS de ánimo con su extesorero imputado por corrupción vinculada a su partido, pensamos que todo habría de estallar necesariamente. Sueldos, sobresueldos –hasta en A, que son casi igual de flagrantes–, donaciones al partido de las mismas empresas que reciben el contrato público de cuanto se gestiona y construye en España. Y a las que la justicia no ve relación punible porque no han firmado un escrito en el que diga: vale por un cohecho. Borrado de ordenadores comprometedores que tampoco merecen sospecha judicial. Privatizaciones cuyo tufo atruena. Finiquitos diferidos. Recibís que se firman sin que medie la recepción del dinero, según se atreven a declarar. Ni el más surrealista de los autores de ficción osaría escribir un guión tan zafio e inverosímil. Interpretado, además, por un elenco de actores de tan ínfima categoría que parecen reclutados en un desguace. De Botella a Montoro, pasando por González, Báñez, Mato, Soria, Fabra, Camps, Barberá, Bauzá, Floriano, Cospedal o el propio Rajoy, encabezando la interminable lista.

¿Nos toman por idiotas? Puede ser, pero sin duda por mansos, o moldeables. Porque, siguiendo la triste tradición de nuestro país, a quien protesta se le acalla. Por el método que sea. Saben –y ése es su triunfo– que mientras no estalle eso que llaman en términos elogiosos su “mayoría silenciosa”, sumisa, hay margen. Y, si no, se construye el entramado legal y judicial ad hoc. El Código Penal de Gallardón o la nueva Ley de Seguridad Ciudadana de Fernández Díaz en Interior, altamente represora. Para cortar reclamaciones molestas o ante cualquier eventualidad, María Dolores de Cospedal avanza ante las NNGG que el PP piensa poco menos que sacar a España de la jurisdicción de los tribunales Internacionales. Y ni se inmuta al decirlo. Ni la sociedad al escucharlo.

Asistimos al patético episodio de ver en el mismo escenario, al presidente del PP y del Gobierno –que solo habla ante quien le aclama y le corea– aplaudirse a sí mismo por sus imaginarios éxitos, al cumplirse la mitad de su mandato. Tan encantado con su labor está, que promete persistir en ella: nos seguirá empobreciendo y aumentando la desigualdad social con sus “reformas”. Él y los suyos están mejor que hace dos años, no el resto. Sin duda.

La lista de irregularidades es tan larga que la mayoría la olvida entretenida en su labor de embuchar hasta sapos con púas. Cierto que tanto golpe seguido, tanta desfachatez andante, puede terminar por anestesiar. Si se está enfermo; una sociedad sana no lo toleraría. En ningún país serio seguiría en la presidencia del Gobierno una persona que ha mentido desde la primera a la última de sus palabras y que se halla circundado por SMS y cuentas turbias. No continuarían ni un minuto más en su puesto los 45 diputados valencianos. Ni los órganos de la justicia que alojan en sus estómagos sentencias como la del Prestige y todas las que se avecinan, dando una insufrible sensación de impunidad. No se aguanta esta batería de desafueros en otros países aunque no sean un dechado de virtudes. Se echa a los corruptos. Se van ellos, incluso. Antes incluso del proceso judicial; la sospecha fundada, tanta sospecha fundada mancha.

En el llamado «escándalo de los gastos parlamentarios» de 2009 en el Reino Unido, se penó el robo de cantidades que aquí son calderilla. La sensible diferencia es que todos ellos fueron obligados a dimitir. Que sus partidos se mostraron férreos con eso. Y que en las calles de Londres la ciudadanía evidenció su enorme rechazo, su irritación, su determinación irrevocable de castigar estas prácticas. Vengan de donde vengan. Aquí no ocurre. Ni por asomo.

Hace meses que la prensa internacional se pregunta hasta dónde va a aguantar la cuerda a Mariano Rajoy y su partido. En julio decía The Economist: “La corrupción es la piedra de molino del señor Rajoy. ¿Va a hundirlo? La combinación de una mayoría parlamentaria absoluta, una inexplicable tolerancia a la corrupción entre los votantes españoles, escándalos similares que golpean la oposición socialista y un sistema judicial lento significa que probablemente no lo hará”.

Esa “inexplicable tolerancia a la corrupción entre los votantes españoles” que los medios extranjeros resaltan duele y avergüenza profundamente a los españoles decentes. A los que aún arriesgan su dinero y su trabajo para defender, por ejemplo, la sanidad pública, ahuyentando a los buitres que vienen a comer lo que han convertido o quieren convertir en carroña de la que lucrarse. A los que han dejado unos días la basura en la calle –como metáfora– para no emporcar más los salarios y condiciones laborales de los españoles. A quienes no quieren ser identificados con la España corrupta.

¿Cómo ha podido convertirse en normalidad esta inmundicia? ¿Qué puede germinar en esta mugre? Sea cual sea su papel en la obra, protagonista o secundario, si usted es de los que tiene tan empachado el buche que ya se le confunde con el intestino, mírese al espejo y reflexione si ve en él a un ciudadano o qué ve. Sinceramente.

*Publicado en eldiario.es

«La Ley de la Patada en la boca a la Democracia»

Como todas las frases repetidas, el “ Cuando vinieron a por mí… ya no quedaba nadie que pudiera hablar en mi nombre” se ha convertido en un tópico… desactivado. Pero lo cierto es que responde a un hecho trágicamente real: la pasividad social alemana que permitió el triunfo del nazismo. Y de sus métodos. Curiosa la historia de su auténtico autor, Martin Niemöller. Tras el apoyo y el silencio, reaccionó tarde y… también fueron a por él. Pasa.

Si la ley -pese al represivo Código Penal de Gallardón- ya no encuentra resquicio democrático para castigar, se inventa uno nuevas «faltas» y una Ley llamada de Seguridad Ciudadana que penaliza durísimamente cualquier protesta ante… la Autoridad competente.  La mañana ha venido potente con el anuncio de esa nueva ley que perpetra el gobierno y su ministro del interior y que con sus decretos leyes y apisonadoras absolutas sacará adelante en breve.

Multas de hasta 600.000 euros por participar, convocar o apoyar manifestaciones (incluso en las redes sociales) ante el Congreso o Instituciones del Estado. Insultar a las fuerzas del orden, grabarlas cuando están sacudiendo a ciudadanos. No dejan resquicio: se acabó la libertad de manifestación y casi la de expresión. Protestas ecologistas, todo. Detalles completos en eldiario.es

Como esto del autoritarismo (admite otras deficiones) envicia, el Sr, Botella se ha animado al cabo de un rato a pedir cárcel, 5 años, para quien convoque un referéndum. En Cataluña, dice. De momento. La Sra. Aznar, y Aguirre y demás con lo que quieren acabar es con la Ley de Huelga. «Articularla», dicen.

Yo no sé si es suficiente decir que los alemanes no acudieron a ayudar a quienes se llevaban los nazis, lo cierto es que quien no protestó ante esos atropellos ayudó, fue cómplice, a que aquella canallada sucediera. La Ley de la patada en la boca a la democracia, según la ha calificado en el Congreso la Izquierda Plural. Pues eso, votantes del PP: esta represión increíble en democracia nos habéis traído. ¿Algo que decirles a vuestros representantes?

*Actualización:

Ante el revuelo causado, el gobierno dice ahora que es solo un borrador y que tiene que seguir el trámite parlamentario. Con explicaciones bien curiosas.  Por otro lado, como son ellos tan sensibles a las enmiendas de otros partidos, a la voz de la sociedad y de colectivos progresistas a los que tanto aprecian, es de esperar que -como sucede con el resto de sus Decretazos y leyes- acepten enmiendas y dejen esto en nada ¿A que sí?

Ana Botella, la alcaldesa de una ciudad que no existe

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Se plantó a supervisar la limpieza de Madrid por esquiroles con chaquetón de pieles. Tuvo la ciudad ahíta de basuras y pestilencia durante más de una semana y ahora saca pecho para pedir una nueva ley de huelga que… restrinja ese derecho. Acusa al colectivo de trabajadores de la limpieza de “chantajistas”. Ya conculcado el derecho de huelga con la contratación de esquiroles -esos del pan para hoy y el hambre para mañana, de la indignidad hoy y cualquier día- quiere acabar también con la huelga, como sucedía en el país que añora, ese que se acabó por consunción del dictador hace casi 40 años. Mucho esperar.

Lo que hiede en realidad son los contratos que el inefable PP de Madrid firma con empresas privadas, amigas del clan. Las basuras han dado de siempre mucho juego a las distintas famiglias desde Nápoles al Levante español. De “La sucia historia de la limpieza de Madrid” da cuenta eldiario:

“Desde 1996, la privatización de la limpieza en Madrid (proyectada por Esperanza Aguirre) ha llevado aparejada episodios de despilfarro, favoritismo y presuntos delitos

Una de las figuras políticas centrales de la trama Gürtel, Alberto López Viejo, estuvo al frente del departamento entre 1999 y 2003

El ultimo eslabón ha sido el recorte que Ana Botella impuso a los contratos y que las empresas adjudicatarias tradujeron en una reducción drástica de plantilla”.

Con todos estos precedentes, con su chaquetón de pieles y sus huidas a spas de lujo, con su inmerecido sueldo –a menos que se lo pagaran las grandes fortunas madrileñas-, Ana Botella tiene el cuajo de acusar de chantajistas a unos trabajadores que se manchan las manos y a los que querían rebajar en un 43% el sueldo. Esos que han ganado que no se supriman puestos de trabajo en un ERE pero también han sufrido mermas en el acuerdo.

Ahora se propone acabar con el derecho de huelga en línea con otros miembros de su partido (Montoro también lo dijo) de tan escaso talante democrático, dicho lo de “escaso” con alta generosidad.

La Sra. de Aznar ha descubierto recientemente el gusto por la notoriedad. Ha interpretado como positiva la popularidad que le dio su ridículo mundial del Relaxing café con leche. Y ahora pretende emular a Esperanza Aguirre en su permanente presencia en los medios. Tan mala persona como ella, es mucho menos lista; mucho más “marquesa” aún, con menos motivos.

La labor de Botella como alcaldesa de Madrid ha ido orientada a la ciudad que desearía: con varias Millas de Oro para que compren los ricos, ocio de lujo, terrazas de pago y la escoria del populacho apartada de la vista por decreto. Un jardín japonés que no huela a la vida de quienes pagan su sueldo. Y por métodos expeditivos si es preciso: no ha querido adelantar la Campaña del Frío pese a las bajas temperaturas que han llegado de repente a Madrid este fin de semana.

Ana Botella es la alcaldesa que nos dejó en herencia en Madrid otro conspicuo personaje, Gallardón, de una capital que pierde peso -turismo, riqueza, glamour… limpieza- en despeñe absoluto. En un ciudad que no existe, de un país que tampoco. Aún. Camino lleva. El progreso que quieren cercenar ella, su marido y su partido, permitió a esta mujer de escasas luces salirse del círculo de las “doñas” que toman café y pastas en bandeja de plata con puntillitas despotricando del servicio, y ponerle en las manos una sociedad con más de tres millones de personas que no merecemos este desatino. Ya hace bastante daño maquinando oculta, el colmo es ya que, si no queremos una taza nos dé -con su adquirido gusto por inundarnos de patéticas declaraciones- tres, del más irritante cóctel: estupidez, soberbia e ineptitud.