Estimado José Luis:
Voy a ser clara: tus días como presidente del gobierno de España están contados y apenas quedan ya muchos más en la cesta. Más de 11 millones de personas confiaron en ti para darte la representación de nuestra soberanía –eso es la política-. Personalmente, saludé reconfortada tu –vituperado- talante, el «no os fallaré» o «el poder no me va a cambiar«, de la que como tantas otras cosas has tenido que retractarte, o te han apeado tus actos. Pero, por encima de todo, agradecí el intento de sacudir a este desgraciado país el pelo de la dehesa, la caspa y la mugre que nos sustentan. Promoviste una serie de leyes que rigen con normalidad en Europa. Actuaste sabiendo que las sociedades responsables y con criterio se gestan en la escuela –además de en la familia- al poner en funcionamiento, por ejemplo, el estudio de Educación para la ciudadanía que nadie en absoluto discute fuera de nuestras fronteras, ni los colegios católicos que la imparten.
Subiste las pensiones ínfimas españolas –que no tocó el PP-, para dejarlas nada más que en paupérrimas, y ahora te ves obligado a congelarlas. Aumentaste la ayuda al desarrollo, y, en este momento, dices que hay que reducirla. Incrementaste –tus predecesores no lo hicieron en absoluto- el salario mínimo, pero no lo suficiente. Sabes que los sueldos españoles son los más bajos (con Grecia y Portugal) de la UE anterior a la ampliación al Este, y que han perdido poder adquisitivo. Algo similar sucede con el gasto social.
Dejo al margen –y es mucho dejar-, graves errores, como el adelgazamiento de la televisión pública estatal, o algunos nombramientos seriamente equivocados. Y que tus afectos y resquemores arbitrarios te han influido en exceso, tras adquirir, como todos, el síndrome Hubris de la Moncloa. Todo ello puede ser opinable, pero han contribuido a lastrar el camino.
Sé que has tenido que lidiar con una oposición “arcaica, retrógrada y ultramontana que parece añorar el franquismo y que precisa un urgente cambio”, según la definió “la Biblia” (el Financial Times) en el verano de 2007, precisamente cuando el monstruo de la crisis comenzaba a regurgitar. (Una traducción aproximada del artículo, que no tiene desperdicio, aquí).También que, tras dejar temblando a la ciudadanía, el “mercado” ha doblegado al poder político. Y a eso se le llama dictadura. No era ése el mandato de la ciudadanía.
Vuelvo al principio: te queda poco como presidente del gobierno. Dado como está la situación internacional, pedir heroicidades en solitario es un suicidio político, pero, para entendernos, a ti te quedan pocas alternativas. Aprovecha el tiempo. Pon patas arriba todo. Haz limpieza general en este país. No nos dejes con esta justicia tan proclive a escuchar a la ultraderecha. Nacionaliza algunos bancos, forma o recupera empresas públicas que den trabajo, reparte equitativamente las cargas. Implanta la Tasa Tobin para las transaciones financieras como empiezan a hacer algunos países (con gobiernos conservadores), establece que paguen más quienes más tienen. De una forma efectiva. Como también hacen gobiernos conservadores. No nos abandones en manos de un Partido Popular sin regenerar (piensa en las derechas europeas). No permitas que sigan vendiendo el que fue uno de los mejores sistemas de salud del mundo al mejor postor privado, detén su hoy imparable deterioro. No cedas en la educación. Planta cara al neoliberalismo que nos ha hundido a todos (menos a los de siempre).
Aún eres el presidente. No confíes en que el temor al PP te mantendrá en el gobierno (lo estáis haciendo bastante mal ahora). Y, además, eso no es pensar en la sociedad. No con este PP. Corta, poda, siembra, suma. Olvida el corazón para buscar a las personas más idóneas para la tarea. De cualquier partido, del tuyo sin prejuicios, de la Universidad, de la calle. Pide ayuda, hablando con total sinceridad, a esta ciudadanía que se divide entre los anestesiados y los aterrados por la situación (económica y de regresión de las libertades). Estamos deseando hacer algo. Algo más que quejarnos o rumiar agresividades.
Un chico valenciano, -Romanbender se firma-, ha escrito esto en mi blog:
“Mi empresa hace tres años era casi un imperio. Hoy no podemos pagar ni las nóminas. Hemos despedido ni sé a cuántos y el cierre cada vez está más cerca. Si nosotros no hemos podido aguantar, que no teníamos ninguna deuda, con unos beneficios brutales de los últimos años… ¿quién lo va a hacer?
Si no hacemos nada por evitarlo en unos años seremos peor que Sudamérica. Y cuando digo hacer algo me refiero a algo gordo, claro.
Rosa, haz tú de nexo. Habla con Marc Vidal, con Vicenç Navarro, no sé, con quien quieras, pero montad algo, por favor. Tendréis el apoyo de mucha gente”.
Por eso he pensado que con el primero a hablar era contigo, con el presidente. Parece obvio ¿no?
Un saludo.
PD. Me he permitido tutearte, aunque no nos conocemos (no creo recuerdes la única vez en la que intercambiamos un saludo), pero sobre todo porque en La Moncloa, en todos los ministerios, en el Parlamento, en los órganos de justicia, todos vosotros ocupáis mi lugar, el de toda la sociedad. Quizás convenga recordarlo.
Y en los comentarios, hay -seguro- muchas más posdatas para ti y todos vosotros.












