Sanfermines, fiesta con partes médicos

Asisto cada día, cada año, desde el 7 al 14 de Julio, estupefacta, a esa orgía de salvajismo que –en mi opinión- son los “Sanfermines” y que acompaña mi vida desde que tengo uso de razón. Un país civilizado no puede permitirse esas tradiciones bárbaras por mucho turismo y glamour que atraigan. Es mi pensamiento, “incorrecto” respecto a ciertas tradiciones, lo sé.

“¡Por fin! hemos conseguido una víctima mortal, y varios heridos de consideración!”, se dirán en el telediario, imagino que en voz baja. Porque ayer, ante tres encierros “limpios”, la informadora se mostraba inquieta y «prometía» sangre para hoy. “Los toros de Jandilla ostentan el récord de corneados”, vino a decir. No había que desesperar, era “la crónica de una muerte anunciada” (uno de los mejores títulos literarios de la historia, por cierto). Porque sí, TVE y Cuatro retransmiten los encierros, desplazan grandes operativos, la audiencia les responde. Pero si no hay sangre en condiciones, el morbo decrece. La emoción reside en ver cuantos palman.

Una víctima mortal hoy, empezamos bien. El toro le ha sajado una arteria del cuello desde el pulmón. Otro de los heridos, con las tripas fuera. Otro, con neumotórax.  Muertos, parapléjicos de por vida, graves secuelas, ha dejado la tradición pamplonica. Ellos se lo han buscado. El mundo entero en Pamplona a correr entre los toros, a retar a la muerte. Valentía. Coraje. ¿Estupidez?

Cada año, casi cada día, nos mentan a Hemingway para avalar con la devoción de un escritor de fama mundial por San Fermín, esta tradición española. Uno de los más grandes, sin duda, pero no olvidemos que se descerrajó una escopeta encima para abandonar este mundo.

España la tiene tomada con el toro. Uno de los animales menos inteligentes que existen. Fiereza, brío, potencia y poder le son atribuidos. Sus descomunales testículos, los cuernos que embisten y enfrentan al riesgo, su belleza, lo han situado en el punto de mira de los humanos desde los ancestros. Símbolo mítico desde la Antigüedad, de toda la cultura mediterránea -que le atribuía poderes de fecundidad y lo unía a la muerte y a la resurrección-, sólo en España permanece arraigado en la vida cotidiana. La fiesta se vive en muchos lugares con el toro, hasta llegar en los más atávicos a apoderarse de sus testículos, en la errónea creencia de que también se traspasará su energía. Fueron dioses mediterráneos pero también victimas de sacrificios rituales. En la lidia española y de su área de influencia, el toro muere.

Me enteré en la ganadería de Miura de algunas peculiaridades del animal bastante desmitificadoras. Se encuentran tranquilos en terreno conocido –yo los vi- y sólo pelean, como todos los animales, por el poder en la manada. Otra cosa y muy distinta será cuando lleguen al espacio extraño de la plaza, o de las calles de Pamplona. Entre los 4 y los 6 años harán su viaje final. Entretanto, se alimentan con productos naturales y no copulan jamás con una vaca. Mueren vírgenes. La tarea de reproducción se encomienda a los sementales seleccionados y a las vacas también elegidas por sus características.

Unos pobres animales criados en el campo son arrojados a las calles de una ciudad atestada de gente, muchos de ellos borrachos. ¿Imagina alguien su pavor? Nadie guardará hoy un hipócrita minuto de silencio por la víctima mortal, ni por la crueldad a la que someten a unos animales. Tan preocupados las autoridades por cuidar a golpe de decreto nuestra salud –tabaco, cinturones de seguridad-, no osan entrar en una ¿fiesta? que acaba con partes médicos. ¿Y la eutanasia? ¿No está prohíbida? ¿Tendrán que ir los enfermos incurables a las calles de Pamplona en Julio?

Todos tranquilos. “Capuchino”, el toro asesino, morirá también esta tarde de una estocada. “Mucho mejor que en el matadero”, “La “magia” del toreo” –sí, conozco los argumentos-. Sólo que una concurrida plaza disfrutará viéndole expirar.

La victima es Daniel Jimeno Romero, de 27 años, natural de Alcalá de Henares. Le ha visto -quien haya querido- ensangrentado y con la muerte pintada en el rostro. Una vida truncada. Habrá más, no desesperen. “Los Jandilla nos visten de luto”, titula ETB… ¿los Jandilla? ¿Nadie más pone los medios para que se produzca la tragedia? De algo hay que morir, por otro lado. Y cada uno elige por qué objetivos se enfrenta al riesgo.

La culpabilidad de los indiferentes

Lloraba, vulnerable por sus largos años de secuestro, Ingrid Betancourt -con el premio Príncipe de Asturias en las manos-, al reflexionar, sobre cómo los alemanes fueron capaces de dejar ir a los asesinos encañonando a sus víctimas. Todos ellos formaban parte de una mayoría amorfa, que nunca se mueve y consiente todos los atropellos, porque nunca quiso significarse. La componen seres humanos, pacíficos –se denominan a sí mismos-, incluso “apolíticos”, tendencia que se define como “me importa un bledo lo que le pase al conjunto de la sociedad”. Gentes que no quieren enterarse de que fue cierto que “un día vinieron a por mí y ya no había nadie”, como avisó Bertolt Brecht ante el genocidio nazi.

Alguna vez, alguien reacciona colectivamente. Desde el Fuenteovejuna español a la sublevación contra la tiranía de los franceses, pasando por todas las revoluciones y resistencias. publicitadas o ignoradas, que han poblado y pueblan nuestro injusto mundo.  Denunciar, una tarea peligrosa, dice hoy El País. El riesgo de denunciar, titula otra noticia, casualmente al lado. Ése parece ser el problema: tomar partido implica peligros, incluso el de quedarse sin opción de saborear toda la tarta, y no la parte escogida. Pero esa actitud entraña, en mi opinión, una mayor amenaza: perder la dignidad.

 Y daños a otros. Un día, no hace tanto, algunos trataron de impedir que una niña de 14 años fuese lapidada en Somalia, y tras ser violada para mayor oprobio. Si se hubiera levantado toda la concurrencia, la cría estaría viva. No lo está. El arrojo es un bien escaso.

La pasividad se enseñorea del mundo consumista, nos han aleccionado, a conciencia, para hacernos sumisos y poco o nada comprometidos. Guerras, hambre, desplazados, niños y adultos que mueren en las pantallas de los televisores, mientras miramos para otro lado… ricos objetos de consumo que nos consuelan, cuentas sin pagar en el primer mundo, trampas, demagogia interesada, inyecciones de dinero a los causantes del cataclismo financiero, todo nos toca. Pero… “deprime leer los periódicos, o ver y escuchar cualquier informativo, es más cómodo no hacer nada”, dicen.

Todo se gesta desde un ámbito mucho más cercano. Conflictos en los que una discreta postura -no mojarse, no opinar, ocultarse, no preguntar, ni querer saber, negarse a analizar, a valorar los datos-, garantiza una buena colocación, cuando, al solventarse los problemas, haya un ganador. O cerrar los ojos, porque, sí, es más cómodo. Inicialmente, porque ahí se empieza a perder la primera batalla contra los enemigos de la justicia y la ética.

Acabo de leer que Telemadrid ha empezado a cobrar la información. La televisión regional ha creado «Ciudades por Madrid”, una fórmula en la que los Ayuntamientos se ven obligados a pagar para poder tener presencia en su programación. 30.000 euros le ha costado a Alcobendas, ahora en manos del PP, que los programas estrella de Telemadrid como «Alto y Claro» -sencillamente abominable-, «Madrid Opina» o «Madrid Directo» se emitieran desde esta localidad. 40.000 ha pagado al ayuntamiento de Móstoles para que su alcalde, también del PP, participara como colaborador en el programa de Curry Valenzuela. La denuncia la ha hecho el PSOE y Telemadrid no lo desmiente. Lo argumenta así: “no se obliga a pagar a ningún Ayuntamiento, sino que se les permite la opción de publicitarse por si quieren aprovechar la ocasión”. ¿Y cómo se habla de una ciudad que ha pagado? ¿Objetivamente o pensando que el cliente siempre tiene razón? Es el fin de la información. Y el último episodio… por el momento.

   Llueven trajes y coches de lujo regalados a cambio de prebendas, asquerosas manipulaciones, corrupciones, conchabeos, privatizaciones de la sanidad, la educación, y hasta del agua que bebemos… una interminable lista de impunidades que hemos engullido. Hace años escribí un “manual para tragar sapos”. Les hacemos ascos al principio, pero con sal, pimienta y limón terminan entrando. Hasta los digerimos y preparamos el estómago para que no sufra tanto la próxima vez.

Cada día me convenzo más de que los indiferentes, los cautos, ¿los cobardes?, son los culpables de la situación en la que vivimos, desde la planta del edificio en el que residimos al mundo que hemos creado, pasando por todos los estadios intermedios. Unas risas, una ironía, un autojustificarse, una crítica «equidistante», siempre hay consuelo para el tibio que evita los jardines, la realidad y el compromiso.

Pensar, práctica en desuso

Las calculadoras como muletas en la resolución de problemas, el pensamiento mascado para ser mejor digerido. Pocos parecen enfrentarse a la realidad con ojos nuevos cada día para hacerse preguntas y encontrar respuestas, para equivocarse y volver a replantearlas, para tratar de ver, asociar y sacar conclusiones. Lanzarse a la aventura de descender una montaña hasta el mar del conocimiento como río nuevo, en lugar de seguir – en barca sin piloto identificado- todos los canales establecidos. Más aún, como razona Ignacio Escolar, entrar en el jardín secreto está penado por la sociedad.

Varios amigos coetáneos míos coinciden en resaltar que ahora ya no parecen existir grandes pensadores, cuyas palabras aguardar con interés. Los Aranguren, Madariaga, Marías, de nuestra juventud, publicaban artículos, eran entrevistados en grandes medios. Ahora, en efecto, no pueden proliferar más los “opinadores” de oficio, tediosos repetidores de tópicos, pero faltan los elaboradores de ideas. Se ha perdido -se diría- la práctica de pensar.

Es un mal general, los filósofos han sido sustituidos por los sociólogos –de meritoria labor sin duda- en una corriente que trata como máximo de analizar los hechos, pegarse a la realidad. Pareciera que la última corriente de pensamiento filosófico notable fuera la del Círculo de Viena y data de la primera mitad del Siglo XX. De otro lado, se recupera la “matematización”, las matemáticas como eje e instrumento: Todo lo que no puede reducirse a variables cuantitativas se rechaza.

Descubrí en un reportaje el valor capital de las matemáticas sin embargo. Origen de todas las ciencias, ofrece un punto clave: “Es una cuestión de entrenamiento”, me decía la matemática Marta San-Solé, “un deportista de élite no llega a serlo si no hay un entrenamiento muy duro detrás. Y, si uno no se rompe la cabeza resolviendo problemas desde niño, problemas sencillos, pero que sirvan de entrenamiento al racionamiento, pues evidentemente no va a tener una cultura matemática”.

Ni de vida. Hay que trabajar para abrir cauces, pero si no se ejercita, el cerebro se extingue. En un mundo global, con sobre-información, las ideas nuevas se diluyen en el conjunto. Con la crisis, no hay tiempo para pensar –precisamente, cuando sería más necesario-. La Universidad hoy busca el pragmatismo urgente, piezas que encajen en empresas, en lugar de primar ser lo que siempre fue: un foro para el desarrollo de ideas. Pero la causa principal puede estar en los medios de comunicación. Los espacios culturales de los telediarios ya no informan sobre cultura, sino que promocionan industrias o productos propios. Productos, no cultura. Los medios más serios no se arriesgan con experimentos. Los debates políticos han quedado reducidos a lo que el sociólogo Fermín Bouza denomina «píldoras»: «la televisión ha contribuido a un proceso de debilitamiento de las ideologías porque ha impedido el discurso ideológico. Es un discurso de píldoras, sintético, rápido, y ha formateado al resto de la sociedad a su manera”. 59 segundos para sintetizar una idea, la audiencia ya no aguanta más tiempo atendiendo.

 Vivimos en una sociedad trivializada y, por tanto, más vulnerable. Ella da de comer a los medios también, en un bucle que se retroalimenta. El fin último es fomentar el consumo, como dice una intelectual innovadora, ésta sí, Naomi Klein.

Aún tenemos en España, mejor en la península ibérica, a Saramago, Sampedro, José Vidal-Beneyto o Federico Mayor Zaragoza. Mezclados, y tapados, con las hordas “cristianoronaldas”. Un cerebro para toda la vida. Anquilosado y lánguido por falta de uso. Cuestionarlo todo, volver a mirar, asociar y concluir para hallar nuevas soluciones. Fortalecer el cerebro, entrenarlo. Para abordar también problemas prácticos, sí, esos que nos acucian. Empequeñecios y más accesibles a un pensamiento maduro.

Consumada la fechoría: ya está aquí Cristiano Ronaldo

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Me he cruzado por expulsión de otras vías –Madrid rebosaba de gente en la calle- con las hordas que se dirigían a ver a Cristiano Ronaldo en el estadio Bernabeu, y a avalar con su presencia que se hayan dilapidado con él 94 millones de euros, en un mundo cuajado de pobreza e injusticias. Grupos numerosos, convertidos en chusma, arrasan a los vehículos, la calle es suya, el mundo es suyo. Sólo porque van a ver a un niñato vestido con la camiseta de su equipo. No importa que luego vuelvan a incorporarse a su mediocre vida.

Setenta y cinco mil personas. Los había de todas las edades, predominantemente jóvenes. Un padre con traje llevaba de la mano a su hijo. Ha cruzado, educadamente, entre los coches y he estado tentada de preguntarle: ¿Va a enseñar a su hijo cómo se triunfa en la vida? ¿Solidaridad? ¿Valores?

Macarrilla, musculado –puede que operado-, Cristiano Ronaldo es un paso más allá en el modelo que creó Florentino Pérez para el Real Madrid. Sólo que ya caricatura, degeneración, un Beckam rural –que ya es poner el listón bajo-. Mujeriego, vacío, todo un modelo a imitar. La capital, España, se va a enterar de quién es éste muchacho. En los lugares por donde ha pasado suelen celebrar con fiestas su despedida. Yo no soy una seguidora habitual del fútbol. Sólo sé que se enfrentó al Barcelona en una final, perdió y a él ni se le vio. Pero da dividendos selectivos –particulares- en la tierra de la desmemoria, que se extiende a la política, a la economía, a la sociedad.

Setenta y cinco mil personas, cadenas retransmitiendo en directo, alguna de ellas financiadas con dinero público. España se para, e Inglaterra respira. Los aficionados del Real Madrid borran de su recuerdo, los tres años sin títulos, al Presidente saliendo por piernas del club con un agujero económico insostenible, tras haber levantado para sus arcas, cuatro torres altísimas. Hoy siento una pena inmensa por esta sociedad, por el ser humano que no recuerda, ni piensa, ni se conmueve por el injusto mal de los otros. Carne de cañón para los desaprensivos.

Actualización, martes, 7 de Julio:

  No os perdáis esto:

«Eso te lo has gastado tú comiendo una mariscada con cuatro golfas que no conoces de nada»… ¿la afición al fútbol seca las neuronas? ¡Dios qué país!

      http://www.as.com/futbol/video/nueva-campana-abonados-valladolid-i/dasftb/20090706dasdasftb_7/Ves

El gozo de escribir (o de hacer algo)

Venía yo elucubrando un asunto, mientras hacía “recados”, sobre un muro suspendido en el aire que sabía iba a empujarme hacia una de sus dos vertientes: lo positivo y lo negativo. En el supermercado de mi barrio hay un abuelo que pide en la puerta como cumpliendo un horario. Hoy, que he bajado al abrir, ya estaba. No es un desarrapado. Lo imagino en su casa, madrugando, desayunando, pensando en la labor diaria que un día tuvo y que, ahora, de alguna forma recupera. Su tarea –de remuneración imprevisible- es extender la mano. Tengo localizado otro, algo más joven,  que se juega la vida entre los coches de María de Molina, el acceso a Madrid desde la Nacional II o el aeropuerto. A éste le apasiona su actual labor:  rezuma optimismo. Y nunca falla. Me preocupa, sin embargo, un tercero que ha desaparecido de su puesto. Hace ya tiempo. Argumentaba con ímpetu su reivindicación. Se enfadaba si no alcanzaba el éxito.

Pensaba en mí misma, privada de un trabajo diario en el periodismo, que se consuela plantándose en la puerta de la blogosfera, pendiente de la mañana a la noche más de una vez, para dotarme de una cierta sensación de que sigo ejerciendo. Ya sé que yo dispongo de medios de subsistencia y, posiblemente, estos hombres que piden no. Pero hay algo en su actitud que me hace pensar que hay algo más: la necesidad de la rutina, la obligación, sentirse útil, sentirse en el mundo.

Y llego a casa, y, vía Toño Fraguas lafragua.blogspot.com, he encontrado la solución. Y he saltado de mi muro hacia un colchón de esperanza. Este post va a ser inmensamente largo. Porque así debe ser. Toño ha descubierto un artículo maravilloso. A mí me sirve. Cada cuál busque su mejor acomodo.

ESCRIBIR A DIETA

Juan Villoro

Diario REFORMA . Ciudad de México

(19-Jun-2009).-

Hace años, en todos los periódicos trabajaba un gordo dedicado al arte de corregir la puntuación. Mientras otros sudaban en el lugar de los hechos, él leía con ojos de cazador. De tanto en tanto, chupaba un lápiz como quien prueba una golosina y tachaba un gerundio. No necesitaba consultar diccionarios porque había engordado a fuerza de adquirir palabras.

El corrector obeso era la versión extrema del periodismo sedentario. Su cuerpo expresaba autoridad. Aunque odiáramos sus enmiendas, lo veíamos como a un Buda cuyo paradójico don consistía en suprimir el adjetivo que tanto nos gustaba.

En un diario español conocí a uno de esos gordos, que además tenía el tino de apellidarse Grasa. Nadie se burlaba de él. Su nombre parecía heráldico, digno de su especialidad.

Los correctores perdieron importancia desde que la computadora prometió hacer esa tarea. El gran gordo desapareció mientras las redacciones se llenaban de gorditos.

Los reporteros se ejercitan menos; ya no persiguen las noticias a pie, sino que las buscan en las pantallas. Un oficio de flacos (recordemos al periodista famélico dibujado por Abel Quezada) se ha convertido en una tarea donde la barriga ya no es exclusividad del corrector en jefe.

Internet ha traído numerosos cambios culturales. No vamos a demonizar aquí algo bueno e inevitable, como la lluvia o el teléfono, pero es un hecho que los inventos ponen nerviosa a la gente. La fotografía anunció el fin de la pintura, el cine el fin de la fotografía, la televisión el fin del cine y la computadora el fin de la televisión. El resultado suele ser el opuesto. Cada nueva tecnología prestigia a la anterior: el plástico ennoblece al vidrio, el vidrio al bronce y el bronce a la piedra.

Las fotos polaroid, que parecieron el non plus ultra de lo moderno, acaban de desaparecer para siempre, convirtiendo a sus cultores -de Andy Warhol a David Hockney- en artistas de una edad pretérita.

Dentro de 50 años será imposible encontrar un sistema operativo para leer un CD con la información que hoy podemos grabar. En cambio, se leerán libros caligrafiados hace 2 mil años.

Internet refrendó la fuerza de la cultura de la letra. No podemos vivir sin escritura. La constelación que una vez se trazó con tinta de calamar, ahora brilla en nuestras pantallas.

Sin embargo, ante la galaxia Google, el periodismo impreso ha tenido un ataque de ansiedad. En vez de realzar sus recursos, imita los ajenos. Como la información en línea es muy solicitada, los periódicos tratan de parecer páginas web (menos letras, más imágenes, tips que simulan ser links…).

La reacción debería ser la contraria. Si en la pintura el abstraccionismo mostró lo que no puede hacer la fotografía, el periodismo impreso debería ofrecer lo que no funciona en la red: textos larguísimos para gente que conoce la calma. El periódico italiano La Reppublica es un buen ejemplo al respecto. Se lee al ritmo que impone el papel. Hace poco, uno de sus temas de portada fue la descripción de un beso. Es cierto que el autor era Orhan Pamuk, pero pocos diarios lo hubieran considerado digno de primera plana.

Lo curioso es que mientras se reduce el periodismo de investigación y se eliminan suplementos, las revistas ganan adeptos, demostrando que hay gente dispuesta a leer textos más extensos que los de las cajas de cereales.

La red se ha convertido en su propio tema: es el horizonte de los acontecimientos. En vez de acudir al lugar de los sucesos, el reportero vigila la realidad virtual. Como todos pueden llegar ahí, la competencia se basa en la homologación. El triunfo de conseguir algo único es menos decisivo que la derrota de perder lo que los demás consiguieron. La novedad tiene un criterio estándar.

Otro efecto secundario de internet es la disminución de corresponsales extranjeros. La red es una plaza sin patrias donde se intercambian datos de todas partes. Los enviados especiales se han vuelto caros y en cierta forma desconfiables: ven de manera peculiar un mundo que aspira a la norma.

Para colmo, en muchas ocasiones el reportero debe escribir un texto aplicable a varios formatos (el periódico impreso, la información en línea, el boletín de radio o televisión). Por lo tanto, ofrece una materia neutra donde los giros personales se evitan como grumos en el arroz con leche.

El periodismo sin señas de identidad permite que alguien comente: «ese texto es demasiado literario». La frase debería ser tan rara como la de un chef que dijera: «ese guiso es demasiado gastronómico». Casi siempre, la objeción se refiere a que el texto es complicado. La claridad es un requisito de la prensa (el desembarco en Normandía no se puede comunicar como un poema dadaísta), pero el miedo a la diferencia ha llevado a renunciar a los adverbios y los adjetivos.

Al alejarse de su esencia, la prensa escrita pierde lectores en todas partes. Mientras los periódicos adelgazan, los periodistas engordan.

No será por mucho tiempo. No hay vida sin historias. Nada más urgente que la crónica de un beso

Zelaya, casi solo ante el peligro

http://www.youtube.com/watch?v=IKx6MUH6sEM

En el telediario de TVE de las 21.00 se les ha roto la conexión y dedican el informativo del “Canal 24 horas”, de noticias continuas,  a repetir programas enlatados. En la BBC han  dicho que el avión está «en algún lugar entre Washington y Centroamérica». Con un par.  La CNN internacional tampoco sabe nada… Una cadena venezolana en Internet asegura que han dejado pasar a los manifestantes “pro-Zelaya”. Noticia de agencia aclara que han roto las vallas de seguridad y se han metido en el aeropuerto. Varios bulos desmentidos acerca de presencia de tropas nicaraguenses. El periodismo duerme los domingos por la noche. El Mundo precisa ahora: «Una marea humana hace retroceder a los militares en el aeropuerto de Honduras«. Pacíficamente.

Un presidente constitucional que habla de crucifijos vuela. Con un piloto. Al menos. Los golpistas no le quieren allí. ¿Se prepara una masacre? Sólo ante el peligro. Todo el pueblo lo sabe. El tren, el avión, llega. No tiene permiso para aterrizar. El pueblo reacciona. Hay algo ejemplarizante, de política de futuro, en lo que hagan los hondureños y le suceda a Zelaya.

Actualización: 12 noche.

Zelaya habla desde el avión con la cadena venezolana, Telesur. Piensa aterrizar en Tegucigalpa en media hora y le queda combustible para una hora. En ese tiempo intentará dialogar para obtener permiso para aterrizar.

Le acompaña el Presidente de la Asamblea General de la ONU, Miguel D`Escotto, representantes de la OEA y algún periodista.

El ejército lanza botes de humo y gases lacrimógenos a los manifestantes.

12,15

Los golpistas anuncian que detendrán a Zelaya para que responda por sus delitos. No han dado un golpe de Estado, claro está, es una «sustitución constitucional».

CNN internacional enlaza imagenes de Telesur. Dos bandos se contemplan: Ejército y manifestantes. La cadena venezolana asegura que hay dos muertos.

12,30

Tiroteo intenso. Es el ejército.

La policía se va. No interviene.

12,45,

Uno de los manifestante muertos, un chico de 19 años. Imágenes de otros ensangrentados.

1,10

Esperado a Zelaya. Teóricamente se le ha acabado el combustible.`

1,25

El avión da vueltas sobre el aeropuerto de Tegucigalpa. El ejército, con tanques, se sitúa en la pista.

1,30 Telesur entrevista al piloto en pleno vuelo. Han hablado con la torre. Llevan al Secretario General de la Asamblea de la ONU. No dan, pese a ello, permiso. El piloto dice que, con la pista interceptada, no puede aterrizar, pero que dispone de otra opción que no va a facilitar por motivos de seguridad.

1,40

Vuelve a hablar Zelaya. No van a poder aterrizar. Llama la atención sobre que Honduras ha impedido aterrizar a la ONU.

Lunes, 8,30

Zelaya tuvo que aterrizar en El Salvador. Pablo Ordaz de El País -enorme periodista- relata la noche vivida. Y destaca este punto importante: el Golpe de Estado se está saldando con víctimas:

«Ayer, cuando el periodista se acercó al hospital para indagar el número cierto de víctimas durante los incidentes del aeropuerto, descubrió una realidad hasta entonces oculta. Una enfermera cuyo nombre no debe ser mencionado se prestó a guiarlo por salas atestadas de heridos de bala. «Están llegando desde hace varias noches», explica, «la policía los trae y los deja aquí. Todos tienen disparos recibidos durante el toque de queda. Algunos llegan muy mal. Fíjese en aquel, Marco, le dispararon en el cuello. Está muy grave. Nada de eso sale en los diarios».

Y una reflexión:

En 1924 Honduras era el primer exportador de banano en el mundo, aunque las grandes ganancias eran totalmente usufructuadas por la United Fruit Company. El conflicto civil que esto produjo fue sofocado mediante una invasión de marines mandada por Estados Unidos, que prestaba colaboración, además, a la represión de los corruptos caciques locales. Aún así, el país tenía un crecimiento económico destacado.

Hoy Honduras es uno de los países más pobres de América y tiene una total dependencia económica del exterior. El 70% de la población vive en la miseria. Y, como suele suceder, hay una poderosa oligarquía. Políticos, ejército, policía, jueces, la Iglesia católica –cómo no-, y un amplio sector de la población apoyan el golpe.

¿Qué ha ocurrido en Honduras?

Morfología del golpista

Suele llevar el pelo corto y, en cambio, bigote preferentemente fino. Padece sordera para escuchar argumentos distintos a los suyos. Elabora su discurso con creencias en lugar de con hechos y razones. Saca pecho ante quienes le afean su conducta. Se atrinchera en el poder, sólo contra el mundo, y se hace pasar por víctima de un asedio general.  Su arrogancia se doblega ante aquellos que considera más poderosos. Siempre tiene razón (a menudo de inspiración divina). Su vida se basa en la ley del embudo. Alardea de Constitución para quebrantar la legalidad. Su lema: el fin justifica los medios. Estima que los opositores están fuera de la consideración de ciudadanos y de los derechos que amparan a éstos. Es prolijo en eufemismos: Un golpe de Estado no es un Golpe de Estado. Le repele el color negro, el género femenino como no sea para usarlo o controlarlo y tiene obsesión con reprimir el sexo.

El Secretario General de la OEA (Organización de Estados Americanos), José Miguel Inzulza, no logra convencer a los golpistas hondureños y pide la exclusión de Honduras del organismo. El “presidente” Micheletti reacciona, diciendo que se retira “inmediatamente” de la OEA. El honor ante todo. De fachada. Otras fuentes avanzan que habría sondeado a Insulza sobre una salida airosa, e impune, de la situación… y del país. Sin embargo, al golpista le pide el cuerpo mucho más resistir y mandar a otros a que le defiendan con su sangre. La de ellos.

El golpista se apoya en afines. El de Honduras nombra ministro asesor presidencial a Billy Joya, famoso represor en dictaduras de los 80, a través de distintos destinos como el «Escuadrón de la muerte 3-16»

O ministro de exteriores, la cara del régimen, a Enrique Ortez. Dentro del cúmulo de bulos e informaciones interesadas –de uno y otro signo-, el nuevo Canciller hondureño habría empezando a hacer amigos llamando a Obama «ese negrito que no sabe nada de nada». A Zapatero lo manda “a sus zapatos” y menosprecia a su vecino: El Salvador.  El golpista también es jerárquico, clasista, y xenófobo (exceptuando a quienes, por su riqueza o fortaleza, admira).

Ortez es este señor, magistralmente entrevistado por CNN en español, que baboseaba ante EEUU, no responde a las preguntas hasta más de 6 minutos después de comenzada la charla y, generoso, apela hasta a “razones humanitarias” para la deportación del Presidente constitucional Zelaya.

El vídeo muestra la segunda parte de la entrevista, pero os aconsejo también la primera, por ser una interesante pieza de humor, de no tratar un tema tan trágico, como que un país esté en manos de estos sujetos.

El golpista pertenece a la especie de los depredadores y permanece agazapado hasta que ve su oportunidad. Entretanto, se camufla con distintos disfraces, incluso el de demócrata. Se comunica con sus semejantes a través de declaraciones de prensa en ocasiones. Y, aún mucha gente, les ríe las gracias e ignora sus intenciones, facilitando sus propósitos.

Me comen los papeles

papeles 001

Cada vez que uno sale de su casa durante unos días, se encuentra al volver con una pila de papeles, llegados en su mayoría por correo, o buzoneados. Mientras –en tiempos de crisis- las carreteras se saturan en eso tan bonito del “éxodo vacacional”, yo voy a intentar hacer una primera aproximación al miura. El montón mide 15 cms., hoja a hoja. Es decir, lo mismo que los tres tomos de Millenium. Ya hace algún tiempo que, al toparme en la calle, con alguien que pretende –con expresión ausente- entregarme un papel, me niego diciéndole que piense en los árboles o que no quiero contribuir a la desertización del planeta.

Me resulta curioso que esté llegando a odiar el papel con quien he mantenido durante toda mi vida una relación excepcional. En blanco, me servía para escribir. No ahora que lo hago en el ordenador sin cercenar ningún bosque. Sin embargo, muchas cosas las imprimo. Todavía no me he liberado de él en este punto. Libros, periódicos, han representado para mí tesoros incalculables. La culpa de mi desagrado actual hacia el papel es del correo, de la publicidad, de la manía de inundarme e inundarnos, a poco que nos descuidemos.

Expurgar y clasificar los papeles que te llegan sin pedirlos, resulta una labor descorazonadora, además. Pésima desde el punto de vista psicólogico. Si me decido a acometer la tarea, apenas habré solucionado el problema. Dejaré la mesa expedita, pero seguirán llegando papeles una y otra vez, y en cuatro días, una semana, me veré exactamente en las mismas circunstancias. A los animales irracionales se les enseña que el esfuerzo tiene recompensa, que existe una cierta lógica en los comportamientos, pero recoger papeles crea indefensión, desconcierto. No se acaba nunca. Es como tejer y destejer: labor baldía.

Si me perdonáis un momento, voy a ver con qué me encuentro.  Luego vuelvo.

Os cuento:

Sobre con carta de un anuncio de ópticas 2000.

Invitación a la presentación de un libro de un querido amigo, que ya ha se ha producido. Vamos, que he llegado tarde.

Anuncio de Orange. Deberían emplear el dinero en dar el servicio que ofertan.

Factura de Telefónica (sutílmente elevada un poco más cada vez).

Revista-anuncio de un gran supermercado: Makro. Está bien.

Dos folletos de restaurantes chinos felices. Tres. Cuatro. ¡Cinco!

Revista de la Asociación de la Prensa. La ojearé más tarde.

Academia TV. Voluminoso sobre de papel caro y blanco. Los árboles desvencijados con este envío deben ser escandinavos. Incluye cartulina regia y hoja transparente grabada. Un pastón… en pasta de papel.

¡Factura de El Corte Inglés! Muy abultada también, dios ¿la abro? Ofertas de Junio. Menos mal, se ha pasado.

Otro sobre de la misma procedencia: revista, casi libro, Gourmet Magazine. 98 páginas y plagadito de anuncios. Una receta al azar: «Sandía caramelizada con verduras crujientes”. Vaya, entre los ingredientes “hojas de mizuna” ¿qué será? Busco en Internet:

“De aspecto es muy parecida a la Rucola. Su origen en Japonés y la denominamos la planta inteligente. La usamos en la ensalada Caprese, Carpaccio y muchos otros. Es inteligente porque cuando tú la colocas en el plato si quieres que se quede de pie ella lo hace si pestañear, elegante y orgullosa de su presencia. Además es que está buenísima, pero eso tendréis que juzgarlo vosotros”.

Y otra revista, tamaño folio, de 134 páginas: ¡Guía de puericultura!, francamente creo que llega a destiempo. Esta va a la basura de reciclaje. La he metido dentro de una caja grande de detergente de lavadora.

Factura de la luz… La última antes de la subida. Sobre a la basura. Otro más.

Bancos… aquí no voy a profundizar, que me deprimo.

Telefónica móviles… ¡Qué barbaridad!

“Direct Seguros” Pero a estos ¿quién les ha invitado a entrar en mi casa? Basura.

Anuncio para conseguir “tu sonrisa más blanca”. Gratis, dice. ¿Para cuando medidas eficacez contra la publicidad engañosa?

Un anuncio de mi fontanero, por primera vez en su vida. Él no lo sabe pero fue uno a quienes dediqué mi último libro. Persona eficaz, formal, amante del trabajo bien hecho. Excepcional, en una palabra. Os lo recomiendo.

Universidad Rey Juan Carlos. Nueva oferta académica, 2009/2010. ¿Y eso?

Uf… Me voy a centrar en las revistas-anuncio que abultan más, a ver si baja el montón.

Lo dejo por hoy. Todo un trabajo. Y árboles rebanados en su carnes, cortados incluso. Años allí. Pulmones del planeta, para acabar en la basura sin haber cumplido otro objetivo que el de molestarme.

Gracias por compartir este esfuerzo conmigo.

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Aires suecos en Europa

Suecia acaba de asumir la presidencia de la Unión Europea, con un cambio de aires respecto a la euroescéptica Chequia que permite respirar mejor. Con los liberales en el Gobierno del país, el conservador Fredrik Reinfeldt presenta un programa de actuaciones que, de nuevo, hace envidiar a ciertas derechas europeas. Quiere –lógicamente- abordar los retos de la crisis económica y, sobre todo, lograr un nuevo acuerdo internacional sobre el cambio climático. Desde el comienzo, la presidencia sueca ha dejado claro que su objetivo es reactivar la ampliación incluyendo a Croacia y Turquía, lo que levanta ampollas en muchos países y ha ocasionado, por ejemplo, el ascenso de la ultraderecha en Holanda. Y, con sentido práctico, también quiere olvidar lo que llama “pulsos estériles” sobre la reelección de Durao Barroso al frente de la Comisión.

El Embajador sueco en España reunió ayer a un grupo de personas para celebrar la presidencia de su país. “Directa, cercana, priorizando al máximo la lucha contra el cambio climático”, vino a decir que sería ésta, Anders Rönquist, y fue algo que se demostró incluso en la recepción. No más de cuarenta personas, quizás menos. Pocas autoridades españolas, la secretaria de Estado de Inmigración Consuelo Rumí, el nuevo europarlamentario socialista Diego López Garrido o el Director de la Comisión Europea en España, Francisco Fonseca. Muchos representantes del cuerpo diplomático acreditado en España y suecos de a pie. Un concierto. Vivo. Robert Wells triunfa en medio mundo con su piano trepidante. El embajador invita a quitarse las chaquetas que aprieta el calor, y tanto él como los demás siguen el ritmo con los pies. Exquisiteces suecas traídas del restaurante Aptit Stockholm, con sus chefs y todo, hielo de Laponia para construir vasos –gracias, todo ello, a la colaboración de empresas suecas que los nórdicos saben gestionar los gastos-. ¿Acto elitista? Para nada. Suecia ha abolido desde hace años las extremas diferencias sociales. Querían presentarse, llanos, discretos y dialogantes como son. “Hacerse el sueco” es odiar el conflicto, corroboran.

Toda la revista de presentación está dedicada al cambio climático. “La inteligencia ecológica es rentable”, “Objetivos claros para cuidar la tierra”, “El desarrollo urbano sostenible”, “Estocolmo, la primera capital verde de Europa” y todo ello plagado de datos.

Suecia ha llevado al Parlamento de Estrasburgo un Partido Pirata. Empresa de intercambios prohibidos, se constituye en formación política para luchar por sus derechos, iniciativas ciudadanas contra la política tradicional. Y el nuevo propietario de la compañía inicial marca nuevas pautas: pagará a quien comparte archivos de Internet y cobrará a las operadoras por aligerarles el tráfico.

Necesitamos Europa, España más que otros países. También necesitaría Europa Honduras. Seis meses suecos y llegará la Presidencia española. Quizás con unos y otros reavivemos el fósil.

Algo falló con Dalila

Dalila acudió 4 veces a urgencias en hospitales de la Comunidad de Madrid. Con fiebre que en algunos casos llegó a los 39,5. “No podía ni caminar”, denuncia su afligido e indignado viudo, Mohamed. Dalila era atleta. Corría carreras de 1.500 vallas (dice El País) y había participado en campeonatos internacionales. “No padecía, previamente, asma”, asegura de nuevo Mohamed, dificilmente podría hacer atletismo si sufría esa enfermedad.  ¿Ha funcionado todo como debiera?

Nos cansamos de escuchar que España es para la OMS el séptimo mejor sistema sanitario del mundo –superados por Francia, por ejemplo-. Esta alta concepción se basa en la universalidad y gratuidad de nuestros servicios. Es eso lo que inclina la balanza hacia el sobresaliente.

Sin embargo, la privatización de la gestión en la sanidad ha creado profundas diferencias entre Comunidades y Madrid no es la mejor dotada en cuanto a gasto.

La OMS –a pesar de haber conocido una progresiva “liberalización” de sus criterios- publicó en 2006 un informe, firmado por Martin McKee, del Observatorio Europeo de Sistemas y Políticas Sanitarios, y otros dos investigadores británicos, sobre la privatización de la sanidad, con algunos puntos destacados:

  COSTE. A largo plazo, «los nuevos servicios han sido en general más costosos que si se hubieran empleado los métodos tradicionales» de gestión pública. Debido, en primer lugar, a los altos costes financieros que soportan los hospitales privados: los créditos que deben pagar las empresas son más caros que la deuda pública. La segunda razón son los beneficios que obtienen los accionistas de las empresas que gestionan los centros sanitarios. La tercera, el «enorme coste» que deben asumir los Gobiernos si algún proyecto quiebra. El estudio destaca que en estos casos, los Gobiernos no pueden dejar de prestar la atención sanitaria y se ven obligados a intervenir, asumir las deudas e invertir más dinero. La OMS insistía en que, aunque los Gobiernos afirmen que son las empresas las que asumen las pérdidas en caso de mala gestión, acaban siendo pagadas por los presupuestos públicos. El estudio alertaba también de la «falta de transparencia» de estos llamados proyectos PFI privatizadores:  pese a estar sustentados con dinero público, Gobiernos y empresas se niegan a detallar el destino de las partidas económicas alegando que es información «comercial confidencial».

 CALIDAD Y VIABILIDAD. El estudio destacaba la incapacidad del modelo para adaptarse a «un entorno de gestión sanitaria que cambia muy rápidamente» debido a los contratos a 30 años en los que está basado. «La falta de flexibilidad» para adaptarse a los cambios de población o a las nuevas técnicas médicas «ha hecho que algunos hospitales estén obsoletos cuando acaban de ser inaugurados». Y también señalaba la enorme complejidad que adquiere un hospital que debe prestar un servicio público, no sólo asistencial, sino también de formación a médicos residentes, pero que está gestionado por una o varias empresas privadas que, a su vez, pueden subcontratar la restauración, limpieza, mantenimiento, administración u otras funciones. «La dificultad de alcanzar un acuerdo entre tantos actores, junto los elevados costes de los proyectos, ha llevado a la quiebra de un gran hospital universitario, el Paddington Health Campus», en Londres”, citaba como ejemplo el estudio.

Oxfam, por su parte, ha elaborado otro estudio, este mismo año, alertando de los peligros de la privatización de la sanidad en los países pobres. Y, entre las muchas razones y ejemplos, cita el ejemplo de China –país que no es ni mucho menos pobre, pero sí lo es su población-:

“La administración de vacunas se ha recortado a la mitad en los años posteriores a la privatización de la sanidad. La prevalencia de índices de tuberculosis, sarampión y poliomielitis va en aumento actualmente y puede suponer millones en pérdidas de productividad y un gasto innecesario en tratamientos para la economía del país”.

Rebajar la calidad de la sanidad en algún país, va en perjuicio de toda la sociedad mundial. Los enfermos contagian a otros y expanden enfermedades.

 Los médicos y todo el resto del personal sanitario españoles sí están sumamente acreditados en el mundo, pero nuestro sistema empieza a acusar deficiencias. Marroquí, joven, embarazada, sin apenas hablar nuestro idioma, algo falló con Dalila, al rechazar su hospitalización y pruebas más profundas vistos sus alarmantes síntomas. ¿La privatización como causa? Un dato más para evidenciar los peligros que corroen el sistema en el que vivimos.

Actualización:

  Algunos deportistas de élite sufren de asma y precisan para ello tratamientos muy controlados. Este enlace explica bien el esfuerzo extra al que se someten y los exámenes médicos que necesitan, porque su padecimiento es el más contraidicado para hacer un esfuerzo respiratorio, que, pese a todo, realizan por vencer dificultades. No parece el caso de Dalila, cuando además la familia asegura que no padecía esa enfermedad. El problema sobre el que he querido llamar la atención es, sin embargo, otro: saber si las privatizaciones en la sanidad han contribuido a mejorar el servicio o a empeorarlo.