Me comen los papeles

papeles 001

Cada vez que uno sale de su casa durante unos días, se encuentra al volver con una pila de papeles, llegados en su mayoría por correo, o buzoneados. Mientras –en tiempos de crisis- las carreteras se saturan en eso tan bonito del “éxodo vacacional”, yo voy a intentar hacer una primera aproximación al miura. El montón mide 15 cms., hoja a hoja. Es decir, lo mismo que los tres tomos de Millenium. Ya hace algún tiempo que, al toparme en la calle, con alguien que pretende –con expresión ausente- entregarme un papel, me niego diciéndole que piense en los árboles o que no quiero contribuir a la desertización del planeta.

Me resulta curioso que esté llegando a odiar el papel con quien he mantenido durante toda mi vida una relación excepcional. En blanco, me servía para escribir. No ahora que lo hago en el ordenador sin cercenar ningún bosque. Sin embargo, muchas cosas las imprimo. Todavía no me he liberado de él en este punto. Libros, periódicos, han representado para mí tesoros incalculables. La culpa de mi desagrado actual hacia el papel es del correo, de la publicidad, de la manía de inundarme e inundarnos, a poco que nos descuidemos.

Expurgar y clasificar los papeles que te llegan sin pedirlos, resulta una labor descorazonadora, además. Pésima desde el punto de vista psicólogico. Si me decido a acometer la tarea, apenas habré solucionado el problema. Dejaré la mesa expedita, pero seguirán llegando papeles una y otra vez, y en cuatro días, una semana, me veré exactamente en las mismas circunstancias. A los animales irracionales se les enseña que el esfuerzo tiene recompensa, que existe una cierta lógica en los comportamientos, pero recoger papeles crea indefensión, desconcierto. No se acaba nunca. Es como tejer y destejer: labor baldía.

Si me perdonáis un momento, voy a ver con qué me encuentro.  Luego vuelvo.

Os cuento:

Sobre con carta de un anuncio de ópticas 2000.

Invitación a la presentación de un libro de un querido amigo, que ya ha se ha producido. Vamos, que he llegado tarde.

Anuncio de Orange. Deberían emplear el dinero en dar el servicio que ofertan.

Factura de Telefónica (sutílmente elevada un poco más cada vez).

Revista-anuncio de un gran supermercado: Makro. Está bien.

Dos folletos de restaurantes chinos felices. Tres. Cuatro. ¡Cinco!

Revista de la Asociación de la Prensa. La ojearé más tarde.

Academia TV. Voluminoso sobre de papel caro y blanco. Los árboles desvencijados con este envío deben ser escandinavos. Incluye cartulina regia y hoja transparente grabada. Un pastón… en pasta de papel.

¡Factura de El Corte Inglés! Muy abultada también, dios ¿la abro? Ofertas de Junio. Menos mal, se ha pasado.

Otro sobre de la misma procedencia: revista, casi libro, Gourmet Magazine. 98 páginas y plagadito de anuncios. Una receta al azar: “Sandía caramelizada con verduras crujientes”. Vaya, entre los ingredientes “hojas de mizuna” ¿qué será? Busco en Internet:

“De aspecto es muy parecida a la Rucola. Su origen en Japonés y la denominamos la planta inteligente. La usamos en la ensalada Caprese, Carpaccio y muchos otros. Es inteligente porque cuando tú la colocas en el plato si quieres que se quede de pie ella lo hace si pestañear, elegante y orgullosa de su presencia. Además es que está buenísima, pero eso tendréis que juzgarlo vosotros”.

Y otra revista, tamaño folio, de 134 páginas: ¡Guía de puericultura!, francamente creo que llega a destiempo. Esta va a la basura de reciclaje. La he metido dentro de una caja grande de detergente de lavadora.

Factura de la luz… La última antes de la subida. Sobre a la basura. Otro más.

Bancos… aquí no voy a profundizar, que me deprimo.

Telefónica móviles… ¡Qué barbaridad!

“Direct Seguros” Pero a estos ¿quién les ha invitado a entrar en mi casa? Basura.

Anuncio para conseguir “tu sonrisa más blanca”. Gratis, dice. ¿Para cuando medidas eficacez contra la publicidad engañosa?

Un anuncio de mi fontanero, por primera vez en su vida. Él no lo sabe pero fue uno a quienes dediqué mi último libro. Persona eficaz, formal, amante del trabajo bien hecho. Excepcional, en una palabra. Os lo recomiendo.

Universidad Rey Juan Carlos. Nueva oferta académica, 2009/2010. ¿Y eso?

Uf… Me voy a centrar en las revistas-anuncio que abultan más, a ver si baja el montón.

Lo dejo por hoy. Todo un trabajo. Y árboles rebanados en su carnes, cortados incluso. Años allí. Pulmones del planeta, para acabar en la basura sin haber cumplido otro objetivo que el de molestarme.

Gracias por compartir este esfuerzo conmigo.

papeles 008

Entrada anterior
Entrada siguiente

4 comentarios

  1. plazaeme

     /  3 julio 2009

    Joé. Tienes arte, lo reconozco. Dar intriga a una labor tediosa como esa tiene mucho mérito. Pero la ligereza con las etiquetas (tags), tiene algunos inconvenientes para otros, si se usan con demasiada alegría. Porque se usan muchas veces para buscar comentarios relacionados con un tema. Y apostaría a que quien esté buscando, por ejemplo, cosas sobre “cambio climático”, se lleva un chasco al leer entero el artículo en busca de algo relacionado.

    Sí, reconozco la conexión papel –> árbol talado. Pero no tengo ni idea (ni tú) de si el número de árboles está aumentando o dismunyendo en el mundo. Y la conexión árbol-talado-para-papel –> “cambio climático” es aun más delicada, porque lo que sí sé es que la masa vegetal de la tierra está creciendo (precisamente por el CO2).

    En fin, una distracción.

    Saludos.

  2. Me encanta este blog, la inteligencia y pulcritud con que tratas los temas, siempre con conocimiento de causa y apoyándote en el mucho oficio que bien a las claras pones de manifiesto.
    Lo visitaré frecuentemente.
    Saludos

  3. Kaká

     /  4 julio 2009

    La sobreabundancia de papel conteniendo la mayor parte de las veces anuncios de cosas que no has pedido ni te importan, nos invaden a todos, día a día, nuyestros buzones y nuestras casas. Cada día me acuerdo de todos los antepasados de todos los que me mandan publicidad o me piden algo. Pero no solo nos invaden con papeles; también con sms (a saber quién les da los teléfonos, ya que no hay guía de móviles), de spam en los correos de internet… nos tienen acorralados. Pero creo que hay una solución a la que yo me he apuntado hoy mismo y espero que funcione. (Me han dicho que sí). Escribe “listarobinson” en google y llegarás a la página web de esta organización. Te apuntas (es gratis) y -una vez que te confirman la aceptación-, pides que no vuelvan a mandar publicidad ni en correo, ni en email, ni en teléfono y tampoco en móvil. Hoy no me ha llamado ningún vendedor para darme el coñazo.
    Prueba y que tengas suerte, querida.

  4. rosa maría artal

     /  4 julio 2009

    Estoy dada de alta en las listas robinson y tengo la confirmación desde el 30 de Junio, el mismo día en el que se anunció. Pues bien.. ¡Ha arreciado la publicidad!, ahora mismo acaba de llamarme una máquina con voz de mujer ofertando algo de Internet… Le he colgado inmediatamente.

A %d blogueros les gusta esto: