Los espejos del rey y la trampa de «la política grande»

Antológico artículo de Juan Luis Sánchez, en eldiario.es. En el se incluye el discurso navideño de Juan Carlos que no voy a enlazar, allí lo tenéis. Éste es el análisis de Juan Luis:

«El mensaje del rey en Nochebuena es como la escena de las películas en la que el héroe entra a buscar al villano a una sala a media luz llena de espejos. Lo ve por todas partes, su imagen queda multiplicada y deformada, estirada y achatada, replicada tan verazmente que el héroe siempre lanza algún ataque fallido contra un cristal. Se rompe y vuelta a empezar. Se tarda mucho en saber cuál es la verdad en una sala llena de espejos.

El discurso del rey es siempre, cada año, una ambigüedad deliberada para llenar un espacio lo más grande posible con un discurso lo más vacío posible. Entre toda la madeja de lugares comunes y obviedades, la Casa Real quiere colar un mensaje, quizá solo uno, pero rodeado de mil espejos que proyecten una imagen del rey que satisfaga a casi cada tipo de persona que pueda estar escuchando.

Así que el discurso navideño de Juan Carlos I suele ser, inevitablemente, contradictorio. Estirado y achatado a la vez. Es capaz de reclamar, como esta Nochebuena, «nuevos modos y formas de hacer algunas cosas» y una «puesta al día» de las instituciones para justo después atrincherarse en la nostalgia de los valores de consenso del 78. ¿Cuál es el espejo y cuál es el mensaje real? Toquen el primero de los argumentos y verán que es de cristal.

El rey hizo anoche un ejercicio de militancia en la cultura política de la Transición. Y lo hizo dibujando un mapa tramposo de la realidad: dijo que en España se está «generando un desapego hacia las instituciones y hacia la función política que a todos nos preocupa». Le llamó desapego y no le llamó crítica. Le llamó desapego y no le llamó desacuerdo. Le llamó desapego para que pensemos que cuando uno reclama un modelo diferente de articular la democracia no está proponiendo, está ‘despegándose’. Para marcar mejor el argumento, lo reforzó con una dosis de emocionalidad: al malestar social lo llamó «pesimismo», dos veces.

Dejó sembrada la idea al principio para volver sobre ella a mitad del discurso y dejar caer el concepto de la noche: «la política grande». Aquí se acabaron los espejos. El rey dedica todo un minuto a definir lo que él considera que es «la política con mayúsculas»: una que sabe pactar, que sabe ceder, que sabe renunciar, que sabe sacrificar el corto plazo, que sabe ser leal. Por si no queda claro a qué se refiere, señala que es «la política grande que supo inaugurar una nueva y brillante etapa integradora en nuestra historia reciente». La filosofía política de la Transición, recordemos, «frente al pesimismo». Muchos medios pican el anzuelo y titulan «el rey reivindica la política». Objetivo cumplido: ya toda España sabe lo que es la política y lo que no.

Porque con este sencillo juego el rey consigue algo: identificar una manera de hacer política con La Política. Si te acoges a los principios rectores de la Transición, eres gran política. Si no, eres un pesimista desencantado, despegado, desleal. Vulgo irracional con tentaciones peligrosas. Oye, que se te entiende, ¿eh? Que no creas que no te comprendemos, porque la cosa está muy mal y los sentimientos a veces son difíciles de controlar. Pobrecito. Te deseo feliz navidad.

Con este mensaje, el rey vacía de contenido político toda la reivindicación social, a la que ni nombra en su discurso. Establece que no hay culpa en el modelo político, que solo hay crisis. Según la Casa Real, la marea verde, la marea blanca, los sindicatos, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, los nodos que surgen tras el 15M, el periodismo crítico, los libros, los blogs, las huelgas de funcionarios, las Iniciativas Legislativas Populares, las acampadas frente a los bancos, las pancartas sobre fachadas, las manifestaciones, las redes… Todo eso no es política, no reclaman «política grande», no es la reactivación de la exigencia ciudadana en un momento de urgencia. No es la construcción intelectual de un cambio. Es solo «desapego», es solo «pesimismo», es cortoplacista. Es emocional y, por tanto, inútil para el juego de «la política grande».

Vamos a aceptar por un momento (no mucho rato) que la política es solo lo que sucede en las instituciones. ¿Y qué hay de los partidos que, dentro de esas instituciones, defienden un nuevo modelo democrático o un nuevo modelo de Estado? Pónganse a contar porque son muchos ¿No son «política grande» porque asumen que los mitos políticos de la Transición se desvanecen? El único pacto tipo-Transición que podría darse hoy sería entre PP y PSOE. ¿A eso se refiere el rey?

La ofensa es demoledoramente elegante. Está tejida de manera que hasta a ratos parece que el rey le echa la bronca a los políticos, reforzando la idea de que son «un todo» y quedándose él hábilmente fuera de ese todo. Y como habla insinuando, a ratos no se sabe si se refiere al clima social o al soberanismo en Cataluña. Y así cada cual, de nuevo, que coja la imagen que más le guste.

Después de tocar y romper mucho cristal, de dar muchas vueltas entre reflejos, de distraernos con los espejismos de la decoración y la mesa, al menos sabemos algo: el rey ya no presume de modelo político; ahora lo defiende».

 

The Great Spanish Crash (BBC)

Visto con calma -solo lo había visionado a trozos- me parece fundamentalmente un reportaje flojo. Los abrumadores datos de España brindan buenos momentos informativos, desde luego, pero en conjunto el periodista «ha comprado» -o es la suya- la argumentación neoliberal sin faltar un detalle. Baste decir que utiliza de hilo conductor prioritario a Pedro Schwartz, mientras coloca un par de frases a José Luis Sampedro.

En general ha olido algunas causas de la crisis española, pero -al no situarlas en el contexto completo y real- parece que o no se ha enterado de la mitad o lo ha trabajado poco. Nada de la culpa inicial de los bancos, de la usura de los «mercados», de la deuda especulativa, de la UE…. He echado de menos a Jordi Évole en Salvados o La Sexta Columna, ya veis, ¡qué diferencia! Y desde luego al antigo Informe Semanal o En portada.

La ley del Suelo de Aznar/Rato (causa de la burbuja) tan bien pensada.. que salió mal por casualidad, vaya por dios.  Y ese peso que da a las Cajas en la crisis que es fuerte pero no el principal.

Ya no le ha faltado al británico más que el flamenco continuo como banda sonora.

Federico Trillo, nuestro insigne embajador en el Reino Unido, ha protestado por lo que considera sensacionalismo del reportaje. Una hora de BBC es de mucho impacto. En las verdades del barquero el periodista se ha quedado corto, salvando además a Mariano Rajoy  a quien no carga otra culpa que la austeridad, necesaria -dice Almunia-,  prácticamente «heredada». Yo protestaría por su menor calidad respecto a lo que se espera de la BBC.

¿Qué pensáis vosotros?

Rajoy: Del hostigado político de los recortes al hombre fuerte

La prensa conservadora española ha destacado con júbilo el artículo publicado por el periódico alemán ‘Süddeutsche Zeitung’ sobre Mariano Rajoy y su año de gobierno. Tras tantas críticas -y mofas incluso- de los medios internacionales más prestigiosos, este diario que pasa por ser serio y de tendencia socialdemócrata, habla del «milagro» operado por Rajoy en términos muy elogiosos.

Nuestro amigo Otis B. Driftwood ha tenido la deferencia de traducirlo completo. Vamos a leerlo, merece la pena.

DEL HOSTIGADO POLÍTICO DE LOS RECORTES AL HOMBRE FUERTE

Sus comienzos como presidente de España fueron malos: La economía se contrajo, cientos de miles de personas se echaron a la calle contra la política de recortes. Sin embargo, tras doce meses en el cargo el conservador Mariano Rajoy permanece indiscutido en Madrid; y no sólo por la debilidad de sus rivales.

Ni siquiera el Portavoz del partido gobernante en Madrid, el Partido Popular (PP), afirma que Mariano Rajoy sea especialmente querido por sus compatriotas. Según las encuestas el índice de popularidad del presidente conservador anda alrededor del treinta por ciento. Sin embargo en el PP no se preocupan por ello. Pues sus principales rivales políticos están incluso peor. El líder socialista de la oposición Alfredo Pérez Rubalcaba ni siquiera pasa la marca del veinte por ciento.

Y a Artur Mas, el jefe democristiano del gobierno regional de Barcelona, que exige la soberanía como Estado para Cataluña, la inmensa mayoría de los españoles le desea todas las desgracias de la Tierra porque quiere destruir la unidad de la nación.

Durante las fiestas navideñas del pasado año asumió Rajoy la sucesión de José Luis Zapatero, cuyos partido socialista perdió estrepitosamente las elecciones generales por su desconcierto ante la crisis económica. Rajoy se guardó para sí durante la campaña electoral de qué modo pretendía combatir la crisis. Pero cuando, tras pocas semanas en el cargo anunció un rígido programa de recortes, los medios de izquierda y liberales  Estallaron; la palabra «engaño electoral» surgió en los editoriales.

En verano todo parecía desbordarse

Así de mal comenzó Rajoy. Al principio le ayudó poco que sus ministros informaran del enorme déficit presupuestario, cerca del 9%, que había que reducir para que España no perdiera su solvencia internacional. Los comentaristas de la prensa económica internacional le describían como el capitán de un barco con vías de agua que era arrastrado de forma imparable hacia el remolino de la bancarrota estatal. Los indicadores económicos se contraían mientras que el paro ascendía hasta la cifra récord del 25%. El país aparecía como el niño problemático número uno de la UE.

Cuando en verano cientos de miles de personas protestaron en las grandes ciudades contra el paquete de recortes, a Rajoy le pareció que todo se desbordaba. Los sindicatos anunciaron un «otoño caliente» con una huelga general que pretendía echarlo del cargo. Su respuesta sonaba desesperada: «La mayoría silenciosa de los españoles no ve ninguna alternativa a nuestro programa de recortes».

Por esta frase cosechó Rajoy, a la vista de las masivas manifestaciones, sólo burlas. Sin embargo ahora, al final de su primer año de gobierno, todo parece indicar que tenía toda la razón en su estimación de la «mayoría silenciosa». El movimiento de protesta se ha debilitado y dividido, la huelga general del 14 de noviembre fue un revés para los sindicatos porque a la mayoría le dio bastante igual.

Cómo el reservado Rajoy ganó puntos

A pesar del impopular programa de recortes, el PP de Rajoy ganó sorprendentemente con autoridad en las elecciones regionales de Galicia, en Cataluña ha mejorado ligeramente sus resultados y se ha mantenido en el País Vasco. En la desconcertada oposición y en los medios se analiza cómo el cambio de tendencia ha terminado favoreciendo a Rajoy.

La razón más importante: el escenario de horror no ha aparecido. Aparte de eso, los socialistas (PSOE) no sólo no se han recuperado todavía del batacazo del año pasado, sino que tampoco han presentado ningún concepto de alternativa para salir de la crisis. Al jefe del PSOE Rubalcaba se le considera en el mejor de los casos como un zorro, pero raramente como un líder con autoridad.

Bien es cierto que Rajoy es una figura odiosa para la oposición extraparlamentaria. Sin embargo sus ataques le hacen poco daño a los ojos de la mayoría de sus compatriotas. Para éstos se trata de estabilidad. Su línea personal, que ha encontrado tras los primeros e inseguros meses, se corresponde de manera evidente con estas necesidades.

Es algo totalmente distinto a sus ruidosos predecesores, el conservador José María Aznar y el socialista José Luis Zapatero. A Aznar lo señalaban sus adversarios, no sin razón, como un gallo vanidoso; incluso consiguió llevar a su amigo político George W. Bush a la boda de su hija durante una visita oficial a Madrid, cuya fecha se colocó especialmente para ello. Pero principalmente la política económica de Aznar fue la que llevó a la burbuja inmobiliaria, que al reventar se llevó por delante al país.

Rajoy evita ahora en la medida de lo posible aparecer junto a Aznar. Y a Zapatero, el visionario y tribuno del pueblo caído en desgracia, simplemente ni lo nombra. No se ha dejado llevar por la tentación de imputar los grandes problemas de su gobierno a la política de deuda de su predecesor.

Hacia arriba o hacia abajo ¿Hacia dónde va?

En lugar de eso Rajoy habla sobre la crisis en plural: «¡Nosotros hemos vivido por encima de nuestras posibilidades! ¡Nosotros debemos hacer sacrificios juntos!» El jurista (es registrador de la propiedad) aparenta ser el mayor auditor de la nación, cita ejemplos de cifras como en la escuela secundaria popular (NdT: «Volkshochschule» en el original, algo así como una universidad laboral donde se aprenden oficios, idiomas y otras cosas). Habla un idioma claro sin imágenes emocionales. Tampoco eleva nunca la voz, da la impresión de estar siempre controlado. Si en alguna ocasión y excepcionalmente resulta polémico, lo es contra los separatistas en el País Vasco y Cataluña; y eso siempre llega bien a sus compatriotas.

En sus apariciones el espigado Rajoy encarna la distinción contenida, a través de la cuál los españoles tras su autorretrato se diferencian de otros pueblos mediterráneos. Lleva trajes muy elegantes y es un orador excelente. (NdT: he preferido traducir «Rhetoriker» por «orador» porque no estoy seguro de que signifique exactamente «retórico» en el sentido que entendemos en español. Lo dejo a vuestro criterio). Con habilidad delega la proclamación de las nuevas medidas de ahorro en sus ministros y permanece alejado de las cámaras hasta que la primera muestra pública de indignación ha disminuido.

Rajoy es un ejemplo de gallego típico. Para éstos la pomposidad de los madrileños es igual de extraña que la fastuosidad y prodigalidad de los valencianos. Aunque su partido está una y otra vez afectado por escándalos de corrupción, ni siquiera sus más acérrimos contrincantes insinúan que él pueda estar interesado en su enriquecimiento personal.

Marcados rasgos del carácter de la gente del rincón noroccidental de España con ese áspero clima atlántico son su fría sobriedad y su desconfiada reserva. Y se les repite que nunca dan a conocer sus intenciones. «Si te encuentras a un gallego en una escalera, nunca sabes si sube o baja», dicen los españoles de la costa mediterránea.

De este modo ha conseguido Rajoy, tras doce meses en el cargo, encontrarse como el hombre fuerte en Madrid. Para España no ha sido un buen año, sin embargo el batacazo de la economía está casi detenido. Rajoy dice: «¡Debemos seguir esforzándonos!»

Autor: Thomas Urban

*Thomas Urban, de 58 años, es el corresponsal de ‘Süddeutsche Zeitung’ en España. Su nombramiento debe ser reciente porque ni siquiera figura aún en su biografía. Una vida que arranca en Leipzig, Alemania del Este, de donde huyen sus padres poco después de su nacimiento.  Con numerosos premios y publicaciones, la mayor parte de su carrera la ha desarrollado como especialista en Europa del Este.

¿Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo?

Lo primero que publiqué en mi vida fue un alegato contra la Navidad. Contra su parafernalia e hipocresía. Tenía 17 años y, muy osada, me presenté en el vespertino Aragón Express y dejé el artículo en un sobre. Al día siguiente apareció en el periódico con un antetítulo: “La rompedora de tópicos”.

Aquellas celebraciones, las de mi niñez y juventud, eran casi humanas al lado de las que se fueron desarrollando con el tiempo hasta llegar a hoy. Quiero decir que sí tenían un punto entrañable en la reunión de la familia o en los menús de “tirar la casa por la ventana” que solo se producían esos días en todo el año. En “sacar” la vajilla o ver a mi madre maquillarse por única vez en los doce meses. Mi tío Fernando componía unos versos de resumen y anticipo, de cambio de ciclo, con referencias a quiénes y a qué le había parecido más destacado. Luego se comentaba en corrillos si había gustado o no. A mí siempre me encantaban.

Hubo Navidades exultantes en vida. De efervescencias absolutas. De seguir tradiciones por el placer de hacerlo, no por obligación, o volver a romper moldes. Y es cierto que la felicidad personal ha de aislarse de la general, pero las circunstancias que concurren, convierten a éstas en una de las peores de nuestras vidas.

Me asombra que, con la debacle en la que estamos inmersos, sigan llegando multitud de comunicaciones -ahora también por Internet, sobre todo por Internet- deseando “Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo”. Frase que detesto, por tópica y poco imaginativa, desde que tengo uso de razón, creo. Regresa la moda de enviarlas con escenas religiosas. Hasta con la mula y el asno que ha dicho el Papa en su ensoñación que no existieron como tales, pero que la jerarquía eclesiástica española decide que se pueden poner por tradición. Esos despropósitos continuos. Las hay también indignadas, poniendo de relieve los muchos atropellos de los que estamos siendo objeto. Pero todos me desean que sea feliz. Brinde no sé bien por qué, y sobre todo que el 2013 sea “próspero” y estupendo.

¿En base a qué razón va a serlo? ¿Cambia algo porque los arbitrarios calendarios salten de un mes a otro? Eso de entrada, porque si nos atenemos simplemente al futuro inmediato, con los mimbres que se han sentado no cabe esperar más que una profundización en el caos.

Amigos, que Rajoy y su “troupe” siguen ahí. Y parece que por mucho tiempo. Nos privatizan la sanidad, nos la recortan, y es asunto fundamental para estar vivos y sanos. Cercenan también la educación, la ciencia, la cultura, que en este caso es vital para ser personas. Dejan la justicia para los ricos, mermando las posibilidades de ejercer como ciudadano. Con un sin fín de chorizos impunes que hacen hervir la sangre. Cada vez más pobres, con menos seguridades, con el horizonte de empeorar… ¿Qué broma es ésta del Feliz Navidad y el Próspero Año Nuevo?

Porque sí, continúa ahí Rajoy y su enfermo PP. De codicia, ineptitud y ultraderechismo. Y los medios informativos que nos hablan de Cataluña y del fin del mundo. No todos. Hoy me han reconfortado Isaac Rosa, Iñigo Sáenz de Ugarte, Juan José Millás o Federico Mayor Zaragoza. Y, sí, la gente que se bate en las calles protestando contra tanta inmundicia. El problema es la masa ameba. La que sigue sustentando el tinglado y pensando que por arte de magia esto se arreglará sin más.

Los grandes afectos que me sustentan siguen ahí también. La esperanza en muchos –aunque insuficientes- ciudadanos con criterio y coraje. Pero no hace falta que sea Navidad para sentirlos cerca. Van, vais, a estar aquí pasados los espumillones y los brindis huecos. Próspero no lo creo, pero fructífero lo será en amor (algo más especial sería bienvenido 😉 )y –espero- en la búsqueda de soluciones. Lo mismo hoy, que mañana, que el día 1, o el 11 de Enero. Por cierto.. ¡Muchas gracias!

La trampa de los peligros inmediatos

 

Nada más triste que ver morir a un grupo de niños por disparos de un desequilibrado como ha ocurrido en Newtown (EEUU). La noticia copa los informativos que suministran todo tipo de datos. No así de las 10 niñas muertas en Afganistán por una mina antipersonas, herencia de guerra… mientras recogían leña en edad escolar. Esto pasó sin pena ni gloria. Daños colaterales, menos rubios y no tan “como dios manda”. ¿Cuál es el auténtico riesgo? ¿El inadaptado con pistolas o la madre que introdujo un arsenal en su casa? ¿Todavía hace falta buscar la causa del casi medio millón de víctimas anuales por arma de fuego en un país que acumula entre sus ciudadanos cerca de 270 millones de artefactos para matar?

Cada poco un sobresalto. Gripes mortíferas, huracanes, tsunamis, teorías magufas varias, y la gran y útil baza del terrorismo, como miedos a inseminar en la población -muchas veces con la entusiasta colaboración de lo usuarios-. ¡Claro que algunos causan víctimas! vivir acarrea el riesgo de morir. Pero cada día fallecen por hambre evitable millones de personas, sin que se inmute la sociedad aunque vea acercarse ese fantasma a las puertas de su propia casa. No infunden el mismo temor tampoco (ni por asomo) los asesinos de mujeres en la violencia de género o los suicidios que arroja esta sociedad insolidaria y ciega, aunque sus cifras sean mucho más abultadas.

Probablemente es el –supuesto- azar lo que nos descoloca, frente a lo que mata más sistemáticamente y con menor espectacularidad. Y errar en el diagnóstico de donde están los riesgos y la violencia. Temer el peligro que se siente inmediato, no el que crece más lentamente. Ahí radica una fuente básica de nuestros males que, de alguna manera, alimentan los medios y todo el engranaje en el que vivimos. Usar el miedo y el espectáculo como instrumento de control. Moverse por reacciones emotivas exaltadas y no por una planificación colectiva que prevé las herramientas a utilizar para afrontar los problemas en su origen. Enderezar la raíz, evita frutos rastreros y podridos.

Son más nocivas las amenazas reales del día a día, enmascaradas por lo que se hace ver como peligro próximo y más visible. Para muchas personas la violencia es la pistola, el palo, la piedra o el grito sin más, eso es ya ¡ la búsqueda del “caos”! No alcanzan a ver el ataque a gran escala que supone cambiar un sistema de vida, atentar contra derechos fundamentales -como la sanidad, la educación, la justicia, la ciencia o la cultura- o reprimir las protestas por el medio que sea -arbitrando leyes represivas por ejemplo que no se aprecian como cruentas-.

Quienes reparten nuestro dinero a bancos, concesionarios de autopistas y hospitales semiprivatizados, por poner algunos casos entre muchos, ¿no ejercen ningún tipo de violencia sobre la sociedad? Los que extienden las enfermedades por –en flagrante injusticia- negar la asistencia sanitaria a enfermos sin el documento requerido ¿Acarician con guante de seda? Los que ahondan en las desigualdades sociales en virtud de propiciar el lucro de unos pocos ¿Necesitan una pistola para que sea apreciada su agresión? La escritora Susan George lo explica de forma clara: “ la desigualdad profunda es el equivalente a 1.000 Katrinas, 100 tsunamis, solo que causa estragos un mes tras otro, un año tras otro, arrastrando no solo a los pobres y vulnerables sino a todo el mundo”. La destrucción del medio ambiente, del agua, del aire, de la tierra, es otro peligro real, aunque no «parezca « ni sangriento, ni para ya.

Atemorizados desde por una tormenta a un peregrino fin del mundo, muchos ciudadanos caminan a la deriva sirviéndose a sí mismos como víctimas en una bandeja. Del miedo se toma cada cuál la dosis que quiere. No hables, no escribas, no te signifiques, no comentes, no vayamos a perder lo que nos queda, esto pasará. Como muestran las claves de las que informamos sin cesar, la situación en España solo va a peor, a infinitamente peor, cada día que pasa. Hartos de avisar desde hace tiempo, el plan se cumple inexorable. Porque no varían los datos para “pronosticar” el futuro, empeoran. ¿No es esto ya… el caos? ¿Qué más caos y más violencia hay que aguardar? ¿No aterra el propio presente?

 Por primera vez en la historia, el miedo se ha globalizado por medio de la comunicación masiva. Y, del mismo modo, las gratificaciones que se ofrecen como calmante. Un puro espejismo. Ese país, por ejemplo, del chorizo –sobre todo del chorizo-, la paella, y la “exportación” de jóvenes por medio de un puntapié, que ha consolado a los inermes. El miedo es un sentimiento que se contagia y se extiende, que crece cuando no se lo combate. Los políticos lo han usado como arma desde el comienzo de los tiempos.  Hobbes lo situó como el inicio del Estado. Maquiavelo enseñó al Príncipe, con un manual de instrucciones, a utilizar el miedo para gobernar. Descansen en paz los niños norteamericanos y las niñas afganas. Lloremos a las innumerables víctimas de la irracionalidad y la codicia, pero aprendamos todos a desbrozar el espectáculo y la distracción, dejando desnudos los peligros reales. Y a atajarlos. Será nuestro mejor instrumento, incluso para luchar contra el miedo.

*Publicado en eldiario.es

Rajoy y el rescate

«Hemos tomado la decisión de no pedir el rescate, por tanto hemos tomado una decisión. ¿Qué es eso de que no se toman decisiones? El hecho de que no hayamos tomado la decisión de pedirlo no significa que en el futuro no lo pidamos. Pero es de puro sentido común: si es un mecanismo que está ahí y que (el presidente del BCE) Draghi ha puesto a disposición de todos los países, ¿por qué voy a renunciar a él?».

Rajoy, este miércoles en el Congreso.

Hay que impugnar toda la política del PP

Se cumple un año del aciago día en el que Mariano Rajoy empezó a gobernar. Desde entonces todo nos va peor a los ciudadanos, mucho peor. Pero tampoco las cifras macroeconómicas –las únicas que les importan- mejoran. Por el contrario, van en caída libre. Este año se salda con un suspenso, que nos va a hacer perder… la carrera. En sucesivos ejercicios de no operarse un cambio.

Un vistazo general a los incumplimientos del PP, nos lo da estupendamente -como es habitual-, Nacho Escolar. Ningún ser humano decente tendría valor para encima echar culpas fuera y seguir mintiendo con promesas de soluciones que no están avaladas por los datos. Todo lo contrario. El camino que predicen los hechos es ahondar en el despeñe.

Y la estafa continúa. Cada día añade grados. Ahora han decidido “garantizar hasta el 80% de los ingresos de las autopistas de peaje”, ésas a las que dieron paso, sin planes de viabilidad, en su anterior mandato. Es a costa de nuestra salud, nuestra educación, nuestro presente y futuro. Y, mientras -por ejemplo, que los atropellos son diarios y varios-, han situado a las Universidades españolas entre las más caras de Europa… con uno de los sueldos más bajos.

En estos días de balances y paños calientes para que no nos desanimemos del todo, el Tribunal Constitucional nos ha brindado un respiro. No solo eso, un punto de apoyo para demoler toda esta mole y mugre que nos aprisiona. Le ha dado un fuerte varapalo al gobierno del PP que impugnó la decisión del ejecutivo vasco –presidido por Patxi López- de no negar la sanidad pública a los inmigrantes. Dice así, entre otras cosas:

Todos los poderes públicos deben “garantizar a todos los ciudadanos el derecho a la protección de la salud”. El argumento del ahorro, en el que se basó el Gobierno para limitar la atención sanitaria, no puede prevalecer sobre el interés general de preservar la salud. La “conveniencia de evitar riesgos para el conjunto de la sociedad”, y la importancia de mantener el derecho a la salud y a la integridad física de las personas no pueden verse desvirtuadas “por la mera consideración de un eventual ahorro económico” que ni siquiera se ha concretado.

Sí, es el punto de partida. Hay que promover una gran demanda que revise la constitucionalidad de buena parte de los decretos y leyes puestos en marcha por el PP y que afectan a materias fundamentales. Ver qué resquicio legal hay también para exigir responsabilidad por incumplir de principio a fin el programa, es decir, el compromiso con el que se presentaron a los ciudadanos. Existen abogados preparados y batalladores. Existe una Justicia que despierta.

Sería un precedente mundial: echar a un gobierno por demanda ante los tribunales. Por una «moción de censura ciudadana». Muchas veces fuimos pioneros, hay que poner en marcha esta acción.  A mí me parece viable ¿Algún letrado en la sala?

Carta abierta a Rajoy de todas las asociaciones de jueces y fiscales

En la presente Legislatura se está produciendo una indeseable avalancha de reformas legislativas, impuestas por el Ministerio de Justicia en el ámbito de la Justicia. Dicha imposición se está realizando sin consenso con el resto de fuerzas políticas presentes en el Parlamento y despreciando los criterios técnicos de todas las organizaciones representativas directamente implicadas en el posterior desarrollo práctico de la reformas (jueces, fiscales, secretarios judiciales, abogados, procuradores y funcionarios). Por supuesto, despreciando los intereses más legítimos de los ciudadanos, que desconocen alcance social de las reformas puestas en marcha por el Ministerio de Justicia.

De esta forma, se disgusta a la ciudadanía, que cada vez se siente menos representada en las instancias que organizan la vida y la convivencia en el país y más alejada del Ministerio de Justicia, al que día a día viene valorando más negativamente. Pero al mismo tiempo, el Ministerio de Justicia, centrando su actuación en un mero ejercicio del poder por la vía de la imposición sin consenso y sin diálogo, olvida no ya la mejora efectiva del sistema que administra, sino también las condiciones de vida en general de los administrados y de todos los españoles.

La situación se ha agravado sensiblemente en los últimos meses, en los que el discurso oficial ha ido por cauces y derroteros divergentes con los problemas y sensibilidades sociales. En ningún momento se ha atisbado en el ministro responsable la más mínima intención de acercamiento al mundo real de la gente y al papel vital que la Administración de Justicia juega en la democracia y en la defensa de la libertad.

De hecho, el Ministerio de Justicia no ha conseguido organizar un programa de reformas capaz de sintonizar con la realidad social ni con la situación de la Justicia. Y, mucho menos, capaz de entusiasmar a la sociedad con propuestas veraces, transparentes y bien comunicadas para restablecer la estabilidad perdida, la confianza y el empuje necesario con el que superar la gravísima crisis económica, social y política en que está embarcada España. Una crisis que no es necesario describir de manera más prolija, pues está en la mente de todos y en todas las conversaciones.

El cuadro sintomático en materia de Justicia se resume, hasta el momento, en este conjunto de despropósitos:

– Intento de reforma del Consejo General del Poder Judicial, promovido por el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, con la finalidad de cercenar la división de poderes y de quebrantar la independencia judicial.

– Ley de tasas, con fijación de cuantías desproporcionadas, que atentan al derecho fundamental a la tutela judicial efectiva.

– Privatización de la justicia, reduciendo las competencias del marco judicial y traspasándolas a otros colectivos.

– Inexistencia de inversiones en materia de justicia, donde se mantienen ratios de población con jueces y fiscales en rangos ínfimos, equiparándolos a niveles de países de segundo orden.

– Ausencia de agilidad en las normas procesales.

– Endurecimiento innecesario del Código Penal, donde se introducen nuevos tipos penales, devenidos de asuntos puntuales con impacto en la opinión pública. Esta reforma sobresaturará las Fiscalías y los juzgados con competencias penales, con una reducción de los medios personales para poder afrontar dichos asuntos.

– Carencia de propuestas que solucionen las problemáticas mas acuciantes de los ciudadanos como serían los desahucios hipotecarios.

– Falta de modernización en la Administración de Justicia.

En relación con la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial, que cumplirá su tramitación legislativa el próximo martes 18 de diciembre en el Parlamento, denunciamos la falta de audiencia real que han tenido al respecto las asociaciones profesionales correspondientes, su inadecuación a las normativas europeas, su innecesaria tramitación por vía de urgencia y, en definitiva, su imposición mediante un ejercicio de fuerza sin escuchar a quienes, conocedores de primera mano de la situación, van a proceder a su aplicación. Se trata de una interpretación de la política que consideramos carente de sentido de Estado.

Ante la falta de respuesta a nuestros requerimientos por parte del Ministerio de Justicia, solicitamos el voto negativo o la abstención de los grupos parlamentarios en la votación correspondiente. Y anunciamos la promoción de todos los recursos y procedimientos disponibles en derecho para que sea derogada lo antes posible y sustituida por otra ley más razonable, más razonada y debidamente consensuada, en coherencia con nuestro compromiso con la Justicia y en defensa del interés general de la sociedad española.

Instamos tanto al Presidente del Gobierno como al Ejecutivo en pleno que asuman un compromiso real en defensa de la Administración de Justicia, para que esta pueda cumplir las elevadas funciones constitucionales que tiene asignadas. Los representantes de las asociaciones de jueces y de fiscales continuaremos reclamando soluciones para que nuestro sistema judicial pueda seguir garantizando los derechos fundamentales en el marco de nuestro Estado Constitucional.

Madrid, 17 de diciembre de 2012

ASOCIACIÓN PROFESIONAL DE LA MAGISTRATURA

ASOCIACIÓN JUDICIAL FRANCISCO DE VITORIA

JUECES PARA LA DEMOCRACIA

FORO JUDICIAL INDEPENDIENTE

ASOCIACIÓN DE FISCALES

UNIÓN PROGRESISTA DE FISCALES

ASOCIACIÓN PROFESIONAL INDEPENDIENTE DE FISCALES

*Visto en eldiario.es

Mariano Rajoy dice que todo es culpa del PSOE. Todo. «Cargarán con una culpa histórica. Hay que decirlo alto y claro». Y sin despeinarse.

Los talibanes y la sociedad ameba

Uno dice que “gobernar es repartir dolor”, otro admite que incrusta la religión católica en los planes docentes como una cruzada: “Que la religión esté en la escuela es una opción política”, dice Wert. En cualquier país democrático, en cualquier Estado cuya Constitución lo designe como aconfesional, estas actitudes llevarían a un cese como mínimo. Hemos caído en manos de talibanes integristas católicos, sin que la ciudadanía ameba se inmute tampoco. Mejor, la sociedad, que hablar de «ciudadanía» en este caso no cuadra.

Rajoy les apoya. Incluso se permite menospreciar a los representantes de un poder fundamental del Estado, la Justicia, para situarse al lado de ese ministro que no solo quiere infligir dolor, sino establecer la cadena perpetua y una figura que resta todas las garantías: dejar 10 años en la cárcel a los condenados que estime oportuno tras haber cumplido su condena. Más aún, “Gallardón no se contenta con poco, Gallardón quiere convertir a un Poder del Estado, al Tercer Poder, en una parte de la Administración, que el Poder Judicial sea una parte de la Administración del Estado sometida directa o indirectamente al poder político”, escribe Elisa Beni en un muy documentado artículo.

Rajoy tiene el país hecho una ruina, con la cifra más alta de deuda en un siglo, un incremento del paro espectacular debido a su gestión, o los mayores impuestos para las menores prestaciones. “Sor” Fátima Bañez falta a las cumbres europeas de empleo para irse a tomar canapés o invocar a la Virgen del Rocío, mientras las cifras del paro se despeñan. Otra saca la mantilla para mentir con desparpajo sin igual cada vez que aparece en pantalla. Ignacio González, el sucesor a dedo de Esperanza Aguirre, insulta a los profesionales de la sanidad en perdición, por su causa y la de todos sus colegas, Ciu incluido. Y la de la ministra premonitoriamente llamada Mato.  Gallardón y Wert, de nuevo, a los de justicia y educación. Y todos ellos y su prensa, agitan el trapo de Cataluña a toda hora para distraer de lo esencial. Maquiavelo no encontró mejores alumnos.

Por ninguno de ellos ha pasado el desarrollo. Han vivido medio siglo, o desde su nacimiento, ajenos a los tiempos. Con eficacia inusitada (en progresión opuesta a la solución de la crisis) nos han devuelto a los oscuros tiempos de la dictadura franquista. Y las amebas tragan y tragan.

Anoche vi por enésima vez “Un franco, 14 pesetas”, de Carlos Iglesias. Siempre que la proyectan no puedo evitar seguirla porque me recuerda tiempos vividos y que había creído dejar atrás. Carlos Iglesias nos cuenta una historia biográfica de cuando sus padres emigraron a Suiza. La lucha del progenitor por abrirse camino con la mente bastante abierta. La madre, mujer tierra, que solo piensa en volver a España y amarrar la familia a su manera. El chico –el propio Carlos- que, tras cinco años de escuela –gratis- y ya en perfecto alemán, explica en una clase de reproducción humana: “Eso será en Suiza, a los españoles nos trae la cigüeña”. Y que sufre un fuerte impacto al regresar a ese país empobrecido, paleto, en el que oirá decir que “como aquí no se vive en ninguna parte”. Quiere irse, pero se queda. A ser actor y director, a volcar su frustración y su rabia. Ése es el modelo del PP, aquél en el que los señoritos eran ellos o sus familiares. Cuando no se pensaba más que en el bien de éstos.

La programaron en TVE, un día después de “V de Vendetta”. Algún currito de la empresa burla el cerco oficial y nos manda mensajes. Pero con las amebas no va nada de lo que nos ocurre a todos, fundamentalmente por su causa. Basada en una serie de cómics de los 80, también aparece rigurosamente actual.

Cuando vinieron a por mí…

Como todas las frases repetidas, el “ Cuando vinieron a por mí… ya no quedaba nadie que pudiera hablar en mi nombre” se ha convertido en un tópico… desactivado. La reiteración produce esos efectos en el infantilizado y vacuo mundo actual. Pero lo cierto es que responde a un hecho trágicamente real: la pasividad social alemana que permitió el triunfo del nazismo. Y de sus métodos. Curiosa la historia de su auténtico autor, Martin Niemöller. Tras el apoyo y el silencio, reaccionó tarde y… también fueron a por él. La ingenuidad poco experimentada acude, asimismo, a quitar hierro a la amenaza. Hablar de esto es provocar la jocosa alusión a la Ley Godwin. Y, sin embargo, algo muy grave está ocurriendo.

Primero fueron, sí, quizás a por los funcionarios. Inicialmente a los de la Administración. El neoliberalismo, ya sabemos, detesta lo público, en particular lo que puede brindar beneficios privados y, de él, solo adora las fuerzas que guardan… «su» seguridad. Y como no éramos funcionarios de la administración… nos callamos. Luego se lanzaron a por los sindicalistas que –mal o bien- equilibran el poder del empresariado si decide ejercerlo arbitrariamente. Tampoco hicimos nada. Todo lo contrario, teníamos ya sectores del pueblo llano a quienes enfrentarnos y odiar, olvidando a los auténticos culpables.

Los ataques llegaron después a otros funcionarios: los de educación y sanidad. A los servicios esenciales que ellos prestan a todos. La tijera ha funcionado a placer del mando. Algunos, muy conservadores, nunca pensaron que la plaga les alcanzara. Pero ahí está. En la ejemplar defensa de la educación y la sanidad pública que sus profesionales llevan a cabo, aún hay elementos que quitan pancartas contrarias al PP, como si los recortes llovieran del cielo.

Los autónomos y PYMES, tan queridos de Rajoy, tampoco pensaron que tendrían que echar la persiana definitivamente. Y así ha sucedido. En la huelga general del 14N di un paseo por mi barrio comprobando que comercios que abrieron en la anterior (29 de Marzo) estaban cerrados. Para siempre. Por quiebra. Debíeron pensar entonces que el asunto no iba con ellos.

Las exultantes expresiones de muchos ciudadanos el 21N de 2011, se han tornado sombrías, porque disminuyen su dinero, sus servicios, y su esperanza. Los parados que daban por hecho encontrar trabajo –incluso un familiar me lo dijo- siguen desempleados y, muchos de ellos, sin subsidio. Medio millón de personas más se han quedado  en la calle en este año. Nos dicen, sin sonrojo, que el próximo habrá muchas más en esa situación.

    Los emigrantes ¡ay! ellos sí lo sospechaban. Nada gusta más a la mente obtusa que culpar de sus desgracias al igual, y no al poderoso. Los estudiantes, dado que el Estado Mercantil y orweliano no quiere demasiada gente instruida, y mucho menos crítica y que ejerza ese derecho. Hasta a los bomberos han dejado en precario porque es más lucrativo reconstruir que prevenir.  Los enfermos. Dudo que previeran que también “irían a por ellos”. No son rentables. Curar dolencias graves sí lo es… si se paga. Por eso se privatiza. Los discapacitados. Los cuidadores de dependientes. Los mineros. Los niños con menos recursos. Las mujeres, tras tantos años de logros. Larga la lista de agraviados, siempre separados por parcelas y, a ser posible, enfrentados, en la que cada poco cae alguien más. Los ancianos, el nicho electoral de los conservadores, se encuentran con repagos farmacéuticos, merma de su poder adquisitivo en las pensiones… y la Tijera de Damocles sobre su futuro. Todo lo que parece intocable cae, además de personas y servicios fundamentales, Iberia, AENA, RENFE, el Registro Civil, todo es susceptible de lucro y prebendas para los elegidos por el poder. 

 Jueces, fiscales, abogados también han constatado que peligra la esencia de la Justicia para todos. También van a por ella, a por ellos. Y los nuevos códigos de leyes son arma contra todo ciudadano que proteste. Incluso pasivamente. El Penal, en opinión del CGPJ –poco sospechoso de izquierdista-, va más allá de lo que Franco se atrevió a implantar y el ministro explica, como un monarca o inquisidor medieval, que gobernar implica repartir dolor.

Siguen apostando contra las víctimas de la especulación financiera y la corrupción porque estas lacras no se persiguen, se amparan. Lo mismo que la evasión y elusión fiscal, mientras suben los impuestos para el conjunto de los ciudadanos. También han ido a por la objetividad de los medios públicos de comunicación que es la única vía que utilizan muchos ciudadanos para “informarse”. Es más útil a la eficacia del objetivo engañar y manipular.

¿No dijimos nada? Cuando aún no iban a buscarles, jóvenes, funcionarios, profesores, enfermeras, algunos médicos, estudiantes, yayoflautas, empleados y desempleados, economistas, investigadores, profesionales de toda condición, protestaron –protestamos e informamos- por el tsunami que iba a devastarnos. Pero muchos callaron, nos dejaron solos incluso en la defensa de sus propios intereses, y la marea destructora siguió avanzando. ¿Hasta dónde lo hará?

La zanahoria para liebres irreflexivas está colocada ahora en 2014. Pero hace 3 meses tan solo, Rajoy la había puesto en Junio de 2013. El FMI nos había dicho que en 2012. La UE proclamó solemnemente que sería en 2011. En 2010, dijo el entonces Comisario Europeo de la Competencia, Joaquín Almunia.

Y si algún siglo venidero llega esa recuperación ¿cómo será? ¿Macroeconómica o para que la noten el común de los mortales? ¿Volveremos a atar los perros con longanizas como decimos en Aragón? Bueno, el déficit griego y portugués sigue aumentado pese a todas las medidas de austeridad o la venta de todo su patrimonio público a manos privadas. Tanto ellos como nosotros entregamos las mermas al pago únicamente de los intereses de la deuda… que crece y crece. Eso sí, los ricos registran cada vez mayores beneficios. Gravísimos datos de aumento de las desigualdades sociales –con todo lo que implica- y una aclaración neta en el horizonte acerca de las políticas que se nos aplican: “ solo un par de pequeños países bálticos han experimentado pequeñas recuperaciones parciales de sus depresiones económicas, pero siguen siendo mucho más pobres de lo que lo eran antes de la crisis”, explica Paul Krugman. Ah, e Islandia, donde los ciudadanos tomaron las riendas y crece al 3%.   

 Y lo peor…cuando se va a por los ciudadanos y éstos “aguantan” y se dejan hacer y “no quieren saber”, la voracidad no tiene límites. Hay aún mucho con lo que arrasar. Y un día ya no habrá nadie que pueda auxiliarnos.

 *Publicado en eldiario.es

Un informe de Intermon Oxfam abunda en lo que el neoliberalismo imperante entiende por «recuperación». 18 millones de pobres en 2022.