Los talibanes y la sociedad ameba

Uno dice que “gobernar es repartir dolor”, otro admite que incrusta la religión católica en los planes docentes como una cruzada: “Que la religión esté en la escuela es una opción política”, dice Wert. En cualquier país democrático, en cualquier Estado cuya Constitución lo designe como aconfesional, estas actitudes llevarían a un cese como mínimo. Hemos caído en manos de talibanes integristas católicos, sin que la ciudadanía ameba se inmute tampoco. Mejor, la sociedad, que hablar de “ciudadanía” en este caso no cuadra.

Rajoy les apoya. Incluso se permite menospreciar a los representantes de un poder fundamental del Estado, la Justicia, para situarse al lado de ese ministro que no solo quiere infligir dolor, sino establecer la cadena perpetua y una figura que resta todas las garantías: dejar 10 años en la cárcel a los condenados que estime oportuno tras haber cumplido su condena. Más aún, “Gallardón no se contenta con poco, Gallardón quiere convertir a un Poder del Estado, al Tercer Poder, en una parte de la Administración, que el Poder Judicial sea una parte de la Administración del Estado sometida directa o indirectamente al poder político”, escribe Elisa Beni en un muy documentado artículo.

Rajoy tiene el país hecho una ruina, con la cifra más alta de deuda en un siglo, un incremento del paro espectacular debido a su gestión, o los mayores impuestos para las menores prestaciones. “Sor” Fátima Bañez falta a las cumbres europeas de empleo para irse a tomar canapés o invocar a la Virgen del Rocío, mientras las cifras del paro se despeñan. Otra saca la mantilla para mentir con desparpajo sin igual cada vez que aparece en pantalla. Ignacio González, el sucesor a dedo de Esperanza Aguirre, insulta a los profesionales de la sanidad en perdición, por su causa y la de todos sus colegas, Ciu incluido. Y la de la ministra premonitoriamente llamada Mato.  Gallardón y Wert, de nuevo, a los de justicia y educación. Y todos ellos y su prensa, agitan el trapo de Cataluña a toda hora para distraer de lo esencial. Maquiavelo no encontró mejores alumnos.

Por ninguno de ellos ha pasado el desarrollo. Han vivido medio siglo, o desde su nacimiento, ajenos a los tiempos. Con eficacia inusitada (en progresión opuesta a la solución de la crisis) nos han devuelto a los oscuros tiempos de la dictadura franquista. Y las amebas tragan y tragan.

Anoche vi por enésima vez “Un franco, 14 pesetas”, de Carlos Iglesias. Siempre que la proyectan no puedo evitar seguirla porque me recuerda tiempos vividos y que había creído dejar atrás. Carlos Iglesias nos cuenta una historia biográfica de cuando sus padres emigraron a Suiza. La lucha del progenitor por abrirse camino con la mente bastante abierta. La madre, mujer tierra, que solo piensa en volver a España y amarrar la familia a su manera. El chico –el propio Carlos- que, tras cinco años de escuela –gratis- y ya en perfecto alemán, explica en una clase de reproducción humana: “Eso será en Suiza, a los españoles nos trae la cigüeña”. Y que sufre un fuerte impacto al regresar a ese país empobrecido, paleto, en el que oirá decir que “como aquí no se vive en ninguna parte”. Quiere irse, pero se queda. A ser actor y director, a volcar su frustración y su rabia. Ése es el modelo del PP, aquél en el que los señoritos eran ellos o sus familiares. Cuando no se pensaba más que en el bien de éstos.

La programaron en TVE, un día después de “V de Vendetta”. Algún currito de la empresa burla el cerco oficial y nos manda mensajes. Pero con las amebas no va nada de lo que nos ocurre a todos, fundamentalmente por su causa. Basada en una serie de cómics de los 80, también aparece rigurosamente actual.

¿Neutralidad o inhibición?

 

Foto: El País

Foto: El País

Violentos disturbios acompañan el supuesto triunfo en las urnas de Mahmud Ahmadineyad en Irán. Su rival, el reformista Mir Hosein Musaví, denuncia fraude y demuestra un hecho: los SMS con los que –en línea Obama- convocaba masivamente a sus seguidores fueron bloqueados. El líder supremo de la revolución islámica en el país, el ayatolá Ali Jamenei anuncia el éxito de su correligionario como “una señal divina”. Y analistas internacionales corroboran el inmenso tufo a fraude de estas elecciones.

Omaba, tras su esperanzador discurso en Egipto, “espera” que sea lo mejor para el pueblo iraní, y la UE –que ayer se sumó a la sospecha del pucherazo electoral- “contempla con preocupación” el problema iraní.

Felipe González, ironizaba en la presentación de nuestra Europa en Suma, con los estados emocionales de la Comisión europea. “Muestran su preocupación”, “Se manifiestan inquietos”… pero no mueven un dedo. No ofrecen soluciones, acción.

El “bushismo”, coreado por nuestro Aznar, se propuso “llevar la democracia” a diversos lugares en conflicto. Y lo hizo a bombazos. Ayer mismo hablábamos del resultado de la intervención en Afganistán. Más muertos que en las Torres Gemelas y ni un sólo resultado positivo. O la de Iraq que sangra víctimas a diario y que se ha convertido –que no lo era- en el foco del terrorismo islamista internacional.

La población afgana –medieval en todos sus parámetros- conoce las “ayudas” estadounidense. Como cuando, invadidos por la URSS, apoyaron a los talibanes y luego les dejaron, a ellos, al pueblo, abandonados a su suerte. La democracia no puede ser impuesta, debe convencer a la población para que luche por ella.

Es lo que está pasando en Irán. Por primera vez en mucho tiempo -en esa zona-, una parte de la sociedad se rebela contra la tiranía. Y se apunta a un simulacro de elecciones democráticas. Pero el EEUU de Obama y la UE, vuelven a considerarlo asuntos internos –pese a lo que se juegan-, y, como mucho, “se preocupan”.

Eso es lo que había que apoyar para implantar la democracia en los lugares donde no existe. Enviar observadores internacionales, si acaso aún fuera tiempo, a revisar los votos emitidos. Y, mucho mejor, obligar –incluso con coacciones democráticas- a repetir la convocatoria electoral, vigilando sus resultados.

Los rostros decepcionados, desesperados y ensangrentados de quienes luchan por un Irán democrático son el germen para el cambio. Y no podemos dejarlos solos. Cada vez que se acalla un punto de democracia, se resiente toda ella, toda la Humanidad.

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