El gobierno rebaja el IVA al mercado… del arte

El gobierno ha aprobado este viernes por sorpresa una rebaja desde el 21% al 10% del IVA para… el mercado del Arte. No es la primera vez que este ejecutivo y el propio presidente consideran la cultura exclusivamente una industria, un sistema de consumo más como las judías verdes o el chorizo, o los coches y ladrillos. Así,  la compra venta de objetos artísticos ha merecido la benevolencia del depredador gobierno del PP y conoce una sustancial rebaja.

Dice la vicepresidenta que es una “medida de apoyo” a galeristas, anticuarios, marchantes, algún artista se beneficiará también, pero lo esencial es el negocio, alentar los negocios.

Bienvenida sea cualquier rebaja relacionada con la cultura, sean cuales sean los caminos. Claro que, no es que vayamos a ser mal pensados que no lo somos en absoluto, pero precisamente la compra-venta de objetos de arte es uno de los mecanismos básicos de lavado de dinero negro. El ABC, como los premios de la lotería o así. Que no, que nadie dice que éste sea el caso, pero fijaos qué bien vendría lavar unos cuantos miles -más, unos cuantos miles más- con un IVA algo mas decente. Mil sobre hojuelas ¿a que sí? Porque no deja de ser casualidad que, de todo a cuanto podían rebajar el IVA, sea precisamente al mercado del Arte. Se conoce que hay fuerte demanda social de adquirir antigüedades y cuadros de cotizadas firmas.

Ha dicho Soraya Sáenz de Santamaría que con esta medida se pretende equiparar a España con otros países de la Unión Europea. Con la propia España antes de que llegará el PP sería también. Lo que ocurre es que Europa lo que apoya es la cultura, a libros, música, conciertos, exposiciones, sin mercado explícito de por medio. No tan ostensiblemente.

España soporta ahora -desde que llegaron las huestes de Rajoy- el IVA cultural más caro de Europa, un 21%. Incluso el Portugal -que nos antecede en el calvario y que aplica un 23% a casi todo- reserva el 6% para los libros. Los recortes perpetrados por el PP han supuesto un ataque frontal a cuanto suponga cultura, es como si le tuvieran una especial ojeriza. La ley Wert desprecia en el bachillerato las artes escénicas y restringe la música y la plástica. Ni un solo euro se destina ya a la compra de libros para bibliotecas públicas. Se resienten los museos con importantes mermas, hasta El Prado (“turístico”, “Marca España”) ha visto reducido su presupuesto en un 30%. El Teatro Real de Madrid el 23%. Teatro e igualmente cine, música y festivales asisten a momentos críticos por la tijera. Ni la Convención de la UNESCO DE 2005 que manda proteger y promover las expresiones de la diversidad cultural se tiene en cuenta a pesar de que España la suscribió. España ha pasado a ser  uno de los pocos países que considera, oficialmente, la cultura una mercancía más.

De esa consideración se salvan sin embargo el arte emblemático. ¡Como las fallas de Valencia! arte puro. La reducción del IVA también alcanza a estos festejos de la capital valenciana, así como a las hogueras. La alcaldesa, Rita Barberá, ha convocado una rueda de prensa urgente para cuenta de la buena nueva, según cuenta eldiario.es.

Puestos a defender negocios -con alma dentro al menos- se podría hacer con tino. Venga, ánimo, que no es un libro lleno de peligrosas ideas, ni siquiera una película…

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Duele, por ejemplo, ver el emblemático Palacio de la Música, mi primer cine en Madrid cuando la capital parecía un mundo desarrollado, convertido en una tienda de ropa de medio pelo. De ésas que cosen los esclavos del sistema por unos pocos euros. Se confirmaron los temores de eldiario.es. Los más negros. Sutiles sus dueños proyectaron como última película «Antes de que el diablo sepa que has muerto» de Sidney Lumet. Para eso no hay reducción de IVA.

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Antes de que el diablo sepa que ha muerto, Zaragoza mantiene otra joya: el cine Elíseos. Sufre la pátina del tiempo y difícilmente sobrevivirá con media docena de espectadores por sesión. Igual podemos darle un nuevo uso: mercado del arte, mercado. Con tan poca atención que recibe y tan poca gente que lo visita podría prestarse a entrar con sacas y salir con sacos a un IVA reducido. Si fuera el caso que sin duda no lo es, ya digo.

La Revolución Francesa apenas guillotinó a 15.000 personas

Sé que no es normal salir del periodo navideño más largo del mundo civilizado, de tres semanas completas de amor y paz, pensando en guillotinas pero es que cada cambio de cifra en el calendario suele dar por hacer balances y proyectos y, a veces, se cruzan curiosas imágenes.

Las lecturas de tiempo libre y las reuniones familiares también abren muchos horizontes. Y así, un erudito de toda solvencia te cuenta que la Revolución Francesa apenas pasó por la cuchilla a 15.000 personas. Siempre pensé que habían sido muchas más. Ni siquiera fueron todos miembros de la nobleza –que igual ni había tantos, esta gente siempre presenta un número muy inferior a aquellos de los que se aprovechan–. Mucho burgués cómplice entró en el saco de lo que Javier Krahe llama el método chic francés: «la cabeza que cae en el cesto, ojos y lengua de través». Nadie es partidario de la violencia, claro que no, pero esas 15.000 cabezas encestadas cambiaron la historia de la humanidad. Cierto que, aterrados por la libertad, los franceses llamaron inmediatamente nada menos que a Napoleón, pero la impronta de la revolución marcaría por siglos el devenir de la sociedad. Nada volvió a ser lo mismo. Hasta ahora.

La Inquisición española se volcó –absolutamente– en involucionar el curso de la historia y fue más partidaria de la hoguera. Los guardianes de la fe católica se tiraron tres siglos y medio purificando con ardiente fuego las almas –y, lo que es mucho peor, los cuerpos– de los herejes y asimilados. Preferían añadir la tortura previa al tajo rápido y limpio que ofrece, sin ir más lejos, la guillotina y esto ya es tener muy mala idea. Las cifras más críticas hablan de como poco 31.000 abrasados vivos en nombre del dios que se atribuyen los ultras patrios y de otros 17.000 que ya entonces se fueron por pies del país con enorme prudencia. Se dirá que tampoco son tantos para tanto tiempo pero es que el grueso de los ajusticiamientos se produjo en la primera etapa, cuando andaban por allí los impulsores de la norma: los Reyes Católicos. A la sazón, el emblema y guía de la derecha española que, desde entonces al menos, no ha conocido otra cosa que la impunidad para sus tropelías.

Al progresismo, al solo hecho de pensar o buscar cierta ética en la vida social, lo purgan de continuo. Escasean, en cambio, las llamadas de atención –más o menos expeditivas– a las élites que se aprovechan del conjunto de la población para lucrarse y vivir como en el Versalles prerrevolucionario. Ahora que, cuando la ira estalla, suele hacerlo sin freno. Muchos años sin engrasar las guillotinas las desajustan.

Encaramos un año nuevo, 2014 –estrenado entre lluvias, nubes grises, temporales y frío para no llamar a engaño–, alicaídos por la herencia de dos años de gestión de Rajoy y por la dura travesía que queda por recorrer –dado que, a pesar de los graves escándalos que jalonan a este partido, siguen como si nada ocurriera–. Disfrazados los datos que extienden el empleo precario o el aumento descomunal de la deuda por una prensa oficial entregada o cautiva, de donde parece emanar todo el optimismo. Sonroja leerles en sus patéticas alabanzas al Gobierno y sus consignas. Mientras tanto, el medioevo revive en las desigualdades sociales que se acrecientan. En actitudes vitales.

Reverdece pujante la derecha  más zafia, rancia, inculta y desvergonzada con su escopeta nacional al hombro. El Gobierno –según El País– prepara cerrar el monte público cuando haya cacerías. Cuando los señoritos quieran pegar tiros y matar animales, hacer negocios o realizar todo arte de montería, el populacho no debe molestarles. Lo primero es lo primero, como dios manda.

Una derecha cavernaria que no deja de trabajar en sus objetivos. Los cerebros de nuestros niños van a ser pasados por la ley Wert para –como nos cuenta eldiario.es– interiorizar qué son de verdad los valores éticos: amar a las Fuerzas Armadas y reprobar la objeción de conciencia o la desobediencia civil, porque lo fetén es la legalidad que marca el rodillo de esta derecha. Si vas camino de la herejía por no querer estudiar religión católica, habrás de engullir que los avances científicos y tecnológicos –como, por ejemplo, el uso de células madre– están en entredicho (para la autoridad competente, para el nacionalcatolicismo) porque acarrean –dicen, incluso en libros de texto– «problemas» morales y éticos. Torquemada y sus huestes no lo hubieran expresado mejor. Estamos rodeados, cautivos y desarmados.

Sólo fueron 15.000 víctimas –siempre lamentables– en Francia las que trajeron una nueva era en las relaciones de poder social. Pobrecillos. Los renglones torcidos del hartazgo. Presentes de forma indeleble como hito, sin embargo. 2014 no puede ser una continuación agravada del mal que nos aqueja. Cualquier momento es bueno para pararse o darse la vuelta antes que seguir arrastrados por esta inercia letal. Esta situación irritante trae malas ideas –simples figuras mentales, por supuesto–, incluso en personas de natural serenas y apacibles, decididamente pacíficas. Porque mira que pensar en guillotinas después de los dulces días navideños que hemos vivido y de las esperanzadoras noticias que nos cuentan políticos y medios influyentes.

*Publicado en eldiario.es

Vuelve la escopeta nacional

La escopeta nacional ha vuelto. La gran película de Berlanga que retrató como pocos las miserias del régimen franquista y sus herederos directos, está presta a ser reeditada por el PP.  De momento, el Gobierno está estudiando, a petición de los cazadores, dar prioridad a la caza en los montes públicos sobre otras actividades de ocio como el senderismo o la búsqueda de setas. El simple paseo. El Ministerio de Arias Cañete (que, como es uno de los que menos habla, es de los más valorados) se propone introducir en la futura Ley de Montes la prohibición de acceso al bosque en las zonas y los días en los que se organicen monterías o batidas. A los cazadores, ¡quién podría pensar otra cosa!, solo les guía -dicen- la seguridad de los vecinos. Quieren cazar a gusto, sin que cuelen testigos y puedan tener un disgusto. Que vienen los señoritos, la plebe que se aparte.

El PP de Mariano Rajoy nos ha catapultado a esa España de la que ellos nunca salieron. La de las clases sociales fuertemente marcadas, el trapicheo, los “favores”, las queridas y putas en armonía con la misa imprescindible. La hipocresía absoluta, la cerrazón, la caspa, la trampa, la mentira, la deseducación y desactivación del “populacho” a manos de una clase dominante burda, tosca, inculta y sin un gramo de ética. ¿Qué mejor escenario que la cacería y la montada?

En Francia nos siguen la pista. El periodista Ramón Lobo ha localizado una viñeta de un tal Le Raul. Éste es el pajarraco que sobrevuela España. Y, mientras la sociedad mira para otro lado, esta gente solo piensa en alimentarlo.

Autor: Le Raul

Autor: Le Raul

Surrealistas antes y en el surrealismo

No lo sabía pero Dalí (sobre el que hice nada menos que tres reportajes de Informe Semanal) pintó un cuadro maravilloso que se llama  Hombre con la cabeza llena nubes. Fue en 1936, un óleo sobre cartón que forma parte de un grupo en el que también hay parejas. ¿Puede haber algo más sugerente que un hombre con la cabeza llena de nubes? Ay, si ese año España no se hubiera cortado las alas.

dalí. Hombre con la cabeza llena de nubes, c.1936

Es el cuadro que abre una exposición imprescindible sobre el “Surrealismo antes del surrealismo” que exhibe –y ya solo hasta el día 12- la Fundación Juan March en Madrid. Más de 200 obras entre cuadros, fotografías o carteles con numerosos artistas que buscaron otras formas de expresión distintas al realismo, en boga durante siglos.  Heinrich Göding el Viejo (1580), por ejemplo. El agua son peces entrelazados. Fascinante.

Heinrich Göding el Viejo

Giuseppe Arcimboldo (1527/1593)

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Jacques Callor (1616)… Pantaleones. En la Comedia del arte Pantaleón es el viejo mercader tacaño. Un hombre inocente y crédulo, al que siempre buscaban burlar. Es rival de Arlequín. Terminó tan prosaíco como para dar nombre… a los pantalones, según dice la historia.

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La exposición recoge, pues, desde la Edad Media hasta la gran explosión del surrealismos oficial, que se data en 1924 con el manifiesto de André Bretón.  Pasión por la imaginación. Grandes nombres: Picasso, Dalí, Joan Miró, Goya,  Max Erns, Paul Klee…

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Fascinante este Urbanita solitario de Herbet Bayer  (1900/1985)         que pone ojos en  las manos que a veces ven tanto.

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Los toros de André Masson (1937), no precisamente volcados en la pasión por «la fiesta»…

André Masson - bullfighting (1937)

Y otro descubrimiento Hannah Höch (1989/1978), una brillantísima pintora y fotógrafa alemana que se integró en el Dadaísmo. Un ramo de ojos…

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El arte que llena los sentidos, las ideas. La creatividad que anda desapareciendo cuando es tabla fundamental para agarrarnos. Imaginación y razón, mejor unidas. De la nube a la fuerza, Hannah Höch de nuevo: una mujer con tijeras, nuestras tan actuales tijeras, que pueden tener tantos usos…

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Cuento de Navidad

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Esta noche podría fácilmente irrumpir el Fantasma de la Navidad Pasada. ¿De cuál? La niñez de los más viejos, maduros sin más, nos hablará de lluvia, quizás nieve, y de frío por encima de todo. Sin otros medios económicos para paliarlo sino un brasero o una estufa de carbón. Del extraordinario en la cena de Nochebuena que apenas llega para un pollo de corral –un lujo entonces- y una sopa sabrosa, una buena verdura. Los dulces que han hecho las mujeres de la familia y el Anís del Mono.

La vida cotidiana se detiene por unas jornadas y se trata de no pensar en la precariedad del trabajo, la salud o la educación solo para ricos, la burda manipulación en los libros de texto. O la mendicidad de los más desfavorecidos a quienes ni techos les cobijan. La mordaza y el palo a toda reivindicación de justicia; el autoritarismo, el miedo.  La Miseria y la Ignorancia surgen ahora, hoy, del reloj del pasado para imbricarse en el presente. Vuelven las estrecheces y los privilegios. El frío engañado con forros polares dentro de casa. Tiempos de posguerra española redivivos, tiempos eternos del Dickens que criticó y evidenció –como tantos otros- qué es para el poder laestabilidad que solo trabaja para los obscenamente ricos.

El Fantasma de muchas otras Navidades Pasadas, las que ha vivido la mayoría, nos llevará sin embargo a tiempos en los que se luchó -y algo se logró- por disminuir la brecha social. Hubo sanidad y enseñanza para todos, una cierta igualdad de oportunidades. La mujer ya no era considerada retrasada mental por la misoginia con mando en plaza y paquete. Navidades de langostinos y regalos por doquier que traían a la vez el Papa Noel extranjero y los Reyes Magos del oriente local. De las calefacciones liberadas de la codicia de las empresas eléctricas y sus puertas giratorias con los políticos. Incluso del amor que brindaba con cava o champaña por un futuro que tenía algún color más que el negro.

El Fantasma de la Navidad Presente nos ha encogido el corazón, la luz y el calor y hasta las entretelas de los abrigos que ya no son de lana y cosen por dos perras los esclavos del consumismo. Algo más allá; pronto aquí, el país de los sueldos menguantes. De los derechos mermados, de tantas libertades anuladas. Ni las pensiones se respetan. Se vende y se compra incluso la salud, todo nuestro suelo y patrimonio. Habrá que calibrar el menú extraordinario para que no se desequilibre más el de todos los días. Cuesta sonreír… salvo a los idiotas, a los que no piensan en nada porque –dicen- no quieren sufrir aunque se chupen el hambre. A los que no piensan… en nada.

No nos negamos a celebrar ni la Navidad ni la vida, ni a brindar por todas las ilusiones. No somos el avaro y solitario Ebenezer Scrooge del cuento de Dickens. Por el contrario, estamos muy hartos de estar hartos pero vemos que, si el presente ya es angustioso, el Fantasma de la Navidad Futura se cierne amenazador. Y, lo que es más ridículo, lleno de paradojas. Somos los castigados, mientras el cruel austericida come y bebe a dos carrillos con sueldos, sobresueldos y contabilidad B. Con las redes clientelares de la trampa continua.

Aquí y ahora sigue la ceremonia de la normalidad plagada de anormalidades. El castigo ejemplarizante de la literatura, en cambio, se ceba en quien termina por recibir el trato que cabe esperar de sus actuaciones, lo que merece: “Jamás le paraba nadie en la calle para decirle con alegre semblante: «Mi querido Scrooge, ¿Cómo está usted? ¿Cuándo vendrá a visitarme?» Ningún mendigo le pedía limosna; ningún niño le preguntaba la hora; ningún hombre o mujer le había preguntado por una dirección ni una sola vez en su vida”. El que finalmente verá su casa saqueada y se enfrentará a la hora de la verdad de la muerte solo y mísero. Claro que entonces había más libros y ninguna tele, más lucidez y menos marhuendas, más conciencia y menos conveniencia.

No vamos a pedirles a los deleznables codiciosos de lo ajeno que nos compren un pavo, pero tampoco debemos prestarnos a seguir siendo sus guindas. Pueden celebrar las navidades en sus saraos o en Soto del Real, mejor allí las siguientes. Ni en la ficción jugamos a la caridad, sino a la justicia. Pero nuestra única esperanza para disipar los fantasmas atroces de la realidad es dedicar unos minutos al menos a la revisión de vida que proponen, por ejemplo, los cuentos de navidad. A lo que tuvimos y no tuvimos, a lo que hemos perdido, a los que nos queda por perder.

Como propone el cuento de Dickens aún se está a tiempo de detener la desgracia total que nos hemos venido fabricando. Hay una forma de organizar la sociedad más equitativa. Hay dinero al menos para lo que ha habido durante tantos años: sanidad, educación, pensiones (a mejorar), sueldos, dependencia, transportes, servicios sociales todos. Y cultura, y ciencia. Y calefacción. Y luz. Y agua. Tiene que haber -si somos… personas-  un modo de organizarse sin pisotear los derechos de nadie por cerriles talibanismos religiosos o de clase autocrática.

Brindo con una copa de razón, coraje y dignidad a partes iguales porque esta sociedad entre en la cordura y la acción. En esas condiciones, Feliz Navidad.

*Publicado en eldiario.es

No hay nadie como tú, alcaldesa

Con un par… la Potato Omelette Band se presentó así al casting para músicos callejeros organizado por el Ayuntamiento de Madrid. Ése que preside la alcadesa -no electa- Ana Botella, Sra. de Aznar, suegra de Agag. No hay nadie como tú, mi amor. Lo peor es que los hay a docenas. Ahora que solo a docenas, no a miles.

Gracias Trancos

 

Tengo un sueño: deportarlos al lago Baikal

Sobrecogidos aún por la Ley que ha perpetrado el  PP y que llama de Seguridad Ciudadana, he tenido una revelación que pasaré a desarrollar tras ponernos en situación y antecedentes. La “ley Fernández” o “Ley Mordaza” o Ley franquista –como ya es conocida dentro y fuera de España-, es obra del Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, pero ha pasado por varios ministerios, el de Justicia, sobre todo, regentado por otro gran demócrata y amante de las libertades: Alberto Ruíz Gallardón.  O sea, como todo, es obra del gobierno en pleno, con Mariano Rajoy  y Soraya Sáenz de Santamaría en cabeza. La versión “suave” prevé 30.000 euros de multa por ofender a España. Ya ha dado y dará mucho de sí todo lo que de verdad ofende a España, a los españoles, comenzando por el gobierno que padecemos a quien no asiste el derecho de someternos a esta regresión. Una pena sería que la indignación quede en una chanza. Porque grave no puede ser más.

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Esta gente no descansa ni en fin de semana. Uno de los nenes cantera del partido, miembro de sus Nuevas Generaciones (NNGG), Luis Miguel Santigosa de la Riva se llama, ha pedido a través de su perfil de Twitter que electrifiquen las vallas de Melilla y Ceuta o al menos se les dote «con todos los medios posibles para que NADIE la atraviese». “Con cuchillas o sin cuchillas pero lo cierto es que se cuelan cientos de inmigrantes ilegales día sí y día también y ya estamos hartos todos», ha añadido. Ya anda pidiendo perdón antes de que hagan el paripé de expulsarle. A un chico tan aplicado con las enseñanzas y prácticas de sus mayores le espera un futuro prometedor. Que le pregunten a Carromero.

El joven miembro del PP ha sido quien me ha dado la idea: si, según ellos, no caben los africanos lo mejor es que esta gente, los racistas, se vayan y dejen sitio. Yo prefiero mil veces a quienes se buscan decentemente la vida que a quienes viven del cuento… y de prejuicios.

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En este continuo dilema de si nos vamos de este desgraciado país o les echamos, echamos a quienes lo destrozan, he visualizado una imagen que es un idílico sueño: deportarlos a un islote en mitad de un lago bien grande. De entrada he recordado el  Tanganica, pero es el segundo mayor del mundo. Y eso me ha llevado al primero: el Lago Baikal que ofrece más ventajas. Baikal está en el sur de Siberia y pienso yo que purifica y regenera mucho más la temperatura fresca, muy fresca bien es verdad, que la calidez del clima africano. Pero no es su única ventaja.

Su tamaño. 31494 km² de superficie, 636 kms de largo, 80 kms de ancho y 1680 metros de profundidad. Confinarlos en un islote en medio, un barco varado, una plataforma, lo que sea para que en esa soledad recapaciten. Se arrepientan de sus muchos atropellos y traten de ser un partido conservador homologable en democracia.

El Lago Baikal tiene una riqueza inmensa en biodiversidad que dotaría probablemente a los miembros del PP trasladados -en los casos menos rebeldes al tratamiento, ya sabemos que muchos de ellos (Báñez, Cospedal, Montoro, Mato, Botella, etc) son irrecuperables- de algo de cultura y de pasión por el conocimiento y hasta por la belleza. Seguro que se dejaban allí el pelo de la Dehesa. Además habrían de trabajar para mantenerse, y cuidarse de sus cosas, sin servicio doméstico ni nada, una gran enseñanza en ese medio tan natural.

Otra ventaja añadida, quizás la principal: Baikal es el lago de menos turbidez del mundo. El más claro y limpio. Vivir allí una temporada, observando sus insólitas aguas claras e impolutas en lugar del lodazal en el que tenemos convertida España, debe ser definitivo para cambiar de actitud. Vamos, que vendría a ser como unos ejercicios espirituales, pero en decencia. Es por su bien.

Y con este ingenuo deseo de fin de semana –siempre preferible a cortarse una misma las venas o salir a montar barricadas que en solitario como que no funciona- os dejo queridos niños. Con toda esta gente que manda en el PP (no son tantos en realidad) ubicada hasta su regeneración en el lago Baikal seríamos mucho más felices y comeríamos perdices o lo que bien nos viniera. Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado. Por el momento. Ya pensaremos si tenemos que llevar a alguien más.

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¿Cuándo podremos abandonar el monotema y volver a una cierta normalidad?

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Este hombre, Mariano Rajoy, levitando feliz, exultante, en un mitin electoral una semana antes de ganar las elecciones, marca un antes y un después en el curso de nuestra vida. En dos años ha acabado prácticamente con el Estado Social que teníamos, siempre menor que los países de nuestro nivel pero un lujo al lado de lo que el gobierno del PP ha dejado. Este domingo ha vuelto henchirse de orgullo ante un público «difícil»: las NNGG del PP, jaleándose a sí mismo y diciendo que todo lo ha hecho bien y que España está mucho mejor que dos años atrás. Pero que nos seguirá oprimiendo, que aún no han ganado bastante los privilegiados del sistema.

Me descubro hasta sin ganas de escribir, aburrida de lo mismo. Incluso noto también menos interés por leer y es que no salimos del bucle. Son tales atrocidades las que nos están infiriendo que publicar en los blogs y hasta en las redes sociales se ha convertido en un monotema. He mirado el archivo del blog para constatar que hasta el advenimiento de Rajoy tocábamos asuntos mucho más variados. Yo misma escribía mucho más sobre información internacional, por ejemplo. Sobre cultura o ciencia. Hasta experimentos literarios o curiosidades.

Pero llegó él. En el Noviembre de hace dos años, comentaba lo que se iba anticipando:

«Rajoy espera tener lista la nueva “reforma” laboral para su primer consejo de ministros, antes del 23 de Diciembre. Lo primero que hizo fue reunirse con los banqueros. Esta semana lo hará con empresarios y sindicatos. “Rajoy apremia a sindicatos y empresarios a gestar un nuevo marco laboral”, “portavocea” Cospedal, pero añade: “si no lo hacen, el nuevo Ejecutivo tomará decisiones por sí solos, el Gobierno gobernará”. Es decir que tras años de no ponerse de acuerdo, los empresarios no tienen sino persistir en su actitud. Porque ¿qué modelo elegirá el conservador Partido Popular… el de la patronal o el de los sindicatos?»

De este modo, las previsiones de la OCDE para España se quedaron muy cortas y aún así hoy aún ¡quién las pillara!, Creían que en 2012 se superarían con creces los cinco millones de desempleados. Y el paro llegaría al 23% de la población activa y que apenas mejoraría unas décimas en 2013, año que por tanto seguiría registrando niveles récord de desempleo. Pues estamos en torno a los 6 millones, según la EPA, y con el 26,6% de paro registrado. Es llamativo que el paro juvenil ha alcanzado el 56,5%. En Reacciona (Abril 2011) hablábamos de la escandalosa cifra del.. 40,6%.

Si avanzamos un año, y nos quedamos en Noviembre de 2012, hablo ya de «Emergencia: ya no es tiempo de juegos florales«. «Imaginemos un país donde se “vende” un Banco, el de Valencia, -hundido por el putrefacto PP de esa comunidad durante su larga hegemonía- por un euro. El agraciado es CaixaBank. Y se han ido por el sumidero 5.500 millones de euros de nuestros impuestos que ya hemos pagado y seguiremos pagando en calidad de vida». Se ha instalado el monotema.

Asistimos, sin embargo, a la basura mediática que aseguraba, por ejemplo, que el gobierno había acabado con los desahucios.

LaRazon.desahucios

Lo poco que se prometía, ni siquiera se ha cumplido.

Una huelga general. El 14N. ¿Quién se acuerda? Me fijé particularmente en quienes NO hacían huelga:

«Realmente notable es, sin embargo, la confusión de ideas de quienes secundan los recortes en materias esenciales y de derechos, porque no otra cosa hacen quienes se han opuesto a la huelga con los más variados motivos. En mi barrio y adyacentes volvieron a abrir las tiendas en un 90%. Cerraron los de siempre. Y también, dos que levantaron siempre en toldo en ocasiones anteriores. Ahora ha sido por quiebra. No abrirán más. Los comerciantes comentan que ellos “viven de su negocio”. El día de la Virgen de la Almudena –o de cualquier otra- también, pero en cerrar por una festividad religiosa no hay problema».

Hoy todavía son más los comercios cerrados.

Detesto seguir con el monotema, como digo. Tengo ganas de respirar otros aires, disfrutar de otra normalidad y compartirla. Así andamos muchos.

El Gran Wyoming nos dio una receta en noviembre de 2011, hace 2 años. Acertó de pleno. Más que la OCDE. Y engañó mucho menos que la caverna mediática.  Lo que indica que, por mucho que «resistamos», seguirán los recortes y repagos, los destrozos sin fin de todo cuanto nos sustenta. La desfachatez añadida de tanta corrupción que ni siquiera contabilizamos entonces. Cada día de inacción es tiempo perdido. Por cierto Wyoming hizo casi un pleno, pero no completo: creyó que a estas alturas ya no podrían «seguir culpando a ZP». Oh, no, monotema de nuevo 🙂 Mejor echamos un baile.

Vengo a hablar de mi libro

Estamos en época de ver a diversos personajes –cotizados en el ámbito de las declaraciones– ir a los medios a «hablar de su libro». Se acerca la Navidad y, por tanto, el tiempo de las presumibles ventas para regalos. Un saco bien dispar el «hablar de nuestro libro». Cuando la semana pasada comenté la aparición de uno de eldiario.es en el que participo, un comentario me afeó mi conducta: «estás publicitando un libro». En ese momento pensé que si vendiera cocaína, armas, o globos inflados de mentiras que dañan gravemente a muchas personas, tendría mejor consideración social que si oso informar sobre un libro. Por tomar parte en él tan solo, escribirlo completo es todavía más punible y ya procuro cortarme cuanto puedo. Me atengo a las evidencias, y al doble rasero empleado. Escuchar las decisivas revelaciones de Aznar, Zapatero o algún novelista de bestsellers que se aviene a dar entrevistas como excepción copa titulares, aunque vayan a «hablar de su libro».

Vamos a ser claros: en España apenas nadie vive de la literatura –y hablo de literatura, no de palabras escritas en formato libro–.  José Sanclemente escribió hace tiempo un revelador artículodonde explicaba las penurias que ha de arrostrar quien se atreve a volcar sus ideas en un texto publicable. Ahora las cosas todavía han empeorado más. «Por la crisis», ya se sabe. El caso es que, si el autor es «famoso», cobra un anticipo sustancial, y ahí suele quedar todo. A menos interés mediático, menos anticipo o nada de anticipo. De las ventas se lleva como mucho un 10%… antes de impuestos. Como para comprarse una participación en FCC.

Y, sin embargo, muchas personas se sienten impelidas a volcar en palabras sus ideas y darles forma. Una sociedad –una parte de ella– que hace gala de su incultura y, con grandes dosis de mezquindad, no lo valora. Lo castiga. Salvo… que el autor salga en la tele. O sea susceptible de salir en la tele. O de llenar titulares con mayor o menor afán de distracción.

Andaba yo en esas disquisiciones cuando –casi por casualidad, puede que por intuición– he estado releyendo y redescubriendo espacios recónditos de José Luis Sampedro. Y he constatado que, a través de las páginas escritas, se puede seguir emanando sabiduría, serenidad, criterio, aunque el autor no esté ya en el mundo de los vivos. En Escribir es vivir –en colaboración con Olga Lucas– explica por qué escribía: para vivir. «Descubrirme a mí mismo para descubrir a otros y para encontrarnos todos, para vivir más», argumentaba. Compara al escritor con una vaca. En un pasaje delicioso, cuenta cómo es la que todo lo ve, lo absorbe y lo rumia, digiriéndolo varias veces. «El escritor auténtico escribe con su carne, su sangre, su médula, lo mismo que la araña teje su tela con su propio cuerpo». Es decir, como Aznar o Zapatero recreando la versión de su vida una vez al año en alguno de los casos, ¿no?

La idea clave que, sin embargo, Sampedro ha tenido a bien dejarme para este momento ha sido la que, a preguntas de un periodista, comienza relatando el consejo que el mítico bailarín Nureyev dio a quien quisiera dedicarse al ballet: «Que si puede, lo deje», contestó el artista. «De lo que se deduce –concluye Sampedro– que para Nureyev la única razón seria para dedicarse al ballet erano poder evitarlo«. Es decir, su caso. «Para mí, escribir no es un trabajo; es una necesidad vital. Escribir es un esfuerzo, un esfuerzo tremendo», resumía definiendo exactamente lo que es… la vocación.

José Luis Sampedro escribió Octubre, Octubre durante 19 años. En pocos de sus libros invirtió menos de 4. Y mientras escribía –levantándose a las 4 de la madrugada para ello–, estudió una carrera, trabajó en un banco, ganó oposiciones a cátedra, dio clases, organizó seminarios, estimuló la conciencia de sus alumnos, se casó, tuvo una hija, un nieto. Y sin publicar durante décadas. Es que… no podía evitarlo. No importaba qué fuera a pasar luego con aquellas páginas que tanto habían costado. Y enviudó. Y se casó de nuevo. Y siguió escribiendo irremisiblemente.

A muchos escritores y periodistas vocacionales nos sucede lo mismo: no podemos evitar contar lo que hemos descubierto. Por el medio que sea. Ambas actividades, si son profundas y verdaderas, se asemejan a la pasión amorosa. A la auténtica también, a la que lleva a decir con absoluta determinación: yo lo hago aunque después se hunda el mundo. Y así ocurre o debería ocurrir con las profesiones de servicio público, política incluida.

El desprecio de la cultura, de las ideas, de lo que importa, inmolado lo fundamental en el altar ultraortodoxo del lucro, termina por descomponer a la propia sociedad. Tantas confusiones sobre el valor y los valores no son inocuas. Así que, aquí seguimos. Pasando como importante cualquier transacción de dinero o poder. O como autobombo, la satisfacción de una necesidad que se cree puede servir a alguien más. Nos lo tenemos bien merecido… por no poder evitarlo.

Lo maravilloso es que, en todos los órdenes de la vida, en todos nuestros empeños, esa grandiosa trampa –creer en lo que se hace al punto de que entregarse a ello nos resulte irremediable– es la que termina por acudir a levantarnos cuando cunde el desánimo. En lo que para cada uno sean sus 4 de la madrugada.

*Publicado en eldiario.es

El relaxing café con leche o la pasión española por la irracionalidad

Es una forma de llamarlo. Sin pretenderlo, Ana Botella resumió en su intervención pro-olímpica una característica española que se evidencia sistemáticamente: inflar globos con irrealidad, asombrarse cuando se pinchan y luego acusar a otros –al mundo entero, si es preciso– de los errores propios. Desde que he leído completo El relaxing café con leche y otros hitos de la marcaEspaña, constato que los ejemplos de esa forma de ser se manifiestan a diario y a ritmo creciente por las especiales –y dramáticas– circunstancias que vivimos. En asuntos triviales, en los de mayor calado y también en los trascendentales.

La sentencia del Tribunal de DDHH de Estrasburgo es un ejemplo de manual. Uno de los fundamentos de la justicia es que las leyes no pueden ser retroactivas. No se pueden aplicar castigos por modificaciones a posteriori. Si están tipificados 20 años para un delito en el momento de cometerse éste, no es justo –insisto, justo– añadir más tiempo de condena después. Otro de los pilares básicos, por cierto, es que las que leyes no se dictan para regular o resolver casos individuales, han de ser impersonales y abstractas, tendentes a cumplir el precepto de generalidad.

Pues bien, primero no debió establecerse la Doctrina Parot, pero se hizo porque a alguien se le ocurrió y “a ver qué pasaba”. Desde hace años todos los Gobiernos han sabido que la JusticiaInternacional derogaría esa norma. Ahora se “sorprenden”. Ahora el Tribunal Internacional del que forma parte España resulta que es malísimo y no nos quiere nada, ni nos entiende. Y hay que echarse a la calle a protestar –para seguir manipulando a las víctimas–, incluso el partido que sustenta al Gobierno, en una de las mayores y más demenciales irracionalidades que cabe producirse. ¿Nos salimos de los Convenios de DDHH? ¿Decretamos el fin del imperio de la justicia? Hágalo usted, declare a España país en el que rige la ley de la selva y confirme que este no es un Estado democrático.

España, una parte sustancial y decisiva de España –no toda–, es así. Se cree sus propias fantasías, se cree sus mentiras. En tono mucho más irónico –diría mejor, cáustico–, el libro que acabamos de publicar lo muestra como una constante de nuestra historia. España no planifica. No ha tenido jamás una visión de conjunto de lo que quiere sea un país. Los pocos que lo intentaron salieron trasquilados y llegaron los siguientes y dieron al proyecto la vuelta del revés.

No pensamos en dónde poníamos los edificios. No calculamos que la vía ancha del ferrocarril truncaba la exportación. Nos volcamos en primar el transporte por carretera y luego llenamos el suelo de aeropuertos y no el aire de aviones. Y de trenes de alta velocidad, los AVE de tierra, pero solo para transportar viajeros que puedan pagar el caro billete, no mercancías. Un caos.

Lo peor es que tampoco tejimos el entramado de una convivencia ciudadana basada en lograr el bien común. Ni propiciamos el pensamiento crítico que ayudaría a abordar los graves defectos estructurales que padecemos como pueblo. El que quiso, tuvo que buscarlo por su cuenta.

España no construye peldaños para subir a donde quiere ir, sueña que nos izará el viento. Dice “querer es poder”, sin asentarse en bases sólidas, como si bastase –un presunto– arrojo para conseguirlo todo. Y sobre todo piensa que sucede así porque lo merecemos. Porque somos lo mejor del mundo y, además, únicos en la especie humana. Son los de fuera –y los perversos interiores– quienes no lo ven, porque nos tienen envidia. Más “machos” que nadie, aunque la realidad evidencie de qué patética forma meten muchos el rabo entre las piernas ante graves atropellos. Otros no, aunque les cueste caro. Quizás por eso aún nos mantenemos.

Cuando el sueño fracasa, nunca es nuestra la culpa. Una puerilidad patológica. Al menos en esa minoría determinante dispuesta a comprar todos los globos de colores que ponen ante sus ojos, a pesar de que después les estallen en la cara. Algunos ni se enteran del dolor o lo sobrellevan con estoicismo, siempre que puedan evadir la responsabilidad y cargarla a otro. Jamás piensan en las consecuencias sociales de sus actos. El egoísmo del niño maleducado que se cree centro del universo. Ahora las fuerzas vivas del poder andan engañando al personal con la recuperación, “por si cuela”, mientras la UE pide más tajos a nuestro exiguo bienestar. Lo grave es que sí, que cuela.

De los políticos y la política al macho ibérico de hoy en día. De la reinvención continua de la historia y sus razones a la búsqueda del peor enemigo de España, a ver si un día le vencemos. Del lacerante presente que vivimos a la huida y la acogida en escenarios que han cambiado y que podrían ponernos ante el espejo de nuestra soberbia. De cómo se construyó este camello cuando se pretendía gestar un dromedario. De todo eso y más habla el libro y todo él está atravesado del carácter español. Conocerse bien, reírse de uno mismo incluso, es el primer paso para el cambio. Porque sí, lo necesitamos, digan lo que digan las patentes de esa marca España que se deshilacha por momentos. En época bien inorportuna porque, encima –como dice Rajoy–, está lloviendo mucho.

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