Cuento de Navidad

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Esta noche podría fácilmente irrumpir el Fantasma de la Navidad Pasada. ¿De cuál? La niñez de los más viejos, maduros sin más, nos hablará de lluvia, quizás nieve, y de frío por encima de todo. Sin otros medios económicos para paliarlo sino un brasero o una estufa de carbón. Del extraordinario en la cena de Nochebuena que apenas llega para un pollo de corral –un lujo entonces- y una sopa sabrosa, una buena verdura. Los dulces que han hecho las mujeres de la familia y el Anís del Mono.

La vida cotidiana se detiene por unas jornadas y se trata de no pensar en la precariedad del trabajo, la salud o la educación solo para ricos, la burda manipulación en los libros de texto. O la mendicidad de los más desfavorecidos a quienes ni techos les cobijan. La mordaza y el palo a toda reivindicación de justicia; el autoritarismo, el miedo.  La Miseria y la Ignorancia surgen ahora, hoy, del reloj del pasado para imbricarse en el presente. Vuelven las estrecheces y los privilegios. El frío engañado con forros polares dentro de casa. Tiempos de posguerra española redivivos, tiempos eternos del Dickens que criticó y evidenció –como tantos otros- qué es para el poder laestabilidad que solo trabaja para los obscenamente ricos.

El Fantasma de muchas otras Navidades Pasadas, las que ha vivido la mayoría, nos llevará sin embargo a tiempos en los que se luchó -y algo se logró- por disminuir la brecha social. Hubo sanidad y enseñanza para todos, una cierta igualdad de oportunidades. La mujer ya no era considerada retrasada mental por la misoginia con mando en plaza y paquete. Navidades de langostinos y regalos por doquier que traían a la vez el Papa Noel extranjero y los Reyes Magos del oriente local. De las calefacciones liberadas de la codicia de las empresas eléctricas y sus puertas giratorias con los políticos. Incluso del amor que brindaba con cava o champaña por un futuro que tenía algún color más que el negro.

El Fantasma de la Navidad Presente nos ha encogido el corazón, la luz y el calor y hasta las entretelas de los abrigos que ya no son de lana y cosen por dos perras los esclavos del consumismo. Algo más allá; pronto aquí, el país de los sueldos menguantes. De los derechos mermados, de tantas libertades anuladas. Ni las pensiones se respetan. Se vende y se compra incluso la salud, todo nuestro suelo y patrimonio. Habrá que calibrar el menú extraordinario para que no se desequilibre más el de todos los días. Cuesta sonreír… salvo a los idiotas, a los que no piensan en nada porque –dicen- no quieren sufrir aunque se chupen el hambre. A los que no piensan… en nada.

No nos negamos a celebrar ni la Navidad ni la vida, ni a brindar por todas las ilusiones. No somos el avaro y solitario Ebenezer Scrooge del cuento de Dickens. Por el contrario, estamos muy hartos de estar hartos pero vemos que, si el presente ya es angustioso, el Fantasma de la Navidad Futura se cierne amenazador. Y, lo que es más ridículo, lleno de paradojas. Somos los castigados, mientras el cruel austericida come y bebe a dos carrillos con sueldos, sobresueldos y contabilidad B. Con las redes clientelares de la trampa continua.

Aquí y ahora sigue la ceremonia de la normalidad plagada de anormalidades. El castigo ejemplarizante de la literatura, en cambio, se ceba en quien termina por recibir el trato que cabe esperar de sus actuaciones, lo que merece: “Jamás le paraba nadie en la calle para decirle con alegre semblante: «Mi querido Scrooge, ¿Cómo está usted? ¿Cuándo vendrá a visitarme?» Ningún mendigo le pedía limosna; ningún niño le preguntaba la hora; ningún hombre o mujer le había preguntado por una dirección ni una sola vez en su vida”. El que finalmente verá su casa saqueada y se enfrentará a la hora de la verdad de la muerte solo y mísero. Claro que entonces había más libros y ninguna tele, más lucidez y menos marhuendas, más conciencia y menos conveniencia.

No vamos a pedirles a los deleznables codiciosos de lo ajeno que nos compren un pavo, pero tampoco debemos prestarnos a seguir siendo sus guindas. Pueden celebrar las navidades en sus saraos o en Soto del Real, mejor allí las siguientes. Ni en la ficción jugamos a la caridad, sino a la justicia. Pero nuestra única esperanza para disipar los fantasmas atroces de la realidad es dedicar unos minutos al menos a la revisión de vida que proponen, por ejemplo, los cuentos de navidad. A lo que tuvimos y no tuvimos, a lo que hemos perdido, a los que nos queda por perder.

Como propone el cuento de Dickens aún se está a tiempo de detener la desgracia total que nos hemos venido fabricando. Hay una forma de organizar la sociedad más equitativa. Hay dinero al menos para lo que ha habido durante tantos años: sanidad, educación, pensiones (a mejorar), sueldos, dependencia, transportes, servicios sociales todos. Y cultura, y ciencia. Y calefacción. Y luz. Y agua. Tiene que haber -si somos… personas-  un modo de organizarse sin pisotear los derechos de nadie por cerriles talibanismos religiosos o de clase autocrática.

Brindo con una copa de razón, coraje y dignidad a partes iguales porque esta sociedad entre en la cordura y la acción. En esas condiciones, Feliz Navidad.

*Publicado en eldiario.es

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16 comentarios

  1. Por la razón, con coraje y dignidad, FELIZ NAVIDAD, a todos.

  2. Brindo, Rosa, por tu precisa aportación a iluminar sobre la verdad en este mediocre país. ¡ Felices fiestas !

  3. Brindo contigo, con éste maravilloso artículo, lleno de aquello que necesitamos para “superar nuestras espectativas” y cambiar el rumbo de las navidades futuras: INSPIRACIÓN.

    El cansancio, el astío, es nuestro peor enemigo.

    Ahora me leéis menos por aquí, pero es que he encontrado “mi manera” , con el pequeño margen de maniobra que tenemos todos en nuestro trabajo, en nuestro día a día, de poner un granito de arena en cambiar las cosas.

  4. No sabes querida Rosa, cómo me llega este artículo: He contestado por educación cuando me han saludado, pero no me siento capaz de desear Feliz Navidad a nadie. ¿Sabes por qué? Porque como si fuéramos culpables de pasar penurias, de no tener dinero, de carecer de derechos, de no tener más paro que cobrar, ni pan para llevar a la mesa, lo escondemos para que no nos tengan lástima, hasta que surge, inevitable, la verdad. Hoy al despedirme en la oficina, les dije:
    – Os deseo que queráis mucho y que os quieran más estos días.
    – He, será Feliz Navidad, no?
    – No me atrevo a desear que sea feliz.
    – Pues para mí sí son Felices Navidades. Hay tanta gente sin trabajo y que lo está pasando mal…
    – Pues precisamente por ellos, no puedo decir Feliz Navidad. Pensando en ellos, tengo una basurita en el alma, como diría Mafalda.
    Pero si brindo por algo: Porque nunca nos falten voces como las tuyas. Martilleando tenzmente las conciencias, de los que no quieren despertar.
    Algo hemos de hacer.

  5. Trancos

     /  24 diciembre 2013

    Feliz Navidad, para ti, tu gente y tus lectores, especialmente a los asiduos.

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    Me gustó lo que le oí ayer a A.P. Reverte: “siempre hay un iceberg esperando a un titanic”. Se hundirán, Rosa. Antes o después se hundirán.

  6. vavagate

     /  24 diciembre 2013

    Feliz Navidad, Rosa María y todos. Celebremos el triunfo del Sol, de la luz sobre las tinieblas, tres días después del solsticio. Que así sea.
    Un abrazo

  7. JOSEP

     /  24 diciembre 2013

    Pido perdón a quien pudiera ofenderse, pero ya es hora de que pensemos por nuestra cuenta.
    Esta tradición, tan arraigada, es puramente mercantilista.
    Solo la industria y el comercio salen beneficiados, y la propaganda sabe utilizar la papanatería de las masas, removiéndole las vísceras vacías, con argumentos como:
    . Son días de encuentro celebración familiar
    ¿Es que el resto del año se supone que estamos a la greña con la familia y no nos podemos ver, o hace falta una consigna para ver, abrazar y quererla?
    . Se siguen las celebraciones religiosas
    ¿Es tan numerosa en porcentaje la población que sigue los oficios?
    ¿Cuántos de ellos por fe, y cuantos como tradición folklórica?
    . Son días de recogimiento
    En realidad, es lo que menos se nota
    En cambio:
    Es un escarnio el despilfarro que podemos ver cuando millones de seres humanos nos miran desde la indigencia.
    El abuso del alcohol y los excesos alimentarios de toda clase llena las urgencias de los hospitales durante todo el mes de enero.
    Nuestra enajenación no nos permite pensar en aquellos que sufren bajo las bombas, el hambre, la crueldad y la corrupción a las que no somos del todo ajenos, pues los causantes obran también en nuestro nombre.
    Pero tengo una esperanza en que, si le dejan, el Papa Francisco nos aportará algo de cordura, como ya ha empezado a indicar.
    Si esto es así, muchos excépticos nos haremos practicantes de la religión de la conciencia y renunciaremos a la de la escenificación
    Un fraternal abrazo

  8. Joaquín Barceló

     /  24 diciembre 2013

    Hoy, tu artículo del Cuento de Navidad, ha llegado hasta lo más profundo de mi corazón, de mis recuerdos, de mi conciencia y de mi razón. Y es por ello que me evado del jolgorio, de la fiesta, de mis hijos, hijas, nietas y nietos y llevo pensando que todo lo que dices, Rosa María Artal, encaja perfectamente en mi historia. Yo fui uno de esos niños que nunca supo de Reyes Magos ni de Papa Noel, cuando se vivía en esa sociedad del Auxilio Social, que para comerte un plato de lentejas tenías que saber (de memoria, como Dios manda) el credo, los diez mandamientos, padre nuestro y aves marías. Las Navidades siempre me ponen triste, porque en toda mi infancia y juventud, jamás tuve un noche feliz. Primero porque mi padre estuvo preso, político, años, luego en la mili que fue como un castigo porque mi padre era un rojo, después porque dos Navidades las pasé yo en la cárcel, cuando tenía veinticuatro años. Es decir, formo parte de esa esa historia de posguerra en la que muchos miles, millones creo yo, de españoles éramos la escoria de una sociedad que solo sabía trabajar y aceptar los mandatos de una cruel dictadura. Verdad, que hemos creído, que esos tiempos eran ya lejanos y no volverían. Pero las traiciones y los que nunca fueron lo que dijeron ser, ni lo son, nos están llevando a ver muy negro el futuro de nuestros descendientes. No obstante, mantengo la esperanza que más pronto que tarde, veremos una luz en el horizonte que nos señale el camino del restablecimiento de la justicia, la libertad, la democracia, la solidaridad y ese estado del bienestar perdido. Un abrazo para ti Rosa, y para todos los que con su colaboración harán posible los cambios de mentalidad que se necesitan. Porque SE PUEDE Y SE DEBE. SALUD.

  9. Isabel

     /  24 diciembre 2013

    A medianoche y en la penumbra a la que nos han arrastrado, en lugar de fantasmas deberían sonar ollas y pucheros vacíos que les recuerden el daño causado.

    A vosotros, desearos que disfrutéis de la compañía de vuestros seres más queridos. Lo más valioso que, sin duda, tenemos.

    Un abrazo.

  10. No soy yo muy de celebraciones navideñas, por muy diversos motivos, pero creo que nunca es mal momento para enviar buenos deseos a los demás, así que allá van los míos: que nunca, nunca os falten la fuerza y el coraje para luchar contra las injusticias, ni la alegría y la ternura para derramarlas sobre vuestros seres queridos.

  11. Araceli Vendrell

     /  25 diciembre 2013

    Gracias Rosa,
    Menos mal que mentes lúcidas como la tuya siguen dando esperanza, la misma que supuso y supone Cuento de Navidad.
    Comparado al actual Gobierno Scrooge me resulta entrañable!
    Aunque les pese… Siempre nos quedará la literatura !

  12. raquel vidal

     /  25 diciembre 2013

    Brindemos Rosa en esas condiciones y con las que añade Rubén.
    Adelante!

  13. Este año nos resulta a todos más difícil desear “Feliz Navidad” dada la terrible realidad social que estamos padeciendo. No obstante para todos aquellos que tratan de luchar para que la situación cambie “Feliz Navidad” de todo corazón. Y para los desaprensivos que nos están conduciendo a este padecimiento, les deseo todo lo peor, también de todo corazón.

  14. Luis Rodríguez Casó

     /  26 diciembre 2013

    Una Navidad con más de 6.000.000 Millones de Parados,Cifra jamás conocida en España unida a la CORRUPCIÓN es para pensar el destino de este PAiIS el más “ANTGUO DE EUROPA”Que lo están estos POlLITICOS TOTALMENTE INEPTOS……

  15. Luis Rodríguez Casó

     /  26 diciembre 2013

    Si tuviéramos Coraje Y DIGNIDAD no estaríamos como estamos porque la RAZÓN ESTA DE NUESTRA PARTE PERO NOS FALTA “VALOR”……

  16. Manoli

     /  27 diciembre 2013

    Qué articulazo, cuánta razón, cuánta lucidez! A veces una se ve rodeada de gente “positiva” en el sentido de que si ves la realidad tal cual es te tildan de “negativa”. Parece que nos inventemos esta actualidad, cuando lo que hacemos es constatarla. Aunque con eso no basta, hay que luchar, salir a la calle, tener memoria a la hora de votar…

    No sólo hay que luchar contra los que nos quieren más pobres y más sumisos. También contra las víctimas que no tienen conciencia de serlo porque aún tienen algo que perder o porque “hay que ser positivo y no centrarse en lo negativo”. Esa filosofía barata que nos invade y paraliza.

    Gracias por no perder la energía y remover conciencias.

    Bon Nadal, Rosa Mª

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