2017, verano sobre un polvorín

Desde hace 6 años, el rito del verano se inicia en España con una comparecencia de Mariano Rajoy que evidencia lo desolador de nuestro destino. Presente, al menos. El presidente del gobierno se ha permitido volver a dar un concierto de autoalabanzas extremas a su gestión. Ninguna autocrítica, ningún dato comprometido. Un insulto a las víctimas de sus políticas, un recordatorio a quienes, como Ciudadanos, el PNV, CC, NC -o el PSOE con su abstención- consiguen que Rajoy se enorgullezca de manejarse tan bien “en circunstancias poco habituales”.

Leía un discurso a los asistentes a la rueda de prensa: “Señoras y señores”, reiteraba Rajoy en su mitin para informadores. Ni un requerimiento de aclaración al Viva Yo entonando por el presidente se le ha pedido. La abrumadora mayoría de las preguntas han sido en torno a Catalunya que debe ser el primer problema con el que se enfrentan los periodistas de toda España al despertarse. Apenas se ha abordado lo que realmente afecta a los ciudadanos cada día. Y cuando sí se le ha planteado la corrupción del PP, Rajoy ha utilizado la táctica de no nombrar lo que no quiere. La peor noticia es que nuestros problemas no se limitan a Rajoy.

El cuento del lobo nos enseñó, de niños, que no basta con cerrar los ojos para que la amenaza se evapore. El verano de 2017 nos sitúa en uno de los escenarios más complicados desde hace décadas. Vivimos en un polvorín que se ha ido armando por múltiples decisiones erráticas. Y no mejorará por inhibirse.

En EEUU tenemos a un presidente, Donald Trump, literalmente desatado. Alimentando una crisis con Rusia que los turbios contactos familiares se han encargado de acrecentar. Como los césares locos de Roma, sus caprichos y fobias personales están afectando gravemente la imagen de la presidencia. Ahora le ha tocado al Fiscal General y no hay más que ver sus caras. El nuevo favorito de Trump, Anthony Scaramucci,  se estrenó en el cargo llamando al jefe de Gabinete del presidente “ jodido paranoico esquizofrénico” y dijo de Bannon, cuyas acciones suben y bajan ante el financiero llegado a político: “Yo no intento mamármela como él”. Pocas horas después, Trump cesaba, por medio de Twitter, a su jefe de gabinete, Rince Priebus.

Más peligroso aún, si cabe, es que Trump pretende arrogarse el poder de perdonar delitos, incluso a él mismo y sus colaboradores. Un gravísimo atentado a la democracia, un total desatino como nos contaba la profesora Verónica del Carpio, que está pasando desapercibido en la frivolidad reinante.

Habrá que ver si la sensatez logra parar la deriva emprendida por Trump. De momento, el Senado ha tumbado de nuevo su ley para anular la reforma sanitaria de Obama y dejar sin seguro médico a 20 millones de personas. El senador McCain acudió a votar NO a la propuesta de Trump, desde el hospital y con una grave enfermedad. Pero los McCain no abundan.

A los focos habituales de preocupación, se unen otros. En Europa, Hungría y Polonia han ungido con el mando directamente a la ultraderecha. Bruselas critica en particular la reforma que lleva a cabo el partido Ley y Justicia, en el gobierno de Varsovia, que le aleja de la democracia. Masivas manifestaciones rechazan en la calle las medidas, pero como todo gobierno autoritario el de Polonia arguye que otros se quedan en casa. El presidente del país ha tumbado una parte de la ley cuestionada. La jefa del gobierno dice que no lo acatará. La mala noticia es cuánto se parece esa reforma antidemocrática a lo que rige en España de facto en la justicia. Elisa Beni, como es habitual,  dio cumplido detalle en este diario. 

Aquí al lado hemos de contar también a Turquía. Miles de encarcelados, torturados algunos, con la excusa del golpe a Erdogan, atestiguan la feroz purga que está llevando a cabo el presidente. Ya no se para ni ante organizaciones de derechos humanos, como Amnistía Internacional o Avaaz, ni ante periodistas. A pesar de todo esto, la Turquía de Erdogan insiste en entrar en la UE para cobrar el favor de recibir a refugiados que le sobran a Europa. Bruselas ha expresado a Turquía su “reproche”, tal cual,  reproche, por sus preocupantes tendencias. Acaba de confirmar que le mantiene el estatus de país candidato.

  En Francia, el presidente Macron no para tampoco con sus reformas. En la típica “una de cal y otra de arena” que en modo alguno compensa las medidas de involución. Va a distinguir entre migrantes económicos y refugiados, acogiendo únicamente a estos últimos. A ese fin se propone establecer controles de registro y selección, hot spots, en países africanos, comenzando por Libia. Su popularidad ha caído en picado, a niveles de récord. Solo Chirac sufrió ese despeñe en 3 meses. Lo peor es que también se ha apuntado a reformas de la justicia que suscitan intensas críticas. Sus detractores aseguran que recortan libertades.

Preocupadas por la idea del periodismo que compartimos, Olga Rodríguez y yo solemos comentar la importancia de la información internacional tan menospreciada en nuestro país, de lo que sucede fuera. Permite hasta explicar la deriva involucionista de la España del PP que recibe la ola mundial sin haberse movido apenas de ella. Se avecinan tiempos muy duros y es preferible saberlo y tomar alguna medida.

   En España tenemos a Rajoy, con su mitin-rueda de prensa fin de curso. Cuando aún está caliente la insolencia que desplegó en su declaración en la Audiencia Nacional. Sus mentiras o afirmaciones falsas, no admisibles penalmente en un testigo. La insólita actuación del presidente del Tribunal. Dónde sentaron a Rajoy para remarcar sus privilegios y abofetear con ellos al común de los ciudadanos. Y finalmente el cortejo mediático a su persona que se ha permitido hasta burlarse de la justicia y de los defensores de ella. En ABC y La Razón fue un aquelarre pero el resto de las antaño grandes cabeceras estuvo en un nivel muy próximo.

Con esta prensa -esa prensa, hay otra- no está garantizado el derecho a la información. Con esa prensa, radio y televisión apuntada a similares labores. Una prensa que se desangra a diario perdiendo lectores e ingresos pero que parece preferir su tarea de propaganda política mientras dure. El PP ha llegado al nivel de esperpento al comparar su gestión del paro con la llegada del hombre a la luna y la caída del Muro de Berlín, y su corifeo no ha dicho ni media palabra. Imaginen si lo hubieran hecho otros. El paro, la realidad también es otra. Sus voceros merecerían uno de esos contratos de una hora que se computan como empleo. La posverdad de los Trump tiene poco que envidiar al PP de Rajoy, sin un McCain que nos consuele.

 Toca que nos cuenten que mucha gente se va en viaje de vacaciones, olvidando que no toda puede. Pero no es un verano más. Cuecen distintos conflictos, pugnan intereses ciegos, la verdad y la justicia cada vez importan menos y han caído muchas caretas que mal disimulaban la complicidad en temible descaro. Toca, como alternativa inmediata, descanso si se puede para tomar fuerzas,  sentidos alerta, no dar cabida a estupideces varias y separar lo esencial de lo urgente como prioridad absoluta.

 

Estado de alarma: Crisis + deriva fascista de Hungría

El petróleo aproximándose a su máximo histórico del verano de 2008 en los días que se cocía la revelación de la crisis. El euro en niveles mínimos como cuando, en Febrero de 2010, comenzaron los primeros ataques especulativos a la moneda europea, tolerados y bastante silenciados. Es decir, alguien se está lucrando -y mucho- con esto.  Hemos añadido un nuevo factor: “la crisis de la deuda“, totalmente artificial y con fines únicamente especulativos. Crisis alimentaria provocada: también fue, en 2008, otra de las bases del cambio de paradigma mundial propiciado por el neoliberalismo y sus actores (aunque igualmente del estallido social fuera de Europa).  Tras tres años de crisis oficial, se reproducen –agravadas- todas las causas que la desencadenaron y surgen algunas más. Varios gobiernos democráticos han sido sustituidos por tecnócratas. Los grandes poderes financieros se sientan en los ejecutivos sin ningún pudor, incluso en España con el Ministro “Lehman Brothers” (el detonante de la crisis). Hasta la UE se ha dotado de un Tratado neoliberal al que han llegado por métodos escasamente democráticos. Los gobernantes no parecen ver otra solución a la crisis que recortes para la población, con todos los mecanismos de la manipulación de masas desplegados. Es el manual que llega a su cénit, a su reválida. Vivimos un momento tan insostenible que puede desembocar en soluciones de todo signo.

¿Nos falta la chispa? Podría ser Hungría. Algún antecedente: Fue el primer país en rebelarse al dominio soviético en 1956, la revuelta fue aplastada por el Kremlin. Fue también el primer país, durante el histórico 1989, que abrió sus fronteras a Occidente emprendiendo una senda socialdemócrata. Su acción tuvo una decisiva influencia en la apertura del Muro de Berlín y la desintegración del comunismo del Este. Entró en la UE en 2004. Recientemente… ha sido también el primer país de la zona en sentar a la ultraderecha en los parlamentos, incluso en el de Estrasburgo.

El filósofo italiano Paolo Flores D’arcais lanza un grito en la Cuarta Página de El País afirmando que Hungría se desliza hacia el fascismo. Una Hungría, por cierto, cuya economía está en niveles de bono basura. Lo que a Flores le preocupa más -y le hace asemejar la situación con la de 1938 con el florecimiento de los totalitarismos de ultraderecha, votados algunos en las urnas, que acabarían en el estallido de la II guerra mundial-, es la tolerancia de los Gobiernos europeos, y en particular de la UE, hacia estas derivas fascistas. Es uno de los puntos que también recojo en La energía liberada. Con sus ejemplos, naturalmente. Flores llama a los ciudadanos a que hagan “de la “cuestión de Hungría” un problema suyo”. Y sentencia con razón: “Si queremos evitar el contagio, es necesario que tratemos a los apestados como apestados”.

La Hungría fascista es un frente importante por cuanto supone admitir un cáncer gangrenoso en nuestro seno, pero la comparsa de todos los factores que influyen y que citaba al comienzo de este texto, confirman que nos encontramos en un momento crítico y que no se puede seguir mirando para otro lado si no queremos ser cómplices de una catástrofe de dimensiones impredecibles. No podemos seguir distraídos con zanahorias locales, si no es para mirarlas como lo que son realmente: una parte más del complot.

Así comienza el artículo “Hungría se desliza hacia el fascismo”. Es un puro grito:

“La Hungría democrática nos llama; la Europa institucional hace oídos sordos y da largas, llena de hipocresía. Sin embargo, aunque los Gobiernos europeos quieran perder el tiempo en burocracias y procedimientos paralizadores e irresponsables, es necesario que los ciudadanos europeos hagan de “la cuestión de Hungría” un problema suyo, una batalla suya. Una batalla que ya es inaplazable.

El Gobierno de Viktor Orban ha impuesto una nueva Constitución que pisotea los derechos democráticos mínimos que Europa considera vinculantes e irrenunciables para cualquier país que desee adherirse a la Comunidad. Se ha modificado la ley electoral a medida para facilitar al partido de Orban futuras victorias, se ha amordazado a la prensa y la televisión, los magistrados están sometidos a la voluntad del Ejecutivo, el Banco Central ha perdido cualquier margen de autonomía, y el nacionalismo y el racismo se han convertido en el aglutinante popular de este auténtico fascismo posmoderno”…

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