José Luis Sampedro Premio Nacional de Las Letras 2011

 Los reconocimientos oficiales tardan en llegar a veces, pero en esta ocasión lo han hecho a tiempo. El escritor, economista y comprometido humanista José Luis Sampedro ha sido galardonado el Premio Nacional de las Letras, por ser «uno de los más importantes escritores vivos en lengua castellana, así como una referencia intelectual y moral de primer orden». Tiene 94 años largos (dos meses le faltan para los 95). Quiero rendir homenaje a este gran hombre, y al eficaz equipo que forma con su mujer Olga Lucas, con esta foto de otro momento de felicidad…

José Luis Sampedro y Olga Lucas en su querida cala de Mijas.

Y dado que buena parte de las biografías que están saliendo de Sampedro olvidan su decisiva participación en Reacciona, a pesar de sus 6 ediciones y 90.000 ejemplares vendidos, anotaré algunas de mis frase favoritas de su capítulo:

“Es una falacia hablar de crisis financiera únicamente. La crisis es política. La crisis es del sistema de vida occidental. Estamos viviendo en pleno ocaso del mundo en que vivieron nuestros padres”.

“Se confunde a la gente ofreciéndole libertad de expresión al tiempo que se le escamotea la libertad de pensamiento”.

“Pese a los disfraces, la religión permanece anclada en el siglo XVI, la economía en el XVIII y el sistema parlamentario en el XIX”.

“Debajo de la alfombra aparece un suelo corroído que no va a mejorar remendando la alfombra para taparlo mejor.Occidente puede correr la misma suerte de otros imperios extinguidos, dejando un vacío bajo la palabra Europa”.

José Luis Sampedro y la visita del Papa

Habla para la confluencia de las marchas “quincemayistas”.

Reivindicando a Olga Lucas

Olga Lucas acaba de publicar un libro que ha escrito junto con su marido: José Luis Sampedro. También otro del que es autora en solitario: “El vals de las orquídeas“. Ella dice ser consciente y ver lógico que todas las miradas se dirijan hacia José Luis Sampedro, uno de los más grandes y comprometidos pensadores españoles actuales. Lo comenta siempre en público y en privado. Incluso con demasiado énfasis, relegando siempre su papel.

Los periodistas no le preguntan nada a ella sobre “Cuarteto para un solista” que ha llevado años de trabajo de ambos. No es la primera vez. “Escribir es vivir” o “La ciencia y la vida” -en conversación con el cardiólogo Valentín Fuster” son otros ejemplos. 

El ninguneo de Olga llega al insulto al añadir este comentario en una entrevista donde José Luis parece superarse a sí mismo en su brillantez:

“Su esposa, la escritora Olga Lucas, 30 años menor, le sostiene en todos los sentidos. Ella es sus oídos, sus ojos y sus antenas. Pero el que piensa -y el que actúa pensando- es él”. Tampoco es la única perla: “Quisimos verle de nuevo para saber cómo saludaba, por fin, la reacción de los jóvenes. No fue posible. El celo de Olga le protege del mundo. Quizá de más. Pero gracias a ella está vivo, o eso dice él”.

Hace mucho tiempo que quiero escribir sobre Olga Lucas. Somos amigas desde hace 20 años por lo menos. Nos conocimos porque ella llamó al programa “Dos en la madrugada” que hacíamos José Antonio Rodríguez y yo los sábados en RNE. Al igual que este blog atrae a gente muy interesante, en aquel programa casi clandestino sucedía lo mismo. Olga me envío después 3 libros suyos. Dos de poemas y uno de cuentos. Desde ese momento, se convirtió en una de mis escritoras favoritas. Era una pionera en el uso de frases cortas y rotundas… llenas de contenido. Y de ironía y puede que de sarcasmo. De arrolladora vitalidad, de pasión, a pesar de su mala salud. Hasta me corrigió a mí algunos cuentos, con esas directrices indispensables que pueden cambiar tu forma de redactar. Cuatro ojos siempre ven más que dos, y mucho más cuando son sagaces. E igualmente llegó a ser una de mis pocas amigas de verdad.

Llamábamos a menudo a Olga para intervenir en el programa. Y a la maravillosa Luisa Simón que se nos fue hace ya una década sin saber los caminos de nuestas vidas y que tanto le hubieran alegrado. En dos ocasiones al menos –y por más que busco en mis viejas cintas no lo encuentro- Olga dijo que el hombre de sus sueños era… José Luis Sampedro.

Y un día se conocieron. En el Balneario de Alhama de Aragón. En 1997. El verano pasado nos escenificaron el encuentro. Cuando Olga regresó a Valencia, donde entonces residía, ya tenía una carta urgente de José Luis algunos de cuyos párrafos me leyó al teléfono con gran emoción. Imaginad qué puede ser una carta de flechazo de José Luis Sampedro. Se casaron también en Alhama de Aragón en 2003.

Olga nació en Tolouse (Francia). Sus padres, españoles, se conocieron durante la resistencia francesa contra la ocupación nazi, tras sufrir ambos el exilio de la guerra civil. El padre estuvo detenido en el campo de concentración de Buchenwald, junto a Jorge Semprún. Olga pasó buena parte de su infancia en Centroeuropa. Le sirvió para trabajar luego como intérprete de lenguas poco conocidas. En nuestras largas conversaciones (intercambiando ambas confidencias e inquietudes) me relató la larga serie de adversidades que han jalonado su vida, sus ilusiones, desgranando también su rico pensamiento. Yo siempre he visto en ella una extrema generosidad. Es uno de los muchos puntos en los que coincide con José Luis Sampedro.

Olga Lucas, premio Glauka 2010

En Cuenca, el año pasado, la protagonista era Olga Lucas, al recibir el premio Glauka que gana su prestigio en la lista de autores que lo han recibido. Allí habló de cómo trabajaba con su marido en “un proyecto común”. En realidad, el proyecto común es él, José Luis Sampedro. La recompensa de tratarle y recibir y compartir su extraordinaria humanidad, no tiene precio, pero exige en parte una renuncia personal que no todos afrontarían. Él también se siente en deuda y le desagrada que no se reconozca la labor de Olga.

Con altísimos niveles de autoexigencia, Olga se pone en tensión cuando hay un compromiso, intentando que todo salga bien, o mejor que bien. Protege en efecto a José Luis de las continuas demandas que, por su número, se ven obligados a seleccionar. Y eso no resulta “simpático” a los periodistas si no obtienen todo lo que desean en apremiante urgencia. Él tiene 94 años y nada más que demostrar, que ya ha sido y es mucho. Queremos que nos dure. Porque otra obsesión periodística es preguntar a Sampedro por la muerte, cuando en sus labios lo que destaca es el canto por la vida. A quienes le profesamos un inmenso cariño nos duele, tememos el día que ocurra. Pero hay quien vive 100 años y más, y quien, sin saberlo, morirá a cualquier edad mañana. Tan bueno como contar con él, sin embargo, es dosificarle en su propio bien y quizás buscar nuevos filones de brillantez… aunque tengan 30 años menos.

Olga es de una fortaleza poco común, de quienes se esfuerzan en tenerla pese a los elementos adversos, y a la vez, sensible y vulnerable. Tanto ella como él provocan el deseo espontáneo de un abrazo cálido. Son buenos los apoyos.

Otro cuarteto entrañablemente unido: Juan José Mardones, José Luis Sampedro, Olga Lucas y yo

Me gusta especialmente el poema de Olga Lucas “La espera” de su libro “Poemas de andar por casa” publicado en 1993.

Larga espera la vida,

Espera constante y perversa,

Febril, despiadada,

Infatigable y agotadora.

Siempre espero.

A veces, con la molesta extrañeza

De no saber qué espero

Y la temerosa sospecha

De que nada hay que esperar,

Solo la tristeza azul de la noche

Y un penar sin lágrimas

En hondo suspiro de resignación”.

La noche se le inundó después de sol, con nubes y nubarrones a veces, pero privilegiada y esplendorosa pese a todo. No estaría de más que fuésemos algo más justos con Olga.

El brindis de José Luis Sampedro en su 94 cumpleaños

Sampedro brinda en su 94 cumpleaños. Al fondo Olga, Amaya Delgado y Lola Larumbe. Restaurante Avanto, Mijas Costa (Málaga)

Os invito hoy a brindar por José Luis Sampedro: cumple 94 años. No es fácil llegar a esa edad, y menos con su lucidez, compromiso y esa ternura incontaminada. El domingo lo celebramos con su mujer, Olga, su hija, Isabel, y un reducido grupo de amigos que durante la semana tienen compromisos laborales. Majos como ellos solos. Hoy volveremos a brindar unos poquitos con él. Sumaos si queréis. Hay tiempo para criticar y lo hay para felicitarse. Y vale la pena valorar este mensaje universal y necesario. Ciertamente, para mí fue una inyección de realidad y optimismo.

Aguijón constante para los desmanes, en su longevo cumpleaños José Luis Sampedro reivindica los sentimientos y la esperanza. Y el humor. Cuando el camarero llegó a su lado, con el cava, le preguntó: “¿Cómo ha adivinado Vd que soy yo el de los 94 años?” Dice que es feliz. Por todo lo que le esta pasando en los últimos tiempos. Por los afectos que le rodean. Sobre todo, lo sé, por Olga maravillosa, su otro yo, su equipo.

“Esto es la vida. Animaos todos. Porque se puede llegar a los 94 años y más, siendo feliz. Aunque uno se levante y se tenga que poner la boca, los ojos y los oídos. Se puede ser feliz a pesar de los jefes y de que muchas de las cosas que nos rodean nos parezcan impedimentos. Por nosotros mismos. Tenéis una vida. Cada uno la suya. ¡Aprovechadla!”

Pues eso. Por José Luis. Por sus 94 años. Por la vida. La de todos.

Soplando las velas. Foto: Juan José Mardones

Sampedro: Con este sistema no se resolverá la crisis

El viceprimer ministro Li Keqiang llega hoy a Madrid cargado de “miles de millones de eurospara firmar contratos con grandes empresas privadas y seguir comprando deuda española. Todo es por ayudar. A salir de la crisis.

El 1 de Enero de 2005 se liberalizó el mercado mundial precisamente para permitir a China jugar en el concierto internacional. Pese a sus graves violaciones de los derechos humanos, sí. Su irrupción fue en tromba, abaratando los precios de los productos que fabricaba en serie a niveles irrisorios y cambiando las leyes del comercio. El balance de los 3 primeros meses, arrojaba, por ejemplo, una destrucción de mil empleos diarios en el sector textil español.

En un reportaje de Informe Semanal que titulé “Made in China”, se veían los alarmantes datos. Para mí, el mayor de todos fue éste que seleccioné del material que nos envió la corresponsalía de TVE en Pekín para completar el trabajo:

Ron Ko

Portavoz Turpan Ezquel

Xinjiang (China)

El impacto del coste laboral en empresas como ésta no es tan grande. Aquí representa un uno por ciento. A nosotros nos afecta mucho más un incremento en los precios de la electricidad en la provincia

¡Bien! Vamos por el buen camino. Suben los precios en España el 2,9% este año, mientras los sueldos lo hacen el 1,3%. Según datos oficiales provisionales. De esos oficiales, quiero decir, porque el precio del petróleo ya está otra vez por las nubes -casi a 95 dólares el barril de Brent-, España lo grava todavía más con impuestos, y la gasolina termina por encarecer todos los productos. Lo sigo citando solo como ejemplo. Perdemos poder adquisitivo a borbotones, con el despido regalado –mientras se anuncian nuevas “reformas” para complacer a los empresarios- y sube el precio de la electricidad reclamado por las todopoderosas corporaciones que un día, algunas, fueron públicas. Sí, como en China, dentro de nada será más importante para una empresa lo que paga por la energía que la nómina de los trabajadores. Y en China, al que protesta, se le encarcela o directamente se le ajusticia. Una única diferencia a su favor: tienen establecida la pena de muerte para los corruptos, son muy radicales con sus castigos, tampoco hay que llegar a tanto. Imagino que tendrán algo más de miramiento con los que mandan de verdad, que igual se quedaban sin Gobierno y altos cargos. Pero, para los “otros“, los algo menos poderosos, “no les tiembla el pulso“, que dirían los fascistas de aquí. Si vamos a equipararnos en todo a China, lo de meter mano en serio a quien se lleva dinero público para su goce y disfrute tampoco estaría mal.

Y a la UE todo esto de exprimir al trabajador y dar barra libre a los ricos le parece muy bien, y dicta políticas a los países que la componen. Con una diligencia y un progresismo que nos deja anonados. Y Alemania, que tiene unos bancos estupendos y muy protegidos y muy dueños de otros bancos extranjeros, y una ciudadanía muy concienciada, crea empleo y crece. Aquí, hoy sabemos que ha bajado un poquito la ingente creación de desempleo, ya “solo” se han ido al paro este año 176,000 personas, que se añaden a los 4 millones ya registrados.  Estamos aprisionados entre la dictadura capitalista China y el neoliberalismo occidental. Y nos están sirviendo una receta mixta de poner los pelos de punta.

Con un problema añadido en España al que le cuadra a la perfección un pensamiento de Albert Einstein: “La vida es muy peligrosa, no sólo por las personas que hacen el mal, sino y sobre todo, por las que se sientan a ver lo que pasa“.

Nuestro querido José Luis Sampedro ha presentado en Málaga el libro Desigualdades de Juan Torres y Lina Gálvez. Llama a nacionalizar los bancos y su conclusión es tajante: “Con este sistema, no espere nadie resolver el problema de la crisis financiera”.

Por qué son los jóvenes tan pasivos

Rita, una estudiante de sociología y ciencias políticas, aceptó sentarse en la mesa del CSIC en el debate “Críticos y ciudadanos” –del que ni un solo medio se hace hoy eco- y que se celebró con menos de “media entrada“. Le habían precedido hablando 5 profesores universitarios y un joven investigador que, por cierto, trazó un sombrío y angustioso panorama de su especialidad en España. Hipoteca, dijo, su carrera y sus vidas. “No nos vamos, nos echan”. Rita, venía baqueteada por la lucha antibolonia en la que se implicó, y planteó un discurso bien elaborado y enormemente pragmático, tanto, que me heló la sangre. A su juicio, las razones de la pasividad de los estudiantes universitarios se basa en estos puntos:

1) El fracaso de su batalla contra el plan Bolonia. La protesta era fundada: se consolida la dependencia del conocimiento a “la empresa” y sus sacrosantos beneficios. Aquí apuntó que sabía era un planteamiento corporativo, como el siguiente punto.

2) No hay reforma universitaria.

3) La relación de los jóvenes con la crisis es distinta a la de los más adultos. No se identifican con la figura del trabajador que se reivindica. Parece que tampoco en modo alguno con la del empresario o quien quiera que decida. Saben que “no tendrán trabajo fijo, ni subsidios, ni ayudas sociales, ni pensiones” y que “tendrán que residir con los padres mientras puedan”. Vivirán peor que sus padres. Y lo han asumido.

Rita alberga cierta esperanza en las movilizaciones de los universitarios europeos, especialmente de los italianos que, según nos dijo, piden una renta básica, acceso a la vivienda y alguna cosa más.

Contó también que los jóvenes con inquietudes en la Universidad española proceden de muy diferentes ideologías que dificultan ponerse de acuerdo.

-Todos estamos muy deprimidos y nos sentimos muy solos ¿no vamos a poder contar con vosotros? ¿Puedes explicarme entonces, sencillamente, qué esperas que sea tu vida?- le pregunté desde el público.

-Tendré una vida, claro, pero distinta. Tratando de sacar partido a lo que nos brinde el sistema, esa renta básica, la vivienda… -, vino a decir.

Hace tiempo que lo vengo viendo: están derrotados de antemano, aspirando a vivir con las migajas que les deje… un sistema que no aspiran a cambiar. Adaptados a lo que les echen. Y Rita se implica y explica, otros ni eso. Con todas las excepciones que se quiera, pero ésta parece ser la tendencia. Ni siquiera una inmensa mayoría de los periodistas jóvenes se apartan del carril y el sometimiento. Salvar la parcelita y punto. Aún con la inyección de fuerza de wikileaks.

 

La concentración contra la detención de Assange me resultó, el otro día, igualmente demoledora. O más. Caretas –bebidas en la cultura audiovisual, me explican- para jugar a protestar. En el debate de El País del martes, otro joven –menos que todos estos- me abordó, sin presentarse, para decirme que no espere gente en la calle (que no la espero, lo he dicho muchas veces, hay que buscar otras formas), “la batalla se da en Internet”, dijo, “¿a golpe de clic?”y, él respondió ofendido:  esto termina por llevar, con la amplificación del mensaje, a acciones como las de los hackers. En ese debate sí había jóvenes, eran mayoría de hecho. Desorientados y rabiosos algunos de los que hablaron.

El 40% están sin trabajo, y es cierto que, si algo no cambia, no lo tendrán. Y que no les dará de sí el tiempo para cobrar pensión alguna, dado que nuestros políticos están poniendo ya el límite en 35 años trabajados para recibir el subsidio completo. ¿Y no piensan hacer nada más?

Educados en casa, con la tele y el ordenador, en el consumo y las marcas, a tiro de teléfono móvil para consultar a los papás qué han preferido la “seguridad” de sus hijos a verles tomar decisiones que puedan suponer riesgo, apagando sus iniciativas,  sus caídas y sus incorporaciones,  multiregalados, solos en ausencia de padres ocupados en ganar dinero para hipotecarse. ¿Tampoco les han hablado sus profesores?

Todos sabemos de la mala educación, inenarrable cómo fue la nuestra y puede que la que hayamos dado. Pero llega un momento en la vida el que se crece, se tiene criterio, y uno se convierte en responsable de su propia trayectoria y de sus errores. A cierta edad, muy pronto, ya nada es culpa de otros.

Muy cerca me dicen que es imposible que el sistema que están imponiendo los mercados llegue a triunfar plenamente. Y el revulsivo puede ser terrible. Y se está empezando a ver.

Decía el otro día el filósofo Manuel Cruz en La Ventana de la SER: “En Argentina, en Roma, en GB hay vandalismo. De los Gobiernos. Esta gente,estos chavales están luchando por la civilización”.

De lo que no parecen ser conscientes los jóvenes es de que en España todo es mucho peor. Que los derechos que roban a los europeos de más arriba les dejan en una situación idílica respecto a los que en España hemos tenido nunca. Estamos en multitud de cosas… “a la cola de Europa”. En el pesebre que nos preparan -que ya empiezan a conocer irlandeses y griegos, por ejemplo-, los mejores bocados del pienso que nos suministren se los llevarán ellos, alemanes, británicos, nórdicos, centroeuropeos, franceses. Hasta en eso nos quedarán solo las sobras. Porque nuestros políticos no luchan por nosotros, ninguno lo ha hecho hasta equipararnos, cómplices o vencidos por nuestra pesada carga, a la que ahora se añade la losa aplastante de la UE azul.

Realmente, bajo los adoquines no había arena de playa, pero aquella lucha de mi propia juventud por ejemplo, sirvió para que Rita y todas las Ritas pudieran ir a la Universidad. Eso al menos, nadie puede negarlo. Pero, por encima de todo, es que perseguir un objetivo de altura, hasta con ingenuas flores, llena la vida y la dota de satisfacciones. Aguardar las migajas no puede ser lo mismo.

Con 93 años, José Luis Sampedro, sigue llamando a la acción,  contrATTACacando. Tenemos muchas cosas por hacer. Concretas. No nos dejéis solos. Empezamos a ser unos cuantos muy mayores. Y a todo esto, no sé por qué los jóvenes son tan pasivos. Rita no me lo explicó.

José Luis Sampedro, un premio al Humanismo

  Actualmente uno apenas puede entenderse más que con quienes emiten en la misma onda. Getafe Negro (ese magnífico ciclo sobre la novela negra) ha instituido un premio nuevo: El José Luis Sampedro de Humanismo. Ninguna definición le cuadra mejor, pocos pueden hacer honor a esa idea con tal precisión.  

  El escritor Lorenzo Silva lo propuso y en Getafe (Madrid) se ha creado eso que llaman un “microclima” para hablar y premiar nada menos que al Humanismo. Hoy, en este mundo del egoísmo y la codicia económica.  

Cualquier disciplina se puede ejercer pensando en el ser humano y atendiendo a su mejora y estímulo. Sampedro lo viene haciendo desde la literatura, la economía, el sillón F de la Academia de la Lengua, el pensamiento y, por encima de todo, como un hombre excepcional en numerosos aspectos.

    

   Como en casa. Olga Lucas, su mujer, sostiene y absorbe cada una de sus palabras. Se apoyan el uno en el otro en un proyecto colectivo, en el entendimiento y el amor. Todo eso se respiraba hoy en Getafe.  

 Cómodos, en sintonía, cuantos intervenían iban destacando lo que atesora Sampedro: su compromiso y su luz, su sabiduría y su espíritu crítico, su trabajo y su sacrificio, su honestidad.   

 Carlos Berzosa, el rector, fue alumno suyo. En los años 60 ya les hablaba de la pobreza y el hambre. Era muy provocador, ha dicho. Estimulante. Acudían a oírle alumnos de otras materias aunque no estudiaran economía. Sampedro mantenía que ésta es estructural:  sus elementos son interdependientes y no aislados, cualitativos, y es una ciencia humanista y social. Los modelos de hoy, dice Berzosa, son abstractos y alejados de la realidad. Casi en mayúsculas el rector ha agradecido que Sampedro les enseñó a pensar, a amar la libertad y luchar contra las dictaduras.  En la España franquista, de la que se autoexilió desde 1968 a 1976. 

 A eso ha vuelto a aplicarse hoy José Luis Sampedro. Emocionado por ver en la sala a tantos jóvenes (y no sólo jóvenes), ha llegado a pedirles por favor –y varias veces- que sean factores de cambio. Reivindicando como toda su vida el pensamiento libre, el que rechazan los absolutismos por todos los medios a su alcance. “Con pensamiento libre habría ciudanía y con ella no se producirían las crisis“, decía.    

Dolido esta Sampedro por la Europa que “ha perdido toda su grandeza”, “ejemplo de lo que es ir hacia abajo” cuando antaño fue paradigma de los valores humanistas. “Hoy Europa es la de los intereses”. “Por favor, luchemos contra eso”. 

 ¿Tenemos tiempo para pensar? ¿Tenemos tiempo para vivirnos y que no nos vivan?

 El microclima, una onda humanista, estar allí porque se quería estar. Lo que más aprecio de José Luis, además de su enorme talento, es una suerte de ingenuidad, de limpieza, que me inspira una enorme ternura. Creo que nos ocurre a muchos. Huyen los grandes premios para el escritor crítico y comprometido, aunque tenga 93 años… peleones e irreductibles. Por eso, desde rincones y alturas salimos a decirle, simplemente, que le queremos y que es un privilegio tenerle entre nosotros.

“Cambiar el mundo”

Ha muerto el escritor que quería cambiar el mundo, dice Cuarto Poder. Y recuerda la famosa frase de Saramago antes de recibir el Nobel:

Espero morir como he vivido, respetándome a mí mismo como condición para respetar a los demás y sin perder la idea de que el mundo debe ser otro y no esta cosa infame”.

 También quería hacerlo -con pasión ilusionante- José Vidal-Beneyto, desaparecido hace poco, constante azogue de conciencias:

Sólo una movilización popular e intelectual, insistida y de gran calado, podrá ayudarnos a acabar con tanta patraña y tantas desvergüenzas… (…) ¿Cuándo dejaremos de tolerar tanta ignominia, cuando pondremos fin a tanta abominación?”.

Aún tenemos a José Luís Sampedro alertando contra la “tecnobarbarie” y la degeneración del liberalismo,  allá donde se le requiera. O a Federico Mayor Zaragoza, llamando a reaccionar “porque estamos al borde de un precipicio”. Pero se van apagando voces.

Cambiar el mundo suele ser una labor solitaria y bastante ardua. Los destinatarios de las obras de estos y otros intelectuales, parecen tener asumida la separación entre unas páginas impresas y sus propias vidas. Incluso aman las tramas negras sin reparar en cómo tiznan sus pies y hasta sus conciencias cuando depositan un voto ciego. Las organizaciones progresistas realizan labores parciales, meritorias, pero temo que no tengan espíritu de equipo, de la gran colectividad, de la urgencia del momento, si es eso lo que detiene una reacción conjunta. Es decir, que “cambiar el mundo” es también mover la inmensa losa de los que permanecen quietos o desorientados.

Hay quien piensa que, por muy mal que vayan las cosas, siempre hay un cierto orden que regenera el caos. En la antigua civilización griega ya se planteaban que el mundo no seguiría en pie mucho más tiempo debido a sus errores. Y aquí estamos. La catarsis llega, ciertamente, en buena parte de los casos, con terribles guerras, y hasta plagas, que diezman la población y estimulan el propósito de enmienda.

Hace poco, cuando andábamos buscando “el pensamiento crítico” –no se si en juegos malabares-, Mayor Zaragoza, precisamente, recordó el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, firmada en 1948, por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Salían de una guerra devastadora, de los fascismos, de una de tantas barbaries. Aquello había que pararlo y que nunca más se repitiera, había que “cambiar el mundo”. Este párrafo del preámbulo, resulta hoy muy significativo:

Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión;”

Sí, los franceses desempolvaron en su día las guillotinas –para luego aclamar a Napoleón, bien es cierto-, las víctimas de la Segunda Guerra mundial –toda la población- quisieron sentar las bases de una nueva convivencia, con uno de los propósitos mas hermosos que se hayan intentado y ¿Hoy? ¿Qué vigencia tendría apelar a que el hombre “no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”? Atada a las hipotecas, al consumo, a la adocenadora neolengua que sirven todos los muchos portavoces del sistema, la sociedad en su conjunto parece que va a contentarse con las migajas que les echen, si les sobra, y si les parece a los mandamases del “sistema”.

Tras tantos siglos, han aprendido las técnicas más sutiles de dominación. Pero Saramago vive en sus libros para seguir abriendo ojos. Y Vidal-Beneyto. Y todos los demás. Y cada ser humano que en cualquier esquina anónima lucha por un mundo mejor. ¿Cambiarlo? El enemigo se ha perfeccionado y sofisticado. Nunca como ahora ha sido labor más apremiante.

José Luis Sampedro merece un gran premio literario

 

Un grupo de Facebook que –en este momento- reúne ya a 700 personas, quiere -queremos- lograr que a José Luis Sampedro le sea reconocida de alguna manera su labor literaria, en sí misma y como símbolo de lo mucho que ha hecho en otros terrenos. Lo argumento:

José Luis Sampedro acaba de cumplir 93 años. Catedrático de Estructura económica y escritor –brillante, erudito y popular-, aúna el conocimiento de la que se ha convertido en la ciencia de nuestro tiempo -que interpreta en un sentido humanista y no monetarista a diferencia de la mayoría-, y la creación literaria.”El río que nos lleva”,”Octubre, Octubre”,”La sonrisa etrusca”, “La vieja sirena”, “Real Sitio”, “Sobre política, mercado y convivencia” , “Escribir es vivir” (con su mujer, Olga Lucas)”, o “El mercado y la globalización”, avalan sobradamente su obra. Su coherencia y lucidez, tanto o más. Pues bien, a pesar de que al referirse a él se emplea el tópico de “el multipremiado escritor”, no ha obtenido ni uno sólo de los grandes premios literarios que se otorgan en nuestro país. Quizás es demasiado crítico. Quizás su sencillez, su humildad, no son monedas de cambio en el juego.

Cada uno puede tener una valoración distinta de la importancia de los premios, pero no dejan de ser un reconocimiento que otros sí reciben. Por tanto, si te parece que José Luis Sampedro merece el Príncipe de Asturias, el Cervantes, o el Nacional de Literatura –los dos segundos potestad del gobierno-, únete a la iniciativa y difúndela entre tus amigos. Deseamos tenerle mucho tiempo entre otros, pero, como digo, ha cumplido ya 93 años. Acredita sobrados méritos, y debemos intentarlo por justicia, por nosotros.

“Todo él es un premio para mí después de haberlo conocido”, dice Valle Alcober. “Qué podemos decir de JL Sampedro quienes enseñamos en el “IES José Luis Sampedro” de Tres cantos sino que es un ejemplo: de vida y como escritor”, Juan Luis Requejo. “Quiero aprender a ser un entusiasta de la vida como él”, Nieve de Medina.

Carlos Dominguez Buron: “José Luis Sampedro es mi maestro. Me enseñó los fundamentos de la Economía, junto con Samuelson, pero me enseñó algo más importante, una Etica laica, un espíritu crítico y el ejercicio de la libertad de pensamiento. Nunca le agradeceré bastante su aporte a mi formación”.

Pilar Bardem:  “Yo,simplemente le amo. por su sabiduría ejercida con humildad, por su coherencia ejercida sin radicalismos, por su sentido del humor y del amor ,por sus enseñanzas cuando escribe y cuando habla. y por tantas cosas que me ha dado con su ejemplo y cariño”.

Sí, con total naturalidad, por la página pasan a empujar la idea, personas conocidas y anónimas. He visto, por ejemplo, a las escritoras Espido Freire o Rosa Regás. La editora Silvia Querini, la actriz Concha Goyanes, numerosos periodistas, Javier Couso –a cuyo hermano tenemos en el recuerdo-, catedráticos como Fermín Bouza, una política tan honesta como Inés Sabanés, el magistrado Martín Pallín. Unos escriben, otros no. Todos igual de importantes, todos a una, simplemente.

Me han escrito apoyando la idea, entre otros, Carlos Berzosa, rector de la Universidad Complutense, el teólogo Juan José Tamayo, el director de “Le Monde Diplomatic”, Ignacio Ramonet, el escritor Ramón Chao, o la periodista Pilar del Río.

El Ayuntamiento de Aranjuez se adhiere también. En 2004, presentó candidatura para que le otorgaran el Príncipe de Asturias, apoyada por numerosas asociaciones –sin éxito para su empeño-. Del expediente recojo esta argumentación:

La figura y la obra de Don José Luis Sampedro, impregnadas ambas de constantes universales, destacan por su actualidad y, al mismo tiempo, su permanencia en el tiempo. Su preocupación constante por la búsqueda de la dualidad objetiva, convierten su obra en un referente para todas las generaciones y, al mismo tiempo, configuran un mensaje internacional que llega a todos los pueblos del mundo. Humanidad, sinceridad, tolerancia, solidaridad, libertad, son algunas de las características que empapan su producción literaria, emanadas de su personalidad abierta y cosmopolita , como símbolo de hombre polifacético e intelectual comprometido con su tiempo y preocupado por la sociedad que le rodea y el entorno en el que vive, aportando una visión optimista dentro de la cruda realidad, sin disimular su fe en la resolución de los problemas de la humanidad.

Pues eso, si quieres sumarte, en Facebook o como te parezca. Se trata de que cada uno lo difunda entre sus conocidos, tejer una red. Lo haremos llegar a quien tenga capacidad de conseguir que nuestra idea salga adelante.

Los islandeses dicen NO

Érase una vez un pequeño país nórdico en el que sus 300.000 ciudadanos gozaban del nivel de desarrollo y civilizada convivencia que suele caracterizar a la zona. Así es en la realidad a pesar de las diatribas con las que lo cuestiona el corazón –que no la razón- del ombligismo español. Ocupaban el undécimo lugar mundial en PIB per capita y, lo que es mucho más importante, el primero en el Índice de Desarrollo Humano, una clasificación muy rigurosa que establece la ONU, valorando otras variables además de las que  hablan, exclusivamente, de resultados macroeconómicos. Islandia era el país donde mejor se vivía del mundo. Y sus ciudadanos, los más felices.

En 1998 le sacudió al mundo desarrollado la fiebre privatizadora. Eran los tiempos de Áznar en España que se apuntó con fruición al empeño descapitalizando al Estado con la venta de las empresas que, privadas, son hoy punteras en beneficios. Islandia culminó la labor de desprenderse de su 3 bancos públicos en 2003. Como decía hace poco José Luís Sampedro, economista además de escritor, el libre mercado cumplió una función en el progreso que hoy se ha desvirtuado por sus excesos, al punto de ser inviable su continuidad. Los islandeses aumentaron su prosperidad con la gestión de su banca privada que daba unos créditos y pagaba unos intereses estupendos. Tanto que quebró (2008). No eran realistas.

El problema fue que esos inversores y clientes eran en su mayoría británicos y holandeses. Y querían cobrar. Así que las autoridades del Reino Unido aplicaron, como medida coercitiva, la legislación antiterrorista nada menos, a los inslandeses. No al Banco ICESAVE -la nueva entidad financiera privada-, ni siquiera a las autoridades políticas que propiciaron el fiasco, sino a toda la población de Islandia.

El antaño privilegiado país vive en la bancarrota. Añadamos que en octubre de 2008, el Banco Central de Islandia intentó fijar en 131 coronas cada euro, pero, más tarde cayó a 340. Todavía no se ha regularidado el intercambio internacional que llegó a estar suspendido. Es decir, el dinero de los islandeses no vale nada fuera. Las historias personales que se cuentan aterran y los ciudadanos ven cómo única salida la emigración, pero con el bolsillo vacío. Y encima han de hacer frente a la deuda, a las indemnizaciones, valoradas en unos 5.000 millones de dólares (unos 3.468 millones de euros), que incluyen intereses -no faltaba más- del 5,5%. Es decir, que ni para un apuro los prestamistas dejan de obtener beneficios. Para gestionar la crisis cambiaron de Gobierno y eligieron a la socialdemócrata Jóhanna Sigurdardóttir, de 66 años, exsindicalista y gay. Quién ha propiciado la consulta a los ciudadanos acerca de sí quieren pagar la deuda de sus bolsillos y que les supone unos 50.000 euros por cabeza. Han dicho que no. Masivamente, como en las dictaduras o el supremo hartazgo: un 98%, según las primeras estimaciones de voto.

El caso islandés –paradigma del sistema neoliberal en el que vivimos- es especialmente interesante de analizar. Se argumentó en su quiebra que otro gallo les hubiera cantado si hubieran pertenecido a la UE. Y tanto el gobierno local como Bruselas y los países miembros iniciaron gestiones urgentes para solventar el error: Islandia debía pertenecer a la UE.

Ahora bien, Grecia pertenece a la UE. Y, seriamente, nadie quiere asumir sus deudas. Ayer, Sarzoky llegó a decir que “Si Grecia falla, el euro no tiene sentido”. Pero a los islandeses se les empieza a sugerir hoy que son unos chicos muy malos y “peligra su inserción en la UE”.

La euroescéptica Gran Bretaña está en la UE, pero no en el euro. Y quiere cobrar de Islandia. Y cobrará así que tenga que enviar a la Armada. Pero la libra esterlina va casi en caída libre.

Las nuevas autoridades “fijas” de la UE gozan del mayor desprestigio posible. A Zapatero le zarandean no vaya a meterse donde no debe. Barroso sigue en su nube gris de autocomplacencia ineficaz. Quien manda en Europa es Francia y Alemania (al menos con derechas civilizadas en sus gobiernos), y en menor medida Gran Bretaña. La que no se apunta al euro, la que también roza la quiebra que, con seguridad, se solventará con ayudas europeas si llega a producirse, la que quiere cobrar de los islandeses.

Pero los ciudadanos de Islandia dicen NO, y los griegos se están echando a la calle. ¿Saben hacia donde canalizan su indignación? Porque, entretanto, el otro acreedor de Islandia, Holanda, y también país “de primera”, opta por el voto a la ultraderecha. Dice el editorial de El País: “Lo más grave, con todo, no reside en que las proclamas populistas estén ganando posiciones en toda Europa, sino en que los partidos más comprometidos con el sistema democrático parecen haberse resignado a competir en su terreno. En materia de inmigración, la mayoría de los Gobiernos europeos está empezando a adoptar de manera más o menos explícita recetas populistas que, en el fondo, hacen pasar por solución lo que sólo es apuntar en dirección a un chivo expiatorio. El resultado de las elecciones municipales ha colocado a Holanda ante una tesitura política en la que los principales partidos tendrán dificultades para resistir la tentación de seguir ese camino.

Si hace unos años la Unión Europea se planteaba sancionar a los Gobiernos que incorporasen a partidos xenófobos, hoy la única respuesta consiste en cerrar los ojos. Un país que, como Holanda, fue admirado por su tolerancia parece hoy a punto de precipitarse en el laberinto populista”.

España remoja sus barbas en el Monopoly europeo y mundial. Y los sondeos dicen hoy que el PP aventaja al PSOE en 6 puntos en intención de voto. El PP privatizador -precisamente-, el de la mano dura, el rechazo a la inmigración o el de la cadena perpetua para una sociedad decente.

  No es por nada, pero este clima recuerda bastante aquello de la crisis del 29 y todo lo que desembocó en la Segunda Guerra Mundial. Pero igual es una falsa impresión y esto no es la realidad sino que adopta la forma de ese cuento infantil que hoy he contado. Igual  acaba con la llegada del hada buena y no con el lobo que nos come.  Habrá que preguntar a islandeses y griegos. Ellos ya son actores de esa historia. Y parece que ya ni siquiera los “circos” varios que les sirven les encandilan.

Actualización 14,00

Imprescindible artículo de Noam Chomsky, con cuyo análisis coincido plenamente: El poder que nadie ha elegido. Sugiero que lo guardéis y lo leáis con calma.  Ésta es su conclusión, tras aportar exhaustivos detalles:

“Así que tenemos otro cambio importante en el poder mundial, de la población general a los principales arquitectos del sistema global, proceso asistido por el socavamiento de la democracia funcional en los países más poderosos. El futuro depende de cuánto esté dispuesta a soportar la gran mayoría, y si se puede desarrollar una respuesta constructiva que confronte los problemas en el centro del sistema capitalista de estado de dominación y control. De lo contrario, los resultados podrían ser tétricos, como lo revela más que abundantemente la historia”.

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