El brindis de José Luis Sampedro en su 94 cumpleaños

Sampedro brinda en su 94 cumpleaños. Al fondo Olga, Amaya Delgado y Lola Larumbe. Restaurante Avanto, Mijas Costa (Málaga)

Os invito hoy a brindar por José Luis Sampedro: cumple 94 años. No es fácil llegar a esa edad, y menos con su lucidez, compromiso y esa ternura incontaminada. El domingo lo celebramos con su mujer, Olga, su hija, Isabel, y un reducido grupo de amigos que durante la semana tienen compromisos laborales. Majos como ellos solos. Hoy volveremos a brindar unos poquitos con él. Sumaos si queréis. Hay tiempo para criticar y lo hay para felicitarse. Y vale la pena valorar este mensaje universal y necesario. Ciertamente, para mí fue una inyección de realidad y optimismo.

Aguijón constante para los desmanes, en su longevo cumpleaños José Luis Sampedro reivindica los sentimientos y la esperanza. Y el humor. Cuando el camarero llegó a su lado, con el cava, le preguntó: “¿Cómo ha adivinado Vd que soy yo el de los 94 años?” Dice que es feliz. Por todo lo que le esta pasando en los últimos tiempos. Por los afectos que le rodean. Sobre todo, lo sé, por Olga maravillosa, su otro yo, su equipo.

“Esto es la vida. Animaos todos. Porque se puede llegar a los 94 años y más, siendo feliz. Aunque uno se levante y se tenga que poner la boca, los ojos y los oídos. Se puede ser feliz a pesar de los jefes y de que muchas de las cosas que nos rodean nos parezcan impedimentos. Por nosotros mismos. Tenéis una vida. Cada uno la suya. ¡Aprovechadla!”

Pues eso. Por José Luis. Por sus 94 años. Por la vida. La de todos.

Soplando las velas. Foto: Juan José Mardones

5 de Agosto

Siempre me ha sabido esta fecha a fiesta: era el cumpleaños de mi madre. Ella hubiera comenzado el día como todos: nos despertaba contándonos las noticias que ya había leído en Heraldo de Aragón (llegaba a casa por suscripción) al levantarse más temprano que los demás a preparar el desayuno. Probablemente fue ella la que imbuyó en mí la costumbre de querer saber y compartir lo que pasa.

Entre parabienes y regalos, mi madre no dejaría el día de su aniversario de ir a la compra y preparar la comida (sin duda utilizando manjares mejores que a diario, cuando se pudo). Con ayuda de la abuela, mientras vivió. Con la mía. En aquella época los hombres no ponían ni la mesa.

El calor árido y potente de los agostos en Zaragoza, se colaba por las ventanas, a pesar de las persianas echadas. No hasta abajo, a mi madre le gustaba la luz. Un año, durante la comida, la radio al fondo emitió una noticia que nos conmocionó: había muerto Marylin Monroe, la hermosa y frágil mujer a la que seguramente entonces queríamos parecernos -al menos en algunos gramos de personalidad-, la que, desgarrada e ilusa, cantaba apenas 3 meses antes “happy birthday to you” al arrebatador presidente del cambio y la esperanza, que sería asesinado un año después.  

La mujer que atemperaba mis sueños de rebeldía, me hizo llegar muchos años después (ya desaparecida) los recortes de periódico que –como yo- atesoraba. Hitos de mujeres a los que la España franquista no les dejaba aspirar. El tiempo añadió a la carpeta los pequeños logros de su propia hija. En un papel ya amarillento leo un artículo del médico y escritor Santiago Lorén: “Sender y las mujeres”. Y que termina así. “Los lógicos del arribismo y del éxito dicen que siempre detrás de cada hombre hay una mujer; sólo los poetas saben que la mujer no está detrás, sino delante; muerta o viva, huidiza o alcanzable, siempre por delante, señalando la meta y el camino”. Mi madre no compartió conmigo estos sueños secretos, algunas rosas cortadas en el camino aconsejaban prudencia.

Aquellas mujeres españolas hubieran necesitado a una Bibiana Aído, la tan injustamente vilipendiada ministra que, con voluntad implacable, lucha por la igualdad. Aún un 40% de nuestra sociedad piensa que la violencia de género es culpa de la mujer por no irse de casa. Una aplastante mayoría encuentra excusas a los maltratadores. Y un 18,9% que la mayor parte de las mujeres presenta denuncias falsas –a pesar de la abrumadora cifra de víctimas-. Hijos de aquellos lodos.

Un 5 de Agosto, mi hijo de 11 meses, se levantó y se puso a caminar por primera vez. Tambaleante como todos, prudente quizás, pero firme. En su primera decisión autónoma, cogió un cenicero y se dispuso a arrojarlo a la calle por la terraza. Claro mensaje de un deseo, cuyo cumplimiento aún le debo. Primeros pasos de indeleble recuerdo que todavía trato de afianzar con los brazos de una mirada discreta que le empuja hacia delante. Y que me devuelve, reconfortante, la misma contrapartida.

Y hoy, 5 de agosto de un mundo regido por el dinero casi exclusivamente, se cierra una cuenta de largos pagos: ¡hoy he terminado de pagar la hipoteca! Ya era hora. La codicia que impera en el orden mundial, aún nos pone en riesgo, pero menos. Ya no más los lejanos sueños de habitaciones de hoteles que desahucian, como debe ocurrirles a tantos españoles que viven en casas cuyos dueños son los bancos, aunque las crean suyas.

En un mundo en quiebra mal repartida, sin objetivos ni voluntad clara de solución, la fiesta de este 5 de Agosto es pisar en tierra firme, sin más cuotas. Los otros recuerdos del día, ponen alas de más altura para seguir festejando la dicha de vivir.

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