Mi casa, teléfono

ET

Vittorio Gassman fue un enorme actor italiano –de cine y de teatro- al que tuve el privilegio de entrevistar una vez. Un hombre bellísimo en la distancia corta: casi dos metros de estatura, deportista (ex jugador profesional de baloncesto), resistente sobre el escenario como pocos podían hacerlo y, al mismo tiempo, viviendo terribles incertidumbres como ser humano, nacidas muy probablemente, de su exceso de sensibilidad y de cordura, que le dotaban de un singular atractivo. Nadie le veía frágil –parecía la antítesis de ese concepto-, sólo él mismo se veía así, él sí se sabía frágil.  Sus demonios interiores le ocasionaron profundas depresiones que le derrumbaron, pero siempre intentaba levantarse escribiendo y volviendo a actuar. Murió en el año 2000, a los 78 años, dejando tras de sí una cincuentena de películas, muchas de ellas míticas, desde “Arroz amargo” de Jean Cocteau a “Perfume de mujer” y “La escapada”. Vittorio Gassman era un extraterrestre.

He conocido muchos extraterrestres. De hecho creo que yo también lo soy. Y es por eso que les detecto mejor. Todos nosotros entendemos los códigos de los demás, aunque –dada la distinta procedencia de cada uno- a veces no resulte fácil. Simplemente nos reconocemos en ese raro vagar por el planeta Tierra que no es el nuestro. Agosto, los chiringuitos, las playas, los trenes, las familias tan diferentes entre sí, cuya génesis y vida uno intuye por sus actitudes y gestos, el verano en sí mismo, la obligatoriedad de la diversión y la huída, los tópicos, lo que uno ve, y lee, y oye, aquí, allí, más arriba, más abajo , las relaciones humanas… dado que buena parte de ello no me resulta inteligible, he terminado por musitar la frase simple de un colega: “mi casa, teléfono”.

Sí, es mi extraterrestre favorito. Se fue hace más de un cuarto de siglo y no hemos vuelto a saber de él. Todos sentimos envidia de aquellos niños que tuvieron la fortuna de tratarle de cerca. Y nosotros en particular, además, de cómo le trataron aquellos niños. ET fue el primer extraterrestre que, apenas sin brillos fosforescentes –a lo sumo en su dedo sabio- mostró sentimientos parecidos a los humanos. Cara de abuelo infantil, tierno, indefenso, añorando su casa y su mundo. Enfermo de melancolía en lugar de arrogante. Escrutado por los humanos, en vez de agresivo y temible. Así somos la mayoría de los extraterrestres, la verdad. Pero el humano-tipo no se molesta en conocernos y teme a lo diferente.

Spielberg prefirió sacudir la nostalgia para seguir, simplemente, exprimiendo la leyenda. Pero a mí me hubiera gustado ver regresar a ET, de visita, por supuesto. Saber cómo le ha ido por aquella casa que anhelaba mirando al cielo. Si ha seguido el curso de la vida y quizás ya tiene una familia con ETs de distintos tamaños. Si el paso por la Tierra afecta de alguna manera y en qué sentido.

Por fín… mi casa, mi cama, mis discos, mis libros, mi jarra alta para la cerveza, mi orden, mi anarquía,  mis sueños, mi paz, mis zozobras, mis rincones, mis defectos, mis virtudes, mis manías, mis afectos diarios, mi espacio, mi mundo entre otros pequeños mundos que gravitan aislados, invisibles para los demás.

ET no dejó su número de teléfono –no había móviles entonces y seguramente era complicado llamarle al fijo-, pero quizás ya tiene dirección de correo electrónico. No es lógico en estos tiempos que los extraterrestres no estemos mejor comunicados.

Vivan las caenas

 Dedicado a quienes creen que este mundo no se puede cambiar porque siempre ha sido así.  Y que así seguirá hagamos lo que hagamos. Así. Desayuna en la cama, no tiene armarios sino habitaciones llenas de ropa carísima, joyas, zapatos…  dice que los pobres de toda la vida están acostumbrados a ser pobres pero que te encuentras con amigos que teniendo patrimonio no disponen de «cash» para ir al supermercado «¡ay, unos dramas¡» Y hay quien cree que la sociedad actual se puede mantener así. Así:

(visto en escolar.net)

¿Pide el PP impunidad?

Veréis… pocas personas habrá que como yo ejerzan una mayor militancia a favor de respetar las normas de tráfico porque creo que benefician al bien común. Pues bien, un día me pusieron una cuantiosa multa y me quitaron dos puntos del carné por circular ¡a 68! Kms por hora en ciudad. Está marcado a 50 como máximo, y prácticamente nadie lo cumple, pero me tocó la lotería del cupo recaudatorio municipal. Salía yo, como una moto, de la Delegación de Hacienda donde me habían perpetrado lo que considero un atropello. Demostrar que lo que es exige enfrentarse a una maquinaria burocrática y judicial de gran calado y anticipar unos ingresos –abogados, procuradores- que no harían sino aumentar el desembolso con muy dudoso pronóstico de éxito. Son un par de incidentes y casi ninguno nos vemos libres de casos iguales o similares.

Y voy y me encuentro con que a un señor, a la sazón Presidente de la Generalitat valenciana por parte del PP, le regalan trajes –que se los regalan parece probado- y que van a tomarle medidas a una suite del Hotel Ritz que es donde se aloja cuando viaja a la capital. Y que la dádiva procede de “un amiguito del alma” que, casualmente, logra contratos millonarios con la institución que el dandy de los trajes regenta, y que está implicado en un caso de corrupción. Y que interviene una docena de jueces, el tribunal supremo y los de Madrid y Valencia, y, finalmente, este último archiva la demanda. Por pura coincidencia, lo sé, el presidente del Tribunal es también “más que amigo” del inculpado.

Ya no hablamos de este caso, claro que no. Tenemos para disfrutar de las jornadas estivales un furibundo ataque del PP, con toda su artillería en acción, contra el Gobierno de mi país, y del tuyo, y contra todas sus instituciones –jueces, fiscales, fuerzas de seguridad-, porque se ve víctima de una conspiración. Así que para mí es un «asunto personal»: están agrediendo a mi país. 

La investigación del caso Gürtel procede de las grabaciones y denuncia de un miembro del PP, descontento en el reparto. Ha atravesado todo el entramado policial y judicial hasta alcanzar un centenar de imputados. Amén de otros casos ejemplares como del Sr. Fabra en Castellón, nos ocupa ahora la trama balear por la construcción del velódromo Arena –que muchas más obras se acometieron bajo mandato del popular Jaume Matas, aquel que salió por propia voluntad a aún mejores destinos -¿por piernas?-. Y leemos que la fiscalía ha documentado d-o-c-u-m-e-n-t-a-d-o pagos por 70.000 euros en dinero negro del PP de Baleares. Mi paciencia tiene un límite, y ya la paja ha roto la espalda del sobrecargado camello.

La señora de los carísimos bolsos Vuitton –regalados también por “El bigotes”- es aludida en una investigación que intenta saber que más se hizo cuando el equipo del PP presidía la Federación de Municipios y Provincias. Y sale otro sujeto y suelta que se investigue también la etapa del PSOE. ¿Vivimos en una cueva de ladrones?

Gran lío porque se espose a unos presuntos delincuentes. Error o no, yo veo a los chorizos de menor cuantía con los grilletes cuando son llevados a declarar, tampoco es para tanto. 

Y el insigne Federico Trillo, ejemplo de lo que para el PP significa la justicia –dado que es su portavoz en el Congreso- ,abriendo la boca, cuando, tras todo el asunto del Yak42, debía estar cultivando tubérculos en silencio en un huertecillo murciano.

Y De Cospedal, y Arenas, y Rajoy bramando desde chiringuitos de playa. Y Cristobal Montoro pidiendo que aporte pruebas la policía, los jueces y el gobierno de que no se les ha espiado. La práctica en la que el reo es culpable mientras no se demuestre lo contrario sólo rige –que yo sepa- en la dictadura china. La furibunda derecha española olvida algo fundamental: no los detienen por pertenecer al PP, sino por ser presuntos delincuentes.

El PP es especialista en suicidarse cuando mejor le van las encuestas electorales. Esto escribía el New York Times en su editorial, tras los convulsos días de Marzo de 2004: «Al parecer, Al Qaeda ha conseguido derribar a su primer gobierno democrático. Por supuesto ha estado ayudado por la actitud furtiva, asustadiza e inepta con la que el gobierno de Aznar ha manejado la investigación de los atentados del pasado jueves. En el desesperado intento por mostrar que el terrorismo vasco de ETA era el responsable, ofendió a muchos votantes que se sintieron manipulados».

Las teorías conspiranóicas siguieron con el terrorismo en la pasada legislatura, aún con la autoría del 11M rondando. La jauría se llama Acebes o Zaplana, Trillo siempre, siempre. Ahora De Cospedal y el resto de la troupe. Detrás siempre, siempre,  está el mismo: Mariano Rajoy. Tácticas suicidas, sí, pero no lo suficiente, no para regenerar la bochornosa derecha española.

Ahora es el Estado contra mí. Ofende la inteligencia. Y preocupa. E irrita. Todos estos señores se alojan en el Ritz , reciben trajes y bolsos de regalo, se forran con dinero negro de los ciudadanos, acreditado por investigaciones judiciales. Grandes prebendas, barra libre, borrados los límites de la legalidad, porque nuestros votos les han proporcionado los suculentos empleos de los que disfrutan. Sin nosotros, cobrarían peajes en las autopistas, despacharían embutido en la charcutería,  pelearían en despachos de abogados, registrarían propiedades en polvorientos despachos –es la profesión de Rajoy, por ejemplo-, o en el caso de las elegantes damas se casarían –también- con señores de posibles. No serían nada sin nosotros.

Entretanto, cada uno tenemos que apechugar con lo que nos toca.  Sin patentes de corso, estupefactos. Soñando que “más que amigos” se apiaden de nuestros casos o, mejor, los resuelvan con Justicia. Y a precios asequibles.

Por cierto ¿qué pide el PP? ¿Impunidad?

Nuevo conflicto: símbolos religiosos

“A José Luis Rodríguez Zapatero le gusta ir abriendo frentes de convulsión social para quizás ir anotándose lo que él considera méritos «progresistas»”. Así comienza su información –sin duda editorial- ABC, sobre el proyecto de libertad religiosa que prepara el Gobierno. Cuando he escuchado la noticia en la radio, he pensado, también, que ya teníamos armado un nuevo conflicto.

La ley que estudia el Gobierno es extraordinariamente moderada: suprimir los símbolos religiosos de los colegios públicos. Sólo en los públicos, no en los concertados, y salvando en los primeros las imágenes con valor artístico o histórico. En Francia, una normativa mucho más radical la promovió… la derecha. Sarkozy estudia incluso prohibir el velo islámico en todo el país, no sólo en los colegios donde rige desde hace años. Nuestros vecinos del norte no admiten ostentaciones religiosas de ninguna confesión, tampoco de la católica. “No creo en la religión católica que es la única verdadera, y voy a creer en otras”, decía un viejo liberal español. Los conservadores españoles aplauden, con seguridad, que se frenen otras religiones, reducir al ámbito privado la “nuestra”, es, en cambio, una herejía. ”El Ejecutivo prepara una reforma de la Ley de Libertad Religiosa que acabe con belenes y crucifijos en la escuela”, precisa ABC.

He mantenido contra viento y marea la defensa de José Luís Rodríguez Zapatero en su incomprendido empeño de “meternos” en Europa, aquella a la que sólo acude la derecha para dejarnos en ridículo, para poner en solfa al Gobierno español, como “acusicas” en los colegios -pecado, confesión inscritos en los genes-. Y sin embargo esta medida me parece incompleta, habría de estar acompañada de una separación real entre la Iglesia y el Estado, dejando de dilapidar recursos públicos en una institución que ha frenado todos los avances en España, culpable en buena medida de nuestra secular mala educación.

Asistimos a una seria involución en España. La revista Alba –lo leo en escolar- regala con cada ejemplar un supuesto feto de plástico, en lugar de la cubertería de acero inoxidable. Tras un cuarto de siglo de la ley del aborto en vigor.

Educación la ciudadanía a todos lo niños, y a los padres de los niños objetores, educación para todos los españoles niños y adultos. Es la única forma de que prendan las reformas, los avances, de que seamos Europa con iguales derechos y obligaciones. La «convulsión social» debería producirse por la multidud de atropellos que sufrimos a diario, por nuestro atraso.

«A la cola de Europa»

“A la cola de Europa”. Prolifera esta muletilla al hablar de España. Yo misma la he utilizado, es muy gráfica. Uno ve estudios comparativos y solemos andar temblando por el final de la lista, por esos lugares ignominiosos que corresponden a los torpes o poco esforzados. En sueldos –no en impuestos-, en gasto social, en gasto sanitario, en educación. Algunos llegan a comentar que quizás es el lugar que nos corresponde. No diría yo lo mismo. La octava potencia mundial, o la novena pero muy altos ahí en la tabla, con los ejecutivos en quinto lugar europeo entre los mejor pagados, excelente posición en energías renovables, resultados en esforzada investigación, y tirando la casa por la ventana en el fútbol, que cuenta. Un país que se gasta 94 millones de euros en un sólo jugador no está “a la cola de Europa”.

También nos anuncian que nos situamos “a la cola de Europa” en la sociedad de la información. Yo diría que en una degradación bastante generalizada -que leer este sensato editorial inclina por regresar a la cama y dormir todo el día-, el periodismo español y sus lectores engendran un círculo malsano origen de muchos de nuestros males, al menos no de sus remedios en los que debería tomar parte.  Informando el periodismo, sabiendo informarse la sociedad.

Leo un titular excelente, que capta: “Para cualquier duda o sospecha, llamen al 917208727”. Opinión de Público. Jesús Maraña. En un país de lectores de titulares, éste triunfará.

Poco más abajo viene, en cambio, esta noticia: “El resto de los grupos, ajenos a la bronca entre PP y PSOE”. Se refiere evidentemente al Congreso y a las informaciones de estos días, no vamos a repetirlas. ¿Dónde esta la “bronca”? ¿No será entre el PP y los jueces, los fiscales y la polícia? ¿No será entre el PP y la sociedad? Porque somos muchos desde luego los indignados con los últimos acontecimientos protagonizados por la oposición mayoritaria, al punto de no seguir las sagradas reglas de la balanza: ante kilo de basura en este lado, busco kilo de basura para contrarrestrar. Los periodistas, ahora, lo reducen al “rifirrafe” -adoran esa palabra- entre dos partidos que debe venir en los nuevos manuales de periodismo y todos tan contentos.

  ABC se descuelga entrevistando a una persona de entidad para opinar en el conflicto: Ricardo Costa, provisionalmente “desinculpado” en la trama de Valencia. “Una sola escucha ilegal es de una gravedad extrema”, dice el susodicho. Llamad, por favor, al 917208727, que cita Maraña. O robad, prevaricad, insultad, atacad al Estado de Derecho que es dolencia leve en comparación con las escuchas ilegales, o sacaos un carné del PP para espiar que también mejora el diagnóstico de la afección. Para espíar, para presuntos «cohechitos» y comprensión judicial, igualmente.

Una renombrada periodista dicta lección magistral en Santander, en la prestigiosa Universidad Menéndez Pelayo, y asegura: “los periodistas no podemos ser apolíticos”. Toda mi vida he mantenido prácticamente lo contrario: la militancia política está reñida con la independencia, con el sentido crítico que debe tener y ejercer un periodista. Una utopía muy poco rentable, no voy a negarlo.

Vivimos en un país con periódicos que realizan campañas difamatorias en contra del Estado de Derecho, con tesis rebatidas en los tribunales, y que no pagan costo alguno ni en sus jugosas ventas, ni ante la justicia.

Los políticos han detectado perfectamente la debilidad del periodismo actual. Ruedas de prensa sin preguntas, declaraciones sin opción a que nadie se inmiscuya en lo que el pólitico quiere decir. «Vóteme y no pregunte».

Y el círculo se concentra. Estamos “a la cola de Europa”, en lectura de periódicos. Antes de la crisis de la prensa de papel, los periódicos apenas vendían en España 100 ejemplares por cada 1.000 habitantes en España. Justo la cifra que la UNESCO marca en el umbral del desarrollo, y que supone menos de la mitad de la media europea. Finlandia y Suecia alcanzan, por ejemplo, más de 400 ejemplares por 1.000 habitantes. Y sólo Portugal, Grecia e Italia, como siempre, estaban a la par o por debajo de nosotros. Al mismo tiempo, el ocio mayoritario y buena parte de la información, se nutre de la televisión, de las televisiones españolas… «a la cola de Europa», salvo Italia, imagino, esto es una opinión personal.

Cada vez hay más ciudadanos, en cambio, que se informan por Internet, que hurgan en páginas propias y foráneas, que buscan formarse una opinión responsable. Habrá de ser la sociedad la que abandone los lugares “de cola”, exigiendo a los poderes que adecuen nuestra posición en las tablas del progreso, de todo progreso, no el de unos pocos.

Actualización 9 de Agosto.

   Suscribo la indignación de una parte de la sociedad y la firmeza en tratar de resolver los problemas que nos aquejan.

«Todos los políticos son iguales»

Esta mañana al despertarme he conectado -como suelo hacer-, la radio y, al no encontrarme en la zona habitual, han salido emisoras para mí desconocidas. En una tertulia –y al hablar de los casos de corrupción que salpican al PP- decían: “todos los hacen”. También entre algunos de mis amigos cunde la frase: “todos los políticos son iguales”. Me sorprende porque no solían prodigar esas afirmaciones. Puede ser la edad. El desencanto. La experiencia. La mayor parte de la población piensa exactamente lo mismo e incluso lo expresa en las encuestas del CIS: en torno al 70% dicen siempre que los políticos sólo piensan en sus intereses. Muy desprestigiada está la casta de nuestros representantes y gestores, pidiendo a gritos una regeneración, pero yo mantengo que “unos son menos iguales que iguales que otros”. ¿Son todas las enfermeras iguales? ¿los médicos? ¿los taxistas? ¿los chinos? ¿los españoles? Cuando a mí me dicen que todos los periodistas somos iguales me enervo.

La ciudadanía responde de manual a una estrategia calculada: esparcir mierda, fabricarla y sacudirse el excedente, acusar a otros de los propios errores, para que en el río revuelto se atenuen responsabilidades: «todos lo hacen». Ya.

En mi último libro barajé una exhaustiva documentación recogida durante años. Si nos atenemos al festín de la corrupción urbanística, decidí no incluir los casos porque, dada su abundancia, iban a quedar desfasados, pero conservo un registro de buena parte de ellos. Por eso, escribí: “Los casos del PP casi triplican los del PSOE y son por cantidades mucho más abultadas, y a Izquierda Unida apenas se la ha acusado de un par de asuntos. El suspenso a la ética de todos ellos, del primero al último, es la misma”. Pero hay que reconocer que unos partidos cosechaban en ese punto más suspensos que otros.

Ahora bien, hace falta desfachatez, tras cómo se ha saldado en Valencia el caso Camps, salir con que se ataca al Estado de Derecho por mentar a la Fiscalía, y acusar al gobierno del PSOE de usarla con fines partidistas. Eso, por sí sólo, enciende la sangre. Pero ¿ha olvidado el PP a su ínclito Fungairiño? Entonces no estábamos hablando únicamente de bulos malintencionados: Eduardo Fungairiño fue expedientado -y sería en efecto sancionado, junto a otros fiscales de la Audiencia Nacional-, por faltar al deber de imparcialidad al ocultar al Juez el resultado de una investigación que exculpaba a un sospechoso de haber participado en el atentado sufrido años atrás por el entonces jefe de la oposición José María Aznar.

Una de las tareas más urgentes en España es separar realmente los poderes que tradicionalmente definen la democracia, el Estado de Derecho. No se pueden seguir eligiendo cargos de la carrera judicial según cupos de ideología política. Mal siempre cuando los gobiernos utilizan a jueces y fiscales, mal siempre, incluso en Valencia, pero usemos, por favor, las proporciones al medir.

De Cospedal denuncia escuchas ilegales a dirigentes del PP. ¿Después de lo sucedido con los espías de la Comunidad de Madrid? La Secretaria General del PP lo hace, eso sí, sin pruebas.

Me ha venido una palabra a la mente por todas estas actuaciones:

Cinismo.

(Del lat. cynismus, y este del gr. κυνισμός).

1. m. Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables.

2. m. Impudencia, obscenidad descarada.

3. m. Doctrina de los cínicos (‖ pertenecientes a la escuela de los discípulos de Sócrates).

Y otra me bulle sin cesar: patriotismo.

Os hablé de ello en otra entrada: A finales de Abril, Rajoy se fue a la capital de Polonia para perfilar con otros lideres de la derecha -entre ellos 13 Jefes de Estado y de gobierno y el Presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso-, las estrategias para las elecciones europeas. Le permitieron expresarse únicamente durante 2 minutos, únicamente dos minutos. Y los aprovechó a conciencia: para plantear un panorama desolador de la economía… española.

Rajoy habló del “descontrolado” gasto público, del número de parados. Sin ninguna autocrítica a sus propias responsabilidades en la gestión anterior. Como suele hacer Aznar, salió de España con el único objetivo de criticar al gobierno español. Algo que no suelen practicar otros políticos europeos. Ni de ningún país serio. Obama está desmantelando la política de Bush pero ¿le ha oído alguien decir una palabra en su contra dentro o fuera de EEUU?

La última hazaña del líder conservador ha sido asustar a los españoles en un vídeo en el que, muy campechano, anunciaba que se iba de vacaciones, y que, a su regreso, iba a ver de endereza la política económica porque “éste nos va a meter “en un corralito”, aludiendo a la retención de los ahorros particulares de Argentina y llamando «éste», al presidente del Gobierno de España. ¿Todos los políticos son iguales? “Yo o el caos”, sólo lo dice el modelo Bush.

Pero no nos ha explicado que opone al caos. Lo sabe. Pero no lo ha contado. El PP le debería ser exigido que explícitara qué va a hacer con el despido, los sueldos , el gasto social y las pensiones cuando la desmemoria española le lleve al gobierno. Se deducen muchas cosas de sus actuaciones y declaraciones, pero debería manifestarlo claramente.

El “todos son iguales” y “todos lo hacen” es, como digo, el resultado de una estrategia calculada que beneficia a quien más infringe las normas. Ha calado sin embargo. La política española precisa regeneración, otro nivel. Va en camino opuesto. Pero nosotros deberíamos exigirlo. Yo lo hago. Y ahora, como Rajoy, aplazo los problemas que estoy de vacaciones. Sólo que yo no cobro por representar a la sociedad. Ni dejo a mis validos para que cumplan consignas.

Actualización 7 de agosto

   Gran revuelo por las acusaciones de Dolores de Cospedal, Secretaria General del PP,  quien llegó a decir que España vive hoy bajo «un Estado policial» y responsabilizó de ello al Gobierno por, según dijo, «utilizar» de forma partidista «a la Fiscalía General, a la Policía judicial, a los servicios del Ministerio del Interior y al CNI». (Copio los entrecomillados de El Mundo).  Todos los afectados por estas acusaciones -de las que no ha aportado prueba alguna- han protestado enérgicamante. No usan las hemerotecas. De Cospedal, recién nombrado ya rechazó la sentencia del 11M y toda la investigación policial y judicial.

   Pero alguien le apoya. El portavoz del PP de Baleares, Carlos Simarro, considera  también que el PP está siendo injustamente perseguido y pone como ejemplo «algunas actuaciones de la Policía y de la Fiscalía en las islas, con la detención de miembros de su partido».

Es tremendamente injusto, cometen presuntos delitos -que en Baleares son un clamor por cierto- y van y les detienen. ¡Adónde vamos a llegar!

La República bananera

Es un país ubicado sobre una isla en el Cono Sur, tan al Sur que suele salirse del mapa. Como la mayor parte de los que existen sobre la tierra, está vinculado a organismos internacionales pero de forma nominal. De hecho, los organismos internacionales parecen ser centros donde los países se vinculan de forma nominal. Son nominales en sí mismos, salvo dos o tres Estados que dirigen el cotarro. Tampoco se sabe mucho más de sus actividades. Reuniones. Sí, se dedican a reunirse. Y cuando se produce un hecho grave que requeriría su actuación, no llegan a ponerse de acuerdo y hablan de no ingerencia en asuntos internos.

El país del que os hablo nunca ha tenido problemas internacionales por tanto. Algún aislamiento, subterfugiamente boicoteado y poco más. Ocurrió cuando un general, bajito y soso, dio un Golpe de Estado que aún muchos se resisten a llamar como tal y copó el poder durante 40 años. Enseguida llegaron los EEUU a darle aliento, queso, leche en polvo y bases militares. Después se llenó de turistas. Los lugareños eran muy brutos, pero muy salidos y amantes del dinero. Y a los foráneos les gustaba el sol, el exotismo de la sociedad, y los bajos precios.

Su economía está basada en el banano y en el ladrillo. Ambos crecen en la mata de forma exponencial. Y tan anárquica que alguna vez se han construido edificios con las frutas que dan un resultado pésimo de estabilidad y un olor putrefacto cuando se pasan. El plátano autóctono es una hibridación entre el Platanus orientalis y el Platanus occidentalis o americano, que se produjo en el siglo XVII, en apasionado encuentro, y, como híbrido, así le va. Del mismo modo, en los árboles y en las playas, crecen vigas, ventanas de aluminio y hoyos de golf.

La historia del país se remonta a los neandertales, de hecho cuando este homínido se extinguió en todo el mundo, permaneció en la isla. Hay quien piensa que todavía sigue allí. Sólo el Colacao ha logrado elevar la estatura de las nuevas generaciones, que sobrepasan ya el 1,60 de sus predecesores del Pleistoceno. Es un país bastante impermeable a lo que viene de fuera, salvo que vayan a llevar dinero. Ni siquiera permitió entrar la Ilustración que conmocionó el mundo civilizado en el siglo XVIII.  Bastante ocupados estaban los lugareños con la fusión de los bananos. Y todas las culturas que se acercaban tratando de insuflar nuevos aires fueron desterradas.

Soporta un fuerte dominio de una secta religiosa que marca las costumbres y domina de alguna manera a todos los gobiernos. Porque hay muchos. Haré la salvedad que no es únicamente esta secta la que condiciona, también las de los terratenientes y empresarios, la de los agualciles, y las de los juglares y pregoneros que cuentan lo que pasa, o lo que dicen que pasa, o lo que quieren que se diga que pasa. Vamos, lo habitual de un país subdesarrollado.

   Aquí tenemos a un lugareño en una playa nudista:   Neanderthal_2D_src

Lo ilustro para que apreciéis la diferencia con la casta superior. Vayamos a los gobiernos. En general visten muy bien. Ternos de seda y de alpaca, hechos a medida, trabillas italianas, zapatos idem, relojes de oro, camisas de marca impolutas, corbatas –usualmente azules o verdes- más de seda todavía, bolsos –ellas- como los de la compra en los antiguos mercados, pero muy caros. Les salen muy baratos de precio, sin embargo. No se sabe en realidad, pero ellos no pagan. Lo que sucede es que las fuerzas vivas del país se quieren mucho. No es para menos.

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Por supuesto, esto no sucede en todos los gobiernos. Algunos presidentes o presidentas cantan. Pero mucho. En todos los terrenos. Dada la endogamia y el aislamiento, se producen más híbridos –siguiendo la senda marcada por el plátano-. Gays y lesbianas que no reconocen su orientación sexual, lo que les crea problemas emocionales y psíquicos, y que son los mayores defensores de la moral que marca la secta religiosa y sus papás y sus mamás, que por cierto ven, todos ellos, con muy malos ojos que las mujeres se acuesten con las mujeres y los hombres con los hombres. Algunos son obligados a casarse en matrimonio heterosexual para intentar disipar dudas. Es lo que tiene la moral que practican.

Otros intentan que el país entre en el mundo, aunque carecen del suficiente coraje o visión como para lograrlo. Pero éstos están mal considerados. Sobre todo por la pretensión de que la isla se convierta en un Estado civilizado. Parece que -a pesar del mayoritario apoyo por el cambio- la inercia se inclina por sustituirlos por la estirpe dominante: los herederos del general bajito y soso. Tienen unas lecturas muy peculiares: refieren, al menos,  a la Inquisición y a Goebbles para quejarse o atacar y piensan que los ciudadanos son tontos o que «todo el mundo» es como ellos -no en los trajes ¡faltaba más!, en el pensamiento-. Hay muchos, pero no todos.

Es un país en el que se roba, se prevarica, y reina la corrupción, del amiguismo, las prebendas, vamos, insisto, como en todas las repúblicas bananeras. ¿Y la población? Mira la tele, el fútbol, los programas de famosos, los debates de políticos, medio amañados, apenas nunca en serio. Se adormece. Se despierta. Sufre. Se queda sin trabajo. Cobra poco cuando lo tiene. Incluso menos de lo que cuestan los trajes de seda y alpaca, los bolsos de compra con marca. Le timan.

Sin embargo, están surgiendo algunos movimientos preocupantes –preocupantes para la estabilidad del status quo-: lanchas y pateras de emigrantes a cualquier lugar que no sea la isla… y estudiosos de la Revolución francesa. Cualquier cosa puede pasar, incluso que con remos, una mayoría, se vaya a las costas y los agite sin parar hasta moverla de lugar y llegar al Norte de Europa, o al corazón de Europa.

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Archivado el caso Camps

Toda mi vida he luchado activamente contra los juicios paralelos en cuya nombre se han hecho auténticas tropelías. Por una razón fundamental: la defensa de la Justicia. A ella apelo una vez más.

En el caso de Camps se dan varios hechos:

El auto de Garzón que vio indicios de delitos.

También, “El juez instructor, José Flors, -según recopila El País- encontró numerosos indicios de la existencia del cohecho, pero no investigó si los regalos se hicieron a cambio de los contratos logrados por la empresa Orange Market, dirigida por Álvaro Pérez, El Bigotes. Entre los regalos que la investigación ha acreditado que recibió Camps había trajes, zapatos, pulseras, relojes, juguetes caros y entradas para el Circo del Sol. El principal contrato que Orange Market obtuvo cinco años consecutivos fue el montaje del pabellón de Fitur en Madrid. La empresa de El Bigotes logró también 40 adjudicaciones, la mayoría a dedo o fraccionadas en contratos inferiores a 12.000 euros para evitar el concurso público».

«La sala tiene que decidir aún si incorporar a la causa –sigue diciendo El País- a los cabecillas de la trama – Francisco Correa, Pablo Crespo y El Bigotes,- por un delito de cohecho activo al haber hecho los regalos a los cargos de la Generalitat y del PP valenciano, después de que la semana pasada el Tribunal Superior de Justicia de Madrid se inhibiera a favor del de Valencia en este apartado de la investigación». Luego no cuenta con todos los datos.

En el auto, el Tribunal valenciano parece dar por hecho la existencia de regalos, aunque no los vincula al cohecho. Dice que “no ha quedado acreditada esa vinculación”, pero no ha investigado toda la trama. Considera legal, además, recibir regalos por valor de miles de euros, aunque medien contratos que adjudican los destinatorios de los caros presentes. Añade entre comas: «con independencia de otras posibles valoraciones de tipo ético». Y también admite que puede haber varias versiones verosímiles, aunque de facto se ha inclinado por la de Camps y sus colaboradores.

De los tres magistrados, Juan Montero, propuesto en su día por el PP, ha dejado constancia de que tiene sus dudas de que los hechos que se imputaban a Camps, Campos y Betoret, que no a Ricardo Costa, no sean constitutivos de delito. A favor del archivo definitivo han estado Juan Luis de la Rúa, presidente del TSJCV y de quien Camps dijo que era «más que un amigo«, y José Francisco Ceres, magistrado conservador cuyo nombramiento fue en su día impugnado y a quien, posteriormente, se repescó.

  Cabe preguntarse si todo ha funcionado como debiera. Leo que la Ley Orgánica del Poder Judicial dice en su Artículo 219, referido a las causas de abstención de un juez y, en su caso, de recusación: “Apartado 9. Amistad íntima o enemistad manifiesta con cualquiera de las partes.” Sin embargo, el CGPJ no actuó y la Fiscalía Anticorrupción se negó a exigir la recusación de De la Rúa.

Mariano Rajoy se ha apresurado -demasiado, porque la sentencia no es firme- a declarar que “ha triunfado la justicia y el sentido común”, y que ha terminado la Inquisición a la que han sido sometidos. Si se negó la existencia de regalos y el tribunal los admite, Camps habría mentido y no es para sentirse muy feliz. Si, además, existe una cercanía probada entre jueces y acusados, mentar a “la justicia”, precisamente, produce cierta estupefacción, cuando no irritación. Por otro lado, » la Inquisición” -con la que quiere terminar, ha dicho, aunque no ha detallado cómo- la habrían ejercido, primero un militante del PP insatisfecho que grabó conversaciones y denunció los hechos, y, después, dos jueces en ejercicio, no vinculados emocionalmente al principal acusado. Y lo seguirán haciendo en el Supremo. Aunque lo preside Dívar, el beato que vota según sus creencias, nombrado ingenuamente por Zapatero, en ese juego al que asistimos estupefactos los ciudadanos en el que el poder judicial no es independiente del poder político y legislativo. Y ¿Qué debía hacer la prensa? ¿Lo mismo que Telemadrid y  Canal Nou?

Y hay un asunto estético. Los ciudadanos nos pagamos nuestros trajes, zapatos, relojes o bolsos. Solemos ir de rebajas, incluso. No hacemos traer trabillas del extranjero, ni recibimos al sastre en nuestros aposentos del Hotel Ritz, a casi 600 euros la noche en habitación standar, y a 2.621 la suite. Y los políticos son meros representantes de los ciudadanos, no serían nada sin nosotros. La felicidad de Rajoy, presidente de un partido con diez millones de votos, tampoco parece tener en cuenta esa significativa aclaración del Tribunal: (legal recibir regalos) «con independencia de otras posibles valoraciones de tipo ético».

Y sobre todo: Que España sea el reino de la comprensión con la corrupción o con las corruptelas -que nos significa en el mundo entero, en el mundo entero tenemos fama de corruptos-, nos ha hecho un daño quizás irreparable como país, como sociedad. Dado que van a presentarse recursos ante el Supremo, la opinión pública, la alarma social –al menos en sectores no vinculados al Partido Popular- exigen que se llegue hasta el final. «Presuntamente», algo huele a poco ortodoxo en este caso. Sólo que el proceso no ha terminado. Sólo que… la confianza es mínima.

Pero ahora ya comprendo por qué se reían cuando fueron a declarar.

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Ver: Hijos de la picaresca

Tercer Mundo: humanos como cobayas

Corría el año 1985. Un reportaje en París sobre una píldora revolucionaria, la RU-486, que aún conserva su extraño nombre. Preguntado por los efectos secundarios, el investigador me cuenta, con total naturalidad, que el medicamento ha cubierto el protocolo al ser experimentado durante un tiempo prudencial en India. Fue cuando descubrí el horror que aún perdura y quizás se ha acrecentado: los ciudadanos del Tercer Mundo son usados como cobayas humanos.

India hoy es un país emergente que, con sus 1.100 millones actuales de seres humanos, va a pasar convertirse pronto en el país más poblado de la tierra. Buena parte de sus ciudadanos son extremadamente pobres sin embargo, mueren en la calle. Las pruebas de las farmacéuticas son para ellos una esperanza. Si sale mal, poco se pierde.

Todo el Tercer Mundo es un laboratorio de experimentación de medicamentos, he seguido el tema desde que lo descubrí. Estupefacta. Las conferencias internacionales de grandes organismos hablan de ello sin tapujos y cuantifican el ahorro: el informe 2005 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), estimó que los laboratorios podrían reducir entre 20 y 30 por ciento los costos en materia de investigación y desarrollo. La excelente película “El jardinero fiel” hablaba, además, de fraudes. En este caso, en Kenya.

Contemplo también con preocupación los crecientes viajes solidarios de médicos occidentales al Tercer Mundo en vacaciones. Una labor encomiable: salvan ojos, piernas, vidas. Por caridad, cuando debía ser por justicia. A unos pocos, a los que toca. Allí no hay médicos, ellos caen como una loteria. Pero salta la antena cuando escucho algo así como que allí “van más allá” en las técnicas de lo que “pueden hacer” en nuestro suelo. Es decir, experimentan. Con seres humanos. Insisto: si sale bien ¡albricias!, si se fracasa… mala suerte. Afortunadamente, en la mayor parte de los casos aciertan.

Leo un reportaje de Ana Gabriela Rojas sobre Bangladesh: Agua que mata, lo titula. Resulta que, al menos 10 millones de personas, beben agua con arsénico de los pozos que promovió la cooperación internacional. Fue en los años 70:

“Para evitar ese problema el Gobierno de Bangladesh y UNICEF pusieron en marcha un programa para que la gente se acostumbrase a beber de los pozos que comenzaron a perforar por todo el país. No sabían que estaban dando Arsénico por compasión, haciendo honor al título de la clásica película protagonizada por Cary Grant: al agua de estos pozos no se le revisó los niveles cancerígenos. Los hábitos de consumo de agua cambiaron rápidamente, y el 95% de la población de Bangladesh empezó a utilizar el nuevo sistema. Otras organizaciones de la cooperación internacional continuaron haciendo pozos. La gente también empezó a construirlos por su cuenta. Y fue a principios de los noventa cuando se descubrió el envenenamiento masivo. Cuando ya la población había estado bebiendo agua contaminada a lo largo de muchos años”.

Un día mi hermano en su época de padre primerizo, me contó: “Con el primer niño mides la temperatura del agua al bañarlo, exhaustivamente, al segundo lo metes directamente: si sale rojo estaba demasiado caliente, si azul, demasiado frío”.

Esto parece suceder con millones de personas nacidas en el Tercer Mundo porque así les tocó. Escasos protocolos. Parte de un error de base: sustituir la justicia por la caridad. Y de otro, utilizarla como excusa para experimentar. Que yo sepa, lleva un cuarto de siglo sucediendo.

Estado de derecha

Cuarta Página de El País de Ignacio Sánchez-Cuenca,  profesor de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid.

Corrupción, boicoteo al Estatuto catalán, a la renovación del CGPJ o a la Ley de Dependencia. El PP se siente más cómodo con el ‘Estado de derecha’ que con el imperio de las leyes. ¿Dónde están sus liberales?

   Entresaco párrafos:

La utilización de la idea de Estado de derecho por el Partido Popular ha llegado a ser agobiante. Se ha recurrido al Estado de derecho para rechazar el Estatuto catalán y el proceso de paz con ETA, para exigir la dimisión de cargos socialistas, y obsesivamente en la lucha antiterrorista, incluso de forma antropomórfica («confío en que el Estado de derecho mande a los terroristas a veranear a la cárcel», dijo hace poco un dirigente popular).

(…)

Los acontecimientos de los últimos años han mostrado que nuestro Estado de derecho no sólo está excesivamente manoseado, sino que además ha quedado vapuleado por sus más aguerridos defensores.

(…)

Últimamente la atención se centra en los escándalos de corrupción, que son abundantes y algo pintorescos. Quizá el más llamativo de todos sea el de Carlos Fabra, el presidente de la Diputación de Castellón. Ha habido Fabras al frente de esa Diputación desde 1875, cuando la ocupó su tío-tatarabuelo Victorino Fabra, conocido como el Agüelo Pantorrilles. El actual Fabra está acusado de falsificar documentos oficiales, de cobrar cuantiosas comisiones, de fraude fiscal, y de manipulación del censo electoral de diversos municipios. Por si todo esto no fuera suficiente, Fabra se jacta de sus prácticas caciquiles: «Porque el que gana las elecciones coloca a un sinfín de gente. Y toda esa gente es un voto cautivo. Supone mucho poder en un Ayuntamiento, en una Diputación. Yo no sé la cantidad de gente que habré colocado en 12 años, no lo sé». Son palabras suyas que quedaron grabadas y que darán mucho juego a los historiadores del futuro que quieran establecer paralelismos con la época de la Restauración.

El juzgado de Nules (Castellón) que lleva su caso es una especie de triángulo de las Bermudas en el que los jueces van desapareciendo misteriosamente uno tras otro. Hasta ocho jueces han pasado por allí desde el año 2004. La gran esperanza de Fabra se llama Jacobo Pin, un juez que se ha presentado voluntario al puesto y cuyo padre es un abogado muy próximo al PP (fue cabeza de lista al Congreso en las elecciones de 1977). Seguro que este nuevo juez sobrevive a los extraños torbellinos que se llevaron a sus predecesores.

(…)

Esta llamémosla «afinidad» entre algunos acusados de corrupción y los jueces que les juzgan resulta extremadamente inquietante. Francisco Camps se siente feliz de tener una relación con el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Valencia, Juan Luis de la Rúa, que, en sus propias palabras, va más allá de la amistad. El vínculo de De la Rúa con Camps no se limita a la esfera personal, pues el juez intervino en un acto preelectoral del PP valenciano en 2007. Camps cuenta también con la ayuda y el apoyo del vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial, Fernando De Rosa, quien se reunió con el presidente de la Generalitat Valenciana para ayudarle a perfilar una estrategia un día después de que la prensa se enterara de que Camps estaba implicado en la trama de corrupción y financiación ilegal del PP. De Rosa, que ha sido consejero de Justicia en el Gobierno valenciano, insinuó que Garzón estaba prevaricando al no abstenerse de instruir la causa.

(…)

Quizá estas «afinidades» entre políticos y jueces contribuyan a explicar el descaro de Esperanza Aguirre, quien, en un pleno parlamentario, ante las acusaciones de corrupción que le lanzaba la oposición, extendió los brazos y las manos diciendo «¡Mirad cómo tiemblo!». En ese gesto se resume la gran incógnita de la democracia española: si estamos verdaderamente en el Estado de derecho tan anhelado por nuestros liberales o si nos encontramos más bien en un Estado de derecha. Creo que a la derecha, en el fondo, le convendría, por su bien, que en España hubiera un Estado de derecho. A los socialistas, en su momento, les costó reconocerlo y estuvieron a punto de deshacerse por ello. El Partido Popular parece de momento sentirse más cómodo con el Estado de derecha, aunque suponga acabar definitivamente con sus credenciales «liberales».