La Pepa: la España que pudo haber sido y no fue

Hace 200 años España marcó el camino de lo que pudo haber sido y no fue. El 19 de Marzo de 1812 las Cortes de Cádiz aprobaban la primera Constitución española, y una de las más progresistas de aquél tiempo de inmensos cambios. La soberanía reside en el pueblo, se establece la separación de poderes, el sufragio universal (aunque solo masculino, no andaban los tiempos para alharacas), la instrución para todos… Sigue siendo, sin embargo, un estado confesional católico. Con todo, un hito impensable en un país por el que no se daba un duro fuera. Como recuerda hoy José María Lasalle (Secretario de Estado de Cultura del Partido Popular), el pensador, escritor y teólogo español Blanco White escribió: “Se enuncian y examinan los principios políticos en una nación a quien todavía Europa creía, por larga y continua opresión, ajena enteramente de semejantes investigaciones y sumida en la más profunda ignorancia”.

Una España levantada contra el ejército invasor francés, buscó en Cádiz la salida democrática que los más avanzados países también intentaban con las Constituciones de EEUU o Francia. Había atravesado el siglo XVIII en lucha por abrirse a la modernidad, zancadilleado por coronas, crucifijos, sotanas o caspa que apenas habían dejado entrar la Ilustración por los Pirineos. A pesar de ello también aquí soplaron parcialmente los vientos del progreso. Con coraje y riesgo. La Constitución que hoy celebramos estuvo sólo dos años en vigor porque el «deseado» Borbón Fernando VII se la cargó de un plumazo. Sus autores sufrieron exilio o cárcel, como dios manda.  El involucionismo español jamás ha pasado por esos trances. Más aún, sus desmanes y delitos siempre han quedado impunes. Pero La Pepa aún tuvo una consecuencia positiva más como tal: impregnó al Imperio español que se extendía entonces más allá de la otra frontera del Atlántico: aquí y allá los ciudadanos dejaban de ser súbditos. Y hay avances trascendentales que nunca asisten al retroceso completo. La resucita el trienio liberal (1820-23) -“trienio” y pare Vd. de contar- y después el final de la II República en el 36. Jalonados de dictaduras y hasta golpes de Estado fascistas, del predominio de un conservadurismo atávico, no tuvimos otra Constitución hasta 1978 y con los defectos (entre otros) que señala Enrique Gil Calvo: presidencialismo por parlamentarismo

Es verdad que el Parlamento tiene reservado el poder de elegir al jefe del Gobierno, pero una vez investido este, sus poderes respectivos se invierten, quedando el legislativo sometido al ejecutivo. De ahí que los ministros solo sean responsables ante el presidente que les nombró, quien además dispone de la iniciativa legislativa y de la facultad de disolver las Cortes a discreción. Un reforzamiento del poder ejecutivo que la Constitución de 1978 estableció para evitar la inestabilidad política, pero que se sitúa en las antípodas del modelo liberal de 1812”

Ofende que la derecha española intente apropiarse también de la Constitución de 1812. Manosear las palabras (es decir, las ideas) lleva a pensar que aquellos “liberales” tienen algo que ver con éstos. El colmo de la desfachatez ha sido la nueva boutade de Rajoy al declarar, manipulada e interesadamente, que busca un cambio en Andalucía “como el que supuso La Pepa”. Porque espero que realmente no se crea que las medidas de su gobierno implican alguna senda de progreso.  Aunque él es capaz hasta de eso, de creerse el creador de «un tiempo nuevo», positivo se entiende. De hecho también emplea esa expresión. El colmo.

Doscientos años perdidos, de perseguir y hasta masacrar toda idea de avance. Cierto que al calor de los tiempos llegamos a tener una democracia formal, pero aquella instrucción o educación que siempre se propugnaba en las “primaveras liberales” como defecto y solución de los problemas de España sigue bajo mínimos. Solo así se explica lo ocurre en España.

Si de verdad quieren festejar a La Pepa habrán de cambiar la Ley Electoral para que sea verdad que la soberanía reside en el pueblo como marca la Constitución vigente. Y en aras de esa soberanía que deje de imponerse el criterio del poder económico y la mano dura para reprimir la disidencia hacia las actuaciones arbitrarias de nuestros representantes (que no son otra cosa aunque desde el Olimpo no lo tengan en cuenta). A modo de comienzo. Porque también se precisa mantener y acrecentar la enseñanza pública, y la sanidad pública, y los derechos que ostenta el pueblo soberano que, además, paga y costea a las élites. De entrada, lo mejor es que quiten sus sucias manos de La Pepa: el mejor símbolo de su cutrez y mala intención está en la portada que encabeza este artículo y que el buen gusto me impide reproducir.

¿Es posible aún reconducir este país? Yo creo que sí. Por aquellos valientes demócratas de Cádiz sabemos que, aunque lo parezca, no todo es mugre en España.

Paisajes vividos

La casita que se quedó en esbozo. Está en Madrid. Un capricho arquitectónico.  Tres metros de ancho que arrojan cemento y un solo ventanuco en lo alto. Probablemente el edificio anexo que esperaba se perdió en el camino de la crisis.  ¿Una mirada tras los cristales? No alcanza la vista para saberlo.

Enfrente se ubica un precioso parque: la Quinta de Los Molinos. Con un suelo mullido y árboles en flor temprana. Cálido arco para pasear.

Una ventana. En un diminuto pueblo de los Monegros oscenses: Usón. Árido paisaje  que se abriga en cariño tras las paredes.

Otra ventana. En Alhama de Aragón. Agua, vegetación y calma.  Vivencias en armonía, luces y lucidez.

No sólo hay «venecias» en Italia. Esto es Girona.

El gusanito lector. Una libería con alma. En Sevilla, una ciudad que la rezuma  por los cuatro costados.

San Simón. Pontevedra. Isla Do Pensamento. Un puntito en el océano que brilla. Y mucho. Tranquilo mar en brazo de río.

También hay mar en Altea. Y arte. E indignados llenos de vida. Y cálidos afectos.

Vitoria. El quiosco de las citas amorosas, me cuentan. Nieve. Mucho, mucho calor.

Acabo de cumplir años. No sé si os ocurre a vosotros, pero a veces se elabora una especie de balance vital, estético y sentimental. Faltan muchas imágenes en este recorrido. Son las que están. Y una más que no he tomado con mi cámara pero he vivido, todos lo hacemos: caminos que convergen hasta juntarse y luego se separan. Huellas en la arena que pronto borrará el viento. Porque únicamente lo sólido permanece.

España S.A.

Pues ya tenemos la emblemática estación de metro en la Puerta del Sol rebautizada con una marca publicitaria. Somos muy modernos y le ponemos anuncios. Más aún, para obtener mayor beneficio, los dirigentes del suburbano madrileño van a proponer a los grandes centros comerciales colocarles una parada en la puerta, previo pago naturalmente. Nuestra vida, la vida decretada por los neoliberales, gira en torno al dinero… y al consumo.

Aunque cada vez sea más difícil consumir y obligue a malabares o frustraciones. Incluso encender la luz o usar un ordenador conectado a la corriente para comunicarnos va a ser un lujo inaccesible: calculan que las tarifas eléctricas españolas –las más caras de Europavan a subir un 17% por cierto, tras la oportuna sentencia del Supremo. Copago en sanidad, por pernoctar en un hotel, en Cataluña y pronto donde toque porque “total es un euro o dos y lo pagamos entre todos”. ¿Sí? Ni de broma, valientes incautos, pero para eso ya nos tienen entretenidos con neones publicitarios, con burda propaganda por las pantallas del metro, y distracción absoluta en las de casa a través de eso que ahora se sigue llamando televisión.

La inmensa creatividad de twitter lleva varios días elaborando una lista de estaciones patrocinadas. Los medios lo cuentan y, con su habitual desconocimiento de las Redes sociales, lo hacen aparecer como chistes de frikis. Profundizar puede producir infarto cerebral. Vamos a ver algunos ejemplos que han citado como posibles #estaciones patrocinadas, no tan ingenuos:

Rajoy Callao.

Tribunal Orange Market

Retiro a los 67

Delicias Gürtel

CruzCampo de las Naciones.

SEAT Ibiza

Barrio Dell Pilar

Libertad Digital

Durex Barrio de la Concepción

Port Aventura Rodríguez

De momento, sin embargo, esta crítica populariza la medida de Aguirre y opera el efecto contrario al deseado.

En La energía liberada cito el consumismo como una de las causas que nos hace tapar nuestros ruidos y permanecer en el limbo de una superficie que pese a todo nos cruje:

El consumismo nació como vocablo en el siglo XX —una de sus grandes aportaciones— como consecuencia del capitalismo y el nacimiento de la publicidad. Se liga a la acumulación de bienes o servicios considerados innecesarios. Etimológicamente, la palabra consumismo proviene del latín “consumĕre” que significa gastar o destruir. ¿No lo vemos al revés, adquirir, construir?

De la mañana a la noche, día tras día, el gran motor y colaborador del sistema, la publicidad, nos bombardea. Todos enormemente contentos —y en tono más elevado que el resto de la programación— nos crean necesidades que no tenemos. Esa sucesión chirriante es nociva para la salud. Especialmente —pero no sólo— la mental. Calculada, premeditada.

En cada esquina, en cada carretera… cadenas de tiendas, centros comerciales. Hay calles urbanas que ya parecen también centros comerciales. Peatonalizadas, ofrecen entretenimiento y las mismas marcas de los espacios cerrados. Estaciones de tren y aeropuertos; fuera de casa, todo es un lugar especializado donde comprar. Mueren los cines —además de por el cambio de modelo audiovisual— por más y más comercios, todos iguales, en todas las ciudades del mundo. Los integran en el mercado del ocio y el gasto. Entrar y consumir, adormecida la voluntad por la música ambiente. Comprar, comer, defecar, comprar, solazarse, olvidar, sin salir del recinto. El mundo termina siendo un enorme centro de venta. Todos son iguales. Una vez dentro, uno no distingue si se encuentra en Vallecas (Madrid) o Colonia (Alemania) salvo por el idioma. Y ni eso que ya hemos aprendido hasta sueco en Ikea. Y en las calles se tumba un teatro y emerge otra tienda más. O se conserva con el nombre de un producto comercial para que compense su falta de “utilidad” anunciando algo.

 Y así es. Esta sociedad de epsilones que lucra a los listos y manipuladores del sistema camina hacia un modelo de vida altamente peligroso sin apercibirse en absoluto de ello. Mi amigo Javier Valenzuela nos alerta también de la otra gran estrategia programada: el juego. Y merece la pena leer su análisis detallado de qué es y qué reprenta. Un anticipo:

Porque no es sólo que el modelo del capitalismo de casino haya triunfado en el mundo, es que el casino en sí mismo, el negocio de la ludopatía universalmente identificado con Las Vegas, disfruta de un crecimiento como no se conocía desde los tiempos en que Meyer Lansky se dedicaba a blanquear el dinero de la Mafia.

 España se va a convertir, como comentábamos en casa, en la Florida del Museo Europeo (que hacia ahí camina también Europa: un parque temático de monumentos sin la mayor vitalidad social ni económica). Un lugar para jubilados preferentemente extranjeros, para mirar lo que ellos compran con los ojos verdes de envidia o vidriosos de ceguera y sumisión.

No olvidemos que, puestos a cambiarlo, hay otro posible nombre para la Estación de Sol.

Foto: Mirentxu Mariño

La tentación

“El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio”.

(Las ciudades invisibles. Italo Calvino)

No es la primera vez que traigo este párrafo de Italo Calvino al que encuentro enorme enjundia. Cuando en un país asistes a ladronicios y desfachateces diarias puede acometer la tentación de, en efecto, volverse parte de esa basura. Desde el detalle más simple al más trascendental.

¿Pagar el IVA? ¿Para qué? ¿Para que se lo lleven en sobornos impunes, lo entierren en obras faraónicas o alimenten la regalada vida de muchos próceres?

¿Escribir libros comprometidos? Para qué te vas a meter en líos, pergeñas una cosa amable con tintes progresistas y quedas como dios. El sistema te acepta: no haces daño. Por añadidura, calmas tu conciencia y la de muchos y nada esencial se altera.

¿Enarbolar la lanza de Don Quijote? Tiene bemoles que sea el mito español por excelencia porque primero intentarán desactivarte acusándote de loco pero, si persistes, te defenestran. Baltasar Garzón lo ha sufrido en sus carnes, como ejemplo más reciente.

La mierda enfanga, eso está claro. Es mucho más cómodo dejarse llevar. Puede ser incluso más productivo, tanto económicamente como en auras de prestigio. Como dios manda. Todo el mundo lo hace. El espíritu se relaja ante una tarea que se ve ingente y sobre todo inútil. Lo cierto es que vivir entre tanta podredumbre desmotiva.

Me temo que no se elige completamente. Solo la ética laxa en origen termina por corromperse, del mismo modo que el suicida, o el ladrón, lo es en sí mismo al margen de cualquier circunstancia. Es el ojo que sí ve abierta la posibilidad.

Luchar contra el infierno de los vivos, cansa. Es ser un salmón que debe su rica carne (para el consumo) a nadar siempre contracorriente. Escribía Calvino algo así como que la solución es nadar juntos, aleta con aleta, para compensar las fuerzas que te arrastran. Si todos los oprimidos se animaran llegaríamos al manantial de la montaña para reconducir el curso y ser río que nutre y vivifica.

De momento, lo más sensato es zambullirse en una piscina a meditar… o no pensar.

 

Diablos, España traga. Veamos el proceso. Sale Rajoy hace poco y dice que España toma «la decisión soberana» de fijar el techo del déficit en el 5,8% y que se lo contará a la UE en Abril. Muy chulito él ¡faltaba más!  Vamos a oír lo que sus corifeos llamaron: Rajoy reta a Bruselas.

 Un lunes, 12 de Marzo,  le dicen en Bruselas que de eso nada, que el 5,3%, lo que equivale a 35.000 millones de euros más de ajustes (de nuestras carnes de salmón o de ameba). De Guindos declara ahora que aceptan: España está comprometida con el (suicida) ajuste presupuestario y se comen la «decisión soberana» con patatas. ¡Qué maravilla!

Ay, que me temo que no tengo remedio 🙂 y la dignidad sí importa.

¿Dos Españas? No, una y la rémora

El aniversario de los atentados islamistas del 11M ha vuelto a escenificar lo que aparentemente se llama “las dos españas”. Una de ellas es la que manda ahora. En casi todos los centros de poder. Este domingo se fue a secundar la teoría de la conspiración que con tan machacona habilidad (e impunidad) viene defendiendo el diario El Mundo y que tan lucrativos resultados le produce (en términos económicos y también de poder). Allí estuvieron nada menos que el Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, o la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, que de nuevo repite el lunes con otro acto oficial. A Pilar Manjón que perdió un hijo adolescente el 11M la insultan hasta el vómito. Un gobierno serio no lo consentiría. Lo peor es que, por las muestras de sus actos, lo comparte.

La instrucción y sentencia del magistrado Gómez Bermúdez sobre los atentados de Madrid se estudia en judicaturas y universidades extranjeras, por el método empleado, su minuciosidad y el equilibrio de sus conclusiones. Pero a esa España la verdad no le importa. Igual que anda «instruyendo»a los embajadores acreditados en Madrid a ver si les embrolla y consideran justa la sentencia que ha expulsado a Baltasar Garzón de la carrera judicial. Repiten así la estrategia de la manipulación que les costó el gobierno en 2004. El propio New York Times lo dijo entonces, lo mismo que ahora considera un ataque a la justicia lo que se ha hecho con Garzón. El ex juez tiene sin embargo más prestigio internacional que todo el gobierno junto.

Esta España ha votado mantener el nombre de Guadiana del Caudillo en un pueblo de Extremadura, contraviniendo la ley de Memoria Histórica. Y también dará igual. Como tampoco pasa nada con las denuncias de vergonzosos latrocinios y despilfarros del erario público. A la vieja usanza, la mugre ideológica se acompaña de más que dudosas actuaciones económicas y sociales, tendentes siempre a rebajar derechos de la sociedad en general en beneficio de unos pocos. El programa Salvados de Jordi Évole solivianta cada noche de domingo a una audiencia que apenas ve esas realidades más que en ese presunto programa de humor. La Ciudad de las Artes y Las Letras de Valencia, presupuestada en 300 millones de euros, pasó a costar 1.300 millones y buena parte de ellos están sin pagar. Por ejemplo.

Y, por si faltara poco, esa España odia. E insulta. Y sigue odiando e insultando aunque copen los centros de poder y desde ellos se preste atención a insidias de la extrema derecha.

Cada día nos sorprenden con nuevas erupciones de caspa que, tanto tiempo guardada en el armario, hiede. Resulta incluso antinatural. La vida y el desarrollo pasan ante los ojos humanos igual para todos. ¿Cómo es posible que esa España no se haya enterado de nada? Parece trasplantada inalterada de los días más negros… del caudillo.

Hay otra España que sí ha vivido estos 40 años transcurridos desde la muerte del dictador. Muchos ni siquiera saben ya quién fue. Con los ojos abiertos y más comunicada que nunca en la historia, asimila conceptos. Puede ser más conservadora o más progresista, pero vive en el siglo XXI.

¿Hay dos Españas? No, una múltiple, y la rémora, la losa que nos hunde. ¿Por qué nos ocurre esto a los españoles? ¿Por qué toleramos la corrupción y el involucionismo? Por una secular trayectoria que disuade la educación, la información y el pensamiento crítico. Pero, sobre todo, porque no se dirimieron nunca las responsabilidades por los golpes de Estado y las largas dictaduras. Esos trágicos errores consagraron la impunidad. La grande, la que ataca a nuestros cimientos. Cualquier conducta delictiva puede frenarse con la Ley, pero nuestra patética historia nos ha acostumbrado a que en España no es así. Pagará el del top manta, o el que alce la voz de la disidencia, pero el cáncer no se toca. Son un reducto sin embargo, enormemente poderoso y visible. Esa España auténtica de la que quieren echarnos puede volar algo más alto, desnudar el problema, y aislar la enfermedad hasta que se consuma y se corroa en sí misma.

Cuadro de Verónica Rubio

Revista de prensa

Constatamos a diario la desinformación que sufre la sociedad actual. Y las gravísimas consecuencias que acarrea. Aún así, es posible, bucear entre el mar de la masificación -e incluso de la manipulación- para seleccionar algunos temas esenciales que ofrecen un diagnóstico eficaz. Es preciso sin embargo una guía, una brújula. Nosotros vamos a coger el periscopio.

En Islandia lo pasaron muy mal. El “tigre”, o “león”, o “leopardo” del zoológico neoliberal, la niña de sus ojos, el ejemplo a mostrar, entró en bancarrota precisamente por aplicar tan erráticas políticas. En la senda de sus horrores, llegaron a verse tan mal que ni siquiera les servía su moneda al ser suspendido su cambio internacional: no podían ni emigrar. Ahora enjuicia a banqueros y gobernantes responsables de la crisis, y crece. Mucho, casi un 3%. El gran John Carlin nos cuenta su secreto: han tomado el mando las mujeres. Las de verdad, sin testosterona añadida. Ha de llegar el día (muy lejano aún, lo sé) en el que no tengamos que hacer distinción entres seres humanos según su sexo. Quizás Carlin se muestra apasionado por su hallazgo en el artículo. Lo cierto es que aporta datos interesantes. Sobre todo de cómo se pueden hacer las cosas de otra manera.

Habla El País de desencanto en sus editoriales. Juvenil (con una generación sin trabajo a quien ser mileurista ya le parecería un lujo)  y europeo (con la debacle de la UE). Y el catedrático aragonés Julián Casanova dibuja el panorama que nos estamos fabricando, que hay que leer entero. Entresaco una idea:

«Frente a las políticas de desorden que surjan de ese escenario, el Estado, el Gobierno y los medios que los sustentan pedirán mano dura y acciones represivas de control social. Muchos ciudadanos se convertirán en súbditos y los trabajadores en clientes del capital, mientras que los sectores sociales más marginados y empobrecidos por la crisis económica achacarán a la democracia y a la política establecida el fracaso de un sistema que ya no les proporciona prosperidad material»

Su artículo, Miedo a la protesta, es paradigmático hoy con la repulsa en la calle a la «Reforma» (merma) Laboral tan acribillada por los medios de la derecha. Y por la derecha misma. Las manifestaciones, sí, la huelga general, su España privada va a ver cómo lo para.

En un 11 de Marzo. En el día el que, 8 años después de los atentados, algunos siguen con su sucio y lucrativo (en términos económicos y de poder) juego de explotar a las víctimas. Ahora tienen aliados que mandan. Por todos los órganos de este desgraciado país.

La involución se ha henchido de fuerza. A todos los niveles ya. Así, la ultramontana jerarquía católica española ya ve posible sajar un grano progresista que les molesta desde hace años: el teólogo Juan José Tamayo.

 El Roto ve así la mandíbula neanderthal, aquellos homínidos o prehomínidos de la Prehistoria.

 

Veamos, Europa va del caos actual a la bancarrota absoluta, sobre todo de las condiciones de vida de la ciudadanía que es lo único que debería importar, aunque está claro que les da lo mismo a nuestros dirigentes. Está causando un problema mundial.

En nuestro país tenemos gobernando a los abanderados de este error histórico. ¿Islandia? ¿Mujeres al poder? En las poltronas españolas se sientan thatcherianas mujeres repletas de férrea testosterona. Con un toque de mantilla española, rosario y mohín si se tercia. A juego con los hombres de mueca y crucifijo. Ya estamos otra vez en la Champion League. Ahora también de la involución.

¿Y tiene consecuencias? Manuel Rivas se plantea algunas en su ¿Gana Al Capone? Así empieza: «Al Capone va ganando en España en el caso más grave de corrupción. Por lo menos, si no me engaño en las cuentas, tres a cero»…

Vamos contra la historia, contra el progreso, incluso contra su amado “crecimiento”. Hay otras salidas. Las marcan por el norte. «La sociedad islandesa está estructurada de tal forma que las mujeres no tienen que escoger entre el trabajo y la familia«, dice Carlin en el artículo citado. Vamos que son cívicos, democráticos. Hombre, así cualquiera. «Escuela y despensa» pedía Joaquín Costa hace más de un siglo.  Pero volvieron a ganar los castizos, aquí siempre terminan ganando los castizos.

Y para postre ha muerto el enorme ilustrador  Jean Giraud, Moebius,          algunos medios lo recuerdan, otros prefieren hablar de «lo que interesa«. Asistimos a diario, sí, a la desinformación continua de la sociedad.

 

El nuevo diseño del ciudadano español

Un viejo chiste contaba –con múltiples variantes- algo así como que el cielo es un lugar donde la policía es británica, los cocineros franceses, los mecánicos alemanes, los amantes italianos y la organización suiza. El infierno, en cambio, es un lugar donde la policía es alemana, los cocineros británicos, los mecánicos franceses, los amantes suizos y la organización italiana. Muchas cualidades y defectos habría que añadir al mundo de nuestros días. Los empresarios españoles (apoyados naturalmente por su correligionario, el PP) ya han encontrado sus modelos de excelencia y nos están diseñando uno perfecto para los ciudadanos de este país.

Juan Roig, Presidente de la cadena de supermercados Mercadona, dice que “los chinos dan lecciones de esfuerzo”. “En España ya hay 7.000 bazares chinos que nos causan una gran admiración y estamos aprendiendo de ellos”, explica encantado Roig. Pequeños negocios familiares donde se acarrean a mano las mercancías, se come y se duerme en el local, para estar abiertos casi todo el día, con una productividad estupenda.

Tanto es así que un empresario autónomo asturiano, Juan Antonio Álvarez, inicia con gran entusiasmo una huelga a la china para sacar adelante su negocio de óptica: estará 24 horas en la tienda, a dieta de arroz, manzanas y agua.

 

Los empresarios españoles ven también con muy buenos ojos al trabajador asalariado chino, en el tajo de sol a sol por una miseria de sueldo y sin derechos laborales, ni siquiera el cívico de protestar. Lo mismo que el PP que nos ha aplicado una reforma laboral del Siglo XXI, dice. Es decir, a la china.

El director de fabricación de Ford España ha puesto sus ojos en las vacaciones: en las de los japoneses que trabajan 20 días más al año que nosotros, dice. En su opinión las vacaciones de los españoles son “excesivas” –algo que no avalan los datos: trabajamos más horas que la mayoría de los europeos-. El bueno de Adés, que así se llama el gerifalte de Ford, ha añadido que la mano de obra española es cara (a pesar de cobrar los sueldos más bajos de la UE15) y que “habrá que trabajar más por menos». Quien obtenga un empleo, vamos, que el gobierno no tiene ya ni pudor en decir que nos disponemos a llegar a los 6 millones de parados este año.

Para el modelo de educación y sanidad nos vamos al norteamericano, las hay para quien las paga. La Universidad es solo para ricos o para quien acepte endeudarse con un banco de por vida.

En cuanto a la mujer, el PP se inclina por el modelo afgano. Abrir las piernas, parir, cuidar de la prole y callar ante los palos. Salvo las ricas, temerosas de dios, y trepas, que llegan a altos cargos.

Entretanto, la gasolina en un récord de 1,44 euros. Como en Europa, nos dicen. Solo que en Europa ganan el doble y el triple que nosotros.

El modelo informativo se acercaría al de Venezuela o Ecuador: la opinión del gobierno y palo y tentetieso a la disidencia. El chino ya sería el ideal: solo propaganda y censura.

Este es el “infierno” que nos diseñan los poderes, pero también hay un “cielo”. Parece que está en el Norte. Finlandia ha elaborado una nueva reforma laboral que es justo al contrario de la española de Rajoy, pese a que allí también cuentan con un gobierno conservador. Protección a los trabajadores y a los parados cuyo subsidio aumenta. Crece también la ayuda a la vivienda (que allí tienen). Y cuando se usa la cabeza y la justicia social resulta además que el país crece cerca del 3% y apenas tiene desempleo.

También podríamos adoptar el modelo finlandés de educación que, con su apuesta por la pública, registra los mejores resultados mundiales. En general cualquier país escandinavo nos sirve: civismo, menores desigualdades salariales (aunque se premie la preparación y el esfuerzo) y también entre mujeres y hombres, proyectos de desarrollo pensados. El de su «gasto» (inversión) social que también comparten Francia o Alemania aún.

Incluso está por allí arriba el ejemplo de cómo salir de la crisis ecónomica (hablo también de un crecimiento del 3%) y de la democrática: Islandia lleva a juicio a los responsables de su bancarrota.

El nuevo diseño del ciudadano español pergeñado por el PP y los empresarios elige lo peor de cada casa. Con un desparpajo que nos deja atónitos (a los que pensamos naturalmente). Hay otro, el que optaría por lo mejor de cada país,  pero se precisa saberlo y defenderlo, el diablo (español en organización, educación y egoísmo) no tiene piedad con quienes se lanzan ciegos a las llamas… aunque paradójicamente ardan además en los fríos hielos de Laponia adonde otro listo nos quería mandar. Lo cual igual no estaba tan mal, porque -educados- regresaríamos a España a correrlos a gorrazos (con perdón).

 

La cruzada reaccionaria

«Pienso en el miedo a perder el empleo por un embarazo», dice el titular. Los lectores extranjeros podrían pensar que el ministro de justicia español conserva su piel de cordero centrista y va a proponer a su partido una serie de medidas. Derogar la reforma laboral del PP para que ningún empresario pueda despedir a una mujer por el hecho de estar encinta o ser madre. Establecer una justa retribución salarial y una buena red de guarderías públicas. Educar en civismo y en igualdad a la población. Dejar de tener el dinero y su rentabilidad como medida de todas las cosas (clave en este punto). Son muchas las acciones a acometer contra las que realmente arrojan violencia estructural sobre las mujeres. Pero no, coincidiendo en las portadas con el Imán integrista de Terrasa, Gallardón habla de presuntas moralidades cristianas. Las interesadas en arrojar niños a un mundo superpoblado para que después los maten o precaricen las desigualdades del neoliberalismo que en curiosa carambola también propugna su ultraconservador partido.

Gallardón y la «violencia estructural«. La del “entorno familiar” de Mato, los cierres de centros para mujeres maltratadas, la cruzada de la aplastantemente masculina RAE, las alas a los machistas patrios, legitimados para volver a llamar feminazis a las mujeres que piensan, un presidente de periodistas que desenvaina el cinturón para amenazar a una mujer…No, en Europa pueden estar tranquilos, la España del PP es la añeja, la que enarbola con igual desparpajo el hacha del recorte económico con la caspa ideológica. No dejaré de advertir que la mayoría que posibilita nuestra ley electoral ha confundido al Partido Popular acerca de qué país gobierna, qué sociedad real vive aquí fuera de los 10 millones de electores que les otorgaron su confianza. La caída del guindo puede ser épica.

 Ved también:
 
 
 

Si el ministro de Justicia quiere apoyar la maternidad, que se olvide de la reforma de la ley del aborto. Las soluciones son otras: más guarderías públicas, horarios laborales razonables, multas más duras contra las empresas que discriminen a las embarazadas, permisos de maternidad y de paternidad como los de Escandinavia y viviendas subvencionadas en alquiler para las parejas jóvenes que se quieran emancipar…

 
 

Lo que no cuenta el PP

Las recetas que nos está extendiendo el PP nos llevan directos al abismo. Lo mismo que las que nos manda la UE porque son exactamente iguales: neoliberales extremas. Austeridad, reducción del gasto, déficit, déficit, déficit. La canción azul. La que vienen cantando desde que iniciaron su revolución en los ochenta. En España se añade el estribillo de “la herencia”. Trataré de hacer una síntesis de lo que más extensa y detalladamente trato, por ejemplo, en “La energía liberada”. Eso que nos tenían que contar a diario en los medios informativos y con programas especiales en vena.

La revolución neoliberal – experimentada con éxito (para ellos) desde los setenta donde al principio no se viera mucho (Latinoamérica y África, lugares que arrasaron)- se extendió a partir de la caída del Muro de Berlín al Occidente desarrollado, ya que había desaparecido “el enemigo”. Sus líneas de actuación son: Desregulación (supresión de controles al poder financiero por ejemplo que existían previamente), recorte del gasto público (para acabar con el Estado), reforma fiscal que favorece a los más ricos, liberalización del comercio internacional, o privatizaciones. Nos suena ¿no?

A España la hirió de muerte la burbuja inmobiliaria, que infló el PP con su Ley del 98 de liberalización del suelo, aunque ni antes, ni después se hubieran trazado unas líneas sanas de desarrollo. Su fin coincide con la crisis internacional. Les damos cantidades ingentes de dinero (hablamos de billones de euros) a los bancos y las cuentas se resienten. Hay que endeudarse más.

Pero resulta que los mercados sin control operan con unos “productos financieros” que la UE permite y que rayan la estafa. Ya no solo hablamos del poder omnímodo de las agencias privadas de valoración norteamericanas, también están los seguros de impago y otros mecanismos para apostar por la caída de valores (países con ciudadanos dentro) que proporcionan ganancias extraordinarias.

La debilidad de España –como las de Grecia y Portugal, casualmente además con gobiernos socialistas entonces en una mayoría europea de neoliberales-, la convierte en presa de la especulación sobre todo a partir de 2010. La “crisis de la deuda” del verano pasado ha sido una pura especulación también, la definitiva vuelta de tuerca. La pobre Grecia es la excusa.

De este modo, y lo cuentan unos franceses, en los últimos diez años (y acelerado desde que os digo) España ha pagado tres veces toda su deuda, a causa de los elevados intereses: un puro timo legal. No olvidemos tampoco que el banco privado de los bancos privados europeos, es decir el BCE que costeamos con dinero público, presta a los bancos al 1% y ellos lo dan a los Estados al 5% como mínimo. Negocio redondo.

El PP habla para tontos, estoy convencida, al menos para personas que no usan la cabeza para relacionar conceptos. Les dicen que «nadie puede gastar lo que no tiene» (acabo de oír a Monago de Extremadura diciendo que eso es precisamente de tontos no entenderlo). Y, claro, no les hacen ver que, si por ejemplo, se compraran una casa al contado -sin endeudarse-, tendrían que estar sin comer, ni adquirir ropa, ni utilizar un transporte, ni llevar a los niños al colegio o comprarle una prótesis dental al abuelo, en todo el año, o en varios años. Dosificarlo en créditos a un cierto plazo parece lo más lógico. Una cosa así es como funcionan las empresas y los Estados. Y mejor si no se les aplica la usura como se está haciendo ahora mismo.

Pero el PP saca completa la canción azul: De Guindos acaba de anunciar que se va a reducir un 40% la inversión pública. Invocando “la herencia” socialista, anda, sé serio, que la herencia es de papá Milton Friedman. Y qué hermosa casualidad, se reduce justo el sector público (sanidad, educación, etc ). Podíamos atacar a otras patas de la mesa neoliberal: que pagaran impuestos las rentas altas, pero eso no se toca. Luego vendrá el “ambicioso plan de privatizaciones”, de enajenar lo nuestro. Y la gente entregada: «nadie puede gastar más de lo que tiene», sí, amén; «hemos vivido por encima de nuestras posibilidades», Jesús que malos somos.

Es tan repetitivo el manual que resultaría tedioso si no estuvieran haciendo tantísimo daño. Se desgañitan los premios nobel de economía, Stiglitz y Krugman (y otros muchos economistas) diciendo que esto es un suicidio, llegan a decir que deliberado. Lo es. Pero los vivos se van a lucrar –se están lucrando- lo que jamás creyeron que la sociedad podría soportar. Algunos hasta avisaron. «Si los ricos no pagan impuestos se enfrentarán a una revolución» decía hace tiempo ya Paul Farell, un columnista del neoliberal Wall Street Journal.

La maquinaria neocon arrasa España como una apisonadora con tuneladora y pala mecánica incorporadas -diría que lleva hasta las bombas de racimo de la empresa en la que trabajaba el ministro de defensa-, cargada además de la hedionda caspa ideológica que guardaban en los roperos apolillados a la espera de la victoria. 630.000 parados más anuncia el PP que ya no miente con sus promesas de crear empleo inmediato, siquiera con sueldos y condiciones basura. Es que con la austeridad, con la reducción del sector público, se ahonda la recesión. Quien piense que algo cambiará en 2013 se engaña, pero igual para entonces ya no se acuerdan acunados por los cantos manipuladores de todo el coro neoliberal. Solo que cada vez nos van quedando menos plumas.

Una proposición revolucionaria

De repente, se enciende la luz y uno ve la solución. A gran parte de nuestros problemas, sí. La política es el tercer problema para los españoles en progresivo ascenso. Nos hacen mucho daño sus decisiones, nos obligan a pagar durísimamente una crisis que no provocamos (salvo al elegirlos para que no supieran solventarla a favor de la ciudadanía a la que encarnan). Mientras, les vemos discutir sus prebendas en el Olimpo en el que viven gracias a que las Constituciones democráticas estipulan que la soberanía del pueblo se ejerza por medio de representantes. De no ser por nosotros, seguirían de registradores de la propiedad, o de esposas de millonarios o de lo que fuera que ejercieran como actividad laboral. Si la tenían. Pero carecen de memoria, como les sucede a los votantes.

Ciertamente, nos ocurre que les vemos y oímos en exceso. No sé en qué momento de la historia, los políticos pasaron de ganarse con hechos y noticias el aparecer en los medios –que así sucedió en la Transición, cuando empecé a ejercer el periodismo-, a estar en ellos de forma perenne. Hoy son requeridos para opinar de todo lo que se mueve. Y por cupos. Se diría que los medios se han convertido en oficinas de prensa de los partidos en permanente campaña electoral. Hoy todo se opina, apenas se informa, y la sociedad se surte de los sentimientos subjetivos más acordes con su gusto, sin tener en cuenta la realidad. Y no es objetividad tampoco servir un “éste dice, el otro dice” –en el mejor de los casos- y yo ficho rápido mi salida del periódico, radio o televisión que los informes y hemerotecas son una antigualla.

 Parece que hay consenso en nuestro disgusto por la política actual -y por el periodismo actual-, y un creciente número de personas comprometidas anda viendo cómo encontrar una salida que acabe con tanto despropósito. Aquí se acerca ya la proposición revolucionaria.

No nos confundamos, la política es imprescindible en un sistema democrático. Con toda suerte de tropiezos y errores, la humanidad la busca desde los griegos, cinco siglos antes de la Era cristiana. Para dignificar el papel del ciudadano, de un ser libre sujeto a derechos y deberes. Para regular una actividad humana que busca gobernar y dirigir la acción del Estado en beneficio de la sociedad. ¿A que se diría que lo hemos olvidado? Esos gobernantes marionetas o cómplices del poder económico, parece que sí. De cualquier forma, el sistema se muestra tan corrompido que ya no sabemos si nos situamos ante la famosa disyuntiva del fin del franquismo: ruptura o transición.

La solución en todo caso está en el tejado de la sociedad, como siempre debió ser. La democracia no es sólo votar cada 4 años, y no lo es hacerlo, irracionalmente, al que más “nos gusta” o nos dicen que nos guste, al que menos idioteces dice, o –por el contrario- al que más, manipulando los bajos instintos primarios.

Pues bien, el PP presume de tener 800.000 afiliados, el PSOE ronda los 300.000 en un cálculo optimista e IU 55.000. No serán muchos más los de los partidos nacionalistas y otras formaciones. Estas personas son las que deciden, de alguna manera, qué políticos se presentan a los distintos puestos de decisión. Como mucho 1.300.000 para 46 millones de habitantes. Con la legislación actual, fundar un partido nuevo representa una odisea, no hay hueco para él en la España atada y bien atada. Por tanto, una salida imaginativa sería la afiliación masiva a las grandes formaciones. Para volverlas del revés, sanearlas, quitarles la caspa y la polilla. Con la ayuda de tantos cuantos entraron a trabajar por los demás y se ven hoy aprisionados en el sistema. No es la política la que falla, son las personas que se han fabricado un irreal paraíso particular, alejado de sus votantes. Vivimos momentos críticos en el mundo, sólo desde el poder se puede promover un cambio drástico. De todo. Lo “revolucionario”, hoy, en mi opinión, es enderezar el camino torcido. Recordar que el poder era nuestro –de todos, no solo de los ricos privilegiados- y retomarlo con el compromiso de buscar el bien común. Desde donde debe ser: desde la política.