¿Dos Españas? No, una y la rémora

El aniversario de los atentados islamistas del 11M ha vuelto a escenificar lo que aparentemente se llama “las dos españas”. Una de ellas es la que manda ahora. En casi todos los centros de poder. Este domingo se fue a secundar la teoría de la conspiración que con tan machacona habilidad (e impunidad) viene defendiendo el diario El Mundo y que tan lucrativos resultados le produce (en términos económicos y también de poder). Allí estuvieron nada menos que el Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, o la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, que de nuevo repite el lunes con otro acto oficial. A Pilar Manjón que perdió un hijo adolescente el 11M la insultan hasta el vómito. Un gobierno serio no lo consentiría. Lo peor es que, por las muestras de sus actos, lo comparte.

La instrucción y sentencia del magistrado Gómez Bermúdez sobre los atentados de Madrid se estudia en judicaturas y universidades extranjeras, por el método empleado, su minuciosidad y el equilibrio de sus conclusiones. Pero a esa España la verdad no le importa. Igual que anda “instruyendo”a los embajadores acreditados en Madrid a ver si les embrolla y consideran justa la sentencia que ha expulsado a Baltasar Garzón de la carrera judicial. Repiten así la estrategia de la manipulación que les costó el gobierno en 2004. El propio New York Times lo dijo entonces, lo mismo que ahora considera un ataque a la justicia lo que se ha hecho con Garzón. El ex juez tiene sin embargo más prestigio internacional que todo el gobierno junto.

Esta España ha votado mantener el nombre de Guadiana del Caudillo en un pueblo de Extremadura, contraviniendo la ley de Memoria Histórica. Y también dará igual. Como tampoco pasa nada con las denuncias de vergonzosos latrocinios y despilfarros del erario público. A la vieja usanza, la mugre ideológica se acompaña de más que dudosas actuaciones económicas y sociales, tendentes siempre a rebajar derechos de la sociedad en general en beneficio de unos pocos. El programa Salvados de Jordi Évole solivianta cada noche de domingo a una audiencia que apenas ve esas realidades más que en ese presunto programa de humor. La Ciudad de las Artes y Las Letras de Valencia, presupuestada en 300 millones de euros, pasó a costar 1.300 millones y buena parte de ellos están sin pagar. Por ejemplo.

Y, por si faltara poco, esa España odia. E insulta. Y sigue odiando e insultando aunque copen los centros de poder y desde ellos se preste atención a insidias de la extrema derecha.

Cada día nos sorprenden con nuevas erupciones de caspa que, tanto tiempo guardada en el armario, hiede. Resulta incluso antinatural. La vida y el desarrollo pasan ante los ojos humanos igual para todos. ¿Cómo es posible que esa España no se haya enterado de nada? Parece trasplantada inalterada de los días más negros… del caudillo.

Hay otra España que sí ha vivido estos 40 años transcurridos desde la muerte del dictador. Muchos ni siquiera saben ya quién fue. Con los ojos abiertos y más comunicada que nunca en la historia, asimila conceptos. Puede ser más conservadora o más progresista, pero vive en el siglo XXI.

¿Hay dos Españas? No, una múltiple, y la rémora, la losa que nos hunde. ¿Por qué nos ocurre esto a los españoles? ¿Por qué toleramos la corrupción y el involucionismo? Por una secular trayectoria que disuade la educación, la información y el pensamiento crítico. Pero, sobre todo, porque no se dirimieron nunca las responsabilidades por los golpes de Estado y las largas dictaduras. Esos trágicos errores consagraron la impunidad. La grande, la que ataca a nuestros cimientos. Cualquier conducta delictiva puede frenarse con la Ley, pero nuestra patética historia nos ha acostumbrado a que en España no es así. Pagará el del top manta, o el que alce la voz de la disidencia, pero el cáncer no se toca. Son un reducto sin embargo, enormemente poderoso y visible. Esa España auténtica de la que quieren echarnos puede volar algo más alto, desnudar el problema, y aislar la enfermedad hasta que se consuma y se corroa en sí misma.

Cuadro de Verónica Rubio

Las vacaciones españolas de la Sra. Mojama

JRMora

 

    La bailaora cuenta que, “como el marido tiene tres nombres”, se lío y le dijo a la primera dama estadounidense: “a ver si vuelve Vd. con el Sr. Mojama”. Arracimados por balcones y calles, algunos ciudadanos gritaban: “¡Señoraaa! apártese que no veo”, “Güelcom Michelle”. La susodicha y los medios internacionales que han recogido la visita de la mujer del presidente norteamericano a España, habrán creído que somos un país del tercer mundo. Bienvenido Mr. Marshall redivivo.            

A algunos les ha molestado mucho… ¿qué? ¿Ésta patética imagen de España? ¡No! Que algunos antipatriotas hablen de caspa “cuando nos están atacando desde fuera”.            

Por partes. Dedicar tan amplios espacios ¿informativos? a contar si una turista destacada come helado de chocolate o lanza un “pequeño eructito” es signo de que algo va muy mal en los medios de comunicación. Entiendo que en programas de entretenimiento se le dedique un apartado, la mitomanía tiene ciertos efectos sedantes. Pero esta desmesura con Michelle Obama resulta preocupante.            

Me interesa más hablar de esta parte del pueblo español, aún tan cateto, tan poco educado. Y, especialmente, del papel de los medios en la labor.            

La caspa no se tapa con más caspa, así se hace una montaña… de caspa. Si en los programas en los que se critica a los antipatriotas por llamar catetos a los jaleadores de Michelle Obama, se dedicara al menos el mismo espacio a contarles a los españoles, otras cosas que les afectan, igual cambiaba algo la papanatería. Por ejemplo, que tenemos los sueldos más precarios de la UE anterior a la ampliación al Este. Y que, con esos sueldos, las compañías de telefonía nos cobran las tarifas más caras de Internet. O que los bancos  reservan a los incautos españoles sus más altas comisiones. Añadamos que se merman profesores para mantener la productiva ignorancia. Y, puestos ya a abordar el asunto desde la raíz, no estaría de más invertir algo de tiempo a explicar las auténticas razones de la crisis provocada por el neoliberalismo que avalan las mermas sociales que se están produciendo. A explicar por qué “nos atacan desde fuera“. Pero de verdad, con profundidad y datos. Las causas específicas de España que conducen a no poder retener un nombre siquiera de los tres de una persona (máxime cuando se le conoce por uno: Obama). Pero, ya lo he dicho otras veces, éste es el único país que conozco en el que la incultura se tiene a gala.            

Comprendo que para ello hay que leer, informarse, más allá del Hola, el Sálvame de Luxe (o como se llame)… o el tuenti. Ingente tarea.            

La prueba palmaria de que esta civilización se va al traste es la decadencia de su cultura y valores. Es regla histórica. La caspa que emana de ciertos programas, medios y redes sociales, su escaparate. Caspa sobre caspa “hasta la derrota final”.            

La muerte de las civilizaciones sepultó muchos avances conseguidos -ardieron en llamas-. Por primera vez, hoy todo está registrado en archivos, en Internet, quedará más allá del fin degradado de esta Era. Y, sin embargo, gentes con voz parecen creer que el mundo comienza el día en el que ellos nacieron o abrieron los ojos a una realidad inmediata. Si comencé con el genial JRMora, termino con Elrich. Él da la clave de lo que es una convivencia constructiva entre los tramos de la vida. De los “porqués” a los “hasta cuándos”            

Bernardo Elrich. El País.

Nieve sobre Madrid

Parque del Capricho, Madrid

Parque del Capricho, Madrid

Nieve sobre Madrid. Un regalo postnavideño que nos ha dejado atónitos a quienes aquí vivimos. Ningún fenómeno atmosférico como éste para cambiar la faz del paisaje: remarca los árboles y las casas, y viste casi de miriñaque a las estatuas. El blando resplandor, el gran merengue goloso para los sentidos. Los españoles del centro del país salen a la calle como niños expectantes. A tirar bolas y construir muñecos y, dados los tiempos, a hacer fotografías digitales a cientos. No estamos acostumbrados a la nieve. Y por ello, la ciudad y la provincia, se colapsan. Como no debiera suceder en la capital de la octava potencia económica mundial. Ni calles ni carreteras se construyen para la eventualidad de la nieve, ni existen medios suficientes para combatirla, ni –en el país de la improvisación- se anticipa el fenómeno.

Grandes espacios diarios dedican las televisiones a informarnos del tiempo. Bailarinas frustradas y sus clones, desgranan mapas e isobaras, pero no se enteran de que va a nevar en Madrid como pocas veces ha ocurrido. Ni ellos, ni ningún hombre o mujer del tiempo. Porque a pesar del gran teatro que escenifican todos se limitan a copiar el parte de la Agencia Estatal de Meteorología –según se ha demostrado-, y el organismo oficial desbarró por esta vez. Y todas las administraciones implicadas que se culpan de la debacle unas a otras. El aeropuerto de Barajas –cuarto de Europa- cierra. Por cinco centímetros de nieve… y por los males que acumula. Hay viajeros que viven prácticamente en su recinto desde antes de Navidad.
En el precioso parque del Capricho –parque de la época romántica y muy poco concurrido- aún hay nieve virgen al día siguiente cuando ya el sol comienza a derretir los hielos. Oxígeno para el espíritu. Y falta hace, porque tocamos la nieve para comprobar que es real y no caspa, en un país que la fabrica a toneladas hasta impregnar la vida cotidiana.

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