La crisis, para quien no se la trabaja

La privatizada Telefónica ha ganado en el primer trimestre del año 1.690 millones de euros, un 9,8% más que en el mismo período del año anterior. El truco que le ha permitido estos beneficios en tiempos de crisis es que, aunque tuvo menos ingresos, también descendieron sus gastos. ¿Mejor gestión sin errores ni abusos? ¿Redujeron sus sueldos los directivos? No, ha disminuido su personal. Telefónica ha mandado a casa con un ERE a 700 trabajadores fijos. Las prestaciones por desempleo de estos despedidos se han calculado en 30 millones de euros que desembolsan las arcas del Estado, vía nuestros impuestos.

La empresa creada en 1924, fue privatizada en 1997 y nombrado presidente Juan Villalonga, compañero de pupitre en el colegió de Aznar. Inmediatamente la empresa hizo el mayor ERE de la historia al suprimir 15.000 empleos (tenía 75.000). UGT y CCOO presentaron una demanda por presunta ilegalidad de la operación porque entendían que las telecomunicaciones debían ser de titularidad estatal, pero el Tribunal Supremo la desestimó en 1999.

En la actualidad ha diversificado el negocio, opera en Europa –donde por cierto ofrece tarifas muy competitivas, mucho más que en España, en Gran Bretaña cobra 10 euros por 8 megas-, y también en Latinoamerica y Africa. Y cada vez con menos personal. Una empresa modelo, realmente. Y toda una lección de cómo hay que hacer las cosas. Trabajar por la crisis, sin que nos salpique y obteniendo beneficios de las crisis ajenas. Las de aquellos con menores habilidades.

Sí, hemos visto el estado de la nación

 O al menos de muchos de quienes deciden sobre ella desde importantes instancias. ¿Por qué siente uno, como ciudadano, tal irritación al escuchar los discursos y el debate de los dos principales líderes que representan a la mayoría de nuestro país? Cuando escribo esto, todavía no han salido los opinadores, ni las encuestas, ni los titulares, pero ya sé que estos últimos resaltarán las frases más demagógicas y el común de los mortales no se enterará apenas de nada. Yo, al menos, preferiría, ante la difícil situación económica que vivimos, una acción constructiva, más que los ataques partidistas en búsqueda de votos que enmarañan la verdad para ocultarla.

 El presidente del Gobierno ha presentado por la mañana un nuevo modelo productivo -esencial cambiarlo- y algunas propuestas de izquierda. Entre ellas, suprimir la desgravación de la compra de vivienda para las rentas superiores a 24.000 euros anuales, manteniendo los baremos para sueldos inferiores e incentivando el alquiler que, por primera vez, rebajaría impuestos. Esta medida pretende dar salida en el próximo año y medio al descomunal stock de viviendas construidas en la fiebre del ladrillo. También reducir la cotización de las PYMES que no despiden. Un portátil para cada alumno de quinto de primaria y apuesta por la educación. Imprescindible, porque es en educación en lo que hay que invertir para erradicar ciertas actitudes. O 2.000 euros de ayuda para la venta de coches, concesión a mantener al extremo el sistema de la sociedad de consumo –en mi opinión-, dado que, a cambio de mantener unos puestos de trabajo, se atestan de coches unas calles en las que no cabe uno más. Para todo ello, ha contado con la participación de las comunidades autónomas, y no sé si es viable imponerles el gasto desde el Gobierno. Pero sería muy positivo, forman parte del Estado.

Rajoy iba a hacer en realidad una moción de censura, no un debate sobre el Estado de la nación. En un tono bronco: “Si yo ya sé que de esto no saben una sola palabra, pero hombre, podrían callarse que lo mismo aprenden algo” “Pero si ustedes no saben leer”, son realmente argumentos poco apoyado en razones y que ofende a 11 millones de votantes del PSOE.

Las continuas acusaciones de mentir al Presidente, me han sonado a rapapolvo moral al que tan aficionado es el líder de la oposición mayoritaria. Le ha acusado, por ejemplo, de engañar a los españoles en sus previsiones de la crisis. Zapatero le ha respondido que los organismos internacionales también pretendían por lo visto engañar a los españoles. Ahora, la realidad. Un ejemplo de los muchos que hubo: en Julio de 2008 el FMI -entidad dedicada a mantener a ultranza el sistema por otro lado-  pronosticaba para España un crecimiento del 1,8 %.

El superávit y el crecimiento que causaba envidia en el mundo, se produjeron en la primera legislatura socialista. Todos los datos están recogidos en libro “España, ombligo del mundo”, y se publicó en Noviembre. No son por tanto fruto de una idea a vuelapluma.

Negar la decisiva importancia que la burbuja inmobiliaria ha tenido en el hundimiento de nuestra economía, es apelar a que los desmemoriados se mantengan en su nube. Y, es cierto, que –con escasa efectividad- el PSOE al menos hizo una Ley del Suelo que acotaba la “barra libre” del PP.

Escuchar a Rajoy lamentarse de los contratos temporales, desata el rubor. La práctica, iniciada por el último gobierno González, llegó al paroxismo con el PP ¿o es que tampoco eso lo recuerda nadie? Y Rajoy formaba parte del Gobierno.

Lo que he escuchado es que el PP pide una reforma laboral, otra fiscal y otra de las pensiones, ninguna de las cuales ha concretado. Pero ya han anticipado en numerosas declaraciones su intención de facilitar el despido, acabar con el dispendio del paro,  y que –compartiendo la previsión con destacados socialistas- las pensiones son muy caras, y no se van a poder pagar. Si tras toda la vida trabajando y viendo las prebendas de los políticos y de los privilegiados del sistema, se les ocurre rebajar o suprimir las pensiones llegados a la edad preceptiva, puede haber un auténtico estallido social. Rebajar los impuestos dinamiza la economía, pero a costa de que nuestro país sea, lo que aún es –pese al esfuerzo hecho los últimos cinco años-: uno de los más bajos en gasto social.

La baja productividad española es conocida en todo el mundo. El 15% menos que la media europea. ¿Fue mejor cuando gobernaba el PP? En absoluto. ¿Y el fracaso escolar? ¿Ocupamos lugares preeminentes en el mundo en tiempos del PP? ¿No son las comunidades autónomas quienes imparten la enseñanza actual con flagrantes desigualdades? Un poco de seriedad.

A Zapatero le pierden cosas como prometer en cada debate la escolarización de los niños de 0 a 3 años que nunca llega. Pero me parece loable que mantenga la apuesta por favorecer a quienes menos tienen, más aún debería hacerlo.

El chiste de la jornada, Rajoy blandiendo una foto de Zapatero con el Rey de Marruecos en plena crisis de Perejil y con un supuesto mapa donde el reino alahuita se anexiona territorios españoles. Era un bulo de internet, un montaje que alguien pergeñó.  La ruptura de la unidad de España es mucho más grave que desprestigiarla en foros internacionales, como hizo Rajoy recientemente. Hay que comprobar un poco más las fuentes antes de hacer el rídiculo, porque sobre estas bases se piden suspensiones de procesos basados en mochilas.

La vida sigue tras la bronca electoralista. Con los 4 millones de parados. Con algunos políticos que miran ciegos a la obtención del poder antes que pensar en el interés de la sociedad. Siempre lo he dicho, la falta de educación de España se refleja en que aquí no se busca el bien común. Desde el tráfico a los debates del Congreso. Los diputados socialistas no saben leer, dice Rajoy. A tenor de su vocabulario, ha curtido su cultura en los refraneros de los años cincuenta.  Que no cunda la anécdota –que lo hará- sin analizar el fondo de todo lo que se ha dicho, de todo lo que implica. De alguna manera, y para quien quiera verlo, sí se ha visto hoy cuál es el estado de la nación.

El banco de los ciudadanos hartos y cabreados (BCHC)

Acabo de detectar que alguien ha encontrado mi blog tecleando en Google “ciudadanos hartos y cabreados”, figuro en quinto lugar de las búsquedas. Y no soy consciente de haber empleado la palabra cabreados, igual fue en un comentario. Quienes me quieren me alertan de la preocupante deriva que he emprendido irritándome por las barbaridades que contemplo a diario. Seamos positivos. Y sobre todo prácticos, que esta vida son 4 días y previsiblemente ya he vivido 3. A menos que los espectaculares avances en investigación genética me echen una mano, y, al tiempo, no me atrape una gripe de la que nadie quiera saber la paternidad.

Entiendo que la forma óptima de empezar a salvar el mundo y la sociedad –dada su inacción- es utilizar los mecanismos del propio sistema. Lo primero por tanto es crear un banco. Aquí tenemos los requisitos que se precisan. Encontrar alguien con experiencia bancaria, financiera o económica no será mayor problema, parece que con esos conocimientos sólo son precisas tres personas. El principal escollo aparentemente es juntar 3.000 millones de pesetas, así viene en la ley de 1995. Es decir, 18 millones de euros. 18 millones de ciudadanos hartos y cabreados no somos, que sería lo más asequible, pero puede que 1.800 sí. Tendríamos que poner cada una 10.000 euros. Es mucho, aunque según se mire. Pensemos en 18.000 personas que nos toca a 1.000 euros. Los partidos grandes alcanzan hasta 10 millones de votantes, ¿no vamos a conseguir los ciudadanos hartos y cabreados 18.000?

De cualquier manera se trata, como digo, se aprovechar el propio sistema. Vamos con 1.000 euros a un banco y pedimos un crédito de 6.000. Con esos 6.000 a otro banco, y lo aumentamos a 10.000. Si nos juntamos 18.000 personas, podemos reunir fondos, no sólo para crear el banco y el papeleo sino también para una sede. Hagámosla de diseño, distinta, en un parque, en un mercado. Aunque probablemente es mejor no despertar sospechas, una sede de piedra y madera noble será más aconsejable. Alquilada, por supuesto. Cualquiera de las sucursales que están cerrando.

Atrevámonos a ingresar nuestras nóminas y ahorros –de tenerlos-, a facilitar créditos humanos. El BBVA ganó el año pasado, con la crisis, mucho menos que en ejercicios anteriores pero se llevó 5.414 millones de euros. Nosotros vamos a ser modestos en nuestros inicios, pero también conseguiremos sustanciales beneficios. Además, inmediatamente, vamos a acudir a pedir fondos de subsistencia al gobierno, ningún banco pierde dinero. Sacamos la pasta propia invertida –por seguridad- y funcionamos con la subvención o aval estatal.

Nos unimos a continuación a un grupo de comunicación. Logramos prebendas e influimos en su línea editorial para lograr más beneficios, más poder para cambiar algo. Incluso podemos crear uno nuevo, innovador, honesto, realmente informativo. Procuramos, entretanto, seguir favoreciendo a los clientes. Sin engañarles con productos trampas, y facilitando sus inversiones y proyectos. Ya estamos instalados. De producirse trapicheos y desfalcos -la terrible condición humana-, nos hayamos a  salvo de Hacienda y de  la justicia, mucho más que si robamos una pera en una frutería. Creamos una fundación anexa al banco para desgravar impuestos. Y contratamos a los mejores abogados para que nos salgan las cuentas a devolver. ¿Què tal si también formamos o nos anexionamos a un partido polìtico, con sus sueldos e influencias? De todos modos, nos irá igual de bien sea cual sea quien ocupe el gobierno. Los bancos tienen bula.

Entretanto copiamos toda idea que esté en la red o que nos hayan facilitado en las entrevistas y reportajes que nos hagan –si es que queda en activo algún periodista imaginativo-, y les plantamos nuestro propio copyright: “idea original”. Más pasta. Ya para invertir en el propio “banco de los ciudadanos hartos y cabreados” que prosperará lo indecible. O para lo que nos apetezca.

Ya consolidados, empezaremos a poner dinero en proyectos que ayuden efectivamente a la sociedad. Ahogaremos a las empresas que expulsen a los trabajadores como represalia política, ayudaremos a los pequeños emprendedores. Atraeremos, con los nuevos métodos, un gran número de clientes. Con nuestro poder económico y mediático –social también en nuestro raro caso-, presionaremos a los gobiernos para que efectúen cambios.

 Realmente relaja encontrar una vía de escape, de resolución de problemas. Me voy a dormir más tranquila, veo un camino para salir del túnel.

Actualización 10 de Mayo:

  Ya soy la primera opción para la búsqueda de «ciudadanos hartos y cabreados». No sé si ése era el objetivo. Preferiría «resolución de problemas para los ciudadanos hartos y cabreados». Pues sí, tambien aparece el periscopio en primer lugar. Menos mal.

Atrapados en el sistema

“El cadáver insepulto de Fidel Castro se pasea por las calles de La Habana. Hay quien asegura haberlo visto blandiendo el puño en el «bosque de banderas», frente al edificio de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en Cuba, o en la Plaza de la Revolución, en animada charla con José Martí”. (…) “En ninguna de las tres muertes de Fidel Castro se pudo realizar el correspondiente funeral porque el dictador reapareció siempre, la última vez amortajado con un chándal de Adidas”. Vicente Botín publica hoy una tribuna en El País, anticipo de un libro, en donde cuenta lo que ha visto en sus años de corresponsal en Cuba de TVE.

Siempre ha tenido Vicente esa habilidad para informar a fondo de un tema, dotando al texto de una extrema calidad literaria, que abre los sentidos, atrapa la mente y endulza el camino para conocer la realidad que explica, a veces dolorosa, siempre necesaria. En TVE apenas queda ya más que otro Vicente –Romero- de similar escuela. A los demás los barrió la escoba de los nuevos tiempos.

Insisto en el tema de TVE. Los emporios empresariales que poseen cadenas privadas se muestran hoy moderadamente contentos con la medida de arrinconar a la cadena pública estatal. Les parece poco. En realidad, preferirían suprimirla o dejarla existir de forma residual, como sucede en EEUU –algún comentarista incluso lo ha dicho así-. Estados Unidos, modelo de sociedad informada, equilibrada y con derechos ¿no? Pero ése es el previsible fin de TVE.

La ley reguladora de las televisiones públicas las configura como “servicio público” ¿alguien ve un “servicio público” en su programación? Cualquiera tiene en su cabeza multitud de ejemplos y prácticamente ninguna excepción de lo que no es servicio público. Lo que ocurre es que los Gobiernos tampoco les han exigido que lo cumplieran, como sí sucede en Gran Bretaña.

Mi extensa entrada o post anterior argumenta con datos la situación creada y sus antecedentes. Todo se resume en un hecho de mucho mayor calado: el capitalismo se perpetúa pese a sus flagrantes errores, sus consecuencias las pagamos todos –y más que lo haremos- y la sociedad ha sido desactivada –y más que lo será- mermando su información. 

La tarta publicitaria se nos ha atragantado a los que no comemos de ella ni las migajas. Una televisión sustentada, alimentada, pensada, por la publicidad no puede –por todas las razones esgrimidas en mi texto de ayer y muchos más días- sino fomentar la sociedad de consumo. Hasta el paroxismo.  Invitarnos a gastar incluso en lo innecesario para alimentar a las empresas. Éstas –de telecomunicaciones, de embutidos, todas- poseen el mango del asador y presionan -como vimos- amenazando con despidos que no dudan en ejecutar. Su único fin es el beneficio. Sin que la política –ni siquiera la socialista- les ponga freno y adquiera para uso de la sociedad un horno pastelero. Más aún, el que tenía –TVE- pierde fuelle, lo perdió hace mucho tiempo, y no sirve más que para calentar platos ajenos al baño maría.

Casi nadie escribe ya como Vicente Botín. Su elaborado texto tendrá un destino elitista que leerán en torno a 3.000 personas, 10.000 si tiene mucha suerte. A esta hora TVE repone en la 1 un bodrio musical enlatado de lucha generacional inventada entre discos de consumo. La 2 Parlamento, menos mal. Antena 3 anuncios. En las pausas de la publicidad, programación infantil. Cuatro: anuncios. En las pausas, programa estadounidense sobre cómo adiestrar perros. Telecinco repite Operación Triunfo. La sexta: entrenamientos del GP de Fórmula 1. Puro servicio público.

Ni un alfiler saldría de las fábricas, ni menos aún un coche, ni un bizcocho industrial, ni un programa de televisión, ni un sólo periódico, nada de lo producido se vendería en parte alguna, sin el esfuerzo de los trabajadores. Ésos a quienes se quiere despedir sin indemnización, a los que se les paga miserablemente y cuyas pensiones están seriamente amenazadas, por citar algunos ejemplos. No se trata de invocar, ni mucho menos, el comunismo y sus errores, pero sí de buscar equilibrios. Ya que no se moviliza, sea al menos la sociedad consciente de su fuerza y sus derechos. Tendrá que buscar por las rendijas del monstruo la información, pero existe. Estamos atrapados en el sistema. Millones de personas. Unos pocos deciden cómo ha de ser. ¿No es una incongruencia?

El gobierno da el golpe de gracia a TVE

No, no habéis leído mal, en realidad éste es el titular correcto. El desmantelamiento paulatino de la televisión pública en España, llega a su meta hoy cuando el Consejo de Ministros ha decidido que la cadena estatal no emita publicidad a partir del año próximo. Bien estructurada, sería una medida acertada, ninguna televisión debería inundarnos de publicidad, ya lo expliqué un día aquí: la publicidad es spam. Pero resulta que es la que paga y todo se hace en función de ella, consagrando el modelo: la sociedad de consumo. El mecanismo adoptado para la teórica supervivencia de TVE es que contribuyan a su mantenimiento las cadenas privadas –que también parece lógico dado que, aunque lo olviden, están definidas como servicio público y son las que buscan el beneficio como objetivo prioritario-. También los teleoperadores que se han apresurado a decir que nos lo repercutirán en la factura.

En consecuencia, la medida suscita un profundo rechazo. En las privadas porque, a pesar de lograr su reiterada petición de que TVE redujera su publicidad -para ganar aún más-, van a tener que aflojar el bolsillo. En las compañías de telecomunicaciones –Telefónica, Vodafone y demás-, que braman aunque anuncian que lo pagarán los ciudadanos… y algo más: amenazan con despidos en sus plantillas, la obscena forma de presión de los empresarios. Y en los españoles porque tampoco quieren costear un servicio que no les gusta, o no les ofrece una oferta demasiado diferenciada. Todos descontentos ¿qué queda?… El autor de este modelo es Nicolás Sarkozy, que tiene poco de socialista.

D. Quijote de la Mancha, los Gozos y las sombras, Fortuna y Jacinta, Historias para no dormir, Doce Hombres sin piedad, el Rinoceronte, Eloisa está debajo de un almendro, La cabina, El asfalto, Historias de la frivolidad, Un dos tres, Escala en hifi, Mariona Rebull, la Sra. García se confiesa, la bola de cristal, la mandrágora, metrópolis, la edad de oro, Érase una vez el hombre, El hombre y la tierra, La clave, Informe Semanal, En portada… retransmisiones, todos los eventos deportivos importantes, todos los hechos noticiables ocurridos en el mundo vistos en directo, desde la llegada del hombre a la luna al 11-S norteamericano… Para hacer esto hace falta dinero. Y las privadas no lo invierten porque es caro.

Cada uno compondrá la propia historia de sus recuerdos de TVE hasta hacerla exhaustiva. Algo hizo bien la televisión pública a pesar de las muchas agresiones sufridas. Entre ellas, la mala gestión en muchas épocas –incluso corrupta- y la manipulación política. Había que cambiar el rumbo pero ¿mermando su influencia a favor de las privadas?

UN POCO DE HISTORIA.

Tras la puesta en marcha de canales autonómicos en 1983, el monopolio estatal de televisión se rompe definitivamente con la ley de 3 de Marzo de 1988 que liberaliza el mercado televisivo. A principios de los noventa empiezan a emitir Antena 3 y Telecinco, antes de acabar el año lo hará Canal Plus, de pago por visión, salvo los informativos y algún programa. Más adelante entran en el juego Cuatro y La sexta.

El primer día de Antena 3 ofrece, desde las 8 de la tarde, la presentación de su director general Manuel Martín Ferrand, luego noticias con José María Carrascal, la picota, la ruleta de la fortuna con Mayra Gomez Kempt, Y con el bebé son cinco, la tarántula de Antonio Herrero, un show de Juanjo Menéndez y videoclips hasta la despedida y cierre.

Telecinco se estrena el 3 de Marzo, media hora más tarde, a las 20,30. Con una gala inaugural, la película En busca del arca perdida, y boxeo.

No creo que nadie con espíritu democrático quiera el monopolio en televisión. Sólo lo conservan países como China, Cuba,Corea del Norte o Libia. La mayor parte de los de nuestro entorno tienen un régimen mixto de televisiones privadas y públicas. Y suele ser el Estado quien hace concesiones a las empresas privadas. La BBC británica –siempre el modelo- se financia por subvención estatal y por un canon que pagan los ciudadanos. Las privadas se agrupan en la ITA, que también es un organismo estatal y quien contrata a las empresas que gestionan la privada. Estas se nutren exclusivamente de la publicidad. Ambas variedades tienen una gran independencia financiera.

España va a tener entonces un régimen diferente. Desde que en 1983 se retira la subvención estatal para RTVE, se vino financiando sólo con publicidad. Se trabaja en realidad como soporte de los anuncios, como van a hacer las televisiones privadas. Pero ahora la archiconocida tarta se reparte y hay que atraer a las audiencias que… ven anuncios. Ésa es su prioridad. Como dice Ramón Colom, ex director de TVE, “no se programa para los espectadores, se programa para las agencias de publicidad”. Y eso necesariamente ha de cambiar los mensajes.

Hay seis potentes grupos mediáticos en España y todos están o han pasado por las televisiones privadas, en las que también participan todos los que mueven la economía, incluidos los bancos, por supuesto. En Junio de 1997 el Partido Popular privatiza, también, Retevisión, la red de difusión de la señal, que era una empresa pública -de todos los españoles por tanto- actuando en régimen de monopolio. La base que creó RTVE para que todos emitieran. No conozco a quien haya seguido la pista de esta empresa y sus beneficios. Las autonómicas están controladas por los poderes políticos locales.

Muchos de quienes se sientan ante el televisor a ver un partido de fútbol, un telediario, una película, ignoran el entramado de intereses que se esconde tras la pantalla. Poderosísimos grupos financieros, entrecruzados, participados unos por otros. Su forma de hacer va a ser distinta. El catedrático Ramón Gubert, lo definió con claridad: “Habían empujado mucho sus peticiones invocando la libertad de información, luego hemos visto que lo que invocaban de verdad era el derecho a la libertad de negocio”.

La televisión ha cambiado desde comienzos de la década de los 90. Es un fenómeno mundial que también sobreviene por los cambios tecnológicos. Los sociólogos no se ponen de acuerdo en si ha sido la televisión la que ha transformado a la sociedad o al revés: si ha sido la audiencia la que ha pedido otros contenidos. Cada cual puede sacar sus conclusiones. Yo creo que la televisión es «la madre del cordero», una de las principales causantes de la degradada sociedad actual. La televisión es ahora exclusivamente un negocio y por tanto exige costes baratos y más audiencia para vender lo que anuncia la publicidad. Proliferan los programas de entretenimiento sobre la información o la formación, nace y se expande la telebasura.

¿Qué fue primero la tele o la sociedad? El hombre y la mujer modernos quieren ahora, según los expertos, imágenes fácilmente digeribles y situaciones que les hagan vibrar y reaccionar, como la violencia, la sangre y el sexo. Y rechazan casi todo lo que les haga pensar. Es una sociedad hedonista, hija del aparente bienestar económico, pero en realidad cada vez más desequilibrada en la diferencia entre ricos y pobres, que ha olvidado el revulsivo de la Segunda Guerra Mundial y no parece conmoverse con los conflictos bélicos aislados que no les tocan de cerca, ni con el hambre y las injusticias que otros soportan. Ni casi con los suyos propios. Han logrado desactivarla por completo. No recibe información de calidad, no tiene opinión madura, se deja manejar y no reacciona.

4.150 trabajadores, algunos altamente cualificados, nos vimos obligados a marcharnos de RTVE -¡menos mal con lo que habría de venir!-, como les ha pasado a muchos otros compañeros de ya casi todos los medios informativos. El periodismo está en crisis pero ése es otro debate, o quizás el mismo. La consecuencia, insisto, es que la sociedad no está bien informada. Y no le importa.

   Los jóvenes ya no ven televisión, ha quedado para un reducto envejecido y escasamente formado, que son los únicos que la ven con asiduidad. Aunque para ellos es su principal fuente de información y de entretenimiento. Masa amoldable para ser aún más manipulada.

Era necesaria una televisión pública fuerte, de calidad, porque sería la única cuyo fin principal no fuera el lucro, sino el viejo axioma: informar, formar y entretener. Con un presupuesto de subsistencia y con todo el entorno en contra, imbuida de la moda -nada ingenua- de la trivialización  ¿qué futuro le espera? Y ¿qué necesidad había de anularla? La respuesta es ya un clamor y, en mi opinión, costituye uno de los más graves errores de Zapatero. Él sí se ha atrevido a realizar la tarea exigida que, sin duda, hubieran acometido los populares, aunque beneficiando a otros grupos distintos.

Día de Europa, algo más que una fecha

9 de Mayo. Día de Europa que, este año, precede a las elecciones. Se celebra desde 1985 en conmemoración de la llamada Declaración Schuman, por la que, en 1950, el entonces Ministro de Asuntos Exteriores francés daba el primer paso para la creación de una comunidad interestatal, la Comunidad del Carbón y del Acero, precedente de la actual UE. El inspirador había sido otro francés, Jean Monnet. Pensaban en conceptos como calidad e incluso mejorar las condiciones de los trabajadores de ambas industrias, pero, por encima de todo, que esta unión alejaría la posibilidad de otra gran guerra. Como todos los movimientos trascendentales de aquellos años –Declaración Universal de los Derechos Humanos-, nacieron como reacción a la terrible contienda, en el deseo de trabajar porque nunca más se repitiera. Es bueno recordarlo en estos difíciles días.

Desde nuestra modesta Europa en Suma, tuvimos una sesión el miércoles a la que llamamos “La hora europea”, algo así como el Happy Hour anglosajón. Y pudimos constatar una vez más que Europa es para buena parte de sus ciudadanos una idea difusa. No nos conocemos, no queremos o no nos hacen accesible saber qué hacen las Instituciones que tanto deciden sobre nuestras vidas –entre el 70 y el 80% del trabajo de los parlamentos nacionales son transposiciones de directivas europeas-. Hay que empezar por el abecedario, para luego unir letras y aprender a leer Europa, hasta llegar a sus grandes obras. Es una labor ilusionante que precisa de un mayor número de adeptos.

Francisco Aldecoa, Decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, es uno de ellos. El hecho de que las circunscripciones electorales sean nacionales o que no decidamos directamente quién va a ser la cabeza visible -el Presidente de la Comisión-, influyen, nos dijo, en que los ciudadanos no nos interesemos por los comicios europeos. Los partidos tampoco lo hacen. Envían viejas glorias o a represaliados a quienes se quiere compensar –y con una realmente sabrosa regalía-. Las campañas se hagan en clave nacional también, dilucidando en realidad quién ocupa o puede ocupar la presidencia del gobierno de cada país.

Asistieron sendos representantes de las embajadas británica y rusa, y una joven alemana que elabora una tesis sobre las relaciones interculturales. En casi todos los países, vimos, ocurre lo que en España. Algo menos en Alemania que se toma más en serio su representación europea. Angels García –que participó, en Bruselas, en la creación de los erasmus– nos contó que en Francia, cuando el referendum de la Constitución Europea, los ciudadanos fueron a las urnas profusamente informados, conocían al detalle el texto y lo habían discutido. Nosotros no sabemos qué votamos.

Pero también bajamos a lo más elemental: conocernos desde el “abecé” entre europeos. Alexander, el representante de la embajada rusa, relató la admiración que causa en su país la situación de la mujer española que en nada se parece a la de la rusa, en detrimento de ésta. Sus telediarios no se ocupan sólo de sí mismos y su entorno, así “abrió nuestros informativos la noticia de que una mujer y embarazada era ministra de Defensa en España”. “Las alemanas son igual que las españolas, los que NO SON iguales son los hombres alemanes y los españoles”, dijo con gran énfasis la joven alemana. Los hombres allí cogen permiso de paternidad y colaboran en las labores domésticas. Los británicos también contemplan expectantes las leyes progresistas españolas. Por cierto, ellos elaboran un informe anual sobre cómo les ven fuera –una interesante iniciativa-. Los españoles lo primero que decimos de ellos es que son ricos, y, después, fríos. William no lo es. Frío.

En nuestra eterna autocrítica nos gustó saber que hay dos cosas por la que España es enormemente valorada en el exterior. Una, es la forma de negociar. Esto también me lo había contado en un reportaje de Informe Semanal un catedrático sueco. Parece que somos de fiar -aunque nos parezca mentira-. Solemos mantener la palabra dada y rara vez se cambia al final como hacen otros.

Y luego está, sí, nuestra rara eficacia en la improvisación. Todos los extranjeros saben que aquí no se planifica con tiempo y se deja todo para el último día, pero les maravilla que se llegue al momento crucial siempre y con brillantez. Se relataron diversas anécdotas. Me quedó con la que contó Angels García: “Trabajaba con dos colegas, uno holandés y otro alemán –creo recordar- y sentía que ellos realizaban mejor que yo su labor por mucho que me esforzara. Pero a menudo llamaban a mi puerta la víspera del evento y, con la cara desencajada decían: Hay un problema. Y yo pensaba: Aquí entro yo, esto es lo mío. Y se resolvía.”. Nadie es más hábil en la improvisación, en la rapidez de soluciones, que los españoles. ¿Adonde llegaríamos si también estructuráramos con antelación, método y medios  los proyectos?

Una hora europea, densa y liviana, que nos divirtió e hizo aflorar nuevas ideas. Conocer otras culturas y formas de pensar ensancha horizontes. Cuantas más fronteras alejemos, más grandes seremos. Y más ricos en lo que de verdad cuenta.

¿Es España un país de profesionales capacitados?

El ex alcalde de Marbella, Julián Muñoz, va a participar como ponente en un curso de verano de la Fundación Universidad Rey Juan Carlos. Se celebrará este verano en Aranjuez. ¿De qué hablará Muñoz? De corrupción. “Periodismo y corrupción política” es el tema del seminario que contará con otros expertos en la materia. Julián Muñoz lo es. La poco dinamizada Universidad española ha tenido esta vez una idea revolucionaria que, por otro lado –o por el principal-, asegura a este curso un éxito mediático: llamar a un perito en corrupción, alguien que lo ha vivido como autor protagonista, conoce sus entresijos, la optimización de los recursos de los que dispone para delinquir. Un auténtico profesional.

 No vivimos en un país de especializaciones, de profesionalidad. Al menos en algunos terrenos fundamentales. Analizemos el atrapado lapsus del Presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, este miércoles. El micrófono abierto ante un millar de empresarios permitió escuchar lo que piensa: el problema de la economía no es «la grave crisis, sino los años de Zapatero» y quien realmente sabe es la ultraliberal Esperanza Aguirre que es “cojonuda”. Díaz Ferrán fue elegido para representar a sus colegas, alma de una economía de mercado. Le son exigibles criterios técnicos y no son permisibles opiniones emocionales. Ésas deben quedar para el café con los amigos. Su frase revela que el presidente de los empresarios ignora muchos puntos fundamentales:

La crisis financiera mundial provocada por sus homólogos del llamado mundo civilizado, incuestionablemente. La génesis de la debacle económica española –con la burbuja inmobiliaria inflada por muchos de los suyos, alentada por la Ley de 1998 del PP, tolerada ampliamente por los gobiernos del PSOE-. Si no ha interiorizado que las economías sólidas se basan en industrias productivas, y no en la fabricación de aire, y eso ataña a las políticas empresariales. Si no sabe que las empresas españolas se sitúan a la cola de Europa en inversiones en innovación y que eso representa el futuro.  Si no ha advertido que ningún país del mundo osa ahondar en recetas neoliberales para paliar la crisis. Si desconoce también que no se puede seguir pidiendo sacrificios a los trabajadores peor pagados de la Europa de los 15, de los que llevan casi un cuarto de siglo en Bruselas, superando en salarios sólo a los de Grecia y Portugal. Si todo eso queda nublado por su pasión política dedicada a aquellos que pueden perpetuar al límite la situación. Pero, a la vez, si no se ha enterado de que las cosas se han llevado a tal extremo que hasta los organismos internacionales alertan de un estallido social sin precedentes… es que no está preparado para el cargo que ocupa. No es un auténtico profesional de la presidencia de un colectivo tan decisivo.

En España tenemos también a periodistas y dirigentes de medios informativos que confunden el periodismo con la propaganda y los intereses económicos. A sacerdotes y obispos que dan mítines políticos en lugar de predicar la doctrina de su fundador, Jesucristo. A jueces y demás profesionales del Derecho que también se guían por criterios emocionales. Políticos como Vidal-Cuadras que optan a repetir en Europa alabando al Berlusconi de las modelos descerebradas porque “dan espectáculo” y Europa, piensa, lo necesita. Si somos el reino de la chapuza en muchos oficios… ¿nos podemos llamar un país de expertos y profesionales? ¿Ofrecemos garantías? ¿Se puede confiar en nosotros? ¿Y en nuestro futuro?

Afortunadamente hay médicos que se dedican a curar, vendedores capacitados, agricultores que se dejan la piel en el campo, jóvenes innovadores, buenos profesionales en muchas materias que, a veces, tienen que luchar en exceso por superar la tendencia general. Ellos son el tejido que argamasa este país. Pero obstaculizando el camino se encuentran quienes ocupan puestos decisorios sin capacitación real para el puesto. La Universidad Rey Juan Carlos ha encontrado para hablar a un auténtico experto: Julián Muñoz. De la corrupción. Ahí si podemos presumir de avezados especialistas. Incluso con fama internacional.

Actualización 8 de Mayo.

   Julián Muñoz no actuará como ponente en los cursos, seguramente ante el revuelo armado. El director del curso Juan Luís López Galiacho, dice ahora la socorrida frase de que se «malinterpretó» y que el ex alcalde marbéllí nunca fue contemplando como ponente. Sin embargo…

 » El dossier de prensa que se entregó a los periodistas que asistieron ese día a la presentación de los cursos, en Madrid, incluía también al ex alcalde de Marbella en el apartado de «otros ponentes» del curso «Periodismo y corrupción política», que se celebrará en Aranjuez entre el 6 y el 10 de julio».

Nuevo contrato social del siglo XXI

No estamos solos.

(Aconsejo suprimir el sonido o leer más abajo)

Este Contrato Social es un acuerdo tácito que firmamos cada mañana, simplemente, no haciendo nada. Destaca los efectos de nuestra innegable predilección por la comodidad, la indiferencia, la ceguera, la sumisión y la idiotez de todos nosotros.

Nuestro Contrato Social dice:

1.- Acepto la búsqueda desesperada del beneficio propio como fin supremo de la Humanidad y la acumulación de riqueza como la máxima realización de toda la vida humana, aunque soy consciente a veces de que este funcionamiento engendra dolor, frustración y cólera a la inmensa mayoría de los perdedores.

2.- Acepto la exclusión social de los marginados, de los inadaptados y de los débiles, porque considero que la carga que puede asumir la sociedad tiene sus límites y ellos deben quedar excluidos.

3.- Acepto que tiremos diariamente toneladas de comida para que los precios e índices bursátiles no se derrumben, en vez de repartir esa comida a los necesitados e impedir que millones de personas mueran de hambre.

4.- Acepto el dominio del petróleo en nuestras economías, aunque sea una energía costosa, sucia y contaminante; y estoy totalmente de acuerdo en impedir todo intento de sustituirlo por otras mejores fuentes de energía. Si se descubriera un medio gratuito de producir energía, es evidente que sería nuestra perdición.

5.- Acepto que se divida a la opinión pública creando partidos de derecha y de izquierda, que tendrán como pasatiempo la pelea entre ellos, haciéndome creer de esta manera, que el sistema está mejorando y avanzando.

6.- Acepto que la idea de «la felicidad» se reduzca a la comodidad; acepto que «el amor» se reduzca al sexo; y acepto que «la libertad» se reduzca a la satisfacción de todos los deseos, como me repite la publicidad cada día. Consumiendo sin desmayo contribuyo al sano funcionamiento de nuestra economía.

7.- Acepto que el valor de una persona sea siempre proporcional a su cuenta bancaria y que se aprecie su utilidad en función de su productividad y no de sus cualidades.

8.- Acepto que se premie exageradamente a los deportistas famosos y a los actores taquilleros y se recompense con suma prudencia a los profesores y médicos encargados de la educación y la salud de nuestras futuras generaciones.

9.- Acepto que se destierre de la sociedad a las personas mayores, cuya experiencia y sabiduría en absoluto necesitamos puesto que somos la civilización más evolucionada del planeta (y sin duda del universo).

10.- Acepto que se me muestren las noticias más negativas y aterradoras del mundo todos los días, para que así yo pueda apreciar cuánta suerte tengo de vivir en Occidente. Sé que mantener el miedo en nuestros espíritus es realmente beneficioso para todos nosotros.

11.- Acepto que los industriales, militares y jefes de Estado celebren reuniones regularmente para que, sin consultarnos, tomen decisiones que comprometen el porvenir de la vida, la salud y el bienestar del planeta y de todos nosotros.

12.- Acepto que se haga la guerra para así hacer reinar la paz. Acepto gustoso la muerte de todos aquellos seres humanos que los gobiernos decreten que son mis enemigos.

13.- Acepto también que el primer gasto de los Estados sea el de defensa y que los conflictos se creen artificialmente para deshacernos del enorme stock de armas y así poder renovarlo y hacer que la economía mundial siga avanzando.

14.- Acepto que los bancos internacionales presten dinero a los países que quieren más armas para combatir. Soy consciente de que es mejor financiar a los dos bandos en conflicto para así estar seguros de ganar dinero y prolongar los conflictos el mayor tiempo posible, con el fin de poder arrebatarles finalmente sus recursos si no pueden devolver los préstamos recibidos.

15.- Acepto que las multinacionales se abstengan de aplicar los progresos sociales de Occidente en los países desfavorecidos, pues que ya es una suerte para ellos que los hagamos trabajar. Prefiero que se utilicen las leyes vigentes en esos países pobres para hacer trabajar a los niños en condiciones inhumanas, miserables y precarias. No nos está permitida ninguna injerencia en los asuntos privados de esos países en nombre de los derechos humanos.

16.- Acepto que los grandes laboratorios farmacéuticos y los industriales agroalimentarios vendan, en los países más empobrecidos, los productos experimentales, los caducados o los que contengan substancias prohibidas en Occidente.

17.- Acepto que el resto del planeta, es decir más de siete mil millones de individuos, puedan pensar de otro modo a condición de que no vengan a expresar ni a compartir sus creencias y nociones filosóficas primitivas en nuestra casa.

18.- Acepto la lenta pero segura destrucción de los bosques, la extinción de especies animales y la casi desaparición de la vida en nuestros ríos y océanos. Acepto el aumento de la polución industrial y de la dispersión de venenos químicos y de elementos radiactivos en la naturaleza, como algo necesario y natural.

19.- Acepto toda esta situación porque creo y supongo que no puedo hacer nada para cambiarla o mejorarla. Acepto ser tratado, a diario, como ganado, porque también lo aceptan todos los demás y porque definitivamente pienso que las mayorías deciden y lo hacen con enorme sabiduría y razón.

20.- Acepto este nuevo Contrato Social con los ojos cerrados, sin plantear ninguna objeción, porque siempre he preferido ver la realidad de las cosas tal como el sistema me las presenta y además porque estoy demasiado ocupado con mi subsistencia y con el resto de mis preocupaciones.

Líderes políticos del mundo:

Sé que todos ustedes sólo actúan por mi bien, por el de todos,

y por el del sistema. Por eso les doy las gracias.

Nuestro silencio es nuestro suicidio.

El virus del populismo

El virus ha llegado ya incluso a la civilizada Suecia. La crisis golpea a todos los partidos en el poder que, en Europa, son conservadores, con la excepción de España, Portugal, teóricamente Gran Bretaña, y ahora Islandia. Domina en las grandes locomotoras –casi sin fuelle en este momento- Francia y Alemania, y en el Parlamento Europeo. En Suecia, tras décadas de la socialdemocracia en el poder, ganaron los liberales. Nunca habían conocido allí tales dificultades económicas, achacables como en el mundo entero en gran medida a la debacle financiera internacional. Y los liberales suecos bajan en intención de voto. Pero también lo hacen los socialdemócratas. Quienes están subiendo son los llamados Demócratas Suecos (SD), un partido populista, nacionalista y de derechas. En la vecina Dinamarca sucede lo mismo, con el Dansk Folkeparti, Partido del Pueblo Danés.

Nacido, como casi todo en política, en la antigua Grecia, el brote poplista mutado con los peores gérmenes, resurgió en America Latina. Según los teóricos hay un populismo positivo y otro negativo, lo cierto es que ideológicamente zigzaguean sin ningún complejo y basan su poder en la manipulación emocional del pueblo, en la más pura demagogia.

Cuando llegó al gobierno de Venezuela Hugo Chavez, yo presentaba el telediario internacional de TVE, donde informábamos a diario de sus hazañas, como de las de todo el continente americano. Me sorprendió que un militar golpista se proclamara de izquierdas, pero me aterré al ver que una de sus primeras medidas fue dar instrucción militar a los niños en los Colegios. No sé si persiste en ello. Y no lo sé porque es extremadamente difícil encontrar información de innumerables aspectos decisivos en el mundo que no sean la media docena que deciden las Agencias de Prensa internacionales.

Un ejemplo. Tras una hora entera de buscarlo, apenas me queda claro cuál es la ideología de Rasmussen, presidente danés, próximo Secretario General de la OTAN y opción de la izquierda europea –a excepción de Zapatero- para presidir la Comisión en pugna con Durao Barroso, que no es poca su potencial influencia, Al final concluyo que es un liberal con tendencias socialdemócratas al estilo británico. Pero no soy capaz de encontrar con quién formó gobierno de coalición en su país, si lo hizo con el populista de derechas. Están ahí al lado y no nos cuentan nada. Pero ésta es otra historia.

Bien, Panamá acaba de elegir a un multimillonario presidente de Gobierno. Es conservador, pero lo primero que ha declarado es que “no es de derechas, ni de izquierdas”. Otro populista.

En España tenemos a Rosa Díez, populista de manual, beneficiándose de la crisis de los partidos tradicionales. Son ellos los culpables de su miseria –que se convierte en la nuestra-, con sus estructuras obsoletas, con sus peleas fuera de la realidad que hastían a los ciudadanos. Se sitúan en una urna de cristal en la estratosfera, de donde bajan para utilizar también técnicas populistas –ejemplo paradigmático: Esperanza Aguirre, pero son muchos los que lo practican-.

La política vendría a ser la forma de afrontar las vías para lograr un fin determinado dirigido a la sociedad, su bienestar y su progreso. Y la hay de izquierdas y de derechas. Más o menos impuestos, mayor o menor gasto público, para afrontar medidas sociales o suprimirlas, primar los intereses de los trabajadores o los de la clase dominante que genera mayor riqueza en el país, son, como todos sabemos, las diferencias.

Nos impregna la política, nos satura, y, sin embargo, no es de política de lo que nos hablan buena parte de los políticos. Por eso triunfa el peligrosísimo populismo.

La Cuarta página de El País hoy nos cuenta, en un artículo esencial, el fracaso de las políticas, el desprestigio del capitalismo, las desigualdades como germen de una auténtica prerevolución en ciernes, y nuestro enclaustramiento en los límites de nuestro propio Estado como causa principal. Así concluye:

“La vida misma ha perdido el control en ese anhelo permanente de obtener cada vez más y más. Ahora cabe preguntarse: ¿dónde están los movimientos sociales que esbozan una modernidad alternativa? De lo que se trata es de cosas tan concretas como de las nuevas formas de energía regenerativa, pero también de fomentar un espíritu cívico que supere las fronteras nacionales. Y de cualidades como la creatividad y la autocrítica, para que temas clave como la pobreza, el cambio climático o civilizar los mercados tengan un lugar central”.

En resumen: el papel de la sociedad no puede ser suplantado por el populismo político -siempre reductor y localista, amén de otros muchos males-. La sociedad, la política y la prensa deben quitarse las orejeras que dirigen la vista al propio ombligo y tener mayor amplitud de horizontes. El nuestro es Europa. Y la política tiene que reaccionar acercándose a los ciudadanos, tratándoles como adultos, y haciendo política, si es que algunos recuerdan ya lo que era. Porque es mucho lo que todos nos jugamos.

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¿Somos Europa?

  DINAMARCA

    Sin duda es una iniciativa simpática para llamar la atención y lograr mejor el objetivo, pero resulta ilustrativa. Los policías daneses de la ciudad de Aalborg abrazan a los ciclistas que no usan casco y, a continuación, les regalan uno.

   Este complejo se encuentra en Austria. Tras ver las fotos hay que adivinar a qué fin se dedica.

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La última foto da la mejor pista por las rejas: es una cárcel.

Tercer y último ejemplo: Alemania

  Una potencia económica fuerte -no basada en el ladrillo especulativo sino en la industria- que a pesar de todo registra ya un índice de paro del 8,6%, en crecimiento, que preocupa mucho a los ciudadanos.

 Alemania potencia la reducción de jornada contra el paro, y puede que por la calidad de vida. «El gran recurso contra el paro se llama «Kurzarbeit». Se trata de la reducción de las horas de trabajo de los empleados de una empresa, con la consiguiente rebaja de sus honorarios. El gobierno federal apoya esta medida como medio para reducir los costos de producción de las empresas. Pueden acogerse aquellas que hayan perdido más del 10% de sus ingresos mensuales como consecuencia de la crisis. Si un empleado trabaja el 40% de las horas habituales, la empresa le paga sólo el 40% de su sueldo. El estado paga al empleado cierta cantidad en concepto de complemento de sueldo y también parte de sus contribuciones e impuestos sociales. El sistema está limitado a 18 meses, pero el Ministro de trabajo Olaf Scholz va a ampliarlo a 24 meses. En el sistema de «Kurzarbeit», el total percibido por el trabajador es siempre inferior a su sueldo habitual, pero es mejor que quedarse sin trabajo. Hay 700.000 alemanes insertos en este sistema, pero se han recibido 1,7 millones de solicitudes, por lo que pronto afectará a más de dos millones de trabajadores».

  Más información sobre las medidas alemanas aquí.

  Los hay que están peor que nosotros, pero yo al menos es a esta Europa a la que me quiero parecer, con sus inconvenientes, que los tiene. No os deprimáis, que se puede… remendando unas cuantas cosillas. Sólo llevamos algunos años -¿siglos?- de retraso y ya hemos hablado mucho de porqué. Las elecciones son el 7 de Junio.

(Gracias Concha y Camino)