Nosotros Somos el Poder

A raíz de un post anterior, se ha suscitado un debate que varios encontramos muy interesante (aquí lo tenéis). En definitiva, responde a una pregunta ¿Qué puede hacer la sociedad para solucionar el problema que le han endosado y que está empobreciendo nuestras vidas y nuestras libertades?

La propuesta de hacer temblar al sistema utilizando sus propios mecanismos, se enfrenta a la dificultad del aplastante poder que ejercen unos pocos. El grande machaca al chico, y más si osa levantarle la voz. Aún funciona así. Solo que… nosotros somos el poder. Es nuestra la decisión de comprar, vender, invertir, sacar, usar, votar. Y la unión en Red brinda posibilidades que ni nosotros mismos creemos.

Parece ser que un desprotegido ciudadano, unos cuantos desprotegidos ciudadanos, se enfrenta si quiere acometer acciones un tanto fuera del canal prefijado, según decía un comentario, a esto: “delito de maquinación para alterar el precio de las cosas”.

Bien, en España se maquinó para alterar el precio de las viviendas y no ocurrió absolutamente nada con los responsables. Una vez más enlazo, como “los mercados”, maquinaron –hasta con declaraciones a los medios, al Wall Street Journal en concretopara alterar el precio del euro, y maquinan sin cesar para alterar el precio de los países con sus seres humanos dentro. ¿Sufrieron las consecuencias? Ni por asomo, todo lo contrario. Pero a nosotros nos tocaría la parte estrecha del embudo.

La sugerencia que lanzo es empezar por crear algo pequeño, un negocio. El sistema, hoy desbocado, solo se puede cambiar, mejorar desde adentro. Con aportaciones de 100 euros por ejemplo, o lo que se estipule. En régimen de cooperativa. Con alguien, o algunos más bien,  que conozca entresijos legales, gestión y acredite su honradez. Con realismo. Un negocio que dé trabajo o futuro a alguno de esos ninis” españoles que copan en la cumbre la vergüenza europea. A los emprendedores. A algunos a los que ha apeado el sistema por incómodos o caros. A los prejubilados de los mil y un ERE que pueden utilizar su experiencia en algo más que en ver cada tarde “Amar en tiempos revueltos”. En modo alguno alteramos, así, el precio de nada. Y es libre mercado en estado puro.

Un negocio limpio, legal, aportativo, que sirva de base para que nazcan otros. Extender la Red. La Red permite reproducciones fractales. Crecer hasta donde podamos. Influir cuanto podamos.

Siempre hay alguien dispuesto a invalidar una idea. Con ahínco. La fuerza de la unión puede, sin embargo, mantenerla. En el mundo líquido en el que vivimos los proyectos no cuajan igual y mutan de la idea original, lo sabemos. Además, la espita con un poco de oxígeno llegará cuando la abran todos los neoliberales ya aposentados en todos los poderes. Para dejarnos respirar un poco, y seguir ahogando un poco más en cuanto nos descuidemos.

Ésas son las dificultades, según las vemos algunos, pero no se puede desestimar de entrada la gran oportunidad de emprender algo nuevo. Que puede salir bien. Aportad ideas, sugerencias, pros y contras. Objetivos concretos. Con una base cierta: Nosotros somos el poder. Es absurdo entregarlo y resignarse.

El banco de los ciudadanos hartos y cabreados (BCHC)

Acabo de detectar que alguien ha encontrado mi blog tecleando en Google “ciudadanos hartos y cabreados”, figuro en quinto lugar de las búsquedas. Y no soy consciente de haber empleado la palabra cabreados, igual fue en un comentario. Quienes me quieren me alertan de la preocupante deriva que he emprendido irritándome por las barbaridades que contemplo a diario. Seamos positivos. Y sobre todo prácticos, que esta vida son 4 días y previsiblemente ya he vivido 3. A menos que los espectaculares avances en investigación genética me echen una mano, y, al tiempo, no me atrape una gripe de la que nadie quiera saber la paternidad.

Entiendo que la forma óptima de empezar a salvar el mundo y la sociedad –dada su inacción- es utilizar los mecanismos del propio sistema. Lo primero por tanto es crear un banco. Aquí tenemos los requisitos que se precisan. Encontrar alguien con experiencia bancaria, financiera o económica no será mayor problema, parece que con esos conocimientos sólo son precisas tres personas. El principal escollo aparentemente es juntar 3.000 millones de pesetas, así viene en la ley de 1995. Es decir, 18 millones de euros. 18 millones de ciudadanos hartos y cabreados no somos, que sería lo más asequible, pero puede que 1.800 sí. Tendríamos que poner cada una 10.000 euros. Es mucho, aunque según se mire. Pensemos en 18.000 personas que nos toca a 1.000 euros. Los partidos grandes alcanzan hasta 10 millones de votantes, ¿no vamos a conseguir los ciudadanos hartos y cabreados 18.000?

De cualquier manera se trata, como digo, se aprovechar el propio sistema. Vamos con 1.000 euros a un banco y pedimos un crédito de 6.000. Con esos 6.000 a otro banco, y lo aumentamos a 10.000. Si nos juntamos 18.000 personas, podemos reunir fondos, no sólo para crear el banco y el papeleo sino también para una sede. Hagámosla de diseño, distinta, en un parque, en un mercado. Aunque probablemente es mejor no despertar sospechas, una sede de piedra y madera noble será más aconsejable. Alquilada, por supuesto. Cualquiera de las sucursales que están cerrando.

Atrevámonos a ingresar nuestras nóminas y ahorros –de tenerlos-, a facilitar créditos humanos. El BBVA ganó el año pasado, con la crisis, mucho menos que en ejercicios anteriores pero se llevó 5.414 millones de euros. Nosotros vamos a ser modestos en nuestros inicios, pero también conseguiremos sustanciales beneficios. Además, inmediatamente, vamos a acudir a pedir fondos de subsistencia al gobierno, ningún banco pierde dinero. Sacamos la pasta propia invertida –por seguridad- y funcionamos con la subvención o aval estatal.

Nos unimos a continuación a un grupo de comunicación. Logramos prebendas e influimos en su línea editorial para lograr más beneficios, más poder para cambiar algo. Incluso podemos crear uno nuevo, innovador, honesto, realmente informativo. Procuramos, entretanto, seguir favoreciendo a los clientes. Sin engañarles con productos trampas, y facilitando sus inversiones y proyectos. Ya estamos instalados. De producirse trapicheos y desfalcos -la terrible condición humana-, nos hayamos a  salvo de Hacienda y de  la justicia, mucho más que si robamos una pera en una frutería. Creamos una fundación anexa al banco para desgravar impuestos. Y contratamos a los mejores abogados para que nos salgan las cuentas a devolver. ¿Què tal si también formamos o nos anexionamos a un partido polìtico, con sus sueldos e influencias? De todos modos, nos irá igual de bien sea cual sea quien ocupe el gobierno. Los bancos tienen bula.

Entretanto copiamos toda idea que esté en la red o que nos hayan facilitado en las entrevistas y reportajes que nos hagan –si es que queda en activo algún periodista imaginativo-, y les plantamos nuestro propio copyright: “idea original”. Más pasta. Ya para invertir en el propio “banco de los ciudadanos hartos y cabreados” que prosperará lo indecible. O para lo que nos apetezca.

Ya consolidados, empezaremos a poner dinero en proyectos que ayuden efectivamente a la sociedad. Ahogaremos a las empresas que expulsen a los trabajadores como represalia política, ayudaremos a los pequeños emprendedores. Atraeremos, con los nuevos métodos, un gran número de clientes. Con nuestro poder económico y mediático –social también en nuestro raro caso-, presionaremos a los gobiernos para que efectúen cambios.

 Realmente relaja encontrar una vía de escape, de resolución de problemas. Me voy a dormir más tranquila, veo un camino para salir del túnel.

Actualización 10 de Mayo:

  Ya soy la primera opción para la búsqueda de “ciudadanos hartos y cabreados”. No sé si ése era el objetivo. Preferiría “resolución de problemas para los ciudadanos hartos y cabreados”. Pues sí, tambien aparece el periscopio en primer lugar. Menos mal.

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