Doblar el cabo, un viaje a la madurez

Me pide Gabriel que hable en el blog de los ancianos, que le ayude en su loable empeño de mantenerlos activos e ilusionados. Y… yo tengo un problema con ese asunto. Cada día contemplo el paso del tiempo en los rostros, cuerpos –y en algún caso en las mentes- de personas que conozco, y no lo encajo. Ver al lúcido Antonio Mercero –y a tantos otros- convertidos en bebés, me produce una pena infinita. Qué decir del brillantísimo -y tan injustamente tratado- Adolfo Suárez.  Y de tener que despedir para siempre  a personas que quieres, o aprecias, o valoras. No entiendo la injusta cinta sin fin que nos va arrojando al abismo para hacer sitio, y mucho menos el deterioro como guinda al pastel. Posee un cierto equilibrio sádico: la cinta no se para, a todos toca antes o después, aunque durante gran parte de la vida parezca algo muy lejano. Para eso, como consuelo, inventó la mente humana la fantasía de otra vida sobrenatural. Doblar el cabo, un viaje a la madurez. Era el título de uno de mis primeros libros que la desquiciada editorial dejó… en otra cosa. Me preocupaba ya el tema. A las mujeres nos obligan a envejecer desde los 35 años.

Aunque las mujeres, como digo, nos vemos más afectadas en la consideración social al envejecer, todos los seres humanos parecen ser víctimas de un virus maligno cuando llega el mediodía de la vida, la hora de doblar el cabo, entre los 40 y los 50. Nos ha tocado la peor época posible para ser maduros: vivimos en el reinado de la juventud y la belleza, aunque luego se fustigue a sus poseedores con toda suerte de trabas y carencias.

Tras el regalo que trajo el desarrollo de prolongar la juventud, o con más precisición, detener la vejez, en cuanto asoman arrugas y canas se nos arrincona en el gueto de los fósiles. Los psicólogos decían que a esa edad es cuando suelen abandonarse los sueños. Soportamos un tiempo, sin embargo, en el que nadie parece tenerlos. Puede que sean más vibrantes todavía en aquellos hijos del rock and roll y la represión, afanados en luchar y construir contra todas las dificultades.

Betty Friedan, en «Las fuentes de la edad», se hacía una pregunta interesante: “¿Por qué el ser humano es la única especie que tiene un período de vida tan largo, de 20 a 30 años, después de la etapa de la reproducción? ¿Es la vejez un accidente o un avance evolutivo? ¿Y por qué unas personas, después de los sesenta, continúan tan jacarandosas y otras andan decrépitas y asustadas?» La lotería de la salud (física y mental) escasea sus números de la suerte conforme avanzan los años, se tienen más enfermedades y achaques. Pero parece cierto que los intelectuales suelen mantener su capacidad de raciocinio hasta edades muy prolongadas. No siempre, no es regla fija.

El escritor José Luis Sampedro es un anciano joven, lúcido y luchador. Acaba de cumplir 93 años y continúa haciendo alegatos contra todas las injusticias, sigue poniendo su fama y su prestigio en una serie de causas que regala a los que seguirán en la búsqueda de un mundo mejor.

Tengo algunos referentes más. La madre de mi amigo Juanjo, de 94 años. Compra, cocina, cose, corta patrones, y piensa y razona con enorme perspicacia. Y Miguel Cruz. Él no lo sabe, pero cada vez que voy a nadar le busco, porque verle me reconforta. Le entrevisté para un reportaje –premiado- sobre “Un cuerpo para toda la vida”. Así supe de él, no suele relacionarse con nadie. Deben ser 92 años los que tiene ahora. Cada día toma su autobús, va al gimnasio, hace pesas, va al agua siguiendo un medido ritual. Camina ligero y seguro. Es catedrático emérito de Historia del pensamiento islámico, y me cuenta que de vez en cuando aún le llaman para dar conferencias. O Enrique Meneses con un alma luchadora y el periodismo puro en la sangre que obvia las limitaciones de su salud. Mi querido José Antonio Rodríguez, más joven que éstos, rodeando el mundo y saboreando paraísos ignotos, como un chaval… sabio.

Son muchos, ahora que lo pienso. Cada vez más. En general, la llamada tercera edad ha sido rescatada del olvido y el arrinconamiento, exprime el jugo de los días e incluso se lanza a repescar el amor que la tradición les niega. Todos ellos viven como quieren vivir, saboreando la vida hasta el último día. Aunque no dejo de pensar, como tantos otros, que “envejecer es una putada” a la que hay que echar filosofía. Es mejor estar que no estar. Casi a eso se reduce.

“¿Qué queda? Más música, más libros, más ideas, más afectos”, me respondió un día George Moustaki. O Manuel Vicent, en el mismo reportaje que Cruz: “Para mi ser joven es simplemente tener una salud aceptable, según la edad, y sobre todo tener proyectos, proyectos que no sean darle migas al canario en un parque, ni jugar a la petanca, proyectos aportativos, que te levantes con una idea de que estas aportando algo positivo a la sociedad”.

Desde hace algún tiempo prefiero el otoño sobre todas las estaciones, y agradezco cuando –como ahora- nos lo regala la primavera. Lluvia apaciguadora, frescor en la cara, la experiencia del tiempo transcurrido, la -siempre incierta- promesa del futuro. Apuntalando las alas si es preciso, porque, con ellas quebradas, no se puede volar. La sabiduría como savia para engrasarlas. Pero… todavía no lo asumo.

SATURNO

Es adusto y es taciturno

Dueño del tiempo, tiempo cruel

Nombre hermoso el de Saturno

Pero es un dios, cuidado con él.

Y si el tiempo al seguir su rumbo

De vez en cuando al descansar

Se entretiene matando rosas

Es por matar tiempo sin más.

Y hoy a ti te tocó mi amada

Pagar el pato de su crueldad

El tiempo no perdona nada

Y en tu pelo una cana más.

Los poetas todos cantaron

Las flores del tiempo otoñal

Cuando te miro, yo proclamo

Flor de mi dicha, que es verdad.

Ven otra vez, mi amor, mi vida,

Ven, vamos juntos al jardín,

A deshojar la margarita

Del veranillo de San Martín.

Si tú eres la preferida

Que pase el tiempo que más da,

Deja a Saturno vivir su vida

La nuestra en nuestro amor está

Y las mocosas de hoy en día

Por mi pueden irse a pasear.

Quién mejor la cantó fue su autor: George Brassens (no permiten insertar el vídeo directamente).

Víctimas de la «consumopatía»

¿La civilización actual?

¿La civilización actual?

Una noticia de 20 minutos ha confirmado –entre líneas- lo que sospechaba: Madrid es la comunidad con más centros comerciales por habitante: 97. Habla, por supuesto, de grandes megacentros que acogen a grandes estructuras que, a su vez, diseminan sucursales por toda la ciudad. Son como el hiper de los centros comerciales. Yo voy cuando necesito anestesiarme. Es mano de santo. Música alta para que no se oíga, que compite en ordinariez. E infinitas ofertas que uno termina por no ver. Pero ya no hay cabida para ningún pensamiento elaborado. Es un descanso. Degradante, como el sistema que nos envuelve.

Lo escribí cuando las calles se fueron quedando sin cines, para llevarlos, por supuesto a estos templos del consumo. Hasta los años 80 no conocimos su existencia. Los primeros fueron hipermercados de alimentación. La cosecha desde entonces ha sido fecunda, desbordante. Cada carretera de salida dispone de su conglomerado de centros. Siempre los mismos, aunque ostenten nombres diferentes: Las Rozas Village, Madrid Xanadú, Plenilunio, Espacio Torrelodones, La Gavia, Rivas Futura… y dentro, siempre, Carrefour, Alcampo, Mercadona, Caprabo, Eroski, Media Mark, todos juntos o en cuotas. Una vez dentro, uno no distingue si se encuentra en Vallecas o en San Sebastián de los Reyes, en Valencia, o en Cádiz. En los cascos urbanos sucede lo mismo. Cada cuatro pasos un Zara, un H&M, un C&A. Cada cuatro pasos. Se derrumba un cine, y aparece una tienda. Se tumba un teatro y emerge otra tienda más. O un banco, por supuesto.

En las ciudades europeas, encontramos el mismo paisaje: todas se han uniformizado. Y no sólo las capitales de país. En Malmo (Suecia) en Colonia (Alemania), Zara, H&M, C&A. Preguntas en cualquier parte adonde viajes, en España y fuera de ella, por el centro histórico. Y la nube de cadenas comerciales, ropa, bisutería, zapatos, bolsos, te envuelve. Todas son iguales. El comercio local, que aportaba alguna diferencia (estética y hasta de oferta), ha desaparecido prácticamente. Apenas he visto algo en Santander, Salamanca o Girona. Por el momento, pronto llegarán los carteles de “liquidación total por cierre del negocio”. ¿Se cierran los grandes centros comerciales? Apenas, desgraciadamente.

 La necesidad creada del consumo, del hiperconsumo, es el eje en el que se asienta el sistema. Nadie me ha explicado aún –y creo que es pregunta fundamental- ¿cómo seguiremos comprando con sueldos y pensiones mermadas, en paro? Probablemente endeudándonos más. Vendiendo hasta un riñón, una córnea, para seguir con la “consumopatía”.

El consumismo nació como vocablo en el siglo XX –una de sus grandes aportaciones- como consecuencia del capitalismo y el nacimiento de la publicidad. Se liga a la acumulación de bienes o servicios considerados innecesarios. Etimológicamente, la palabra consumismo proviene del latín «consumĕre» que significa gastar o destruir. Los griegos al parecer no supieron de ella.

Una gran paradoja que me viene sorprendiendo: los grandes autores de ciencia ficción anticipatoria no osaron imaginar una sociedad de individuos entregado al consumismo voraz, encandilados con su botín, pero arriesgando su propio dinero y su estabilidad. Más dependientes y vulnerables, por ello, que los epsilones de Huxley con todas sus necesidades materiales cubiertas. ¿Quién induce tal ceguera? Otra neolengua, como la que ideó Orwell, logra ya anular el pensamiento crítico, el gozo de pensar y decidir. Y, paradójicamente, en aras de una libertad quimérica.

De la mañana a la noche, día tras día, el gran motor y colaborador del sistema, la publicidad, nos bombardea. Todos enormemente contentos -y en tono más elevado que el resto de la programación- nos crean necesidades que no tenemos. Esa sucesión chirriante es nociva para la salud.  Especialmente -pero no sólo- la mental.  Calculada, premeditada. Es el instrumento para vender, y -para que penetre mejor- se diluyen los mensajes que nos harían pensar. La telebasura, la información trivial (a mí me produce náuseas y más cuando presumen de ella), como soporte para el mensaje publicitario literal (o encubierto), para la expansión infinita del sistema. La publicidad es spam y sus mensajes no son fiables, no están contrastados, no aportan pruebas de la eficacia del producto. En muchos casos, mienten.

Entre el ascetismo y esta locura ¿no hay un punto medio?

La nueva religión

 Mi amigo Juan José Aguirre, tras «sufrir una crisis de fe» y ver que la que profesaba era «una auténtica antigualla«, ha abrazado -dice- la nueva religión: la Ley del Mercado. Y ya venera a su Supremo Hacedor: el Capital Financiero.

Así nos cuenta su experiencia reveladora:

 «Descubrí que no hay más ley divina que los dogmas dictados por los Mercados Financieros, a quienes los dirigentes políticos rinden ciega obediencia y sacrifican en su altar – mediante el ritual de las privatizaciones – los logros sociales. Que el Dios Dinero es omnipresente y rige los destinos de los pueblos mediante la Ley del Mercado, castigando a quienes se apartan de su obediencia. Descubrí que, a pesar de nuestra obcecación, el Capital Financiero, en su infinita bondad y a través de la Ley del Mercado, nos enviaba señales para mantenernos dentro de la ortodoxia económica y recta vía que llevan al enriquecimiento universal, y que los comentaristas financieros eran los nuevos sacerdotes que predicaban los designios del Dios Especulador. Éstos, a través de la evolución de las Bolsas, interpretaban su complacencia o disgusto.

Diariamente celebraban una misa, retransmitida urbis et orbe a través de TV, Internet, Prensa y Radio en la que mostraban las evoluciones de las cotizaciones bursátiles en los nuevos templos llamados Bolsas, donde oficiaban sus sacerdotes y acólitos que forman la curia del FMI, BM, BEI y otras sacras instituciones. El pueblo creyente, en comunión a través de la pantalla de TV y los demás medios de comunicación, recibía las señales de satisfacción o disgusto del Dios Dinero. Éste manifestaba su sacrosanta voluntad mediante las fluctuaciones del Mercado a través de los grandes santuarios como Wall Street o la Cyty de Londres, Bolsa de Tokio, y otros templos del Único Dios Verdadero.

Desde que creo en la nueva religión, no paso por delante de una sucursal bancaria sin persignarme. En casa, he levantado un altar donde están expuestas para mi particular adoración, a modo de santos intercesores de la divinidad, las cartillas de ahorros y de plazo fijo. Además, rezo a diario mi rosario con los misterios gozosos – si suben las cotizaciones – o dolorosos, si éstas bajan. Y siempre, siempre, termino con mis jaculatorias:

– Santo Dow Jones, ora pro nobis.

– San Nikkei, ora pro nobis.

– San CAC40, ora pro nobis.

– San IBEX 35, ora pro nobis

– San DAX 30, ora pro nobis.

– Santo Nasdaq 100, ora pro nobis

– San Hang Seng, ora pro nobis…

¡Sacrosanto Capital, hágase según tu voluntad!»

(Todo el artículo en «Profesión de fe de un converso»)

  Y cómo será que, revisado mi estado financiero con un calambre en el estómago, después de echar gasolina (que está volviendo a subir a los niveles pre-crisis), mirar con ojos de náufrago que divisa a los lejos un barco inaccesible las etiquetas en las tiendas y ojear en Internet los viajes que me gustaría hacer, he seguido la iniciativa de Juanjo y acabo de instalar mi altar a las tarjetas de crédito -una cosa sencilla, una caja que compré en «Todo China»-, con una vela a cada lado.

    Me tienta incluso probar la vertiente «magufa». Un día escuché en una radio que metiendo un teléfono en el microondas sonaba la llamada que anhelabas. Digo yo que funcionará también con las cuentas corrientes y sus representantes en este mundo: las tarjetas de crédito. Dudo qué hacer ¿el altar contemplativo o meterlas 30 segundos en el microondas a ver si se activan y crecen?

   ¿Qué me aconsejáis?

El golpe de mercado explicado a un extraterrestre

Alemania, la  hoy al parecer renqueante locomotora de Europa, se aprieta el cinturón y merma el estado del bienestar del que disfrutaban sus ciudadanos. El nuevo presidente británico, Cameron, anuncia a la población que se acabó vivir como vivía por varios años. En Grecia, ese pozo de generosidad que son las farmacéuticas está retirando medicamentos del mercado porque los helenos en crisis no van a poder pagarlos y para que se va a gastar uno en distribución si lo va a perder. España aplica drásticos recortes en sueldos, pensiones y prestaciones – ya de por sí en flagrante agravio comparativo respecto a nuestros vecinos- y prepara una “reforma” laboral y de la jubilación que hubiera hecho palidecer los más avezados sueños neoliberales de Reagan y Thatcher reunidos en cónclave. Y lo van a presentar ¡el día que se estrena España en el mundial de fútbol!, como hubiera hecho Franco. El “mercado” ha conseguido barra libre.

Si llegáramos de otro planeta y alguien nos contara lo que está sucediendo en la Tierra, no daríamos crédito:

  • Un grupo de bancos y empresas financieras fabricantes de aire, se meten en negocios sucios y quiebran.
  • Los Estados se apresuran a entregarles cantidades obscenas del dinero de los ciudadanos para que se mantengan, para que siga funcionando “el sistema”.
  • Los gobernantes se ponen muy serios y acuerdan establecer controles a la especulación y acabar con los paraísos fiscales de los beneficios sin impuestos. Transcurrido más de un año, esas medidas no se producen.
  • Los Estados se endeudan por el desembolso que les ha supuesto salvar “el sistema”, a base de regalar millones a los poderosos. Los bancos se lo exigen agriamente y con intereses. Las agencias de calificación –sufragadas por el “mercado”- dan nota a los Estados en un nuevo juego especulativo. Señalan las dianas a abatir.
  • El “mercado” se “intranquiliza” y sume a la bolsa en una montaña rusa (la “bolsa” sirve para que unos cuantos inversores privados se enriquezcan).
  • Los portavoces del “mercado” –FMI, Bruselas y otros organismos internacionales- toman oficialmente las riendas y ordenan a los Gobiernos las medidas a tomar para que sus clientes continúen lucrándose. Nosotros, no ellos, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Antes de su voracidad extrema, no teníamos ese problema.
  • Los Gobiernos se apresuran a cumplir los mandatos recibidos:  Mermar el estado del bienestar, exprimir y empobrecer a los ciudadanos, para obtener dinero con el que saciar a sus amos. Han de mantener «el sistema” –ese ente tan perfecto que tiene sumido en la pobreza absoluta a dos tercios de la Humanidad por ejemplo-.
  • Los ciudadanos se callan. Tragan. Todo lo que se les eche. En Grecia –con los “ajustes” más draconianos- las huelgas, con sus muertos y todo, no sirven para nada. En Islandia –país que fue el primero en caer convirtiendo TODOS los ahorros de los ciudadanos en papel mojado y que ya protestó lo suyo sin éxito-, acaban de elegir a un humorista como alcalde de la capital, Reykjavik. Su formación se declara abiertamente corrupta y asegura que no cumplirá sus promesas. Las organizaciones sociales no encuentran momento de actuar conjuntamente para dar una respuesta. Pasivas como el resto de la ciudadanía.

Quizás, podía haberle resumido la historia al extraterrestre diciendo:

  • Un reducido número de indeseables trampean y estafan con ánimo de lucro desmedido, y, tras someter a los gobiernos representantes de la soberanía popular, hacen pagar la cuenta a los ciudadanos. Éstos, endeudados hasta las pestañas por la estrategia del “mercado/sistema”,  abducidos por la propaganda, se someten a cuantas perrerías les hagan.

Continúa siendo muy largo. A ver así:

  • Se acabó la democracia en el planeta tierra, el “mercado” ha dado un golpe de Estado.

De las muchas cosas que, ni yo, ni el resto de los extraterrestres entendemos es la cara de satisfacción de los ejecutores del régimen en donde más cerca nos cae: Europa. Aquí los tenéis. Miradlos y decidme.

    

(Gracias por el aviso de la foto, Víctor)

Utopía, compromiso, lucha, amor

La bolsa va de batacazo, según lo previsto, y el euro cayendo a mínimos históricos frente al dólar. Los “expertos” le llaman “la primera crisis del euro”. No sé por qué no relacionan datos, ni actualización su memoria: lo avisaron. Se reunieron unos cuantos poderosos a cenar y decidieron hundir el euro para forrarse. Para que rebosen sus arcas hasta no poder ni contar lo que hay dentro. Enlazo una ves más sus declaraciones.

Tampoco sacan conclusiones de que desde la OCDE al ministro Corbacho nos aconsejan hacernos “planes privados de pensiones”. Dudan de que, más pronto o más tarde, el sistema público pueda responder en ese punto… después de haber trabajado y cotizado toda la vida. Pero –y ahí es imprescindible relacionar conceptos- miles de británicos metieron sus planes en BP y ahora –tras el desastre del vertido en el Golfo de México- se van a quedar sin ellos. Tal cual. Se lo escuché al corresponsal de Cuatro. Ninguna referencia a ello en la prensa española.

No hablemos ya de libertades, atropellos, impunidad. El sistema nos avasalla. Sólo la gente, la sociedad, podrá cambiar esto. No sé si terminará por hacerlo cuando una inmensa mayoría se vea con el agua al cuello. O ni siquiera así. Si tragará con la miseria y con los abusos.

Encontré en mis joyas de archivo un reportaje que le hice a Lluís Llach, a finales de los 80. He seleccionado un par de fragmentos. José Antonio Rodríguez puso su maravillosa voz a las letras de Llach, y el artista habló de la utopía, el compromiso, la lucha y el amor. Me siento tan profundamente identificada con lo que dice que ha sido como una revelación.

Así es. Iñaki Gabilondo lo dijo al leer mi último libro. Es amor, no odio. Inmenso. Apasionado. Despechado. Pidiendo a gritos su regeneración, que esté a la altura de nuestros sentimientos, de lo que se pide de él. Es amor a los que pierden la partida. Auténtico odio a la mayoría de sus causantes no hay. Quizás asco, desprecio. Es amor al ser humano, a lo que guarda dentro para salir de sí mismo y emprender una empresa común. Sin la utopía nada hubiera avanzado. Sólo se consigue lo que se intenta. «Ellos» lo hacen. Para su lucro. Por su desmedida avaricia. Por sus ideas retrógradas. Por egoísmo. Somos más. Débiles e inconexos tal vez pero necesitando cambiar las cosas. Para nosotros. Para los demás. Por amor.

(Gracias por la edición, Piezas 🙂 )

La Europa viciada

En el más puro estilo Rajoy/Aznar/Cospedal y comparsa, compareció el nuevo presidente húngaro y dijo que su país estaba en la miseria y que sus predecesores habían mentido en las cuentas. ¿Resultado? Batacazo en las bolsas, la temible “intranquilidad” de los mercados. De poco servirán las excusas y matizaciones posteriores de que no era para tanto, el missil ya ha salido.

El mayor varapalo (paradójicamente por el anuncio de la bancarrota húngara) se lo ha llevado España. El viernes el diferencial de la deuda española con la alemana subió hasta los 192 puntos básicos. Se pagó a 4,58%. Estamos al borde del “bono basura”. Pero Rajoy y Aznar –ni siquiera enlazo sus envenenadas e irresponsables declaraciones- siguen azuzando la llama para contribuir al hundimiento de nuestro país. ¿Esperan llegar a la Moncloa, decir que los socialistas lo hicieron muy mal y que todo se solucione? Hungría es el ejemplo. La niñería de su nuevo gobierno les va a costar muy cara. También a nosotros, en un mercado “globalizado”.

Una encuesta de El País dice este domingo que el 77% de los españoles no quiere que repitan de candidatos ni Zapatero ni Rajoy. Es la frase de moda, un latiguillo que uno escucha allá donde vaya: “Zapatero está acabado pero… es que votar a Rajoy…”.

Poco importa ya quien ostente el cargo de presidente de un país. Quizás algo, en los fuertes como Alemania o Francia, Gran Bretaña incluso. Gallardón ganaría las elecciones con algo más de ilusión ciudadana, aunque duplicara el déficit con obras megalómanas y despilfarro. Entre los socialistas apenas veo coherencia y brillantez en gente como Elena Valenciano, Jaúregui o Madina, no se si alguno más. Pero las decisiones las tomarán los “mercados” y “Bruselas”.

En 1992 se firmó el Tratado de Maastricht que dio origen a la Unión Europea tal como la conocemos. Expurgando viejas cintas de Beta he encontrado auténticos tesoros –de los que espero daros cuenta-. No es el mayor, pero me ha parecido interesante este reportaje sobre Maastricht, porque refleja algunos defectos de partida. Por cierto, la tenue critica contenida en el reportaje me costó salir durante unos años de Informe Semanal.

Gran Bretaña, como tantas veces, lastró el proyecto. La Europa económica se impuso a la Europa social, no se solventaron errores estructurales que han acabado –veinte años después- con una UE anquilosada y burocrática.  Además de exponente de ineficaz despilfarro: contar con un presidente permanente, por ejemplo, nos cuesta seis millones de euros anuales.  Los ínfimos sueldos españoles subían el 8%, Europa y el PP los congelaron prácticamente y nos hicieron perder un 4% de poder adquisitivo en la década 1997/2007, según la OCDE). Y Europa no ha llegado a ser lo que se propuso, seguramente ayudada por esas lacras. Interlocutor con EEUU… y con Japón, se decía. Surgió la China agazapada, tras liberalizarse el comercio en 2005. Anecdóticamente, la moneda finalmente pasó a llamarse euro. Y ahora el euro sufre los embates de la especulación calculada.

  Europa es «azul», y azul es el mundo -hasta el rojo- sucumbido a los intereses de especulación económica. El Príncipe de Asturias Alain Touraine, como ya apunté, culpa a esta Europa -no a la idea que tanto amamos-  de los problemas que padecemos. Y cada vez somos más los que creemos que esta crisis no se resolverá. ¿Algo más que apuntar?

El embajador de Israel y los accidentes de tráfico

«Sí, nueve personas han muerto en ese acto. Pero 155 murieron en un ataque terrorista en la India la semana pasada. ¿A quién le importa? ¿Ha oído algo de ello? Veintitrés españoles han muerto en las carreteras en el último fin de semana».

Raphael Schutz, aún embajador de Israel en España, en El Periódico.

 Nuestro presidente está muy ocupado, lo sabemos. Entre sus tareas,  ir a dar explicaciones y «jabón» a un club privado de poderosos  de gran influencia en el gobierno del mundo (por cierto, este sarao nos cuesta 600.000 euros del erario público). Y estudiar cómo regala el despido a las empresas que aleguen problemas económicos. Pero, si le quedase tiempo, debería expulsar inmediatamente del país a este sujeto,  Schutz,   que representa los intereses de Israel en España. No es una boutade, es intolerable.

La actualidad de la mañana o cómo no salir de la perplejidad

«¿Quién dice la verdad? ¿El embajador israelí o los «molestos» testigos?”, el “presunto” periodista, se queda tranquilo con su osadía: la ironía al calificar a los testigos. Equidistania en estado puro. La desinformación.

El mensaje va calando. Ya hay dos versiones. Ya puede uno elegir sin contaminarse… de criterio.

Hace unos días, en una cena de cumpleaños, la amiga de una amiga –rusa por más señas-, habló de que “la mejor época de España fue cuando mandaba Franco: os sacó de la crisis”. Ante mi firme respuesta, la homenajeada dijo que había que ser demócratas y escuchar todas las opiniones. Pronto veremos a asesinos y todo tipo de delincuentes argumentar sus razones en paridad con sus víctimas –que “algo habrán hecho”-. ¡Qué digo! Ya los vemos.

Y no hablo de la pura basura «informativa» y casi -y sin casi- delictiva. No, que se me alteran los jugos. Y están para pocos trotes.

Por lo demás, las gentes de bien –excepto los titulares del concepto: el PP- saludan la valentía de Zapatero. En la pugna entre el neoliberalismo salvaje y la sociedad a la que se debe, ha optado por ser buen chico y hacer lo que le mandan. Así está “homologado”. Él. Ciertamente, apenas se puede hacer otra cosa en el equilibrio de fuerzas actual, pero en la tesitura de tener que  ser “valiente” así, debía haber puesto todo patas arriba en lugar de seguir la senda.

En El País una encuesta: ¿Estás dispuesto a reducir tu horario y sueldo para contener el paro? La mayoría dice que sí. ¿Insólitamente solidarios? No, Desinformados. Una reducción del sueldo español, no es lo mismo que una de un europeo de primera división.

Un aliento en el paseo mediático. Fontdevila en Público. El humor más lúcido e informativo que nada.

O Bernardo Elrich, en El País:

Y ahora lo que textos que he guardado hoy como documentación para mi novela –si decide salir de su gestación-:

Ésta sumamamente interesante a tenor de los planes de «reforma» laboral:  Se les habían extraviado 161 entes públicos autonómicos. Con sus sueldos y demás.

Aguirre se gastó 1,4 millones de euros en poner la primera piedra de la paralizada «ciudad de la justicia«. Ésta es de ayer, pero ayer estaba malita disfrutando de la sanidad madrileña.

Cohechitos en Galicia. Juicio. «Financiaremos la ruptura del PSOE para que no impugne el plan general». Las escuchas policiales revelan manejos para sobornar a los socialistas. Ay, pero ¿las escuchas no crean indefensión? recordemos que Garzón se enfrenta a juicio demandado por ¡Correa! por esto mismo. (Lamento recordar a Garzón, ya no es noticia).

Un testigo revela al juez que Trillo se reunió con el jefe del sastre de Camps. ¿Iría a encargarse un traje?

Ah, pero también he guardado un artículo de un peligroso bolchevique: Alain Touraine. Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades:

El neoliberalismo está llevando a la Unión Europea al fracaso. El modelo occidental cruje en manos de especuladores voraces y bancos todopoderosos. Es imprescindible devolver al trabajo la parte del producto social que le ha quitado el capital y restablecer el vínculo saludable entre la función financiera y las funciones de producción.

 Y a nuestro José Luis Sampedro le han dado el premio Menéndez Pelayo. ¿Ayudó que parte del jurado estuviese en México?

Me voy a desayunar:

Mujer y Homo Economicus

¿Ingenua? ¿utópica?…
¿Real? ¿eficaz?
Así ve ATTAC TV a las mujeres invisibles, hoy situadas ante el Homo Economicus.

Gracias @offthere

Israel/Comunidad Internacional: el guión previsto

El “incidente” en el que Israel ha atacado en aguas internacionales a una flotilla pacifista, está cumpliendo el programa habitual –del que ya hablamos ayer-. Israel tiene derecho a defender su seguridad, atacando un barco en aguas internacionales. Lo tiene a matar, herir y secuestrar porque las víctimas no pusieron la otra mejilla en el ilegal asalto, y osaron usar tirachinas y un palo, e incluso arrebataron a los soldados israelíes un arma. Lo tiene a imponer la censura y no contar quienes son las víctimas, y servir un vídeo parcial de los hechos.

Lo tiene. El Consejo de Seguridad de la ONU “lamenta la pérdida de vidas y condena el ataque a la flotilla”… pero no a Israel. EEUU se ha expresado en similares términos. Ya hemos leído firmas “de prestigio” escribiendo: “Es posible, sólo posible, porque aún no se conoce nada del trasfondo, que algunos de los participantes en la flotilla desearan que acabara ocurriendo lo que ha ocurrido”. Aún cuando, el primer artículo del libro de estilo de su periódico afirma: El rumor no es noticia. A su lado, sin duda, razonadas opiniones de condena. Es la pluralidad.

Ya hemos oído también a la televisión pública estatal –tan “objetiva” ella-, añadiendo en todas, absolutamente todas las informaciones sobre el caso, “la llamada” flotilla de la libertad. Purismo absoluto. Menos mal que algunas de las noticias servidas se saltan la gris norma de la Casa, poniendo datos y calor en sus textos. Estoy hablando de medios serios, dejemos a un lado panfletos de ultraderecha que justifican el ataque sangriento sin cuestionar una coma de lo que dice Israel. Ni mucho menos el fondo que ha llevado a esto. ¿Dónde están las 35 resoluciones de la ONU que exigen el fin del bloqueo de Gaza?

También hemos tenido en todos los medios las declaraciones del inefable embajador judío en España –una pura ofensa a la inteligencia y a la ética- en paridad, o con predominio de éstas sobre otras.

Las imágenes de las manifestaciones de condena ante las embajadas israelíes, resaltan a fieros y morenos árabes quemando banderas.

Al decir hace unos días, simbólicamente, que estamos aprisionados entre Goldman Sachs y Al Qaeda, se nos olvidó Israel, y su lobby (económico e ideológico) infiltrado en todos los estamentos de poder del mundo.

Javier Valenzuela vuelve a contar claves:

“Israel piensa para empezar que cualquier cosa que haga, desde utilizar pasaportes falsificados de países amigos para cubrir a sus sicarios hasta bombardear con fósforo poblaciones civiles, está más que justificado. Piensa que las víctimas judías del Holocausto le conceden una patente de corso eterna, del mismo modo que la Biblia le concede un título de propiedad eterno sobre Tierra Santa. Y luego Israel sabe que al final eso que en estos momentos elpais.com llama “clamor internacional” queda siempre en nada. De eso se encarga el potente lobby judío en Estados Unidos (y en otros países). Aunque Obama quisiera reaccionar como la salvajada se merece, alguien en su gabinete le estará recordando que en otoño hay elecciones legislativas en Estados Unidos, por no hablar de su propia reelección en 2012”.

Es lo que hay.  El guión previsto, el que termina con la palabra impunidad, en lugar de fin porque… continuará.