Era tan bonito el euro

Sobre todo en España. El gobierno presidido por José María Aznar emitió un anuncio elaborado por el Ministerio de Economía y Hacienda, del que era titular Rodrigo Rato que además ejercía de vicepresidente. Ya era “preventivo”, ya se sabían los resultados que iba a producir el euro, aunque la moneda como tal entró en vigor en España el 1 de Enero de 2002. Sí lo había hecho en los mercados financieros a comienzos de 1999 y era de sus efectos de los que el gobierno del PP se felicitaba. Toda la UE se mostraba exultante.

A Rato precisamente le ha ido muy bien la vida. Algún problemilla tiene con su gestión en Bankia, eso sí, pero en general disfruta de una posición privilegiada. A Aznar también. Y a los ministros que se sucedieron durante 1999 en Educación y Cultura no digamos. Eran Esperanza Aguirre y Gil de Biedma y Mariano Rajoy. Este último procedía del de Administraciones Públicas. Sí, llevan toda la vida y son los mismos que abominan del Estado y de sus servicios públicos.

Como los percebes, veían (y ven) un espacio muy corto desde su asidero en la roca. Su mundo solo y era así de bonito.

(Gracias José Luis Samaniego @JotaEleEseGe por el hallazgo)

 

Utopía, compromiso, lucha, amor

La bolsa va de batacazo, según lo previsto, y el euro cayendo a mínimos históricos frente al dólar. Los “expertos” le llaman “la primera crisis del euro”. No sé por qué no relacionan datos, ni actualización su memoria: lo avisaron. Se reunieron unos cuantos poderosos a cenar y decidieron hundir el euro para forrarse. Para que rebosen sus arcas hasta no poder ni contar lo que hay dentro. Enlazo una ves más sus declaraciones.

Tampoco sacan conclusiones de que desde la OCDE al ministro Corbacho nos aconsejan hacernos “planes privados de pensiones”. Dudan de que, más pronto o más tarde, el sistema público pueda responder en ese punto… después de haber trabajado y cotizado toda la vida. Pero –y ahí es imprescindible relacionar conceptos- miles de británicos metieron sus planes en BP y ahora –tras el desastre del vertido en el Golfo de México- se van a quedar sin ellos. Tal cual. Se lo escuché al corresponsal de Cuatro. Ninguna referencia a ello en la prensa española.

No hablemos ya de libertades, atropellos, impunidad. El sistema nos avasalla. Sólo la gente, la sociedad, podrá cambiar esto. No sé si terminará por hacerlo cuando una inmensa mayoría se vea con el agua al cuello. O ni siquiera así. Si tragará con la miseria y con los abusos.

Encontré en mis joyas de archivo un reportaje que le hice a Lluís Llach, a finales de los 80. He seleccionado un par de fragmentos. José Antonio Rodríguez puso su maravillosa voz a las letras de Llach, y el artista habló de la utopía, el compromiso, la lucha y el amor. Me siento tan profundamente identificada con lo que dice que ha sido como una revelación.

Así es. Iñaki Gabilondo lo dijo al leer mi último libro. Es amor, no odio. Inmenso. Apasionado. Despechado. Pidiendo a gritos su regeneración, que esté a la altura de nuestros sentimientos, de lo que se pide de él. Es amor a los que pierden la partida. Auténtico odio a la mayoría de sus causantes no hay. Quizás asco, desprecio. Es amor al ser humano, a lo que guarda dentro para salir de sí mismo y emprender una empresa común. Sin la utopía nada hubiera avanzado. Sólo se consigue lo que se intenta. “Ellos” lo hacen. Para su lucro. Por su desmedida avaricia. Por sus ideas retrógradas. Por egoísmo. Somos más. Débiles e inconexos tal vez pero necesitando cambiar las cosas. Para nosotros. Para los demás. Por amor.

(Gracias por la edición, Piezas 🙂 )

No salen las cuentas

Estos días se han reunido en Madrid –con discreto eco en los medios- 20 ONG del mundo. En sus conclusiones, a modo de manifiesto, aseguran que “El hambre se erradicaría con el 1% de lo aportado para salvar a la banca”.   Ese terrible problema que creemos insoluble, se hubiera podido resolver. Se puede, aún, resolver.

Resulta difícil saber ahora el monto total que los gobiernos han entregado a  las entidades financieras del dinero público, del dinero de los ciudadanos. Pero sólo en EEUU Bush aprobó un plan de 700.000 millones de dólares. Toda Europa exprimió sus arcas para que los bancos funcionasen. Es decir, que, como mínimo, habrán desembolsado otro tanto, si no ha sido más. A mí las grandes cifras, me superan, pero si me da para ver que se ha montado un cirio por entregar a un país entero –Grecia- 110.000 millones de euros, que habrá de devolver con intereses de usura. Y que, mientras a los bancos no se les ha exigido condición alguna, a los ciudadanos helenos se les bajan los sueldos y las pensiones, se les quitan las pagas extraordinarias, y les suben los impuestos. Y todos los que entienden nos dicen que, por eso del efecto contagio, y porque todos lo hemos hecho muy mal, nos vamos a tener que aplicar la receta griega.

Goldman Sachs es una de las empresas que más opina sobre rescates  y condiciones de otros. Goldman Sachs es un banco que no fabrica nada, y que no tiene sucursales para que los humanos de a pie vayan a operar con él, sólo trata con poderosos y Estados. Quebró con la crisis y recibió dinero público para su rescate, luego obtuvo cuantiosos beneficios. Ayudó a ocultar la deuda griega. Está siendo investigado por fraude en EEUU. Y sigue opinando y decidiendo. Como las empresas de calificación que mueven mercados y que no han sufrido menoscabo alguno en la validez de sus diagnósticos a pesar de sus errores. Otorgar matrícula de honor a las “hedges funds”, no parece uno de los menores, caso de ser un error y no una acción intencionada.

El responsable de política económica del Partido Popular, ese hombre que nos sacará de la crisis en cuanto siente sus posaderas en la Moncloa, dijo el otro día: “los especuladores son gente a la que debemos dinero”. Pobres, hay que entenderlos, les debemos dinero. Y esa idea se repite en círculos liberales.

  A ver, que no lo he entendido. Les damos una cantidad obscena de dinero de nuestros impuestos. Sin condiciones. No facilitan créditos para que – según nos dicen los expertos y los gobiernos- funcione la economía. Los países se endeudan más por haberles dado dinero a ellos. Los bancos exigen a los países que les devuelvan, con intereses, su deuda incrementada con las partidas que les han entregado para que funcionen, aunque no funcionan. Agarran por el cuello a quien les debe algo. Le exprimen hasta la médula. Ellos y sus secuaces políticos, nos hablan de ajustes y reformas. Les entregaron dinero nuestro y, sin comerlo ni beberlo, aún les debemos más. Por eso, hemos de ver reducidos sueldos y pensiones y pagar más  impuestos. No lo entiendo. Pero ya me dijo un día un experto que yo veo una realidad impresionista, de trazos, que la pintura clásica canónica sabe mucho más y abarca todo el problema. Será eso. Nos están dando todos los brochazos en la cara y no vemos bien el academicismo que todo lo explica. 

"Poco informados" Castaños de Osny. Pissarro

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