Telediarios en 1997

Repasar vídeos antiguos ofrece curiosas perspectivas. Hoy os traigo algunas noticias emitidas en los telediarios internacionales de TVE en 1997, hace 13 años, que –además- engrosan mi “egoteca.”

  •     La ONU andaba buscando cómo afrontar una reforma que la hiciera más eficaz. Koffi Annan, algo más brioso que su sucesor, se lo propuso, pero…
  •     Bruselas decía que la economía española iba bien –todas las «de siempre» lo iban entonces-, y, sin embargo, «necesitábamos ciertas medidas para crear empleo» ¿cuáles? Moderar los –decrépitos– salarios y… ¡flexibilizar el mercado laboral!, la Europa azul no cambia su discurso, lo endurece… Y España creó empleo a pesar de todo, de forma espectacular… cimentada en el «ladrillazo«, con su dinero negro -negro en el pago de los trabajadores que erigen los edificios, negro en la compraventa (al menos en una parte), negro en las comisiones-.

Israel, actualidad infinita. Con el mismo Benjamin Netanyahu al frente, y con idénticas políticas, y el mismo acatamiento a las resoluciones de la ONU. Con el proceso de paz que nunca concluye. Hace 13 años, recuerdo.

El tramo final de los telediarios se distiende. Con Tom Martín Benitez, que se incorporó a lo largo del año, damos cuenta de un par de subastas solidarias. Pertenencias de famosos. En ausencia aún del euro, solía empeñarme en traducir a dólares a nuestras discretas pesetas, no fuera a ser que más allá del Atlántico no supieran de qué cantidades hablábamos. Ayer como hoy, alguien quería tener un objeto perteneciente a alguien conocido. Tampoco es que pagaran cantidades desorbitadas por ello, pero había un cierto morbo: saber qué celebridad «tiraba» más. Año 1997. Aznar en la Moncloa cuando todavía su minoría parlamentaria le llevaba a hablar catalán en la intimidad…

¿Qué ha cambiado en 13 años? ¿Podrían emitirse estos telediarios como actuales sin que nadie notara la diferencia? Sospecho que sí. Los viejos problemas siguen enquistados… pero se han añadido algunos más de enorme gravedad (hablamos de ellos a diario). Y a casi nadie parece importarle. 

 ( Personalmente, ver esto me produce una mezcla de relativa nostalgia y una pizca de frustración. Y, a pesar de ello… redobladas ganas de seguir en la brecha 🙂 Creo yo, no sé).

Abierto el tema a todo tipo de comentarios….

«Cambiar el mundo»

Ha muerto el escritor que quería cambiar el mundo, dice Cuarto Poder. Y recuerda la famosa frase de Saramago antes de recibir el Nobel:

Espero morir como he vivido, respetándome a mí mismo como condición para respetar a los demás y sin perder la idea de que el mundo debe ser otro y no esta cosa infame”.

 También quería hacerlo -con pasión ilusionante- José Vidal-Beneyto, desaparecido hace poco, constante azogue de conciencias:

Sólo una movilización popular e intelectual, insistida y de gran calado, podrá ayudarnos a acabar con tanta patraña y tantas desvergüenzas… (…) ¿Cuándo dejaremos de tolerar tanta ignominia, cuando pondremos fin a tanta abominación?”.

Aún tenemos a José Luís Sampedro alertando contra la «tecnobarbarie» y la degeneración del liberalismo,  allá donde se le requiera. O a Federico Mayor Zaragoza, llamando a reaccionar “porque estamos al borde de un precipicio”. Pero se van apagando voces.

Cambiar el mundo suele ser una labor solitaria y bastante ardua. Los destinatarios de las obras de estos y otros intelectuales, parecen tener asumida la separación entre unas páginas impresas y sus propias vidas. Incluso aman las tramas negras sin reparar en cómo tiznan sus pies y hasta sus conciencias cuando depositan un voto ciego. Las organizaciones progresistas realizan labores parciales, meritorias, pero temo que no tengan espíritu de equipo, de la gran colectividad, de la urgencia del momento, si es eso lo que detiene una reacción conjunta. Es decir, que «cambiar el mundo» es también mover la inmensa losa de los que permanecen quietos o desorientados.

Hay quien piensa que, por muy mal que vayan las cosas, siempre hay un cierto orden que regenera el caos. En la antigua civilización griega ya se planteaban que el mundo no seguiría en pie mucho más tiempo debido a sus errores. Y aquí estamos. La catarsis llega, ciertamente, en buena parte de los casos, con terribles guerras, y hasta plagas, que diezman la población y estimulan el propósito de enmienda.

Hace poco, cuando andábamos buscando “el pensamiento crítico” –no se si en juegos malabares-, Mayor Zaragoza, precisamente, recordó el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, firmada en 1948, por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Salían de una guerra devastadora, de los fascismos, de una de tantas barbaries. Aquello había que pararlo y que nunca más se repitiera, había que “cambiar el mundo”. Este párrafo del preámbulo, resulta hoy muy significativo:

«Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión

Sí, los franceses desempolvaron en su día las guillotinas –para luego aclamar a Napoleón, bien es cierto-, las víctimas de la Segunda Guerra mundial –toda la población- quisieron sentar las bases de una nueva convivencia, con uno de los propósitos mas hermosos que se hayan intentado y ¿Hoy? ¿Qué vigencia tendría apelar a que el hombre “no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”? Atada a las hipotecas, al consumo, a la adocenadora neolengua que sirven todos los muchos portavoces del sistema, la sociedad en su conjunto parece que va a contentarse con las migajas que les echen, si les sobra, y si les parece a los mandamases del «sistema».

Tras tantos siglos, han aprendido las técnicas más sutiles de dominación. Pero Saramago vive en sus libros para seguir abriendo ojos. Y Vidal-Beneyto. Y todos los demás. Y cada ser humano que en cualquier esquina anónima lucha por un mundo mejor. ¿Cambiarlo? El enemigo se ha perfeccionado y sofisticado. Nunca como ahora ha sido labor más apremiante.

El aula de información meteorológica

El periodismo ha cambiado mucho en los últimos años. Con un encomiable espíritu de utilidad social, nos informan –por ejemplo- de todas las inclemencias del tiempo. Y de una forma vibrante, con el reportero “in situ”. En televisión, llamamos “entradilla” al relato del periodista, en imagen, desde el lugar de los hechos. A veces, bien es cierto, lo que cuenta es sólo la cara del informador con “lo que sea” detrás, como se ve en inefables “entradillas” que me vienen a la memoria. Pero, en el caso de los fenómenos meteorológicos, la tónica general es que alguien, micrófono en mano, acuda realmente al lugar donde llueve, hace frío o hace calor, y nos lo cuente. Sin descanso. Esto me hace sospechar que en las actuales facultades de periodismo, han habilitado un aula, con simuladores virtuales, para preparar a los periodistas en este apasionante cometido.

Imprescindible, imagino, aprender el uso del paraguas, que no tape la cara ni le haga sombra. En posición estática y con viento. Presupongo que existirán en la clase ventiladores de distintas velocidades para la ocasión.

Ante la eventualidad de huracanes, entiendo que las mejores facultades se habrán hecho con potentes turbinas de aviones en desecho por ejemplo. Algún profesor de yoga acudirá a dar lecciones sobre la verticalidad. E, incluso, un contorsionista, si se quiere acentuar la venta del peligro.

Indispensable –y dudo que no lo hayan previsto-, una cámara frigorífica para acostumbrar al estudiante a las entradillas en nieve. 2 minutos el primer día, que irán aumentado paulatinamente hasta llegar a la hora o algo más –y no cuento el tiempo del viaje- que se precisa para llegar a lo alto de algún monte, instalar el equipo, esperar la conexión, hablar 20 segundos, 30 quizás, en plano que ocupa al menos un tercio de la pantalla, cuando no la mitad. Tras el cual, el espectador vibrará al ver asomar algunos copos blancos (lluvia, en el caso de los temporales de idem, o un termómetro para el calor). Esenciales, en la lección sobre el frío, un alpinista y un logopeda, para mostrar como se desentumece el rostro y se articulan palabras a varios grados bajo cero.

El trabajo, realmente, lo harán los reporteros gráficos, tomando imágenes de lo que está ocurriendo y sus efectos, pero el periodista presencial es ineludible en el nuevo rumbo de la profesión. Antes, acudíamos a ver cómo se abría el Muro de Berlín sin ir más lejos. O cómo surgían la vida y la muerte. Aún hay quien sigue en ese empeño. Con gran riesgo. Pero cada vez menos. No sería desdeñable tampoco tener muchos más periodistas «in situ» buscando claves y respuestas, al hacer preguntas incisivas a todos aquellos que nos destrozan la vida -que sucede al margen de las inclemencias del tiempo-. Pero, ahora lo vital es tener un informador, ocupando la pantalla, durante escasos segundos, allí donde llueve o hace calor. Incluso donde la naturaleza se desata realmente, no siempre para tomar en las manos la tragedia humana.

Estoy convencida de que, de no existir, ese aula de información meteorológica es necesaria. A este reportero azteca, le hubiera venido bien saber, por ejemplo, dónde está la cámara que le inmortaliza y dónde pone los pies.

Lágrimas

Refugiados de Kirguistán, seleccionada por Javier Bauluz

Para encontrar una foto, esta foto, con la amargura de las victimas de un nuevo conflicto, Kirguistán, he tenido buscar y buscar para recalar en donde sí suponía que la tendrían: www.periodismohumano.com, seleccionada por el Pulitzer español, Javier Bauluz. Son esos «flashes» que atrapan entre la maraña de imágenes de los telediarios. Veo estos días las lágrimas de un nutrido grupo de seres humanos que caminan con las pertenencias que pueden acarrear por un camino. Han tenido que abandonar su casa y su tierra. Han perdido familiares en la huída. He visto llorar a hombres y mujeres, con un sentimiento tan hondo que estremece.  Y ahí queda durante horas, durante días.

   Las noticias de hoy, como las de cada día, arrojan sangre, siegan vidas, las cambian sustancialmente. De punta a punta del planeta. Y todos lloran en el mismo idioma.

Cuando ríen, también lo hacen igual. Otro impacto visual me mostró ayer la sonrisa arrebatada del seleccionador de fútbol de Corea del Norte. Para él no hay foto en parte alguna. Atribulado país, al límite de lo soportable y aún más, y un simple juego arranca la imagen espontánea de la felicidad de un momento. Tampoco hay fotos de archivo para quien ríe desde el alma y no por que el cámara se lo pide.

     Ya escribí esa constatación de cuánto nos parecemos unos y otros, aunque la costumbre imponga fronteras de todo tipo, y dónde radican las diferencias no esenciales:

   Probablemente, cada uno de nosotros nos entenderíamos mejor, de conocernos, con alguien afín de Dinamarca, Grecia o California –aquél con quien compartiéramos ideales, gustos o hábitos- que con el vecino que vive en la puerta de al lado del ascensor. Aquí y más allá, todos queremos atrapar la utopía de la felicidad y cruzamos los dedos –aliviados y satisfechos- al toparnos con el más realista bienestar. Queremos amar y ser amados, compartir, con o sin dependencia, según el gusto. Huimos del dolor y las penalidades, nos esforzamos en mayor o menor medida por conseguir objetivos. Esperamos ganar la meta que cubra nuestras necesidades; algunos, que las colmen y las rebasen. Aspiramos a descansar y divertirnos. Reímos con el ingenio humorístico, aunque no todos con el mismo. Lloramos con lo que nos rasga el corazón, que es muy personal, pero a veces estalla en un sentimiento colectivo. Hay quien precisa la cultura para respirar y hay a quien le resbala como el agua en la ducha. Unos miran más allá y sueñan con mejorar el mundo, y otros aspiran a que el mundo se pliegue a ellos para satisfacerles. Nos atrapa la familia para quererla o discrepar, pero casi todos daríamos la vida por los hijos. En Sudán y en Australia, en Islandia y en Irán, en San Petersburgo y en Medellín, en Sierra Leona y en Santiago de Chile, en Oviedo y en Tenerife, en el Barrio de Salamanca y en Vallecas, en la calle de al lado y en la nuestra, en casa donde de nuevo pensamos que puede haber un alma gemela en Manila, más cercana, más cálida, que aquel español que vota a otro partido.

    Pero, sinceramente, hoy cargo, sobre todas las cosas, con el hatillo de esa mujer de la foto, de la que la contempla, de todos los que en Kirguistán caminan, ahora mismo, a un incierto destino. Algo habrá que hacer para que estas cosas no ocurran. Alguien lo está haciendo muy mal.

Haciendo caja

No dispongo de otra Caja registradora... por el momento

Nada más despertarme, he conectado la radio como suelo hacer a diario. Había anuncios (lo que sucede en un alto porcentaje de ocasiones). Y he empezado a hacer caja mentalmente de lo que tienen que pagarme por escucharlos, dado que ellos hacen negocio con ello:

  • En la Comunidad de Madrid cuentas con apoyo para crear tu empresa… Plan de emprendedores… 30 euros.
  • Una funeraria privada… 40 euros
  • Y alguien que une hipotecas para pagar un único credito… 50 euros que esto tiene mayor delito, dados los estudios que indican que el sistema encarece la deuda total –lo hicimos en Informe Semanal-.

He desconectado hasta que fuera la hora en punto, pero aún me ha pillado un anuncio más. Pegado a las noticias me han dicho que compre unos productos de perfumería para ser “Beautifull”. 30 euros.

  • En twitter alertan, enlazando con El País, Aguirre forzó las valoraciones para dar las TDT a sus afines. Madrid penalizó a los grupos de comunicación frente a cadenas de teletienda o naturismo. Libertad Digital sacó la mejor nota en «pluralidad informativa». La información la leo sin costo, es útil confirmar la sospecha, pero por el contenido de la misma, por la acción desarrollada por Aguirre, cobro 2.000 euros y lo pongo barato.
  • Periódicos. El Mundo en 2 minutos. Esto ha sido voluntario, para ganar pasta. Anuncio previo. 50 euros aunque ni he visto que vendían. Pedro J. dice que solo el Banco Central europeo nos presta dinero, porque los bancos no se fían de nosotros. Los alemanes son muy malos con España. Lo son. Especulan con bulos. El director de El Mundo apoya con énfasis la reforma laboral. En buena parte de lo que dice –la especulación financiera- tiene razón, pero escuchar a Pedro J vale 1.000 euros, él cobraba 6.000 por acudir a 59 segundos en TVE.
  • El bien pagado Francisco González, presidente del BBVA da una conferencia con estos argumentos: «los mercados de financiación están cerrados para la mayoría de empresas y entidades», «los mercados financieros han retirado su confianza en España», «nuestra alta deuda exterior se ha convertido en nuestro problema más agobiante», “ las recetas que España necesita: austeridad y crecimiento”. 6.000 euros por escucharle. González percibió en 2009 una remuneración global de 5,3 millones de euros, aunque –generoso- se ha congelado el sueldo y la pensión (79 millones de euros).
  • Todos los argumentos de los sindicatos para convocar un a huelga general el 29 de Septiembre, «con  un par» y su celeridad habitual: 1.000 euros.
  • Leer o escuchar las palabras «Díaz Ferrán»: 2.000 euros.
  • ABC: Merkel ofrece el «paraguas» del rescate a Zapatero El diferencial entre el bono español y el alemán vuelve a superar los 200 puntos básicos. Por prestar atención a esta “versión” de la especulación alemana sobre España, 3.000 euros como mínimo.
  • Ojear La Razón, someramente, 2.000 euros.
  • Blogs. Aplicaciones para leer noticias en un iPad. Análisis de cuatro aplicaciones de lectura en el nuevo dispositivo. Es un negocio. Del que el autor del texto no se beneficia. Sí la empresa que promociona, él, y muchos otros. ¿1.000 euros?
  • Escuchar lo que dijeron ayer, Aznar, Acebes y Rajoy, no habría dinero para pagarlo, así que paso, pueden cantar La Traviata.
  • El milagro del turismo español: Benidorm. Los vecinos de un rascacielos sufren graves problemas por los errores y defectos que se cometieron al construirlo: corruptelas en todo su apogeo. Corrobora  y es buen reportaje, lo leo gratis. Tampoco cobro por el hecho –serían millones de euros-.

Encaro la mañana habiendo acumulado 18.200 euros, que, inmediatamente, constituyo en deuda a negociar. Es el primer día, todavía me resulta difícil ajustar los baremos de que lo que me adeudan. Y todavía no han llegado los «argumentadores» del «sistema» en persona. Cada vez que lo intenten, responderé: ¿Cuánto pagas por escucharte?… estás defendiendo un negocio. Quiero mi parte.

   Os invito a que hagáis vuestros propios estadillos de cuentas y vamos estudiando estrategias para cobrar y, desde luego, para entrar con nuestro dinero en débito (que nos deben) en los «mercados». 

Recordad:

SOMOS VALORES ECONÓMICOS ¡QUE PAGUEN!

Víctimas de la «consumopatía»

¿La civilización actual?

¿La civilización actual?

Una noticia de 20 minutos ha confirmado –entre líneas- lo que sospechaba: Madrid es la comunidad con más centros comerciales por habitante: 97. Habla, por supuesto, de grandes megacentros que acogen a grandes estructuras que, a su vez, diseminan sucursales por toda la ciudad. Son como el hiper de los centros comerciales. Yo voy cuando necesito anestesiarme. Es mano de santo. Música alta para que no se oíga, que compite en ordinariez. E infinitas ofertas que uno termina por no ver. Pero ya no hay cabida para ningún pensamiento elaborado. Es un descanso. Degradante, como el sistema que nos envuelve.

Lo escribí cuando las calles se fueron quedando sin cines, para llevarlos, por supuesto a estos templos del consumo. Hasta los años 80 no conocimos su existencia. Los primeros fueron hipermercados de alimentación. La cosecha desde entonces ha sido fecunda, desbordante. Cada carretera de salida dispone de su conglomerado de centros. Siempre los mismos, aunque ostenten nombres diferentes: Las Rozas Village, Madrid Xanadú, Plenilunio, Espacio Torrelodones, La Gavia, Rivas Futura… y dentro, siempre, Carrefour, Alcampo, Mercadona, Caprabo, Eroski, Media Mark, todos juntos o en cuotas. Una vez dentro, uno no distingue si se encuentra en Vallecas o en San Sebastián de los Reyes, en Valencia, o en Cádiz. En los cascos urbanos sucede lo mismo. Cada cuatro pasos un Zara, un H&M, un C&A. Cada cuatro pasos. Se derrumba un cine, y aparece una tienda. Se tumba un teatro y emerge otra tienda más. O un banco, por supuesto.

En las ciudades europeas, encontramos el mismo paisaje: todas se han uniformizado. Y no sólo las capitales de país. En Malmo (Suecia) en Colonia (Alemania), Zara, H&M, C&A. Preguntas en cualquier parte adonde viajes, en España y fuera de ella, por el centro histórico. Y la nube de cadenas comerciales, ropa, bisutería, zapatos, bolsos, te envuelve. Todas son iguales. El comercio local, que aportaba alguna diferencia (estética y hasta de oferta), ha desaparecido prácticamente. Apenas he visto algo en Santander, Salamanca o Girona. Por el momento, pronto llegarán los carteles de “liquidación total por cierre del negocio”. ¿Se cierran los grandes centros comerciales? Apenas, desgraciadamente.

 La necesidad creada del consumo, del hiperconsumo, es el eje en el que se asienta el sistema. Nadie me ha explicado aún –y creo que es pregunta fundamental- ¿cómo seguiremos comprando con sueldos y pensiones mermadas, en paro? Probablemente endeudándonos más. Vendiendo hasta un riñón, una córnea, para seguir con la “consumopatía”.

El consumismo nació como vocablo en el siglo XX –una de sus grandes aportaciones- como consecuencia del capitalismo y el nacimiento de la publicidad. Se liga a la acumulación de bienes o servicios considerados innecesarios. Etimológicamente, la palabra consumismo proviene del latín «consumĕre» que significa gastar o destruir. Los griegos al parecer no supieron de ella.

Una gran paradoja que me viene sorprendiendo: los grandes autores de ciencia ficción anticipatoria no osaron imaginar una sociedad de individuos entregado al consumismo voraz, encandilados con su botín, pero arriesgando su propio dinero y su estabilidad. Más dependientes y vulnerables, por ello, que los epsilones de Huxley con todas sus necesidades materiales cubiertas. ¿Quién induce tal ceguera? Otra neolengua, como la que ideó Orwell, logra ya anular el pensamiento crítico, el gozo de pensar y decidir. Y, paradójicamente, en aras de una libertad quimérica.

De la mañana a la noche, día tras día, el gran motor y colaborador del sistema, la publicidad, nos bombardea. Todos enormemente contentos -y en tono más elevado que el resto de la programación- nos crean necesidades que no tenemos. Esa sucesión chirriante es nociva para la salud.  Especialmente -pero no sólo- la mental.  Calculada, premeditada. Es el instrumento para vender, y -para que penetre mejor- se diluyen los mensajes que nos harían pensar. La telebasura, la información trivial (a mí me produce náuseas y más cuando presumen de ella), como soporte para el mensaje publicitario literal (o encubierto), para la expansión infinita del sistema. La publicidad es spam y sus mensajes no son fiables, no están contrastados, no aportan pruebas de la eficacia del producto. En muchos casos, mienten.

Entre el ascetismo y esta locura ¿no hay un punto medio?

El golpe de mercado explicado a un extraterrestre

Alemania, la  hoy al parecer renqueante locomotora de Europa, se aprieta el cinturón y merma el estado del bienestar del que disfrutaban sus ciudadanos. El nuevo presidente británico, Cameron, anuncia a la población que se acabó vivir como vivía por varios años. En Grecia, ese pozo de generosidad que son las farmacéuticas está retirando medicamentos del mercado porque los helenos en crisis no van a poder pagarlos y para que se va a gastar uno en distribución si lo va a perder. España aplica drásticos recortes en sueldos, pensiones y prestaciones – ya de por sí en flagrante agravio comparativo respecto a nuestros vecinos- y prepara una “reforma” laboral y de la jubilación que hubiera hecho palidecer los más avezados sueños neoliberales de Reagan y Thatcher reunidos en cónclave. Y lo van a presentar ¡el día que se estrena España en el mundial de fútbol!, como hubiera hecho Franco. El “mercado” ha conseguido barra libre.

Si llegáramos de otro planeta y alguien nos contara lo que está sucediendo en la Tierra, no daríamos crédito:

  • Un grupo de bancos y empresas financieras fabricantes de aire, se meten en negocios sucios y quiebran.
  • Los Estados se apresuran a entregarles cantidades obscenas del dinero de los ciudadanos para que se mantengan, para que siga funcionando “el sistema”.
  • Los gobernantes se ponen muy serios y acuerdan establecer controles a la especulación y acabar con los paraísos fiscales de los beneficios sin impuestos. Transcurrido más de un año, esas medidas no se producen.
  • Los Estados se endeudan por el desembolso que les ha supuesto salvar “el sistema”, a base de regalar millones a los poderosos. Los bancos se lo exigen agriamente y con intereses. Las agencias de calificación –sufragadas por el “mercado”- dan nota a los Estados en un nuevo juego especulativo. Señalan las dianas a abatir.
  • El “mercado” se “intranquiliza” y sume a la bolsa en una montaña rusa (la “bolsa” sirve para que unos cuantos inversores privados se enriquezcan).
  • Los portavoces del “mercado” –FMI, Bruselas y otros organismos internacionales- toman oficialmente las riendas y ordenan a los Gobiernos las medidas a tomar para que sus clientes continúen lucrándose. Nosotros, no ellos, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Antes de su voracidad extrema, no teníamos ese problema.
  • Los Gobiernos se apresuran a cumplir los mandatos recibidos:  Mermar el estado del bienestar, exprimir y empobrecer a los ciudadanos, para obtener dinero con el que saciar a sus amos. Han de mantener «el sistema” –ese ente tan perfecto que tiene sumido en la pobreza absoluta a dos tercios de la Humanidad por ejemplo-.
  • Los ciudadanos se callan. Tragan. Todo lo que se les eche. En Grecia –con los “ajustes” más draconianos- las huelgas, con sus muertos y todo, no sirven para nada. En Islandia –país que fue el primero en caer convirtiendo TODOS los ahorros de los ciudadanos en papel mojado y que ya protestó lo suyo sin éxito-, acaban de elegir a un humorista como alcalde de la capital, Reykjavik. Su formación se declara abiertamente corrupta y asegura que no cumplirá sus promesas. Las organizaciones sociales no encuentran momento de actuar conjuntamente para dar una respuesta. Pasivas como el resto de la ciudadanía.

Quizás, podía haberle resumido la historia al extraterrestre diciendo:

  • Un reducido número de indeseables trampean y estafan con ánimo de lucro desmedido, y, tras someter a los gobiernos representantes de la soberanía popular, hacen pagar la cuenta a los ciudadanos. Éstos, endeudados hasta las pestañas por la estrategia del “mercado/sistema”,  abducidos por la propaganda, se someten a cuantas perrerías les hagan.

Continúa siendo muy largo. A ver así:

  • Se acabó la democracia en el planeta tierra, el “mercado” ha dado un golpe de Estado.

De las muchas cosas que, ni yo, ni el resto de los extraterrestres entendemos es la cara de satisfacción de los ejecutores del régimen en donde más cerca nos cae: Europa. Aquí los tenéis. Miradlos y decidme.

    

(Gracias por el aviso de la foto, Víctor)

Utopía, compromiso, lucha, amor

La bolsa va de batacazo, según lo previsto, y el euro cayendo a mínimos históricos frente al dólar. Los “expertos” le llaman “la primera crisis del euro”. No sé por qué no relacionan datos, ni actualización su memoria: lo avisaron. Se reunieron unos cuantos poderosos a cenar y decidieron hundir el euro para forrarse. Para que rebosen sus arcas hasta no poder ni contar lo que hay dentro. Enlazo una ves más sus declaraciones.

Tampoco sacan conclusiones de que desde la OCDE al ministro Corbacho nos aconsejan hacernos “planes privados de pensiones”. Dudan de que, más pronto o más tarde, el sistema público pueda responder en ese punto… después de haber trabajado y cotizado toda la vida. Pero –y ahí es imprescindible relacionar conceptos- miles de británicos metieron sus planes en BP y ahora –tras el desastre del vertido en el Golfo de México- se van a quedar sin ellos. Tal cual. Se lo escuché al corresponsal de Cuatro. Ninguna referencia a ello en la prensa española.

No hablemos ya de libertades, atropellos, impunidad. El sistema nos avasalla. Sólo la gente, la sociedad, podrá cambiar esto. No sé si terminará por hacerlo cuando una inmensa mayoría se vea con el agua al cuello. O ni siquiera así. Si tragará con la miseria y con los abusos.

Encontré en mis joyas de archivo un reportaje que le hice a Lluís Llach, a finales de los 80. He seleccionado un par de fragmentos. José Antonio Rodríguez puso su maravillosa voz a las letras de Llach, y el artista habló de la utopía, el compromiso, la lucha y el amor. Me siento tan profundamente identificada con lo que dice que ha sido como una revelación.

Así es. Iñaki Gabilondo lo dijo al leer mi último libro. Es amor, no odio. Inmenso. Apasionado. Despechado. Pidiendo a gritos su regeneración, que esté a la altura de nuestros sentimientos, de lo que se pide de él. Es amor a los que pierden la partida. Auténtico odio a la mayoría de sus causantes no hay. Quizás asco, desprecio. Es amor al ser humano, a lo que guarda dentro para salir de sí mismo y emprender una empresa común. Sin la utopía nada hubiera avanzado. Sólo se consigue lo que se intenta. «Ellos» lo hacen. Para su lucro. Por su desmedida avaricia. Por sus ideas retrógradas. Por egoísmo. Somos más. Débiles e inconexos tal vez pero necesitando cambiar las cosas. Para nosotros. Para los demás. Por amor.

(Gracias por la edición, Piezas 🙂 )

La actualidad de la mañana o cómo no salir de la perplejidad

«¿Quién dice la verdad? ¿El embajador israelí o los «molestos» testigos?”, el “presunto” periodista, se queda tranquilo con su osadía: la ironía al calificar a los testigos. Equidistania en estado puro. La desinformación.

El mensaje va calando. Ya hay dos versiones. Ya puede uno elegir sin contaminarse… de criterio.

Hace unos días, en una cena de cumpleaños, la amiga de una amiga –rusa por más señas-, habló de que “la mejor época de España fue cuando mandaba Franco: os sacó de la crisis”. Ante mi firme respuesta, la homenajeada dijo que había que ser demócratas y escuchar todas las opiniones. Pronto veremos a asesinos y todo tipo de delincuentes argumentar sus razones en paridad con sus víctimas –que “algo habrán hecho”-. ¡Qué digo! Ya los vemos.

Y no hablo de la pura basura «informativa» y casi -y sin casi- delictiva. No, que se me alteran los jugos. Y están para pocos trotes.

Por lo demás, las gentes de bien –excepto los titulares del concepto: el PP- saludan la valentía de Zapatero. En la pugna entre el neoliberalismo salvaje y la sociedad a la que se debe, ha optado por ser buen chico y hacer lo que le mandan. Así está “homologado”. Él. Ciertamente, apenas se puede hacer otra cosa en el equilibrio de fuerzas actual, pero en la tesitura de tener que  ser “valiente” así, debía haber puesto todo patas arriba en lugar de seguir la senda.

En El País una encuesta: ¿Estás dispuesto a reducir tu horario y sueldo para contener el paro? La mayoría dice que sí. ¿Insólitamente solidarios? No, Desinformados. Una reducción del sueldo español, no es lo mismo que una de un europeo de primera división.

Un aliento en el paseo mediático. Fontdevila en Público. El humor más lúcido e informativo que nada.

O Bernardo Elrich, en El País:

Y ahora lo que textos que he guardado hoy como documentación para mi novela –si decide salir de su gestación-:

Ésta sumamamente interesante a tenor de los planes de «reforma» laboral:  Se les habían extraviado 161 entes públicos autonómicos. Con sus sueldos y demás.

Aguirre se gastó 1,4 millones de euros en poner la primera piedra de la paralizada «ciudad de la justicia«. Ésta es de ayer, pero ayer estaba malita disfrutando de la sanidad madrileña.

Cohechitos en Galicia. Juicio. «Financiaremos la ruptura del PSOE para que no impugne el plan general». Las escuchas policiales revelan manejos para sobornar a los socialistas. Ay, pero ¿las escuchas no crean indefensión? recordemos que Garzón se enfrenta a juicio demandado por ¡Correa! por esto mismo. (Lamento recordar a Garzón, ya no es noticia).

Un testigo revela al juez que Trillo se reunió con el jefe del sastre de Camps. ¿Iría a encargarse un traje?

Ah, pero también he guardado un artículo de un peligroso bolchevique: Alain Touraine. Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades:

El neoliberalismo está llevando a la Unión Europea al fracaso. El modelo occidental cruje en manos de especuladores voraces y bancos todopoderosos. Es imprescindible devolver al trabajo la parte del producto social que le ha quitado el capital y restablecer el vínculo saludable entre la función financiera y las funciones de producción.

 Y a nuestro José Luis Sampedro le han dado el premio Menéndez Pelayo. ¿Ayudó que parte del jurado estuviese en México?

Me voy a desayunar:

Israel/Comunidad Internacional: el guión previsto

El “incidente” en el que Israel ha atacado en aguas internacionales a una flotilla pacifista, está cumpliendo el programa habitual –del que ya hablamos ayer-. Israel tiene derecho a defender su seguridad, atacando un barco en aguas internacionales. Lo tiene a matar, herir y secuestrar porque las víctimas no pusieron la otra mejilla en el ilegal asalto, y osaron usar tirachinas y un palo, e incluso arrebataron a los soldados israelíes un arma. Lo tiene a imponer la censura y no contar quienes son las víctimas, y servir un vídeo parcial de los hechos.

Lo tiene. El Consejo de Seguridad de la ONU “lamenta la pérdida de vidas y condena el ataque a la flotilla”… pero no a Israel. EEUU se ha expresado en similares términos. Ya hemos leído firmas “de prestigio” escribiendo: “Es posible, sólo posible, porque aún no se conoce nada del trasfondo, que algunos de los participantes en la flotilla desearan que acabara ocurriendo lo que ha ocurrido”. Aún cuando, el primer artículo del libro de estilo de su periódico afirma: El rumor no es noticia. A su lado, sin duda, razonadas opiniones de condena. Es la pluralidad.

Ya hemos oído también a la televisión pública estatal –tan “objetiva” ella-, añadiendo en todas, absolutamente todas las informaciones sobre el caso, “la llamada” flotilla de la libertad. Purismo absoluto. Menos mal que algunas de las noticias servidas se saltan la gris norma de la Casa, poniendo datos y calor en sus textos. Estoy hablando de medios serios, dejemos a un lado panfletos de ultraderecha que justifican el ataque sangriento sin cuestionar una coma de lo que dice Israel. Ni mucho menos el fondo que ha llevado a esto. ¿Dónde están las 35 resoluciones de la ONU que exigen el fin del bloqueo de Gaza?

También hemos tenido en todos los medios las declaraciones del inefable embajador judío en España –una pura ofensa a la inteligencia y a la ética- en paridad, o con predominio de éstas sobre otras.

Las imágenes de las manifestaciones de condena ante las embajadas israelíes, resaltan a fieros y morenos árabes quemando banderas.

Al decir hace unos días, simbólicamente, que estamos aprisionados entre Goldman Sachs y Al Qaeda, se nos olvidó Israel, y su lobby (económico e ideológico) infiltrado en todos los estamentos de poder del mundo.

Javier Valenzuela vuelve a contar claves:

“Israel piensa para empezar que cualquier cosa que haga, desde utilizar pasaportes falsificados de países amigos para cubrir a sus sicarios hasta bombardear con fósforo poblaciones civiles, está más que justificado. Piensa que las víctimas judías del Holocausto le conceden una patente de corso eterna, del mismo modo que la Biblia le concede un título de propiedad eterno sobre Tierra Santa. Y luego Israel sabe que al final eso que en estos momentos elpais.com llama “clamor internacional” queda siempre en nada. De eso se encarga el potente lobby judío en Estados Unidos (y en otros países). Aunque Obama quisiera reaccionar como la salvajada se merece, alguien en su gabinete le estará recordando que en otoño hay elecciones legislativas en Estados Unidos, por no hablar de su propia reelección en 2012”.

Es lo que hay.  El guión previsto, el que termina con la palabra impunidad, en lugar de fin porque… continuará.