La democracia en peligro

Foto: @arma_pollo en twitter

La imagen no puede ser más simbólica. Bankia enderezada y sólida (como nos la presenta el Gobierno) frente al suelo, el horizonte, el resto de los edificios, farolas y coches torcidos. Aquel país que votó el 20 de noviembre, harto y esperanzado, ha llegado a altas cotas de desaliento. Las últimas encuestas sociológicas muestran a una ciudadanía que no sabe adónde acudir primero a achicar los agujeros de la estupefacción. El nuevo Míster Liebaert (antes Urdangarín), el presidente de los más altos estamentos judiciales, Carlos Divar, una situación económica que encuentran mala o muy mala el 96% de la población, según encuesta de Metroscopia.  23.400 millones de euros para la propia Bankia, es decir, más del doble de lo restado a sanidad y educación a la sociedad. Desahucios por impago de hipotecas a un banco sostenido con dinero público. Despidos y pensiones multimillonarias para sus malos gestores. Y entretanto amenazas de nuevos recortes, sacrificando el Estado del Bienestar en el altar de la austeridad. En consecuencia, justicia, iglesia, monarquía, parlamento, gobierno, partidos políticos, autonomías, todo se encuentra en entredicho. Incluso buena parte de los medios informativos navegando entre la frivolidad y la manipulación.

   Si nos atenemos a los datos demoscópicos que proporciona este artículo “Del “shock” económico al democrático”, el más aterrador de todos es que en los últimos 7 meses, el porcentaje de personas  que piensa que “el actual sistema democrático sigue siendo, con todos sus defectos e insuficiencias, el mejor que ha tenido nuestro país en su historia ha caído del 72% al 56%”. No nos detallan si prefieren cualquier otro de la larga senda de catástrofes que han jalonado nuestra trayectoria (dictaduras largas y cortas, monarquías de variado signo o dos efímeras repúblicas) o si piensan en la búsqueda de una nueva democracia participativa y más real, como propone el 15M en su más amplio concepto: el de la una sociedad indignada que lo que quiere es enderezar los continuos desatinos a los que asistimos.

  No sabemos si a echar agua a la deuda ardiente, sacar la cabeza del lodazal de la corrupción y de los repartos de cargos y prebendas a familiares y amigos, o asumir ese futuro que, aún basado solo en los optimistas cálculos de la religión neoliberal, sitúan la recuperación de España en 2017 y el empleo en 2023  como hace el FMI. ¿Optamos entonces por renunciar a la democracia? ¿A cambio de qué?

  Hemos aceptado impertérritos quela UE sustituyera democracias por tecnocracias, comenzando incluso por Grecia la creadora del concepto y, ahora, el deterioro económico -que no causamos- parece hacernos dudar de los propios valores de un gobierno de todos, en libertad, y de los instrumentos que lo llevan a cabo.

 El presidente que en campaña electoral llegó a prometer “devolver la felicidad” a los españoles, se ha quemado a velocidad de vértigo. La prensa internacional resalta sus incomparecencias, que presentara tarde las cifras del déficit por motivos electorales, sus presupuestos y, abierta la veda, critica hasta, como hace la influyente agencia británica Reuters, que Rajoy  (y  buena parte de sus ministros) sea un “provinciano”, sin experiencia internacional y con un nivel limitado de inglés. Al igual que los principales medios extranjeros, Mario Draghi, el tecnócrata que dirige el BCE, califica de «desastrosa» la gestión llevada a cabo en Bankia, completa, de principio a fin. Nos refriegan la burbuja inmobiliaria que deja sus heces en el sistema bancario. Los medios inventores de etiquetas ya hablan de “Spanic” (Pánico/España).

    Lo que se destaca menos es el abuso del Decreto Ley para imponer, sin debate, durísimas reformas, y no solo económicas. Y sobre todo la persecución de las protestas ante tanto desatino, con una nueva redacción del Código Penal que equipara a “terrorismo” participar en ellas o convocarlas si se produce algún incidente, y “atentado a la autoridad” la resistencia pasiva. Manifestantes en la cárcel hasta un mes tras su detención, con peticiones de penas de tal monto que cuesta creer en democracia y en un país que hace gala de la impunidad en delitos graves. Incluso no tipificados como la estafa a la sociedad.   

   La democracia se está viendo amenazada, pues, desde múltiples flancos. El más peligroso, sin embargo, es la aceptación de que ha de ser así sin hacer nada por regenerarla. La pregunta clave es ¿Adónde esperan que nos lleve este camino? ¿A mantener un poder financiero artificialmente enhiesto como bandera de un mundo que se tambalea?

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En el nombre del pueblo… la Justicia

“Cuatro vocales del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) han pedido la dimisión de su presidente, Carlos Dívar, durante el pleno extraordinario para pedir explicaciones por los 20 viajes de fines de semana de cuatro días o más a Puerto Banús (Marbella) con cenas de dos personas en restaurantes de lujo. El vocal que denunció a Dívar, José Manuel Gómez Benítez, no ha pedido su renuncia en el pleno, pero ya lo había hecho con anterioridad. En la reunión, que ha durado cinco horas y que se ha celebrado en el más completo hermetismo, sin teléfonos móviles ni Internet para evitar filtraciones, otros siete vocales han pedido la dimisión Benítez”. Así comienza una crónica indispensable que firman en El País José Yoldi  y José Antonio Hernández.

Tras una trama que se lee con el vómito a flor de boca, hay un párrafo c lave:

“El caso es que la inmensa mayoría de los vocales saben que los viajes a Marbella no eran oficiales y también con quién cenaba el presidente, pero no quieren hacer sangre. Solo si Dívar en un error de cálculo intenta alguna jugada extraña —el viernes pasado había pedido los gastos de viajes y protocolo de todos los vocales, pues había dicho que si él caía no lo haría solo— o les miente podría provocar que un grupo de vocales —a algunos de los que se han reunido estos días los funcionarios les llaman “los indignados”— se ponga de acuerdo en hacerle caer. De momento, las componendas de poder son más importantes que el repudio a la inmoralidad y a la falta de estética”.

Cuando recibí el texto para Actúa de Baltasar Garzón fui leyendo, atónita su diagnóstico de la Justicia española. Ya destaque la pérdida casi absoluta de relevancia internacional que señala, o la mala calidad técnica que se da comparada con otros países en opinión de Garzón. Pero contaba más cosas y no me resisto a incluir varios párrafos de su capítulo del que he tomado prestado el título para este post:

 “Desgraciadamente, aquellos que se atreven a alzar la voz dentro del ámbito de la Justicia para mostrar su rechazo,  son  los menos, pero también los mejores, porque ante la “amenaza” de la “Corporación” con sus instrumentos organizados, se impone el silencio y la sumisión.

 (…)

 En el sistema judicial español, hay buenos jueces, pero eso no es suficiente cuando el sistema falla por arriba y cuando se percibe muy alejado de lo que una sociedad moderna y democrática, como la española, necesita.

(…)

Resulta necesario abordar una serie de medidas que contribuyan realmente a la limpieza del poder judicial y a alejarlo del ámbito de influencia que existe en la actualidad por parte de otros colectivos del mundo de la empresa, la política y  la abogacía. La confusión que se produce entre estos ámbitos da la impresión que está diseñada para obtener posiciones de ventaja ante quien debe mantener la distancia necesaria con aquellos que pueden estar sometidos a su jurisdicción.

Las participaciones remuneradas de jueces y magistrados en encuentros, cursos y conferencias, seminarios o proyectos dirigidos y financiados por empresas, colegios de abogados o de otros profesionales, entidades de seguros o bufetes de abogados que tan frecuentes son, resulta inaceptable. Es imposible que se guarde la imparcialidad cuando se reciben emolumentos de quienes después tienen que actuar en el juzgado o tribunal defendiendo intereses particulares contrapuestos. En tales casos se produce un conflicto de intereses que, ni siquiera es entre el juez y quien lo  apoya o financia, sino entre aquél y la propia sociedad a la que debe defender y que por esa actitud sufrirá las consecuencias. Lo mismo acontece con la dependencia fáctica de algunos profesionales de la justicia de algún grupo político o económico.

 Resulta inaceptable la imagen de un magistrado en ejercicio y en el más alto tribunal que a la vez desarrolle una función docente como responsable de un área de un lobby dedicado a promocionar cursos y conferencias y que está financiado por bancos y entidades privadas y por bufetes de abogados que tienen casos en la jurisdicción del afectado, y no consta que se abstenga en los casos correspondientes. Pero es que, en todo caso, la imagen que se da resulta inadmisible. Como la que se obtiene con la asistencia masiva de las más altas esferas judiciales a actos, palcos futbolísticos y otros eventos propiciados por particulares o políticos que pueden verse afectados por actuaciones judiciales. No dudo de la honorabilidad de esos funcionarios, pero no está bien. No solamente hay que serlo, sino también parecerlo. En definitiva, lo que se busca es que deje de ser una opción personal y pase a ser una obligación legal”.

Y más…

Hay tantas Españas…

Hay una España que vive en los grandes centros de consumo. Una voz metálica de fondo les habla de la vuelta al cole, de la nueva temporada, de los pantalones ajustados, de los tonos rojo y gris, o rosa, o blanco y negro, de las ofertas del supermercado. En las pausas, música. Más o menos estridente o placentera según el nivel adquisitivo de los clientes. Parecen pensar que quienes acuden a centros baratos prefieren la chabacanería. Esta España se pasea entre inalcanzables relojes y trajes de marca o entre más asequibles pintalabios que satisfagan el gozo de comprar. Algunos, si no los ven, los roban. Y sus ciudadanos salen del recinto, pero siguen viviendo en el centro comercial que ahora les da cuenta de la gripe A, B o C, de que tienen que lavarse las manos, de que hay crisis, de unos cuantos accidentes y otros tantos sucesos. De los avatares de unos ídolos que podrían figurar en las estanterías de los comercios chinos de todo a un euro, que los harán sentirse superiores y en el fondo los invitarán a emularlos para ganar el dinero fácil. No suelen explicarles los porqués de todo ello, ya están políticos y expertos para dar su versión a gotas medidas. Siguen caminando entre luces frías, pocas salidas accesibles, y la voz impersonal que anuncia en reclamo adonde deberían dirigirse.

Hay otra España que desarrolla su existencia en un hormiguero. Trabaja. Sale de expedición y busca alimentos y cuanto precisa. Suele marchar en fila reglada, pero a veces se escapa y explora. Cuando encuentra un impedimento, reacciona buscando nuevas rutas. Cuida su refugio, clasifica. Cree que sus tareas son en bien de la colectividad aunque algún zángano desbarate los propósitos de la mayoría. El hormiguero es su hábitat, pero también sale a aspirar los olores de la vida y corta flores para su morada. Canta, si puede, como la cigarra. Y ama —desde la obrera a la reina, del macho fértil al soldado— instigada por sus poderosas feromonas.

Una más que zozobra abducida por la prisa. No sabe cómo, está embarcada en una lancha rápida sin timonel. Achica agua de las fugas si navega, trepa al palo de la vela supletoria, friega los suelos de la cubierta, cocina en un fogón lo que haya. Sin pausa, ni tiempo para reflexionar. Salta a trompicones cuando la barca camina en tierra. Se ahoga, respira. Y no siempre cobra.

Hay otra España que grita. Reside en un cuadrilátero de boxeo. Con toros que cruzan el ring y piezas de caza que hay que abatir. Buena parte de los contendientes fuman y beben sin control y aporrean a quienes intentan impedirlo. Desacreditan y rechazan a quienes no son como ellos. Se asoman a las cuerdas para vociferar que han de ser penalizados y apartados de la colectividad quienes usen su libertad y su criterio. Todos son hombres, hasta las mujeres. La virilidad extrema los caracteriza.

La quinta reside en España y en muchos otros lugares del mundo. Participa de buena parte de las que anteceden cuando le place porque le asisten todos los derechos. Deposita sus pertenencias en una o varias casas o urbanizaciones de lujo. Ellos las utilizan para dormir buena parte de las noches del año, no todas, y en los fines de semana si no viajan. Ellas entre tanto se entregan a cuidar de su cuerpo, de su cara, de su pelo, de su atuendo… Su mayor guía y en ocasiones tirano: la báscula, eje primordial de sus conversaciones. Las más comprometidas con la sociedad prestan apoyo a alguna asociación humanitaria, de habitual, católica. Ellos traen mucho dinero a las cuentas corrientes y más de una vez eligen la belleza verdadera como distracción. Absolutamente prescindibles, reliquias de un pasado que se resiste a morir.

La sexta España —y puede haber muchas más— solía llorar para alumbrar una vida nueva. Se albergaba en un paritorio. Llevaba siglos allí. Siempre en el crudo momento de las contracciones, las entrañas desgarradas, que, en circunstancias normales, se olvidan por completo con la venturosa llegada del hijo ansiado. Ésta apenas ha llegado a verle asomar la cabeza, pero el bebé que se sueña fuerte y sano se hace esperar. Muchos españoles lo aguardan desde el fondo de la historia. Antonio Machado, por ejemplo, aún debe hacerlo desde su exilio mortuorio francés, en el que —al menos— nunca faltan flores. En 1913, harto de la “España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía”, creyó ver nacer ¡ya! otra: la “del cincel y de la maza”, la “España de la rabia y de la idea”. Quizá sí estaba, quizás ya es un ser real y con futuro.

(De «La energía liberada» de Rosa María Artal)

¿O no?

Delincuencia Vs Seguridad

Un nuevo balance vuelve a situarnos como uno de los países con menor indice de criminalidad de la Unión Europea. Más aún, durante 2011 (último año de gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero) el índice bajó medio punto. El Ministro del Interior,  Jorge Fernández Díaz, ha dicho que hay que cambiar la metodología para contarlos, porque hay más delitos de los que parece. Y tanto, aunque igual no coincidimos en su descripción.

España tiene una tasa de criminalidad del 48,4 ‰, frente a la media de la UE que está en el 64,9 ‰. La sobrepasan ampliamente Suecia con 151,9 infracciones penales por mil habitantes, y Bélgica (97,1). Sólo tres países tienen menor tasa de delincuencia que España: Italia, Portugal y Grecia.

Llama la atención del informe que han crecido los delitos “contra la libertad”, aunque la noticia no especifica el porcentaje exacto, si bien se incluye con otros delitos en un escueto –o no tan escueto- 3,2 %.

Como conviene siempre confrontar magnitudes, pedir –como hago en Actúa- “campos de fútbol” en todas ellas igual que nos la dan ¡sin solicitud alguna! para las hectáreas-, resulta que España, a su vez, cuenta con uno de los mayores ratios de policía por habitante de la UE: 483,3 cada 100.000. Y otra vez nos superan Italia (552,1) y Portugal (488,5). La media de la UE es de 352,3.

¿Quiere esto decir que a más policía menos delitos y que la coacción funciona… o no es ésa la causa?

Hasta ahora –mientras se mantenían los índices de delito bajos- las fuerzas de seguridad habían protagonizado escasas manifestaciones violentas. Aunque flagrantes y encima saldadas en algún caso con la amnistía. Veremos qué pasa ahora. En general la violencia engendra violencia y los países fuertemente armados para el «orden» y controlados comparten pasados de represión poco homologada en democracia.

Por cierto, los ciudadanos que expresan su disconformidad con las -constitucionales y amparadas por los Derechos Humanos- manifestaciones populares ¿son delincuentes? Pues así se disponen a declararlos el PP en la «reforma» ¡ay, las «reformas»! del Código Penal. Y de la peor especie: terroristas. Incluso en su resistencia pasiva a la autoridad. Incluso haciendo extensiva a la organización, partido o sindicato al que pertenece el «violento» la responsabilidad.

De cualquier forma ¿Se justifica esa legión de fuerzas del orden para un país llamativamente pacífico? ¿Tantas porras y pistolas, la última compra -a añadir al arsenal- de 1 millón de euros en gases lacrimógenos y medio millón en pelotas de goma? ¿Qué seguridad mantienen? ¿De quién nos protegen?

En la llamada que hago en el libro a utilizar la cabeza, hablo precisamente de la delincuencia y la seguridad. En estos términos:

La mayor parte de los ciudadanos –susceptibles a la xenofobia- identifican delincuencia con inmigración. O con hurtos de poca monta. A muy pocas personas se las oye citando como delincuentes a especuladores, usureros, a quien roba sumas astronómicas, a los actores de la corrupción política. Esta confusión conduce a permanecer inerme a sus ataques, a no identificar al verdadero enemigo. A no calibrar la influencia de lo que sustraen unos y otros. A seguir admitiendo el dolo de las ingentes cantidades de dinero público que se llevan algunos políticos y sus cómplices manteniendo incluso el prestigio. A consagrar la impunidad, uno de tantos monstruos que crece hasta aplastarnos cuando no se les combate. A volver a doblegarse a normas que utilizan como excusa la “seguridad” que se contrapone a la delincuencia. ¿De qué delincuencia nos defienden?

La «responsabiliad corporativa» -añado- ¿vale también para los partidos, organizaciones y sindicatos en cuyo seno haya habido un chorizo que se ha llevado dinero público, de todos? ¿Pagarán con cárcel las cúpulas de los partidos? ¿Nos devolverán lo robado? Es decir ¿Qué responsabilidad jurídica y penal corresponderìa al PP por haber nombrado a Jaume Matas? Cuando termine el juicio a Gerardo Díaz-Ferran encausado en numerosos fraudes y corrupciones mientras era presidente de la CEOE ¿ingresarán en prisión una cuota de los empresarios que lo eligieron? ¿Cómo subsanarán el dolo hecho?

¿Habremos de pedir una web como la de los Mossos para denunciar corruptos y fascistas, es decir, los que atentan contra la democracia de todos?

Porque… no será amedrentar a la población lo que se busca ¿verdad? esa ciudadanía que roba y mata poquito, menos que en toda Europa, y a veces sin que media una bala de goma policial.

La maldad

Una se queda perpleja al ver que conflictos graves se saldan con un “perdón”. Lo ha hecho el Rey, le pidieron hacerlo así hasta partidos de presunta izquierda. Dice “lo siento” la ministra Ana Mato mientras pega un tajo mortal a la sanidad pública y, junto con todo el Gobierno de Rajoy, al –ya de por sí raquítico- Estado del Bienestar español. Una aspiraba a vivir en un ordenamiento social y jurídico serio donde los desvíos no se dilucidan en el campo de la moralidad sino en el de la Justicia (la oficial y la ética).

Ocurre sin embargo que el neoliberalismo ultraconsevador aúna con sin igual desparpajo la presunta “libertad” –que solo es de mercado y por ella se cercena el Estado de todos y los derechos de las personas- con el “como dios manda”. Por eso quiero hoy reflexionar sobre la maldad. Un concepto moral sin raíces racionales. El bien y el mal forman parte de la naturaleza humana. Aterrada ante lo que no entiende, separa lo positivo de lo negativo, llegando a la aberración en el maniqueísmo que solo ve ambos extremos sin matiz alguno intermedio. Yo prefiero utilizar el concepto “ética” con fundamentos filosóficos casi opuestos, porque más bien habla de los valores que rigen en una sociedad desde un punto de vista racional.

Lo peor es que el utraconservadurismo de los neoliberales que nos gobiernan enarbola en la mano –derecha, naturalmente- la religión (católica en España, protestante en otros países anglosajones sobre todo). Y se cree en el derecho de imponer lo que entienden por “bien”, su “bien”. De ahí que Rajoy prometiera “felicidad” –lo que ya debió ser un preocupante síntoma-, y ahora solo se vea exultantes a sus correligionarios encargados de accionar la motosierra.

Claro que existe la maldad o como quiera llamarse a esa actitud. De nuevo definida por conceptos morales, son más precisos sus sinónimos: negativo, nocivo, perverso, canalla, ruin, cruel, abominable, virulento, diabólico. Actuar con maldad es hacerlo con egoísmo, sin afecto natural por su entorno y quienes le rodean. También implica contravenir deliberadamente códigos de conducta o comportamiento. En los distintos significados se le atribuye a la maldad apartarse de lo lícito u honesto, ser corrupto y destructivo, y desde luego perpetrar desgracia, calamidad, infortunio, desdicha.

Maldad es mentir deliberadamente. Es un clamor cómo lo hizo el PP para alcanzar el poder. De ahí que el portavoz de Sanidad en el Congreso, Jesús Aguirre, dijera hace unos días sin mover un músculo: «Ya no estamos en campaña; es momento de decir lo que de verdad pensamos». Y ni aún así lo hacen. Siguen mintiendo con negaciones y eufemismos destinados a esa clientela educada en la dicotomía de “el bien y el mal”, que no ha salido de ella en su infinita simplicidad y falta de aprecio a sí mismos como seres humanos. A los que ante las afirmaciones que ahora mismo hago te dirían: “Pues el PSOE”, “Pues la herencia”, como si a todos nos afectara la desgracia de poseer dos únicas neuronas. Es de nuevo “el bien y el mal” y punto, no hay para ellos otros horizontes.

Maldad es recortar los derechos conseguidos tras largas luchas y sufrimientos para enriquecer a la camarilla de notables afines. Maldad es podar la sanidad, la salud y la vida; aumentar las desigualdades robando el acceso a todos a la educación o la cultura. Maldad es decir que «pronto se arreglará» cuando saben que sus política conducen a más paro y más recesión, y así se lo dicen hasta organismos abanderados del neoliberalismo.

Maldad es manipular, embrutecer, aprovecharse de la ignorancia, fomentarla. Villanía, infamia, cobardía, desproporción en la fuerza para acallar la disidencia. Reírse de la desgracia que provocan, en su felicidad…

 De ser unos auténticos desalmados se puede calificar lo que hacen los correligionarios de CiU en Cataluña con la salud, y cuyas medidas sigue paso por paso el PP. Un carné por puntos determinará el acceso a quirófano para aligerar estadísticamente las listas de espera, y ahorrarse tratamientos e intervenciones.  La consejería de Salud evaluará la situación laboral o personal del enfermo antes de otorgarle el «privilegio» de ser operado en la sanidad pública. La información desarrolla varios ejemplos:

«En las operaciones de prótesis de cadera o de rodilla, el paciente deberá sumar 75 puntos. Para llegar a ellos, el baremo da 18 puntos si se tiene «la patología muy avanzada», 33 si se sufre «dolor grave» y 20 si se «es incapaz de realizar la mayor parte de las actividades cotidianas». Con el peor diagnóstico, un enfermo alcanzaría 71 puntos y no tendrá garantizada la operación.

Sería el caso de una persona que no trabaje, que tenga una persona que le cuide y sin nadie a su cargo, tres variables que suman cero puntos y que son habituales en pacientes ancianos. El sistema puede perjudicar, por ejemplo, a los parados».

Esto mientras se entregan cantidades bimillonarias a los bancos (que encima no dan créditos que reactiven la economía) o se elude de la molesta carga de cotizar el mismo baremo de impuestos que pagamos todos a las rentas altas, ofreciendo el caramelo demágogico a la galería desinformada de que abonen (en las medidas del PP) un 60% de los medicamentos.

 Contra la maldad no cabe el perdón, ni rezar tres avemarías; para el daño existe la Justicia, siquiera, como decía, la ética. “Para que triunfe el mal, basta con que los hombres de bien no hagan nada», dicen que dijo allá por el siglo XVIII el pensador irlandés Edmund Burke. Seguimos regidos por conceptos morales. Para alejarme del maniqueísmo quiero entender que el daño practicado a sus semejantes, ellos lo llevan a cabo por un “bien” superior, el que su dios manda. El dios del dinero, el egoísmo, las castas, el desprecio al inferior, la acumulación de prebendas para los elegidos por el Todopoderoso.

El peligro reside en no identificar a los culpables, en desviar la atención, a veces, hacia otros tan desgraciados o más que nosotros. Lo hacía Edward Norton en este impresionante alegato de la película «La última noche» dirigida por Spike Lee. Se queda como una rosa al expresarlo en un grito, pero lo cierto es que acaba… bien jodido.

Actúa. Una sociedad en la cazuela

 

El viernes pasado presentamos en Barcelona el libro colectivo Actúa, una evolución del gran éxito editorial -y social- de Reacciona.  Nos presentó Miguel Aguilar, el director editorial de Debate.

   Después traté de suplir, con resúmenes y citas textuales, a los autores de los 7 capítulos que no estaban presentes. Luego hablaron de su capítulo en Actúa los economistas Àngels Martínez Castells (La salud como mercancía, la sanidad como botín) y Albert Recio (Campeones del paro y la precariedad), el científico Sergio Pérez Acebrón (que con Esther Samper escribre Tiempos oscuros para la ciencia) y el  periodista Ignacio Escolar (La olvidada igualdad). Lo hicieron brillantemente ante una sala abarrotada, muy atenta y muy participativa.

Un familiar grabó -de modo artesanal-  mi intervención final sobre mi propio capítulo: Una sociedad en la cazuela.


Luego muchos amigos se acercaron a que les firmáramos libros y sobre todo a charlar un ratito. Con ganas de superar la depresión a la que nos aboca la terrible situación que estamos viviendo y de cambiarla para lograr una sociedad más justa.

 

Una ley para reprimir las protestas

Como corresponsal de El País en Aragón en aquella época, este diario me envió una impagable edición de 300 Primeras Páginas desde su fundación. 26 de Mayo de 1976, las Cortes aprueban la primera reforma del primer gobierno sin Franco: la ley de Reunión. Manda Arias Navarro, y es Manual Fraga –como Ministro de “Gobernación”- el encargado de defenderla con ardor. “Frente al inmovilismo frustrador y las posiciones utópicas, aventureras o resentidas de los rupturistas, cabe orientar el cambio social y enderezar el rumbo legislativo por la vía de la reforma”, dice.

Sí, las leyes tienen esa propiedad: fijan conceptos y normas que luego aplican los jueces.

Atravieso con emoción esas 300 portadas. El Derecho de Reunión fue el primero repuesto después de la larga dictadura de 4 décadas que siguió al golpe de Estado y la Guerra civil. Tras él llegaron los de manifestación y libertad de expresión. El nombramiento de Adolfo Suárez, la redacción y aprobación de la Constitución que hoy nos rige. Bien es cierto que la Europa de entonces apremiaba y casi coaccionaba a España para que democratizase.

Por estas páginas desfilan sin embargo ríos de muerte, con atentados continuos de ETA, el GRAPO y la extrema derecha. Un país levantado en huelgas que pedían más derechos. A continuación del franquista Arias Navarro, un Suárez -perdido hoy en la nebulosa del olvido- siguió adelante reponiendo libertades. Con mayor o menor ayuda de la oposición. Mucha en el terreno económico para firmar los Pactos de La Moncloa. Fraga y buena parte de los demás defendían Transición frente a Ruptura, como hemos visto. No se exigieron por tanto responsabilidades.

El Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz –cuya voz y tono tanto recuerdan a Fraga- anuncia un endurecimiento del Código Penal para reprimir el “vandalismo”, dice. Por ejemplo, convocar actos violentos en Internet será delito de pertenencia a organización criminal. Pena también con similar consideración la “resistencia pasiva” a la autoridad en las manifestaciones. Y, muy serio, el Ministro que habría consensuado el texto con el de Justicia, el presunto antiguo centrista Alberto Ruíz Gallardón, prevé establecer una pena mínima de 2 años de cárcel, para que se ingrese en el trullo sí o sí.

Los derechos de reunión, manifestación o libertad de expresión repuestos por Arias Navarro y Suárez, los que consagra la Constitución y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en entredicho. Porque ¿quién libra, por ejemplo, a una concentración de esos sospechosos “incidentes” que se producen normalmente a su término? Y ¿dónde ha estado la violencia de millones de personas en paz en la calle de las que solo se destacan las minorías agresivas? Si hasta la resistencia pasiva envía dos años a prisión ¿sólo queda la opción de aceptar y callar? Paro, menos sueldo si se tiene, cercenamiento de las pensiones que ya pide el FMI, insostenible elevación de precios, mermas en todos los servicios esenciales… ¿Y además cárcel para la reunión, manifiestación y libertad de expresión? Muchos estamos viviendo en un «Déjà Vu».

Dados los tiempos que corren acudo al diario conservador británico The Telegraph que escribe: “España acusada de medidas draconianas para acallar las protestas”. Y añade, sin el miedo a las palabras que aquí se tiene:

“Sin embargo, ha suscitado temores de que las nuevas medidas podrían ser utilizados para detener la ola de protestas que comenzó el verano pasado con el nacimiento de lo que se ha denominado el «movimiento indignado», cuando decenas de miles de manifestantes pacíficos que acampaban en las plazas de toda España. Los grupos de protesta no tardaron en establecer comparaciones con la dictadura fascista del general Francisco Franco”.

Una cretina internauta me ha dicho que The Telegraph «nos tiene manía» y su información es “interesada”. Para quienes leáis este texto hoy 12 de Abril, os invito a ver el nada “interesado” y fidedigno con la actualidad quiosco español de hoy. En realidad no creo que cambie mucho mañana y los dias siguientes.

Con excepciones como la de Gaspar Llamazares de IU, algo he visto también de Cayo Lara, e individualidades de ésta y otras formaciones políticas, la postura oficial de los partidos está siendo enormemente tibia ante el anuncio de esta ley. Mientras buena parte de la sociedad está aceptando a este nivel y a muchos otros la idea de que «igual hay que reconsiderar la democracia».

Ciudadanos han organizado esta recogida de firmas. Mientras aún haya tiempo, antes de que se consume, dice por ejemplo el periodista Nacho Escolar, quién, como yo, condena las algaradas violentas, manifestando que no dejan de ser anecdóticas, cuando no, lo son los muertos y heridos por la actuación de las fuerzas del «orden! Después se impondrá el silencio por ley, aquella que derogaron las cortes postfranquistas.

El veterano y enorme intelectual Federico Mayor Zaragoza, dice en Actúa:

«Tenemos que acometer con imaginación y valentía el paso de una cultura de imposición, dominio y violencia a una cultura de diálogo, conciliación, alianza y paz. La gran transición de la fuerza a la palabra, es ahora factible.

El siglo XXI será el siglo de la gente. Se llevará a cabo, por fin, el sueño de “Nosotros, los pueblos…”.

La solución está en que los pueblos actúen y consigan el triunfo de la democracia a todos los niveles.

Sí, ha llegado el momento de replantear el sistema, no de aceptarlo o de adaptarlo.

Así se inicia la Carta de la Tierra : “Nos hallamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, un momento en el cual la sociedad ha de elegir su futuro… Hemos de unirnos para crear una sociedad global sostenible basada en el respeto a la naturaleza, los Derechos Humanos universales, la justicia económica y la cultura de paz”…

Actúa, un nuevo diálogo de ciudadanos con ciudadanos

No había más remedio. Teníamos que seguir la senda y profundizar en lo que supuso Reacciona. Un año de enormes convulsiones desde el primer libro colectivo. Es cierto que, apenas 30 días después –y por una acumulación de circunstancias en las que también se encontraba la información aportada por Reacciona- saltaba en las calles de toda España el 15M buscando una nueva sociedad, más justa y participativa. Pero a la vez el derrumbe financiero, económico, político, social y hasta ético, desencadenado en 2008, asistía a una durísima vuelta de tuerca.

Se nos estaba preparando una auténtica burbuja que ellos llaman “crisis de la deuda”. Es una pura especulación que estalla el verano pasado (en la Unión Europea especialmente). ¿Qué hace? Reafirmar el triunfo de la ideología neoliberal y sus premisas de proporcionar más beneficios a unos pocos, a costa de la merma en las condiciones de vida de la población en su conjunto. A ese fin, incluso se reformaron Constituciones –como la española y en tiempo récord-. Y la crisis no se resuelve, por el contrario cada día se agrava.

Asistimos también a la sustitución de democracias por tecnocracias, comenzando nada menos que por Grecia, el país que inventó la democracia. Los instrumentos ejecutivos y parlamentarios de la UE para la toma de decisiones, además, parecen haber sido sustituidos por las reuniones entre la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Nicolas Sarkozy… o de Merkel consigo misma.

El triunfo del PP en todos los estamentos de poder del Estado. Que, además de un preocupante involucionismo ideológico, ha aprobado leyes muy graves para la sociedad como la reforma laboral o la merma de servicios fundamentales en los presupuestos.

Motivos para juntarnos en un nuevo libro había y hay, lamentablemente en aumento. En Actúa encontraréis más capítulos (12), más densos y puede que más radicales dado el empeoramiento de las circunstancias. Muchos autores repiten, y se añaden nuevos y nuevas materias. Somos 14 en total.

Nuestro querido José Luis Sampedro nos regala una frase en portada: “Este ocaso es el momento de la acción entre todos porque otro mundo no solo es posible, es seguro”.

Federico Mayor Zaragoza firma el capítulo de… el mejor Federico Mayor Zaragoza de la Historia. Cargado de análisis globales, de propuestas, de vehemencia razonada. Cuando habla de exigir la regulación de los flujos financieros y la inmediata cancelación de los paraísos fiscales, advierte:

Ésta es una medida que, no debemos engañarnos, sólo se aceptará si los ciudadanos dejan de tener sus nóminas depositadas en instituciones financieras que estén relacionadas con los paraísos fiscales o de comprar productos de aquellos fabricantes que no demuestren total independencia”.

Ideas concretas de acción que concluyen:

«Así se inicia la Carta de la Tierra : “Nos hallamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, un momento en el cual la sociedad ha de elegir su futuro… Hemos de unirnos para crear una sociedad global sostenible basada en el respeto a la naturaleza, los Derechos Humanos universales, la justicia económica y la cultura de paz”… ¡Actúa!… ¡”Sé tú el cambio”! proclamaba Mahatma Ghandi. La solución está, en suma, en el triunfo de la democracia a escala personal, local y mundial».

Un Baltasar Garzón al que han apartado de la carrera judicial hace un valiente y duro diagnóstico sobre la justicia en España y sobre la corrupción a todos los niveles que nos anega. No voy a entresacar sino un párrafo de su texto que él ha medido y matizado para ser leído completo:

“La mayoría de las sentencias de cualquier tribunal extranjero o internacional son más completas y complejas que las resoluciones que un tribunal o juez español. La presencia jurídica que en otro tiempo tuvo España en Iberoamérica, ya no la tiene. Si no fuera por la Agencia Española de Cooperación serian escasísimos los casos de jueces llamados a impartir conocimiento a la otra parte del Atlántico. El declive internacional de la justicia española es un hecho, acentuado en grandes proporciones desde el momento en el que España renunció a liderar la defensa de los derechos humanos y abandonó la bandera de la jurisdicción universal”.

Entra el joven periodista Juan Luis Sánchez. Habla de los retrocesos experimentados en Democracia, de refundar la “refundación” que nos han preparado. Su capítulo es enormemente brillante y crítico, plagado de datos, análisis, ironía, frescura, innovación. Como ejemplo, citaré los títulos de algunos de los epígrafes que desarrolla:

“Pulpo como animal de compañía”,“El león no se preocupa de lo que puedan pensar las ovejas”,“Pánico a la democracia en Grecia”,“Goldman Sachs, República Federal”, “España, un retroceso de 30 años”,“Capital riesgo invirtiendo en tu salud”,“La vocación de servicio público de Florentino Pérez”, “Ley SindeWert: matando moscas a cañonazos y evitando el verdadero debate”… Y varios más hasta llegar a… “Hacia la vida política del futuro”.

Todo pasa por los impuestos. Así Ignacio Escolar entra en la ardua tarea de explicar los desequilibrios de nuestro sistema fiscal y lo hace con auténtica claridad didáctica. Pero partiendo de una reflexión que lleva de continuo como hilo conductor: la vieja dialéctica –hoy aparentemente olvidada- entre “igualdad” y “libertad”. Europa lo resolvió con la socialdemocracia. Con una pregunta clave:

“Si la Europa arruinada de la posguerra fue capaz de construir el Estado del bienestar, ¿por qué la Europa próspera del siglo XXI va a ser incapaz de mantenerlo?”

Dice también Nacho Escolar:

Nuestra Constitución está redactada en 1977. Se nota. Hablar hoy de distribución equitativa de la renta –es decir, de redistribución de la riqueza, de igualdad– casi parece propio de antisistemas o algo peor. A finales de los años setenta era una idea que se asumía como indiscutible e indispensable para la prosperidad de toda la sociedad. Ahí sigue, en nuestra Constitución, aunque hace ya tiempo que este punto, como tantos otros, es papel mojado. La fiscalidad en España, como en el resto de Europa, cada vez es menos progresiva: cada vez pagan menos los que tienen más”.

El análisis económico de la crisis corre a cargo esta vez del catedrático y ex rector de la Complutense Carlos Berzosa. Algunos apartados: El déficit público ha sido consecuencia de la crisis y no al revés. La deuda, una cuestión de confianza, es decir, un problema en un mercado especulativo. El déficit y las comunidades autónomas que lo han creado fundamentalmente. Pero hay que distinguir en gasto y en inversión social. Un apunte:

“No deja de resultar paradójico, además, que algunos de los grupos que han sobrevivido gracias al dinero público utilizado para salvarles de la bancarrota, ahora con sus actuaciones en el mercado financiero exijan el recorte brusco de ese déficit. Eso sí, haciendo recaer los costes del ajuste sobre los trabajadores y empleados, de forma que estos grupos situados en las clases intermedias y bajas de la población sean los paganos de sus desmanes y excesos anteriores que les proporcionaron suculentas ganancias rápidas y fáciles”.

El economista Albert Recio, titula su capitulo “Campeones del paro y la precariedad”. Por él sabemos no sólo los porqués de haber alcanzado un intolerable récord -el mayor paro del mundo desarrollado-, sabemos también los defectos estructurales de España en esa materia, por qué tenemos unos de los sueldos más bajos de la Europa de nuestro nivel o que la UE empeora nuestra situación o qué nos supone la reforma laboral. Conocimiento y un punto de ironía, para concluir:

“Además de inteligencia y decisión, ello requiere también que sepamos tejer las alianzas, los compromisos, los procesos que nos refuerzan, que nos construyen como mayoría social frente a la reducida minoría que hoy maneja los hilos de la actividad económica y que nos está condenando al paro, a la precariedad, a la pobreza, en definitiva que pretende mantenernos como permanentes súbditos y esclavos”.

Àngels Martínez Castells escribe esta vez de salud, yendo más allá de la denuncia de las políticas sanitarias hoy cercenadas. Del iceberg completo del que solo vemos una punta en la superficie. Y comienza:

“Nos hemos acostumbrado a vivir en una sociedad insensible al sufrimiento y a la enfermedad, en la que apenas se da valor a la vida humana. Todavía bajo los efectos del shock, nos despojan de nuestros derechos y lo justifican con mentiras demostrables. Están convirtiendo la salud en mercancía y la sanidad en su botín, y todavía no conseguimos reaccionar con fuerza suficiente para impedirlo. Mientras, nos quieren culpabilizar de sus rapiñas. España es uno de los países de la Unión Europea que menos recursos públicos dedica a la sanidad, y que más puede presumir de su excelencia: es un blanco irresistible para los capitales privados. Dicen que el sistema de salud es “insostenible”, pero saben que no es verdad. (…)Lo realmente inaguantable es el sistema que ha creado estas condiciones que nos enferman, estas políticas ajenas a los derechos humanos, laborales y de ciudadanía”.

Esther Samper (Shora) y Sergio Pérez Acebrón son dos jóvenes científicos españoles. Ella se ha quedado en barbecho al cesar su beca en el Príncipe Felipe de Valencia. Él se fue hace ya varios años a Alemania donde trabaja en el centro biomédico más grande del país.

“El principal secreto del éxito alemán no reside en la inversión en equipamiento científico sino en su potencial humano. Alemania ha conseguido congregar a muchos de los mejores investigadores del mundo usando dos vías que, aunque aparentemente sencillas, parecen habérsele escapado a España”… ¿Cuáles? En Actúa están.

Profundamente conocedores de los problemas a los que se enfrenta la ciencia en España, apasionados por su trabajo, brindan soluciones que parecen caer del árbol de la lógica, porque…

“Estamos destrozando una vía prioritaria de desarrollo en lugar de potenciarla y eso es algo que no saldrá gratis. Las decisiones que se tomen en los siguientes años sobre la economía española van a ser decisivas para el futuro. Puede que tanto como para que se alce entre los países más desarrollados o, por el contrario, se sumerja en el abismo del subdesarrollo”.

La Emergencia Ignorada: La Crisis Ecológica. Juantxo López de Uralde desarrolla el trabajo. Porque “No tenemos Planeta B”, en una Europa que pierde el liderazgo y en una España con un gobierno de Rajoy claramente antiecologista –energía, costas, cambio climático, política de aguas, apenas se salva nada-. Con soluciones desde la acción individual a la colectiva que hay que leer con detenimiento. Porque…

“La suposición, evocada erróneamente por algunos ilusos, de que en realidad el deterioro ecológico es una materia secundaria frente el grave deterioro de las condiciones de vida generado por la crisis económica, ignora la fuerte correlación entre una y otra. Los impactos del quebranto ambiental están directamente relacionados con un empeoramiento en las condiciones de vida de cientos de millones de personas; e inciden directamente sobre los precios de los recursos más básicos y necesarios para la supervivencia”.

Repite Javier Pérez de Albéniz, el descodificador. Para abordar otra vez la cultura y la educación –por los gravísimos destrozos ocasionados en ellas-. De esta “Tierra de ignorancia” se puede destacar por ejemplo:

“Nos niegan la cultura y la educación para debilitar nuestras defensas intelectuales, para mantenernos estúpidos y sumisos. Siembran ignorancia para combatir la indignación. Desactivan las ideas para mantener el sistema, que es tanto como mantener la brecha entre ricos y pobres: cada vez hay mayor desigualdad en nuestra sociedad, puesto que cuando a los pobres se les niega la educación se les niega el futuro, haciéndolos aún más pobres. Desarman la cultura para enterrar el pensamiento crítico. Acaban con la educación para alimentar la ignorancia, el individualismo y la apatía, para evitar las movilizaciones. Diseñan un país a su medida, en el que los jóvenes eliminan el doctorado del currículo para poder trabajar de camareros. Y los intelectuales permanecen desaparecidos: consideran pretencioso involucrarse en la refriega cultural y política”.

“SIN MIEDO, HAY FUTURO”. Vibrante descripción de la lucha social, sobre todo en este año, por un futuro mejor. Del respeto conquistado, de los frutos logrados. Lo firman la incombustible activista fundadora entre otros de ATTAC  Lourdes Lucía y la joven periodista del 15M Sofía de Roa. Entre las muchas ideas que aportan, destaco ésta:

«En definitiva, se trata de mentes en las que han despertado ideas, ilusiones y esperanzas que no pueden morir. Los movimientos de protesta ciudadana surgidos durante todo el año 2011 no son más que el enfado, la vergüenza y la indignación que millones de personas expresan, de manera pacífica, alrededor del mundo. Es un proceso de cambio en el que cabe todo aquel que decida que es tiempo de tomar cartas en el asunto, en la cosa pública. Sólo hace falta acercarse a una asamblea para ser testigo y protagonista de este momento, participar en las acciones y actuar en tu vida diaria con la convicción de que el futuro depende de todos y todas las que no quieran decir a sus nietos: “Yo no hice nada por evitar el mayor retroceso de derechos de la historia y me dejé robar el futuro”. El futuro es ahora».

Cierra mi propio capítulo: “Una sociedad en la cazuela” donde explico la técnica de cocción de crustáceos hoy aplicada a servir a la sociedad en su punto de ingestión. A que repita el “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” y el “hay que confiar en el futuro porque al final las cosas salen bien”, Si el análisis de la información que recibimos es mi principal objetivo, planteo, entre otras cosas, una propuesta realmente revolucionaria: “Actúa: usa la cabeza”, reedúcate en raciocinio. Traduce la neolengua, qué son las privatizaciones de verdad, quiénes son delicuentes, quiénes violentos, exige que te den “los campos de fútbol” de las magnitudes económicas, házte tu propia tabla de “hectáreas” para cotejar magnitudes. No te dejes engañar, ni acobardar.

Este es el texto más largo que jamás haya publicado en el blog. Y sin embargo apenas resulta un pálido y desigual esbozo del libro. Cuesta 9.50 euros a pesar de sus 260 páginas, 4,74 en versión digital. Para llenarte de información, ideas, espíritu crítico y ganas de aventar la sumisión lo hemos escrito. «Somos el 99% de la población. Comprométete contigo y con los demás. Si, pese a todo, no has reaccionado, despierta. Si ya lo has hecho, actúa. Más. Con eficacia».

Este viernes 13 lo presentamos varios coautores en Barcelona. En Madrid será el 7 de Mayo probablemente.

¿Dos Españas? No, una y la rémora

El aniversario de los atentados islamistas del 11M ha vuelto a escenificar lo que aparentemente se llama “las dos españas”. Una de ellas es la que manda ahora. En casi todos los centros de poder. Este domingo se fue a secundar la teoría de la conspiración que con tan machacona habilidad (e impunidad) viene defendiendo el diario El Mundo y que tan lucrativos resultados le produce (en términos económicos y también de poder). Allí estuvieron nada menos que el Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, o la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, que de nuevo repite el lunes con otro acto oficial. A Pilar Manjón que perdió un hijo adolescente el 11M la insultan hasta el vómito. Un gobierno serio no lo consentiría. Lo peor es que, por las muestras de sus actos, lo comparte.

La instrucción y sentencia del magistrado Gómez Bermúdez sobre los atentados de Madrid se estudia en judicaturas y universidades extranjeras, por el método empleado, su minuciosidad y el equilibrio de sus conclusiones. Pero a esa España la verdad no le importa. Igual que anda «instruyendo»a los embajadores acreditados en Madrid a ver si les embrolla y consideran justa la sentencia que ha expulsado a Baltasar Garzón de la carrera judicial. Repiten así la estrategia de la manipulación que les costó el gobierno en 2004. El propio New York Times lo dijo entonces, lo mismo que ahora considera un ataque a la justicia lo que se ha hecho con Garzón. El ex juez tiene sin embargo más prestigio internacional que todo el gobierno junto.

Esta España ha votado mantener el nombre de Guadiana del Caudillo en un pueblo de Extremadura, contraviniendo la ley de Memoria Histórica. Y también dará igual. Como tampoco pasa nada con las denuncias de vergonzosos latrocinios y despilfarros del erario público. A la vieja usanza, la mugre ideológica se acompaña de más que dudosas actuaciones económicas y sociales, tendentes siempre a rebajar derechos de la sociedad en general en beneficio de unos pocos. El programa Salvados de Jordi Évole solivianta cada noche de domingo a una audiencia que apenas ve esas realidades más que en ese presunto programa de humor. La Ciudad de las Artes y Las Letras de Valencia, presupuestada en 300 millones de euros, pasó a costar 1.300 millones y buena parte de ellos están sin pagar. Por ejemplo.

Y, por si faltara poco, esa España odia. E insulta. Y sigue odiando e insultando aunque copen los centros de poder y desde ellos se preste atención a insidias de la extrema derecha.

Cada día nos sorprenden con nuevas erupciones de caspa que, tanto tiempo guardada en el armario, hiede. Resulta incluso antinatural. La vida y el desarrollo pasan ante los ojos humanos igual para todos. ¿Cómo es posible que esa España no se haya enterado de nada? Parece trasplantada inalterada de los días más negros… del caudillo.

Hay otra España que sí ha vivido estos 40 años transcurridos desde la muerte del dictador. Muchos ni siquiera saben ya quién fue. Con los ojos abiertos y más comunicada que nunca en la historia, asimila conceptos. Puede ser más conservadora o más progresista, pero vive en el siglo XXI.

¿Hay dos Españas? No, una múltiple, y la rémora, la losa que nos hunde. ¿Por qué nos ocurre esto a los españoles? ¿Por qué toleramos la corrupción y el involucionismo? Por una secular trayectoria que disuade la educación, la información y el pensamiento crítico. Pero, sobre todo, porque no se dirimieron nunca las responsabilidades por los golpes de Estado y las largas dictaduras. Esos trágicos errores consagraron la impunidad. La grande, la que ataca a nuestros cimientos. Cualquier conducta delictiva puede frenarse con la Ley, pero nuestra patética historia nos ha acostumbrado a que en España no es así. Pagará el del top manta, o el que alce la voz de la disidencia, pero el cáncer no se toca. Son un reducto sin embargo, enormemente poderoso y visible. Esa España auténtica de la que quieren echarnos puede volar algo más alto, desnudar el problema, y aislar la enfermedad hasta que se consuma y se corroa en sí misma.

Cuadro de Verónica Rubio

Historias de la guerra (Para Baltasar Garzón)

Belchite

Mi padre murió a los 87 años (en 2001). Durante el verano de su larga agonía -y en medio de una cierta nebulosa que empezaba a empañar su brillantísima cabeza- una tarde comenzó a hablarme de la guerra, de su participación involuntaria en el bando “nacional” en el que fue movilizado. De la batalla de ese Belchite que ha guardado sus ruinas como una memoria pétrea e indestructible de aquel horror.

La lucha y el miedo -en una persona especialmente valiente- estaban tan vivos como si todo estuviera sucediendo el día anterior. Presumía de no haber pegado un solo tiro, de seguir sus ideas –como yo intento hacer- y, si era preciso, buscando recovecos en las situaciones difíciles para no traicionarse. Pero estuvo en el frente, oyendo silbar las balas y viendo caer a sus compañeros. Y tantísimas décadas después, oliendo la muerte próxima, era esa angustia lo que quería contarme.

Mi madre –su novia entonces- seguía en Zaragoza. Una bomba mató a su mejor amiga. Y ella no estaba muy lejos. Mi sólida abuela, viuda desde los 30 años, analfabeta, trabajaba para sacar adelante a sus dos hijos de portera en una casa que también les daba alojo. Un día, los “nacionales” fueron a buscar a unos vecinos. Mi madre les gritó que no se los llevaran. Hizo hincapié en la madre, embarazada.

-“El mal hay que cortarlo de raíz”, le respondieron. Y así fue: nunca más regresaron.

Al día siguiente se la llevaron a ella, a mi madre, y la ingresaron en la cárcel.

Contaba mi padre muchos años después –no sé si añadiendo algún varonil detalle épico- que se escapó en un coche de su sección con su amigo Manolo. Ida y vuelta apresurada. Y que sus gestiones lograron sacar a mi madre de la cárcel, aunque “las cosas estaban muy feas” para ella.

Mi madre no se sacó de su mente la suciedad de la cárcel durante toda su vida. No muy larga: 68 años.

Hoy, gracias a Baltasar Garzón, algunas personas han podido contar sus historias en público, ante un tribunal por primera vez en tres cuartos de siglo. Mucho más graves desde luego. Pero desde el dolor que siento por el triunfo del ataque que se ha perpetrado contra el juez Garzón, he recordado aquellas vivencias de mis padres. Y me libera contarlo. Precisamente hoy.

Pensaba en mi ingenuidad que aquello era agua del pasado. Pero las chanzas y alegría de alguna responsable política, los brindis con champán, los respetos y acatamientos frotándose las manos, el amparo a la corrupción, la coacción a quienes buscan la Justicia, me sitúan ante una realidad que da mucho miedo y de la que son cómplices, incluso sin darse cuenta en ciertos casos, algunos de mis conciudadanos. ¿Heridas abiertas? Es que los herederos naturales de quienes iniciaron y mantuvieron aquella y otras atrocidades las raspan todos los días.

 

 La madre de Serrat era de Belchite.