O povo é quem mais ordena

  Cientos de miles de portugueses han salido a la calle a protestar por los recortes, tanto en Lisboa como en otras ciudades del país.  Supone la contestación más masiva de los últimos tiempos, desde que la Troika y el gobierno conservador de Passos Coelho los cogió en sus manos. Ciertamente, fue al que votó la mayoría desencantada con los socialdemócratas.

   Dice el presidente del gobierno que todo marcha bien y se encaminan a la recuperación. Que las medidas adoptadas son las que había poner en marcha. Que ya se ven datos positivos. Que Portugal ha logrado credibilidad en los mercados financieros con sus reformas y que la deuda a diez años se cotiza ahora  a un interés del 6,3%, cuando hace un año rozaba el 17 %. Algo que, por cierto, puede cambiar en cualquier momento dada la impunidad y el amparo de los gobiernos neoliberales con la que operan. De algo nos suena todo esto a los españoles.

Lo cierto es que, como ya os conté de primera mano, los portugueses viven ahora mucho peor y los datos económicos van en despeñe, exactamente igual que aquí. Allí el paro se ha disparado al 17,6 % (el doble que hace tres años) y el PIB ha caído al 3,8 %. Nuestra recesión económica no es aún tan grande, pero en la tasa de desempleo les ganamos por goleada.

Los portugueses han vuelto a cantar con lágrimas en los ojos el himno de la Revolucíón de los Claveles. Está ya en sus raíces. Y desde luego si o povos maltratados por el neoliberalismo en Europa se unieran volvería a caer el tinglado que se han montado a nuestra costa, como sucedió en Portugal en 1974, totalmente en paz. Y es que, sí, el pueblo es el que más ordena.

Cuando pase la crisis

Rajoy ve signos de recuperación. Draghi, señales positivas porque las reformas están “en el buen camino”. Rajoy se felicita por su propia labor y afirma que “la reforma laboral deja ver ya su efecto en la economía”. El presidente del Banco Central Europeo alaba las medidas del colega y nos dice: “tendrán que reconocer el enorme progreso realizado por España”. Mientras nos recuperamos del espasmo de escuchar eso sin anestesia, nos damos cuenta de que nosotros vivimos en un país diferente al que vive Rajoy y contempla Draghi. La mayoría solo vemos 6 millones de parados, 400.000 desahuciados, alzas de precios, merma de nuestras condiciones de vida y derechos, y las víctimas que ya está dejando esta recuperación tan estupenda. Un futuro muy negro por las “reformas” que –dicen los que mandan- es necesario realizar todavía. Un “plan creíble” define el italiano; ‘el afán reformista ni se distrae, ni flaquea, ni se agota”, precisa el gallego.

Hasta personas críticas con las políticas que siguen el PP y la UE dicen alguna vez: “Cuando pase la crisis”… Temen –más bien, esperan- que eso suceda a tiempo para que Rajoy revalide su cargo en las próximas elecciones. Es una característica humana soñar –aunque sea sin fundamento- en que el dolor y la penuria tienen un final… positivo. Creer – tener por cierto lo que no está comprobado ni demostrado– que las cosas cambian porque sí, sin intervención que enderece el rumbo erróneo. “Siempre ha sido así, todo termina por arreglarse”. Sí, aún recordarían los ciudadanos del final de la Edad Media cómo sus lejanos antepasados de diez siglos antes esbozaron el mismo comentario que se transmitió de generación en generación.

El PP intenta con fruición pasar la página de los múltiples escándalos de corrupción. Su ejército de altos cargos y voceros mediáticos han logrado sembrar dudas. Y muchos ciudadanos “ecuánimes” están más atentos al “todos lo hacen” y “solo son indicios y no pruebas hasta que decida la justicia”, que a las mil y una fumarolas que se escapan de una raíz podrida ( presuntamente) que bulle en magma bajo los pies de todos. Así que toca sacar la zanahoria otra vez: la crisis se está terminando.

En el improbable caso de que así fuera a la vista de los datos (el BBVA acaba de “mejorar” las previsiones para 2013 y nos da un -1,1%) ¿Cómo saldríamos los ciudadanos de la crisis? Bien claro dicen Rajoy y Draghi que una de las causas es que hemos ganado competitividad, al rebajar los costes laborales. En el país de los salarios más bajos de la UE 15 (junto a Portugal) se ha practicado una seria poda a los sueldos. Y además echamos a los jóvenes para que se busquen la vida fuera de España y bajen las cifras del paro. Pero hay mucho margen para lograr más “competitividad”. Ahí tenemos las fábricas de APPLE en China –y muchas otras en muchos otros países- con semanas de 60 horas laborales por 220 euros al mes y empleo de niños. Pagándose ellos el dormitorio hacinado y la comida.¿No tenemos en España un gran margen para lograr esa “competitividad”?

Se reactivará el crédito, aseguran. Dice Draghi que España es el mayor receptor de fondos del BCE del que se lleva el 30% del total (ése que nos cobran a los ciudadanos en dinero o en especie). Y que como los bancos tiene “crédito ilimitado” al “precio oficial”, ya pronto empezarán a surtir a empresas pequeñas y ciudadanos. El precio oficial es el 1%, ellos lo prestan a no menos del 5%, incluso a los Estados. Pero hay unos fondos y una deuda pública que aporta grandes rentabilidades si se quiere especular. Y, de momento, ahí estamos. ¿Por qué van a cambiar? ¿Por su demostrado altruismo? ¿Por su patriotismo acreditado quizás?

Ahora bien ¿quién consumirá? Parados precarios, empleados y pensionistas devaluados, ciudadanos todos ahogados por la brutal elevación del coste de la vida ¿Cómo habrá crecimiento si cada segundo somos más pobres? Las empresas se vuelcan en exportar a otros países, a nosotros ya no nos toca. Obama anuncia que va a reactivar el sector público en EEUU para crecer, nuestros jefes se espantan.

Aquí andamos en “el buen camino”: mermar las condiciones de vida de la población en general en vistas a enriquecer más al selecto grupo para quien se gobierna. Y hacer pagar mucho más por menores servicios, como vengo diciendo y demuestran los hechos. Ni un solo país se ha recuperado con las recetas neoliberales, no lo han hecho quienes cuentan: los ciudadanos que son ahora mucho más pobres. Grecia, Portugal, Irlanda, Letonia…

Existe otro camino más. Islandia nos da una lección. Crece más que ninguno en Europa. Y ha logrado que la justicia falle a su favor y pagar a su criterio todo el daño que hicieron sus bancos. No pagar a ingleses y holandeses que buscaron rentabilidades desmesuradas sin mirar más, hasta que no vendan los activos del principal banco causante del desastre. Dos diferencias fundamentales nos separan. Allí es mayoría una ciudadanía real no lastrada por siglos de incultura y mojigatería. Aquí lo es la masa ameba, aunque estemos viendo una minoría crecientes de gran arrojo. Y otra fundamental: al ser poca población están mucho mejor comunicados para compartir información.

Hay quien cree al PP y a sus homólogos europeos. Hay quien cree que habrá una recuperación y que el Estado del Bienestar volverá con su lluvia de jamones de jabugo y langostas y largas vacaciones en la playa. O al menos con lo que había. ¿Qué más datos necesitan para ver lo que muestra, fehaciente, la realidad?

Cuando pase la crisis, si pasa, no pasará para ti.

*Publicado en eldiario.es

 

Yo me sacrifico, tú te sacrificas, él nos sacrifica

 Últimamente ese corifeo que forman -en distintos tonos y timbres- el gobierno y los altos mandos del PP, repiten que nos han “pedido” sacrificios. Les confieso que yo siempre me quedo perpleja. Si es una solicitud, implica que podemos negarnos. E incluso responder: sacrifícate tú. En todo caso, sacrificarse siempre es voluntario, porque de ser otros los que te inflingen “sacrificios” se trata con mucha más propiedad de tortura.

Veamos. El concepto se las trae. Habla de “ofrecer o dar algo en reconocimiento de la divinidad” en la primera acepción de la RAE. ¿Los mercados directamente o sus representantes en la tierra FMI, UE, BCE e incluso Angela Merkel o el propio Mariano Rajoy y todos los actores y beneficiarios del neoliberalismo? La primera reflexión fundamental es saber quién ha establecido esa jerarquía, tan drástica e incontestable que impone perjuicios y privaciones al resto.

“Poner a alguien o algo en algún riesgo o trabajo, abandonarlo a muerte, destrucción o daño, en provecho de un fin o interés que se estima de mayor importancia”, aclara el diccionario. Y se ajusta a la realidad. Ya vimos y vemos que cada vez se nos hace pagar más por menos servicios, y es evidente que esos dolores y quebrantos se practican “en provecho” de algo superior a nosotros, el común de los mortales. La divinidad propiamente dicha. De “matar reses u otros animales, especialmente para el consumo”, empezamos, por tanto, a no estar muy lejos (entiéndase el consumo de la deidad). ¿Quién ha elegido y aceptado esa superioridad de algo o alguien por la que se sacrifica a los demás?

La Real Academia de la Lengua ofrece también dos acepciones más concordantes al siglo XXI, sin dioses ni nada. Para ellos, sacrificio es igualmente: “Sujetarse con resignación a algo violento o repugnante”. A las pruebas me remito sobre las arcadas que nos producen a muchos –diría que hasta a la masa ameba- las medidas políticas, sociales y económicas que nos están aplicando. Pero de “resignación” en buena parte de los casos ni un ápice, más bien nos generan indignación y hasta exacerban bajos instintos. Hay quien sin embargo se tapa la nariz y los ojos, al parecer, y acepta el suplicio seguramente basado en otra definición: “Renunciar a algo para conseguir otra cosa”. ¿Qué? ¿Ser cada día más pobres y más desgraciados? Ah, la divinidad asegura y las protozoos creen que será la recuperación económica, el empleo y el maná en lluvia profusa. Pero la gente que piensa y saca conclusiones ya sabe que esto no va a suceder y que -el lejano día en el que por este camino cuadre alguna cifra- será a costa de unos ciudadanos altamente “sacrificados” de vida y futuro. ¿Quién gobierna realmente y para quiénes se gobierna? ¿Creen que oleremos siquiera el botín que, a nuestra costa, se han reservado?

De cualquier forma, usar la palabra “sacrificio” en política, lo mismo que el “gobernar implica repartir dolor” de Gallardón, es concebir la vida pública como una religión. Como la católica para ser más precisos que lidera (con el judaísmo) el uso de la tristeza, el daño, el castigo, la resignación, la culpa y la pena entre todas las existentes hoy. Ya sabemos que los “sacrificios”, incluso humanos, sí se practicaban en las épocas previas al conocimiento, o en las que quisieron apagarlo. Aceptar esa directriz en el lenguaje, no es inocuo: se interioriza en la mente. Y hace aparecer el sacrificio como algo bello y esforzado. Para algunos al menos. Nunca el lenguaje es inocuo.

Siempre he imaginado al PP metido en una cámara de criogenización, en la que entraron cuando la dictadura franquista se encontraba en pleno apogeo, a conservar su naturaleza. Algunos, por edad, debieron nacer incluso dentro de ella. Alimentados todos ellos con las esencias de Torquemada y otros ilustres antecesores que aún deben levitar sobre las cápsulas. Salían, descongelados temporalmente,  a esparcir declaraciones. Ahora ya, con el poder en las manos, hacen daño y destruyen como manda el sacrificio. A otros.

Pero que no nos engañen, esto no lo sufrimos por propia voluntad. Yo no me sacrifico. Tú tampoco, creo. Nos sacrifican. Y, a veces, aún dicen que “no les gusta” hacerlo. Nadie nos “ha pedido” nada, es impuesto. Y sacrificar a otros viviendo uno, además, divinamente –nunca con más propiedad- tiene un nombre bastante menos bucólico: tortura y, en todo caso, privación de bienes.

No queremos ganarnos el cielo que es asunto muy personal, queremos una sociedad real, moderna y avanzada en la que se busque el bien de todos los ciudadanos. Compuesta -precisamente- por ciudadanos, no por feligreses. Y en la que un mandato de gestión no implique creerse una divinidad. Mal andamos, por cierto, si estos personajes son nuestros dioses.

La gran estafa: pagar más por menos

Desde el 1 de enero, somos aún más pobres. El festín de incrementos de precios de comienzo de año no ha tenido en cuenta las brutales subidas de 2012, y ha vuelto a aplicarse con rigor, corregido y aumentado. La técnica la conocen sobradamente griegos y portugueses a quienes se sigue exprimiendo cuando ya parecía que no pudiesen sangrar más sus bolsillos… y sus vidas. Todo se resume en una máxima neoliberal: hacer pagar a los ciudadanos mucho más, por mucho menores servicios. La cuadratura del círculo, la llaman. Lo asombroso es que se acepte.

Muy notable el incremento de la electricidad (aplazan gas y butano para inducir a pensar en su buena voluntad). Transportes, peajes, correos, teléfono. Madrid y Barcelona suben el agua. Y la capital registra un fuerte recargo del IBI. Se nos aplica también el euro por receta. La gasolina vuelve a las andadas tras el estratégico descenso de noviembre para colarnos un IPC más moderado.  No hay quién dé más. Por el momento, que todo se andará. Insisto, miren a Grecia y Portugal.

 En consecuencia, baja nuestro poder adquisitivo. Significativamente. Porque además, entretanto, los nuevos parados cobrarán menos a partir del sexto mes. Siguen congelaciones y bajadas de sueldo, y se esperan muchos más despidos. Es así aunque De Guindos haya vuelto a sacar la bola de cristal para incautos y diga que como a finales de 2013 se empieza a crear empleo. ¿Cómo si no se reactiva el consumo y es imposible hacerlo con tanta merma? Igual tienen Rajoy y sus huestes alguna explicación que darnos sobre de qué forma se puede comprar cuando falta el dinero, y a qué Virgen o Santo Patrono se han encomendado para que la economía crezca y cree empleo en un país cuyos ciudadanos tienen cada vez menos dinero que gastar.

 Lo que resulta aún más pasmoso es que todas estas subidas dan derecho… a menos servicios. Con incrementos y repagos, cada vez es más difícil acceder a ellos y muchos no van a poder. Algo se ha hecho muy mal –o muy bien según el objetivo- para que con tanto recorte y alzas de precios la deuda pública se le haya disparado a Rajoy del 68,5% que la dejó Zapatero al 77,4% en el tercer trimestre y, a la espera de los datos del cuarto, la previsión del gobierno sea que haya cerrado el año en el 85,3%.

¿La herencia? Todo el “despilfarro” que se atribuye al presidente socialista se centra en el mal diseñado cheque bebé (4.000 millones en 3 años), aunque a muchos vino bien. Y en el Plan E que –si bien es cierto que de plan-ificado no tenía nada tampoco- fue gestionado de muy diversas maneras. Aunque fuera edificando una réplica de la Puerta de Brandenburgo y demás monumentos europeos (como hizo el alcalde del PP de Torrejón de Ardoz), algún albañil, fontanero o pintor se emplearían. Y, en ningún caso, los 12.000 millones (en dos fases) destinados a ese fin justifican los recortes infinitamente más elevados que ha aplicado el PP. Tantos que ya se pierde la cuenta, pero solo en los primeros Presupuestos Generales del Estado de 2012, fueron 47.000 millones y luego siguieron en cadena, con entusiasta colaboración de las Comunidades Autónomas. ¿A quién benefician estos tijeretazos? Es pregunta clave. Y ¡aún así no les llega! Y tienen que seguir cortando.

¿A que va a ser otra cosa lo que pasa? Pagamos la crisis internacional, la “refundación” de la sociedad por el capitalismo –cuando iba a ser al revés-, despilfarros reales y múltiples, la burbuja inmobiliaria con sus corrupciones y pésimas gestiones, o ese rescate estupendo a bancos y cajas enladrillados de 100.000 millones de euros. Pero hay más…

¿Cómo ha aumentado Rajoy la deuda casi 17 puntos en solo un año si esas cifras se mueven tan despacio? Por los intereses. Como no pide el rescate para el país que los especuladores esperan, cobran más caro el préstamo y ellos tienen bula. Ya sabemos que al BCE le prohíbe su religión (o sea su estatuto) prestar a los gobiernos directamente. Así que da dinero, mucho, a los bancos privados al 1% y estos lo cobran al 5% o 6%, incluso a los gobiernos. Además de nuestros amigos “los mercados” que buitrean cuanto pueden.

Rajoy -como todos los neoliberales-, puestos a sacrificar a alguien, lo hace a los ciudadanos que pagan impuestos… y se callan. Los especuladores son intocables. Y salivan al ver que cada vez hay más tajada a la que hincar el diente. La deuda es un gran negocio, una ganga. Ya nos apañamos con Zapatero y Rajoy una reforma constitucional que consagra de por vida –o hasta que se cambie- que ésta sea la ley.  A los mercados –bancos incluidos- que no nos los toquen. Y no hay límite. Como del cerdo, de los ciudadanos se aprovecha todo, hasta el hígado. Y ahora van también a por las pensiones, después de cotizar toda la vida para pagarse un sustento en la vejez.

 A ver, Sr. Rajoy, Frau Merkel y toda su parentela local, nacional e internacional…  El Estado del Bienestar era sostenible hasta que llegaron Vds. a los grandes órganos de poder. No se entiende que saqueen la hucha de nuestros impuestos por muchas explicaciones técnicas que nos inyecten en vena sobre “ el reparto de partidas contables diseñadas” –definición que presto a sus creadores de neolengua– y, encima, cada vez nos den menos a cambio. En una empresa mercantil –y en eso han convertido Vds. los países- lo que están haciendo se consideraría una estafa. Y, en las empresas, cuando los contratados para la gestión –su caso-,  timan, expropian y desfalcan al personal, no cabe otra solución que el finiquito y una denuncia en comisaría.  Una inmensa tela de araña, tejida a propósito, impide que buena parte de los ciudadanos lo contemple así. Pero ¡ay! del día en el que, exprimidos hasta el tuétano de los huesos, el soplo de la cordura aviente esa turbia red y todos -salvo los adocenados sin remedio- lleguen a verlo claro. No tendrán campo para correr. No es la primera vez en la Historia que el poder no advierte el profundo e irreprimible hartazgo que las medidas arbitrarias causan en sus víctimas.

 *Publicado en eldiario.es

La OCDE dispuesta a que no queden de los españoles ni las raspas

La OCDE que en su último informe avanza que 2013 va a ser el peor año de la crisis en España y que llegaremos casi al 27% de desempleo con 6,2 millones de parados, acaba de pedir al Gobierno una serie de medidas:

Subir el IVA a turismo, del transporte y de los libros. Y aplicar el régimen general a más bienes y servicios.

Endurecer las condiciones para cobrar el desempleo.

Un contrato único y un menor coste del despido improcedente.

Una nueva reforma de las pensiones y la supresión de la jubilación parcial.

Suprimir las deducciones en el IRPF por pensiones y por compra de vivienda.

Abolir la extensión legal de los acuerdos de negociación colectiva de nivel superior o reemplazarla por un régimen de consentimiento previo.

Liberalizar completamente los horarios de venta de las grandes superficies, llamando al orden a las regiones que mantienen aún restricciones.

Todo ello, política neoliberal de la que gusta y ejerce el PP.

Como expertos, saben que así todo irá mucho peor, pero como decía el viejo chiste: “Mejorar no mejorarán pero la vida se les va a hacer muy larga”.

 

No pensar para no sufrir

La actitud se extiende por un sector de la sociedad cansado de luchar sin ver frutos. Evadirse de la realidad para no sentir un permanente desasosiego. Muchos ciudadanos se unen así a las legiones que nunca usaron su cabeza más allá de para peinarse. Quienes no se informan porque “leer las noticias da ganas de cortarse las venas”.

Suelo mantener que vivimos en la sociedad más “entretenida” de la historia. La que tiene a su alcance el mayor cúmulo de distracciones del que jamás dispuso pueblo alguno. Entran por los ojos en tal profusión de fuentes que incluso pueden llegar a saturar. Pero “distraer” tiene un significado más real: apartar la atención de lo esencial. La búsqueda de compensaciones y la disuasión del esfuerzo caracterizan a nuestra vida en comunidad. En buena parte son inducidos. El viejo invento romano del “pan y circo” ha seguido hasta nuestros días, aumentando su número e intensidad. Las diversiones  son muy positivas ¡quién lo duda!… cuando no entran en la adicción compulsiva y nublan la mente.

No pensar no evita sufrir. La ciudadanía española vive uno de sus momentos históricos de mayor depresión y desasosiego. Incluso quienes huyen de la información y la reflexión, están doloridos y atemorizados. No es por falta de ocio el desánimo. Y cuanto más “distraídos”, más vulnerables. Pese a su frustración, son más felices quienes mantienen una actitud activa frente a los problemas. La pasividad desarma. Quienes se abrazan a ella,  solo parecen esperar el golpe final en el pescuezo. Aguantan. Una y otra merma, una más, las que sean. Algunos se engañan en la creencia (considerar cierto lo que carece de razones para serlo) de que todo se arreglara por sí solo. O por las medidas que no deja de contradecir la evidencia. O esperando que “otros” les saquen del atolladero. Y, sin embargo, andan agazapados aguardando el descabello. Sí saben que eso puede ocurrir. Pero “no lo piensan”, soslayan hacerlo.

 No todo el tiempo. La realidad resiste mal ensoñaciones y distracciones y se muestra terca. Los recortes siguen ahí. Y sigue el paro y el dinero que no llega. Y los desahucios. Y el miedo. Y los derechos en peligro… aunque este punto interesa menos a quien ya ha rendido su condición de ciudadano libre. Mucho más a quien ahora se apunta a la tendencia de “no pensar para no sufrir”.

 Repetir los errores por no reflexionar. Los ciudadanos catalanes parece se disponen a avalar un redoble de recortes, privatizaciones o cuentas poco claras. La pelota que deja sin ojo y la porra que abre heridas en la represión de las manifestaciones. Tienen un caramelo al que aferrarse, otra salida, un aparente cambio: la presunta independencia que ofrece quien nunca creyó en ella. Los gallegos, hace poco, anduvieron una senda similar al poder decidir quién iba a representarles en la gestión. Los griegos también meses atrás. Syriza se abría como una opción diferente, pero el conciliábulo mundial se alió para atemorizarles y dejaron las cosas como estaban. Exactamente igual. O peor. Más tijera, más autoritarismo, los nazis del descontento irracional invadiendo las calles.

¿Cómo es posible que se caiga una y otra vez en los mismos errores? Por no pensar. Siempre hay opciones cuando todavía se mantiene en pie la democracia e incluso cuando ha caído. Entonces resulta más difícil volver a la cordura, eso sí.

Madrid reventó un día del Siglo XVIII en el llamado Motín de Esquilache  y tras la capital se levantó gran parte de España. Reinaba Carlos III y, tras una enésima hambruna, había subido el pan. Luchas de poder por en medio. El malestar social hervía. Leo que José Mª Pemán, un escritor que gozó de gran predicamento en el franquismo, glosó cómo se desarrollaban los momentos previos:“El rey Carlos III se burlaba de buena fe de esta especie de resistencia pasiva que advertía en el pueblo frente a sus mejoras, y solía decir que sus súbditos españoles eran como los niños, “que lloran cuando se les lava y se les peina”. Como si fuera hoy.

Hubo tal revuelta, sin embargo, que el Rey temió perder la corona. Y se dejó de peines y lavados infantiles para sentir miedo. Chivos expiatorios, un mejor abasto… y todo volvió a su cauce. Una vez más. No todos pensaban, todos sufrían.

“La historia no devolverá jamás la razón que hoy se nos lleva. Cada milímetro que el mercado y el capital ganen a la razón hará falta luego reconquistarlo, contra la historia, con los mismos esfuerzos con los que en su día se le arrancaron”, escribe el fascinante filósofo Carlos Fernández Liria, en su último libro ¿Para qué servimos los filósofos? Para pensar, para inducir a pensar. Para ser más libres y adultos, para no dejarse servir cocinados voluntariamente en un plato. ¿Se sufre en el hervor? Por los resultados, se deduce que sí.

 Federico Mayor Zaragoza anima de continuo a la reflexión y a la acción diciendo por ejemplo:“Cada persona tiene el don de la libertad y puede con ella construir su futuro”. O, citando una frase de Burke que adora y hace suya: “Qué pena que por pensar que puedes hacer poco, no hagas NADA”. Y es que pensar es inevitable, vale la pena el esfuerzo de hacerlo con sensatez y visión de futuro.

 *Publicado en eldiario.es

Si Rajoy no hubiera tomado esas medidas

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, pregunta al cumplirse un año de su elección: “¿Y si no hubiéramos tomado esas medidas?” No puedo por menos que responderle. Aunque sea de una forma muy somera porque no hay espacio para detallar todo lo que hubiera pasado si Rajoy no hubiera ganado el 20N y tomado “esas medidas“.

 Habría 413.059 parados menos en las cifras del INEM, contabilizando desde Noviembre de 2011 (4.420.462) a Octubre de 2012 (4.833.521). 800.000 según la EPA. No se hubiera batido el récord absoluto de desempleo. Y no nos pronosticarían numerosos organismos internacionales y nacionales otras 500.000 personas más sin trabajo para 2013.  No se hubiera recortado también el  subsidio de desempleo y el fomento del empleo. No se hubiera abaratado el despido y los sueldos. No se hubiera perseguido a los funcionarios de uno de los países con un sector público más exiguo.

 No habría re-pago farmacéutico y de prestaciones. No hubieran salido del sistema público de salud 400 medicamentos. No se hubieran cerrado hospitales, urgencias, servicios. No se apostaría contra la salud especulando con la sanidad y privatizándola. No se le hubieran quitado en los tardíos presupuestos de este año casi el 7%, 7.000 millones más 6 días después mediante nota de prensa, ni se le cargaría otro recorte del 22% para 2013. Los emigrantes y españoles mayores de 26 que no han cotizado tendrían derecho a curarse. No se hubiera esfumado la Ayuda a la Dependencia, ni a la Prevención del SIDA, ni al Desarrollo, ni las medidas contra la Violencia Machista. Algunas personas que han muerto por desatención, posiblemente vivirían.

 No se hubieran recortado el  22% en educación en los presupuestos de 2012 y  otros 3.000 millones en el añadido inmediatamente posterior. Y 326 millones más en las cuentas del 2013. No estarían los alumnos masificados en las aulas. No tendrían que ir a comer al colegio con tartera y pagar por calentarla en el microondas. No habrían de pagar autobuses en el área rural o ir caminando kilómetros como ha sucedido en algún caso. No se hubiera restado el 68% a la educación compensatoria. No se hubieran encarecido las guarderías. No se hubieran triplicado los costes de estudiar una carrera universitaria.

 No se hubieran suprimido materias fundamentales en el temario, como Educación para la ciudadanía o Ciencias para el Mundo Contemporáneo. Ni música, ni ética, ni el bachillerato de Artes Escénicas. Ni se hubieran reducido los estudios de Tecnologías y Plástica. No se hubiera vuelto a los programas de 1990 e incluso de 1970. No se hubiera eliminado prácticamente el presupuesto para estudiar idiomas.

No se hubiera cercenado también el presupuesto de cultura, ni se le hubiera aplicado a muchas de sus especialidades un 21% de IVA hasta convertirlo en el más caro de la Eurozona. Los Museos funcionarían como lo hacían con anterioridad. Los ciudadanos podrían seguir yendo al cine o leer libros electrónicos, sin hacer desembolsos prohibitivos. La cultura no se hubiera convertido en artículo de lujo y una mercancía más.

 No se hubiera recortado un 25% a Ciencia e Investigación. No estarían abandonando el país nuestros jóvenes más preparados. No bramarían, asustados e indignados, los científicos de más prestigio y más visión de futuro.  

 No se anticiparía que las mujeres van a volver a ser menores de edad y tuteladas en sus decisiones sobre sus embarazos.

 La Justicia no sería solo para los ricos.

 Seguiría habiendo una televisión pública estatal que no manipulara.

 No se hubiera aumentado el gasto en antidisturbios y material de protección de 173.670 euros a 3,26 millones en 2013. Ni se hubiera reformado el Código Penal para reprimir las protestas ciudadanas. No habría esos despliegues policiales, ni tantos palos, ni tantos insultos con las cifras de asistentes.

 No se hubiera regalado, entretanto, una amnistía fiscal para los defraudadores de ricos posibles. No se hubieran entregado cantidades millonarias de dinero público a los bancos y cajas y la Bankia de sus amores no seguiría siendo la hemorragia que nos sangra porque cuanto más entra más pierde. No habría “banco malo”.

 No hubieran subido de forma tan dramática los impuestos hasta mermar el poder adquisitivo y arrojar a la bolsa de la precariedad a tanta gente. 

No estaríamos mucho peor que hace un año ¿Por qué estamos mucho peor?

 Quizás, porque si no se hubiera mermado el consumo a consecuencia de todas sus medidas y las de su gobierno –cuando se recorta a los ciudadanos, no gastan y eso lo entiende “todo el mundo”-, no ahondaríamos la recesión, poniéndonos en la situación que vemos en los ciudadanos griegos y portugueses. Y para los que ni ha pasado lo peor de la crisis, ni va arreglarse ya.

 ¿Qué hubiera hecho “otro” de ganar esas elecciones? Eso ni cuenta, el responsable de todo esto -y de mucho más que resulta imposible incluir en un texto periodístico- es Vd. Esas medidas son suyas. Los recortes practicados a las autonomías también, tan precisas ideológicamente cuando las comanda su partido o CiU.

No estaríamos inmensamente hartos, desesperanzados, saturados de tanta mentira y tanta promesa falsa que aún se obstina en continuar alimentando. De la excusa de la “herencia” que con tanto entusiasmo su partido forjó. De los insultos a la inteligencia. Del oportunismo y el clientelismo. No nos ahogaría tanta mojigatería, servilismo  a la religión católica y al poder económico. Mientras se abre la puerta a macrocasinos y a la compra de la residencia española sin pedir otra referencia que el dinero. De tanto desprecio por la sociedad a la que representa, tanto cuento y tanta ineficacia. Del desprestigio que nos ha convertido en centro de la crítica mediática mundial con Vd. a la cabeza.

*Publicado en eldiario.es

 

¿Una plaga de termitas?

Las termitas son insectos. Se agrupan en nidos y se alimentan de la celulosa contenida en la madera. Con enorme constancia y eficacia, horadan su objetivo –un árbol, por ejemplo- hasta dejarlo hueco y muerto, aunque exteriormente parezca que sigue vivo. Saben infiltrarse con gran discreción. Pueden devorar una viga completa atravesando incluso el hormigón, sin que sea perceptible hasta que se cae. Una organización, perfectamente jerarquizada y dividida en castas, les ayuda en sus fines.

 Quienes viven realmente bien son, claro está, los jefes: las reinas y los reyes, como les han llamado los científicos. Son los únicos que se solazan en la labor de reproducirse y no hacen otra tarea para la colectividad. Las termitas obreras realizan todo el trabajo. Construyen y mantienen el nido y los túneles, los limpian también. Comen para ellas y para los demás. Como son las únicas que pueden digerir el alimento, se lo pasan ya deglutido a las otras castas: los reyes y los soldados.  También los cuidan y hasta los acicalan. La mayoría son ciegas. Las pobres tienen un cuerpo poco esclerotizado, poco duro. Y eso cuenta en la especie. Porque el de los soldados sí es esclerotizado. Y mucho. En particular su enorme cabeza. Poseen potentes mandíbulas para morder al enemigo o repelerle con chorros de una secreción viscosa y tóxica.

Hay 3.000 variedades de termitas que se conozca. Lo mismo que existen un millón  de categorías descritas de insectos, especie a la que pertenecen las termitas, y que es la de mayor éxito biológico de la tierra; pero los científicos estiman que podrían existir hasta 30 millones más todavía sin identificar. De momento, al menos. Dado que muchas veces se constituyen en plagas –que destruyen cuanto tocan buscando lo que les interesa- modestamente propongo a los investigadores que evalúen algunos datos de otra variedad que estamos experimentando los humanos.

Son aquellos que se infiltran por el Estado del Bienestar que disfrutábamos en Europa. Con discretas pero firmes dentelladas van engullendo la sanidad, la educación, los transportes públicos, la ciencia y la investigación –por ahí igual les animamos a iniciar el estudio si inicialmente no lo ven claro-, la cultura, el empleo, los subsidios para los parados, las pensiones, la ayuda a la dependencia, a la  cooperación, los derechos de los ciudadanos –del país e inmigrantes-. Los precios asequibles. Los del medio ambiente, en costas, aguas y aire. Todo. Un sistemático y constante triturado en todas las direcciones.

La variedad española del fenómeno, ataca, además, el progreso logrado en múltiples aspectos esenciales. La educación que empezaba a acercarse a Europa y ahora regresa medio siglo atrás. La sanidad que era modelo ejemplar en el mundo. La justicia. Las libertades. A la función pública con la fruición de una colonia de roedores enfebrecidos. Con especial virulencia corroe los derechos de las mujeres, que habrán de volver a pedir permiso y esgrimir justificaciones para comportarse como tales en algunas circunstancias en las que como seres humanos decidían. Los de quienes, en circunstancias más favorables, se embarcaron en comprar la titularidad de una casa que en realidad tenía el banco. Y este banco es alimentado, cuidado y acicalado con los impuestos de la gente, mientras los hipotecados pierden su hogar.

 Se infiltran sin que buena parte del conjunto se dé cuenta, afanados en su tarea cotidiana. El Estado del Bienestar luce con su corteza más o menos impoluta, pero por dentro se está vaciando. Al paso que vamos, por completo. Atraviesan el duro hormigón de muros que parecían sólidos e infranqueables, los engullen y los pudren sin remedio. De ser un mueble de madera maciza se ha convertido en una pila de serrín, aunque parezca conservar su fachada.

 La casta que les sustenta, que construye, trabaja, ordena, asea y protege, es mayoritaria, pero parece tener dificultades de visión o de criterio. O estar permanentemente distraída intentando olvidar sus zozobras. O pensar que “así ha sido toda la vida” y no hay más qué hacer. De una forma u otra, colaboran en la tarea devastadora. No todos. Hay quienes sí se dan cuenta y corren de un lado a otro alertando. Protestan, pero les mandan los soldados a morder y emponzoñar, si es preciso, dado que han pasado a ser considerados sus enemigos. El Estado carcomido solo refuerza lo que llaman seguridad, la capacidad de usar la caja, o la de recaudar impuestos cada vez más elevados y con menos contraprestaciones.

 ¿Son termitas? Los científicos pueden ayudarnos a identificarlas y tratar el problema, estoy segura. Las dimensiones del fenómeno no pueden pasarles desapercibidas. Y urge tomar medidas. Caso de serlo, las termitas, una vez que empiezan, nunca dejan de acribillar sus objetivos para usarlos en su provecho.

*Publicado en eldiario.es

Menú de Navidad para tiempos difíciles

  La tijera del PP (y de quienes mandan en las comunidades autónomas), las elevaciones de impuestos también,  han restado notablemente nuestro poder adquisitivo.  Y queda mucho por venir ahora que Rajoy y su grupo se han sentido “avalados” por su triunfo en Galicia. Las pensiones serán la siguiente estación del viacrucis. No importa qué hayan prometido.

    A los funcionarios les van a suprimir la paga de Navidad, pero les van a hacer cotizar por ella como si la hubieran cobrado. Cosas de la ley, dicen. Es una merma más de su sueldo.

   Las “entrañables” fiestas se presentan pues muy crudas. Otros países de nuestro entorno -y señalamiento en la diana- han agudizado su ingenio para celebrar a pesar de todo la Navidad. Con ingenio, no faltaría más que también nos lo quitaran.

   Veréis, los portugueses la cuecen con agua de mar y los griegos la aderezan con salsa de yogur ¿Qué receta culinaria elegiremos nosotros? Ésta es la langosta a la que podemos aspirar. Diseño español anónimo, por cierto.

Liquidación total

La escenografía de las liquidaciones por cierre en el paisaje urbano ofrece un heterogéneo muestrario que, probablemente, refleja el carácter del comercio que se salda. Cartones escritos a mano, en variopinto colorido, tamaño  y distribución, verja echada. Puede servir. ¿Nos damos un paseo por esta tienda llamada España?

Ofertamos, para empezar, una abultada deuda que se agranda por momentos y que nunca podremos pagar. A menos que adoptemos medidas muy drásticas y seguramente ni aún así. Casi veinte puntos lleva aumentados en apenas un año en evolución exponencial.

Disponemos de unos pobres muy aplicados. No encontrará Vd.  nada más competitivo en el mercado, ya que han crecido en desigualdad con los ricos como nadie en Europa y a un ritmo mucho mayor (2,7 puntos desde el inicio de la crisis), según avala el prestigioso informe Gini.

Damos, pulverizando precios, el impresionante stock de parados –récord del mundo industrializado-, al que en el último mes se han incorporado otros 79.645, con lo que ya se hace difícil hasta su almacenaje. Se los entregamos con subsidios mermados y un estigma de culpabilidad que los hace virtualmente dóciles. Les hemos colocado el cartel de “vagos” y eso mina la moral a cualquiera.

El lote de empleados lo encontrará Vd. también rebajado al límite, dado que les hemos disminuido salarios y derechos. No le diré sino que un 30% de ellos ya vive bajo el  umbral de la pobreza. Solo encontrará índices similares en Grecia y Rumanía.  Algunos se ven obligados, junto con muchos parados, a hacer uso de los servicios sociales para cubrir necesidades básicas, como comer, ya sabe Vd –comen, eso no se lo niego-. Pero no se preocupe que no le serán gravosos porque hemos disminuido estos apoyos de emergencia en un 65,4% y aguantan. Y eso que ya atienden a más de 8 millones de personas.

Los funcionarios son una ganga, prácticamente se los regalamos. Hemos de deshacernos de ellos como sea (menos mal que son pocos, en los países desarrollados de Europa tienen muchos más). Trabajan en sectores muy lucrativos que tenemos previsto desarrollar tras el cierre. Ya hemos enajenado gas, electricidad, telecomunicaciones, transportes, bancos y muchas empresas y edificios públicos y no ha ocurrido nada, y tenemos en el almacén dispuestos hasta el tren y el metro. Oportunidades inmejorables, por cierto.

En la sanidad hemos practicado unos retoques que abaratan mucho los costes. Algunos enfermos se nos mueren o no pueden acceder a tratamientos, con lo que merma algo el monto. Y a buena parte del resto lo verá Vd. tan bien educado que incluso vienen con la aplicación de “Es que ha habido muchos abusos” o, bien, “Poniendo un poco cada uno, salimos de ésta”.

Estos resultados parten sobre todo de nuestra acreditada trayectoria en rebajar la educación. Ahora le hemos dado un pulido que le garantiza esta compra y las demás, sin apenas problemas. España encabeza el fracaso escolar en Europa y hemos subido los precios de la Universidad, suprimiendo becas también, para que aquí no estudie ni dios, si Vd. me permite la expresión.

Por los bancos y cajas con pufos no se apure, que si Vd. dispone de alto poder adquisitivo, se los entregamos reparados y hechos un pincel. Si le interesa alguna autopista en quiebra,  disponemos de varias en cuyo saneamiento andamos. Y de parques temáticos del vicio para invertir.

En cuestión de medio ambiente ningún inconveniente tampoco. Vd. puede hacer uso  de cuanto ladrillo y campo de golf precise. Y hemos habilitado una nueva ley de costas que le permitirá legalizar chanchullos y hasta construir encima mismo del agua. Si opta por utilizar productos para contaminar en cualquier actividad o ubicación, le hemos suavizado las condiciones legales para que Vd. lo haga a placer.

En mujer, hemos vuelto al modelo de hace varios años. Más dependiente, precisada de tutelaje, más mujer auténtica. Tiene mejor salida en estos tiempos y nos gustan las tradiciones. Trabajamos ahora en un patrón que les convenza de volver a casa, a su sagrada misión, elevando el precio de las guarderías, el de  libros y comedores, suprimiendo las ayudas a la dependencia, en fin todo un programa eficaz para el objetivo.

Los jóvenes. Carne fresca, mentes preparadas. Los estamos echando a todos. Son legión, casi la mitad de ellos están sin empleo. Reducimos así el estocaje de parados y nos libramos de gente que, por su edad, puede ser más inquieta.

La oferta más irresistible es la de corruptos. Contamos con todos los modelos y calidades. Disponen de sección fija en los informativos y cuentan con un bagaje sin igual. Todo lo que Vd. haya pensado encontrar en el mercado. Conspiración para alterar el precio de las cosas, falsificación de documentos, prevaricación, blanqueo de dinero negro, subvenciones fantasma, comisiones irregulares, traspasos contables, sobres, valijas. Contamos además con ayudas: hemos rebajado el presupuesto para la inspección fiscal o vemos que Suiza, conociendo el paño, ofrece a España alternativas para prorrogar la amnistía fiscal a los defraudadores. Los corruptos vienen sin cargas –no suelen gravarse con impuesto o peaje alguno- y pueden incluso hacer sus tropelías en período electoral que no pasa factura. Y es que la ética española es nuestro producto estrella de saldo.  

La justicia también la tenemos muy apañada, ya sabe Vd. las cosas que pasan en esta tienda, pero es que además hemos subido las tasas y ya solo podrán litigar o recurrir los ricos de toda la vida, como dios manda.

¿Los ciudadanos? Han sufrido la mayor caída del poder adquisitivo en 27 años, están hipotecados, pierden sus casas. ¿Cuántos le envuelvo?

Por los medios ningún cuidado. Buena parte de ellos están también a favor de la liquidación y tenemos en oferta las televisiones públicas, tan remodeladas algunas que Vd. no las conocería. No le digo más que por primera vez en la historia Cruz Roja recaudó en su fiesta de la Banderita para los españoles necesitados y todos los medios lo que contaron fue el que el Príncipe había dejado su mesa petitoria para desplazarse andando por la calle. Sacaron un millón de euros. Dos días después se gastaba el gobierno la misma cantidad en un desfile militar, y eso que dejaron el presupuesto en un tercio.

 Cierto que hay muchos ciudadanos que protestan, cada vez más, pero a este fin hemos previsto una reforma del Código Penal que o los entrulla o los calma. Es tan moderno que no hay otro igual en democracia. Fíjese Vd., hasta 6 años pueden caerles por tirar piedras en una manifestación. 4 por resistencia a la autoridad o 1 año por emitir convocatorias o mensajes “que sirvan para reforzar la decisión” de lo que consideren “alterar el orden público”. Y tenemos el comodín del Delito contra la Nación que da mucho juego.

 Estamos seguros de que Vd. encontrará entre todas estas ofertas varios productos que le interesen. Incluso puede llevarse el comercio entero. Si no es Vd., otro lo hará, esto es una liquidación total en vistas a diversificar el negocio y obtener cada día más beneficios. Privados, como debe ser. Anímese, le estamos brindando una ganga que es –perdóneme- de tontos rechazar. Y, por si acaso, a la salida le darán a Vd. unos billetes de lotería para aumentar sus ingresos de una forma segura y razonable. Los clientes siempre eligen de los montones más grandes, incluso del montón más grande. A ver si tiene suerte, y esta vez, por milagro, le toca y puede volver a reflotar la empresa.

*Publicado en eldiario.es

 

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