Je suis Demócrata

Permítanme que comience escribiendo de la felicidad. Esta mañana al levantarme he leído, para aliviar la pesada carga de la actualidad española, un informe que habla de los países más felices. Hace tiempo que incluso el Desarrollo no se mira por las cifras macroeconómicas sino por las factores (IDH) que contribuyen al bienestar de los ciudadanos que habitan un territorio en sociedad. Finlandia encabeza ahora la lista de la ONU y siempre son los países nórdicos los que se encuentran en lo más alto de la clasificación. La igualdad y la educación marcan el camino y, por tanto, España, la España que regentan los conservadores, suele estar en lugares preocupantes de la tabla. Y cada día más. Porque vamos en sentido inverso.

Este jueves un emigrante senegalés, Mame Mbaye Ndiaye, que en 12 años no consiguió “papeles”,  murió de un infarto en el  Barrio de Lavapiés en Madrid donde residía. Sus compañeros dicen que la muerte se produjo tras correr huyendo de una persecución policial. Mbaye tenía 34 años y vendía perfumes en el top manta. Entre los datos confusos barajados, el Ayuntamiento  confirma una persecución de la policía municipal aunque de Sol a Plaza Mayor, 20 minutos antes.

El hecho es que su muerte ha desatado una fuerte indignación en Lavapiés, disturbios, las ya habituales muestras de racismo y las también frecuentes amenazas. La policía atribuye la violencia a “radicales” y los desvincula del colectivo de manteros.  Periodistas presentes dicen que fueron hombres blancos encapuchados. Nuestro compañero, el periodista de eldiario.es  Moha Gerehouexplica, en línea con el comunicado de SOS Racismo, que “no es una muerte casual, es consecuencia del racismo institucional”. El PP y Ciudadanos culpan a Ahora Madrid de crear un caldo de cultivo. Y la Asociación de la Policía Municipal de Madrid advierte de querellas a… Ramón Espinar, de Podemos, por escribir en un tuit: “Hemos fracasado como democracia”. Según advertía ABC. Venía a anticipar las portadas de la la prensa afín al PP que amanece este sábado culpando a Podemos de los disturbios.

En los vídeos de la noche, vimos cómo antidisturbios se acercaban a una persona que estaba sola en mitad de la plaza, le pegaban en la nuca, lo dejaban inconsciente y se iban, hasta que alguien volvió y se lo llevó a rastras, sin seguir los protocolos médicos en esta circunstancia. Déjenme  que vuelva a la felicidad en Finlandia: una de las claves es que tienen “Poca policía, mucha seguridad”..

Juan Luis Sánchez lo ha encontrado en un hospital -dado que no figuraba en el registro de heridos-.  Se llama  Arona Diakhate, senegalés también, y está ingresado por traumatismo craneoencefálico “por objeto duro y desconocido”. Le han dado veinte puntos en la cabeza. 

Veníamos de un día agobiante, donde se produjeron actitudes en el Congreso de los Diputados deleznables.  El PP quiere -por ideología e interés electoral- que no solo no se derogue la Prisión Permanente Revisable (Cadena Perpetua), sino que se endurezca. Y usa y alienta a algunos padres de jóvenes asesinados que, en contra de las razones contundes contrarias a la ley, parecen creer que penas ineficaces y ultraconservadoras calmarán su, muy explicable, dolor.

El Congreso se convirtió casi en el Coliseo de la Antigua Roma. La escena del diputado popular Bermúdez de Castro es de las que avergüenzan como país. La de Girauta de Ciudadanos tampoco se quedó atrás. Desde la tribuna de oradores,Bermúdez de Castro reta a la oposición para que miren la cara de los padres antes de votar. Estos aplauden o hacen gestos desde lo alto de la grada. Rajoy les saluda después. La imagen y las declaraciones de los padres de Diana Querr y Mari Luz abre el Teledario de TVE. La prensa concertada con el PP, como ABC, jalea desde portada.

Aupado en las encuestas por su dureza contra el “procés” en Catalunya, Ciudadanos cambia todo su discurso contrario a la Ley por un apoyo entusiasta, que es su apuesta favorita esta temporada. PP y Cs pelean por votos viscerales y no precisamente progresistas y en esa lid les vale todo. Asómbrense que hasta el editorial de El País recrimina a ambos partidos, también al de Rivera, su aprovechamiento de las víctimas para sus fines electorales.

Se suceden los indicios inquietantes. Los familiares de jóvenes asesinados  cargan contra el PSOE por su postura ante la prisión permanente revisable.  El PSOE dice, según la Cadena SER, que se apunta a dilatar el trámite de la ley como PP y Ciudadanos hasta que se enfríe el debate y se pronuncie el Tribunal Constitucional de la independiente justicia española.

Veníamos de la condena del Tribunal de Derechos Humanos de Estraburgo, por la que el Estado habrá de devolver la multa a quienes quemaron una foto de los reyes hoy eméritos porque han considerado es libertad de expresión. Veníamos de que, ni la sentencia ni las críticas a las prerrogativas y excepciones de las que goza el jefe del Estado español, han logrado que PP, PSOE y Ciudadanos se avengan a derogar el delito de injurias al Rey, como se debatió. Y ahí sigue, con sus secuela de damnificados.

 Ya no faltaba más que la multa de 40.000 euros a la Revista Mongolia por una caricatura del torero Ortega Cano. No puedo estar más de acuerdo con los razonamientos de Darío Adanti, uno de los autores de Mongolia: “El género satírico ha estado ligado especialmente a las democracias, no hay totalitarismo, del signo que sea, que soporte la sátira“.

La libertad de expresión en España se está poniendo muy cuesta arriba. Cualquier crítica puede ser objeto de querella si un juzgado la admite. Hechos consumados y públicos se archivan por falta de pruebas. Muchos coincidimos en que hay una flagrante diferencia de trato judicial “en función de criterios políticos, sociales e ideológicos”. Lo argumentaba ayer aquí Carlos Hernández.

La España de Rajoy y su PP que pretende heredar, en calco, Albert Rivera y sus Ciudadanos, está dando un sobrecogedor relato que nos está alejando de los estándares puramente democráticos. El Tribunal de Estrasburgo, en efecto, va a tener que hacer horas extra con nosotros. Esa pugna en los márgenes extremos de la derecha, sin importar usar en su provecho hasta el dolor de niños y grandes, augura días más tenebrosos todavía. Porque ya va sin freno. El PSOE podría cambiarla y hasta salvar los escasos muebles que le quedan, pero alguna de sus complicidades, como vemos, no van precisamente por esa senda.

Los vividores de esta España entierran con suma facilidad el malestar real de la gente. Con una voluntad de ignorancia a la que la realidad tumba una y otra vez. Confían en exceso en el buen funcionamiento de la manipulación que practican y, como en los viejos tiempos, inculpan a otros a ver si los desactivan. Olvídense de siglas, no se puede engañar permanente a tantos ciudadanos, a tantos sectores, sin que aflore. Ahí estamos las mujeres. Y los pensionistas. ¿Saben que el PP insinúa que los están utilizando? Ya se está planteando luchar también por la Democracia.

Un mayor bienestar es posible. En los países nórdicos se abren paso los fascismos de nuevo cuño como está ocurriendo en tantos lugares. Pero existe una mayoría social educada y educada en valores, que respeta y ama la democracia. Su posición civilizada les lleva a una calidad de vida que nosotros nunca hemos alcanzado. Los españoles vivimos más, por el clima, los alimentos y una cierta despreocupación de carácter. En el resto de los parámetros de “la felicidad” estamos en los sótanos. Lo explicó a la perfección Gil de Biedma al recordar cómo siempre caemos en el mal gobierno. España no es víctima de una maldición. “Son hombres quienes han vendido al hombre”. Y mujeres. Pero muchas y muchos otros despiertan para no caer en los mismos errores, algunos a bofetadas de realidad.

Educación, igualdad, justicia, información veraz, democracia sin mordazas: ése es el camino.

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Rajoy, un presidente normal para un electorado normal

Mariano Rajoy ha vuelto a sacar del fondo de armario el concepto “normal” que nunca le ha fallado hasta ahora entre sus votantes normales. Gentes toda ellas con un “sentido común”: el de la normalidad de la derecha española. Común, normal, frecuente, ordinario,  general, universal. Como el Barón de Claret, ministro Portavoz, o la Condesa consorte de Murillo, Esperanza Aguirre por su casa, a la que le acercan los pies a los juzgados para responder de alguna de las tramas de corrupción de su partido. Lo normal, en el PP.

Sin irnos tan lejos, García Albiol, defenestrado en Catalunya, encuentra que no está a la altura del cargo quien suena para la presidencia de la Generalitat: Elsa Artadi, Doctora en Ciencias Económicas por la Universidad de Harvard. “Esta señora no ha demostrado nada”, dice el líder popular. Para precisar a su jefe, Mariano Rajoy, que urge a buscar un presidente “normal”, porque, en caso de que no le parezca normal a él, mantendrá el 155. Lo normal en una democracia.

En España ya llevamos dos legislaturas con un  presidente normal llamado Mariano Rajoy. Más los previos de toda su carrera política con hilillos de plastilina y una catástrofe ecológica incluidos. En su mandato ha recortado hasta en medicamentos de uso común como antiácidos –por mano de la Señora del Confeti Ana Mato- porque una ciudadanía con ardor de estómago conoce mejor el valor de lo normal. Aquel medicamentazo del que tan poco se habla tenía ese único objetivo: fastidiar porque de ahorro, nada de nada. La normalidad de Rajoy y sus lugartenientes en las CCAA se llevó ciencia, cultura, educación, sanidad, ayuda a la dependencia, a la lucha contra la violencia de género. Lo normal. En el PP.

Lo mejor es que todavía queda bastante de dónde tirar. Un consejo de ministros el de este viernes destinado a dar satisfacción a los sentimientos de su electorado normal. A esta gente le gusta la Cadena Perpetua –que esto es la Prisión Permanente Revisable- y extendida a más delitos. Aunque no sirva como disuasión – lo argumenta Ignacio Escolar al detalle– la venganza satisface a un determinado tipo de personas normales versión PP. España tiene una larga tradición en los placeres de este tipo. El desollamiento de infieles en los gloriosamente normales tiempos de la Inquisición parece que fue muy reconfortante. Por cierto, como siga en vigor el delito de blasfemia en esta normal democracia española del Siglo XXI, podríamos volver a reeditarlo. Ni siquiera es constitucional ahora, como explica Joaquín Urías, ex magistrado del TC.  Pero si la quiere la gente normal del PP está todo dicho. O la lapidación que también descarga muchas tensiones en los que arrojan la piedra.

Las pensiones están sentenciadas. El saqueo de la Hucha de reserva, tan ideológico, es solo un síntoma pese a su magnitud.  El gobierno ha decretado medidas nada inocentes este viernes. Un plan de estímulo para fondos de inversión, tal cual, a los que reducirá comisiones para apoyar a bancos y usuarios con la capacidad económica de suscribirlos. Los nuevos pensionistas-si llegan a serlo- cobrarán cada vez menos. Hasta el 30% según algunos cálculos. Por eso el presidente normal del gobierno ha dicho que vaya pensando el personal en hacerse un plan privado sí o sí. Lo reiteran a menudo en todas las voces, pero ahora ya lo presentan como inevitable. En EEUU ya van por los  79 años para seguir subsistiendo trabajando en minijobs.

Lo “normal” es hacerse un plan de pensiones. Solo que la inmensa mayoría de los ciudadanos no puede afrontar ese gasto.  Únicamente  el 25,7% lo hacían en 2013, al inicio de la precarización más brutal, según el libro de dos economistas solventes: Juan Torres y Vicenç Navarro. Y no va a mejor. A 3,90 euros están pagando la hora en España, contaba Laura Olías en eldiario.es, ahorre usted así para el plan de pensiones y para el resto de los gastos. En aumento, con las privatizaciones y copagos. Los votantes normales del PP -pensionistas, el grueso de su electorado- se niegan a ver las evidencias, al parecer, o algo les compensa.

Vayan ahorrando también para la educación de sus hijos y nietos. Lo normal en los nuevos tiempos. Cifuentes acaba de  regalar suelo público para un colegio en el que habrá que pagar.  Es la tónica. Y el normal apoyo a la ideología de la desigualdad. La Comunidad de Madrid se sitúa en cabeza de Europa, solo por detrás de la Hungría de ultraderecha oficial , en segregación de escolares. Los ricos con los ricos, los pobres con los pobres. Con ayuda de dinero público en muchos casos. Y gracias. Ahorre para el futuro, lo anuncia el Presidente normal.

Rajoy, Sáenz de Santamaría, Báñez, De Guindos, Cospedal, Zoido, Casado, Hernando, son la normalidad del PP que valoran sus votantes. Y Cañete, Camps, Wert, Mato, Soria, Celia Villalobos, viviendo aún de las rentas en mayor o menor grado. Los mejores, será, de esa derecha española tan normal.

Los votantes del PP son capaces de tragar y apoyar una corrupción que salpica con su mugre en cada nueva declaración de sus propios autores. Avalan la educación clasista aunque procedan de capas con escasos recursos y se lo pongan más difícil a los suyos. Se da ese nivel. Sustentan la precarización y privatización de la sanidad. Ni con la salud cejan en su cruzada. Engullen sin problemas las mentiras flagrantes, el uso partidista de la justicia. El borrado y machaco de los ordenadores de Bárcenas y que la Fiscalía diga que no es delito en contra del criterio de jueces. Son personales normales, tan normales como Rajoy.

Se diría que al electorado del PP con un buen palo al que se desvíe de su normalidad y unos cuantos whatsapps de escarnio para enviar a las amistades ya les compensa. Convierten en asunto nacional cualquier estupidez. Aunque, entretanto, se dejen saquear y propicien el saqueo de todos. La educación en valores ha fallado ostensiblemente en España bastante más que la gramatical, que también.

Lo anormal -tras décadas de mayor o menor progreso- es salir como la gente del PP. Pero no desviemos la atención de lo esencial. Un votante puede equivocarse –al punto de creer que es normal lo que hace el partido al que entregaron su confianza-, pero los auténticos responsables de este escarnio son otros. Son los políticos y medios que secundan la profunda anormalidad en la que vivimos. Aquellos, entre los periodistas, que ofrecen una visión distorsionada e interesada de la realidad. El PP que calla y otorga desde todos los puestos de poder y quienes se auparon en las elecciones prometiendo que nunca apoyarían un gobierno de Rajoy. En este caso, Pedro Sánchez y Albert Rivera. No solo lo mantienen en La Moncloa sino a todas las leyes regresivas que uno o los dos anunciaron revocar. Los que siguen subiendo y bajando en los sondeos ante una ciudadanía desconcertada que ve desmoronarse sus pilares sin saber cómo afrontarlo.

 

*Publicado en eldiarioes 9/02/2018 – 

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