Brindis

Por la gloria efímera, pero felicidad al fin. Por la esperanza. Por los paraísos soñados… si se les echa una mano tomando billete. Por compartir. Por los paréntesis que se convierten en eternos… mientras duran (aunque ayudan a tomar fuerzas). Por el placer. Por la belleza. Por el amor. Por detenerse a mirar. Por la fantasía. Por la realidad. Por los proyectos comunes. Por la buena gente. Por la España que hoy es feliz y tiene que luchar para seguirlo siendo en lo que realmente le afecta.

Y en la mañana, tomo prestado un párrafo del magnífico artículo -que suscribo plenamente- de Javier Pérez de Albéniz, El Descodificador:

«Me trajo a la cabeza una frase del legendario periodista Jacob Riis…

“Mira cómo golpea la roca el picapedrero, tal vez un centenar de veces, sin lograr hacerle mella. Pero al centésimo primer golpe la parte en dos, y yo sé que no lo logró el último martillazo, sino todos los anteriores”

La efímera unión nacional del fútbol

 

Si alguien nos hubiera dicho a algunos de nosotros que saldríamos a tirar cohetes por las ventanas porque un equipo de fútbol se alzase con la victoria, tal vez no le hubiéramos creído. España sonríe de punta a punta, parece dolerle menos la hipoteca y lanza vítores patrios. Nuestro país vive un momento nacionalista exacerbado y, en cierto modo surrealista, por algo tan cuantificable como que un balón entra en la portería un número de veces adecuado. El fútbol crece como nexo de unión cuando faltan otros símbolos que nos muevan la pasión y a actuar en positivo. Lo escribí el 27 de Junio de 2008 en Soitu. Y sigo teniendo memoria ¡qué dure! por favor ¿Nadie más lo recuerda?

Tres días después, seguí. Nadie puede minimizar la alegría colectiva de todo un país porque su selección de fútbol se proclame campeona de Europa. Suenan gritos de «España, España«, en la calle; la explosión de júbilo arranca del corazón. La gente parece precisar salir a la ventana para comunicar y compartir su alborozo, tirarse a la calle –previa escalera y puerta- para que ninguna pared obstruya su exaltación expansiva. Un fenómeno nuevo ha prendido. Unión e ilusión han formado un cóctel mágico.

Enormemente apoyado con publicidad y difusión, desde el comienzo de los tiempos televisivos: el fútbol mueve más negocio que cualquier otro deporte. Punto decisivo pero no total para saber porqué un país diverso, que apenas tolera al diferente aunque sea su vecino, al que le duele la crisis económica, llora, ríe, se lanza a las fuentes en piscina, abraza a quien tiene al lado sin preguntarle a quién vota, beba hasta precisar atención médica, o se envuelve en la bandera española que aún sigue siendo rojigualda.

Europeo de fútbol 2008

La bandera se libra de lastres, quizás también de contenidos. Como, quizás, debería ser. Se ha disparado un proyecto colectivo por un tema sobre el que todo el mundo tiene opinión, porque no exige mayor esfuerzo intelectual.

Unión e ilusión tiñen las calles, aún, a pleno sol del día, suenan cláxones y trompetas. Unión e ilusión en la selección española y en la ciudadanía. ¿Y si sustituimos la palabra fútbol en todo el fenómeno? ¿Si, mejor, con ella añadida, impregnamos de su espíritu todas las empresas que queramos acometer? Proyectos que unan en lugar de dividir, que conozcamos hasta poder formular opiniones sobre ellos, aceptar la diferencia, acometer las dificultades con sentido positivo, no rendirse, luchar, disfrutar del empeño. Si fuéramos capaces de eso, España alcanzaría otros trofeos que, aún, nos son precisos. La vida cotidiana no es mejor porque anoche un equipo de fútbol marcara el gol suficiente para ganar. Sólo es más agradable. Recuperemos ese aliento para mejores metas, para todas las metas. También podemos.

Pues bien, los dos años que siguieron han protagonizado –sino acrecentado- la desunión y el caos tradicionales. Más aún, España se enfrenta hoy a una crisis económica mundial y particular, rendida a los vencedores. Hasta la ley de costas se va a reformar para consagrar el desastre urbanístico que tan caro nos va a costar en una de nuestras principales fuentes de ingresos: el turismo. En lugar de dotar a España de una banca pública en competición con la privada que tantos apuros hace pasar, se privatizan alegremente las Cajas de Ahorros, saludadas con alegría por tanto indocumentado, incluso delante de un micrófono. El dominio político en plan cortijo se podía y debía haber solventado -con rigor y disciplina, cualidades que existen en el acervo humano-, en lugar de entregar las Cajas a la voraz sanguijuela del capital privado. Sigue y crece la cinta sin fin de los «chorizos» del PP -presuntos hasta la condena, pero con apabullantes indicios- robando a manos llenas dinero de los ciudadanos allí donde tienen gestión. Y sus descaradas protestas a las formas de detención. ¿Cómo si fueran los peores delincuentes? Sí, han traicionado la confianza de los ciudadanos a los que representan y han saquedado sus impuestos ¿Hay algo peor que eso para  personas «de bien«? Y Educación para la Ciudadanía, cede a los chantajes del PP y a la debilidad del PSOE, y se convierte en una “maría” .

Fui una conversa al fútbol de la selección –casi sólo a ése, si descontamos al Barça en competiciones europeas, por lo mismo, por la calidad- hace ya dos años. Y vibraré el domingo con La Roja. Pero de ahí a sumarme a esta infantil histeria colectiva, -con pulpos y supercherías alentadas y jaleadas incluidos-, de pensar que algo va a cambiar en España si la selección gana, va un abismo. Como veis la experiencia demuestra que no. El fútbol no es argamasa, es diversión. Aprendamos, como digo, a conocer a fondo asuntos cruciales para poder opinar sobre ellos sin sonrojo, igual que lo hacemos sobre el maravilloso Villa . Proyectos comunes que unan en lugar de dividir. Sin duda es posible, solo falta querer.

   No pretendo aguar la fiesta, todo lo contario. Apoyaré a La Roja el domingo conteniendo la respiración y exhalándola con toda el alma en un grito si ganan. Resulta tan difícil amar sin dolor a este país, que para una vez que nos brindan la oportunidad, hay que aprovecharla a fondo. Yo lo haré. Soñando que no es del todo imposible trabajar en una empresa colectiva.

La talla única

No hace mucho –un par de años- se cumplió un siglo del primer Ford T que supuso la revolucionaria innovación de poder fabricar en serie un producto. Supuso tal cambio que Aldoux Huxley se basó en ella para escribir “UN MUNDO FELIZ”. De hecho comienza el libro hablando del  «Primer año de la era Ford T«.

La cadena de montaje afectó radicalmente a los sistemas organizativos de la comunidad. De un lado socializó y propagó el disfrute de los sucesivos hallazgos de forma impagable, pero del otro uniformó en cierto modo a los individuos.

Fabricar en serie implica la existencia de un modelo “MEDIO”, que pena la «diferencia«. Los explotados trabajadores del Tercer Mundo cosen «tallas únicas«, para vender en determinados centros,  porque un sólo patrón es más barato para el productor. En las tiendas occidentales, la oscilación de las tallas apenas va de la 36 a la 42 –con suerte-. Quién sale de ese modelo, ha de pagar más. Lo peor es que los usuarios se acomplejan. “Es que estoy demasiado gorda” –la felonía atrapa más a las mujeres- y no “¿por qué no hacen talla para mí? ¿Por qué me cuesta más caro?» La consigna es que “todo el mundo” -salvo los privilegiados- se adapten al modelo, al que sale más rentable a los implicados en el negocio y la fabricación en serie.

No se te ocurra tener un cuerpo armonioso donde el pie es acorde con el tamaño del cuerpo. En Madrid hay 3 zapaterías de tallas grandes o pequeñas. A precio de oro y jamás con rebajas. Y eso que se ha hecho un gran avance con el calzado deportivo, unisex. En mi adolescencia tuve que usar zapatos 3 tallas más pequeños porque sólo cabía acudir a un artesano para que los hiciera a medida, a un precio imposible. Lo mismo sucede con sujetadores o ropa de baño. Y allí se ve las señoras maduras, acomplejadas por no tener la talla que exige el modelo. Y, lo que es peor, pagando el doble o el triple. ¿Imponemos la desnudez para bañarse en público?

 La ciencia matemática ha estudiado el asunto en la llamada Campana o Curva de Gauss, y es curioso ver su representación visual: uno tira bolas sobre una tabla predeterminada, y la mayoría va al centro. Fundamento de la estadística, se aprecia que cuanto se aleja más uno de la media, menos individuos hay. Sabedores de ello, los comerciantes adquieren menos género de las tallas “extremas”. Las que se salen del modelo “boquerón escabechado”.

Por eso, también la mayoría de los ciudadanos se declara «de centro», al ser preguntados por su ideología. En España “todo el mundo” dice ser de centro –centro izquierda o centro derecha pero de centro-. El centro, el eje, el ombligo. En este sentido, considerando al centro el núcleo por el que cruzan todos los caminos, cuanto más centralista y patriótico español, más odia el español a la periferia. Se unen para detestar a catalanes –en primer lugar- y vascos, los más ricos junto con Baleares. Defienden España y atacan su contenido. Detestan al diferente. Y eso resulta complicado en un país tan heterogéneo como España. Y no hablemos ya del resto del planeta. Por eso Rajoy se siente el portavoz de “todo el mundo” y cree que “todo el mundo” piensa como él, que es lo único correcto.

Lo grave es que la “talla única” se ha instalado como modelo filosófico también, como modelo social. Hay unos esquemas predeterminados y ¡ay! quién se salga de ellos. Uno se abraza a un pulpo si es preciso para no ser rechazado por el clan. Se abraza y repite, y repite, y repite, en talla única de pensamiento e imaginación.

Peces solitarios -preciosos algunos- bucean buscándose unos a otros, sin embargo. Por más que se rechace la «talla única» como concepto, en los extremos de la Campana de Gauss, a veces hace un poco de frío. Incluso durante las olas de calor.

Los ciudadanos que amaban las tramas escandalosas

Italia vive un par de escándalos más en esa interminable saga que dirige Silvio Berlusconi. Aldo Brancher se ha visto obligado a dimitir de su cargo de ministro “de nada” para el que fue nombrado 17 días antes por su amigo el presidente. Este ex sacerdote, que en su día hizo votos de castidad y pobreza, es hoy dirigente de Fininvest, el holding de Silvio Berlusconi, y está casado. Tenía que enfrentarse a juicio en Milán por apropiación indebida de un millón de euros en el intento de compra del Banco Antonveneta. Y su colega le introdujo en el gobierno, sin cometido, para que dispusiera de inmunidad. El juicio siguió pese a todo. Ahora ha dimitido, en una emotiva escenificación ante el magistrado, al parecer para lograr la reducción de un tercio de su pena, caso de ser condenado.

Italia se enfrenta también a la llamada “ley mordaza” que va a comenzar a tramitarse. Con la nueva legislación se restringirá al mínimo la realización de escuchas telefónicas y su difusión en la prensa bajo penas de cárcel para los periodistas. Se están produciendo numerosas manifestaciones de protesta, pero “Il Cavaliere” continúa su marcha imperturbable contra los derechos democráticos que le garantice impunidad –para él ,y sus amigos y colaboradores- y la salvaguarda de ¡el negocio!

¿Cómo puede estar sucediendo todo esto en Italia? En España una de las imputaciones a Garzón es por la denuncia de Correa al habérsele practicado escuchas, autorizadas por el juez y avaladas por otro magistrado, Antonio Pedreira. El Tribunal Supremo, como sabéis, admitió a trámite esa demanda del presunto cabecilla de Gürtel. Más aún, ese ciclón democrático conocido como Manuel Fraga, dijo ayer que “Garzón debía estar lo más lejos posible de España”.  A mí  me resulta penoso vivir sin Garzón en España, con Fraga en las antípodas lo haría encantada.

El reencuentro con un amigo francés que lleva una década sin vivir en España, ha propiciado que contestara a sus preguntas sobre la actualidad de nuestro país que él sigue aunque no al detalle. Para mi amigo la trama Gürtel se vinculaba sólo a Valencia. Le fui relatando todo desde lo más trivial: cómo el sastre tomaba medidas para los trajes en el Hotel Ritz donde el President se alojaba, la exigencia de que le fueran traídas trabillas italianas imprescindibles para su atuendo. Seguimos por la Comunidad de Madrid, por el asunto del espionaje a miembros del PP por agentes relacionados con el propio gobierno regional del mismo partido –porque ese espionaje sí se ha producido al margen del largo proceso de imputación de responsabilidades- , los ceses fulminantes a quien contraviene los postulados de la Presidencia. Pasamos a Baleares. Nada le extrañó de Matas. Apenas supe darle detalles del estado de las investigaciones en Castilla León o Galicia.

-¿Y siguen con mayoría absoluta? –preguntaba él, tras haberme escuchado entre risas, asombro y preocupación-.

Así es, en efecto. aumentándola. Un par de ministros franceses han dimitido por asuntos turbios, pero sintetizar lo que ocurre en España a un extranjero ávido de ponerse al día -con la corrupción, la economía sumergida, o un neonazi mantenido en su cargo de policía-, produce auténtico sonrojo.

   Y el goteo prosigue sin pausa. Hoy en Alicante, pringados hasta las pestañas, es demasiada presunción creer en la inocencia de estas auténticas cataras del Niágara de la corrupción. Y eso si que «atenta contra lo más sagrado» que tanto le gusta exgrimir al máximo líder del PP Mariano Rajoy cuando saca a pasear su discurso mogigato y conservador. «Lo más sagrado» es el dinero y la confianza de los ciudadanos. Para un político al menos que, simplemente, es su represante. Y no «para forrarse» a su costa. 

Berlusconi es un producto del fracaso de la política, del que cada vez se ven más ejemplos. ¿Cómo es posible que el vibrante pueblo italiano tolere sus atropellos en nombre de un más que dudoso uso de la democracia? Probablemente es porque buena parte de la sociedad está anestesiada con la televisión de “Il Cavaliere”. Pero Belén Esteban es también “hija de Berlusconi”, como lo es “la Patiño” y una larga lista. No sé si en Italia disponen también de esas televisiones ultrafascistas que han propiciado los poderes públicos del PP en la TDT. La deriva hacia la involución en ambos países mediterráneos es similar. Y tampoco consuela mirar hacia esa UE azul de Barroso, y casi hacia ninguna parte. En realidad, preguntada por quién en España representa una ilusión, una salida en política, no se ve a ningún cabeza de lista, ni a la mayoría de las cùpulas. ¿Qué hacer?

Causa o vehiculo, la ciudadanía parece asistir al cruel escenario donde se juega su futuro como a un espectáculo que puede apagar e irse a dormir. Una ágil trama hasta con escándalos que le entretienen. Lo he dicho más de una vez -al punto de parafrasear títulos de lo que escribo-, resulta aterradora la confusión entre realidad y ficción que tiene hoy la sociedad. Los escándalos no se cuentan para amenizar el ocio del personal y qué diga: “jo, qué barbaridad”. Están sucediendo, son hechos, y les afectan.

  Los alemanes explicaron que ellos «no se enteraron bien» de lo que estaba pasando cuando Hitler empezó a actúar, tras haber sido elegido en las urnas. Y eso que no disponía de la televisión como arma. Pero el programa «lúdico» que nos es ofrecido, no se elabora solo, hay guionistas, directores, productores… y consumidores. Y esto no pinta como comedia, va camino de tragedia. Más aún, es absolutamente previsible, porque calca su trama una y otra vez, y a lo sumo introduce más elementos desestabilizadores. Y no podemos cambiar de canal, no podremos cuando los sicarios llamen a la puerta de cada cuál. 

No sé, los franceses se tiraron a la calle a la semana de contarles que prolongaban la jubilación de los 60 a los 62 años (¡qué cosas les hacen a los frances, eh¡). No servirá de nada. La oposición casi absoluta a la guerra de Irak en España no sirvió para que parase la invasión, y su artífice más cercano, Aznar, sigue pontificando allá donde le parece. Entonces ¿no hacemos nada?

(Por cierto, no soy responsable ni cobro nada por la publicidad que me han metido sin consultarme por alojarme gratis el blog, voy a tratar de solucionarlo)

Huelga de consumo

Tal como anuncié, no he vuelto a comprar nada desde el 1 de Julio. Aunque me autoricé a adquirir pan, frutas y verduras frescas, éstas últimas han llegado hasta hoy. Quedan aún bastantes cosas para ensalada. (Y el pan lo congelo que sale delicioso tras una pasada por la tostadora y todavía hay).

He preparado un pisto congelado en el microondas, el de Mercadona es bastante bueno si le añado tomate frito (no sintético, de Gvtarra) y comino. Croquetas de ibérico del mismo supermercado (increíbles), como capricho, y costillas de cordero de Macro. Una pequeña ensalada de pepino, palitos de cangrejo y yogur para completar. De fruta, cerezas que ya empiezan a estar para pocos trotes.

Si os da envidia no salgáis corriendo a comprar hasta agosto.

Tampoco he ido “de rebajas”. Puedo vestirme perfectamente sin necesidad de llenar más el armario.

No he visto, hoy al menos, noticias del sector intoxicación.

No sólo ahorro, me parece divertido y constructivo. Y de ascético y mortificante nada.

Jugando a soldaditos y damitas auxiliares de guerra

Educación para la igualdad, para la paz, para la convivencia, para la cultura y el progreso.

Fin de curso en el Colegio Marista Sanlúcar La Mayor (Sevilla).   Niños de 2ª de infantil dicen, quizás 4 años, en todo caso menos de 6. Se anuncia como centro privado perteneciente a una fundación, pero no aparecen muchos más datos.

¿Quién elaboró los uniformes? ¿las madres? ¿las Hermanas maristas? ¿quién pegó a los varones el bigote «a lo Tejero»?

(Gracias por la alerta @antoniomanfredi )
(Y a Poliket que ha encontrado otra versión, tras ser retirada la primera)

¿Y el próximo curso? Vayan mirando catálogos…

1990, la revolución de la banca española

En 1990, hace 20 años, los bancos españoles iniciaron una revolución con las llamadas “supercuentas”. En realidad lo hizo el Santander, el peor situado entre los grandes, y hoy –casualmente– el primero de ellos. Un avispado gestor, José Ángel Sánchez Asiaín, había sacudido poco antes los cimientos de los chicos de Neguri, desde la otra orilla, propiciando –a costa de su carrera- la fusión entre el Banco de Bilbao y el Vizcaya. Fue un pionero de las fusiones –con la mejor intención pienso- que en EEUU lograrían cambios legislativos hasta llegar al vía crucis que nos han hecho –y nos hacen- padecer.

Los bancos españoles en 1990 llevaban 5 años con cifras récord de ganancias –hasta del 47% más que el ejercicio anterior-, lo que nos sorprendía a algunos con un gobierno socialista –el de Felipe González-.

Este reportaje me parece muy revelador –es el tramo final-. Las condiciones en las que operaban los bancos españoles en relación con el resto de los europeos (ley del embudo). El desmadre español de las sucursales bancarias. Ya os recordé que España ha venido siendo el país con más oficinas de este tipo ¡del mundo! El del endeudamiento privado. La elevada cuantía con la que nos prestaban el dinero (hubo épocas en las que llegaron al 27%, como se ve en el minuto 5,42), comparados con Europa. O la aparición de rostros que luego serían decisivos. Y, quizás, sobre todo, lo poco que nadie recuerda ya aquella «revolución histórica» que, probablemente, sí lo fue de otra manera.

Recién derribado el Muro de Berlín apenas nadie cuestionaba las bondades del liberalismo y, tanto los consumidores, como yo misma en la conclusión, nos creímos -con patética ingenuidad- que la banca renunciaba a parte de sus ingentes ganancias para modernizarse y dar mejor servicio a la sociedad. Remuneraban las cuentas hasta con el 14% de interés ¿dónde, por ejemplo, se encuentra esa rentabilidad segura ahora?

 

¿Un golpe militar para afianzar los mercados?

 

Barroso se reúne con John Monks (Foto: Comisión Europea)

José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, ha dicho que «la democracia puede desaparecer en España, Grecia y Portugal«, si no aceptamos las medidas de ajuste. “Los países afectados por la crisis en el sur de Europa podrían ser víctimas de golpes militares o levantamientos populares”, añadió. Hablaba con un líder sindical británico, John Monks, hoy secretario general de la confederaciòn de sindicatos europeos. La pista la ha dado Joseba en los comentarios (gracias), porque los periódicos españoles, al parecer, no lo han publicado.

Ahora entendemos la visión de futuro del Presidente Zapatero, ha querido ahorrarnos el mal trago: que “los mercados” terminen por imponer su criterio por las armas, según anuncia el máximo dirigente de la UE. No es una boutade que nos inventemos. No el reconocimiento a la espantosa dejación de las obligaciones de los políticos, comenzando por Durao Barroso. Porque los levantamientos populares en España no son esperados. Veamos si no el linchamiento al que han sido sometidos los trabajadores del metro de Madrid por causar incomodidades a los usuarios durante ¡dos días! Por parte de los propios ciudadanos en primer lugar. Y la habilidad de Esperanza Aguirre en darle la vuelta a la tortilla. Pronto desbancará a Ferrán Adriá de los primeros puestos de la cocina mundial. En el manejo de la sartén para voltear huevos batidos es única. Y, mientras, continúa con su maquinaria privatizadora en aras del “libre» mercado. Ayer vi un coche de bomberos camino de apagar un incendio, con un enorme cartel de protesta adosado a la carrocería. Llevan tiempo ya en conflicto, luchando contra distrintos fuegos. A saber cuál más peligroso.

Sin quererlo probablemente –porque no hace sino cumplir la tónica general- Carles Francino en la SER ha dado en la clave esta mañana: “Los periodistas italianos irán a la huelga el 9 de Julio (es en protesta por la llamada “ley mordaza” de Berlusconi) y ¡dos días antes!… ¡Los Sanfermines!”

Pues eso. En páginas extranjeras es posible ver protestas por lo que ya se califica de terrorismo financiero –económico diría yo en un concepto más amplio-. Pero aquí nos vamos de vacaciones y ¡a correr delante de los toros!

España creció en el primer trimestre de 2007 un 4,1%. Teníamos entonces un superávit muy confortable. A no ser que no se supiera lo ficticio de haberlo sustentado en la burbuja inmobiliaria o en un turismo que por la baja calidad de los servicios, los elevados precios y el enladrillado de las playas, es cada vez menos competitivo. Pero los bancos norteamericanos, y luego los europeos, quebraron por hacer trabajos sucios. Y ¡Oh, maravilla! Hemos sido nosotros quienes nos hemos comido nuestro remanente, nuestro colchón tranquilizador.

Berlusconi se dispone a vender Italia a intereses privados, hasta los faros solitarios, como nos cuenta Arsenio Escolar. Grecia sus islas, aunque su gobierno se irritara por la noticia, dado que… ya eran privadas buena parte de ellas. Y California estudia un proyecto por el que podría poner publicidad… ¡en las matrículas de los coches! En ese distintivo de seguridad por excelencia -convertido en electrónico-, podrá saltar ahora un anuncio de Coca Cola, o el trailer de la última película de vampiros asexuados, que atonta y entusiasma a los niños (en edad cronológica o mental) de medio mundo.

Con publicidad se nos harán más livianos los atascos. Y, sin duda, este duro tránsito de la historia que nos ha tocado vivir. Y seguir los caminos gregarios que otros marcan. Ya con coacción como amenaza ese pedazo de presidente europeo “que nos hemos dado”. ¿Puede la dictadura de «los mercados» hacer algo más que sojuzgar a los políticos y mermar los derechos económicos y sociales de los ciudadanos? Durao Barroso, un líder al que se supone informado, dice que sí.  Está claro que es «lo que se teme», y a la vista de los «berlusconis» del mundo y la involución generalizada, muy descaminado no anda, pero preside un organismo con poder sobre 500 millones de ciudadanos, algo debería hacer. Algo más que «vigilar» a ciudadanos de ideas «radicales» disconformes con «el sistema» que ellos defienden, como ya he enlazado varias veces. El que lleva a golpes militares para mantenerse y expandirse, dice Barroso. Nos preguntábamos ayer que dónde está la conciencia social española. La respuesta es diáfana: hipotecada.

¿Dónde están los servicios mínimos de la conciencia?

Hay que reconocer la suprema habilidad de “el sistema” para lograr que buena parte de la sociedad culpe a los trabajadores del metro de Madrid de sus males. Para ello cuentan con la colaboración necesaria de los implicados. La encuesta de esta mañana en la SER así lo revela. “¡A MÍ! me han fastidiado, he tenido que coger dos taxis”, decía un señor visiblemente enojado. Caros taxis vive dios. A los mercados financieros, a los políticos, no se les exigen servicios mínimos, ni responsabilidades. Cuando son el origen del problema. ¿Por qué se rebajan salarios, pensiones y prestaciones sociales?

Los entresijos del conflicto concreto -con el salto a la torera del convenio, con una ley de huelga preconstitucional, con unos servicios mínimos que declara ilegales la justicia dos años después, eso sí-, casi son lo de menos en lo que es más preocupante: la mirada corta, el egoísmo estúpido y la insolidaridad de mucha gente. ¿Dónde están los servicios mínimos de la justicia para resolver antes los litigios, por cierto? ¿Dónde los del parlamento que lleva 32 años sin hacer una ley de huelga democrática en la que no sea la empresa la que decide arbitrariamente el porcentaje que tiene que trabajar?

La aristocracia del periodismo ha visto herida su sensibilidad por las formas con las que se manifestaba la asamblea de los trabajadores de metro. Que precisan un salto de varias décadas, hacia delante por supuesto, en los medios para lograr objetivos es cierto. Y que los sindicatos se han ganado a pulso su desprestigio también. Un día encontré un párrafo significativo en un artículo de El País (Agosto 2008). Entrelíneas lo decía José Antonio Herce, socio de Analistas Financieros Internacionales: «los sindicatos ponían el grito en el cielo si el peso de los salarios bajaba hacia el 50% del PIB, pero eso ocurría hace mucho tiempo«. Hace mucho tiempo, sí. Y los sueldos españoles se quedaron en las cloacas de Europa.

De ahí a que Esperanza Aguirre, parte seriamente implicada en el problema del Metro de Madrid, mente hasta a Lenin, va un abismo. Populista de manual, ariete de “el sistema”, «el sistema» en sí misma, revierte en quienes han parado el metro y han llevado a sus usuarios a coger taxis y aguardar autobuses, la responsabilidad de estos tropiezos. Caros taxis, ya digo.

Será que, buscando taxi, no se han enterado de cómo los ricos han superado ya la crisis que provocaron los bancos en donde guardan el dinero, ése que no atesoran en el limbo de los paraísos fiscales como remanente. Viene en el informe Merryl Linch que manejamos estos días, empresa poco sospechosa de ser bolchevique.

Por favor, no se me confundan de enemigo”, escribe Manuel Cruz, recordando quién paga la crisis y cuánto les necesitamos. Caros taxis.

Cada día las páginas de los periódicos se pueblan de algunos chorizos más que caen, perseguida su corrupción por la policía. Tampoco hay servicios mínimos en nuestras conciencias para reaccionar a cómo nos roban nuestro dinero, porque es nuestro, del contribuyente. Caros taxis, cara estupidez, carísimo egoísmo.

  Y, entre taxi y taxi, o metro y metro, tampoco parece que nos incomoda que nos hayan subido el IVA, y el gas natural y el butano. Los periodistas nos recuerdan que, precisamente, hoy ¡comienzan las rebajas! ¡Qué bien!

«El sistema» tiene sus reglas aprobadas en los posos del café y a cambiar cuando convenga. Portugal hace uso de una arcaica e ilegal “acción de oro” para retener su telefonía y la Europa azul neoliberal, los propagadores de “el sistema” se rasgan las vestiduras. Los países más importantes de Europa, salvo Gran Bretaña, protegen sus intereses nacionales a muerte, conservan sobre todo la propiedad, el control, de su sector energético. Por métodos legales eso sí, como se demostró en el caso Endesa. Las formas legales son muy importantes, esenciales. La semántica, la reina de nuestro tiempo. Se logra lo mismo, más, y no se ve uno sujeto a dedos acusadores. ¿Dónde están los servicios mínimos de la decencia?

JRMora ha encontrado una pista para hallar los de la conciencia social española.

Periodismo ¿Qué hemos ganado?

He vivido estos días una curiosa experiencia: viajar al pasado, incluso a un cuarto de siglo atrás y más. Bajé del altillo el viejo vídeo Beta y dos cajas de cintas. Y hasta que feneció –quizás por el largo desuso-, he estado buceando en un tiempo que permite aportar una perspectiva de cómo muchas cosas se han ido gestando. Especialmente el periodismo, en particular la televisión.

Recuerdo entonces cómo nos concedía una entrevista para Informe Semanal, un ministro recién defenestrado, caliente aún su bilis. Entrábamos en las cárceles y nos hablaban los delincuentes, abogados, jueces, expertos. Ciertamente, todo el mundo nos atendía. Políticos, catedráticos, el más famoso entre los famosos… que tuviera algo qué decir. Y lo que se denunciaba tenía repercusión. Disponíamos de tiempo, además. Las intervenciones en un reportaje podían durar un minuto, dos, no 10/15 segundos como ahora. Técnicamente, la imagen resulta hoy arcaíca, con moho, en muchos casos, no en todos. Mis mínimas posibilidades de edición no me permiten en este momento mostrar los ejemplos que me gustaría.

España ha cambiado mucho. Veo una ejecutiva del PSOE, en no sé qué crisis, y todos, absolutamente todos, son hombres. En realidad, en todos los partidos, consejos de administración, gradas de los estadios de fútbol incluso, sólo se veían hombres, como ahora en los países musulmanes.

Rescato un programa de La Clave, aquel lugar imprescindible al que acudían políticos de primer nivel, expertos de primer nivel de aquí y extranjeros, y ni un «tertuliano«. Para hablar con toda calma, con toda profundidad. No se había inventado aún el discurso de píldoras que consagró desarrollar una idea en 59 segundos.

José Luís Balbín trata en esta ocasión una de sus obsesiones: mantener la privacidad. Y allí me encuentro a un señor del PP, García Margallo, indignadísimo porque en España se iba a implantar… el NIF. Él y su partido «se oponían radicalmente» -eso sí permanece inalterable-. Por esta informatización de los datos, aumentaba el control y se avecinaba una intolerable persecución fiscal. Los ingresos debían venir… reduciendo el gasto público. Lo peor es que un experto aseguraba que fichar con más datos a los ciudadanos era “ir contra el mundo moderno”. Resulta casi doloroso ver los derroteros que ha tomado la “persecución” fiscal, y… el control de la sociedad.

Otro reportaje –que me costó sangre, sudor y lágrimas, que ni siquiera leí en protesta por las presiones recibidas- habla de la puesta en marcha de la LODE. Dos años de recursos del PP, 3 marchas sobre Madrid con Iglesia católica incluida, récord de enmiendas en el Senado, 16 meses en el Tribunal constitucional que se pronuncia… a favor. ¡Adónde íbamos a llegar! ¡La democracia jamás se había encontrado con semejante reacción de rechazo! Y total se trataba de implantar la educación obligatoria y gratuita hasta los 14 años, arbitrar que los colegios concertados recibieran subvenciones y no cobraran a sus alumnos o crear la figura del Consejo Escolar con amplia participación de padres y profesores en la educación.

Y ahora quiero que prestéis atención a este breve fragmento. 1990. Matanza de Puerto Hurraco. Un reportaje del que estoy «casi» muy satisfecha. El montaje de urgencia, en dos cabinas, y terminado a la hora de emisión, me cuela al comienzo un vergonzoso regodeo en el dolor. Ése es el «casi«. El resto trata de buscar causas. Y lo que he seleccionado es lo que me llamó poderosamente la atención. Acababan de echar a andar las televisiones privadas, fue su puesta de largo.

La matanza de Puerto Hurraco tuvo un responsable fundamental: el aburrimiento. Pero allí estalló la competencia por cazar el máximo bocado posible al “pastel publicitario”, ése que en España es “como para una boda”, dado que somos el tercer país del mundo en impactos publicitarios. El editor de Informe lo vio enseguida, en el acto, por eso se ensañó con las imágenes de dolor del comienzo. El festín había comenzado. Luego vendría Alcasser y todo lo demás.

Asisto a reuniones de jóvenes periodistas, a sus debates por todo tipo de medios. Les preocupa su futuro, en demasía “el modelo de negocio” y si tendrá mejores resultados en web o en papel -debo reconocer que esa disyuntiva ha llegado a saturarme-. Y todo se resume en bien poco: hay demasiados periodistas, como hay demasiados tenderos, fabricantes de coches y de todo lo que se venda. Las empresas periodísticas también tienen la vista puesta en “la venta”. Ése es el problema esencial.

¿Qué hemos ganado con la supuesta pluralidad? ¿Ampliar los jugadores en busca de negocio? Ni siquiera. ¿Defiendo los monopolios? No. Además eran inviables ya entonces con la comunicación por satélite y después con Internet. Lo que sí sé es que algo se hizo muy mal, porque la ciudadanía estaba mejor informada que ahora con la masificación. Que lo uno llevó a lo otro y que no hay más voces para cumplir el derecho y la necesidad social de la información. Sólo hay más grupos y personas buscando de qué vivir de una forma que al menos les satisfaga humanamente. Pero buena parte de ellos sólo encuentran frustración. Y mucho miedo al futuro, en el mejor de los casos. Puede que la mayoría estén tan perdidos como el resto de la sociedad.

Gran parte de lo que está ocurriendo en España y en el mundo se debe a la deriva tomada por periodismo, al hurto de la información, no deliberado en todos los casos. No es de recibo que haya más periodistas que vecinos en un suceso ¿verdad? ¿Alguien me puede explicar qué hemos ganado? Éste fue el comienzo. Lo repito