Al mercado le gustan redondas las burbujas de la tónica

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Día de encuestas, festejando el Extremo Centro tan deseado por los guardianes del sistema. Es hora de seguir intentando reflexionar. Si llueven elefantes no sirven de mucho los paraguas. Y menos las cucharillas proburbujas que, sin embargo, pueden ser útiles en la cocina que tanto “se lleva”.cucharilla.corto

Las instrucciones lo dicen bien claro: se trata de una cucharilla para evitar que “la fina burbuja de la tónica no se rompa al caer en la copa de tu combinado”. Cuando la vi en una cadena de supermercados de precios muy asequibles, pensé que a quien le vendieran este artilugio podrían venderle todo. Y así es. El mercado de compra/venta de productos políticos, económicos y mediáticos asiste a uno de sus momentos más boyantes. Puro marketing que tantas veces enmascara la mediocridad. La televisión y los medios en general como catapulta imprescindible.

España se recupera… aunque trabajar ya no asegura unos mínimos de calidad de vida. Y más de un millón de personas tuvo que acudir el año pasado a Cáritas aun contando con el sueldo de algún familiar. Rajoy y demás miembros del PP se empecinan en cantar las excelencias de su labor y el mensaje se vende sin prospecto de uso y contraindicaciones. De la económica. Aunque tienen la osadía de presumir también de su lucha contra la corrupción, cuando el andamiaje se les ha caído por completo y comienzan a cantar los tesoreros. Siempre hay alguien que compra este discurso. Y muchos otros.

En el mercado político se ha puesto de moda cantar y bailar. La vicepresidenta todoterreno se marca una rumbosa coreografía y besa calvas. Pura espontaneidad. Y parte de la sociedad programada compra que es campechana y simpática y “muy distinta” a Rajoy con quien comparte toda la ideología de gobierno y su ejecución. Los recortes a la ciencia en un 25%, la expulsión de la filosofía y la música de las aulas, las leyes y códigos mordaza. Si se proponen sacar la vena carismática de Mariano podríamos verlo hasta bailando el twist con pantalón campana. Y es que a Iceta le fue bien con Queen. A Pablo Iglesias, fatal con el Cuervo del pobre Krahe.

Aquí se vende y se compra todo, se planifica y diseña para colocarlo. Los periódicos informan. Todos. Los debates confrontan argumentos en busca de la verdad y el mejor servicio a la sociedad. Los periodistas más afamados son los que cuentan con mayor preparación y sentido crítico. Con un sólido backgroundpersonal, limpios y éticos.  Todos. Las encuestas pasan por una sana elaboración en la cocina que ayude a su mejor digestión. Y los distribuidores de amores y odios solo piensan en nuestro bien.

Y, así, los Ciudadanos de pasarela son de centro y van a regenerar España. De hecho, leemos editoriales que deberían titularse con más precisión: “Rivera, más bonito que un San Luis”. Cuando ya descendían en intención de voto, surge la revitalización en Catalunya, vía anti-independentismo más presentable que el PP, y vuelve a inflarse el ‘soufflé’. Providencial y alivio de los sustentadores del sistema que ven crudo seguir manteniendo el bipartidismo tras las tropelías perpetradas. Con un poco más de esfuerzo, igual se consigue suavizar los recuerdos. ¿Se llevará o no Pedro Sánchez el gato de Schrödinger al agua?

Los guardianes de la izquierda exquisita defienden la parcela que adquirieron en propiedad y rechazan que nadie les discuta ese derecho; nadie, ni los votantes que se fueron hace tiempo. Con los cimientos resquebrajados, esforzados valores individuales la mantienen aún en pie. Grandes medios neoliberales se muestran muy preocupados de su desgracia a manos de Pablo Iglesias. A Podemos le ha desorientado la leña sin pausa y ha perdido la iniciativa de quién marca el discurso que fue clave de su éxito. Alguna vez también los nervios. Y mientras la izquierda discute, una campaña que ni para los presidenciales estadounidenses, busca que todo siga como está. Ellos, la gente común en general, son apenas el aperitivo a servir en el banquete.

Muy bien emplatado, eso sí. En los supermercados, los nuevos “locos por la cocina” buscar las estanterías donde surten tres clases distintas de wasabi que se echan a la cesta junto con la carne picada industrial. La que incluso falta en los comedores sociales para acompañar los macarrones. El sueño de la sofisticación gastronómica se ha adueñado de buena parte de los españoles desde que Ferrán Adriá sorprendiera con su muy creativa cocina molecular. Ciertamente, en aquella, casi nada es lo que parece. Los judiones de La Granja saben a uva y los raviolis a sesos de cordero líquidos. Y esa es la clave.

Y mientras se cocina, se vende y se compra, la vida sigue fuera de los escaparates. Cargada de miserias, dolor y, también, esperanzas que merecen ser alcanzadas. Los propios compradores compulsivos son quienes las cercenan.

Porque los menús arruinados se ven mejor en cabeza ajena, apuntemos lo que está sucediendo en el Reino Unido. David Cameron prometió reformar el Sistema Nacional de Salud británico. Los periódicos progresistas alertaron alarmados. Y, aun así, obtuvo mayoría absoluta. Ya sin el liberal Clegg que de alguna forma le frenaba. Owen Jones uno de los más prestigiosos escritores y columnistas británicos es un puro alarido con lo que está ocurriendo:  “Nuestro NHS está en grave peligro, deberíamos estar escandalizados”, insiste.

Y esto lo votan personas, seres humanos como cualquiera de nosotros, que parecen pensar solo en sí mismos y, desde luego, en un futuro de prosperidad que pague sus medicinas y tratamientos si enferman. También el PP y Ciudadanos son ultraliberales y partidarios de privatizar la sanidad y todo lo público. Y, esperen, porque la CEOE pide despidos más baratos y más empleo precario. Pero hay quien compra cabellos repeinados y sonrisas de anuncio. Bailes que alegran la vida.

No todos. El CIS acaba de contarnos que a los ciudadanos les gustan los pactos municipales y autonómicos. Los “pactos de perdedores” que decía Rajoy. Precisamente el que menos el de Madrid que, con la ayuda de Ciudadanos, le ha dado la presidencia a la popular Cristina Cifuentes. Solo un 20% lo apoya. Ada Colau y Manuela Carmena son muy queridas en Barcelona y en Madrid. Cierto que los meses transcurridos desde la encuesta, y la labor de derribo diario, habrán hecho alguna mella. Pero hay ciudadanos que ya no tragan, que ya no compran a bulto. Y se toman, tan tranquilos, su tónica con las burbujas rotas.

*Publicado en eldiario.es

La talla única

No hace mucho –un par de años- se cumplió un siglo del primer Ford T que supuso la revolucionaria innovación de poder fabricar en serie un producto. Supuso tal cambio que Aldoux Huxley se basó en ella para escribir “UN MUNDO FELIZ”. De hecho comienza el libro hablando del  “Primer año de la era Ford T“.

La cadena de montaje afectó radicalmente a los sistemas organizativos de la comunidad. De un lado socializó y propagó el disfrute de los sucesivos hallazgos de forma impagable, pero del otro uniformó en cierto modo a los individuos.

Fabricar en serie implica la existencia de un modelo “MEDIO”, que pena la “diferencia“. Los explotados trabajadores del Tercer Mundo cosen “tallas únicas“, para vender en determinados centros,  porque un sólo patrón es más barato para el productor. En las tiendas occidentales, la oscilación de las tallas apenas va de la 36 a la 42 –con suerte-. Quién sale de ese modelo, ha de pagar más. Lo peor es que los usuarios se acomplejan. “Es que estoy demasiado gorda” –la felonía atrapa más a las mujeres- y no “¿por qué no hacen talla para mí? ¿Por qué me cuesta más caro?” La consigna es que “todo el mundo” -salvo los privilegiados- se adapten al modelo, al que sale más rentable a los implicados en el negocio y la fabricación en serie.

No se te ocurra tener un cuerpo armonioso donde el pie es acorde con el tamaño del cuerpo. En Madrid hay 3 zapaterías de tallas grandes o pequeñas. A precio de oro y jamás con rebajas. Y eso que se ha hecho un gran avance con el calzado deportivo, unisex. En mi adolescencia tuve que usar zapatos 3 tallas más pequeños porque sólo cabía acudir a un artesano para que los hiciera a medida, a un precio imposible. Lo mismo sucede con sujetadores o ropa de baño. Y allí se ve las señoras maduras, acomplejadas por no tener la talla que exige el modelo. Y, lo que es peor, pagando el doble o el triple. ¿Imponemos la desnudez para bañarse en público?

 La ciencia matemática ha estudiado el asunto en la llamada Campana o Curva de Gauss, y es curioso ver su representación visual: uno tira bolas sobre una tabla predeterminada, y la mayoría va al centro. Fundamento de la estadística, se aprecia que cuanto se aleja más uno de la media, menos individuos hay. Sabedores de ello, los comerciantes adquieren menos género de las tallas “extremas”. Las que se salen del modelo “boquerón escabechado”.

Por eso, también la mayoría de los ciudadanos se declara “de centro”, al ser preguntados por su ideología. En España “todo el mundo” dice ser de centro –centro izquierda o centro derecha pero de centro-. El centro, el eje, el ombligo. En este sentido, considerando al centro el núcleo por el que cruzan todos los caminos, cuanto más centralista y patriótico español, más odia el español a la periferia. Se unen para detestar a catalanes –en primer lugar- y vascos, los más ricos junto con Baleares. Defienden España y atacan su contenido. Detestan al diferente. Y eso resulta complicado en un país tan heterogéneo como España. Y no hablemos ya del resto del planeta. Por eso Rajoy se siente el portavoz de “todo el mundo” y cree que “todo el mundo” piensa como él, que es lo único correcto.

Lo grave es que la “talla única” se ha instalado como modelo filosófico también, como modelo social. Hay unos esquemas predeterminados y ¡ay! quién se salga de ellos. Uno se abraza a un pulpo si es preciso para no ser rechazado por el clan. Se abraza y repite, y repite, y repite, en talla única de pensamiento e imaginación.

Peces solitarios -preciosos algunos- bucean buscándose unos a otros, sin embargo. Por más que se rechace la “talla única” como concepto, en los extremos de la Campana de Gauss, a veces hace un poco de frío. Incluso durante las olas de calor.

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