Algo falló con Dalila

Dalila acudió 4 veces a urgencias en hospitales de la Comunidad de Madrid. Con fiebre que en algunos casos llegó a los 39,5. “No podía ni caminar”, denuncia su afligido e indignado viudo, Mohamed. Dalila era atleta. Corría carreras de 1.500 vallas (dice El País) y había participado en campeonatos internacionales. “No padecía, previamente, asma”, asegura de nuevo Mohamed, dificilmente podría hacer atletismo si sufría esa enfermedad.  ¿Ha funcionado todo como debiera?

Nos cansamos de escuchar que España es para la OMS el séptimo mejor sistema sanitario del mundo –superados por Francia, por ejemplo-. Esta alta concepción se basa en la universalidad y gratuidad de nuestros servicios. Es eso lo que inclina la balanza hacia el sobresaliente.

Sin embargo, la privatización de la gestión en la sanidad ha creado profundas diferencias entre Comunidades y Madrid no es la mejor dotada en cuanto a gasto.

La OMS –a pesar de haber conocido una progresiva “liberalización” de sus criterios- publicó en 2006 un informe, firmado por Martin McKee, del Observatorio Europeo de Sistemas y Políticas Sanitarios, y otros dos investigadores británicos, sobre la privatización de la sanidad, con algunos puntos destacados:

  COSTE. A largo plazo, «los nuevos servicios han sido en general más costosos que si se hubieran empleado los métodos tradicionales» de gestión pública. Debido, en primer lugar, a los altos costes financieros que soportan los hospitales privados: los créditos que deben pagar las empresas son más caros que la deuda pública. La segunda razón son los beneficios que obtienen los accionistas de las empresas que gestionan los centros sanitarios. La tercera, el «enorme coste» que deben asumir los Gobiernos si algún proyecto quiebra. El estudio destaca que en estos casos, los Gobiernos no pueden dejar de prestar la atención sanitaria y se ven obligados a intervenir, asumir las deudas e invertir más dinero. La OMS insistía en que, aunque los Gobiernos afirmen que son las empresas las que asumen las pérdidas en caso de mala gestión, acaban siendo pagadas por los presupuestos públicos. El estudio alertaba también de la «falta de transparencia» de estos llamados proyectos PFI privatizadores:  pese a estar sustentados con dinero público, Gobiernos y empresas se niegan a detallar el destino de las partidas económicas alegando que es información «comercial confidencial».

 CALIDAD Y VIABILIDAD. El estudio destacaba la incapacidad del modelo para adaptarse a «un entorno de gestión sanitaria que cambia muy rápidamente» debido a los contratos a 30 años en los que está basado. «La falta de flexibilidad» para adaptarse a los cambios de población o a las nuevas técnicas médicas «ha hecho que algunos hospitales estén obsoletos cuando acaban de ser inaugurados». Y también señalaba la enorme complejidad que adquiere un hospital que debe prestar un servicio público, no sólo asistencial, sino también de formación a médicos residentes, pero que está gestionado por una o varias empresas privadas que, a su vez, pueden subcontratar la restauración, limpieza, mantenimiento, administración u otras funciones. «La dificultad de alcanzar un acuerdo entre tantos actores, junto los elevados costes de los proyectos, ha llevado a la quiebra de un gran hospital universitario, el Paddington Health Campus», en Londres”, citaba como ejemplo el estudio.

Oxfam, por su parte, ha elaborado otro estudio, este mismo año, alertando de los peligros de la privatización de la sanidad en los países pobres. Y, entre las muchas razones y ejemplos, cita el ejemplo de China –país que no es ni mucho menos pobre, pero sí lo es su población-:

“La administración de vacunas se ha recortado a la mitad en los años posteriores a la privatización de la sanidad. La prevalencia de índices de tuberculosis, sarampión y poliomielitis va en aumento actualmente y puede suponer millones en pérdidas de productividad y un gasto innecesario en tratamientos para la economía del país”.

Rebajar la calidad de la sanidad en algún país, va en perjuicio de toda la sociedad mundial. Los enfermos contagian a otros y expanden enfermedades.

 Los médicos y todo el resto del personal sanitario españoles sí están sumamente acreditados en el mundo, pero nuestro sistema empieza a acusar deficiencias. Marroquí, joven, embarazada, sin apenas hablar nuestro idioma, algo falló con Dalila, al rechazar su hospitalización y pruebas más profundas vistos sus alarmantes síntomas. ¿La privatización como causa? Un dato más para evidenciar los peligros que corroen el sistema en el que vivimos.

Actualización:

  Algunos deportistas de élite sufren de asma y precisan para ello tratamientos muy controlados. Este enlace explica bien el esfuerzo extra al que se someten y los exámenes médicos que necesitan, porque su padecimiento es el más contraidicado para hacer un esfuerzo respiratorio, que, pese a todo, realizan por vencer dificultades. No parece el caso de Dalila, cuando además la familia asegura que no padecía esa enfermedad. El problema sobre el que he querido llamar la atención es, sin embargo, otro: saber si las privatizaciones en la sanidad han contribuido a mejorar el servicio o a empeorarlo.

Las debilidades del mito

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No había planeado visitar esta ciudad que, según me dijeron, se llamaba Aachen y siempre me ha producido una sensación de aventura y suspense encontrarme en un lugar donde, si la lógica funcionase, no debería estar. El tema lo trató Tom Wolfe en “La hoguera de las vanidades”, en este caso como origen de un cúmulo de tragedias.

Tren Colonia-París. 10,45 de la mañana, llegaré a comer a la capital francesa y dispondré de tiempo para dar una vuelta por el barrio latino e insuflarme una vez más la belleza de Notre Dame. El convoy, de la compañía Thalys, tiene sus años. Transcurrida media hora, el jefe de tren dice en cuatro idiomas –ninguno de ellos el español- que se ha producido una interrupción de la vía poco más allá y nos van a llevar en autobuses a otra estación para salvar el obstáculo.

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Un autobús urbano aguarda nuestra llegada. Urbano, tal y como suena. Igual que los que conducen de Goya a la Puerta del Sol en Madrid pongamos por caso, y vamos a viajar por carretera. Las maletas colapsan enseguida el espacio y la mitad de los pasajeros nos quedamos en tierra. Inicio conversación con una pareja que resulta ser de Colonia y, poco a poco, se van haciendo animados corrillos, salvo unos pocos que permanecen aislados de todo contacto con los demás. Me explican que “no es inusual” que sucedan fallos en los trenes alemano-belga-franceses. Y que el principal problema es que siguen sin estar preparados para eventualidades. “En Londres hubiéramos tenido aquí 6 autobuses al momento, aquí vamos a tener que esperar que el autobús que se ha ido, regrese”, dice la mujer, Clara. Pienso que en España también tendríamos, probablemente, 6 autobuses, somos los reyes de resolver conflictos imprevistos por la facilidad en la improvisación.

En efecto, el vehículo tarda algo más de una hora en volver y nadie nos ha avisado. Estamos atados a la maleta y a la posibilidad de que alguien subsane el problema, mande otro autobús, que podría marcharse sin alguno de nosotros. No se puede ni ir al baño, ni a tomar nada, tampoco. Hago fotos desde el mismo lugar donde me encuentro, pegada a la estación.

Hoy sé que Aachen es Aquisgrán, el corazón de Europa, y que Carlos El Grande del que me hablaban, era Carlomagno, y que su Universidad es una de las más punteras de Alemania.. Vaya oportunidad perdida. ¿La torre sería un extremo de la Catedral?

Por un precioso sendero verde nos llevan finalmente a Bélgica. Pero no es una estación convencional, sino un apeadero. No hay servicio alguno, ni ascensor. El error de una señora con gorro ferroviario nos hace transitar a varios por empinadas escaleras, acarreando la maleta, de ida y de vuelta a la vía donde finalmente saldrá un tren para París. Varios caballeros me ayudan con el bulto a su iniciativa, pero no en todas las ocasiones.

Amarrado el tren adecuado, nos ubicamos donde nos parece, todos en el mismo vagón –dado que los viajeros del primer autobús no están allí-. Vamos a tardar otros tres cuartos de hora en arrancar. Hay un cierto revuelo. Un “enterado” de manual –que ha pasado el tiempo de espera trayendo «noticias»- dice que nos devolverán el importe del billete. Bajo a fumar y, con un par de alemanes, conversamos con el nuevo jefe de tren, un belga, que se bajaría con su equipaje en Bruselas. Le comentamos el asunto de la compensación económica con toda corrección. Pero él repara en mi acento y me pregunta de dónde soy. Me pide el billete. Sólo a mí. Sin saber dónde me he sentado, me dice que tengo que ir al último vagón, que me asigna el asiento 28. Le pregunto que por qué sólo a mí y que quién me va a llevar la maleta hasta allí. Lo piensa mejor y me envía al vagón cafetería adyacente, donde han instalado dos filas de asientos. Mi asombro crece cuando sube al vagón y envía conmigo a una familia de raza negra, compuesta por el padre, cuatro mujeres jóvenes, un chico adolescente y un bebé. De todo el tren, separa a una española y a una familia negra. Un nazi.

Son casi las dos de la tarde. Ni soñar en comer en París. Tengo hambre y se me está terminando el agua. Preguntó al nazi si dispone de comida y bebida. Responde: “Sí, pero es para los pasajeros de primera, vd. viaja en turista”. La cafetería abre a las 3 de la tarde en Bruselas, acumulando una disuasoria fila de viajeros.

Antes ha aclarado que la interrupción de la vía –el incendio de una conducción eléctrica- se ha producido en Alemania, y Thalys no se hace responsable de nada. Habremos de reclamar al Deutsche Bank, que, casualmente, es propietario de ese servicio. ¿Juegan al Monopoly los bancos de todo el mundo? Clara y su marido se encargarán de gestionar por mí cómo lograr el cobro en otra larga cola que se forma en la estación de París Nord. Me lo contarán por email.

Mi tiempo se había acabado. Notre Dame lo vi de refilón más imaginándolo que otra cosa. Y regresé a España sin problemas.

Más que nunca en el pasado, compruebo las graves deficiencias del sistema para cualquier lado que uno quiera mirar. Ahora tengo que emprender reclamaciones contra varios entes que han incumplido lo suscrito. Orange, cuyo servicio de Internet nunca funcionó, pero te tienen medias horas al teléfono para no resolver nada. Eso lo he solventando dando orden al banco de que no paguen la factura. Iberia por facilitar un servicio de seguro de viaje que roza lo fraudulento. Y –si no me olvido de nada más- contra los ferrocarriles centroeuropeos por el retraso, y la empresa Thalys por llevar a un nazi a cargo de uno de sus trenes. Para diez días de viaje no está mal el porcentaje. El sistema está podrido. Y, por más que luche -que lo haré- lo más probable es que no consiga nada porque los ciudadanos estamos indefensos ante el monstruo que nos agrede con total impunidad.

Madoff: preguntas tontas

Todos muy contentos porque Bernard Madoff ha sido condenado a 150 años de cárcel: estafó 50.000 millones de dólares. A clientes millonarios, en su mayoría. Como conozco a algún afectado, puedo presuponer que, muy pocos, se han arruinado: habían diversificado sus fuentes de inversión y ni de lejos se han quedado con lo puesto.  Millones de personas, en cambio, sufren los efectos del neocapitalismo desbordado y sus fraudes hasta pasar serios apuros para subsistir.

Mis dudas son:

¿Hubiera sido la Justicia de forma tan rápida y contundente de haber no haber sido ricas sus víctimas?

¿Lo ha hecho en el caso de quienes han arruinado empresas y usuarios más modestos?

¿Lo hará alguna vez… o todo seguirá igual?

¿Reaccionará en algún momento la sociedad?

El Golpe de Estado «técnicamente»

El presidente de Honduras, Manuel Zelaya, duerme en su cama cuando irrumpe el ejército a tiros en su dormitorio, le secuestran y lo meten en un avión para sacarlo del país. Liberal y adinerado, que devino en populista de la línea Chávez, sufría problemas desde hace un tiempo. Había convocado un referéndum para lograr la prolongación de su mandato por cuatro años más -algo que prohíbe la Constitución de Honduras-, el Congreso había votado en contra de la medida, pero Zelaya persistió en su idea. Hoy, el Presidente de la Cámara, Roberto Micheletti, encabeza ya el nuevo Gobierno, con apoyo del Tribunal Supremo. Sin pasar por las urnas.

Los hechos desnudos vienen a ser así. Lo curioso ha sido la reticencia a denominar Golpe de Estado a lo sucedido en Honduras y, una vez admitido a regañadientes, tratar de justificarlo. En España.

La Razón titula “Golpe de Estado contra Chávez”. Fernando Fernández en la SER argumenta que Zelaya “había dado motivos”: quería “perpetuarse en el poder” y ha inflingido varias leyes (no tantas desde luego como la clase política hondureña en su actuación en este caso). ¿Eso justifica que entre la cuartelada en su casa y lo expulsen del país? Al parecer, sí, para algunos.

“Perpetuarse en el poder” es legal en España, por ejemplo, donde no existe limitación para presentarse a comicios electorales. Siempre que logren la mayoría de los votos como pedía hacer el presidente constitucional de Honduras, Manuel Zelaya. ¿Que se puede manipular emocionalmente a las masas? ¿Dónde no?

De cualquier forma, el uso político del ejército, y el secuestro y deportación del Presidente son delitos gravísimos. Si la actuación de Zelaya no era correcta, hoy debería estar en la cárcel –hondureña- a la espera de juicio. Pero muchos lo “comprenden”. Uno de nuestros actuales representantes en Europa, Alejo Vidal-Quadras, declaró en la campaña electoral, que la República había sido la causante de los cuarenta años de dictadura sufridos en España. Y fue masivamente votado. También me chirría escuchar en la SER a alguien que considera lícito de alguna manera que si un país tiene problemas, se llame al ejército, se secuestre al presidente, se corte la electricidad, televisiones y radios y se establezca el toque de queda. No es un criterio democrático, a las personas no demócratas no se les pone puente de plata para que difundan su ideología en los países serios.  Y ésa es la razón por la que a los sajones les hacemos tanta “gracia”, pero no nos toman en serio. El problema es, sin embargo -dicen algunos-  lo que “técnicamente” se considera un golpe de Estado. En este caso, la actuación de Zelaya pone en duda el término, dicen. Además, se había alineado con Chavez, tremendo delito que merece como mínimo ser encañonado.

España, madre patria, Europa, sufrió en sus carnes no hace tanto, un problema similar. Y quiero traer a colación un viacrucis padecido en primera persona. Un amigo –a quien, a pesar de todo, profeso un gran afecto-, ha escrito un libro sobre su vida en la televisión, profundamente subjetivo, incluso arbitrario. En él cita su visión del último reportaje que hicimos juntos en RTVE para Informe Semanal, el último de nuestra carrera en la Casa, además. Habla de profundas discrepancias que a punto estuvieron de acabar con nuestra amistad. Pero no cita el desencadenante, que fue ése: que yo llamé Golpe de Estado a los sucedido en España en 1936.

Él, como realizador, se ocupaba de la imagen, y yo -como redactora del texto y primera firmante del reportaje- de todo su contenido. Él, sin embargo, rechazaba de plano la denominación “Golpe de Estado”.

“Dos académicos, uno de la Lengua y otro de la Historia no me parecían malas referencias, y ellos parecen coincidir con mi teoría. Carmen Iglesias dijo que no se debe hablar de golpe de Estado, sino de rebelión militar. O en todo caso golpe militar, pues el golpe de Estado lleva aparejada la toma de los centros de poder y el cambio de uno por otro. Dijo: «es una rebelión militar que acaba en guerra civil. Tú estás en tu derecho de apostar por lo que quieras. En este caso, nuestras apuestas particulares arrastran al otro como si fuéramos siameses. Si te equivocas nos equivocamos, si me equivoco con la imagen nos equivocamos también los dos», me escribió en un extensísimo intercambio de emails que seguía a las discusiones de viva voz.

En la agria disputa, le escribí:

“Creo que la cuestión del Golpe de Estado -que a mí no me suena «raro»- se zanja con un hecho: Golpe de Estado figura en los libros de texto que estudian hoy los niños españoles -el propio Dani, «nuestro niño», lo dice en la entrevista-, aprobados por el Ministerio de Educación y Ciencia. Junto a wikipedia y Pío Moa (como ejemplos extremos), te cité que esa calificación figura hasta en museos nacionales. De hecho hay 65.800 entradas en google con esa denominación. Que hay opiniones diferentes,no me cabe duda. Unas serán por perfección academicista y otras puramente intencionadas políticamente. Incluso decir «golpe militar» lo corrobora. Militar es un calificativo en este caso, pero los golpes no se dan en el aire, se dan contra algo y fue el Estado de Derecho, un gobierno elegido en las urnas que además trajo una guerra civil y 40 años de férrea dictadura.Por todo ello lo que sí te puede asegurar es que a ningún demócrata le molestará escuchar que se llama Golpe de Estado a lo que ocurrió en 1936.”

Pero no le convencí:

“Ya sé que a ti lo de golpe de estado no te suena raro, ése es el problema; como tampoco te sonaba raro lo de «la larga noche» (imagen literaria que utilicé para referirme a los 40 años de dictadura, y que consiguió sacar del guión con apoyo de uno de los jefes del programa). Respecto a las referencias que tomamos para saber lo correcto o lo incorrecto hay que tener cuidado porque los errores se expanden con una facilidad contagiosa. Quién le convence a un ciudadano medianamente ilustrado de que es incorrecto decir «ciudadano y ciudadana», cuando lo dice desde el presidente de gobierno a los conductores de los programas de radio; quién le convence de que, eso, de que se puede decir «de que» y no evitarlo a toda costa como si fuera la peste, que unas veces es correcto y otras incorrecto, que el no emplearlo nunca, aqueismo, es tan erróneo como el dequeismo. Las referencias que encontramos a mano no son nada fiables, como ves. La cuestión del Golpe de Estado, hija mía, no se zanja con el argumento de los libros de texto, la zanjas tú y punto, pero eso no es garantía del uso correcto del término, y tú, periodista renombrada, estás difundiendo el, a mi juicio, error a unos cuantos millones de telespectadores que pensarán que si lo dice la televisión está bien dicho. La televisión lo aguanta todo, nada va a pasar, no hay que preocuparse, se trata de trabajar con rigor o no. En cualquier caso, el castellano es tan rico que permite términos alternativos que eliminen la sombra de la duda. Ahora bien, si se trata de sostenella y no enmendalla, esa es tu opción. Por el bien del idioma, ojalá que aciertes».

En el reportaje leí: “Golpe de Estado de 1936”

Y ahora me pregunto: ¿la semántica tiene ideología? ¿Es inocente y fría?

Atentos a la burbuja turística

El turismo ha descendido en España y se prevé que lo siga haciendo. Lo anticipaba en mi libro: España ha dejado de ser el paraíso encantador que conocieron. En su lugar tenemos playas enladrilladas de cemento en construcción anárquica, precios desorbitados, mal servicio -en algunos casos de no profesionales- y malas caras. Me habían comentado algunos extranjeros especialmente ese punto, la poca amabilidad en el trato en contraste con el pasado: «Parece que te perdonan la vida».

Berlín me ha sorprendido, después de varios años sin visitarlo, por lo asequible que es cenar fuera en coquetos restaurantes, no de lujo extremo. Estoy hablando de un sólo plato –enorme- que viene con todos los acompañamientos. Y, en concreto, de un cordero en un restaurante turco, una parrillada de carne a la brasa otro día, una exquisita caldeirada portuguesa o un servicio de delicatessen alemanas frías, desde quesos a embutidos con ensalada –de tal tamaño que en España tomaríamos cuatro personas-. Con cerveza y sin postre, sale entre 16 y 20 euros comensal. No cobran el pan. Y estoy hablando de zonas caras, las hay más baratas. Mesa con mantel y velas, ni una palabra más alta que otra en el salón o la terraza (salvo cuando el grupo es numeroso y han tomado demasiada cerveza). Y servicio extremadamente atento. Tardan en traerlo, los platos los hacen al momento, sin recalentarlos.

  Al margen de comparaciones, el problema de España es que hemos matado la gallina de los huevos de oro, o la hemos enfermado seriamente. Los monumentos -y la alegría y espontaneidad españolas también- seguirán atrayendo imperecederamente. Nadie dejará de ir a Toledo, Santiago, Barcelona, Madrid, Córdoba y todo lo que vosotros queráis en esa línea. Pero, para vacaciones de playa o descanso, en Túnez o Punta Cana ofrecen lo que antes ofertaba España. Mejores precios que en casa, belleza sin alterar por la atroz especulación inmobiliaria, y buen trato.

Cuando uno cae en pendiente, dispone de la posibilidad de parar y remontar. Hay que ponerse a la tarea. Fuente esencial de nuestra economía, tampoco nos podemos permitir perder sus puestos de trabajo.

Periodistas en Berlín

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Berlín tiene playa. A orillas del río han habilitado deliciosos espacios con arena y tumbonas, sofás-cama, tules. La prensa federal da nombre a uno. Paradisiaco. ¡Barato! Aquí acude quien lo desea, pero también periodistas y políticos, dado que se encuentra ubicado cerca de todo el conglomerado gubernamental y mediático. Sin escoltas, sin problemas. Me cuentan que uno puede tumbarse en el césped –poco más allá- mirando la ventana de la Canciller Angela Merkel, apoyarse en la fachada, sin que nadie les moleste. Ese espacio, dicen, es de la ciudadanía. Cierto que no les sacude un terrorismo casero, pero hay también otra cultura cívica y democrática, un sentir como propio el país, el verdadero patriotismo -como he dicho tantas veces- que no exige alardear de banderas. Cierto, igualmente,  que ni los políticos conservadores cuestionan sus logros adquiridos.

He conocido en Berlín dos periodistas jóvenes que me han impactado: Patricia Sevilla –hija de mi amiga Camino Ciordia-, fotógrafa, y Aitor Lagunas, paisano de Zaragoza. Ambos –a los que he llegado por distintas fuentes- coinciden en varias cosas: dejaron su país para buscarse la vida, aprender idiomas, respirar otras culturas y, tras unos pocos años de profesión, poseen un rigor y un perfeccionismo que me admira. Buscar incasablemente fuentes y contrastarlas, ponerlo todo en cuestión, trabajar a fondo para lograr el mejor resultado. Mientras los grandes medios mandan a sus corresponsales a casa para ahorrar dinero, jóvenes como éstos buscan horizontes con la mejor preparación posible. Ésa es la clave. Merecen un futuro consolidado. Sospecho que lo conseguirán. Tienen el espíritu luchador e inconformista que tuvimos, en su día, quienes de repente empezamos a hacer periodismo en España de la nada. Hoy el marco es Europa, el mundo.

    Y, en la ciudad sin prisas, descansar aquí en las pausas, es bien apetecible.

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Impuestos: que todo siga igual

Si no leo, oigo y veo mal desde Berlín, el PSOE ha retirado un acuerdo por el que se proponía elevar los impuestos a los más ricos. Argumenta que IU no le garantiza su apoyo en los presupuestos. ¿Y qué? ¿Entendemos que, por tanto. pagamos una trifulca política todos… menos los ricos?

Lo hemos comentado varias veces. Con los sueldos más bajos de la Europa anterior a la ampliación, a excepción de Grecia y Portugal, con una alegre subida de la inflación desde la entrada del euro que nos equipara casi en precios a los más ricos, el 34% de media de impuestos no es poca cosa. Lo peor es que el tramo entre el más y el menos es más corto que en otros países y deja con el 42% a las rentas más elevadas, cuando en Dinamarca u Holanda, en Suecia también –dentro de Europa- pagan el 60%, los demás no. Y en Grecia, por ejemplo, cuyo pico alto está a la par que el nuestro, las rentas bajas no llegan a pagar el 10% de sus ingresos.

Primero quitaron el impuesto de patrimonio, ahora renuncian a subir los impuestos a los ricos. CIU se oponía. Atentos, CIU se oponía, no lo olviden sus votantes con temor a perder el empleo. De igual modo que ya han confesado todos los partidos conservadores que son partidarios de “la reforma laboral”: despido barato y bajada de sueldos. Recuérdenlo también con la papeleta en la mano. La precariedad de acuerdos parlamentarios del PSOE nos está saliendo muy cara.

Ayer, con toda emoción, regresé al puente de Bolrnholmer, donde hace 2 décadas asistí a la apertura del Muro de Berlín. Bien abierto para insuflar libertad. Pero allí empezó a morir también la izquierda. El capitalismo dueño y señor de nuestros destinos. Pero a la ciudadanía de otros países les pilló mejor preparados y con las espaldas más cubiertas.

Tomando tierra en Berlín

21 grados a mediodía, dormir con edredón. He venido a respirar Europa más cerca de su corazón y tratar de reencontrar escenarios y personas que tanto me impactaron hace dos décadas cuando cayó el muro de Berlín ante mis ojos. Para bien y para mal, cuesta encontrarlos. La piqueta ha trabajado lo suyo. No en todos los casos. Las casas derruidas junto a la pesada frontera, que no podían ser habitadas por razones obvias, se han convertido en un precioso barrio de vanguardia, tiendas pijas de diseño y pequeños restaurantes. El Mitte, la mitad. Es una recuperación altamente simbólica. Pero aún persiste la división entre Este y Oeste en la mentalidad.

Alexander Platz, la joya de Berlín Oriental parece más pequeña que el recuerdo. No he llegado aún mucho más lejos. Espero hacerlo hoy.

Mi alojamiento en el Oeste me permitió ayer escuchar a muchos españoles que están en visita turística. Con mi metro ochenta y el pelo rubio paso por alemana. Un grupo de matrimonios daba limosna, muy convencidos ellos, para reconstruir la vieja iglesia de la Paz (protestante) que fue símbolo occidental de la guerra. En realidad es para mantener abierto el monumento. Señoras maduras salen –también en grupo numeroso- cargadas de bolsas con compras pero diciendo: “España es mucho mejor” –palabra-. Y “¡Qué caro!”.

Los precios de todo oscilan por zonas, pero en efecto son superiores a España. Aunque vi mi famoso patrón oro de la cesta de la compra –tomates- a 1,99 euros. Hermosisimos. Eran polacos. Ahora tenemos mucha más competencia.

De cualquier forma los alemanes cobran el doble que nosotros y sus precios no se han duplicado, ni mucho menos. Leo que el Sr. Trichet, que reside en Francfort, tiene la osadía de pedir regulación de los sueldos españoles y despido aún más libre. Las obras de Berlín Oriental las hacen ciudadanos del Este europeo, no alemanes, como en casi todas partes. Es que siempre ha habido clases ¿no? Nosotros estamos en la de cobrar la mitad.

Orange no me dio el servicio contratado y he estado sin Internet. No me dio nada, ni un minuto de conexión. Espero que no lo cobre. Y, ahora, con otro, no consigo colgar las fotos. Pero todo puede esperar. Menos Berlín. Hoy tengo pogramados grandes choques con la nostalgia.

Pensar en español

 LA EÑE NOS DISTINGUE…

Decimoséptima letra del alfabeto castellano, naciste de la unión de dos enes consecutivas. Por ser única, diferente y escasa, se lucha desde hace años para aniquilarte. Tacaños de mente, bisoños de imaginación, te rechazan. Contraes en un dígito un sonido que tienen otros idiomas y que ellos suelen escribir con nh o con gn. Huraños te miraban y te repudiaban: se negaban a fabricar máquinas de escribir o teclados de ordenador con eñes, quisieron obligarte a convertirte en doble letra de nuevo escribiendo n-i, para hacer más nionio lo ñoño. Pero un mono no es lo mismo que un moño y, menos aún, monio, demonio, antimonio,  sucedáneo de la nada. Sonar es una actividad mucho más inmediata, y prosaica que soñar y el puño se debilita si le falta la virgulilla, el sombrero señor que jamás te quitas. Al aire, en un guiño, optimista, airoso, casi flamenco, acabado en ascendente para saludar al futuro.

La academia condescendiente acepta decir con pureza registrada… tropecientos currantes flipan zapeando, jope que guay, mientras tu presencia escueta se enseñorea del diccionario para darle identidad. Uñas y cuñas, arañas y musarañas se escriben con eñe. Tienes la fuerza del coño y la puñeta. Diferencias entre el niño y la niña, entre el cuño y la cuña, el caño y la caña. Te tiñes de añil y de armiño, sabes a ñoqui y a ñora, hueles a especial y sin ti moriría el ñu y el ñandú, la ñacariñá y el ñame. Y los coruñeses, albaceteñenos, maños aragoneses, españoles todos , panameños, salvadoreños u hondureños. Atañes a un mercado de cuatrocientos cincuenta millones de personas que merece la pena conservar. «La ortografía también es gente», dijo Pessoa. Y la gente, ideas y sentimientos. Hija primogénita de la España que los extranjeros escriben Espana, te adoptó el gallego y cruzaste el inmenso océano. Suenas sin sueño, a pecados mortales como la envidia, la hipocresía o la mentira, pero también a creatividad, ingenio y pasión. Nos has hecho dueños de una letra que sirve para emponzoñar, al tiempo que para añorar. A una letra que nos distingue, como sello y seña. Por ti, el otoño se viste de eñes, los años se visten de eñes, y el futuro de mañanas.

ETA: Fuera del tiempo

De todos los males que asolan a esa “España” fuera del mundo civilizado y fuera del tiempo, el peor es el terrorismo de ETA. Un país capaz de parir a Vicente Ferrer, entregado a las más justas causas, coherente, inasequible al desaliento en sus objetivos, alumbra también a ese grupo de desequilibrados fanáticos –incluyendo en él a quienes les apoyan-. No pueden ser más españoles, de la peor estirpe, de la que poblaba nuestro suelo semicubierta con pieles, garrote en mano, en tiempos de las cavernas.

Cada vez que el “urgente” salta y leo que un ser humano ha sido asesinado por ETA, me sacude la sensación de que no vivo en Europa, ni el siglo XXI. Ayer fue aún más desolador, cuando escuché que a Eduardo Puelles le habían quemado vivo. Sólo la sin razón puede actuar así.

He reflexionado ampliamente a lo largo de mi vida acerca de ETA. Residí en el País Vasco, por trabajo, en el momento crucial en el que Franco murió y empezó una nueva historia. Apasionante tramo en el que, como periodista –y rodeada de otros periodistas que estaban llamados a ser la élite de la profesión en España- conocí muchos entresijos. Mucho tiempo más tarde, un atentado me sacudió de cerca en Madrid. Murieron cuatro personas, una de ellas un conductor de autobús que dejó su cerebro en el suelo. El paisaje, de cascotes y cristales rotos, era el de la desolación. Comparable a una guerra que no respondía a ese lugar ni a esa época.

Y, sin embargo, he reiterado sin descanso algunos puntos a considerar.

-En 40 años ni el Estado –dictatorial o demócrata- ha conseguido erradicar a ETA, pero tampoco la organización terrorista ha logrado sus objetivos. Ese tema enquistado exigirá medidas más imaginativas.

-En cuatro décadas, las cúpulas y los miembros se han renovado continuamente. Los primeros etarras peinan canas o han muerto, pero siempre hay descabezados jóvenes que se unen a la idea. Es una parte de la sociedad vasca quienes les alimenta para que crezcan. Se trata de, con todo dolor, pero también con toda firmeza e inteligencia, sentar las bases para que no hoy, ni mañana, los nietos de los que hoy matan y los nietos de los son asesinados, no se vean enfrentados nunca más, de impedir que hereden y perpetúen los viejos rencores.

-Por último, el tratamiento informativo y político del terrorismo. La utilización que de ello hizo el PP en la pasada legislatura fue vergonzosa, además de negativa. Acrecentaba la tendencia mediática de amplificar las acciones terroristas que es el principal objetivo que persiguen. No hablo de silenciar, hablo de priorizar la búsqueda de causas, base social.

Treinta años después de dejar de vivir en el País Vasco, regresé a ahondar en su situación, como suele hacerse en un reportaje –se mira con ojos diferentes al del turista-. Lo encontré… mucho más triste. Y los relatos de quienes allí se enfrentan al riesgo de hacer política –es un riesgo en el País Vasco-, resultaban altamente preocupantes. Un catedrático respondió a algunas cuestiones esenciales. No cito su nombre porque él no hablaba para mi blog, pero me parece interesante reseñar lo que dijo:

“La violencia siempre ha sido un componente importante de un sector del nacionalismo, lo que pasa es que eso sólo explica una parte. El declive del nacionalismo de la izquierda abertzale en los últimos años se puede medir y se puede cuantificar. Cuando ETA ha declarado una tregua, o ha tenido otra forma de expresarse que no sea mediante atentados o la utilización de la violencia, sus expectativas electorales se han visto favorecidas”. (…) “Yo creo que la mayor parte de la izquierda abertzale apoya la violencia, continua apoyándola, ETA siempre ha sido un referente para la izquierda abertzale y continua siéndolo. Lo que pasa es que si miramos la evolución histórica, vemos que cuando ha declarado una tregua por ejemplo han subido sus expectativas electorales y cuando se ha incrementado la violencia, progresivamente se ha ido minando su apoyo social”.

Ahí es dónde se precisa actuar. Y no se trata de ilegalizar ideas. La sociedad vasca se ha comprometido de alguna manera con otro proyecto en las últimas elecciones. Tibiamente. Entiendo que no es nada fácil allí enfrentarse a la irracionalidad, al miedo, pero ha marcado un ligero cambio de tendencia.

Las palabras y la expresión del rostro del Lehendakari López me aportan, al menos a mí, cierta esperanza. Le habían matado a “uno de los suyos”, a “uno de los nuestros” y se comportó como un ser cercano y muy humano.

Siglo XXI. Europa. Civilización. Ya no queda en parte alguna (que responda a esos conceptos), la pistola, la bomba, la crueldad extrema, por, supuestamente, defender una idea. En el mundo, hoy, sólo el atraso y el fundamentalismo, lo practican. La razón tiene que terminar por imponerse.

Y dicho esto no creo que vuelva a tocar este asunto. Por coherencia.