ETA: demagogia y desmesura

Vivimos en un país que impide construir futuros positivos porque de continúo precisa dedicar todas los recursos a apagar fuegos ficticios.

Vuelve ETA con fuerza ¿a matar? No a dar réditos políticos a una derecha sin escrúpulos –en este caso- que no duda en utilizar el terrorismo para manipular aún más de lo que está a la opinión pública y acaparar poder. De repente, un faisán y unas actas de reuniones redactadas por los terroristas, copan debates, páginas, ondas y las conversaciones de unos ciudadanos, algunos, que tienen problemas reales mucho mayores. Pero hemos –han- resucitado el “dime a quien odiar, dime a quien temer, no mires cuánto me beneficio”.

 ¿Probamos a mirar las cosas desde otro punto de vista?

ETA ha asesinado a algo más de 800 personas durante los últimos 50 años. Y ha dejado heridos y mutilados. Terrible y condenable en todos los casos.

 Cada año la ley del beneficio económico y la mala gestión política arrebatan violentamente la vida de 16.000 personas, por efecto de la contaminación ambiental, según un informe de Ecologistas en Acción. La mitad de los españoles respira agentes peligrosos que dejan secuelas. En Madrid, la comunidad más afectada, el 80% de los ciudadanos. De haber sido ésa la tónica durante el último medio siglo, habrían muerto exactamente 800.000 personas por esa causa, sin ocupar más que un breve en los medios informativos. Y sin motivar tampoco protestas sociales. Ni un “rifirrafe” he visto u oído al respecto.

Todos los años una media de mil trabajadores muere por accidente laboral. Las víctimas con secuelas, apoplejías incluidas, multiplican desorbitadamente esa cifra. Falta de formación y/o medidas de seguridad influyen de manera decisiva en este balance. De nuevo, la ley del máximo beneficio y la precariedad laboral arrancan vidas y salud.

En los accidentes de tráfico (llegó a haber 4.000 muertos anuales) cabe alguna responsabilidad de quien va al volante en muchos casos, no de quien se los “encuentra”. En los más de 3.000 silenciados suicidios que se producen cada año (por ejemplo, el suicidio es la principal causa de muerte de las mujeres entre los 30 y los 34 años) habría muchas culpas que repartir, sociales, políticas, económicas, no solo personales.

El caso es que cada vida vale lo mismo. ¿Usar pistola o bomba para acabar con ella marca una diferencia? ¿Tan abismal en su tratamiento político y mediático?

Dicho todo esto, aquí tenemos información real sobre el caso Faisán, el auto. No hubo presiones políticas para no perseguir el terrorismo. Notad que lo llama “hechos”. Aquí, cómo respira la derecha, en el editorial de ABC por ejemplo, en línea con el enardecido discurso del PP. “No hay precedentes en el mundo democrático de un Gobierno capaz de ofrecer la rendición del Estado a una banda de asesinos. Lo ocurrido coloca al Ejecutivo de Zapatero en el filo mismo del abismo”.

Un resumen de la hipocresía suma del PP y la prensa conservadora en el blog y columna de Ignacio Escolar con el que, como tantas veces, coincido.

“Zapatero apenas se movió: ni derogó la ley de partidos para legalizar a Batasuna ni dejó de detener a etarras ni acercó a ningún preso a Euskadi ni mucho menos entregó Navarra. Y eso que había precedentes: durante la penúltima negociación, la de Aznar con esa ETA a la que calificó como “Movimiento de Liberación Nacional Vasco” en 1999, el Gobierno excarceló a 180 etarras, 135 presos más fueron acercados a Euskadi, disminuyeron las detenciones y se invitó a volver a 304 prófugos. Uno de esos etarras liberados por el Gobierno de Aznar durante aquella negociación, Iñaki Bilbao, volvió a matar: asesinó poco después al concejal socialista Juan Priede. Y a nadie se le ocurrió acusar a Aznar de colaborar con ETA”.

 Pero ya estamos de nuevo en harina para fabricar el pastel de la demagogia, utilizando el terrorismo como arma electoral. Arma electoral, repito. Tienen mucha práctica. En 2007, en un período en el que el único atentado en mucho tiempo fue el de la T4, el PP, la derecha mediática y grupos de extrema derecha varios, emprenden y desarrollan una campaña sin precedentes para protestar -dicen- por la política antiterrorista del Gobierno. Campaña tan ficticia -y obscenamente aprovechada- como ésta. Trece manifiestaciones cuento, pudieron ser más.

El diario ABC publica una tribuna del escritor Juan Manuel de Prada, titulado “Alta traición” que terminaba así: “”Llamemos a las cosas por su nombre: esto es alta traición. Cabría preguntarse si un gobierno que humilla el honor de un Estado no merece algún tipo de castigo. En épocas menos confusas esta pregunta habría obtenido una respuesta inmediata y severísima”. ¿En 1936 por ejemplo?

Lo contaba en mi libro España, ombligo del mundo, (y guardo impresa la tribuna hoy más difícil de encontrar en Internet) donde dedico amplio espacio a este tema. Por ejemplo, a la manifestación del 10 de Marzo de 2007, víspera del tercer aniversario de los atentados del 11M, que ni se nombran, porque en esta ocasión “no toca”. El PP fleta 760 autobuses para hacer llegar gente de toda España.

Mariano Rajoy, en el comunicado final, reitera sus teorías sobre las cesiones que le presupone al Gobierno e incluye tres interesantes puntos.

Uno mesiánico:

“Volved a vuestras casas y contad a todo el mundo lo que ha pasado aquí, lo que habéis hecho, lo que habéis sentido. Que os vean en pie, con la cabeza alta y fuertes como yunques. Orgullosos de ser españoles que no se resignan”.

Otro en el que parece desechar por fin la autoría de ETA en los atentados del 11M, aunque los manifestantes sigan gritando allí mismo “queremos saber” o “¿quién ha sido?”:

“La España que consiguió que ETA no matara porque no podía matar, porque la estábamos derrotando”.

Y un llamamiento que nos heló la sangre a muchos españoles:

“Necesitamos recuperar el consenso. Si no es posible alcanzarlo con el Gobierno yo quiero establecerlo con la gente, con los españoles. En ese espíritu, convoco solemnemente a todos los españoles, a los que les importe España, a poner fin a esta situación”. ¿Cómo? ¿Como en 1936? Pues ya están de nuevo igual.

¿Se da cuenta el PP y sus acólitos de cuántos votos dan al PSOE con esta actitud? ¿Se dan cuenta, sobre todo, de cuánto ofenden la inteligencia y el sentido ético?

(Vídeos de la manifestación aludida. El segundo, amplio, con un anuncio delante y no por casualidad. Son muy instructivo ¿dónde quedaron las acusaciones sobre Navarra por ejemplo? ¿Dónde está la responsabilidad por hacer estas acusaciones sin fundamento?)

Terrorismo: la razón y el corazón (o el oportunismo político)

  • Esperanza Aguirre: “Cuando los demócratas no caigan en la tentación de negociar con los terroristas y apliquen toda la ley y sólo la ley, será posible acabar con ETA”
  • Gobiernos de los últimos 50 años en España:
  • Dictadura de Franco hasta 1975

    Arias Navarro hasta 1976

    Adolfo Suárez 1976-1981

    Leopoldo Calvo Sotelo 1981-1982

    Felipe González 1982-1996

    José María Aznar 1996-2004

    José Luís Rodríguez Zapatero: Desde 2004

    ” Primero: cuando 10 presos del Ejército Republicano Irlandés (IRA) se pusieron en huelga de hambre, no se impidió que murieran en la cárcel. Segundo: años más tarde, el Gobierno británico liberó a más de 500 terroristas, la mayoría de ellos mucho antes de que hubiesen completado el cumplimiento de sus condenas. En ambos casos, el Gobierno en el poder en Londres contó con el apoyo del principal partido de la oposición”.

    (…)

    ” A finales de los años sesenta se desató un conflicto que duró 30 años y se cobró casi 4.000 vidas.

    Londres nunca mantuvo una actitud pasiva. Decenas de miles de soldados británicos fueron enviados a Irlanda del Norte durante este periodo. Y después, cuando se pudo, hubo un decidido empeño negociador para llegar hasta el Acuerdo de Viernes Santo de 1998, que puso fin al conflicto, aunque no fue hasta el año pasado cuando el IRA entregó sus armas. En todo momento se mantuvo el consenso entre los principales partidos en el Parlamento de Londres”.

    ETA: Fuera del tiempo

    De todos los males que asolan a esa “España” fuera del mundo civilizado y fuera del tiempo, el peor es el terrorismo de ETA. Un país capaz de parir a Vicente Ferrer, entregado a las más justas causas, coherente, inasequible al desaliento en sus objetivos, alumbra también a ese grupo de desequilibrados fanáticos –incluyendo en él a quienes les apoyan-. No pueden ser más españoles, de la peor estirpe, de la que poblaba nuestro suelo semicubierta con pieles, garrote en mano, en tiempos de las cavernas.

    Cada vez que el “urgente” salta y leo que un ser humano ha sido asesinado por ETA, me sacude la sensación de que no vivo en Europa, ni el siglo XXI. Ayer fue aún más desolador, cuando escuché que a Eduardo Puelles le habían quemado vivo. Sólo la sin razón puede actuar así.

    He reflexionado ampliamente a lo largo de mi vida acerca de ETA. Residí en el País Vasco, por trabajo, en el momento crucial en el que Franco murió y empezó una nueva historia. Apasionante tramo en el que, como periodista –y rodeada de otros periodistas que estaban llamados a ser la élite de la profesión en España- conocí muchos entresijos. Mucho tiempo más tarde, un atentado me sacudió de cerca en Madrid. Murieron cuatro personas, una de ellas un conductor de autobús que dejó su cerebro en el suelo. El paisaje, de cascotes y cristales rotos, era el de la desolación. Comparable a una guerra que no respondía a ese lugar ni a esa época.

    Y, sin embargo, he reiterado sin descanso algunos puntos a considerar.

    -En 40 años ni el Estado –dictatorial o demócrata- ha conseguido erradicar a ETA, pero tampoco la organización terrorista ha logrado sus objetivos. Ese tema enquistado exigirá medidas más imaginativas.

    -En cuatro décadas, las cúpulas y los miembros se han renovado continuamente. Los primeros etarras peinan canas o han muerto, pero siempre hay descabezados jóvenes que se unen a la idea. Es una parte de la sociedad vasca quienes les alimenta para que crezcan. Se trata de, con todo dolor, pero también con toda firmeza e inteligencia, sentar las bases para que no hoy, ni mañana, los nietos de los que hoy matan y los nietos de los son asesinados, no se vean enfrentados nunca más, de impedir que hereden y perpetúen los viejos rencores.

    -Por último, el tratamiento informativo y político del terrorismo. La utilización que de ello hizo el PP en la pasada legislatura fue vergonzosa, además de negativa. Acrecentaba la tendencia mediática de amplificar las acciones terroristas que es el principal objetivo que persiguen. No hablo de silenciar, hablo de priorizar la búsqueda de causas, base social.

    Treinta años después de dejar de vivir en el País Vasco, regresé a ahondar en su situación, como suele hacerse en un reportaje –se mira con ojos diferentes al del turista-. Lo encontré… mucho más triste. Y los relatos de quienes allí se enfrentan al riesgo de hacer política –es un riesgo en el País Vasco-, resultaban altamente preocupantes. Un catedrático respondió a algunas cuestiones esenciales. No cito su nombre porque él no hablaba para mi blog, pero me parece interesante reseñar lo que dijo:

    “La violencia siempre ha sido un componente importante de un sector del nacionalismo, lo que pasa es que eso sólo explica una parte. El declive del nacionalismo de la izquierda abertzale en los últimos años se puede medir y se puede cuantificar. Cuando ETA ha declarado una tregua, o ha tenido otra forma de expresarse que no sea mediante atentados o la utilización de la violencia, sus expectativas electorales se han visto favorecidas”. (…) “Yo creo que la mayor parte de la izquierda abertzale apoya la violencia, continua apoyándola, ETA siempre ha sido un referente para la izquierda abertzale y continua siéndolo. Lo que pasa es que si miramos la evolución histórica, vemos que cuando ha declarado una tregua por ejemplo han subido sus expectativas electorales y cuando se ha incrementado la violencia, progresivamente se ha ido minando su apoyo social”.

    Ahí es dónde se precisa actuar. Y no se trata de ilegalizar ideas. La sociedad vasca se ha comprometido de alguna manera con otro proyecto en las últimas elecciones. Tibiamente. Entiendo que no es nada fácil allí enfrentarse a la irracionalidad, al miedo, pero ha marcado un ligero cambio de tendencia.

    Las palabras y la expresión del rostro del Lehendakari López me aportan, al menos a mí, cierta esperanza. Le habían matado a “uno de los suyos”, a “uno de los nuestros” y se comportó como un ser cercano y muy humano.

    Siglo XXI. Europa. Civilización. Ya no queda en parte alguna (que responda a esos conceptos), la pistola, la bomba, la crueldad extrema, por, supuestamente, defender una idea. En el mundo, hoy, sólo el atraso y el fundamentalismo, lo practican. La razón tiene que terminar por imponerse.

    Y dicho esto no creo que vuelva a tocar este asunto. Por coherencia.

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