Pensar en español

 LA EÑE NOS DISTINGUE…

Decimoséptima letra del alfabeto castellano, naciste de la unión de dos enes consecutivas. Por ser única, diferente y escasa, se lucha desde hace años para aniquilarte. Tacaños de mente, bisoños de imaginación, te rechazan. Contraes en un dígito un sonido que tienen otros idiomas y que ellos suelen escribir con nh o con gn. Huraños te miraban y te repudiaban: se negaban a fabricar máquinas de escribir o teclados de ordenador con eñes, quisieron obligarte a convertirte en doble letra de nuevo escribiendo n-i, para hacer más nionio lo ñoño. Pero un mono no es lo mismo que un moño y, menos aún, monio, demonio, antimonio,  sucedáneo de la nada. Sonar es una actividad mucho más inmediata, y prosaica que soñar y el puño se debilita si le falta la virgulilla, el sombrero señor que jamás te quitas. Al aire, en un guiño, optimista, airoso, casi flamenco, acabado en ascendente para saludar al futuro.

La academia condescendiente acepta decir con pureza registrada… tropecientos currantes flipan zapeando, jope que guay, mientras tu presencia escueta se enseñorea del diccionario para darle identidad. Uñas y cuñas, arañas y musarañas se escriben con eñe. Tienes la fuerza del coño y la puñeta. Diferencias entre el niño y la niña, entre el cuño y la cuña, el caño y la caña. Te tiñes de añil y de armiño, sabes a ñoqui y a ñora, hueles a especial y sin ti moriría el ñu y el ñandú, la ñacariñá y el ñame. Y los coruñeses, albaceteñenos, maños aragoneses, españoles todos , panameños, salvadoreños u hondureños. Atañes a un mercado de cuatrocientos cincuenta millones de personas que merece la pena conservar. “La ortografía también es gente”, dijo Pessoa. Y la gente, ideas y sentimientos. Hija primogénita de la España que los extranjeros escriben Espana, te adoptó el gallego y cruzaste el inmenso océano. Suenas sin sueño, a pecados mortales como la envidia, la hipocresía o la mentira, pero también a creatividad, ingenio y pasión. Nos has hecho dueños de una letra que sirve para emponzoñar, al tiempo que para añorar. A una letra que nos distingue, como sello y seña. Por ti, el otoño se viste de eñes, los años se visten de eñes, y el futuro de mañanas.

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