“¿Qué es un ataque preventivo? Es la ley del más fuerte, es la barbarie, es la ley de la selva. Estamos en una barbarie. Este sistema de organización se desmorona y tiene que pasar por una barbarie, igual que Roma se desmoronó, pasó por una barbarie y dejó paso a otra cosa”.
Pregón de San Jordi 2010
Compromiso
“Hay una frase de Martin Luther King que me ha impresionado muchísimo y que pienso utilizar como lema de cabecera del libro que estoy escribiendo ahora. La frase es la siguiente: “Cuando reflexionemos sobre nuestro siglo XX, no nos parecerán lo más grave las fechorías de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas”.
Escribir es vivir, 2005
“Mi mensaje a los jóvenes es que ha llegado el momento de cambiar el rumbo de la nave. Aunque sus líderes sigan en el puesto de mando y al timón, aunque desde allí sigan dando órdenes anacrónicas, los jóvenes puestos al remo pueden dirigir la nave. Sólo necesitan unirse y acordar que a una banda boguen hacia adelante mientras en la otra cíen hacía atrás y el barco girará en redondo, poniendo proa hacia un desarrollo humano”.
Debajo de la alfombra, en Reacciona, 2011
Decadencia
“Un hormiguero humano, en fin, flotando tiempo adelante en este navío. El OCCIDENTE: ése es su nombre. Legible en la popa, en grandes letras de oro, algo deterioradas.
Viajando ¿hacia dónde? ¿Cuál es nuestro destino?”
La senda del drago, 2006
Felicidad
“La felicidad es hacerse plenamente lo que se es, luchar por conseguirlo. No me interesa la felicidad de este modelo de sociedad: prefiero una vida intensa a la felicidad idiota que quiere imponer el poder”.
La vida perenne, obra póstuma, 2015
Miedo
“Pues así es: hay dos Ahram. Todo es dos, ya lo dijo otro filósofo… Siempre somos dos, pero uno es clandestino; la gente tiene miedo de su otro”.
La vieja sirena, 1990
Lo que pasa es que nos educan en el miedo y con frecuencia no penetramos en nuestra propia mina ni somos arqueólogos de nuestro propio secreto.
Quince años de Semanas de Autor, 1999
Libertad
“La libertad es una palabra que casi siempre demanda cualificaciones, a veces no expresadas. Hay libertad controlada, reprimida, condicionada, selectiva, simulada… rara vez libertad integral”.
El río José Luis, Sala de espera, obra póstuma, 2014
Utopía
Los espíritus prácticos son imprescindibles, como lo son quienes, en un navío, saben como manejar las velas y llevar el timón para navegar. Pero el rumbo no puede ser cualquiera sino ha de conducir a nuestro puerto y para eso hay que orientarse mirando a una estrella”.
Annals de la Universitat d´Estiu d´Andorra, 1993
Feria del Libro de Zaragoza, Olga Lucas y Susana Aperte, presentarán el Diccionario Sampedro, este sábado, a las 19:00 en la Sala Joaquín Costa del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.
Prometemos, dicen, terminar para que los amantes del fútbol podáis ver el partido y agradeceríamos mucho que nos ayudaseis en la difusión del acto entre vuestras amistades de Zaragoza.
Ha sido una nueva crónica de una muerte anunciada. Las sospechas sobre el relevo en el gobierno de Brasil se confirman. Un ejecutivo formado únicamente por hombres, blancos y ricos, que preside Michel Temer. Según publica Íñigo Sáenz de Ugarte en su blog Guerraeterna, «los partidarios de Dilma Rousseff denunciaron que el proceso de destitución formaba parte de una trama cuyo objetivo no era sólo cambiar el resultado de las urnas, sino acabar con las principales investigaciones anticorrupción que afectan al PMDB, el partido de Temer (y también, por no olvidarlo, al PT). Por ello, consideraban que todo este proceso era equivalente a un golpe de Estado». Ahora unas conversaciones grabadas lo corroboran.
«Romero Jucá, uno de los senadores más cercanos a Temer y ministro de Planificación (uno de los miembros clave de su equipo económico) tras el cese temporal de Dilma, estaba metido de lleno en la trama. Lo confirman las grabaciones publicadas por el diario Folha de São Paulo de una larga conversación entre Romero Jucá y Sérgio Machado, exsenador del PMDB y expresidente de Transpetro, una filial de Petrobras, la gran empresa petrolera en el centro de varios casos de corrupción (el más importante es el conocido como Lava Jato). Tanto Jucá como Machado están siendo investigados en esa instrucción», sigue informando Sáenz de Ugarte en un artículo imprescindible con muchas más claves: El papel de Jucá contactando con otros poderes del Estado, como el judicial o el ejército » para que no obstaculizaran los planes». Al parecer, sus gestiones tuvieron éxito.
Alejado de los focos mediáticos españoles y de medio mundo, de los políticos en (demagógicas) campañas, Brasil dejaba vislumbrar con claridad lo que se avecinaba desde hace tiempo. «Mientras los partidos de derecha organizan su escalada al poder, con el fin último de acabar con los programas sociales de la ‘era Lula’, hay un minoría de extrema derecha que está ganando cada vez más adeptos en un país donde la crispación y la polarización crecen por momentos», analizaba a primeros de Abril la periodista Valeria Saccone en esglobal.
En el caldo de cultivo perfecto:
«Desde que en 2013 estalló el escándalo de Petrobras, un esquema de corrupción y desvío de fondos destinados al pago de propinas a políticos de todos los colores, son muchas las voces que piden un cambio de Gobierno. Aunque la presidenta Rousseff no está formalmente acusada de ningún delito, se ha convertido en el blanco de todas las críticas. Ni siquiera la filtración de documentos oficiales que demuestran que las propinas comenzaron hace más de 30 años han cambiado la percepción de buena parte de la población (69%), que desaprueba su gestión en los sondeos», proseguía Saccone.
Esa extrema derecha brasileña que asciende posiciones a gran velocidad, cumple todos los requisitos del manual. Varios ejemplos de uno de sus miembros más destacados: Jair Bolsonaro
-Apoyo y nostalgia de la dictadura (1964/1985): «El error de la dictadura fue torturar, y no matar».
-Machismo: «No te violo porque no te lo mereces», a una diputada, o “Espero que su mandato acabe hoy, infartada o con cáncer, o de cualquier manera. Brasil no puede continuar sufriendo con una incompetenta, somos demasiado grandes para eso”.
-Homofobia: «Prefiero que mi hijo muera en un accidente a que aparezca con un tipo con bigote por ahí”
«Es muy difícil prever qué giro tomará la complicada situación política de la octava economía del mundo, en recesión desde el año pasado», concluía Saccone. Persistencia de la corrupción, crisis económica, débiles liderazgos, salvo en la extrema derecha que saca tajada emocional en estas situaciones: «La influencia de los diputados ultraconservadores, que controlan más de un tercio de los votos en la Cámara, será muy importante en los próximos meses».
Hoy Brasil tiene un gobierno de, repito, todo hombres, blancos y ricos. Y grandes sombras de sospecha.
En Europa, unos pocos votos nos han librado de una presidencia de extrema derecha en Austria. Luego será tarde para remediarlo, como ya ocurrió en el pasado.
PD.
Y si no vean algunas noticias, reales, del día que publica, este miércoles eldiario.es, y a qué dedica sus esfuerzos parte de la prensa oficial y de la jauría mediática.
Miguel de la Quadra-Salcedo fue el reportero que siempre quisimos ser. Pocas definiciones mejores que la de Juantxo Vidal, del programa de RTVE Crónicas, cuando le hizo este reportaje imprescindible. Porque es así. Inolvidable con un traje blanco y paraguas en 1972, en Argentina, el día que regresó Perón tras 17 años de exilio. Llovía intensamente en un ambiente muy caldeado por la presencia de decenas de simpatizantes. Un militar responde al periodista: “No estamos para reprimir, estamos para encauzar” y, por supuesto, los “encauzaron” a palos. Llegado el expresidente argentino, De la Quadra-Salcedo se acercó tranquilamente a preguntarle por sus impresiones. Así era entonces el periodismo de los auténticos reporteros, sin barreras, sin miedo, con la seguridad de la labor que se ejerce, y Miguel de la Quadra-Salcedo lo fue como pocos.
Impresionante en su probablemente metro noventa de estatura, empezó como otros pioneros, como Enrique Meneses por ejemplo, por buscar primero la vida y comprarse ellos mismos una cámara y lanzarse al mundo a mirar, ver y contar. Y luego colocarlo en un medio para su difusión lo que, entonces, evidentemente era más fácil.
Nace en Madrid en 1932 de ascendencia vasca. Y, mientras estudia la carrera de perito agrícola, se hace experto en lanzamiento de jabalina. Después decide tirarla mucho más lejos, subirse a ella para recorrer el mundo. Cuatro años estuvo en la selva del Amazonas. Trabajó como etnógrafo y también como buscador de oro o ballenero, y así pudo comprarse esa cámara de cine. Es memorable la escena de la anaconda que llegó a rodearle el cuello en el agua.
Su primer reportaje para TVE le lleva al Congo. Es decir, él se entera de que han sido asesinadas cuatro misioneras españolas y se va a cubrirlo. Una carnicería se encuentra. Y llega a ser condenado a muerte por rodar, también, el fusilamiento de unos 300 prisioneros. Ese fue su estreno en la profesión.
La historia de Miguel de la Quadra-Salcedo es inabarcable. Selvas y ciudades, todos los conflictos. La Siria eternamente convulsa. Etiopía, Nigeria, Biafra, la ruta africana del hambre y la injusticia. “Millones de niños que esperan con un plato vacío en la mano”, dice sobre Biafra al final de su abortada independencia de Nigeria. En Bangladesh, se añaden tifones devastadores.
Miguel, con otro inolvidable, el cámara Juan Verdugo, fallecido en 2009, con José Luis Márquez de ayudante entonces, eran los primeros en entrar en cualquier conflicto. Cargando un equipo que pesaba 60 kilos. Nos situaban en el lugar de los hechos para ver la Cuba que se rebelaba, la muerte del Che Guevara, la entrevista con Fidel Castro en la montaña. Líbano. La guerra de Vietnam, en donde estuvieron dos semanas viajando con un comando del ejército de EEUU, explicando con sobrecogedor detalle la guerra. “Qué momento tan terrible cuando se van y nos quedamos solos”, le comentó a Juantxo Vidal al referirse a ese helicóptero que te lleva a un conflicto. A ese empezar desde el suelo y echar a andar.
O el golpe de Estado de Pînochet en Chile en 1973. En el reportaje deCrónicas que aludo, en torno al minuto 30, tenemos un documento único. Miguel llega a asomarse a la plaza de toros donde el régimen ha confinado a los detenidos. Le dicen que son unos 10.000. En el exterior una mujer, llorando, le cuenta que dentro está su hijo. El periodista le pregunta directamente a Pinochet por él. Rodó el interrogatorio al chico que le obliga a abjurar de sus “delitos”. No, no es de izquierdas. Al salir a la calle, se entera de que… le han quemado los testículos. Minuto 30, repito. Ése era el Chile de Pinochet que hoy minimiza el expresidente socialista español Felipe González por sus nuevos rumbos políticos. Por eso es tan esencial disponer de testimonios directos. Para que no borren la historia, ni la memoria.
Los reporteros como Miguel de la Quadra-Salcedo, sin apenas medios, ni efectos de rodaje, cogían el micrófono y desde el lugar de los hechos informaban tal como lo veían. Al gozar de absoluta credibilidad, no dudábamos en ponernos en su lugar, en sus ojos y su entendimiento. Sin temor o falsos respetos, se acercaban a los presidentes a un Papa como hizo él con Pablo VI para pedirle unas palabras sobre España. Al Dalai Lama. Contaba que una foto con él le sirvió de salvoconducto para viajar por la zona.
Este 20 de mayo, Miguel de la Quadra-Salcedo ha muerto, en paz, a los 84 años. Después de haber vivido, lo que no todos pueden afirmar. Como un símbolo. Soy una más de cuantos quisimos ser reporteros como Miguel de la Quadra-Salcedo. A ratos se consigue. Lo peor es que está acabando una etapa. Vivimos un momento de absoluto deterioro del periodismo oficial que le está llevando a ser hasta rastrero. Algunos han recordado que Miguel también puso en marcha “La ruta BBVA”. Fue, la “Ruta Quetzal” para iniciar a jóvenes en la aventura que hubo de buscar patrocinador. Le han colocado en su intervención en un programa de humor. De toda su trayectoria, el programa de humor. Estuvo en el Circo, miren, que igual tienen alguna imagen subido en un elefante.
Son años de una degradación difícil de regenerar. Hace tiempo que reflexiono sobre cómo han convertido hasta este periodismo genuino en otro espectáculo más de consumo. Los Rambos son preferidos a la autenticidad. Y eso con suerte, todavía nutren a la sociedad de peores ejemplos. Y ella se deja, lo permite. Perdiendo valores esenciales
Se definió como “curioso”, base insustituible de un periodista. Y le dijo al reportero de Crónicas que nunca hubiera ido a la Luna porque allí no hay personas. Otra de las grandes motivaciones para echarse a la calle y contar lo que pasa. Esas vías que, a través de la información, hacen ver el mundo como es y crean conciencia social, si se tiene previamente conciencia.
“Me adhiero a vuestras reivindicaciones, hago mío el manifiesto, me solidarizo y deseo un clamoroso 15-M. Pero sobre todo, os animo a avanzar en la lucha hacia una vida más humana. Los medios oficiales no se van a volcar con vosotros y encontraréis muchos obstáculos en el camino, pero está en juego vuestro futuro. El 15 de mayo ha de ser algo más que un oasis en el desierto; ha de ser el inicio de una ardua lucha hasta lograr que, efectivamente, ni seamos ni nos tomen por “mercancía en manos de políticos y banqueros”. Digamos NO a la tiranía financiera y sus consecuencias devastadoras.
(José Luis Sampedro, 15 de Mayo de 2011)
El éxito residió en aunar adhesiones hasta dispares a priori, trabajo de Democracia Real Ya! En convocar manifestaciones en más de medio centenar de plazas de España. En aglutinar un descontento, un hartazgo superlativo por las políticas económicas y sociales seguidas, que no tenía otro remedio que estallar. Y lo hizo en una erupción de energía. Encontró vías de comunicación y salida en la horizontalidad de Internet. Sin que quienes tenían la obligación de enterarse –políticos, periodistas– hubieran intuido siquiera el malestar que se gestaba. Bajo los adoquines —y la arena, el cemento, la hierba, los campos sembrados, el barro o la tierra, el agua de ríos y mares, las nubes incluso— había rabia, pero también decisión, sensatez, ilusión ,esperanza, trabajo, ideas, ganas de un mundo mejor.
Desde el primer minuto la manifestación del 15M fue distinta a todas. “No somos mercancía en manos de políticos y banqueros” fue su lema. Y por tanto no había ni un cartel o pancarta de partidos o sindicatos. Todos cuantos se veían, fabricados a mano con los lemas que hicieron tanta fortuna («No nos representan», “Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir”, etc). En el escenario de la Puerta del Sol, las voces eran nuevas o en tonos nuevos. Eternamente sabias como la de José Luis Sampedro. Lourdes Lucía, una de las fundadoras de ATTAC, una de las autoras deReacciona (el libro que en España canalizó la Indignación sembrada en Francia por Hessel), leyó el texto de Sampedro, otro de los autores.
El 15M mutó aquella misma noche. Con quienes optaron por acampar en las plazas. Con los que reaccionaron en masiva adhesión al intento de desalojo policial. Con los que decidieron seguir allí a pesar de las órdenes que decían impedirlo en jornada electoral. Con los que mantuvieron su espíritu, incluso hasta un año después en manifestaciones continuas. Porque el 15M de 2012 nos encontró con el PP en el gobierno y por mayoría absoluta, y en gran parte de ayuntamientos y comunidades autónomas. Caliente el hachazo a sanidad y educación. Metiendo Deuda Pública en Bankia. Recién solicitado un rescate que el gobierno camufló en sus eufemismos habituales, que el sector bancario no nos devolvió y aún pagamos.
Con la prensa internacional alarmada de nuestra ¿inconsistencia? Los Angeles Times se asombraba de que los bares estuvieran llenos y siguiéramos “tomando tapas”. Ocurre que muchos se suman masivamente, como ocurrió con el 15M con altas cifras de aceptación en las encuestas, a la parte romántica de la idea, pero luego votan al PP, al continuismo. Solo comen las castañas cuando se las han sacado del fuego.
Lo más reseñable del Mayo de 2013 fue la aprobación de la Ley Wert, con la que el PP cubría el otro flanco de su obra: la involución ideológica. Contra viento y marea, José Ignacio Wert sacó adelante su llamada Ley de Mejora de la Educación, LOMCE. “Hasta ahora, ningún Gobierno, tampoco el de Aznar, había legislado a satisfacción plena de los obispos”, analizaba Juan González Bedoya. Hoy, tenemos al tertuliano que devino en ministro de Educación becado en París con 10.000 euros mensuales de sueldo, residiendo en una lujosa villa, con servicio y gastos cubiertos.
Mayo de 2014 sí trajo novedades importantes. En las elecciones europeas –que vuelve a ganar el PP– los españoles dan 5 diputados a una formación nueva, Podemos. Son los que, haciendo caso a los sabios consejos de Cospedal y varios otros expertos, han entrado en política. El cabeza de lista lleva coleta y se viste en Alcampo, critican en el Olimpo escandalizados. Es profesor. Un gran comunicador. Un amigo me cuenta que un ejército de inquisidores escudriña ya su pasado a ver si un día, a los cinco años, le quitó un helado a un compañero. Hoy la persecución de Pablo Iglesias y Podemos llega al paroxismo, como muestra la portada deABC de este 14M, sin ir más lejos. Ya lo avisó Sampedro.
Podemos sacó de las calles a los manifestantes, dicen los puristas del 15M. Podemos y las leyes Mordaza del PP y su aplicación en la que hizo carrera por Madrid el valor emergente del nuevo PP, Cristina Cifuentes, como delegada del Gobierno. “Que ser valiente no cueste tan caro”, cantaba Joaquín Sabina.
En 2015, Mayo se anima todavía más. El día 24, las elecciones municipales suponen una debacle para el PP al punto de que apenas le queda otra mayoría absoluta que Ceuta. Grandes dinosaurios son apeados sin contemplaciones: Cospedal o Barberá, León de la Riva, Monago, Maroto, entre otros. El cataclismo es de los que hacen historia y las reacciones también. Al día siguiente ya declara uno de los esperpentos de las tertulias,Eduardo Inda: “Manuela Carmena me produce asco moral”. Se refiere a la alcaldesa de Madrid, prestigiosa magistrada y relatora de la ONU. En Barcelona, Ada Colau, forjada en la lucha contra los desahucios, ocupa también la alcaldía para desesperación de las élites conservadoras que tan a menudo la mandan a fregar.
El 15M de 2016 nos encuentra en una nueva campaña electoral. Con el PP en funciones al mando de decisivos sectores del Gobierno como se está haciendo notar. Con una guerra sucia casi sin precedentes, aun habiendo conocido otras memorables. En la que se envilece más esa clase política que el 15M rechazaba ya desde mucho tiempo atrás. En 2007, en pleno ladrillazo, el barómetro de abril del CIS señalaba que un 70% de los encuestados creía que “los gobernantes sólo piensan en sus intereses” . A partir de diciembre de 2009, los políticos son problema fijo de los españoles. Ése fue el germen, el descontento fue previo. Y se mantiene y acrecienta.
Este 15M también contemplamos a gentes a las que no vimos ni en foto hace 5 años, capitalizando aquel movimiento que impactó al mundo. ¿Saben que Ana Botella presumía de ellos en el dossier de su sueño olímpico que, también, pagamos aún?
Pero, por encima de todo, es innegable que España ha cambiado. El 15M les obligó a cambiar a todos, hasta a los que, como el PP, lo hacen solo para la galería. El ciclón aparcó de la primera línea a prebostes impensables. Algunos están yendo a juicio por corrupción. Es el temor de los partidos que gestaron estas miserias lo que desata los golpes bajos propios y de su corte mediática. Llegada ésta por cierto a los más altos grados de degeneración. Y, aun así, parece que están intentando sembrar la idea de que el cambio es un espejismo, que no se puede. Claro que se puede, siempre se puede y se ha podido. Estaríamos en las Cavernas si así no fuera.
Desde ahí hemos dado muchos pasos. En La Energía Liberada (Aguilar, 2011) cité algunos que, creo, merece la pena señalar ahora. En momentos críticos conviene echar mano de nuestros ancestros y nuestra herencia en permanente evolución: somos los que pusimos la primera piedra y la segunda sobre la primera. Los que descubrimos cómo hacer fuego e inventamos la rueda que iban a sentar bases de progreso. Los que consagramos en un documento que los seres humanos tienen derechos. Los que subimos con Rosa Parks a un autobús en Montgomery y marchamos sobre Washington diciendo que los derechos no tienen nada que ver con el color de la piel. Los que supimos que los sueños vuelan más alto arrancados desde el suelo. Los que nunca más moriremos en las hogueras de la intolerancia, porque habrá muchos para apagar el fuego. Los que siempre empezamos otra vez. Los que sí estuvimos en el 15M.
La noticia es de extrema gravedad. Un juez, Salvador Alba, es grabado proponiendo a un imputado fabricar indicios contra su predecesora, la jueza Victoria Rosell. Quiere acabar con la carrera política de la que ha sido diputada de Podemos en la reciente legislatura, cuenta. El Tribunal Supremo, previamente, ha admitido a trámite la denuncia del ex ministro offshore José Manuel Soria, en contra de la opinión de la Fiscalía. Rosell y su pareja, el periodista Carlos Sosa, resultan incómodos a los poderes locales. Pero el montaje en el que es cazado Alba sobrepasa todo lo admisible en un Estado de Derecho. Es como si un médico hiciera planes para matar a sus pacientes. Como si un periodista engañara a sus lectores. Solo que con más profundo significado: la Justicia es uno de los pilares de la Democracia.
La noticia era de las que “paran las máquinas”, y no ocurrió así. Las principales cadenas de televisión no abrieron con ella, ni la mencionaron siquiera. Las grandes cabeceras de prensa escritas, tampoco. El Mundo la colocó al final de su página web y titulando con la denuncia de la Jueza Rosell al conocer el contenido de la grabación. Hay un verbo que está acabando con el periodismo oficial: suprimir; suprimir noticias, no contarlas. Y así viene sucediendo cada vez más para sumirnos en la estupefacción. Destacados nombres pillados con cuentas en Panamá como Miguel Blesa o la segunda mujer de Felipe González no merecieron ni una línea en algunos medios. Otros han desaparecido como por encanto. Este jueves se podía hablar ya de auténtico “apagón informativo” respecto al caso Alba/Rosell. Otro más.
Es de reseñar que la prensa oficial parece tener especial sensibilidad con la jueza de Podemos. Muchos han llevado a portada, a sus informativos de televisión (Antena 3 por ejemplo), hasta una discusión en el control del aeropuerto de Las Palmas. Culpándola a ella, por cierto, cuando una grabación evidenciaba un curso muy diferente de la situación. Medios que sí informan del caso lo siembran depresuntos como si la voz grabada fuera de un ventrílocuo. Prudencia que llama la atención, dado el poco uso “presuntos” que dedican a otros a quienes presentan prácticamente como reos, en acusaciones incluso inventadas.
Hay más. La Cadena SER informa de cómo la Embajada francesa alertó a la española del riesgo de atentado de Kabul, Afganistán, 8 horas antes de que se produjera, causando la muerte a 8 personas: dos policías españoles, cuatro agentes afganos y dos empleados locales. También es difícil encontrar la noticia en otros medios. Quizás porque evidencia, de nuevo, la caótica gestión del PP, también con los militares desplazados al extranjero. Relevante es la noticia.
Un criterio periodístico riguroso no comparte apenas la selección y prioridad de noticias que se están ofreciendo. Este jueves las declaraciones sobre actitudes personales de Anna Gabriel de la CUP ocupaban lugar destacado, cuando no figuraban los temas fundamentales. Los dos reseñados y varios más de envergadura.
Los verbos con intención calificadora han ido minando a ese periodismo de cámara, cortesano. El favorito es “desafiar”, palabra de querencia en la actual etapa de El País (basta teclearla en google) y adoptada por varios de sus colegas. Cada paso de posiciones de izquierda es un desafío, tanto en España como en Europa y cualquier parte del mundo. Pero hay muchos más verbos todavía.
Sobrevivir. “El PSOE tratará de sobrevivir a la pinza entre Podemos y el Partido Popular”, encabeza. sin un rubor y firmado por tres periodistas, El País. Es el diario que inventa el término “superficie lucrativa” –en este caso adjetivo- para criticar el recorte de esa parte precisamente practicado por el Ayuntamiento de Carmena en la Operación Chamartín.
Entregar. Este verbo se lo debemos a El Mundo: “Garzón entrega IU a Iglesias a cambio de ocho escaños”, bajo foto que bautiza el pacto como “el de los botellines”.
Provocar. El Mundo también para calificar actitudes: “Iglesias provoca a Sánchez para ir juntos al Senado”. Igual que La Razón que parece referirse al Coloso de Rodas cuando habla del líder de Podemos: “Iglesias levanta a los barones contra Sánchez: Puig y Lamban sí negociarán con Podemos”. Una potencia de la que gozan también las confluencias porque, como titula La Voz de Galicia, llegan al extremo de forzar voluntades: “Marea fuerza a PP y PSOE a votar juntos para salvar su aportación al presupuesto”. Pobriños.
Recuperar, colar y amarrar. El Mundo este jueves. “Sánchez recupera a Borrell”, pero “Iglesias cuela al exJEMAD –sin nombre- por Almería para amarrar su escaño”.
Entretanto, pasa desapercibida la portada de ABC con entrevista a Albert Rivera en la que el líder de Ciudadanos declara para explicar el fallido pacto de investidura con Sánchez: “No queríamos que Podemos asaltara el poder”. Asaltar. Ellos, acceden al poder, lo facilitan, pero la izquierda “asalta” -con sus votos- los gobiernos, porque la expresión “asaltar el cielo” utilizada por Iglesias es demasiado sutil para no ser manoseada al gusto. El “no queríamos” en plural de Rivera puede no incluir a Sánchez pero sería raro que no conociera las intenciones de su socio y el resultado de su Pacto a la naranja. Seguir con las continuas acusaciones a Podemos de ser el causante de repetir elecciones es quedar muy en evidencia. Pero para eso la audiencia ha de saber el conjunto de datos y no está ocurriendo. Ése es el problema.
Sin información rigurosa no hay democracia. Uno no puede ir a votar ignorando el montaje contra Rossell o predispuesto en contra de cualquier paso que dé Podemos, por su desafiar, colar, amarrar, etc… No se puede emitir un voto justo y real si el ciudadano no conoce todos los extremos de la gestión del PP, desde el brutal aumento de la Deuda Pública a sus desastres varios, como el de Kabul. Si no está al tanto de las intenciones de Rivera al pactar con el PSOE y del fundamento que tienen las acusaciones de éste. Y así un sinfín de cuestiones que le afectan.
Las palabras vienen cargadas de metralla. Y los verbos parecen tener más fuerza que los adjetivos porque implican acción. El léxico deportivo se impone. El equipo propio no gana partidos, vence, aplasta. El rival, sucumbe. Pero estamos ante una sociedad de seres humanos, su convivencia, su presente y su futuro. Preocupantes en alto grado. Porque al salto cualitativo del juez Alba, se suma un rosario de hechos muy graves. De repente conocemos que Ausbanc y Manos Limpias llevan más de 20 años extorsionando a bancos y empresas bajo la amenaza de publicar informaciones que les perjudiquen, falsas o no. Otro asunto de gravedad extrema por el hecho en sí, los implicados, el tiempo que se ha venido manteniendo esta práctica y por la inaudita circunstancia de que nadie dijera nada y nadie se enterara aparentemente. A jueces y fiscales participando en actividades de estas empresas, en conferencias y otros cometidos.
Tenemos a los afamados jueces, López y Espejel, recusados por su vinculación demostrada con el PP, deambulando por diferentes procesos de corrupción que implican al partido a ver si caen en sus manos. Son continuos los hallazgos –también por la acción de miembros de la justicia- de nuevos latrocinios del dinero público. Lo que nos permite contemplar esas orgías de comisiones, rapiñas y evasiones, aderezadas con “volquetes de putas”, a nuestra costa y las camarillas que se vislumbran atando y bien atando lo que no quieren que cambie.
Son otros los verbos que dominan en este desgraciado país que tanto precisa sobreponerse a sus miserias. Robar, prevaricar, corromper, enviciar, ocultar, amañar, desinformar, manipular, conchabar, dominar, engañar… Y, como consecuencia, sufrir, doler, padecer, descompensar, embobar, aturdir, perder, empobrecer, morir.
Cuadro: Pastora Gallardo
Los verbos están acabando con el periodismo oficial, mientras el independiente se abre paso contra sus vientos y mareas en los que califican, con cierto tonillo, de “publicaciones digitales”. La corrupción nos pudre como país, son demasiados los pilares afectados. Pero las personas – sobre todo las decentes- disponemos de otros verbos de uso y aspiración diaria: saber, luchar, limpiar, descubrir, prosperar, elegir, dignificar, descansar, disfrutar, amar, vivir. Con ellos habremos de edificar un tiempo distinto.
El escritor Dalton Trumbo acosado por la columnista Hedda Hopper en la película sobre la Caza de Brujas del Macartismo
Años 50. El escritor y guionista norteamericano Dalton Trumbo sale del cine con su familia. Otro padre le aborda en el vestíbulo –delante de su mujer e hijos- y le pregunta si es la persona que acaban de ver en la pantalla. Trumbo responde que sí y el otro le lanza violentamente el contenido de un vaso a la cara arguyendo que él ama a su país. El agredido responde: “Yo también”. La proyección incluía una crónica de Hedda Hopper, efímera actriz que triunfaría como gacetillera por su lengua viperina y, sin duda, por su ideología profundamente ultraderechista. Hopper está enarbolando la bandera de la “Caza de brujas” del Macartismo. Y la arenga ha cuajado en ese “patriota” de cerebro hueco que sin preguntarse nada más increpa y asalta al que le han indicado. Es una escena impactante – por su simbología de todo tiempo- de la película Trumbo. La lista negra de Hollywood(2015) que acaba de estrenarse en España.
Un espontáneo agrede a Trumbo impulsado por las arengas del Macartismo
Dalton Trumbo fue uno de aquellos que, como cantara José Antonio Labordeta, “hicieron lo posible por empujar la historia hacia la libertad”. Y el Macartismo uno de los episodios más erráticos y miserables en la vida de los EEUU, absolutamente impune, por cierto. Como suele suceder. Se desarrolla en el contexto de la guerra fría, cuando el enemigo a abatir de la época lo han fijado en la Unión Soviética. Fanáticos de extrema derecha, liderados por el senador republicano por el Estado de Wisconsin, Joseph McCarthy, inician un proceso político que el tiempo demostró carente de toda razón y garantías jurídicas. En él acusaron a artistas, intelectuales, periodistas, funcionarios, militares incluso de “ser comunistas” –que no estaba prohibido- y de ejercer “Actividades antiamericanas”.
El Macartismo fue una aberración, cuajada de listas negras, delaciones, presiones, y todo tipo de irregularidades, que se llevó por delante a decenas de víctimas del oscurantismo. Y Dalton Trumbo figura muy destacada entre los afectados dentro de la industria del cine, de la cultura, que tanto irrita a las cortas mentes de la involución. Sufrió cárcel –por desacato al Congreso en el interrogatorio-, exilio, y, como tantos otros, vio cerradas las puertas para trabajar. Pero ocurrió que, además de tenaz, era uno de los escritores más brillantes que haya dado Hollywood. Baste señalar que escribió el guion de Espartaco (1960), bajo seudónimo, y ganó un Oscar. Uno de los dos que obtuvo. Kirk Douglas se lo encargó afrontando que le hundieran su carrera como les pasó a otros. Pocos se levantaron, por cierto, a gritar “Yo soy Espartaco” con todos los perseguidos. Pocos, pero notables. De forma que constituyeron el germen para que la ominosa época del Macartismo acabara… aunque sin responsabilidades penales, solo por declive.
No es una historia del pasado. Arthur Miller escribió por aquellos días precisamente sobre “Las Brujas de Salem” utilizando los juicios que se sucedieron en 1692 en Massachusetts como alegoría de la “ Caza de rojos” del Macartismo. Borrando la memoria de las atrocidades anteriores cada día, la lucha contra la libertad asiste hoy a otra de sus batallas cruciales. Los ciudadanos parecen contemplar indiferentes al aumento exponencial de la ultraderecha e incluso el fascismo sin paliativos en plena Europa, en numerosos parlamentos ya. Otro descarrío como Donald Trump se dispone a enfilar su camino a la Casa Blanca como candidato ya único del Partido Republicano. Y allí vemos al obediente rebaño, ungido de lobo fiero, agrediendo a quienes les marcan sus pastores. Incluida la negación de socorro, por ejemplo, a los refugiados. Los que nos trajeron hasta aquí, los causantes de la crisis, los que no supieron afrontarla, como mando y solución.
Y qué decir de la España en eterna campaña electoral y bajo el gobierno, aún, del PP. Ese partido, inmerso en la corrupción, que ha empleado la legislatura en sembrar de mordazas el ordenamiento jurídico mientras practicaba precisos recortes sociales y aumentaba la Deuda Pública a nivel de soga al cuello. Varios periodistas ya han sufrido sus rigores. El irracional Macartismo de hoy se lanza desde los púlpitos de las ondas, las televisiones o la prensa. Se diría que está en vigor un Comité de Actividades Antiespañolas, que básicamente consisten en ser de izquierdas, pensar, no resultar demasiado convencional y cuestionar los privilegios de una minoría a costa de los demás. Cuentan hasta con patéticos bonobos que señalan a quién disparar, como hizo Jiménez Losantos con varios políticos de Podemos, sin la menor consecuencia judicial. O con otros similares que llevan escrita en la expresión el servilismo y el lucro que su actitud les proporciona.
Montaje: Pastora Gallardo
Con políticos como el director de la Policía, Ignacio Cosido, que se ha atrevido a calificar de “amenaza a la democracia” a Podemos, en la cadena de los obispos13Tv, y que aún sigue en el cargo. Su correligionario, Rafael Hernando, portavoz del PP, diciendo: “A Sánchez le ha movido la ambición, a Iglesias sus intereses en Irán y Venezuela y a Rivera las mentiras”. A su homólogo del PSOE “acusando a Podemos de ser la vieja izquierda comunista”, como haría textualmente el propio McCarthy. Albert Rivera, su socio de los últimos meses, vuelve a recordar “lo antiguo” que es “el comunismo”, alternando con la eterna cantinela de Venezuela. Y es que el discurso oficial retoma a IU como amenaza comunista. Y ABC remata la faena con una desorbitada columna de Gabriel Albiac en la que habla de “la alianza Garzón-Iglesias” como “el rancio estalinismo y el juvenil fascismo” que parece ser le recuerda a “el reparto militar del continente entre Stalin y Hitler”.Y todos ellos se quedan tan anchos. Y sus seguidores también.
Cuesta creer que personas con un mínimo de inteligencia y de honestidad puedan engullir este cúmulo de despropósitos. Al punto, de sumarse a las filas de estos ejércitos y combatir lo que les indican. Al igual que aquél que remojó a Dalton Trumbo, mentes blandas sueltan un Venezuela cada vez que se les nombra a Pablo Iglesias o cualquier miembro de Podemos. Pronto dirán también “comunista estalinista y fascista” a Alberto Garzón al que empiezan a temer electoralmente. Parece mentira pero ocurre. Personas hechas y derechas, capaces al menos de llevarse la comida a la boca con la cuchara, responden como activados por un botón al mecanismo dictado, la misma asociación: Venezuela, Venezuela, convertida en el cúmulo de ni se sabe cuántos males superiores al resto del planeta. Sin preguntarse siquiera por qué, este país latinoamericano cuenta con noticias diarias en los medios españoles, de repente, desde que nació Podemos.
España retrocede a grandes zancadas mucho más allá que a los tiempos de Las Brujas de Salem: vamos directos a la Inquisición de los Torquemada. Un país serio no se puede permitir contar en la judicatura con una fiscal como Marisa Morando que este jueves llamaba puta ( «Las señoritas están en su derecho de alardear de ser putas, libres, bolleras o lo que quieran ser, pero…» ) a la portavoz del Ayuntamiento de Madrid Rita Maestre por el alucinante caso en el que ha sido condenada: el de su protesta en sujetador en una capilla de la Universidad Complutense cuando era estudiante. Y en absoluto tampoco el llevar detenidos y mantener encausados con duras medidas cautelares a unos titiriteros que denunciaban montajes policiales con una ingenua pancarta. Ni que se vea en problemas un actor como Alberto San Juan por arriesgarse a evidenciar lo absurdo de ese caso representando otra vez la obra.
Todas las libertades están en riesgo, cuando no perdidas algunas. Los ataques homófobos -en Madrid particularmente- van en aumento, porque a los retrógrados ultraderechistas les preocupa mucho con quién se meten otros en la cama. En Tarragona hace unos días, dos activistas antitaurinas fueron apaleadas y pateadaspor seguidores de “La Fiesta”, acaudillados por una Hedda Hooper local, de la que tantos ejemplos tenemos en España. Mientras la chusma de la plaza no movió ni un dedo para evitarlo y llegó a jalear a los agresores. Cuesta creerlo, sí. Entrar en lo que pasa por esas cabezas. Parece imposible que individuos de la especie humana sientan y actúen así contra quien no coinciden con sus atavismos. Y , en la misma línea, asombra ver a auténticos mostrencos creerse superiores por pertenecer a la raza blanca y a países europeos no proscritos. El racismo también está aumentado. Como el machismo.
El peligro reside en esas personas que se niegan a sí mismas la capacidad de razonar. No se explica la falta de curiosidad intelectual, social, humana, que lleve a indagar qué persiguen con todo ello, a quién beneficia y quién pierde. A dudar al menos de quienes claramente por un plato de lentejas perjudican al conjunto de la sociedad. A pensar en las consecuencias de sus propias actitudes. Ni que aprecien tan poco la libertad y los derechos.
Cada paso cuenta, cada avance, cada retroceso. “La historia no devolverá jamás la razón que hoy se nos lleva. Cada milímetro que el mercado y el capital ganen a la razón hará falta luego reconquistarlo, contra la historia, con los mismos esfuerzos con los que en su día se le arrancaron”, escribía en un libro divulgativo el filósofo de moda: Carlos Fernández Liria.
Siglos de destrozos contra la libertad, sí. Y siempre alguien se levanta y, una vez más, logra forzarla para que pueda ser, como concluía Labordeta.
Hace unos meses, en noviembre de 2015, Jordi Évole dedicó uno de sus reportajes de Salvados (La Sexta TV) al Pantano fantasma de Jánovas, Huesca. Y como suele suceder con lo que hace el brillante y querido compañero, el programa tuvo un gran impacto al descubrir un tema complejo de los que han forjado nuestra historia como país.
Años 60. La compañía hidroeléctrica vasca Iberduero (hoy Iberdrola) se dispone hacer un embalse en el Río Ara que sepultará el pueblo de Jánovas y los de Lavelilla y Lacort, en virtud de la concesión que le ha sido otorgada por el gobierno en 1945. E inicia los desahucios. A partir de ahí sigue la prolongada peripecia de un pueblo que se resistió a desaparecer bajo las aguas y lo consiguió. Aunque se convirtiera en ruina fantasmal hasta que sus habitantes –presos de la acreditada tenacidad aragonesa- volvieron a ponerlo en marcha muchos años después. Apenas para plantar unas cosechas. Pero ahí sigue.
El programa de Jordi Évole #jánovas evidenció que «las compañías eléctricas diseñaban la política eléctrica en la España franquista», como dijo algún interviniente. El cúmulo de arbitrariedades que jalonaban los procesos regidos por el “ordeno y mando”. La valentía y la dignidad de los que emulan a David enfrentado a Goliat. O el daño que, sin embargo, causan: “Soy mayor y no he encontrado a nadie que me explique lo qué es la justicia porque yo no la he visto”, concluía Paca Castillo, una vecina de ya 88 años que nos heló la sangre. A mí me la heló desde luego.
Pues bien, hubo muchos pantanos, saltos y presas que sí se hicieron en Aragón. Los ciudadanos veíamos, desde niños, cómo desangraban nuestros ríos para llevar energía a las regiones vecinas más ricas. Cómo anegan los pueblos con todos los recuerdos de vida. Cómo los aragoneses terminaban emigrando adonde hubiera luz y trabajo. Es una comunidad cuyas voces apenas contaban ni cuentan dado que tiene la densidad de población más baja de España (junto a Extremadura).
La historia de Aragón es la eterna reivindicación del agua, de los regadíos, para quedarse en casa y poder vivir. Más de un siglo ya batallando y esgrimiendo argumentos. Desde Joaquín Costa, el político más destacado del Regeneracionismo –España siempre tiene esa asignatura pendiente- diseñando una política hidráulica para las personas, a otros muchos. A todos aquellos que a lo largo de décadas se empeñaron en buscar el progreso para su tierra aprovechando sus recursos sin ser un almacén que va quedando deshabitado.
114 kilómetros separan Jánovas de Yesa. Aunque cuesta recorrerlos casi dos horas. Allí se ubica uno de los pantanos más grande de Aragón, regulando el río que lleva su nombre y que da origen al Canal de las Bardenas. Este sí se construyó. En los años 60 también. Se inundaron pueblos y campos de cultivo. De sus aguas, se beneficiaron más abajo. Hasta un balneario de aguas termales quedó sepultado. Siempre el dilema: se lleva agua a la gente, o gente al agua. O a otros recursos. Somos comunidades de personas o empresas.
Pues semejante pantano, con aprovechamiento turístico incluso, no es suficiente. Hace falta más agua que extraer, dicen, y más energía que producir. En los 70 se redacta el primer proyecto de recrecimiento de Yesa que triplica su superficie. Ante la oposición local, el plan se mantiene pero reduce sus dimensiones. Prevé anegar varios pueblos de nuevo. Y alega que el agua es para las necesidades de Zaragoza y regadíos varios. Los concesionarios son las grandes constructoras de España, las habituales, Ferrovial-Agromán, FCC y ACS. Las obras se iniciaron ya en 2001 con problemas de consolidación que ocasionaron grietas.
La batalla legal y social para detener el recrecimiento de Yesa ha venido implicando desde a varias asociaciones aragonesas a organizaciones ecologistas como Greenpeace. Han presentado denuncias, querellas criminales –como las incoadas contra tres ex altos cargos del Ministerio de Medio Ambiente- y una denuncia por destrucción de Patrimonio Histórico-Artístico (porque afecta a 22 kms del Camino de Santiago en dos tramos) denunciado también ante la Unesco. Todas las sentencias han fallado en contra de los denunciantes. El recrecimiento de Yesa sigue adelante.
Ahora miren por favor esta foto:
Según el acto de apertura de juicio oral, son unas 150 personas que el 10 de Octubre de 2012 sobre las 9.55 de la mañana se hallaban concentradas en el punto kilométrico 1,6 de la carretera A-1601“con intención de quebrantar el principio de autoridad”. Tras tres avisos por megafonía a partir de las 10,15 se da orden de iniciar la carga a las 10,25.
El acta da cuenta de los nombres y cargos de los miembros de la Guardia Civil que participan. Son 22 efectivos GRS. Terminan desalojando y no se producen detenciones. Días después se denuncia a 8 personas (todos hombres) que, según el documento del Fiscal, habrían causado lesiones a 15 miembros de la guardia civil. Repito 8 manifestantes son denunciados por lesionar a 15 guardias civiles entrenados en acciones antidisturbios.
Dadas las leyes vigentes con el gobierno del PP, les piden a cada uno entre cuatro y seis años de cárcel y 22.000 euros en indemnizaciones.
El juicio es este 23 de Mayo.
Les apoyan entre otros el 80% de los municipios de Aragón según sus datos.
Más información: https://8deyesa.org/ y https://8deyesa.org/2015/12/10/os-presentamos-a-los-8-de-yesa/
“David” está cada vez más solo ante Goliat. Creo que los 8 de Yesa necesitan ayuda y difusión.
Se le llamaba Ciudadano Cebrián, recordando al Citizen Kane de Orson Welles. A media voz. Su poder y su soberbia eran inmensos en los tiempos de esplendor de El País. Pero, como escribe Gumersindo Lafuente (que dejó el rotativo por voluntad propia desde la dirección adjunta) la veda se levantó con el ERE en 2012. Nombres míticos que habían construido el prestigio del diario salieron o directamente o en la onda expansiva. Por citar solo algunos, varios ex corresponsales del periódico, alta cualificación en periodismo: Maruja Torres, Javier Valenzuela, Ramón Lobo, Miguel Mora, Enric González o José Yoldi, al que aún le ardía en las manos la exclusiva sobre los viajes de placer, guardaespaldas incluido, de Carlos Dívar que tuvo que dimitir como presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial.
Luego llegaría la censura de un artículo del historiador Santos Juliá simplemente por mencionar a Enric González en el texto. Se lo borraron sin más y Juliá se fue enfadado, pero regresó. Hasta con la carga antiPodemos de rigor. Miguel Ángel Aguilar fue despedido por responder a The New York Times sobre la libertad de prensa en España. El propio New York Times vio suprimida su colaboración con El País, a raíz de su artículo.
Paulatinamente se fueron cancelando las columnas de opinión de colaboradores críticos. Más despidos en los medios de la empresa, desangrados por una mala gestión, algunos tras expresar protestas. Hasta llegar a la selección de Ignacio Escolar y eldiario.es como reo a sacrificar por la publicación de los Papeles de Panamá con vínculos a la segunda exesposa de Cebrián, Teresa Aranda. Y a prohibir a sus empleados asistir a los programas de La Sexta, porque forma parte del grupo que difunde la investigación de estos Paraísos Fiscales. Calígula desde el trono.
Todo esto se ha ido tragando, como se engullen los sapos crudos, y poniendo una vela a la virgen del que me quede como estoy para que el presidente –mucho más allá de sus atribuciones como tal- no repare en ninguno más, no en cada uno. En tiempos de precariedad y también de arbitrariedades sin fin, de corrupción galopante, es peligroso quedarse a la intemperie. Pero no olvidemos que implica elusión de responsabilidades.
Cebrián es el símbolo de esta época que se hunde en su degeneración, aunque sin duda toda ella dará coletazos hasta el final. La foto con su amigo y socio hispanoiraní Zandi en El Confidencial es la imagen explícita de esa degradación. Pero también, con mayor significado, la que le une a Felipe González, el expresidente del gobierno del PSOE, en amistad, negocios, fiestas, sonrisas, yates, vanidad y ambición de poder.
En estos años, también se abrió la veda para la intocable familia real española -con tantos secretos familiares en sus baúles- hasta costarle el puesto a Juan Carlos I. No sirvió pedir perdón por sus cacerías y dudosas amigas entrañables. Pero ahí siguen, asombrándonos entre manos limpias y sucias, y defensas de la Fiscalía -el órgano que por definición se ocupa de los intereses de los españoles vulnerados por delincuentes-. Hasta llegar a la probable exoneración de la infanta Cristina de los presuntos delitos que acreditó la investigación judicial.
Se suceden de tal forma los atropellos, las evidencias, que una persona medianamente cuerda y honesta duda ya de todos los estamentos del Estado. Jueces y fiscales cobrando de Ausbanc, o del PP de Madrid a través del gobierno regional, por distintos servicios. La sima sin fondo del PP en su conjunto. La estirpe de los Pujol en Catalunya y la cortina que ocultó sus hazañas. Los pozos negros de la Comunidad valenciana. O de la Andalucía del PSOE. O de Canarias, donde el ministro offshore es aplaudido por los suyos, secretaria general del PP a su vera, mientras planta denuncias a la jueza Rosell –casualmente de Podemos- que son admitidas por el Supremo. Y tituladas en primera plana, por medios como El Mundo.
El Mundo es ese periódico que se dispone a echar a la calle a más de doscientos trabajadores –entre varias publicaciones de la editora-, empecinado desde los tiempos de Pedro J. Ramirez en contarnos las excelencias del empresario español para dirigir este país como si fuera un negocio. Igual es que sí lo es. Esos empresarios que eligieron como presidente a Díaz Ferrán – hoy en la cárcel por corrupto- nos dan lecciones, día sí, día no, sobre cómo debemos comportarnos en política. Apelando, por supuesto, a los partidos buenos y temerosos del IBEX y el lucro como dios supremo, que parecen ser PP, PSOE y Ciudadanos, lean. Y algo debe haber cuando Albert Rivera, el líder de este último, declaró hace mes y medio misión cumplida haber impedido un gobierno con Podemos. Y Pedro Sánchez le eligió por pareja en cabriola formalmente incomprensible.
Y así se nos lanza el Parlamento en su abrupto final de legislatura a un debate sobre Venezuela. Y lo apoyan desde la retaguardia el diario de Cebrián y Caño con un editorial titulado “Realismo Mágico Venezolano”. Ahí queda eso. Y desde El Mundo de David Jiménez con las graves carencias alimentarias de los venezolanos. Pásense por Burundi, Sierra Leona, Guinea Ecuatorial que nos cae bien cerca, Haití que anda por el continente de su Venezuela. Por Arabia Saudí, el amigo que ostenta hoy el récord de la venta de armas desde nuestro país y de ejecuciones de disidentes políticos. Pásense por España, por favor, que las políticas que apoyan mantienen a más de dos millones de personas alimentándose en comedores sociales, un tercio de los niños en el umbral de la pobreza y la tijera en la sanidad produce hasta muertes. Pásense también por el mundo entero al que han tenido que emigrar miles de españoles, jóvenes sobre todo, y a los que encima ponen trabas para votar.
Pero no, es Venezuela, ese país al que estas mismas élites y gobernantes vendían armas y rendían pleitesía incluso con Chávez. La misma que ignoraban los medios -también en los abusos anteriores de los gobernantes buenos y temerosos de sus mismos dioses- hasta que surgió Podemos. Va a llegar un punto que los escolares españoles van a pensar que Venezuela es una isla ubicada junto a Canarias, o en un lago al lado de Madrid.
Esta semblanza a grandes rasgos, tantas veces denunciada, compone el retrato de un régimen que se desmorona como lo hiciera el Imperio Romano. No le pongamos ni nombres, ni fechas como «el 78». Es el de quienes han mandado en España durante siglos, al que se sumaron unos cuantos avispados sin muchos remilgos. Las bacanales, los rostros abotargados, los bufones para reírles las gracias, la guardia pretoriana, los mercenarios, el ejército, la mordaza en forma de leyes y códigos que aporta la parte más autoritaria del grupo, los yates, los palcos, las cenas, las luchas de poder, los vómitos de ira, el dedo martillo como final de fiesta. La condición humana sobre todas, cuando se infecta de egolatría.
Podría servir de guión al libro que definirá nuestra época. Muchos españoles colaboran con ellos, incluso sin ser conscientes que ya es ponerse una tupida venda sobre los ojos. Porque, como predijo uno de los escritores que nos precedieron en la trágica ciencia ficción de la realidad, George Orwell, han sucumbido a sus estrategias: “Os exprimiremos hasta la saciedad, y luego os llenaremos con nuestra propia esencia”.
Ingrediente básico en el programa es correr tras el señuelo de los falsos motivos de debate, esa Venezuela que les sirve de coartada. O lo que gusten decidir. Odiar a quienes mandan odiar. Votar a los partidos sensatos que nos conducirán a todos al mismo lugar donde estamos, aunque cada vez algo más abajo. Convencerse de que los países son empresas, que las elecciones cuestan demasiado dinero, que la democracia cuesta demasiado dinero. Creer a los medios que ocultan las noticias inconvenientes a sus intereses. A los columnistas tan críticos con los que mandan sus jefes y tan silenciosos cuando el rayo de la arbitrariedad cae en casa. Seguir encendiendo velas a la virgen a ver si la próxima vez tampoco les toca. Evitar pensar que a veces las circunstancias nos obligan a elegir, aunque maldigamos vernos en esa tesitura.
Los periodistas seguiremos aquí. Si consiguen tumbar a alguno, sale otro. Y otro. Porque este Imperio que se derrumba, arrasado ya por los Atilas de la codicia, puede ser hundido por la verdad. En las urnas. En la voluntad de los ciudadanos decentes, sobre todo. No es fácil, pero será inevitable. Recuerden, lo decía José Luis Sampedro: “La historia no admite vacíos, imparable la vida los llena”. Que sea la vida, no la mugre que hoy nos anega.
El secreto inconfesado de la prensa guarda más monstruos en su interior de los que se cree. Y es esencial tenerlo en cuenta cuando se convocan nuevas elecciones. De repente, un artículo adquiere una relevancia inesperada. Así ha ocurrido con el de Pablo Iglesias y la crisis del periodismo. Se trataba de una visión distinta a la postura oficial que atribuye al líder de Podemos enemistad y ánimo de control a los informadores. Hablar –en un contexto muy preciso como es la Universidad– del seguidismo a las políticas de la empresa editora y centrarlo en un redactor de El Mundo provocó una intensa erupción de corporativismo. Hasta han salido los aguerridos reporteros que paran balas con la boca, acusándole de ser un melindre por no aguantar las invectivas de la prensa como se hace en la arena de la política “de toda la vida”.
El artículo obtiene récords de visitas, se recomienda y se comenta. A plena luz. Pero también con más discreción en llamadas y mensajes. Entre las felicitaciones de compañeros se deslizan frases muy definitorias. “El miedo es libre”, la idea más impactante. Se da por hecho que, por miedo –a perder el empleo pero no solo eso– se exagera, deforma, amplifica, manipula, miente, acorde con las estrategias de la empresa. Estrategias, no hablamos de noticias.
Insisto en que desde siempre se han admitido líneas editoriales con sello ideológico, pero lo que está ocurriendo ahora va mucho más allá. Esos emporios en bancarrota saben perfectamente qué partidos convienen a los intereses de su accionariado y a los suyos propios. Cuantos menos cambios, mejor. Riesgos de levantar alfombras, ninguno. Ante esa intencionalidad, el periodismo se resiente. Desgraciadamente suele ser así, las influencias se dan por descontadas, pero no quizás a los extremos a los que estamos llegando ahora. Nunca se había hecho tan patente la sensación de peligro que parecen sentir quienes dirigen los hilos desde un olimpo alejado de los mortales. La reacción de ira y prepotencia en algunos casos.
Provocan, por ello, más miedo y preocupación. A la corrupción que se enseñoreaba de élites decisivas del Estado se le van añadiendo datos. Los Papeles de Panamá han caído como una tormenta de fango para llenar huecos y elevar el nivel. Nuevas cúpulas de control emergen y quedan al descubierto. Muchos han perdido la inocencia –que a toda costa querían mantener– al ver la foto del expresidente del Gobierno Felipe González y el presidente de PRISA, Juan Luis Cebrián, con sus empresas, sus socios, sus esposas de pasado o de futuro, alojadas en firmas offshore, según el Consorcio Internacional de Periodistas que acredita sus investigaciones. Sus tácticas, sus amistades, sus costumbres. Socialismo y periodismo de progreso quedan muy alejados de su imagen actual.
Como las de otros que fueron llamados, por ejemplo, a reflotar medios como El Mundo, y han acabado subsumidos por las magmas ultraconservadoras, descerebradas con orla. Y así la prensa oficial española dibuja un escenario preocupante: noticias que no se publican –socavones profundos sin señalizar en una carretera, como escribí–, obsesiones ideológicas (contra la izquierda), un acusar a otros de las propias carencias de sumir en la perplejidad. Como si hablaran de ellos mismos. Promociones sin pudor.
El paso adelante acaba de darlo Juan Luis Cebrián, al emitir una nota de prensa en la que afirma que PRISA (la empresa que él preside, una empresa de comunicación con varias publicaciones y negocios, accionistas varios) se querella contra algunos medios por una información que a él le molesta. Porque, dice, le vinculan con las cuentas offshore, al publicar la firma de su exmujer Teresa Aranda. Esa mujer de la que usted me está hablando estuvo un cuarto de siglo casada con Cebrián. Pero la demanda no se dirige a todos los medios que han difundido la noticia, sino a los dos que participan en la investigación –El Confidencial y La Sexta- y a Eldiario.es que dirige Ignacio Escolar. Medio sufragado por lectores como muchos digitales y sin el poderío económico del que goza la parte demandante. Elegido del cesto para castigo ejemplar.
Volvamos pues a los pobres periodistas, presuntamente agredidos por Pablo Iglesias. A los que tienen miedo de algunos de quienes dirigen sus empresas. Con razón, evidentemente. Silenciar noticias, exagerar o inventarse defectos del partido que molesta a sus jefes por sus propios intereses, inflar a sus favoritos, no tiene excusa. Humana, sí, “el miedo es libre”, me dicen. Y lo sabemos. Pero, profesionalmente, el periodismo tiene una responsabilidad de la que a lo mejor carece quien fabrica bolsas de papel, o pone palitos en el chupachups, sin desmerecer su trabajo. Los ciudadanos precisan datos reales para saber a qué atenerse y decidir sobre sus vidas. El temor a perder el trabajo, el sueldo y cuanto conlleva, puede estar adulterando la realidad y afectar a toda la sociedad en su conjunto. Una enorme responsabilidad. Un cirujano no seguiría operando –creo– si supiera que no lo está haciendo debidamente. Sus temores afectan a todo el colectivo social. Cada día pero más ante elecciones en donde se dirime quién va a gobernar y legislar.
En la sociedad del espectáculo en la que vivimos, un periodista tiene más valor cuando se encuentra en peligro. Mejor, si es en una guerra cruenta y en efecto puede relatar cómo le silbaban las balas por las orejas hasta que se volvió y las detuvo con los dientes. Lo peor es que hay muchos más conflictos silenciosos de todos los días. Y también es un riesgo contarlo. Por cierto, los reporteros de guerra ya no están “de moda”. Les pagan 70 euros por reportaje y, como freelancers, han de costearse viajes, alojamiento y manutención. No hay dietas. Los primeros a quienes ISIS cortó la cabeza eran periodistas sin medio fijo detrás, sin nómina fija.
Esta sociedad, la de las profundas desigualdades, la mentira, la corrupción infecta, se mantiene por el miedo y la desidia. Alguna vez habrá que parar y operar acciones diferentes para lograr resultados diferentes. No ha servido de mucho tragar, cuando cada día es peor. No es de recibo que periodistas y políticos hayan de sufrir mayores riesgos de los usuales por oponerse a los mantos de silencio o de impunidad. Nadie puede exigir heroicidades a los periodistas desde el sofá de casa, y engullendo mensajes erróneos. Si se analiza con seriedad la desintegración de ese sistema que fue troncal en los últimos 40 años, vemos que ya no cabe más. La corrupción asciende como una planta invasora que todo lo enmaraña y nos hace dudar incluso de estamentos esenciales. La España de hoy sí que da miedo, produce auténtico terror. Y las víctimas no terminan de verlo con tanto embuste. Nos va tanto en ello que alguna vez habrá que levantarse y gritar “Yo soy Espartaco”.
El jueves 21 tenía una cita con Pablo Iglesias para grabar una entrevista en su programa Otra vuelta de Tuerka. A la vista de las que hizo a Rosa María Calaf e Iñaki Gabilondo, acudí encantada. Cuando él llegó, comentó lo ocurrido en la Universidad. Se mostraba un tanto sorprendido de la repercusión de sus palabras. Instantánea. Porque apenas en el camino de vuelta al centro de Madrid ya había saltado en Twitter el hashtag #IglesiasContraLaPrensa que no dejó de crecer hasta llegar al paroxismo habitual. Fue como si se hubiera desencadenado la Tercera Guerra Mundial, el problema más grave de este país llamado España. Entrevistas a Rosa María Calaf, a Iñaki Gabilondo, a otros periodistas, a mí… Para odiar a la prensa, disimula bien su inquina.
El contexto es esencial, como dice en su lema este medio, ctxt.es. Veamos. Se presentaba en la Universidad Complutense un libro de Carlos Fernández Liria editado por La Catarata. Rara vez esta modesta y esforzada editorial habrá contado con tal afluencia y tal presencia de medios. Sería por Pablo Iglesias. Sería. Fernández Liria es profesor de Filosofía. Asistir a una charla suya es una inyección de ideas. Brillante y provocador, sus palabras son un estímulo constante a la reflexión, al espíritu crítico, a ir más allá. Escucharle invita a huir de la mediocridad. Palabras mayores para momentos de acusada literalidad del pensamiento. Es el contexto. En la Universidad, no en una rueda de prensa. Por lo demás, lo que Iglesias dijo -–y hay que oír la intervención– es la verdad. Corren tiempos muy duros para el periodismo y ése es el auténtico problema a resolver. De enorme gravedad.
La prensa oficial mantiene una campaña contra Podemos, innegable, que opera, sin embargo, como gota malaya que ya surte efectos. A veces llega a resultar hasta jocosa, en su empecinamiento y desmesura. Portadas encabezadas por dos o tres noticias contra la formación, a diario, editoriales que ruborizan… .
«Tras ejecutar a Nikolái Yezhov, jefe de su policía secreta, Stalin ordenó que fuera borrado de las fotografías en las que aparecían juntos. Mao hizo lo mismo con Bo Gu, con el que había compartido la Larga Marcha y que desapareció de una vieja imagen en la que se les veía posando sonrientes. Kim Jong-un aprendió de su padre que no hay nada como un pelotón de fusilamiento para afianzarse en el poder: ejecutó a su tío Jang Song-thaek y después lo eliminó del álbum familiar. La consigna en los regímenes comunistas, a la hora de purgar al camarada descarriado, es que no quede nada de él. Ni su recuerdo».
Así comenzaba, para asimilarlo a Pablo Iglesias, una columna escrita hace un mes por David Jiménez, director de El Mundo, el diario en el que trabaja el periodista aludido por el secretario general de Podemos. El mismo que esta semana anunciaba un ERE para 185 de sus trabajadores y otros 39 más de otros medios de la empresa Unidad Editorial.
Una campaña cierta. Nos consta. «Me consta cómoalgunos comités editoriales de algunos medios pusieron una línea roja por la que solo valía que apareciera Podemos para informar negativamente sobre la formación política y sus líderes», escribe José Sanclemente en eldiario.es. Añadiré, en inciso, que consta también que “a Ciudadanos hay que tratarlo bien”. Ayer, todos volvieron a la carga rasgándose las vestiduras:
«Debería saber Iglesias que la regla de juego básica de la prensa en una democracia es la veracidad, y que su labor fundamental es el control del poder para evitar abusos, corrupciones o agresiones gratuitas como la suya», tronaba el editorial de ElPaís. Paradójicas sentencias, cuando no han publicado ni media palabra de la relación de Blesa o la actual mujer de Felipe González en los #PapelesdePanamá, por poner solo un ejemplo. Ni El Paísni sus colegas de la mañana. Hurtar noticias es grave. Es como si en una carretera en obras no se advirtiera al conductor de un socavón profundo.
Cada palabra de lo dicho o escrito por Caño, Herrera, Jiménez, Prego… se les vuelve en contra por sus hechos. Lo más grave es, sin embargo, que la verdad la conocen hasta quienes critican “el ataque al periodista y al periodismo en sí”. Entre el aluvión de artículos publicados en apenas 48 horas, hemos sabido que la dirección de El País se plantó en la redacción para decir «que confía en que Ciudadanos entre en el Gobierno y juegue un papel fundamental en la política española, y no sólo eso, sino que espera que el periódico contribuya a eso», según contó Íñigo Sáenz de Ugarte. Y esto va mucho más allá de lo que suele denominarse “de tendencia” (progresista, conservadora…). Esto es participar en política sin avisar a los lectores. Es hacer política más que información. Otros medios no precisan ni advertir de sus intenciones.
Leímos todos que la nueva Comisión de Interior del Congreso constató la existencia de una policía política al servicio del PP. Que así se elaboró un delirante informe contra Pablo Iglesias (PISA, por Pablo Iglesias. S.A) que la justicia ha rechazado casi con rubor, como otros que les antecedieron y que han sido desestimados también. Pero que no por eso dejaron de difundir y amplificar los medios y hasta toda una vicepresidenta del Gobierno. Al margen de la identidad de la víctima –Iglesias, Podemos– esto hubiera tenido consecuencias en un país serio. Eso sí, los afectados casi siempre son los mismos, y los ejecutores siempre, siempre los mismos. Da la sensación de que, aquí, a quien le toca ha de aguantarse.
Es cierto que otros políticos en todas las épocas han sufrido los rigores de una prensa política que sale de su función de informar para ejecutar a quien le molesta. Adolfo Suárez, por ejemplo, Felipe González, Julio Anguita y, ahora, todo el que asome la cabeza en Podemos. Lo del concejal Guillermo Zapata es para crear un trauma. Ahora arrecian contra Ada Colau; levantada la veda, no se para en medios para atacarla. Actualmente la Caverna ha ampliado sus instalaciones, apenas se ve la luz salvo en los digitales, en algunos digitales. Y saberlo no es excusa para callarse y admitirlo como irremediable. Aunque, ¡ay del que caiga en las fauces de esta jauría!
La crisis de la prensa termina siendo un secreto a voces del que está prohibido hablar. Demasiadas cartas marcadas para que el juego sea limpio, o medianamente decente y al servicio de los intereses de la sociedad. Está muy claro cuáles son los suyos, y quién los obstaculiza.
Imprescindible hablar de los pobres periodistas que sufren las políticas de sus empresas. Las que, en bancarrota por su mala cabeza, han tenido que sentar en su accionariado a los principales bancos acreedores. O las que subsisten con la eufemísticamente llamada publicidad institucional, esa medida de gracia del gobierno. No suelen “Morder la mano que les da de comer”. O las que, en TVE, por ejemplo, han de plegarse a las redacciones paralelas al servicio del PP. O, en otras televisiones públicas, para quien sea que ostente el gobierno. O, en televisiones privadas, a intereses comerciales y empresariales que son su razón de ser.
“Con Pablo Iglesias sí nos atrevemos”, firma Antonio Maestre en La Marea. Y así es. Periodistas que se comieron varias veces el Plasma con Rajoy en una de las imágenes más patéticas para la profesión que se hayan dado se ponen ahora estupendos, porque el periodismo es, al parecer, la única profesión exenta de esa práctica.
Los que se han comido también los soliloquios de políticos en lo que llamaron “ruedas de prensa sin preguntas”. Los que admiten como inevitable la manipulación, exclusión de noticias, y desmesuras de sus medios. Los que llegan a suscribirlos con su trabajo. Los que contemplan expulsiones y purgas, mirando para otro lado, mientras sus jefes mantienen impresionantes sueldos y bonus. Los que solo hacen piña corporativa cuando el presunto infractor es contrario a los intereses de su empresa. La comprensión confirma que las cosas no se hacen como debieran. Son tiempos difíciles, sí, pero si algo se puede aprender de la trayectoria seguida es que ceder nunca es una solución, ceder es siempre la antesala para ceder más. O tragar.
Está sucediendo aquella desproporción de la que hablaba Thomas de Quincey en el siglo XIX y que cita el científicoJavier López Facal en un artículo que casualmente habla de mandamientos, sexo y pornografía: “Si un hombre se deja tentar por un asesinato, poco después piensa que el robo no tiene importancia, y del robo pasa a la bebida y a no respetar los sábados, y de esto pasa a la negligencia de los modales y al abandono de sus deberes”.
Pablo Iglesias volvió a centrar la atención mediática de forma desmedida en un país que empieza a descubrir el lodazal en el que vive. Estamos conociendo, menos mal, las tácticas mafiosas de Ausbanc y Manos Limpias, a las que durante años sucumbieron o en las que participaron estamentos esenciales del Estado. Bancos, jueces… ¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué no dijeron nada los afectados por los chantajes y extorsiones? ¿Los medios lo ignoraron durante décadas? ¿Es todo o la punta de otro iceberg? El PP ha sido judicialmente acusado de ser una organización criminal, aunque los medios tengan mala memoria para recordarlo. Y hasta de homicidio, recientemente en Galicia.
La ley del embudo rige en el pago de impuestos, mientras lideramos las desigualdades en Europa. Nos están envenenando con las emisiones tóxicas de los automóviles trucados, y la decisión que adopta la UE (con España dentro y en cabeza) es aumentar el nivel permitido de gases nocivos. Todo por el lucro. O la codicia. La prensa española parece haber habilitado una corresponsalía en Caracas. No en Panamá. Tampoco enArabia Saudí, por poner un caso, que es cliente principal en armas, con su querencia por el islamismo radical.
Y, así, El Mundo precisamente nos cuenta, este sábado 23 de abril, que “en Venezuela el 12% de la población no come tres veces al día”. Ellos mismos publicaron que 2,2 millones de personas sobreviven en España alimentándose en comedores sociales. Y no dan tres comidas al día. O sin encender la calefacción. O sin cocinar, comiendo latas o prefabricados. La pobreza energética ha aumentado en esta legislatura un 69%, en datos oficiales, como negó a Jordi Évole José Manuel Soria, el exministro hoy aclamado por los suyos como víctima caída de los Paraísos Fiscales. Afrontando, pese a los duros recortes de servicios, el pago de una Deuda Pública que Rajoy ha llevado a niveles históricos e impagables. Más de un billón de euros. El 100% del PIB, cuando la cogió en el 70%.
Callar es secundar todo esto, sin más eufemismos. Éste es el sistema que se quiere preservar. El que torpedea los cambios por el método que sea. Y hay pocas cosas que paguen esa adormidera para la conciencia.
¿Y el problema es Pablo Iglesias ironizando sobre el periodismo actual?
Escribiré en unos días algo sobre las reacciones que ha suscitado este artículo en concreto. En mi opinión aumentan la gravedad de lo que está ocurriendo. Anticipo que se está admitiendo que se manipula y se miente por miedo, y eso implica que, por conservar puestos de trabajo -transitoriamente en muchos casos- se está adulterando la realidad y haciendo daño a todo el conjunto de la ciudadanía. Si el problema siguen siendo los malos modos de Iglesias es que han hecho un trabajo perfecto para quienes dirigen el cotarro. Repito: Hay pocas cosas que paguen esa adormidera para la conciencia.