De Pablo Iglesias y los secretos inconfesados a la responsabilidad de los periodistas

El secreto inconfesado de la prensa guarda más monstruos en su interior de los que se cree. Y es esencial tenerlo en cuenta cuando se convocan nuevas elecciones. De repente, un artículo adquiere una relevancia inesperada. Así ha ocurrido con el de Pablo Iglesias y la crisis del periodismo. Se trataba de una visión distinta a la postura oficial que atribuye al líder de Podemos enemistad y ánimo de control a los informadores. Hablar –en un contexto muy preciso como es la Universidad– del seguidismo a las políticas de la empresa editora y centrarlo en un redactor de El Mundo provocó una intensa erupción de corporativismo. Hasta han salido los aguerridos reporteros que paran balas con la boca, acusándole de ser un melindre por no aguantar las invectivas de la prensa como se hace en la arena de la política “de toda la vida”.

El artículo obtiene récords de visitas, se recomienda y se comenta. A plena luz. Pero también con más discreción en llamadas y mensajes. Entre las felicitaciones de compañeros se deslizan frases muy definitorias. “El miedo es libre”, la idea más impactante. Se da por hecho que, por miedo –a perder el empleo pero no solo eso– se exagera, deforma, amplifica, manipula, miente, acorde con las estrategias de la empresa. Estrategias, no hablamos de noticias.

Insisto en que desde siempre se han admitido líneas editoriales con sello ideológico, pero lo que está ocurriendo ahora va mucho más allá. Esos emporios en bancarrota saben perfectamente qué partidos convienen a los intereses de su accionariado y a los suyos propios. Cuantos menos cambios, mejor. Riesgos de levantar alfombras, ninguno. Ante esa intencionalidad, el periodismo se resiente. Desgraciadamente suele ser así, las influencias se dan por descontadas, pero no quizás a los extremos a los que estamos llegando ahora. Nunca se había hecho tan patente la sensación de peligro que parecen sentir quienes dirigen los hilos desde un olimpo alejado de los mortales. La reacción de ira y prepotencia en algunos casos.

Provocan, por ello, más miedo y preocupación. A la corrupción que se enseñoreaba de élites decisivas del Estado se le van añadiendo datos. Los Papeles de Panamá han caído como una tormenta de fango para llenar huecos y elevar el nivel. Nuevas cúpulas de control emergen y quedan al descubierto. Muchos han perdido la inocencia –que a toda costa querían mantener– al ver la foto del expresidente del Gobierno Felipe González y el presidente de PRISA, Juan Luis Cebrián, con sus empresas, sus socios, sus esposas de pasado o de futuro, alojadas en firmas offshore, según el Consorcio Internacional de Periodistas que acredita sus investigaciones. Sus tácticas, sus amistades, sus costumbres. Socialismo y periodismo de progreso quedan muy alejados de su imagen actual.

Como las de otros que fueron llamados, por ejemplo, a reflotar medios como El Mundo, y han acabado subsumidos por las magmas ultraconservadoras, descerebradas con orla. Y así la prensa oficial española dibuja un escenario preocupante: noticias que no se publican –socavones profundos sin señalizar en una carretera, como escribí–, obsesiones ideológicas (contra la izquierda), un acusar a otros de las propias carencias de sumir en la perplejidad. Como si hablaran de ellos mismos. Promociones sin pudor.

El paso adelante acaba de darlo Juan Luis Cebrián, al emitir una nota de prensa en la que afirma que PRISA (la empresa que él preside, una empresa de comunicación con varias publicaciones y negocios, accionistas varios) se querella contra algunos medios por una información que a él le molesta. Porque, dice, le vinculan con las cuentas offshore, al publicar la firma de su exmujer Teresa Aranda. Esa mujer de la que usted me está hablando estuvo un cuarto de siglo casada con Cebrián. Pero la demanda no se dirige a todos los medios que han difundido la noticia, sino a los dos que participan en la investigación –El Confidencial y La Sexta- y a Eldiario.es que dirige Ignacio Escolar. Medio sufragado por lectores como muchos digitales y sin el poderío económico del que goza la parte demandante. Elegido del cesto para castigo ejemplar.

Volvamos pues a los pobres periodistas, presuntamente agredidos por Pablo Iglesias. A los que tienen miedo de algunos de quienes dirigen sus empresas. Con razón, evidentemente. Silenciar noticias, exagerar o inventarse defectos del partido que molesta a sus jefes por sus propios intereses, inflar a sus favoritos, no tiene excusa. Humana, sí, “el miedo es libre”, me dicen. Y lo sabemos. Pero, profesionalmente, el periodismo tiene una responsabilidad de la que a lo mejor carece quien fabrica bolsas de papel, o pone palitos en el chupachups, sin desmerecer su trabajo. Los ciudadanos  precisan datos reales para saber a qué atenerse y decidir sobre sus vidas. El temor a perder el trabajo, el sueldo y cuanto conlleva, puede estar adulterando la realidad y afectar a toda la sociedad en su conjunto. Una enorme responsabilidad. Un cirujano no seguiría operando –creo– si supiera que no lo está haciendo debidamente. Sus temores afectan a todo el colectivo social. Cada día pero más ante elecciones en donde se dirime quién va a gobernar y legislar.

En la sociedad del espectáculo en la que vivimos, un periodista tiene más valor cuando se encuentra en peligro. Mejor, si es en una guerra cruenta y en efecto puede relatar cómo le silbaban las balas por las orejas hasta que se volvió y las detuvo con los dientes. Lo peor es que hay muchos más conflictos silenciosos de todos los días. Y también es un riesgo contarlo. Por cierto, los reporteros de guerra ya no están “de moda”. Les pagan 70 euros por reportaje y, como freelancers, han de costearse viajes, alojamiento y manutención. No hay dietas. Los primeros a quienes ISIS cortó la cabeza eran periodistas sin medio fijo detrás, sin nómina fija.

Esta sociedad, la de las profundas desigualdades, la mentira, la corrupción infecta, se mantiene por el miedo y la desidia. Alguna vez habrá que parar y operar acciones diferentes para lograr resultados diferentes. No ha servido de mucho tragar, cuando cada día es peor. No es de recibo que periodistas y políticos hayan de sufrir mayores riesgos de los usuales por oponerse a los mantos de silencio o de impunidad. Nadie puede exigir heroicidades a los periodistas desde el sofá de casa, y engullendo mensajes erróneos. Si se analiza con seriedad la desintegración de ese sistema que fue troncal en los últimos 40 años, vemos que ya no cabe más. La corrupción asciende como una planta invasora que todo lo enmaraña y nos hace dudar incluso de estamentos esenciales. La España de hoy sí que da miedo, produce auténtico terror. Y las víctimas no terminan de verlo con tanto embuste. Nos va tanto en ello que alguna vez habrá que levantarse y gritar “Yo soy Espartaco”.

*Publicado en ctxt.es

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5 comentarios

  1. Reblogueó esto en Raciozinando.

  2. Los que “no se presentan a las elecciones, pero siempre ganan” son los dueños de la mayoría de los medios y los tienen para proteger a sus intereses, creando “visiones” de la realidad favorables. Los escándalos de corrupción que salen en ellos son los justos para que “se vea” que ellos también están en contra de esta plaga y sólo afectan a personas ya amortizadas y/o sin paraguas político. Los verdaderos escándalos ya se encargan muy bien de taparlos ellos, o si no por qué no se hace “periodismo de investigación” investigando como un ciudadano que cobra del estado 200.000 euros, llega a tener una fortuna de 1.600.000.000 euros. ¿tacita a tacita?. Me refiero al “Campechano”

  3. Miguel Solana

     /  6 mayo 2016

    Que yo sepa los pantanos ni aumentan ni disminuyen el agua simplemente cambian su uso. Me impresiona tan simplista análisis de una persona formada. ¿Y la disminucion de anchoas en el mar por la falta de aportes la cuentas?. Y en los rios ¿tú sabes que ha quedao en el Aragón arriba tras la plaga de especies como los alburnos en el pantano?. Nada.
    ¡Ahora si eres feliz con especies como los siluros de Mequinenza!
    Pero ¿hablas en serio?

  4. Ray

     /  6 mayo 2016

    A ver si te lo puedo explicar con un ejemplo. Vete a la bañera de tu casa (Cuenca del Ebro), abre la ducha a tope y deja caer el agua (lluvia sobre la Cuenca). El agua escurre y se va por el desagüe (al mar). Sin cerrar el grifo pon la mano sobre el desagüe de forma que dejes pasar parcialmente el agua (estás poniendo pantanos en la Cuenca). Se va acumulando el agua en la bañera (llenando los pantanos) pero sigue saliendo (caudal ecológico hacia el mar).

    En esta situación, con los pantanos, tienes más agua en la cuenca y menos agua en el mar. El mar ni lo nota, pero en la cuenca los peces tienen bastante más agua. Como ya sabes ellos solos se regulan. Más espacio, más plantas acuáticas y más peces. Ya sabes, la fotosíntesis, es decir, la vida, requiere esta reacción:

    Agua + CO2 + Energía solar ——-> Biomasa (plantas y animales)

    Si aumentas el agua en la ecuación y el CO2 y la energía solar se mantienen disponibles, tiene que aumentar la biomasa (En la cuenca). Es una ley natural. También puedes comprobar que al hacer los pantanos, se produce una captura apreciable de CO2 que se convierte en biomasa (más que peces, las cosechas de las zonas regadas con ese agua que tenemos en la cuenca y no en el mar)………Y si además aprovechas la energía hidroeléctrica disponible, no solo capturas CO2, además evitas toneladas y toneladas de emisiones.

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