Grecia y España: señala las diferencias

Sintagma, crisis y catarsis. Excepcional reportaje de «En Portada» en TVE. Lo firman la periodista Yolanda Sobero y el gran Miguel Ángel Viñas, como realizador.

Las causas de la crisis en «el pálpito de la calle»

Uno o varios recorridos por tiendas del barrio y diversos lugares públicos ofrecen interesantes reflexiones.

La primera: una indignación desbordante. La asunción de la crisis, desde luego. Y un desmedido afán en contarte sus causas, sin preguntarte previamente ni tu información sobre el tema, ni mucho menos tu opinión. Necesitan desahogarse.

Pero veamos qué ha causado los problemas:

  • Las “autonomías”. En Madrid, ganan por goleada, en particular Cataluña. En ésta, Madrid. En el resto –que sepa- depende de su concienciación centralista.
  • Los políticos. Todos.
  • El PSOE.
  • El PP.
  • El PSOE Y EL PP.
  • Que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” y “no éramos ricos” (éstos, mientras se avituallan para irse a la playa).
  • Los funcionarios.
  • Los sindicatos.
  • Los emigrantes.
  • Varios.

Hablo de lo que el tópico define como “el pálpito de la calle”, hay gente con mayor conocimiento de las causas.

Ante la descripción de evidencias ofrecen estas respuestas:

  • Los ricos no pagan impuestos: “siempre ha sido así”. Y no piensan cambiarlo.
  • Nos recortan sanidad, educación, servicios públicos, etc.. para pagar los pufos de los bancos: enmudecimiento. Nada, no dicen nada.
  • Por este camino no se arreglará la crisis: “Al final siempre se arregla”.
  • No todos los políticos son iguales: “¿Que no? Todos roban”.
  • Si destruimos la política llegan fascismo y populismo: nuevo enmudecimiento.

Lo cierto es que estamos ante una sociedad perpleja que busca –desnortada- explicaciones. Y que muchas de las que asume dependen del medio en el que se “informan” (basta con seguir sus respuestas). Con mucho miedo. Sin respuestas propias. Y mucha pasividad, a la espera de un líder enarbolando una varita mágica.

Nuevo récord de paro… recostado en el «colchón» familiar

Los recortes y la reforma laboral han colocado el paro en España en el 24,6%, según la encuesta de la EPA, casi 1 de cada 4 personas en edad de trabajar no encuentra colocación. Son 5.693.100, un récord impensable en el mundo desarrollado. Nos estamos acercando pues a las previsiones de organismos internacionales como el FMI que fijaron la recuperación de las cifras de empleo en España en 2023. O las de Luis De Guindos que cifraba la pérdida este año en 630.000 personas -a pesar de sus políticas a presunto «largo plazo»- y en un 24,3% que ya ha sido hoy rebasado, sin esperar a que el fin del verano arroje más españoles al paro.

Merece la pena detenerse en algunos datos concretos:

Alcanzamos ya el 53,3% de paro juvenil y no parece representar una emergencia nacional como lo es el rescate de Bankia en donde todos dicen que lo hicieron tan bien. Ni la modificación de la ley aborto que se propone perpetrar Gallardón antes de octubre. La solución que les aportan es que se vayan de España… dejando un país de viejos.

Ya hay 1.737.600 hogares con todos sus miembros sin trabajo. Parte se habrán “acogido” a la economía sumergida que es el pan para hoy y el hambre para mañana porque detrae en su conjunto el 23,3% del PIB de todos los españoles. Pero fundamentalmente se sostienen por el llamado “colchón familiar”… tercermundista. De colectividades en desarrollo sin estructuras de Estado social.

Mucha gente está viviendo de las pensiones de los abuelos. En múltiples casos los han sacado de residencias. Por ley de vida morirán antes que el resto de la familia ¿de qué vivirán entonces? Difícilmente cumplirán los años cotizados para cobrar su propio subsidio que, además, “Bruselas” y el PP quieren alejar en el horizonte (solo para cobrar menos) y rebajar, además, su cuantía. El “colchón familiar” puede pinchar.

Pero quiero centrarme en otro punto. Estos abuelos colaboran además en tareas del hogar. En mi reciente viaje a la UIMP de Santander, encontré en el ascensor al salir del hotel a un matrimonio muy mayor que se apenaba de terminar las vacaciones y dejar una temperatura ideal para recalar en el horno contaminado de Madrid, pero “los hijos nos necesitan” dijeron, responsables y hasta contentos. Al llegar a la estación de tren de Madrid, concretamente al aparcamiento, volví a encontrar a la pareja. El hijo apremiaba al padre a buscar el coche de muy malos modos, evidenciando la presunta torpeza de su progenitor. Yo estaba agotada tras 4 horas y media en el vagón, imagino que los ancianos mucho más.

Aquellos niños de la posguerra que pasaron tantas penalidades, vuelven a pagar la factura: económica y en esfuerzo. Y salen ahora en TVE felices porque “a sus hijos les gusta la comida la comida de mamá”, al menos en los cortes que nos ofrecen. Ni estoy segura de que la enseñanza de sus sacrificios haya calado en sus descendientes.

Arturo Fernández. Vicepresidente de la CEOE

Ese hombre elegante, con el brillo de inteligencia en la mirada, recientemente cesado con Rodrigo Rato como consejero de Bankia, que se llevó la contrata del catering de la JMJ y ostenta desde hace años las del Congreso, el Senado y RTVE  y que, como en su día su cuñado el implicado en distintos pufos Gerardo Díaz Ferrán, representa al empresariado español, pide más y más duros recortes. Y sus deseos son órdenes para el PP. Pero, así, ni en 2043. Tras analizar la situación española en su conjunto, y a raíz del dato del paro, un experto dice a la BBC: «Las cosas solo pueden ir a peor«. Coincido, salvo que la política seguida cambie de manera radical.

No sé, vosotros veréis.

El pufo de Bankia explicado a sus víctimas

Rato lo hizo bien, Salgado lo hizo bien, todos lo hicieron bien… pero el rescate por tan excelente gestión lo pagamos entre todos. No hay responsabilidades.

Involucionismo: la única eficacia del PP

“No sabe Vd. con quien está hablando”. Era una de las frases más hirientes de aquella España negra que muchos creímos haber dejado atrás. Ése parece haber sido el argumento de Javier Castrodeza Sanz, director general de Ordenación Profesional del Ministerio de Sanidad, que quiere para su hijo, estudiante de medicina, una matrícula de honor. Por enchufe. Quitándosela a otro alumno.  El Dr. Carlos Vaquero, catedrático de cirugía y director del Departamento de Cirugía, Oftalmología, Otorrinolaringología y Fisioterapia de la Universidad de Valladolid, ha denunciado presiones y coacciones para otorgar esa alta calificación al vástago del político. Al prestigioso catedrático le ha recordado los métodos del franquismo.

No deja de ser una anécdota, pero altamente significativa. Mientras se recortan becas o se sube el IVA hasta a cuadernos y lápices, los hijos del poder han de tener notas de excelencia para perpetuar esa putrefacta casta dirigente.

Se nos cae el país a pedazos, la ruina y el descrédito no pueden ser mayores. La ineficacia de este gobierno llega al punto de que el ministerio de exteriores –por iniciativa de su secretario de Estado para la UEanuncie una acción conjunta con los gobiernos de Francia e Italia y se vea obligado a retirar a hurtadillas la nota de la web de la Moncloa mientras los gobiernos implicados tildan de “alucinante” la actitud de España. Es que en el franquismo se hacía así. La verdad no importaba si convenía.

Un país rescatado, tutelado, que se mueve al socaire de lo que le mandan desde afuera en las directrices económicas y que no deja de meter la pata en su escasa autonomía en ese terreno. Ah, pero en la involución ideológica galopante, en eso sí es el PP extraordinariamente eficaz, opera como una apisonadora sin tregua ni pausa.

Nos han inundado en cuatro días la televisión pública estatal de estupendos fichajes de Telemadrid y la COPE que, como tales, acreditan su solvencia. Y con ellos podemos ver que –si bien aparece en titulares- la noticia sobre la muerte de Gregorio Peces Barba, padre de la Constitución entre otros muchos valores, se desarrolla transcurridos 25 minutos del Telediario de TVE. Todos recordamos -y si no aquí está aún la memoria– cuando murió el padre –en todos los sentidos- del PP, Manuel Fraga. Abriendo, por en medio y cerrando, con retransmisiones de misas y todo.

O nos encontramos a la secta de los llamados “provida”, hablando de asesinatos y lucros para apoyar a Gallardón en su gesta antiaborto, y en igual de condiciones con los denominados por el telediario “partidos de izquierda y mujeres”.

Y es que el antiguo alcalde despilfarrador, quiere defender “a los más débiles”, a “las personas en proceso de nacer” y se propone volver a una ley de supuestos para el aborto –al nivel de Irlanda y Malta únicamente- y suprimir en él como causa la malformación del feto. Claman algunos médicos sobre la condena al sufrimiento que se infiere a quienes se vean afectados. Pero el caso es echar niños al mundo del PP, a quienes luego se les quita las ayudas a la dependencia y a la supervivencia. El caso es que la mujer sea mujer-mujer, subordinada, supeditada, incapaz para decidir. El caso es que el aborto -que nunca se erradicó- sea penado u obligue a viajar al extranjero como antaño para practicarlo.

Yo no sé si deberíamos celebrar los cumpleaños el día en el que nuestros progenitores echan el polvo clave con la esposa oficial y conveniente o con la amante guapa, si se tiene. Y cuántas “personas” en proceso de nacer se pierden en una buena eyaculación u ovulación. De lo que estoy segura es que el PP nos ha catapultado como poco medio siglo atrás, cuando no varios completos. Y que, difícilmente, quienes creyeron en sus falsas promesas de solucionar la crisis apostaban por esta involución ideológica implacable.

Dicen que lo del aborto y Gallardón es una cortina de humo para distraer de la crisis, solo que la otra cortina que sacó a pachas con Jorge Fernández del Ministerio de Interior para reprimir las protestas, se está solidificando en realidades. El PP va a Rolex y a setas al mismo tiempo.

Entretanto un zombi al frente de los destinos del país, se compara con Peces Barba en sus intentos de hacer lo mejor, o con cualquier deportista que le traiga foto de triunfo. Sin enterarse de nada, quizás ni de que Bruselas ya le prepara al cabeceante Josep Piqué como tecnócrata sustituto. U otro similar.

No más lamentos, por favor. Ya no estamos al borde del precipicio, estamos inmersos en él en caída libre. Económica y en libertades democráticas. Hay solución: actuar exactamente al revés de cómo lo hace el PP. Y empieza ser más que urgente. Ellos «no saben con quienes están hablando»: con la sociedad a la que transitoriamente representan. A toda, no solo a ese 30,2% de «personas en proceso de nacer»… como seres racionales que les dio la mayoría absoluta. Bastaba para saber qué iba a hacer el PP con relacionar conceptos. Eso sí, han desbordado las peores previsiones.

Si mientes, destrozas y fracasas, dimite

Ha duplicado el diferencial de la prima de riesgo en solo 7 meses, llegando a la antaño impensable cifra de 612 puntos. Las bolsas registran niveles históricos de pérdidas. España está rescatada con fondos europeos en su sistema bancario y a punto del rescate total. Inspira nula confianza internacional. Cada vez que abre la boca su ministro Cristóbal Montoro se produce alguna catástrofe. La comunidad valenciana, cuya gestión ofrecía como modelo, también pide rescate del Estado. Ha abaratado el despido y la dignidad del trabajo con su reforma laboral. Disminuye las prestaciones e insulta a los parados españoles (récord en el mundo industrializado). Ha cercenado la sanidad que fue ejemplo en el mundo y obliga al copago. Da un tajo a la investigación presumiendo de ello. Nos devuelve –a través de José Ignacio Wert- a una educación de medio siglo atrás, sube las tasas universitarias y hasta el precio de los cuadernos y lápices. Quita los “peligrosos” y “caros” ordenadores de los colegios. Eleva el impuesto de los libros digitales. Reserva la cultura a los pudientes. Sube de precio productos básicos. Y el gas, la electricidad o la gasolina. Nos vende servicios básicos –que son nuestros- como el ferrocarril. O perpetran una reforma del código penal que castiga con 2 años de cárcel por ejemplo convocar manifestaciones por Internet. No se puede pedir más a la gestión de Mariano Rajoy.

 Pero ahora resulta que “no tiene más remedio” porque no quiere tocar ni de broma los privilegios de aquellos para quien gobierna. Que “no hay dinero”, cuando “sí lo hay”.  La prensa afín silencia las protestas multitudinarias de la sociedad contraria a los recortes para que la adormecida no se entere de la dignidad de los demás. Y ha encontrado un nuevo culpable: el BCE. La culpa ya no es de Zapatero ni del chachachá, es de Europa. De la Europa… tan neoliberal como el PP.

   Las mentiras y desdichos de su programa electoral –recogidos con sus rostros, voces y agrios tonos profusamente en youtube- harían avergonzarse a quien tuviera un mínimo de decencia. Ellos dicen que “las circunstancias han cambiado”.


 

Seamos serios. La campaña del PP, como vemos, estuvo basada en la mentira. Y su caótica gestión ha empeorado nuestros problemas. El desconcierto del gobierno no lo salvan ni las clases de arte dramático que debe recibir con gran aprovechamiento la vicepresidenta. El futuro no se nos puede presentar peor en estas circunstancias. Un triunfo basado en las mentiras debe ser revisado: el gobierno tiene que dimitir y convocar elecciones. Es lo coherente, lo digno, lo justo. No hay apenas donde elegir  y el principal partido con posibilidad de gobernar, el PSOE, anda tan perdido como el PP. Pero así no podemos seguir. Nos jugamos mucho. Por mucho que estemos ya agotados de explicar, de luchar, siquiera de pasarlo mal.

 Cada ser humano tiene una cabeza para relacionar conceptos y de ellos sacar conclusiones y actuar. No se puede delegar más la responsabilidad de pensar y reflexionar. Al menos nos quedamos con el gozo de la dignidad.  El Roto nos explica la nueva teoría de la cazuela. La que escribo en Actúa, libro que relanzamos el lunes en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander porque contiene las respuestas de ahora mismo. Con estas reflexiones os dejo, seguramente por unos días.

 

Escorados

  Cuando una se junta con el mundo oficial -por muy progresista que sea éste en la composición del debate- percibe, una y otra vez, lo alejados que están del mundo real. Ni lo olfatean. El mundo oficial califica de «extrema izquierda» hacer ver por ejemplo que estamos entregando la sanidad (y por tanto la salud), la educación (y por tanto el futuro), los servicios todos del Estado del Bienestar, el derecho al trabajo o el nivel de vida adquirido para pagar a los bancos (con problemas por su mala gestión cuando no por fraude).  Claro, si dice Vd esas cosas…

Los conservadores quieren «conservar» ese orden de prioridades, y los progresistas hablan de «reformar»: no estamos tan mal. Peor están en Burundi ¿verdad? Y mucho mejor en Europa y en la propia España siendo los beneficiarios de la política que nos gobierna.  

Una, burguesa de pro, con notables síntomas de esa condición, se siente rara -por no decir algún sinónimo políticamente correcto de «muerta de risa»- al ser calificada de pertenecer a la «extrema izquierda». Máxime cuando las preocupaciones que manifiesta la gente -que no sea la «mayoría silenciosa» que quiere resucitar como concepto el neofranquismo- se alinean con esa idea de lo injusto que es entregar nuestros derechos para privilegiar a quien no lo merece, al menos -y no solo ni mucho menos- por su actuación poco limpia.

 ¿Estará una escorada o lo está el mundo oficial? ¿Es todo opinable y relativo?

 Entre las principales certezas que se atesoran está que un día el mundo oficial se topará con el mundo real que bulle a su lado sin que se entere. Y que podrían acabar -siquiera metáforicamente- como aquella María Antonieata a quien atribuyen  el dicho: ¿Por qué no comen bollos si no tienen pan?

 Derecha, izquierda, centro… No sé, me parece que buscar y encontrar «el norte» es siempre una buena idea.

Vale que apoyemos a los mineros pero… ¿a los funcionarios?

Isaac Rosa en eldiario.es

La semana pasada fuimos muchos los que entonamos el “soy minero” para sumarnos a la lucha de quienes marchaban hacia Madrid desde las comarcas mineras. Esta semana somos también muchos los que apoyamos la protesta de los funcionarios. Tal vez no seamos tantos ahora como los que aplaudíamos a los integrantes de la ‘marcha negra’, y tampoco extrañaría, pues todo lo que en los mineros es admiración y cariño acumulado durante siglos, en el caso de los funcionarios es vilipendio y caricatura también de siglos. Si en el imaginario popular los mineros son los héroes de la clase obrera, en ese mismo imaginario los funcionarios suelen aparecer como un cuerpo gandul, parásito y privilegiado, material abundante para chistes y diana fácil para el resentimiento de los trabajadores más explotados.

Como comprenderán, no voy a perder un minuto en desmentir esa imagen negativa.

No lo haré por varios motivos: porque tenemos todo el año para señalar deficiencias y proponer cambios en la función pública, y hacerlo en el momento en que son atacados es hacerle el juego a los atacantes. Y porque diga lo que diga, siempre aparecerá alguien dispuesto a negar la mayor y relatar una larga lista de faltas cometidas por funcionarios de las que ha sido testigo. Que entre los funcionarios hay actitudes indolentes, desleales y aprovechadas, por supuesto: como las hay en cualquier rincón de un país como este, donde todo un ex presidente de la patronal se dedica a esconder dinero en Suiza tras arruinar varias empresas. Y digo más: lo natural sería que se extendiesen los comportamientos indolentes, desleales y aprovechados, pues poca entrega, compromiso y esfuerzo cabe esperar de quienes son maltratados una y otra vez. 

Para seguir leyendo enlazo de nuevo…

Y también…

Cosas que nunca decimos por Antonio Avendaño

Una vez que le hemos echado la culpa de todo lo que nos pasa a Zapatero, a Merkel, al euro, a las hipotecas basura, a la banca en general, a Bankia en particular, a los ministros, consejeros, diputados, senadores, directores generales, delegados provinciales, alcaldes, tenientes de alcalde, pedáneos, concejales, funcionarios de carrera, funcionarios interinos y trabajadores del sector público en general; una vez que hemos hecho todo eso, deberíamos empezar a hacer otras cosas. Deberíamos pensar también qué cosas hacemos mal, cuáles de ellas tienen arreglo, cuáles no y cómo podemos empezar a arreglar las primeras y olvidarnos de las segundas.

La raíz no de todos pero sí de muchos de nuestros problemas es que no creemos en las instituciones. Que creemos en ellas sobre el papel, pero no sobre la realidad. Que al minuto siguiente de fundar la institución buscamos la manera de vaciarla de contenido, de falsear su propósito y su contenido, de amarrar su composición a nuestro favor, de amañar su funcionamiento. En principio ese era un tipo de vicio de la derecha, pero al cual la izquierda se apuntó pronto y al final ha acabado cogiéndole el gusto y teniendo también un severo problema de adicción a él. 

¿En qué consiste exactamente ese vicio de simular una fe en las instituciones que al minuto siguiente se traiciona? Consiste en cosas como estas.

Y merece la pena.. seguir leyendo

El bulo como síntoma de ignorancia

El 22 de Abril de 2012 un modesto bloguero escribió una entrada  titulada “El presidente en el país de los horrores”, que comenzaba así:

Querido señor Presidente: es usted un hijo de puta. Usted y sus ministros. Se lo digo así, de entrada, porque sé que nunca va a leerme, como nunca lee usted libros, ni nada más que periódicos deportivos como usted mismo ha confirmado, jactándose, como buen español de ser un ignorante. No se engañe, por eso lo han votado tanta gente”.

“Alguien” decidió subsanar el problema de que el presidente –o cualquiera- “nunca le leyera” y adjudicó el texto a José Luis Sampedro. Multitud de publicaciones lo han reproducido incluso con la foto del querido profesor. Comentaristas y tertulianos se han hecho eco de él en diversos tonos. Cada día varias personas lo enlazan y distribuyen. Empiezo a dudar si hay alguna obra real de Sampedro -de extraordinaria brillantez- que haya alcanzado mayor difusión. Tyndaro, el autor, no sabe qué más a hacer para desmontar el bulo, pero sus quejas ya no tienen el mismo eco. La bala ya ha salido y no vuelve atrás.

Y es que el texto contiene una expresión mágica: “Hijo de puta”. Ese sector de la sociedad que solo lee titulares –como mucho- gusta de la simplificación y de las palabras “fuertes”.

Con la misma o mayor intensidad, se ha difundido que en España hay exactamente 445.568 políticos, tres o cuatro veces más que en país alguno. Y eso sirve para degradar aún más de lo que lo está la política. Un periodista, también en un blog, se ha molestado en contarlos –los bulos se disuelven como por arte de magia confrontados con la verdad-. Y resulta que son la cuarta parte. Y esto ¿cómo ha sido? Enrique Betancourt lo explica:

“Porque en el ranking figuran cargos de confianza, trabajadores del Defensor del Pueblo, sindicalistas liberados, integrantes de las patronales, empleados de las empresas públicas (como esos de Gesplan a los que se acaba de aplicar un ERE, a los que supongo hará mucha gracia el tratamiento de “políticos”, en paro por cierto), organismos de igualdad y prevención de la violencia doméstica, cámaras de comercio o investigación oceanográfica y pesquera (¿estarán los ‘políticos’ del Centro Tecnológico de Ciencias Marinas de Taliarte? ¿investigando sobre lubinas, doradas o bocinegros?).

Pero también organismos de gestión catastrales, gabinetes de prensa, cargos de designación directas en Educación y Sanidad, entidades bibliotecarias y museísticas y, asómbrense, agencias meteorológicas y entidades de transplantes y donación de órganos, así como agencias de cambio climático y reducción del gasto energético, entidades de astronomía y astrofísica (nuestro Instituto Astrofísico de Canarias debe estar lleno de políticos de todos los colores…y estrellas), protección medioambiental y actuaciones en la costa o Instituto Cervantes. Les faltó bedeles, ujieres, conserjes y personal de limpieza de ministerios y consejerías”.

Por supuesto, el presunto exceso de políticos y la cifra mágica de los 445.568, circula con tertulias mediáticas y redes sociales, llega al correo en power point o con textos en rojo y grandes admiraciones. La bola de nieve se engrosa y rueda sin control.

La sociedad con mayor acceso a la información de la historia crea y traga bulos como en las épocas del mayor oscurantismo, cuando se hurtaba la verdad.  Puede que más incluso. Hay quien pondría las manos en el fuego porque Elvis Presley vive y el hombre nunca llegó a la luna. O porque los atentados del 11M fueron obra de ETA y no del terrorismo islámico que no le venía bien al entonces gobierno del PP, y que ha dado impunes y lustrosos beneficios a El Mundo de Pedro J. Ramírez y el resto de la caverna.

Hay quien repite como el balido de un rebaño que “No hay dinero”, que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” o que “no hay otra solución que los recortes” y “todos debemos arrimar el hombro” (menos los beneficiarios del sistema neoliberal para quien trabaja el gobierno del PP). Ése es el objetivo.

El bulo puede entrar en nuestro ámbito y, por supuesto, encontrar cabida momentánea. Pero reflexionando un poco uno ve que el texto del «Hijo de puta» no puede ser de Sampedro, o que -aún en el país de la trampa y la corrupción- suena rara esa desorbitada cifra de políticos. Pero la proliferación del bulo -múltiple- es síntoma de ignorancia, de credulidad, de poca estima por uno mismo como ser racional. De sumisión. De desorientación social. Vamos a llegar a dudar de todo lo que nos cuentan. Aunque ciertamente en los tiempos que corren desde el gobierno nos dan motivos de perplejidad todos los días.

En términos generales, de desinformación. Y no se puede edificar nada sobre cimientos falsos. Nada. Los puentes se caerían si los datos sobre los que se asientan no fueran reales. Igual es la verdad de los hechos que aporta la información cierta.

Tiempos de bulos y de relativización. Todo es opinable, todo tiene matices interesados. Y de tragarse lo que decidan otros sin el menor cuestionamiento. Tiempos de no usar la cabeza.

… Y no lo llevaba en su programa

Y no dimite… y no se mete debajo de una cama.