El bulo como síntoma de ignorancia

El 22 de Abril de 2012 un modesto bloguero escribió una entrada  titulada “El presidente en el país de los horrores”, que comenzaba así:

Querido señor Presidente: es usted un hijo de puta. Usted y sus ministros. Se lo digo así, de entrada, porque sé que nunca va a leerme, como nunca lee usted libros, ni nada más que periódicos deportivos como usted mismo ha confirmado, jactándose, como buen español de ser un ignorante. No se engañe, por eso lo han votado tanta gente”.

“Alguien” decidió subsanar el problema de que el presidente –o cualquiera- “nunca le leyera” y adjudicó el texto a José Luis Sampedro. Multitud de publicaciones lo han reproducido incluso con la foto del querido profesor. Comentaristas y tertulianos se han hecho eco de él en diversos tonos. Cada día varias personas lo enlazan y distribuyen. Empiezo a dudar si hay alguna obra real de Sampedro -de extraordinaria brillantez- que haya alcanzado mayor difusión. Tyndaro, el autor, no sabe qué más a hacer para desmontar el bulo, pero sus quejas ya no tienen el mismo eco. La bala ya ha salido y no vuelve atrás.

Y es que el texto contiene una expresión mágica: “Hijo de puta”. Ese sector de la sociedad que solo lee titulares –como mucho- gusta de la simplificación y de las palabras “fuertes”.

Con la misma o mayor intensidad, se ha difundido que en España hay exactamente 445.568 políticos, tres o cuatro veces más que en país alguno. Y eso sirve para degradar aún más de lo que lo está la política. Un periodista, también en un blog, se ha molestado en contarlos –los bulos se disuelven como por arte de magia confrontados con la verdad-. Y resulta que son la cuarta parte. Y esto ¿cómo ha sido? Enrique Betancourt lo explica:

“Porque en el ranking figuran cargos de confianza, trabajadores del Defensor del Pueblo, sindicalistas liberados, integrantes de las patronales, empleados de las empresas públicas (como esos de Gesplan a los que se acaba de aplicar un ERE, a los que supongo hará mucha gracia el tratamiento de “políticos”, en paro por cierto), organismos de igualdad y prevención de la violencia doméstica, cámaras de comercio o investigación oceanográfica y pesquera (¿estarán los ‘políticos’ del Centro Tecnológico de Ciencias Marinas de Taliarte? ¿investigando sobre lubinas, doradas o bocinegros?).

Pero también organismos de gestión catastrales, gabinetes de prensa, cargos de designación directas en Educación y Sanidad, entidades bibliotecarias y museísticas y, asómbrense, agencias meteorológicas y entidades de transplantes y donación de órganos, así como agencias de cambio climático y reducción del gasto energético, entidades de astronomía y astrofísica (nuestro Instituto Astrofísico de Canarias debe estar lleno de políticos de todos los colores…y estrellas), protección medioambiental y actuaciones en la costa o Instituto Cervantes. Les faltó bedeles, ujieres, conserjes y personal de limpieza de ministerios y consejerías”.

Por supuesto, el presunto exceso de políticos y la cifra mágica de los 445.568, circula con tertulias mediáticas y redes sociales, llega al correo en power point o con textos en rojo y grandes admiraciones. La bola de nieve se engrosa y rueda sin control.

La sociedad con mayor acceso a la información de la historia crea y traga bulos como en las épocas del mayor oscurantismo, cuando se hurtaba la verdad.  Puede que más incluso. Hay quien pondría las manos en el fuego porque Elvis Presley vive y el hombre nunca llegó a la luna. O porque los atentados del 11M fueron obra de ETA y no del terrorismo islámico que no le venía bien al entonces gobierno del PP, y que ha dado impunes y lustrosos beneficios a El Mundo de Pedro J. Ramírez y el resto de la caverna.

Hay quien repite como el balido de un rebaño que “No hay dinero”, que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” o que “no hay otra solución que los recortes” y “todos debemos arrimar el hombro” (menos los beneficiarios del sistema neoliberal para quien trabaja el gobierno del PP). Ése es el objetivo.

El bulo puede entrar en nuestro ámbito y, por supuesto, encontrar cabida momentánea. Pero reflexionando un poco uno ve que el texto del “Hijo de puta” no puede ser de Sampedro, o que -aún en el país de la trampa y la corrupción- suena rara esa desorbitada cifra de políticos. Pero la proliferación del bulo -múltiple- es síntoma de ignorancia, de credulidad, de poca estima por uno mismo como ser racional. De sumisión. De desorientación social. Vamos a llegar a dudar de todo lo que nos cuentan. Aunque ciertamente en los tiempos que corren desde el gobierno nos dan motivos de perplejidad todos los días.

En términos generales, de desinformación. Y no se puede edificar nada sobre cimientos falsos. Nada. Los puentes se caerían si los datos sobre los que se asientan no fueran reales. Igual es la verdad de los hechos que aporta la información cierta.

Tiempos de bulos y de relativización. Todo es opinable, todo tiene matices interesados. Y de tragarse lo que decidan otros sin el menor cuestionamiento. Tiempos de no usar la cabeza.

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