Carmen Sarmiento, el periodismo, la mujer y la memoria

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Esta mañana he experimentado un fenómeno que suele llamarme la atención: la percepción selectiva. O dos fenómenos. El otro es cómo siguen escuchando la Cadena SER amigos y familiares progresistas de  “cierta edad”, con la fidelidad que exige hacerlo un domingo a las 8 de la mañana. En “A vivir”  y en la sección de Ramón Lobo han estado tres grandes, enormes, periodistas: Carmen Sarmiento, Rosa María Calaf y Maruja Torres.  Carmen me ha mencionado y varias personas me lo han contado por diversas vías y habiendo escuchado, en lo mismo, algo distinto. Desde el elogio a lo peyorativo.

Hablaban de que “Ser mujer y periodista nunca ha sido fácil”. Mucho menos lo fue cuando las mujeres éramos la excepción en las redacciones. Aún más, en los inicios, unos pocos años antes en el caso de ellas. Vivo Franco incluso. Y del gozo y la esperanza que da que se haya reaccionado masivamente al machismo y que se denuncie lo que antes –y desde luego en España- era inimaginable. Una entrevista muy interesante porque si hay tres personas a las que merece la pena oír son ellas.

Contaba mi querida amiga Rosa María Calaf –que previamente a periodismo estudió Derecho- que le prohibían ir con pantalones a la Facultad y que en algunos temas de la asignatura de Derecho Canónico no les dejaban entrar a las mujeres. Han relatado esas experiencias comunes que se vivieron y siguieron viviendo en periodismo y en la vida. La condescendencia con la que nos tratan, decía Maruja Torres. El paternalismo, añadía Carmen Sarmiento. Los abusos. Los abusos sexuales.

Carmen ha explicado que, cuando llegó al telediario, solo había dos mujeres más. Y… un redactor jefe que se ofreció a acercarla desde Madrid a lo que hoy es la Casa de la Radio en Pozuelo, entonces también TVE y los informativos. Había que cruzar la Casa de Campo y un día el tipo se abalanzó sobre ella. Y forcejeando pudo salir del coche. Entonces no se denunciaban las agresiones sexuales. Pero a Carmen Sarmiento le obligó a pedir un cambio de turno porque “A ver con qué cara vas al telediario, después de eso”.

Y ahí ha sido donde he aparecido la referencia hacia mí. Varios años después, a finales de los 80´, hice un reportaje de Informe Semanal sobre el acoso sexual. Y al parecer hubo cierta polémica con su intervención. La llamé. Los entrevistados los elegíamos los reporteros, claro está. Carmen Sarmiento ha contado al detalle lo sucedido dejando por delante que considera soy “una estupenda periodista”.  Quienes me han llamado es lo que han oído en su mayoría y se han alegrado de ese reconocimiento de una profesional tan valiosa. Yo también. Pero algunos han reparado –solo- en el resto, en el lamparón que suponía una cesión al intento de censura.

Es curioso lo que conserva la memoria a través del tiempo, de tanto tiempo. Yo no recuerdo esa polémica. Ella sí. Y probablemente en mi caso es porque no guardé el asunto en mi memoria como algo problemático. Ni siquiera el nombre de su agresor, cosa que ahora me intriga. Al parecer, le ocurrió con otros dos tipos más.

Mi admiración y afecto por Carmen Sarmiento es total. Siempre ha sido un referente,  una inspiración. Y, por tanto, por cómo es, sé que no había ninguna crítica deliberada hacia mi actuación en este reportaje. Cómo seremos que a mí lo que me ha quedado es  que pocos periodistas hacían reportajes en los años 80 sobre acoso sexual, por no decir ninguno. De igual forma que pocos periodistas trataban temas como el aborto o el adulterio en los 70, en el final de la dictadura y en la Transición. Y que sí soy consciente de censuras en otros reportajes, no en ése ni en esa etapa, en las que se censuró uno de principio a fin -no se emitió- por mencionar “coito anal”, que consideré imprescindible dado no estaba tipificado como violación y de eso tratábamos.

Mi reacción, por cierto, y tras tres reportajes con muchos problemas, muchos problemas, sobre una huelga larga de estudiantes, fue pedir tres meses de permiso más vacaciones y marcharme a Nueva York.  Yo  creo que no cedí nunca a presiones.  No sin intensas negociaciones en algunos casos. Es una elección que tiene sus costes. Era más fácil que ahora, no había igual tanto riesgo. Tanto, quiero decir. Al regresar, me mandaron a Sábado Revista que era nada, aunque el castigo fue corto. Y, en efecto, me ha sorprendido este emerger de una historia así del pasado.

Pero también quiero reivindicar a Ramón Colom. Con los defectos que pueda tener –como todo jefe- aguantó las presiones ministeriales con el asunto de la huelga de estudiantes, ganándose todo mi aprecio. Les toreó. Colgó teléfonos. Me extraña mucho que, tras haber autorizado como responsable de programas no diarios, el reportaje del Acoso sexual luego le pusiera cortapisas.  Comentaba Carmen que su intervención se dio, “con una entradilla” en la que se decía que la agresión sexual no era un caso general en TVE.  Y así era, por supuesto. Recuerdo que el realizador fue Luis Martín del Olmo, que fue complicado buscar imágenes y encontrar testimonios, pero poco más. No lo archivé como tema con conflicto suficiente para entrar en esa carpeta. En mi cabeza quiero decir. En el disco duro del cerebro no cabe todo.

Me he quedado dando vueltas a todo esto de la memoria selectiva que fija hechos durante décadas, o que los anula en sus detalles. Sobre la percepción selectiva también. Lo que se oye y lo que no se oye. Sobre la sensación de quienes te quieren con lo que escuchan.

Y, sí, así nos iba.  No fue fácil entonces, no lo es ahora. Creo que incluso es peor, con menos jefes que defiendan el trabajo, con menos libertad en los profesionales. Hemos vuelto a la “Sociedad amordaza”, se dice en la entrevista de la SER que recomiendo. Carmen Sarmiento, Rosa María Calaf, Maruja Torres, grandes pioneras, brillantísmas profesionales, que mantienen la lucha por la dignidad del periodismo y el derecho a la información de todos los ciudadanos.

 

 

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Acaben con esta insoportable pesadilla

Fue un mazazo, no por esperado, menos traumático e indignante.  La Audiencia de Navarra dicta una sentencia por la que exonera a ‘la manada’ del delito de violación.  Y se hace una filigrana para nombrar uno por uno los “abusos sexuales” de cinco hombres que acorralaron a una chica de 18 años y la sometieron a 11 tandas de penetraciones alternativas orales, anales y vaginales. Con agravantesLos detalles enervan.  Y se agravan con la interpretación de los magistrados. No se resistió. Y se ve que juzgaban a la víctima, a la mujer vejada, a la mujer.

La sentencia ha dado la vuelta al mundo para nuestro escarnio, para una nueva evidencia de lo que es España hoy. Informan de ella en periódicos como The Washington Post The Guardian o  The New York Times y destacan que dos miembros de ‘la manada’ pertenecen a “cuerpos militares”.  En España esto cuenta. Del mismo modo que se pena con cárcel un rap, se persiguen camisetas amarillas, y se dan por sobreseídas  las denuncias presentadas contra agresiones de la extrema derecha. Flagrantes casos hemos visto. Se puede hasta insultar, amenazar y agredir a cargos públicos siempre que sean de izquierdas. Léase el caso de la Presidenta de las Cortes de Aragón o de la Alcadesa de Madrid.

Miles de personas nos vimos impelidas a salir a la calle tras conocer la sentencia. Afrontando incomodidades. Afrontando los rigores de este cuasi estado de excepción que penaliza la protesta. Y era un alivio sentirse hermanada con las voces que rechazan la justicia patriarcal, que se ofrecen a ser el apoyo, la manada de la doble víctima de las cinco moles que la usaron como cosa sexual y de los 3 magistrados. Pocas veces he visto tal indignación, masiva, intensa, nacida de una reacción inmediata a un desgarro.

La concentración en Madrid era ante el Ministerio de Justicia. Y poco a poco empecé a fijarme en el abismo que mediaba entre los manifestantes y el edificio que alberga el Ministerio. Cerrado, seco, pétreo, sin vida, sin soluciones. No, a las miles de personas que las piden porque las necesitan. El antiguo Palacio de la Marquesa de la Sonora, levantado en el Siglo XVIII, completaba la gran metáfora de España frente a una multitud viva y cargada de razón.

El problema es que ésta es la tónica. Y no podemos más. Millones de personas nos sentimos acorraladas  en un oscuro portal mientras la fuerza irracional nos asalta penetrándonos por cualquier parte que pueda. Y  tenemos la impresión de que algunas veces  la forma de impartir justicia y las propias leyes lo amparan. Las reformas de las legislaturas de Rajoy han colocado en el ordenamiento jurídico mordazas impresentables en democracia y ahí siguen.

Las respuestas políticas a la sentencia de La Manada no pueden basarse en que se tengan hijas, madres, tías, primas, padres, abuelos, hijos o padrinos. Como han hecho, en particular, los líderes de Ciudadanos Rivera, Arrimadas o Villacís en tuits clonados. No, hablamos de personas, de derechos, y de políticos que aspiran a gobernar y solucionar problemas reales.  En la misma línea, el ministro de Exteriores o el propio Catalá, de Justicia, han proclamado la misma comprensión, sin madres e hijas de por medio.

Todo nace de un fondo que nunca se ha limpiado. Que se recuece en sí mismo. Es la exoneración de La Manada, la eterna culpabilización de la mujer, la desigual actuación de la justicia, la censura, el recorte de derechos. Y además la corrupción, el abuso, la mentira y manipulación constantes. Es la compraventa de votos para amarrar la silla y seguir en la brecha de lo mismo. Los fiascos económicos edulcorados que ocultan la miseria que ha creado la desigualdad. Es Cifuentes y todo el PP, son los medios de parte, son las inverosímiles excusas de los políticos que tienen en su mano cambiar este escandaloso despropósito en el que vivimos y no lo hacen.

Volviendo a casa de la concentración, nos cuentan que el PP y la presidenta que puso Rajoy en el Congreso  se han movido por fin en un tema enquistado. Para aferrarse. “ El PP se niega a soltar el control de RTVE ante la indignación de la oposición: “Es un escándalo sin precedentes”. Y una piensa que el escándalo, con precedentes, es esta enorme pantomima de la que algunos de sus protagonistas no parecen ser conscientes. O creen que todos los ciudadanos se tragan.

La deriva de este país precisa un cambio total. Urge un futuro diferente.  Se ha propalado tal degeneración que millones de personas no cuentan entre sus valores ni con la democracia, ni con la más elemental decencia. Cuando este mal afecta a una sociedad puede hablarse de un camino hacia un Estado fallido.

Déjense de zarandajas y actúen. Manden al PP a la oposición a que se regenere con cuanto conlleva. Que buena falta les hace y nos hace.  No precisan a Ciudadanos -cada vez más a la derecha- a quienes están ayudando a crecer. El PSOE tiene en su mano esa posibilidad y no lo hace. ¿Por qué? No empiecen otra vez unos y otros con la falacia de que si un día Pablo, que si un día Pedro. Aunque así fuera estamos a 28 de Abril de 2018 y esto es insoportable.  El drama es que no lo hará, casi nadie confía en tal posibilidad. Hay derecha sucia y descomposición para rato.

Nadie es imprescindible en política. Nadie. De hecho, los cargos no son perpetuos más que en ciertas anomalías democráticas.  El que no sepa cómo afrontarlo que se vaya a casa. Ustedes no se dedican a la política para asegurarse un sueldo.  Es el servicio a la sociedad lo prioritario. No basta con cambiar leyes torcidas. Hay que limpiar las instituciones. Arbitrar mecanismos de protección de la democracia.  Hay que educar en valores y no en burricie para proteger a las personas más sugestionables y por extensión a toda la sociedad. Hay que responder al abandono, la impotencia, en la que muchos se ven.

“Me levanto igual que me acosté triste, enfurecida, dolorida ante la indefensión que sufrimos las mujeres”, leo. “No puedo describir la sensación de desamparo, rabia, y profunda tristeza que siento”… Es el latido de dolor de muchas personas. Hombres y mujeres, ante múltiples situaciones de todos los días. Hay una acumulación insoportable de abusos, prepotencia, mentiras que ocasionan daños, zozobras y angustia.  Salvo unos cuantos beneficiarios de esta situación, y la inevitable cuota de “amebas”, estamos indignados, descompuestos, heridos, desesperanzados.  No podemos seguir así, no aguantamos más. Por eso nos tiramos a la calle algunos, muchos, y algo se mueve.  Ese muro pétreo, de ventanas quietas, de visillos inamovibles, que es de todos, ha de abrirse para que entre de una vez la luz y el aire.

Agudeza visual: ¿Cuál de las 2 fotos causó un gran escándalo?

Ambas eran modelos y solo una de ellas provocó un sinfín de comentarios, la mayoría negativos. En ríos de prensa, se entiende. Importa porque no es inocuo, los prototipos no son neutrales.

A)

modelo_desfila

 

B)

modelogorda

 

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