Portugal, viaje a nuestro futuro

El regalo navideño más popular fue la mermelada casera, cuenta la periodista Pilar del Río, viuda de José Saramago. Atentos y entrañables, los portugueses no querían prescindir de un presente en esas fechas pero el dinero no da para más y  fabricaron compota en casa. Portugal nos lleva un año de adelanto en la era de la austeridad y los recortes. Pueblos cautivos por la codicia impune.

Rejas

Lisboa desde el Mirador de Santa Justa.

No, todavía no impregna la miseria el corazón de Lisboa. Es menos visible incluso que en Madrid. Pero las respuestas unánimes califican de “muy mala” la situación, de “nada” las ventas. Se ven más mendigos en las calles de la capital de España que en las lisboetas. Pero están. La entrega de comida que llega en un coche a una calle poco iluminada. El restaurante abandonado con okupas jóvenes. Un parque alejado para residir a la intemperie. O la mujer enlutada que pide dinero para una sopa porque lleva “dos días sin comer”. Y una le da la cuota habitual y ella, llena de dignidad y rabia, responde: “con un euro no me puedo comprar una sopa”.

Como en el centro de Madrid, los restaurantes vacíos cazan a lazo a los posibles clientes. Siempre encontrarán a un prepotente español que responda: “Jo, jo, en España no comemos tan pronto”. Como si eso fuera un mérito. Algunos bares toman con humor sus penurias: “Come hoy para sobrevivir, mañana puede que no puedas”.

Mañana no podrás

Cartel en un bar.

Atacada del virus de las Bershka, H&M, Zara y toda su larga parentela, la ciudad maravillosa y natural de los grandes monumentos, del sabor, se ha llenado de las tiendas que uniformizan a todas las urbes del mundo. Como si todas fueran un gran e idéntico centro comercial. Pero están vacías. En el barrio del Chiado sí hay compras y restaurantes llenos. Las dos caras de la escala social cada vez en brecha más profunda. Es raro encontrar, allí, al Pessoa de bronce, solo, sin tomar café con un desconocido que solo mira la cámara que le enfoca.

Pessoa

Pessoa en el Chiado

En un debate en televisión entre políticos, hacen referencia a España. A Bankia… “que tiene un agujero de 36.000 millones, cuando nuestro sistema financiero está mucho mejor”. A los portugueses, les dieron antes. Los negocios, las familias, están en crisis. Acaban de sufrir una nueva y brutal subida de la electricidad, el gas, y el equivalente a nuestro IRPF, y soportan un IVA del 23%. Salvo los libros que tienen un 6%, no como en España en donde nos han clavado el 21%. Y sus sueldos son aún más bajos que los nuestros.

Mercado

Mercado central de Cais de Sodré. Lisboa.

El mercado central de Cais de Sodré sigue tan vacío como cuando lo visité para un reportaje de Informe Semanal hace 5 años. Los precios se mantienen. Ha bajado incluso la carne y el pescado, más baratos que en España. El resto de la vida en Portugal es tan caro o más que el español.  Salvo los taxis, cuestan menos de la mitad que en Madrid. Pero trabajando 13 y 14 horas diarias hacen menos de la mitad de carreras que solo dos años atrás. “12 de media, cuando eran entonces 28”, me comenta un conductor, muy enfadado.

Los recortes en sanidad preocupan mucho a los portugueses. Una anciana relata que “ya no dan medicinas para enfermedades crónicas” y que ella se apaña comprando alternativamente los medicamentos que le recetan. Una vez para la diabetes, otra para la tensión, otra para la artrosis. Suprimiendo el tratamiento de unas y otras durante días. Profesionales denuncian que empiezan a no permitirles recetar medicinas caras para cáncer o hepatitis B. El FMI pide más: pensiones, rebaja de sueldos a funcionarios y expulsión del 20% de ellos.

Un joven camarero ve bien lo de los funcionarios. Y es el único de cuantos hablo que confía en una mejora de la economía a largo plazo…

 -Es que los portugueses “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, explica.

-¿Vosotros también? Pregunto con sorna.

Y, tras una duda inteligente, responde sonriendo:

-…tienen el mismo maestro.

Efectivamente, aplican un manual exacto, calcado de un país a otro. La rabia es patente entre los portugueses, en realidad. Aquí no existe el Estado de Derecho. Hay corrupción hasta para sacarte el carné de conducir. Valoro más a un perro que a un político. ¿A todos? No. A Antonio Da Costa, alcalde socialista de Lisboa, lo salvan. ¿Y por qué no se mueven? O povo é muito calmo, explican mayoritariamente a su vez. Los españoles estáis reaccionando mejor, comentan otros. Salir a la calle no sirve para nada, concluye alguno. ¿Y en la Revolución de los Claveles no sirvió? ¿Qué ha pasado? Se ve que “el maestro” también sabe entontecer y aplacar la rebeldía social que se dé. A veces se manifiesta sutil. En lo alto de un edificio del Chiado, alguien ha incrustado una pintada muy elaborada. Dice: “Pienso mas no existo”. Pensando, es difícil dejar de existir.

Pienso luego

Rúa da Trinidade, 18.

 “La capacidad de sufrimiento de los portugueses es infinita”, analiza David Dinis, coautor del libro “Rescatados”. Junto a otra destacada intelectual, Clara Ferreira -que presenta su libro “Estado de Guerra”-, debaten largamente ante nutrida audiencia sobre lo que les está ocurriendo. “Todo el discurso de Passos Coelho [el actual primer ministro conservador] es de desprecio a la política, sólo le interesan los números”. “El líder de la oposición [socialdemócrata] no tiene sangre en las venas”. Creen sin embargo que la coalición gubernamental está a punto de romperse y que sus oponentes  cuentan –aunque no con gran entusiasmo del aparato de su partido- con Antonio Da Costa. Eso nos llevan de ventaja. Se preguntan si se puede asumir continuar en el euro con un 30 o 40% de pobreza. Temen un estallido social pese a todo. Y el auge del fascismo como ha ocurrido en Grecia. Dinis acaba su intervención diciendo: “2013 será bueno… si lo comparamos con 2014”. Alfredo Cunah, fotógrafo ya del 25 de Abril, me dice: “Es igual que entonces, sabes que algo va a ocurrir”.

 ¿Qué? Todas las posibilidades abiertas en un inmenso hartazgo al que cada vez le tensan más las cuerdas incrustadas de dolorosos aguijones. ¿Viaje a nuestro futuro? ¿No lo tenemos ya a la puerta de casa, no ha entrado ya hasta el fondo de la cocina? ¿Dónde parará? ¿Parará? Porque otra felicitación navideña –la de la Fundación José Samarago- decía en palabras del escritor y político portugués del Siglo XIX, Almeida Garrett, “yo pregunto a los que se dedican a la economía política, a los moralistas, si ya han calculado el número de individuos que es forzoso condenar a la miseria, al trabajo desproporcionado, a la desmoralización, a la infamia, a la ignorancia más ruin, a la desgracia invencible, a la penuria absoluta, para producir un rico”.

Percepción selectiva

Enero no es mes de turismo. Salvo para los raros que, por ejemplo, quieren empezar positivamente el año y que huyen de las masificaciones. La cuesta de todos los días complica ahora el hecho de viajar. Pero Belém, en Portugal, siempre tiene turistas. Llegan en tranvía desde el centro de Lisboa o en incontables autobuses. Casi todos, extranjeros. Rubios británicos con aire despistado. Japoneses cámara en mano. A los españoles se les distingue porque, en voz muy alta y aire de suficiencia, dicen -madrileños en este caso- al entrar en la histórica pastelería de los riquísimos dulces locales: «Bah, si es igual que la Chocolatería de San Ginés». Sí, los turistas colapsan también en Enero el Palacio de Belém.

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Si uno se aleja hacia el río, se notan menos…

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Y a la orilla del agua, ya ni se ven, queda sola la majestuosidad del complejo que albergó reyes y hoy a la presidencia de la República…

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Como en tantas cosas de la vida, la percepción, incluso la visión, dependen de la distancia (real o buscada).  Tomada a voluntad, desparece lo diminuto. ¿Lo que estorba? También podemos hacer el tránsito al revés: desde lejos…

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A media distancia…

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De cerca…  José Saramago nos enseñaría a mirar, como en una Claraboya,  al interior de esos seres humanos que son diferenciados aunque los contemplemos en masa…

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Lisboa en flashes

Las  ciudades que uno visita  cambian según el estado vital de cada momento. Una mano cálida y firme me ha invitado a Lisboa. Es la de la periodista Pilar del Río, viuda de José Saramago. La ciudad -que adoro- se llena toda esta vez del escritor y de la mujer que mantiene absolutamente vivo su legado literario y humano. Las ideas que sustentan la coherencia y los pasos a seguir. Hasta un espontáneo graffiti en la calle les recuerda…

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Los portugueses están muy enfadados en su mayoría. Con distintas actitudes. Ya hablaremos de ello con más calma.

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Empezando a mentalizarme para el regreso a España vuelvo a conectar con nuestra dura realidad, no menor que la de ellos. A casi cualquier lado que se dirija la mirada, pestilencia. Como la sanidad que nos están robando. Legalmente, eso sí. Los entramados societarios para el lucro. El consejero que se prepara su jugoso futuro desde el cargo. Lo sabíamos. Se cumplió. No pasa nada. La salud como negocio. Impune.

En la noche lisboeta una exposición de portadas de periódicos históricas. En penumbra, la firma de Las Azores parece fantasmagórica. De aquellos y otros polvos…

azores

Un río con vocación de mar. Un puente mítico para un hecho mítico: 25 de Abril. ¿Están muy lejos los portugueses de reeditar la Revolución de los claveles? ¿Será de los sables? ¿Será del acatamiento? ¿Y en España que siempre fue detrás? Dicen ellos que no ahora. Confían en nuestra pujanza ciudadana ¿Dónde está? Quizás nada trayendo calma, preludio de logros hermanos.  Los pasos trazados aún no pisan tierra firme.

25 de abril

 

¿Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo?

Lo primero que publiqué en mi vida fue un alegato contra la Navidad. Contra su parafernalia e hipocresía. Tenía 17 años y, muy osada, me presenté en el vespertino Aragón Express y dejé el artículo en un sobre. Al día siguiente apareció en el periódico con un antetítulo: “La rompedora de tópicos”.

Aquellas celebraciones, las de mi niñez y juventud, eran casi humanas al lado de las que se fueron desarrollando con el tiempo hasta llegar a hoy. Quiero decir que sí tenían un punto entrañable en la reunión de la familia o en los menús de “tirar la casa por la ventana” que solo se producían esos días en todo el año. En “sacar” la vajilla o ver a mi madre maquillarse por única vez en los doce meses. Mi tío Fernando componía unos versos de resumen y anticipo, de cambio de ciclo, con referencias a quiénes y a qué le había parecido más destacado. Luego se comentaba en corrillos si había gustado o no. A mí siempre me encantaban.

Hubo Navidades exultantes en vida. De efervescencias absolutas. De seguir tradiciones por el placer de hacerlo, no por obligación, o volver a romper moldes. Y es cierto que la felicidad personal ha de aislarse de la general, pero las circunstancias que concurren, convierten a éstas en una de las peores de nuestras vidas.

Me asombra que, con la debacle en la que estamos inmersos, sigan llegando multitud de comunicaciones -ahora también por Internet, sobre todo por Internet- deseando “Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo”. Frase que detesto, por tópica y poco imaginativa, desde que tengo uso de razón, creo. Regresa la moda de enviarlas con escenas religiosas. Hasta con la mula y el asno que ha dicho el Papa en su ensoñación que no existieron como tales, pero que la jerarquía eclesiástica española decide que se pueden poner por tradición. Esos despropósitos continuos. Las hay también indignadas, poniendo de relieve los muchos atropellos de los que estamos siendo objeto. Pero todos me desean que sea feliz. Brinde no sé bien por qué, y sobre todo que el 2013 sea “próspero” y estupendo.

¿En base a qué razón va a serlo? ¿Cambia algo porque los arbitrarios calendarios salten de un mes a otro? Eso de entrada, porque si nos atenemos simplemente al futuro inmediato, con los mimbres que se han sentado no cabe esperar más que una profundización en el caos.

Amigos, que Rajoy y su “troupe” siguen ahí. Y parece que por mucho tiempo. Nos privatizan la sanidad, nos la recortan, y es asunto fundamental para estar vivos y sanos. Cercenan también la educación, la ciencia, la cultura, que en este caso es vital para ser personas. Dejan la justicia para los ricos, mermando las posibilidades de ejercer como ciudadano. Con un sin fín de chorizos impunes que hacen hervir la sangre. Cada vez más pobres, con menos seguridades, con el horizonte de empeorar… ¿Qué broma es ésta del Feliz Navidad y el Próspero Año Nuevo?

Porque sí, continúa ahí Rajoy y su enfermo PP. De codicia, ineptitud y ultraderechismo. Y los medios informativos que nos hablan de Cataluña y del fin del mundo. No todos. Hoy me han reconfortado Isaac Rosa, Iñigo Sáenz de Ugarte, Juan José Millás o Federico Mayor Zaragoza. Y, sí, la gente que se bate en las calles protestando contra tanta inmundicia. El problema es la masa ameba. La que sigue sustentando el tinglado y pensando que por arte de magia esto se arreglará sin más.

Los grandes afectos que me sustentan siguen ahí también. La esperanza en muchos –aunque insuficientes- ciudadanos con criterio y coraje. Pero no hace falta que sea Navidad para sentirlos cerca. Van, vais, a estar aquí pasados los espumillones y los brindis huecos. Próspero no lo creo, pero fructífero lo será en amor (algo más especial sería bienvenido 😉 )y –espero- en la búsqueda de soluciones. Lo mismo hoy, que mañana, que el día 1, o el 11 de Enero. Por cierto.. ¡Muchas gracias!

Los talibanes y la sociedad ameba

Uno dice que “gobernar es repartir dolor”, otro admite que incrusta la religión católica en los planes docentes como una cruzada: “Que la religión esté en la escuela es una opción política”, dice Wert. En cualquier país democrático, en cualquier Estado cuya Constitución lo designe como aconfesional, estas actitudes llevarían a un cese como mínimo. Hemos caído en manos de talibanes integristas católicos, sin que la ciudadanía ameba se inmute tampoco. Mejor, la sociedad, que hablar de «ciudadanía» en este caso no cuadra.

Rajoy les apoya. Incluso se permite menospreciar a los representantes de un poder fundamental del Estado, la Justicia, para situarse al lado de ese ministro que no solo quiere infligir dolor, sino establecer la cadena perpetua y una figura que resta todas las garantías: dejar 10 años en la cárcel a los condenados que estime oportuno tras haber cumplido su condena. Más aún, “Gallardón no se contenta con poco, Gallardón quiere convertir a un Poder del Estado, al Tercer Poder, en una parte de la Administración, que el Poder Judicial sea una parte de la Administración del Estado sometida directa o indirectamente al poder político”, escribe Elisa Beni en un muy documentado artículo.

Rajoy tiene el país hecho una ruina, con la cifra más alta de deuda en un siglo, un incremento del paro espectacular debido a su gestión, o los mayores impuestos para las menores prestaciones. “Sor” Fátima Bañez falta a las cumbres europeas de empleo para irse a tomar canapés o invocar a la Virgen del Rocío, mientras las cifras del paro se despeñan. Otra saca la mantilla para mentir con desparpajo sin igual cada vez que aparece en pantalla. Ignacio González, el sucesor a dedo de Esperanza Aguirre, insulta a los profesionales de la sanidad en perdición, por su causa y la de todos sus colegas, Ciu incluido. Y la de la ministra premonitoriamente llamada Mato.  Gallardón y Wert, de nuevo, a los de justicia y educación. Y todos ellos y su prensa, agitan el trapo de Cataluña a toda hora para distraer de lo esencial. Maquiavelo no encontró mejores alumnos.

Por ninguno de ellos ha pasado el desarrollo. Han vivido medio siglo, o desde su nacimiento, ajenos a los tiempos. Con eficacia inusitada (en progresión opuesta a la solución de la crisis) nos han devuelto a los oscuros tiempos de la dictadura franquista. Y las amebas tragan y tragan.

Anoche vi por enésima vez “Un franco, 14 pesetas”, de Carlos Iglesias. Siempre que la proyectan no puedo evitar seguirla porque me recuerda tiempos vividos y que había creído dejar atrás. Carlos Iglesias nos cuenta una historia biográfica de cuando sus padres emigraron a Suiza. La lucha del progenitor por abrirse camino con la mente bastante abierta. La madre, mujer tierra, que solo piensa en volver a España y amarrar la familia a su manera. El chico –el propio Carlos- que, tras cinco años de escuela –gratis- y ya en perfecto alemán, explica en una clase de reproducción humana: “Eso será en Suiza, a los españoles nos trae la cigüeña”. Y que sufre un fuerte impacto al regresar a ese país empobrecido, paleto, en el que oirá decir que “como aquí no se vive en ninguna parte”. Quiere irse, pero se queda. A ser actor y director, a volcar su frustración y su rabia. Ése es el modelo del PP, aquél en el que los señoritos eran ellos o sus familiares. Cuando no se pensaba más que en el bien de éstos.

La programaron en TVE, un día después de “V de Vendetta”. Algún currito de la empresa burla el cerco oficial y nos manda mensajes. Pero con las amebas no va nada de lo que nos ocurre a todos, fundamentalmente por su causa. Basada en una serie de cómics de los 80, también aparece rigurosamente actual.

Cualquier noche puede salir el sol

Repasando mis favoritos he encontrado esta joya sobre la mítica canción de Jaume Sisa. No viene mal para un fin de semana de estos tiempos…

¿Para qué sirve pensar?

Conocí al filósofo Carlos Fernández Liria en una mesa redonda que compartimos en Segovia. Me quedé fascinada con su brillantez. Con la forma tan accesible y divertida en la que invitaba a estimular y seguir sin trabas adonde te lleve el pensamiento, a la crítica, como debe ser.

Ya tengo su libro. Se llama ¿Para qué servimos los filósofos? Y es que filosofía es el amor por saber y para saber hace falta pensar.

“Decía Kant que hay algo –algo que sin duda tiene que ser muy excepcional- que hace que “los hombres se nieguen a perder, por amor a la vida, aquello que hace a la vida digna de ser vivida”. La filosofía –dice Fernández Liria- es el intento de sacar consecuencias de lo que se expresa en la frase de Kant. Esta excepción comenzó en Grecia con una constatación esencial: “lo interesante que era lo desinteresado”. Saber por saber, desinteresadamente, resultó ser interesantísimo. De esa experiencia surgieron las matemáticas, la física, la filosofía, la ética y el Derecho. De la perplejidad ante lo desinteresado surgieron las cosas que más nos interesan: el mundo entero de la razón y la libertad. Y así fue cómo se inició para la humanidad la aventura más inquietante, la de convertir esa excepción en norma de vida humana, que solo entonces puede llamarse digna”.

Por supuesto, Fernández Liria aborda lo más cotidiano. Profundamente crítico con el Plan Bolonia para la Universidad, nos hace seguir el hilo de lo que se esconde tras esa frase que cualquiera suscribiría sin reflexión: “Una universidad al servicio de la sociedad”. Parece que no es exactamente así, que no es ésa la prelación. “La universidad debe estar al servicio de la verdad”, solo así estará en condiciones de rendir un buen servicio a la sociedad, propone Carlos.

Atravesando la historia de pensamiento, parándose en la Revolución Francesa con la significativa guillotina de la portada del libro,  Fernández Liria estima que hemos regresado a la Edad Media, convertidos en siervos de unos amos locos y tiránicos que se llaman a sí mismos “los mercados”. Y concluye contundentes ideas sobre lo que eso significa:

“El capitalismo ha colonizado el mar, la tierra y el aire. Aún así, todavía le quedaba el mundo intangible por conquistar. Se han deshelado los polos, se ha contaminado la atmósfera, se ha esterilizado el suelo. El mundo de los negocios ha llegado incluso a cambiar de sitio los glaciares. Ha reventado el subsuelo terrestre con cientos de pruebas nucleares. Ha agujereado la capa de ozono en la estratosfera. Ha desquiciado genéticamente las semillas. ¿Por qué iba a dejar en su sitio el mundo de las exigencias de la razón? ¿Por qué iba a respetar la Verdad o la Justicia sin intentar sacarles partido económico?», se pregunta. Y apunta sus consecuencias:

“La historia no devolverá jamás la razón que hoy se nos lleva. Cada milímetro que el mercado y el capital ganen a la razón hará falta luego reconquistarlo, contra la historia, con los mismos esfuerzos con los que en su día se le arrancaron”.

Lo primero que he visto en un correo en el ordenador esta mañana ha sido al Consejero de Turismo Balear, del PP, con las criadillas (testículos) de un ciervo al que había matado chorreando sangre desde su ubicación encima de la cabeza como trofeo. Amenazan Rajoyes, Artures Mas o botoxiadas peperas desde las páginas de los periódicos. Y en mi memoria la gran estafa que nos están perpetrando y que cada semana tiene un capítulo de difusión para el gran público en el programa de Jordi Évole, Salvados. Ayer explicó el asunto de eléctricas y petroleras. Una chica me dijo en las redes sociales que uno no tiene tiempo de enterarse y reflexionar sobre todo esto. Le respondí que en otros países no les ocurren estos atropellos –de características flagrantes- porque, parece, que sí están más al tanto de los que les afecta. Hubo hasta quien me insultó por escribir que solo una sociedad desinformada y/o idiotizada tolera (y propicia) el enorme timo diario. Por eso he preferido traer hoy a Carlos Fernández Liria. Reivindica pensar. No hacerlo tiene graves consecuencias.

¿Para que sirve usar la cabeza más allá de para peinarse? Para no ser ese rebaño de ovejas que ahoga los intentos de tanta gente ya por poner freno a esta situación insostenible.

Carlos Fernández Liria. Libros de La Catarata

Vencedores o vencidos

O sea, esta película reflejo de terribles hechos reales. La recordaba hace unos días un amigo.

Federico Mayor Zaragoza: ¡Basta!

Federico Mayor Zaragoza es un hombre que siempre se ha empeñado en construir desde los cargos que, por su extraordinaria brillantez, ha ocupado. Por ejemplo, Director General de la UNESCO durante 12 años. Con las armas del diálogo y la convicción por las ideas. Profundamente demócrata. Pieza fundamental de los libros que coordiné Reacciona y Actúa, autor de muchos más, incluidos poemarios, publica ahora “¡Basta!” en el que propone “Una democracia diferente, un orden mundial distinto”.

Se trata de una recopilación -muy pensada, con un hilo conductor definido con precisión-, de artículos y fragmentos de libros, conferencias y entrevistas. En su pensamiento, siempre, la lucha por la defensa de los derechos humanos y el rearme ético.

Empecemos ya. Yo creo en el futuro. Y tú ¿a qué te resistes? va desgranando en el prólogo de un texto que cuenta desde cómo hemos llegado a esto, al trabajo estrella que ahora le ocupa fundamentalmente: conseguir una… “Declaración Universal de la Democracia”.

Os dejo la referencia del libro pero quiero añadir que Federico Mayor Zaragoza es uno de los intelectuales vivos en la cumbre del pensamiento, la democracia, la libertad de criterio y el afán de construir. Inaccesible al desaliento, al día de cuantas innovaciones aparecen, es un lujo que tenemos en España y que, por tanto, apenas reconoce como tal el pensamiento oficial.

No sé cuánto sabes de él, de lo que piensa y promueve, te invito a bucear más en ello. Conocer a Federico Mayor Zaragoza es un privilegio. Es quererle, de inmediato.

El gozo de pensar

Últimamente he asistido a un par de actos que han supuesto auténticas explosiones de ingenio. De ésas que, no solo emocionan, sino que abren horizontes desconocidos y te hacen ser más persona.

El actor Juan Diego Botto nos habla de “Un trozo invisible de este mundo”, ése que, confundiendo inmigración y exilio, tapa de todos modos a una serie de seres humanos que habitan nuestro suelo. Autor del brillante texto, destaca por igual su contenido, la forma de decirlo y la impresionante presencia física sobre el escenario.

Cinco monólogos sueltos… y unidos. Drama, comedia, humor y reflexión con un mismo objetivo. El cínico del “yo no soy racista, pero..”. El inmigrante que llama desde un locutorio a su mujer evidenciando cuánta distancia pone la distancia. La subsahariana que pasó todos los tormentos habituales y ata nudos en el estómago en su visibilidad. El exiliado argentino que desgrana los matices de la ignominia del golpe militar de los setenta. Y un soliloquio final que rompe todos los tabúes para reivindicar la razón. Realismo puro destrozando tópicos. Por ejemplo, ese «las cosas [las malas] siempre pasan por algo» para exculparlas. El gozo de encontrar en otro y otros lo que uno piensa. Aún está en cartel en Madrid.

 

También estuve en Segovia, en el Foro social de escritores que organiza un grupo de ciudadanos esforzados y rompedores. Gente que realmente vale la pena. El recinto era una vieja iglesia desamortizada que fue Universidad Popular y en la que dio clases, entre otros, Antonio Machado. Todo un presagio. Desde la presentación, invitando a la desobediencia con textos del Siglo XVI, al moderador con otros de varias décadas atrás, supe que aquello se salía de lo habitual.

Creo que ha sido la mesa más insólita, brillante y divertida en la que he participado. Éramos todos muy diferentes, con afán provocador, estimulador, en distintas direcciones. Yo les hablé de mis tres libros del año, Reacciona, Actúa y La energía liberada. Y por tanto de esa actualidad que nos está tocando vivir. La sorpresa –también para mí- vino después.

 Con Gustavo Duch nos adentramos en el decrecimiento, en cómo se precisa otra forma de vivir. Lo insólito era el planteamiento. Esos datos que nos cuentan que cada año se van de España 35.000 cerdos a la exportación y vienen otros 35.000 de la importación, en innecesario gasto. Y desde luego en las propuestas. Duch invita a no lavarse las manos antes de comer, ni cerrar la boca al ingerir los alimentos como dicen siempre las mamás, ni evitar cantar en la mesa si eso nos divierte. Sobre todo… no lavarse las manos ante la ruina que ha creado el sistema: a los derechos, a las mujeres, al medio rural, a los pueblos indígenas, a la Naturaleza, a todos y todo.

Finalmente, el filósofo Carlos Fernández de Liria. Reflexionó sobre “Para qué sirve un filósofo”. Con tal brillantez, humor inmenso, agudeza y provocación que podía notar cómo se iban barriendo las últimas telarañas del cerebro para usarlo a plenitud. Para buscar más allá incluso. Era un desmontar tópicos uno tras otro. ¿Qué es eso de que la Universidad está “al servicio de la sociedad”? O esa revisión de los lemas de la Revolución francesa: Ante la verdad somos iguales, ante lo intolerable somos libres, ante la belleza somos hermanos. Más o menos, porque estar en la mesa no permite tomar demasiadas notas. Menos mal que pronto sale un libro suyo con ese título: ¿Para qué sirve un filósofo? Parece que para mucho.

La conclusión es que tenemos que estar atentos a los estímulos que invitan a desempolvar ese cerebro que, tan reiteradamente, nos invitan a no emplear. Que así corre el aire y uno se siente más oxigenado hasta en su propia vida.