
¿Para qué me voy a molestar en aparcar en el espacio reservado? Quien venga detrás que espabile… o que se fastidie. Es al volante de un coche cuando el español retrata mejor su mala educación: no piensa en los otros, no busca el bien común, y ése es el fondo de una formación integral. Esta manera de aparcar es tan frecuente que me bastó salir con la cámara para encontrar varios ejemplos. (Atendamos a otro detalle: suelo agrietado, marcas difusas sin pintar en mucho tiempo ¿es propio de la capital de una potencia mundial que se ha endeudado en actuaciones accesorias? Aquí todos andamos a juego).
Luego está dejar el vehículo en doble fila, esto no sucede en casi ningún país del mundo que yo conozca. Escuché a Javier del Pino, corresponsal de la SER en Washington, decir que para los -¿maleducados?- norteamericanos es una actitud impensable.
O abandonarlo tapando la salida de un garaje, porque es «un momentito», mientras voy al banco o saco una película en el videoclub. Es algo que a mí me sucede casi a diario, cuando quiero salir de casa. Si pitas, se enfadan. Tampo hay que hacer sonar tanto el cláxon, cietamente, sólo lo hacen los paises subdesarrollados.
O no ceder el paso al ver que otro quiere acceder a una vía principal o desaparcar. También contribuyen los poderes públicos: en Madrid tenemos, entre otros muchas, una vía de circunvalación, la M30, diseñada al parecer con la parte del cuerpo que uno utiliza para sentarse. Se hace preciso atravesar dos y tres carriles en un brevísimo espacio para incorporarse al centro, que a su vez es la única forma de llegar adonde uno se propone. También dispone de vías de salida e incorporación que se cruzan entre sí. Pues bien, a veces no hay forma de lograr el objetivo porque lo impide la velocidad de los demás coches que no facilitan la maniobra. Un taxista me explicó que este trazado no era intencional, resultaba más barato simplemente. Se lo contó un ingeniero municipal a quien llevó en su automóvil. Decidida a ser cívica, ahora facilito siempre las maniobras de los demás y he comprobado que se pierden exactamente dos segundos al frenar para que el otro pase. Recibo saludos y muestras de gratitud, asombradas, y muy reconfortantes. «Vd. quiere provocar un accidente», me comentó otro taxista, este oyente de la COPE.
El tráfico constituye uno de los principales reflejos de la mala educación de algunos españoles, de su primaria vanidad y egoísmo. Pere Navarro, Director General de Tráfico, lo resumió así, a mis preguntas, en un reportaje de Informe Semanal: «en otros países se conduce pensando en los demás, aquí somos algo más egoístas y más individualistas».
No prodigamos dar las gracias, y pedir las cosas «por favor» sale con fórceps. Cosechamos un notable fracaso escolar y la educación de los adultos es muy precaria. Unos pocos ejemplos:
Antes de la crisis de la prensa de papel, los periódicos apenas vendían 100 ejemplares por cada 1.000 habitantes en España. Justo la cifra que la UNESCO marca en el umbral del desarrollo, y que supone menos de la mitad de la media europea. Finlandia y Suecia alcanzan, por ejemplo, más de 400 ejemplares por 1.000 habitantes. Y sólo Portugal, Grecia e Italia, como siempre, están a la par o por debajo de nosotros.
Un estudio de la agencia de medios «Initiative» – que es una reconocida marca internacional de consultores comerciales y estrategas de imagen-, analiza nuestro primer consumo de ocio: la televisión. Y asegura que, en España, 5.200.000 personas sólo ven programas de corazón, y que ése es su único entretenimiento. Mujeres de edad madura, amas de casa -más de entornos rurales-, forman el núcleo principal de este sector. Y otro grupo, de 3.100.000 teleadictos, ven todo lo que les pongan, cualquier cosa. También la mayoría son mujeres, aunque más jóvenes.
Parece obvio tener que repetir que la falta de información hace más vulnerables a los ciudadanos ante los mensajes dirigidos intencionadamente. Es preciso saber, para tener opinión y decidir. Frente al «que me den lo que quieran», 5 millones de personas buscan información, en cambio, por varios medios. Son hombres y mujeres jóvenes, adultos informados, que ven menos televisión, visitan con asiduidad Internet y leen páginas de noticias, finanzas y ocio. La formación marca profundas diferencias, que no se resolverán en el sofá engullendo programas adocenadores. De cualquier forma, según el EGM (Estudio General de Medios) el consumo de televisión ha descendido en los últimos diez años 2 puntos, mientras crecía de forma espectacular el de Internet que ha pasado de un 0,9 en 1997, a un 27,2%.
Sería exhaustivo señalar todos los puntos que reflejan la mala educación española y, también, las profundas diferencias que se crean al tener mayor o menor instrucción, o mayor o menor interés . Ya lo he tratado, además, en otras entradas y artículos. Sólo la educación nos salvará, es la raíz de todos nuestros problemas.
Un país atrasado hasta el bochorno se rebeló votando en las urnas otro sistema: la república y lo que llevaba aparejado en aquel momento. Y el experimento -que posiblemente tuvo errores- cayó sofocado por las armas, para consagrar un retraso social histórico. Un comentario del portal meneamé.net, dio un certero diagnóstico hace unos días: «la guerra civil la perdieron los maestros y la ganaron los curas«. Y ahí seguimos. Cuando nos quejamos de que nuestro país no cuenta internacionalmente, deberíamos preguntarnos -insisto un día más- si no será culpa también de la sociedad española.
Un último ejemplo. Alguien ve mal que se fume en los wáteres y quiere ponerle remedio. ¡Bien! Lo hace…. ensuciando la puerta.

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