¿El séptimo mejor sistema sanitario del mundo?

La muerte del pequeño Rayan amenaza con destruir el mito de la sanidad española, considerada la séptima mejor del mundo, porque ha revelado sus graves carencias. Clama el Consejo General de la Enfermería por haber atribuido toda la culpa a la enfermera que se estrenaba aquel mismo día en el servicio. Otro bebé, cuentan, murió hace 9 años en Canarias en las mismas circunstancias. El Reino Unido o Francia, desvela El Mundo, disponen de una legislación severa que impide confundir las sondas gástricas con los catéteres venosos.

Faltan enfermeras y rotan demasiado. Una plantilla insuficiente y poco especializada lastra al sistema sanitario. España necesita 150.000 profesionales para cumplir los estándares aconsejados, informa El País en este caso. Según los datos de la OMS, en la UE se contabilizan un total de 1.621.903 médicos y 3.965.327 enfermeras para atender a una población cercana a los 500 millones de habitantes. La OMS considera que una buena asistencia requiere como mínimo la cifra media de la UE: 808 enfermeros por cada 100.000 habitantes. En España hay comunidades que incluso la sobrepasan, como Navarra, con 900. Otras se acercan, como Cantabria. Murcia, en cambio, registra el menor índice de profesionales, con sólo 348 enfermeras por cada 100.000 habitantes. Madrid tiene 625, pero recoge 7 de cada 9 quejas por esperas. 4 meses es la demora mínima para una mamografía con sospecha de cáncer de mama.

Todo se explica por lo mismo: dinero, inversión. Estamos a la cola del gasto sanitario público de la UE15 (no contando a los nuevos, a los países del Este). España se sitúa, con 1. 329 euros, en el puesto número 13, sólo por delante de Grecia y Portugal. Luxemburgo invierte con 2.989 por ciudadano más del doble; Países Bajos, 2.284, y Francia, 2.188.

Le dediqué amplio espacio en mi libro a la sanidad española. Un aumento de la población con la llegada de casi 5 millones de inmigrantes, se ha unido a la privatización de la gestión que llega al límite en Madrid, donde el Consejero  Juan José Güemes llama a la iniciativa empresarial a invertir y “hacer negocio”. Anuncia que primará a los médicos ahorrativos que reduzcan costes a costa por ejemplo de las medicinas o de las pruebas diagnósticas. Incluso los pacientes son llamados ahora “clientes” –juego léxico como síntoma irrefutable de qué es lo que se busca al entregar la salud a manos privadas-. Hay 17 sistemas sanitarios en España, si alguno se acerca aún a la consideración de “mejor del mundo”, es Navarra. ¿Por qué? Porque le dedica dinero, para ellos es una prioridad.

Los médicos reciben distintos emolumentos según donde trabajen. Por eso, más de mil se van fuera de España cada año. Por eso, llegan facultativos del extranjero: para cubrir las plazas que faltan. En poco tiempo, la carencia de especialistas dará problemas serios de asistencia. Por ejemplo, no hay suficientes cirujanos generales y del aparato digestivo, anestesistas, radiólogos, pediatras y médicos de familia. Están muy bien considerados, igual que las enfermeras experimentadas. Ellas también emigran a otros países a trabajar.

 Hay motivo de negocio. La Sanidad es la primera empresa de España: 300.000 empleos directos y más de dos millones indirectos. El 6% de la población trabaja en este sector. Genera enormes gastos, pero también ingentes beneficios: es un negocio. Y un negocio seguro. Y, como tal, es tratado en ritmo creciente por algunas comunidades con gobiernos autodenominados liberales. Las listas de espera -que existen aunque se maquillen- llevan a los usuarios a Urgencias. Y se colapsan. Y están atendidas, en un 90%, por voluntariosos Médicos Internos Residentes.

Mientras la Administración Obama busca en España el modelo –gratuidad y universalidad, implantadas por Felipe González, es lo único que eleva nuestro prestigio internacional-, nosotros, unos más que otros, abrazamos con pasión  el modelo neoliberal de gestión de la sanidad. ¿Cuál fue, y aún es, el resultado en EEUU?

  Su sistema sanitario es el peor del mundo civilizado según estudios internacionales. Cincuenta y cinco millones de personas sin salud pública. Compañías aseguradas con departamentos que estudian cómo dejar de hacer una operación, una prueba diagnóstica imprescindible –incluso en enfermedades peligrosas-, el tratamiento de un cáncer ofreciendo a cambio suicidio asistido –de dudosa ortodoxia en las normas del país-, con todas las triquiñuelas legales. Gente que pierde un dedo porque no le cubre el seguro, gente que carece de toda cobertura.

Igual está ocurriendo con la educación, la causa mayúscula de que España sea un país de tercera con una economía que se ubica –con crisis y todo- entre las primeras del mundo. Una caspa congénita que lleva al presidente de un partido a decir que un más que presunto corrupto ha pagado con creces su deuda de cohecho, en lugar de enrojecer de vergüenza y profesar a fuego la ética. Muera la “equidistancia” que exonera a la política de nuestros males a pie de suelo. No hay dos, tres, cuatro partidos, a los que sacar la cara. Hay un niño muerto, su madre (probablemente), mucha gente desatendida, una mayoría desinformada, apática y con muchas tragaderas. Y alguien, además de los interesados, tiene la culpa.

Ah, En 1997, España era el sexto mejor sistema sanitario del mundo en la clasificación de la OMS, el séptimo en 2002. Ahora, la Organización Mundial de la Salud prefiere, en lugar de fijar un “top ten”, dar clasificaciones parciales. A España le da una calificación muy alta en “justicia contributiva” porque el paciente no paga cuando recibe los servicios. ¿Y nuestros impuestos no pagan?

¿Qué pasa con la sanidad española?

Está considerado el séptimo mejor sistema sanitario del mundo. Obama, el deseado, ha consultado expresamente a las autoridades españoles sobre él para tomarlo como modelo y aplicarlo en EEUU. Pero el futuro se tiñe de negros nubarrones que ya llueven sobre el presente.

El declive lo marcó la descentralización. Hoy existen 18 sistemas de salud en España, no uno. Pongamos algunos ejemplos: los médicos reciben distintos emolumentos según donde trabajen. Por eso, más de mil se van fuera cada año (donde además los pacientes les tratan mejor que en España). Por eso, llegan facultativos del extranjero: para cubrir las plazas que faltan. En poco tiempo, la carencia de especialistas dará problemas serios de asistencia. Por ejemplo, no hay suficientes cirujanos generales y del aparato digestivo, anestesistas, radiólogos, pediatras y médicos de familia. Volver a unas directrices estatales lo piden hasta los propios profesionales de la medicina.

La Sanidad es la primera empresa de España: 300.000 empleos directos y más de dos millones indirectos. El 6% de la población trabaja en este sector. Genera enormes gastos, pero también ingentes beneficios: es un negocio. Y un negocio seguro. Y, como tal, es tratado en ritmo creciente por algunas comunidades con gobiernos autodenominados liberales.

Madrid es el paradigma de esta polìtica que se basa en la privatización de la sanidad. Su presidenta, Esperanza Aguirre, rechaza la acusación con vehemencia, “sólo privatiza la gestión”, que no es poco, además de estipular contratos por décadas.

Se citan casos en Madrid de clínicas emblemáticas -antaño avanzadas- que pasan estar realmente rezagadas, o despersonalizadas, aún permaneciendo allí profesionales de altísimo nivel. Ha cambiado la gestión. Y la orientación: las empresas se rigen por criterios de rentabilidad, pero la salud no es un bien de cambio. El gobierno regional no admite ese empeoramiento del servicio, presume incluso de lo contrario, y, sin embargo, lo corrobora, de alguna manera, al atribuirlo al aumento de usuarios con la llegada de inmigrantes y de enfermos de otras comunidades. Anuncia que primará a los médicos ahorrativos que reduzcan costes a costa por ejemplo de las medicinas o de las pruebas diagnósticas. Incluso los pacientes son llamados ahora “clientes” -juego léxico como síntoma irrefutable de qué es lo que se busca al entregar la salud a manos privadas-. No es una suposición, lo declaró en rueda de prensa el Consejero de Sanidad de Madrid. También dijo que, sólo los que rechacen operarse en una clínica privada, esperarán más de 30 días. El sistema de salud español peligra.

Privado es el sistema sanitario de EEUU -que ahora Obama quiere cambiar-, el peor del mundo civilizado según estudios internacionales. Cincuenta y cinco millones de personas sin salud pública. Compañías aseguradas con departamentos que estudian cómo dejar de hacer una operación, una prueba diagnóstica imprescindible para un diagnóstico -incluso en enfermedades peligrosas-, el tratamiento de un cáncer ofreciendo a cambio suicidio asistido -de dudosa ortodoxia en las normas del país-, con todas las triquiñuelas legales. Gente que pierde un dedo porque no le cubre el seguro, gente que carece de toda cobertura. Nunca he olvidado a un egipcio que pedía, cada día, dinero en la sexta avenida de Nueva York… para poder operar su pierna gangrenada. El mal avanzaba sin conseguir lo suficiente. Perdería el miembro y, probablemente, la vida. En SICKO, el cineasta Michel Moore superpone a los congresistas el dinero que reciben en subvenciones de aseguradas médicas y farmacéuticas. Allí, al menos, las donaciones a políticos son públicas. No en España. Cobrando de ellos ¿quién les quita el negocio?

Lo que está ocurriendo con la sanidad madrileña -y con la educación- excede incluso lo que ocurre en EEUU, un sistema liberal desde la cuna. No es gratis como se nos dice, pagamos impuestos -algunos incluso con carísimas multas-.

La privatización encubierta puede realizarse gracias a la Ley 15/97 sobre “Habilitación de Nuevas Formas de Gestión del Sistema Nacional de Salud”, aprobada con los votos de PP y PSOE. La noticia es que se han recogido casi medio millón de firmas -entre ellas la mía hace meses- que se presentarán en el Congreso el día 7 de Mayo para pedir la derogación de esa ley. No es esperable que prospere la propuesta dado el consenso que hubo para aprobar la norma.

El objetivo de desmantelar la sanidad pública -en algunos casos deliberadamente y en otros podría ser que por desidia- se está cumpliendo, sin embargo. Ante un problema medianamente serio, uno busca ya un hospital privado y si es nuevo y con difícil acceso para que no estén colapsadas las urgencias, mejor. Con la salud no se juega.

Confío en las buenas intenciones y el empuje de la nueva ministra Trinidad Jiménez, pero el cambio a realizar sería drástico: volver a centralizar la mayoría de los criterios. ¿Se dejarán quitar el negocio, las prebendas y el clientelismo algunas de las comunidades? No lo creo. Pero en este punto: la privatización de la sanidad, caminamos en sentido inverso al mundo. Y a la Historia que hoy cruje de dolor por los desmanes del capitalismo.

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